Dedicado a los chicos y chicas de Naruto Fanfics que me ayudaron con este capitulo

Paz, Nahuni, Viry (Eterna Rival), Omaira e Isabel

I will love you forever.

Love is always patient and kind; it is never jealous, love is never boastful or conceited; it is never rude or selfish; it does not take offense, and is not resentful. Love takes no pleasure in other people's sins but delights in the truth; it is always ready to excuse, to trust, to hope, and to endure whatever comes. Love does not come to an end.

LOVE IS

CAPÍTULO 12

LOVE IS ALWAYS READY TO EXCUSE

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Con esto pondré a los muertos a descansar de nuevo. El final de esta guerra está llegando finalmente.

Entonces… Eso significa, que también tú, nii-san…

Fui capaz de proteger la Aldea una vez más como Itachi Uchiha de Konoha. No tengo arrepentimientos.

¿Por qué? Después de lo que te hicieron, ¿Por qué sigues yendo tan lejos por ellos?

Puedo perdonarte…

¡Pero nunca podré perdonar a Konoha!

¿Y dices que no tienes arrepentimientos? ¡Es por tu culpa que ahora soy así!

―… Yo no soy la persona que puede cambiarte.

Naruto 588 ― La carga de los Kages

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―Hinata… Hinata despierta ―Itachi movió suavemente el brazo de la joven y apagó el fuego del pequeño platillo con aceite que había frente a ella. Acuclillado junto a Hinata, notó que la luz estaba entrando por una de las ventanas anunciando el amanecer―. Te quedaste dormida leyendo ―dijo casi en un susurró mientras le tocaba la espalda para hacerla despertar―. Te dolerá el cuello si sigues así.

―¿Itachi-san? ―Hinata abrió levemente los ojos, descansaba su cabeza sobre sus brazos entre todos los libros que había en la mesa―. ¿Qué hora es? ―le preguntó restregándose los ojos un poco confundida.

―Está amaneciendo ―respondió―. ¿Te quedaste aquí toda la noche de nuevo?

Hinata asintió.

―Quería leer… un poco más sobre…

Itachi tomó una de las hebras de su cabello y lo movió lentamente atrás de su oreja haciendo que todas las ideas desaparecieran de su mente. Se miraron a los ojos, pues estaban a la misma altura y Hinata no pudo evitar suspirar. Supo que a pesar de que la estaba observando con ternura era probable que también la sermoneara por estar ahí a esa hora. Estaba acostumbrada a que todos los hombres de su vida le dijeran qué hacer.

Sin embargo, Itachi no la regañó como esperaba.

―Te ves hermosa mientras duermes. Casi no te desperté para verte dormir un poco más.

Aquello logró sorprenderla haciendo que separara los labios y exhalara. Un hermoso color rosa adornó sus mejillas. Aun no se acostumbraba que le dijeran cosas positivas sobre su persona. Nunca había tenido eso.

―¿Estaba roncando, babeando o haciendo algo vergonzoso? ―preguntó con timidez.

Itachi rió con suavidad y negó con el rostro.

―¿Deberé enseñarte a entender cuando alguien te dice un cumplido?

―Lo… lo siento ―dijo sonriendo mientras se seguían mirando a los ojos.

Desde que Itachi le había hablado sobre su condición, Hinata se pasaba todo el tiempo que podía en la biblioteca de la Academia de especialización en medicina intentando entender el ninjutsu médico. Se sentía muy enojada consigo misma por no haberlo aprendido junto con Ino y Sakura pensando que podía volverse más fuerte si se enfocaba completamente en su taijutsu.

Unas mesas más allá, sobre un pergamino con sellos, estaba el pequeño pez que había intentado reanimar; aquello no había resultado como pensó. El pez se había muerto y ella aun no aprendía a utilizar ese tipo de jutsus, por lo cual había estado leyendo toda la noche de nuevo para compensar su falta de talento.

No era naturalmente buena en nada, tenía que esforzarse el doble que cualquier otra persona cuando quería aprender algo y por lo mismo, si quería poder colaborar con Ino y su investigación sobre la enfermedad de Itachi, tenía que educarse a sí misma. No tenía tiempo que perder.

―¿Y dónde está Tsuki? ―preguntó Itachi sorprendido de que no hubiese estado durmiendo en el hombro de Hinata como generalmente hacía―. ¿No lo trajiste hoy?

Tomó su mano ayudándola a ponerse de pie. Hinata le agradeció con una tímida sonrisa.

―Hanabi-chan dijo que dormiría con Tsuki hoy ―respondió Hinata bostezando―. Cuando lo traigo acá, intenta comerse los peces y… bueno… no es muy efectivo entrenar de esa forma.

―Entiendo ―dijo un poco divertido―. Te iré a dejar a tu casa.

―Pero… Otoo-san pensará que… que pasamos la noche juntos ―Hinata sonrojó de inmediato e Itachi también se ruborizó escuchándola decir eso―. Y ya sabes que… que no está muy feliz co-conmigo.

―Lo sé ―respondió Itachi controlando su deseo por abrazarla.

Siempre quería tocarla últimamente y tenía que suprimir aquella tendencia con constancia. No quería que ella pensara que estaba cruzando algún tipo de línea, ni menos aun que se le pasara por la mente que él quería más de lo que estaba permitido pedir. Muchas veces cuando se besaban se habían tenido que separar al darse cuenta que el instinto se apoderaba de ellos.

Sin embargo, Hinata tenía razón. Si la iba a dejar a su hogar cualquier miembro del clan Hyūga podía pensar que habían pasado la noche juntos y eso era algo que no podía permitir. Mientras él fuese el novio de Hinata, nadie cuestionaría su virtud.

Desde que Hiashi había rechazado su propuesta para casarse con su hija, tres veces, nadie en esa familia lo miraba con buenos ojos cuando lo veían con ella. Había tenido que soportar un buen par de miradas asesinas de parte de Neji, de Ko y hasta de Tokuma Hyūga.

Después del primer rechazo de su petición, nunca parecía despegarse de ella a menos que Hinata estuviese con Shino y Kiba, o se dedicara a estudiar en ese lugar. Se habían visto a solas únicamente cuando el Equipo Cero se reunía para entrenar o discutir nuevas informaciones, pero, sus encuentros no eran tan frecuentes como les hubiese gustado.

Sin embargo, Itachi tenía un buen presentimiento sobre ese día. Confiaba en el sandaime.

―Solucionaré ese tema hoy ―le dijo con confianza―. Ganaré el respeto de tu padre, eventualmente. Confía en mí.

―Yo… yo te dije que… siempre podemos irnos de Konoha Itachi-san ―respondió Hinata ruborizándose.

Cuando él la escuchó proponerle algo así por primera vez, justo después de que Hiashi Hyūga negara su consentimiento en darle la mano de su hija, Hinata había sugerido que se fueran de Konoha y que no miraran atrás.

Itachi rechazó la idea rotundamente.

No iba a hacer de ella su concubina. No se casaría con ella a escondidas del mundo alejándola de sus seres queridos. Él deseaba que ella fuese su esposa. Quería caminar con Hinata de mano en mano por Konoha y que todos pudiesen ver lo afortunado que era. Quería casarse con ella en el templo del fuego como lo venían haciendo sus antepasados por años ya, como correspondía, siendo entregada por su padre para que él la cuidara el resto de sus días.

Pensó que si él tenía una hija alguna vez, le habría gustado que su prometido tuviese la decencia de hacer lo mismo. No era por vanidad, o por querer desfilarla como un trofeo, era un tema de principios y honor. Hinata no se merecía ser el secreto de ningún hombre.

Sin embargo, las circunstancias los habían obligado a esperar y sí había una cualidad que Itachi admiraba de sí mismo, era su paciencia. El único problema, lo que siempre estaba rondando su mente, era si tenía tiempo suficiente para esperar. Intentaba no pensar en eso, pero era inevitable dada la situación que estaban viviendo.

―Aunque no niego que la idea de vivir lejos de todo y todos se hace bastante tentadora… ―respondió con gracia―. No podemos hacer eso. El sandaime debe haber hablado con tu padre anoche. Estoy esperando su respuesta.

―A.., ¿A qué te refieres? ―le preguntó Hinata un poco confundida.

―Es una sorpresa ―le respondió él tomando su mano y cargando sus libros de ninjutsu médico bajo su brazo derecho―. Vamos.

―Yo puedo llevar eso, no quiero que te esfuerces ―le dijo rápidamente sosteniendo su mano.

―Hinata-san… ―la voz de Itachi era suave y detuvo su andar para mirarla a los ojos con una sonrisa―. Dijiste que ibas a dejar de tratarme como si estuviese lisiado, ¿Recuerdas? Lo prometiste.

―Pero, Itachi-san, Ino-san dijo que debes evitar hacer esfuerzos ―alegó Hinata con preocupación.

―Cargar libros no es un esfuerzo ―le indicó Itachi―. Sigo siendo un shinobi. Esto no es nada.

Hinata suspiró abnegada. Itachi podía ser muy obstinado cuando deseaba serlo. No había logrado convencerlo de que se internara en el hospital, respetando su deseo de querer llevar una vida común y corriente por lo que le tocara vivir. No obstante, al menos había conseguido que se comenzara a tratar y que Ino lo revisara una vez al día en el hospital.

Asintió resignada y dejó que él la guiara. Le agradaba sostener su mano, sentía que no había necesidad de tener que preocuparse de nada cuando él lo hacía. Fuese dónde fuese, sin importar el camino que Itachi decidiera para ambos, ella confiaba en él.

―¿Cómo supiste que estaba aquí? ―le preguntó de pronto.

―Estuve hasta tarde con Ibiki e Inoichi en las interrogaciones de Deidara de Iwagakure ―respondió Itachi.

El Sandaime había estado presente también y habían descubierto memorias sobre un tal Sasori y un Kisame, miembros de Akatsuki, que se habían acercado a él intentando obligarlo a que se uniera a su organización. Itachi aún era parte del Equipo Cero y completar datos sobre criminales rango S era parte de su labor como shinobi.

―No hubiese podido dormir con todo lo que escuché en aquel interrogatorio, así que tomé mis cosas y rellené informes para la actualización del libro Bingo.

Hinata frunció el ceño pensando que debió haber dejado que Kiba, Shino o incluso ella se hicieran cargo de eso, pero Itachi siempre gustaba de hacer las cosas por sí mismo, no porque no confiara en la capacidad del resto del equipo, sino porque nunca pedía favores de ese tipo cuando se trataba de asuntos que él mismo podía hacer.

―Estoy esperando algo… y creo que el Sandaime me lo comunicará dentro de poco. Algo importante. Así que, ocupé el resto de la noche leyendo libros.

―Itachi-san… Ino-san dijo que debías dormir más ―le indicó Hinata con suavidad―. Le diré que te prescriba pastillas para dormir si…

― Dormí ―respondió sonriendo―. Al igual que tú, me quedé dormido sobre la mesa.

Hinata lo miró con ternura y asintió. Se le hacía extraño decirle a un hombre como él qué hacer, pero había tomado esa posición y ya no había forma de retroceder. Lo estaba haciendo por su futuro junto a él.

Justo antes de abrir la puerta del lugar Itachi la detuvo, la rodeó con sus brazos y le dio un suave beso sobre los labios. Hinata suspiró y sinceramente no le importó si alguien los descubría o si su padre tenía personas observándolos. Había estado esperando aquello desde que lo vio al despertar.

Itachi fue el primero en retroceder levemente y susurró sobre sus labios.

―Perdóname por preocuparte.

―Per-perdonado… ―susurró Hinata de vuelta dejando caer los párpados levemente, esperando que él la besara de nuevo.

Sin embargo, Itachi siguió caminando, tirando de ella y ayudándola a poner los pies sobre la tierra una vez más. Hinata sintió deseos de reír. Aun no podía creer la forma en que ese joven hacía que se olvidara de todo cuando la sostenía entre sus brazos.

Nunca había sido tan feliz.

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Había ciertos días en que Sasuke despertaba y se encontraba con cosas que lo sorprendían, como por ejemplo la vez en que Fugaku llevó a Naruto después de haber robado un pergamino de jutsus secretos o cuando Mikoto Uchiha descubrió que Shisui llegaba ebrio a tomar desayuno después del festival de año nuevo. Algunas veces gritos habían sido el motivo para que él despertara, como la vez que su madre encontró una braga bajo la cama de Itachi y asumió que una chica había pasado la noche con él. Cuando se supo la verdad sobre ese asunto, Shisui no fue admitido en esa casa por tres meses.

Cuando eventos de esa naturaleza sucedían, la casa se llenaba de un alboroto inusual y entonces se hacía evidente que las cosas se habían salido de su curso normal.

Por lo general, la residencia Uchiha era silenciosa durante las mañanas, pero siempre se podía escuchar el sonido del agua corriendo en el baño, el típico ruido de su madre cocinando o uno que otro regaño por parte de Fugaku Uchiha mientras leía informes y decía lo inútil que era la tercera División de la Policía de Konoha (en ella se encontraban los miembros menos talentosos del clan). Sin embargo, lo extraño de esa situación era precisamente lo contrario, no había ruido en todo su hogar.

Lo primero que le llamó la atención cuando se levantó fue encontrar el baño sin uso y completamente limpio. Usualmente, Itachi utilizaba la ducha primero y Sasuke regañaba cuando se encontraba con uno que otro largo y solitario cabello negro en el suelo (algo que había comenzado a tolerar con el transcurso del tiempo, pero que aún lo asqueaba).

Cuando salió del baño y pasó afuera de la habitación de su hermano, se sorprendió de ver que la puerta estuviese abierta… al parecer ni si quiera había dormido ahí. Miró de lado a lado notando que las cosas de Itachi no estaban ahí, algo que lo hizo fruncir el ceño.

La segunda cosa que hizo que pensara que algo estaba mal fue que tampoco encontró a Shisui sentado en el comedor abusando de la bondad de su madre. Su padre lucía como si no hubiese dormido en toda la noche y su madre daba vueltas como un gato encerrado por la cocina mirando cada diez segundos por la ventana.

Sin duda, toda aquella escena era sospechosa y Sasuke no era estúpido. Sabía que algo estaba ocurriendo en ese lugar.

―Buenos días… ―anunció sentándose a la derecha de Fugaku―. ¿E Itachi?

Su madre frunció el ceño.

―No llegó a dormir anoche ―lo miró entrecerrando sus ojos con desconfianza y caminó hacia él―. ¿Tú sabes el por qué de ello?

―No ―respondió Sasuke extrañado mientras sacaba un onigiri y le daba un mordisco―. Ni me importa. Itachi es un adulto, ¿Sabes?

―Itachi nunca duerme fuera cuando está en Konoha ―se quejó Mikoto Uchiha sentándose en la mesa con ojos preocupados y revolviendo su té―. Dime la verdad, ¿Está viendo a alguien? Ay dios… ―la mujer se tomó la cabeza―. No quiero ni pensar qué está pasando. Pensé que de ustedes dos… Itachi sería el más responsable cuando se trata de las jóvenes y…

―¡Kaa-san! ―gruñó Sasuke―. ¿Por qué Itachi tiene que ser el más responsable? ¿Cuándo me has visto con una chica? Argh

―Basta ―interrumpió Fugaku―. Tiene veintiún años. Si quiere pasar la noche fuera no necesita permiso de nadie en esta casa. En todo caso, conociendo a mi hijo debe haberse quedado entrenando o algo por el estilo.

Sasuke se quejó en voz alta, odiaba cuando su padre ponía a Itachi en un pedestal.

―Seguramente está con Shisui, considerando que ese vago no ha llegado a robar comida.

―Shisui salió de Konoha en una misión hace un par de días ―respondió Fugaku. Sólo entonces Sasuke notó que era cierto, últimamente había comido más de lo normal―. No irás a la estación hoy. Te quedarás en casa y esperarás a Itachi. Quiero que pasen más tiempo juntos.

El pelinegro frunció el ceño.

―¿Por qué? Si holgazaneo nunca me pondrás como capitán de la Segunda División ―Sasuke tenía sus esperanzas puestas en ese escuadrón, pues Shisui era el capitán del primero y por el tiempo que llevaba en la policía de Konoha y sus famosos "arrestos", era muy difícil sino imposible que su padre lo favoreciera a él sobre su primo―. Además, van a seguir los interrogatorios a Deidara de Iwagakure, Tekka dijo que me llevaría a verlos.

La mirada en Fugaku hizo que Sasuke entendiera que no había espacio para discusiones y antes de que pudiera decir otra cosa el tema estuvo cerrado. Bufó molesto apoyando su mejilla contra la palma de su mano y estiró los labios en una mueca.

Fue en ese momento que sintieron la puerta corrediza de la entrada cerrarse.

―Estoy en casa ―escucharon que decía Itachi.

Sasuke no pudo evitar sonreír emocionado. Cuando era un niño, siempre lo asaltaba en ese momento cayendo encima de él. Al principio le preguntaba si quería jugar, pero mientras avanzaba su edad intentaba ver si lograba sorprenderlo. Se había hecho costumbre que Itachi hiciera entrar un clon de sombra sólo en caso de que Sasuke tuviese algo preparado para él.

Los tres dejaron de comer y miraron estáticos hacia la puerta. Lo sintieron sentarse en la entrara junto con el típico sonido que hacía cuando con meticulosidad se sacaba sus sandalias y las dejaba junto a la puerta.

Escucharon sus pasos ligeros por el corredor hasta que apareció en el umbral de la cocina. Se sentó junto a Sasuke sin mirarlos o decir palabra alguna.

Lucía como si estuviese soñando despierto y aquella mirada ausente fue evidente para todos en la mesa. Mikoto Uchiha frunció el ceño hasta que no aguantó más el silencio.

―¡No crees que debes una explicación sobre dónde has estado! ―le gritó.

Itachi subió sus ojos desde la mesa hasta ella como si sólo en ese instante hubiese despertado. Le sonrió descolocándola completamente. Eran pocas las veces que Itachi dejaba de ser un joven lejano y serio para convertirse en alguien alegre y accesible.

―Es una chica ¿Verdad? ¿Quién es? ¿Quién es la desvergonzada que tiene a mi hijo fuera de su casa toda la noche y me lo devuelve a esta hora? ―su voz estaba quebrándose―. ¡Deja de mirarme así! Fugaku… ¿Estás viendo? Está escrito en su rostro.

―Quién te entiende mujer ―dijo Fugaku frunciendo el ceño. Siempre encontraba un motivo para quejarse, ya fuese por la falta de mujeres en la vida de Itachi o por la presencia de una.

Itachi suspiró divertido.

―Pensé que quería nietos Okaa-san ―Sasuke casi se atragantó cuando lo escuchó decir eso y Mikoto se ahogó en un suspiro de sorpresa―. Siempre me reclama por ellos ¿No? Pensé que usted más que nadie se alegraría de que no llegara alguna vez a dormir.

Aquello pareció detonar una bomba emocional dentro de Mikoto Uchiha haciendo que Fugaku se escondiera atrás del pergamino que estaba estudiando y que Sasuke se acercara a su padre disimuladamente con temor. No obstante, antes de que Mikoto Uchiha se desmayara Itachi comenzó a reír.

―Sólo me quedé leyendo en la biblioteca, no hay razón para que se preocupe.

El menor de los Uchiha frunció el ceño aún más con dos preguntas en su mente… ¿Desde cuándo Itachi hacía bromas? Y segundo, ¿Qué podría haber estado haciendo en la biblioteca de Konoha? Era un genio, no necesitaba aprender nada.

―¿Haciendo qué? ―preguntó Mikoto Uchiha como si adivinara los pensamientos de su hijo menor―. Tú no estudias, es como si lo supieras todo. Así que, por favor, explícame qué estabas haciendo en ese lugar, toda la noche, sin si quiera avisarle a tu madre.

Mikoto intentaba mantenerse calmada pero la forma en que su taza estaba temblando le indicó a todos los hombres del hogar que la mujer estaba al borde de comenzar a romper cosas.

―Bueno, leyendo ―respondió Itachi con cara de extrañado, su madre estaba del peor de los humores ese día―. Nunca es tarde para seguir aprendiendo Okaa-san.

Entonces Sasuke intervino.

―Pero tú sabes todo sobre ninjutsus, taijutsu y genjutsus. Debes ser la persona más inteligente de todo Konoha, ¿Realmente hay algo sobre lo cual no sepas?

Itachi sonrió poniendo una mano en la cabeza de Sasuke.

―Lo hay ―le desordenó el cabello logrando que su hermano bufara irritado―. No sé nada sobre arquitectura y construcción.

Tres pares de cejas se fruncieron al mismo tiempo preguntándose qué era lo que estaba pasando, cuando Mikoto Uchiha adivinó lo que ocurría y exclamó:

―¡Sabía que iba a llegar este día! ¡Simplemente lo sabía! ―miró a Fugaku casi con desesperación―. Tu hijo planea dejarnos. Va a construir su propia casa y nos va a dejar.

Sasuke subió una ceja, a veces se le olvidaba que su madre era brillante al igual que Itachi. Había deducido sus acciones tan rápido que llegaba a ser injusto; aunque nunca se le cruzó por la mente que nadie conoce mejor a un hijo que una madre.

Itachi suspiró.

―Ya tengo veintiún años, iba siendo tiempo. Shisui vive solo desde los doce.

―¡Los padres de Shisui murieron! ―lo interrumpió la mujer―. Nosotros estamos vivos y…

―Suficiente Mikoto ―dijo Fugaku suspirando con pesadez―. Si Itachi desea construir su propia casa, entonces que lo haga. Sasuke lo ayudará.

―¿Qué? ―preguntó Sasuke confundido y molesto―. ¿Por qué debo hacer eso?

La mirada de Fugaku se volvió sombría y Sasuke se encogió entre sus hombros.

―Porque yo lo digo ―le indicó su padre.

―Gracias Sasuke, necesitaré todas las manos que encuentre disponible ―dijo Itachi escuchando a su hermano suspirar con abnegación.

―Si ayudo exijo vivir contigo ―Mikoto casi se ahogó en su té cuando escuchó a su hijo menor decir eso―. Vamos Kaa-san, también va siendo hora que me independice un poco. Ya no soy un niño. Naruto vive solo.

―¡Los padres de Naruto están muertos! ―gritó la mujer casi llorando―. ¿Qué hice para que mis hijos me quieran abandonar? ¿Qué? ¿Qué? Cocino todo el día, arreglo y lavo sus ropas, ordeno sus habitaciones, y aun así… aun así… ―su voz comenzaba a quebrarse.

―Lo siento Sasuke ―dijo Itachi sonriendo con algo de tristeza―. Puedes tener una habitación si lo deseas y también puedes quedarte de vez en cuando, pero si quieres vivir conmigo tendré que hablarlo con mi novia antes.

Fugaku subió una ceja, Sasuke dejó caer la taza de té y Mikoto no tuvo reacción alguna ante ello. La mujer pestañó un par de veces rápido, sacudió la cabeza e intentó digerir aquello lentamente.

―¿Tu novia? ¿Tienes una novia? ―preguntó casi ahogada―. ¿Para eso quieres una casa? ¿Te vas a ir a vivir por ahí con una mujer?

―¿De qué estás hablando? ―preguntó Sasuke molesto.

―¿Qué novia? ―preguntó Fugaku cruzándose de brazos.

―Hinata Hyūga ―respondió Itachi.

Comenzó a servirse pedacitos de carne poniéndolos en su plato junto con un onigiri. Partió los palillos y se llevó un trozo a su boca, mordiéndolo sin expresiones sorprendiendo aún más a su madre. Tragó y al ver que ninguno estaba hablando tomó la palabra.

―Me casaré con ella en Octubre. El Hokage intervino por mí y pidió su mano en mi nombre.

Fugaku aún no mostraba reacción, pero Sasuke miraba a su padre atentamente intentando no perderse ningún detalle de la erupción volcánica que estaba a punto de ocurrir. Cuando Itachi vio que su madre aun no pestañaba y parecía haber dejado de respirar mirando a su esposo, atemorizada, volvió a hablar.

―Lamento no habérselos comunicado antes. Sólo hoy Hiashi Hyūga dio su consentimiento. Les pediré que se arreglen para nuestra ceremonia de compromiso esta tarde.

―Mikoto, Sasuke, déjennos solos ―les ordenó Fugaku sin mirar a nadie en esa mesa.

Sasuke se quejó a viva voz sobre por qué él tenía que dejar de comer sólo por culpa de Itachi, pero Mikoto le golpeó la cabeza con un cucharon y lo hizo salir de ahí.

Cuando quedaron solos, Fugaku miró a Itachi no con reprensión sino más bien, con preocupación.

― Hijo. No repetiré lo que hablamos en la estación de Policía porque ESTOY SEGURO QUE MI MUJER Y MI HIJO MENOR ESTAN ESCUCHANDO ATRÁS DE LA PUERTA ―ambos se quedaron en silencio y se escucharon como Mikoto y Sasuke murmuraban afuera y decidían finalmente alejarse por el corredor―. Pero… por lo que hablamos ese día tú tenías una misión que realizar ¿Te han removido de ella?

―El sandaime no me autorizó a ir, técnicamente. Sólo dijo que no me detendría si lo hacía. Encontraré una forma de asegurar la paz en esta Aldea con el tiempo que aún tengo. De eso estoy seguro ―bajó el rostro―. El asunto de Madara Uchiha es algo que no puedo solucionar solo. Hay cosas en esta vida, en que debemos depender de más personas ―sonrió pensando en Shisui. Sus palabras hacían eco en él.

―Entiendo ―dijo Fugaku un tanto incómodo. Desde su última conversación de hombre a hombre, se le hacía un poco difícil dirigirse a su hijo mayor―. ¿Cómo planeas casarte si tú…? Dijiste que ibas… por eso de... de tu condición.

―Hinata-san leyó que hay un dos por ciento de posibilidades de que pueda vivir un par de años más con mi corazón en este estado mientras me alimente bien, se me suministre medicamentos y no me esfuerce demasiado ―lo miró sonriendo verdaderamente esperanzado―. Estoy durmiendo y descansando con más habitualidad, mantengo una dieta balanceada e Ino Yamanaka me revisa todos los días. Estamos optimistas de que pueda controlar mi condición si sigo con esta conducta.

Lo que Hinata había leído eran historiales médico y había encontrado que una persona en un grupo de cincuenta pacientes había podido sobrevivir tres años con la condición de Itachi, hospitalizado y bajo medicamentos. Sin embargo, Hinata confiaba en que Itachi era más fuerte que esa persona y que él podría vivir mucho más. Él se había aferrado a aquella esperanza sabiendo que no había espacio para decepcionarla.

―Estoy asistiendo todos los días al hospital para medir mis niveles y me están dando medicamentos para controlar mis arritmias. Estoy tomando vitamina B12 y píldoras de hierro para controlar mi anemia y bueno, también estoy comiendo más carne.

Fugaku no escuchaba a Itachi con tanto ánimo hacía años. De hecho, ahora que lo miraba fijamente, notaba que sus ojeras eran menos pronunciadas que antes y hasta tenía color en el rostro. Le asustó que de pronto algo hiciera quebrar esa esperanza en él, que no lograra vencer lo que lo aquejaba. Era normal que como padre se sintiera preocupado por él.

―No me mire así. Estoy feliz Otoo-san, una persona que es realmente feliz no debería temerle a la muerte, ¿Verdad?

―¿Y ella? ―preguntó Fugaku―. ¿Ella será feliz si tú mueres?

―No me deja pensar en ello ―respondió Itachi con la mirada ida―. Fue ella quien me obligó a hacer todo esto. Aunque fuese sólo una posibilidad en mil, tengo que intentarlo, por ella ―se repetía aquello a sí mismo con constancia.

Fugaku suspiró abnegado. Había estado con el corazón en vilo esos días pensando en su hijo mayor, pero saber que había encontrado felicidad y que estaba sonriendo de esa forma sólo por hablar de una joven, le indicaba, que Hinata Hyūga debía ser extremadamente especial. Itachi podría haber elegido cualquier chica en Konoha para ser su esposa, pero la había elegido a ella. Eso debía significar algo.

―¿Cómo logró el sandaime intervenir en tu favor? ―preguntó de pronto―. Los miembros del clan Hyūga sólo se casan entre ellos.

Itachi suspiró y llevó una de sus manos a la nuca.

―En un principio Hiashi-sama se negó rotundamente a aceptar que Hinata-san se casara conmigo, incluso hubo conversaciones dentro del clan sobre la posibilidad de que contrajese nupcias con uno de sus primos de inmediato ―Itachi miró la mesa con seriedad―. Sin embargo, ni si quiera Hiashi Hyūga pudo rechazar mi oferta cuando el sandaime le comunicó que seré el quinto Hokage.

Fugaku Uchiha no entendía lo que su hijo estaba diciendo, hasta que aquellas palabras le cayeron como un ladrillo en la cabeza.

―¿Aceptaste?

―Sí ―respondió Itachi con una sonrisa―. Esta mañana. Se hará el comunicado oficial en nuestra ceremonia de compromiso.

El hombre no pudo evitar sonreír.

―¿Ahora sí puedo decirle a todo Konoha que mi hijo es el shinobi más fuerte del País del Fuego?

Itachi suspiró. Sabía que Fugaku había estado esperando aquel momento por mucho tiempo.

―Está bien. Puede hacerlo. Pero nada de celebraciones innecesarias. Sabe que no me gustan esas cosas ―Fugaku comenzó a reír en voz alta e Itachi subió una ceja incrédulo de lo que escuchaba, ¿Su padre estaba riendo? ¿No lo iba a regañar por hacer todo ello sin consultarle?―. ¿Eso es todo? ¿No me va a sermonear ni preguntarme por qué no elegí una chica del clan o algo por el estilo?

―No ―respondió el hombre negando con su rostro―. Mereces ser feliz con la persona que hayas elegido ―se paró de la mesa ayudando a Itachi a ponerse de pie también para estrecharlo en un abrazo―. No voy a ser yo quien se interponga en lo que hagas el tiempo que te queda en este mundo. Nadie merece felicidad en su vida más que tú. Los dioses saben que has tenido que llevar una horrible carga en tus hombros estos años.

―Gracias ―respondió con sinceridad mientras le devolvía el abrazo.

―Aunque no mentiré. Me hubiese gustado que fuese alguien más apropiada para ti. Hinata Hyūga… sólo de pensar en tener que verle la cara a ese Hiashi Hyūga... ―suspiró―. Pero aprenderé a lidiar con ello. Por ti. Porque eres mi hijo y un padre debe procurar que sus hijos sean felices. Esa es una lección importante Itachi, apréndela ahora que vas a comenzar tu propia familia ―le dio un fuerte palmazo en la espalda y siguió riendo en voz alta―. ¡Mikoto! ¡Sasuke! ¡Vengan acá! ¡Vamos a abrir el mejor sake y a brindar por Itachi!

―No… no otoo-san ―respondió Itachi negando con las manos―. Sake no…

Recordaba la última vez que había bebido un par de platillos. Había terminado acostado en la cama de Sasuke sin si quiera recordar cómo había llegado ahí. Debía estar sobrio para esa tarde.

Pronto la puerta corrediza de la cocina se abrió y Mikoto entró sin entender qué milagro había ocurrido para que Fugaku estuviese sosteniendo a Itachi por los hombros apegándolo en un abrazo. Sonrió con ternura… había estado esperando alrededor de ocho años para verlos así. Fuese lo que fuese que esa chica Hyūga había hecho con su hijo, se lo agradecía, hacía mucho que no veía a esos dos hombres riendo con tanta alegría. Como madre, entendió que esa chica le había dado algo a Itachi que ninguno de ellos había logrado transmitirle y por eso, la amaría como si fuese una hija más, la hija que nunca pudo tener y que siempre anheló.

Por su parte, Sasuke entró frunciendo el ceño y con los brazos cruzados. Pensó que la cocina estallaría en miles de pedazos y que jutsus de fuego harían que toda la casa ardiera en el momento en que Fugaku dijera que prefería morir antes de ver a su hijo mayor casándose con una Hyūga (lo había dicho en numerosas ocasiones a través de los años). Sin embargo, de alguna forma que simplemente escapaba de él, Itachi había conseguido que su padre no sólo consintiera en que se casara con un miembro de la familia que más odiaba en Konoha, sino que estaba feliz y pedía que todos celebraran con ellos. Sólo un genio como Itachi era capaz de manipular emocionalmente a su padre de esa forma.

El menor de los Uchiha sintió un vacío en el estómago pensando lo solitaria que estaría esa casa cuando Itachi se casara. Eventualmente sólo serían él, su madre y su padre. Aquello no le agradó y sintió que su pecho se apretaba. No quería perderlo, pero sabía, simplemente sabía, que la felicidad de Itachi era más importante que sus deseos infantiles en donde siempre pudiese tener a su hermano mayor con él.

Sin darse cuenta, sintió un golpe en la frente. Subió los ojos con tristeza y encontró a Itachi sonriéndole. Sus padres estaban buscando sake y platillos para celebrar, en un acto que le pareció completamente ajeno a lo que ellos dos estaban viviendo.

Le hubiese gustado decirle que no quería que se casara, que deseaba que se quedara con ellos siempre y que ambos pudiesen ser los solteros más cotizados de Konoha. Imaginó una vida junto a su hermano… entrenando, luchando, aprendiendo juntos, yendo a misiones peligrosas y asombrando al mundo shinobi con sus poderes. La idea de compartirlo no le hacía gracia. Hasta ese momento, él había sido la persona más importante para Itachi, su persona especial, su persona favorita, con el que compartía un lazo que nada podría quebrar… pero… ¿Dónde quedaba todo eso si se añadía a Hinata en la ecuación?

―¿No me vas a decir que lo sientes? ―le preguntó Sasuke con una mueca. Cada vez que le golpeaba la frente le decía algo así.

―Sasuke, tú y yo, siempre seremos hermanos ―le dijo Itachi intentando consolarlo, adivinando lo que estaba pasando por su mente. Podía entender la tristeza de su hermano y también de dónde provenía―. Pase lo que pase, sin importar lo que hagas, eres mi hermano. Aquello no cambiará.

Sasuke suspiró. A través de los años, Itachi nunca había sido una persona muy feliz a pesar de tener todo lo que él soñaba. Pero, ahora, tenía algo que parecía hacerlo sonreír de verdad. Suspiró abnegado. De a poco comenzaba a pensar que todo ese asunto de las mujeres tal vez no era tan estúpido como sonaba en teoría. Si Itachi lucía tan feliz, algo positivo debía haber en todo ello.

De pronto, mientras Fugaku servía sake en los platillos, los cuatro escucharon la campana de la entrada siendo tocada. Se miraron entre sí preguntándose quién podría ser ya que Shisui estaba en una misión.

Itachi salió al pasillo y caminó por el corredor con calma hasta llegar a la entrada. Movió la puerta corrediza con cuidado viendo quien sería que estaba ahí a esa hora.

No se sorprendió realmente de quien encontró afuera, pero por un momento se preocupó de que tal vez algo hubiese ocurrido haciendo que Hiashi Hyūga se arrepintiera o, aún peor, que algo le hubiese sucedido a Hinata.

―Uchiha. Una palabra ―su tono de voz sonaba molesto.

Sus facciones eran más frías que de costumbre. Neji Hyūga podía ser uno de los personajes más serios de toda esa aldea cuando algo le molestaba. Aun recordaba la forma en que había estado al lado de Hinata todo el tiempo en Sala del Cielo, cuidándola como si fuese su sombra. Las miradas incriminadoras hacía él le decían sin palabras que lo culpaba por el estado en que se encontraba su prima menor.

―¿Sí, Neji-san? ―le preguntó con educación, aunque estaba seguro que aquello no iba a ser agradable―. ¿Deseas entrar?

Neji frunció el ceño como si su pregunta fuese un insulto.

―¿Qué está pasando con mi prima?

Itachi se mostró inflexible. No iba a subir su voz, ser cruel o indiscreto. Con calma pensó en la mejor forma de responderle.

―¿Por qué no se lo preguntas a ella?

―Te lo estoy preguntando a ti.

Que Neji ni si quiera estuviera usando honoríficos como siempre hacía, le indicaba cuan molesto estaba.

―Ya veo ―respondió respirando profundamente para mantenerse tan calmado como fuese posible―. Me casaré con Hinata-san. Ella es mi novia.

Pudo notar como la mandíbula del Hyuga se tensaba ante dichas palabras.

―Vi la forma en que la mirabas en el país de la Lluvia cuando los encontramos. Consideré que le habías regalado ese gato porque pensabas que ella lo podría entrenar, pero no fue un regalo que le hiciste como ninja, lo hiciste como una estrategia baja para… para hacer que ella se fijara en ti. Hinata-sama estaba tan preocupada con volverse fuerte porque pensó que no era lo suficientemente buena para alguien como tú ―Itachi aguantó el tono de desprecio en su última palabra―. Ella es perfecta tal como es, no necesita cambiarse en lo absoluto para que sujetos como tú, Naruto o incluso Sasuke se fijen en ella ―el Uchiha estaba completamente de acuerdo en ello y no entendía muy bien por qué ella habría querido cambiarse a sí misma por él o por cualquier otra persona―. Y ahora… ahora está siendo forzada a casarse porque seguramente tú la convenciste con trucos para que...

―No me agrada lo que estás insinuando ―lo interrumpió Itachi.

Aun sonaba calmado pero su tono había subido en los niveles de amenaza. No iba a permitir que alguien cuestionara su honor. Habiendo tenido oportunidades para ello, jamás si quiera le había tocado algo más que sus manos a Hinata. La respetaba de verdad y él se consideraba a sí mismo un caballero. Por otro lado, Hinata era una señorita de la nobleza de Konoha, sabía comportarse a la altura de ello.

―Entonces, ¿Cuál es tu apuro por desposarla? ―le preguntó impaciente―. ¿Cuál es tu apuro en desposar a una joven de dieciséis años? ¿No ves lo impertinente de todo este asunto?

―Mis razones ya fueron comunicadas a Hiashi Hyūga, el padre de Hinata ―no estaba seguro si también le debía explicaciones a cada miembro del clan que viniera a golpear su puerta―. Supongo que sabes que nuestro compromiso será anunciado esta tarde.

Aquello pareció herirlo aun más.

―Estoy enterado de ello ―respondió con frialdad.

Fue entonces que Itachi pudo percibir que ahí, en los ojos de Neji, había más que una simple amenaza de un primo mayor sobre protector. Su mayor habilidad como shinobi era poder descifrar los sentimientos de los demás. Había un cierto dolor en los gestos del Hyūga que pudo reconocer… el dolor de perder algo que se desea.

―¿Eres consciente de lo que estás a punto de lograr? ―le preguntó Neji con amargura―. Vas a sacarla de su familia para unirla a la tuya. Va a tomar tu nombre y tus costumbres en desmedro de siglos de tradición en donde los Hyūga sólo nos unimos en nupcias entre nosotros. Vas a alejarla de todos a quienes ella ama, ¿Cómo puedes ser tan egoísta?

Itachi comprendió de donde provenían sus palabras. Por lo mismo, no se sintió ofendido. Estaba presenciando como los sueños de un hombre se desmoronaban para que los suyos pudiesen volverse realidad. Neji no estaba reaccionando así porque estuviera enfadado o porque Itachi la sacara de un hogar en donde nadie realmente la apreciaba.

Estaba furioso porque la alejaría de él. Seguramente había crecido pensando que Hinata estaba destinada a ser suya, su esposa. No se extrañó de que el Hyūga viese en ella lo mismo que él había descubierto, después de todo, ellos eran familia y habían pasado mucho más tiempo juntos. La idea de los matrimonios entre primos no era algo aberrante para los Hyūga, ni si quiera entre los Uchiha. Ese tipo de tradiciones se venía siguiendo y respetando por siglos dentro de las familias que debían proteger un kekkai genkai.

―¿Alguna vez se lo dijiste? ¿Lo que sientes por ella? ―Neji frunció el ceño sorprendido. Itachi tuvo su respuesta.

―¿De qué rayos estás hablando? ―espetó con fuerza―. Hinata es mi prima menor.

―Es curioso. A veces creamos una mentira y nos convencemos a nosotros mismos de que aquello es la realidad, ignorando lo que realmente pasa ―Itachi no quería sonar condescendiente con él, pero sabía que saldría de esa manera―. Creo que no te debo más explicaciones que las que te he dado, Neji Hyūga. Pero ten presente, que mientras viva, haré todo lo posible por hacerla feliz.

Si Neji era lo suficientemente maduro y de verdad tenía sentimientos por ella, entendería, que la felicidad de Hinata venía antes que la suya.

El Hyūga lo miró fijamente a los ojos. Había en ellos rasgos comunes a los de Hinata. Por un momento se sintió completamente vulnerable a ella. Vio el gesto de dolor en Neji y entendió que estaba resignado a su propio silencio.

―Si la hieres… si tú la hieres… yo te mataré ―le advirtió. Sin embargo, Itachi encontró en su voz algo que se desgarraba por dentro.

―Si la hiero, con gusto dejaría que lo hicieras ―respondió el Uchiha con algo de melancolía, observando como el Hyuga se alejaba de la entrada de su casa.

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Hinata jugaba con sus dedos mirándose al espejo. Estaba sonrojada, lo había estado todo ese día desde que su padre le comunicó que consentiría en aceptar un matrimonio entre ella y "ese" Uchiha.

Hiashi no estaba nada feliz con todo el asunto y lo dejó muy en claro poniendo todas sus condiciones sobre la mesa.

Hinata accedió a todo sin si quiera escucharlo.

Sólo quería que aquello se oficializara para poder caminar tomada de la mano por Konoha con Itachi sin tener que esconderse de la vista de nadie. Sólo pensarlo la hizo hiperventilar un poco y tuvo que respirar profundamente para no comenzar a temblar de nervios y felicidad.

Se preguntó qué dirían Kiba y Shino, ya que ellos no sabían nada al respecto. Tal vez se molestarían con ella por no haberles dicho desde un comienzo lo que estaba pasando. La última semana, cada vez que el equipo se había reunido para entrenar, había encontrado una y mil excusas para quedarse a solas con Itachi un poco más.

Aprovechaban dichos momentos disfrutando del buen clima, observando el cambio de colores en las hojas de los árboles, comiendo dulces en la tienda de dangos o en Uchiha Senbei, caminando uno al lado del otro en silencio sosteniendo sus manos cuando nadie los veía, y por supuesto, una que otra vez, dejando que Itachi la besara como si el mundo se fuese a acabar el día siguiente.

Había sido divertido, se había sentido feliz, nerviosa y excitada al mismo tiempo, pero la espera por una respuesta había llegado a su fin. Su padre había consentido y ya no había nada ni nadie que le impidiera cumplir su sueño de estar con él hasta que la muerte los separara.

―A..ay… ―se quejó mientras las pinzas calientes alisaban su cabello. Miró a Hanabi con los ojos llorosos. Su hermana le acababa de dar un tirón sin querer―. Ha-Hanabi-chan…

―Lo siento Hinata-san ―dijo frunciendo el ceño con miedo―. No soy peluquera, soy, soy una kunoichi.

―Lo sé ―respondió Hinata nerviosa―. No es tu culpa ―intentó consolarla con su mejor sonrisa.

Era tradición en la familia que la hermana mayor hiciera eso con la menor y no al revés. La hermana mayor debía ser peinada por su madre el día de su ceremonia de compromiso pero, la madre de las hermanas Hyūga estaba muerta. Por ello, el primer día en que Hinata tuviese que llevar su pelo tomado en una cola de caballo alta, era Hanabi quien debía alisárselo. Era una señal en el clan de que una niña se convertía en una mujer pues estaba lista para entregarse completamente a un sólo hombre. Los Hyūga no portaban anillos o prendas especiales para mostrar que estaban por casarse, sólo se comenzaba a usar el cabello en alto si se era mujer y suelto si se era hombre. Sin embargo, Hinata tendría suerte si al final de la tarde aún tenía cabello, ninguna de las dos sabía realmente lo que estaban haciendo.

―Itachi Uchiha es…es mucho mayor que tú, ¿Verdad? ―le preguntó Hanabi nerviosa de tocar un tema que tal vez su hermana no quisiese hablar.

―Cinco años mayor ―respondió Hinata.

―¿No te dan nervios? ―la cuestionó su hermana.

―Un poco… ―le indicó Hinata sonrojándose aún más.

―¿Realmente… realmente quieres casarte con él?

Hinata asintió.

―Sí, Hanabi-chan ―la sonrisa sincera que mostró fue interrumpida por un tirón de cabello que la hizo volver a lagrimear los ojos.

―Lo siento… ―murmuró Hanabi mortificada―. De verdad lo siento.

―Descuida imooto-san ―Hinata aguantó el dolor, no iba a mostrarle a Hanabi que estaba asustada o arrepentida porque ese no era el caso―. Tu destino fue… ser la próxima líder del clan. Él mío es… ser la madre de los próximos líderes de los Uchiha y la esposa del quinto Hokage.

―Si no fuese el próximo Hokage, Otou-san nunca te hubiese dejado casarte con él ―Hanabi parecía asustada ante aquello―. El quinto Hokage y mi hermana mayor… es todo un honor para nuestra familia.

Hinata asintió.

―Nada cambiará entre nosotras Hanabi ―dijo ella con ternura―. Seguiré estando aquí cada vez que me necesites.

Hanabi suspiró aliviada entendiendo que nunca perdería a su hermana así como había perdido a su madre. La idea de estar sola la aterraba. Si no hubiese tenido a Hinata todos esos años mientras soportaba el duro entrenamiento de su padre… habría muerto. Por ello, el sueño de Hanabi Hyūga era… ser como Hinata Hyūga.

Después de una tortuosa tarde de alisado tradicional, el cabello de Hinata estuvo tomado en una cola alta por primera vez en su vida. Tal vez no se veía tan bonito como si lo hubiese hecho alguien que sabía lo que estaba haciendo, pero la sonrisa de Hinata opacaba lo que llevaba puesto y también su cabello. Aquellos detalles parecían insignificantes cuando lo que más destacaba en ella era el sentimiento de plena felicidad.

Estaba mirando el reloj en su habitación, contando los segundos, cuando sintió pasos suaves en el corredor. Su corazón se aceleró y esperó que fuese Ko para decirle que Itachi y su familia habían llegado. Sin embargo, cuando tocaron su puerta se dio cuenta que la persona que esperaba al otro lado en el pasillo era Neji.

―Adelante nii-san ―dijo Hinata poniéndose de pie.

―Hinata-san ―la saludó Neji con un aire melancólico. Por un momento, la miró fijamente a los ojos. La joven se sintió empequeñecida por ese gesto―. Se ve hermosa.

―Gracias ―respondió sin moverse.

Aun se le hacía un poco raro que se refiriera a Hanabi como "Hanabi-sama" y a ella como "Hinata-san". Desde que se había descartado por completo la posibilidad de que ella fuese a heredar a Hiashi ahora que se comprometería, los honoríficos hacia ella eran innecesarios e incluso una falta de respeto hacia la familia principal, pues Hinata dejaría de ser miembro de ésta.

―Hanabi-sama, por favor, ¿Podría dejarnos un momento? ―le pidió Neji haciendo una profunda reverencia sin subir el rostro hasta que sintió que su prima menor abandonaba la habitación. El joven respiró profundamente y se dirigió hacia Hinata―. Quería… quería saber algo ―Neji estaba luchando con fuese lo que fuese que estaba a punto de preguntar―. ¿Ama a ese hombre?

Hinata se sintió sorprendida ante la franqueza de su primo. Usualmente, no se inmiscuía en asuntos de esa naturaleza y mucho menos hablaba de cosas de ese tipo con ella. Incluso cuando se discutió esos días sobre un matrimonio entre ambos para evitar de esa forma que Itachi siguiera adelante con su petición, Neji no se mostró en contra de dicha unión y aceptó cualquiera fuese la voluntad de Hiashi. No obstante, era tan reservado con ese tipo de asuntos que ni si quiera se había acercado a ella para preguntarle qué opinaba al respecto ni qué sentía por Itachi Uchiha. Que lo hiciera ahora le pareció un poco repentino.

Aun así, Hinata entendió sin palabras que Neji se estaba despidiendo de la idea de que ambos tuviesen una vida juntos como había estado destinado a ocurrir por haber nacido en una misma familia y ser casi de la misma edad. Neji había sido el hombre que nació junto con ella para ocupar el puesto de esposo eventualmente. Su estrecho vínculo desde temprana edad lo evidenciaba. Toda la familia los había empujado a los brazos del otro.

Sin embargo, a veces la vida tiene preparada otras cosas. Neji nunca había sido su pareja predestinada, había alguien más ahí para él… Por algo, eran dos hermanas. Neji debía casarse con la que fuese a ser la futura líder del clan y Hinata no tenía esa posición. Siempre había pensado que su primo era el futuro de los Hyūga, pues había heredado todas las mejores cualidades de los hombres de ese linaje. Hanabi era una pareja mucho más adecuada para él.

―Sí ―respondió Hinata con simpleza ante la pregunta formulada. Neji no dejó de observarla con severidad.

―Creo que está cometiendo un error. Todo este asunto es demasiado precipitado ―dijo, tal vez asumiendo algo que no le correspondía―. Si a él realmente le importara su persona esperaría un par de años y no la apresuraría de esta forma ―Hinata no podía decirle que era posible que Itachi no tuviese un par de años, lo cual la hizo bajar el rostro cabizbaja―. Sé que no me incumbe dar mi opinión, pero no puedo quedarme callado. Ser la esposa del quinto Hokage es un honor, sí, pero también es peligroso.

―Nii-san… ¿Es eso lo que te preocupa? ―Hinata podía entenderlo.

Ella también se sentía nerviosa por muchas cosas, pero no era por sí misma, era más bien por Itachi. Ser Hokage siempre lo pondría en la mira de distintos países que intentarían deshacerse de él. Su salud estaba en un estado delicado que mantenía a ambos en vilo cada vez que se veían preguntándose si quizás esa sería la última vez.

Entendió a Neji, pues, era inevitable preocuparse de las personas que les importaban.

Hinata caminó hacia él y lo miró con ternura. Puso delicadamente una de sus manos en el rostro de su primo y mantuvo su mirada lo máximo que pudo intentando mostrarle que ella estaría bien. Sin embargo, ni si quiera así se suavizaron las facciones del Hyūga.

―Sé que estás preocupado, pero no lo estés nii-san ―le dijo con un aire humilde y lejano―. Itachi-san me cuidará tanto como lo has hecho tú todos estos años.

Su primo bajó el rostro al escucharla decir aquello. Sabía que había perdido la discusión cuando ella mostraba ese tipo de determinación en la mirada.

―Espero que así sea, Hinata-san ―se miraron fijamente y hubo un instante en que Hinata podría haber jurado que Neji tenía algo que decir. El Hyūga cerró sus labios con fuerza junto con sus ojos―. Hay… hay algo… que deseo decirle.

―¿Sí? ―le preguntó ella bajando su mano y juntando ambas frente a su regazo.

Cuando Neji volvió a abrir los ojos y la vio sonreírle con ternura, todo se volvió claro en su mente.

―Espero que sea feliz casándose con ese hombre ―hizo una rápida reverencia y salió de la habitación.

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Estaba completamente incómodo en esa ropa. Con suerte se vestía de esa forma para los festivales de año nuevo en el cual la familia visitaba el templo para efectuar sus plegarias y pagar por los favores que pedían a los dioses. Pensó que no tendría que usar algo como eso al menos hasta enero, pero su fortuna había cambiado.

No le gustaba usar kimonos y haoris pues se sentía ridículo ¿Pero qué más daba? Itachi sólo haría eso una vez en su vida― Espera, ¿Tengo que ponerme esto cuando se casen? ¿De nuevo? ―el mero pensamiento hizo que volteara su rostro y mirara a su hermano con molestia.

Se veía impecable en su kimono azul marino, su hakama gris y su haori negro con el símbolo del clan en la espalda. Sacudió su cabeza cuando se dio cuenta que lo estaba mirando más de la cuenta, pero hasta él que era su hermano podía notar que Itachi realmente lucía como un personaje sacado de alguna historia antigua de samurais, con el cabello liso y suelto que le caía por la espalda.

Entonces notó algo curioso… su hermano, el gran Itachi Uchiha, el cuervo del sharingan, el Uchiha de las llamas negras, el próximo Hokage de Konohagakure… estaba nervioso.

Pudo percatarse de ello, pues al estar sentado sobre sus piernas, jugaba con la tela que cubría sus muslos. Todo lo demás en él parecía impasible, pero siendo Sasuke una de las personas que más lo conocía, aquel detalle no pasó inadvertido.

Sintió un poco de lástima por él. No entendía por qué hacían todo ese alboroto sólo porque dos personas se casaran. Se juró a sí mismo que si algún día se casaba iba a tomar a su mujer y la llevaría al templo para recibir las respectivas bendiciones y sólo se lo comunicaría al resto una vez estuviese hecho. Definitivamente no tenía la paciencia de Itachi para cosas así.

Aquello ni si quiera comenzaba y ya podía sentir la tensión que había en el ambiente. Ni Fugaku ni Hiashi habían intercambiado palabras. Los Hyūga los habían recibido con bastante frialdad, observándolos como intrusos que llegan a robar a una casa.

Sasuke podía entender un poco mejor el motivo por el cual su padre había planeado una rebelión. Sujetos como esos habían segregado a su familia después del ataque del kyūbi. Hasta ese momento, nunca se había sentido realmente discriminado; aquello había cambiado ahora que estaba en el hogar de una de las familias que había presionado para que se les declarara como los culpables detrás de dicho ataque. Entendió sin palabras el gran esfuerzo que debió haber estado haciendo su padre por si quiera estar en la misma habitación que esos sujetos.

El Tercer Hokage estaba sentado entre Fugaku Uchiha y Hiashi Hyūga. Al lado de Hiashi se encontraba la pequeña Hanabi Hyūga, su heredera y futura líder del clan. Había escuchado rumores sobre su fortaleza. La describían como una genio al igual que a Neji Hyūga e Itachi. La había visto un par de veces en Konoha pero nunca antes si quiera habían hablado. Con el matrimonio de Itachi y Hinata, Hanabi Hyūga pasaría a ser parte de su familia. Suspiró irritado con ese pensamiento… Cómo si necesitara más genios en su familia. Ya era suficiente tener a Itachi.

De pronto notó que la chica subía sus ojos perla y lo observaba. Se dieron una larga mirada inexpresiva y cada uno volvió a mirar hacia adelante esperando por la futura novia. Definitivamente, todos esos Hyūga lo ponían de mal humor.

Mikoto Uchiha estaba sentada entre las damas del clan Hyūga. Como en cualquier clan, las mujeres esperaban en ese lugar para las ceremonias que iban a auspiciarse cuando Hinata entrara en la habitación. Aquello no le causó gracia, entendiendo que ese asunto nunca iba a acabar.

A pesar del clima hostil y considerando que Itachi había sido rechazado tres veces, el salón estaba hermosamente decorado con flores blancas. Aquel era un color auspicioso cuando se celebraban ceremonias. Sasuke se dio cuenta que a pesar de no querer nada con los Uchiha, habían decorado ese lugar con tanto detalle, pues tampoco querían verse como un clan inferior a ellos. Era gracioso, estaba seguro que su padre tampoco había reparado en gastos con los regalos que ofrecería en señal de buena fe a Hiashi, aunque ambos se odiaban mutuamente. Ninguno quería ser menos ante los ojos del otro.

La ceremonia comenzó cerca del anochecer. Las puertas del salón se abrieron y Hinata entró caminando con una bandeja con agua hirviendo y tazas.

Sasuke notó lo nerviosa que se veía y por un momento temió que esos mismos nervios la hiciesen dejar caer la bandeja que llevaba. Sin embargo, Itachi le sonreía como si confiase ciegamente en que ella podía lograrlo.

Vestía un hermoso y lujoso kimono de seda lila que opacaba incluso el de su madre. Miró de reojo a Hiashi Hyūga y adivinó que aquella vestimenta seguramente llevaba años dentro de la familia por el detalle con que las flores habían sido pintadas a mano sobre la seda, una técnica que no se utilizaba en la actualidad. Ese tipo de kimonos de seda de capullos de mariposas costaba una fortuna y generalmente hubiese sido la mejor prenda de la esposa o las hijas de un señor Feudal.

Por un instante sintió envidia de su hermano. Nunca se había dado cuenta que Hinata fuera tan bella, sobre todo con el cabello tomado de esa forma. Se sintió como un niño frente a ella a pesar de que la superaba en edad. A sus ojos, la joven Hyūga se había transformado en una mujer mientras que todo el resto aun ni si quiera salía de la adolescencia. Comprendió, con relativa facilidad, el motivo por el cual su hermano se había logrado enamorar de ella. Observarla arreglada de esa forma era como ver la visión de un ángel que tomó la figura de un humano. Lo peor era que esa chica ni si quiera estaba intentando lucir hermosa. Simplemente lo era.

Hinata depositó la bandeja frente al Hokage y con un cuidado exquisito sirvió agua hirviendo en las tazas y fue entregándoselas una a una a Hanabi Hyūga, Hiashi Hyūga, el sandaime, Sasuke y finalmente a Itachi. Eso era parte de la ceremonia del té, también llamada Sakura Yu.

Hacía años que Sasuke no veía que alguien celebrara algo tan ridículo, pero después de todo, los Hyūga eran el clan más tradicional de Konoha y se rehusaban a dejar morir sus costumbres y tradiciones con el tiempo. Miró su taza y se dio cuenta que ahí estaba la rama con la flor de cerezo seca que lentamente comenzaba a florecer con el agua. Hinata se sentó arrodillada frente al Hokage y los seis levantaron sus tazas.

―Que su vida juntos sea transparente, sin manchas y florezca desde hoy en adelante como una flor de cerezo ―dijo el anciano―. Felicidades Itachi. Como el quinto Hokage, espero que hayas heredado la voluntad del fuego y que sepas proteger a tu futura esposa tanto como esta Aldea. Y felicidades a ti, Hinata. Asumirás un cargo que muchas magníficas mujeres han llevado antes que tú, apoyando, confiando y dándole fuerzas a tu esposo en los momentos en que más las necesite ―el Hokage le dio un sorbo al té y todos lo imitaron.

Sasuke tuvo que reprimir el asco de sentir el sabor salado en su paladar. La flor de cerezo se conservaba en sal por lo que el agua era salada. Sin embargo, Itachi lo bebió sin arrugarse y sin sacar sus ojos de Hinata quien bebió de la misma taza que él.

Los novios se sentaron uno al lado del otro en ese momento y miraron a sus padres.

En ningún momento se tocaron, pues aquello era considerado como algo inapropiado. Sin embargo, Sasuke notó que inconscientemente buscaban consuelo en la mirada del otro para poder pasar por aquella aburrida ceremonia.

El primero en comenzar el Yui-no, o el intercambio de regalos, fue Itachi.

Fue entonces que Sasuke tuvo que realizar su parte en esa ceremonia. Había tenido que cargar con el Obi envuelto en papel mantequilla para ser regalado a Hinata Hyūga. Su padre lo había mandado a confeccionar para su madre cuando ambos se casaron, pero ahora sería de la novia de Itachi.

Se paró de su posición intentando no arruinarlo todo y se lo entregó a su hermano con cuidado.

―Esto es para usted, Hinata-san ―dijo Itachi con confianza y seriedad. Sasuke estaba seguro que a su hermano toda esa ceremonia le parecía tan ridícula como a él―. Espero que sea de su agrado.

Itachi estiró la prenda en dirección a Hinata quien la recibió con las manos extendidas. El Obi era blanco y tenía el símbolo del clan Uchiha pintado sobre la seda. Era una prenda delicada y hermosa para su conjunto de matrimonio.

Hinata sonrió al verlo, pero Sasuke notó que más de uno de los jóvenes Hyūga sentados atrás de los futuros novios rodaba los ojos en desaprobación. Tuvo que respirar profundamente, aguantando el deseo de mandarlos a todos y a cada uno de ellos al carajo. Completamente irritado volvió a sentarse junto a su padre.

―Muchas gracias, Itachi-san ―dijo Hinata haciendo una profunda reverencia―. Es-es hermoso.

Fue el turno de Hanabi Hyūga de ponerse de pie. La chica avanzó hacia su hermana con una caja blanca entre sus manos. Caminó con la dignidad de un hombre de cincuenta años e incluso Sasuke se sorprendió que desarrollara el papel de líder con tanta naturalidad frente a todos esos ojos cuando era por lejos la menor en ese salón. Hinata le entregó el Obi para que ella lo sostuviese y por su parte, Hanabi le pasó la caja.

―Por favor, acepte esto como… como símbolo de mi fidelidad.

La joven estiró la caja en dirección a Itachi con la misma solemnidad y éste la recibió haciendo una reverencia también. Al abrirla, todos pudieron ver un tradicional hakama de seda azul. Esta vez, no había un símbolo de ningún clan. Al menos los Hyūga no intentarían pasarse de listos incluyendo cosas del clan Hyūga en él.

―Muchas gracias, Hinata-san ―respondió Itachi.

El Yui-no fue largo y aburrido. Fugaku presentó a Hiashi sus respetos entregándole una caja de sake especial para la ceremonia (lo cual no había sido nada fácil de conseguir por el corto tiempo que tuvieron para prepararse). Luego, Hiashi le entregó a Fugaku una pequeña caja de madera exquisitamente labrada que contenía sakurayu (té de cerezas).

Finalmente, Itachi le entregó una pequeña caja a Hinata quien la abrió bastante sorprendida. A aquella distancia, Sasuke supo que aquello era un kanzashi (horquilla de flores) que había permanecido por bastante tiempo dentro de la familia, de hecho, se podía remontar aquella ornamenta al tiempo de la creación de Konoha. Pequeñas flores hechas de brillantes blancos y rojos lo adornaban. Suspiró irritado mientras él lo colocaba a un costado de su cola de caballo. Si sólo Hinata hubiese sabido que aquello era un arma y no una joya se habría puesto roja. Muchas de las jóvenes del clan usaban cosas así, pero sin duda ese kanzashi era el más antiguo y con más historia. Se sorprendió de que su padre hubiese accedido a entregar una herencia familiar a alguien que ni si quiera era parte del clan.

Cuando el Yui-no finalizó, se sirvió el sake que su padre les había llevado a los Hyūga y Hiashi tomó la palabra.

―Itachi Uchiha, autorizo que mi hija mayor deje esta familia y pase a formar parte de la tuya. Desde el día de hoy, Hinata Hyūga es una mujer y será tu prometida ―todos notaron la severidad de su voz―. Tomará tu nombre y tus costumbres, compartirá su vida contigo y cuidará de tus hijos. Dejará de ser una Hyūga y pasará a ser una Uchiha, bajo tu cuidado y cariño. Espero que sepas darle lo que no encontró bajo su propio hogar ―aquello lo dijo con una amargura visible, pero intentaron ignorarlo―. Kanpai.

―Kanpai ―respondieron todos al unísono dentro de la habitación, incluso los novios bebieron.

Y así finalizó todo cuando Itachi y Hinata ataron un pequeño hilo rojo en sus meñiques.

El resto fue una aburrida cena en la cual nadie parecía tener mucho que decir. Pensó que tal vez podría hablarle a Neji Hyūga, pero el chico parecía completamente ajeno a esa ceremonia y se notaba que estaba ahí más por obligación que por su propia voluntad. Ni si quiera había tocado su plato de comida, sólo bebía sake en silencio mirando el vacío.

Increíblemente, se encontró deseando que Naruto hubiese estado ahí, sin embargo sólo la familia sanguínea podía estar en ese tipo de ceremonias por lo cual terminó sentándose junto a su madre.

Cuando el aroma de los deliciosos platillos que se habían preparado para la ocasión llegó a su nariz se le hizo agua la boca. Siempre había considerado que su madre era una gran cocinera pero la comida que estaban sirviendo los Hyūga era realmente otra cosa. Hiashi no había reparado en gastos, lo cual hizo que Sasuke se preguntara cómo era posible que hubiesen hecho todo eso con tan poca anticipación. Realmente esa familia era extraña, pero muy diligente.

Lo más gracioso y curioso de la velada era que en vez de una fiesta en que ambas familias estuviesen celebrando y dejando sus disputas de siglos atrás, todos lucían extrañamente lúgubres. Era cierto, los Uchiha y los Hyūga eran como agua y aceite. Por lo mismo, Hinata el miembro más extraño de los Hyūga, había encontrado a Itachi, el joven más particular de los Uchiha. Las posibilidades de que ello pasara eran escasas, pero se habían dado. Por lo mismo, los novios parecían las únicas dos personas felices en ese lugar, comiendo en silencio y dedicándose miradas llenas de complicidad.

Sin embargo, todo ese silencio fue interrumpido de golpe cuando las puertas de la sala se abrieron de par en par y Sasuke vio algo muy extraño.

―¿Sakura? ―preguntó al ver a la pelirrosa intentando detener el paso de alguien―. ¿Qué rayos…?

Entonces lo vio y supo que aquello acababa de ponerse interesante.

―¿Te comprometiste en matrimonio y ni si quiera tuviste la decencia de esperarme? ―gritó Shisui avanzando hacia Itachi. Tomó su haori y lo tiró hacia adelante sólo para mostrarle que estaba hablando en serio―. ¡Debería darte la paliza de tu vida! ¿Qué tipo de amigo eres?

―Shisui… detente… ―le suplicó Sakura tomándole los brazos―. Es… es una ceremonia de matrimonio.

―¡Al carajo con eso! ―exclamó Shisui viendo como Itachi se paraba de la silla―. ¡Traidor! ¡Yo nunca hubiese hecho algo tan estúpido como esto sin que tú te pudieras reír de mí!

Itachi intentó calmarlo como mejor pudo, luciendo tan inflexible como siempre, pero ni si quiera Fugaku abría la boca. Parecía completamente impresionado ante la forma impulsiva en que su sobrino había entrado a ese lugar arruinando esa ceremonia.

―¿Qué significa esto? ―preguntó Hiashi Hyūga en voz alta, visiblemente enojado.

―Shisui, no es el momento para…

Pero Itachi fue interrumpido por un empujón de parte de su primo.

―¡Vete al diablo! He recorrido medio mundo por ti, ¿Sabes lo que es tener sanguijuelas en el trasero? ¿Comer gusanos por dos días? ¿Perderte en medio del desierto? ¿Apostar todo el dinero que he ganado en mi vida? ¿Aguantar a esta loca por diez días seguidos? ―indicó a Sakura con el pulgar haciendo que la mitad del rostro de la joven se volviera azulado―. ¡Yo sí! ¡Hice todo eso por ti!

―No entiendo nada de lo que estás diciendo. Si te calmas tal vez puedas explicármelo ―le dijo Itachi intentando mantener la compostura.

―Olvídalo ―soltó Shisui nuevamente, cruzándose de brazos.

Itachi exhaló profundamente mientras Hinata se paraba a su lado mirando desde su novio a su primo y de vuelta a su novio.

―Sé que no es el mejor momento para pedírtelo pero… ―dijo Itachi mirando a Hinata quien asintió con lo que estaba a punto de decirle―. Me gustaría que nos acompañaras cuando nos casemos en el templo del Fuego.

Sasuke ya sabía sobre ello. El hermano del novio nunca puede ser quien entra con él al templo pues si aún estaba soltero, era un símbolo de mala suerte entre los monjes del País del Fuego.

―¡Claro que lo seré! ―respondió Shisui fingiendo ofensa, pero se notaba que aquello lo había apaciguado bastante―. Nunca esperé no serlo.

―Muchas gracias ―dijo Itachi acercándose mientras Shisui lo cubría en un abrazo completamente inapropiado.

―¡Felicitaciones, idiota! ―le dijo animosamente para luego abrazar a Hinata―. Y a ti también, pequeña. Nunca dudé que podías lograr lo que te pedí. Y... ―la miró sonriendo pícaramente al verla en un kimono―. ¿Dónde tenías escondidas esas curvas eh? Si me hubiese fijado antes quizás te habría robado de mi primo ―Itachi los miró suspicazmente pero no dijo nada―. Es broma, no me mires así ―Hinata sonrojó y se ocultó disimuladamente atrás de su futuro esposo―. Es más, siguiendo la tradición, te traje una especie de regalo de matrimonio, Hinata-san.

―¿De qué hablas? ―preguntó Sasuke irritado.

Ya había tenido suficiente de ese show. Quería sacarse ese kimono e ir a entrenar.

Sólo entonces Shisui miró en dirección a la puerta.

La presencia de aquella mujer había pasado desapercibida hasta ese momento producto de la pelea, pero los más antiguos comenzaron a murmurar entre sí y a darse miradas de asombro, incluso el tercer Hokage se puso de pie incrédulo.

Su piel era clara y hermosa, sus ojos de color almendra y su cabello rubio se dividía en dos coletas que caía por sus hombros. Había un diamante dibujado en su frente que Sasuke asoció a una especie de sello. Lo más destacable de la mujer eran sus enormes y abultados senos que hacían bastante difícil mirarla al rostro sin que la mirada se escapara al resto de su cuerpo.

Fue Hiashi Hyuga el que tomó la palabra por todos los presentes.

―¿Tsunade-hime?

La mujer sonrió.

―¿Estamos celebrando o qué? ―Hinata sonrió y el rostro de Itachi mostró alivio. Una luz de esperanza había nacido en ambos, algo que no pasó desapercibido para la mujer―. ¿Nadie me va a servir un vaso de sake? No viajé desde tan lejos para estar sobria.

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