Un encuentro casual
Ino Yamanaka siempre había estado convencida de que Kiba Inuzuka sólo se había casado con ella porque estaba embarazada. Y eso quedó confirmado cuando Kiba se marchó del pueblo para perseguir el sueño de convertirse en piloto de carreras en cuanto ella perdió el niño. Ino había seguido adelante con su vida desde entonces. Se mudó a la gran ciudad y se convirtió en organizadora de bodas, ayudando a las novias a tener el gran día que ella no pudo tener. Imagina su sorpresa cuando al mirar hacia el pasillo de la iglesia durante una ceremonia se encuentra con los ojos de su marido. ¡Un hombre del que no había vuelto a saber nada en siete años!

CAPÍTULO 14

¿Ir con Kiba a Bélgica? Lo había dicho como si le pidiera a un amigo que fuera con él a Suna. Pero Europa no era Suna. Y Kiba no era un amigo.

Ino no sabía qué era exactamente. La mera presencia de Kiba en su vida lo cambiaba todo. Y sus revelaciones la habían hecho pensar y repensar todo su pasado.

Abrió la boca para contestar, pero él puso un dedo sobre sus labios.

-No, no me contestes. Piénsatelo. Volveré a preguntarte en otro momento. Pero hasta entonces piénsalo, ¿de acuerdo?

Ella asintió con la cabeza.

Kiba bajó la mano para entrelazar sus dedos.

-Háblame de Ino Yamanaka. ¿Quiénes son sus amigos, qué hace cuando no está trabajando? ¿Dónde va de vacaciones? ¿Con quién pasa las navidades?

-Hablar no puede compensar los años perdidos, Kiba. ¿Qué quieres, una reunión de antiguos alumnos, de esas en las que todo suena perfecto, como si nunca hubiera habido ningún problema?

Él negó con la cabeza.

-El pasado es el pasado. Yo fui el causante de nuestra separación. Pero no olvides que tú me dijiste que me fuera y no volviese nunca. Esas fueron las palabras que dijiste esa noche.

-Cuando tú dijiste que aún tenías una oportunidad de entrar en el circuito. Yo estaba rota por la pérdida del niño y tú estabas encantado con la idea de dejarlo todo atrás para ser piloto de Fórmula Uno. Yo tenía miedo, Kiba. No quería que te fueras.

-¿Y por qué no me dijiste eso?

Ella levantó los ojos al cielo, intentando apartar la mano. Pero Kiba no la soltó. Ino no quiso examinar por qué no lo había intentado con más fuerza. No quería admitir que le gustaba tocarlo, pero así era.

-No lo decía de verdad. No decía de verdad muchas de las cosas que dije esa noche. Estaba destrozada. Esperaba que te quedases conmigo, que llorases conmigo. No sé lo que quería, pero desde luego no era que te fueras.

-Nunca entenderé a las mujeres -suspiró Kiba-. ¿Por qué no podéis decir lo que queréis de verdad?

-Ah, pobrecito, ¿las mujeres te lo han hecho pasar mal? -replicó ella, irónica. Podía imaginar lo que pasaba tras cada carrera... montones de mujeres guapas colgadas del brazo del ganador. Consiguiendo la atención que no podían conseguir por ellas mismas. Pasando un tiempo con él que debería haber sido suyo. Disfrutando de la emoción de las carreras y rapiñando la recompensa después. Ino sintió celos. Pero aquella vez sí soltó su mano de un tirón.

-No diría que todas -contestó él, burlón.

Ino apartó la mirada, enfadada porque no se estaba tomando en serio la conversación.

-La mayoría entonces.

Recordaba la frustración, el miedo, la rabia de aquella noche tanto tiempo atrás. ¿Acabarían diciendo cosas que no sentían?

-No, sólo tú -dijo Kiba.

-¿Y las demás mujeres?

-¿Qué mujeres?

-¿Vas a decirme que no has salido con ninguna otra mujer en siete años? -preguntó ella, incrédula. Imposible. Kiba era demasiado viril, demasiado dinámico. Podía hacer que a una mujer se le acelerase el corazón sólo con entrar en una habitación.

-¿Y tú? -preguntó él.