–¿Los estas evitando? –preguntó Jessica por decimocuarta vez.

La noticia de que los Cullen habían regresado a Forks, y de que Edward había intentado entablar una conversación varias veces durante la mañana, logró que Jess volviera a interesarse en nuestra amistad, lo que quería decir que ahora la tenía a mi lado en la cafetería volviéndome loca con sus preguntas.

Seguí ignorándola como lo hice con sus primeras trece preguntas, y en un intento por cambiar el tema, o hacer que Jessica lo olvidara, me puse a conversar animadamente con Ángela.

–¿Cómo estuvieron tus vacaciones, Ángela?

–Oh, estuvieron bien. Ben me llevó al cine y a cenar. Fue muy romántico –se ruborizó un poco al final, haciéndome sonreír. Ángela era una gran amiga y me alegraba contar con ella –¿Qué hay de ti?

–Estuve en la reserva Quileute con unos amigos casi todo el tiempo. Fue divertido.

Bien, no había sido realmente divertido, ni había estado con la manada todo el tiempo, pero si era verdad que cuando lo estaba solo pasaba tiempo con ellos, y Jake.

–¿Qué, estuviste con ese niño de La Push enamorado de ti? –preguntó Mike del otro lado de la mesa mientras me lanzaba una mirada no muy amistosa.

–¿Qué? ¿Quién? –preguntó Jessica totalmente interesada en este nuevo tema.

Todavía no había dicho nada sobre Jacob y yo, y realmente no quería hacerlo, no porque quisiera ocultarlo o algo por el estilo sino porque no me apetecía hacerlo frente a Jessica y Lauren en lo más mínimo. Pero por otro lado, también estaría mal no decirlo. Mi relación con Jake no tenía nada de malo y no era nada que tuviera que ocultar por miedo a lo que el resto pudiera hablar. Además, de esa manera personas como Jessica dejarían de acercarse a mí para preguntarme sobre mi relación con Edward ahora que él había vuelto.

–Hm, Jacob. Es un amigo de la infancia y… Em… Durante las vacaciones decidimos empezar a salir juntos.

–¡¿Qué?! –dijeron Jessica y Mike al mismo tiempo, mientras yo sentía como una gran cantidad de sangre comenzaba a agolparse en mis mejillas.

–Felicidades –el comentario de Ángela nos tomó por sorpresa a todos mientras ella mostraba una gentil pero tímida sonrisa–. Se nota que estas mucho mejor de ánimo ahora, así que me alegro que hayas encontrado a una persona que te haga sentir mejor.

–Muchas gracias –respondí tan tímida como ella y aún con el rubor tiñendo mi rostro.

Mike se desplomó en su asiento totalmente malhumorado y soltando varios bufidos y suspiros, mientras Jessica comentaba varias ideas con Lauren para asaltar a Edward en alguno de los pasillos del instituto sin importarle que estuviera sentada a su lado, porque si Bella Swan pudo engatusar a Edward Cullen claramente ella también podría. Suponía que ese era el final de su interés por nuestra amistad.

Todo continuó relativamente normal, toda la normalidad que podía esperar desde la llegada de los Cullen.

Me fue prácticamente imposible no volver a hablar con Alice, ambas nos habíamos extrañado demasiado como para permanecer alejadas. Claro que no era la misma relación de antes, principalmente porque ya no me convertiría en una de sus hermanas. Incluso volví a hablar con Jasper, cuando él y Alice andaban juntos. Las cosas aún eran incómodas entre nosotros, por todo el suceso de mi cumpleaños, pero le había dejado claro que no guardaba ninguna clase de rencor hacia él, y que obviamente estaba perdonado por todo.

En cuanto a Edward, él había retomado su matrícula de principios de ese año, de modo que volvimos a compartir la mayoría de nuestras clases, lo que claramente no tenía nada contentos tanto a Jacob como a Charlie, sobre todo el hecho de que volvíamos a compartir asientos.

Por ahora Edward y yo nos encontrábamos en una especie de tregua silenciosa, nos saludábamos y nos tratábamos amenamente tanto en las clases que compartíamos como en presencia de sus hermanos, pero él no sacaba el tema de su supuesto regreso por mí y yo procuraba no alentarlo a que lo hiciera.

Era difícil sentirme desdichada teniendo a Jacob a mi lado, a pesar de que mi compañero de clases y ex novio parecía bastante molesto cada vez que veía el Volkswagen de Jake estacionado frente a la escuela esperando por mí.

El cuento de hadas continuaba. El príncipe había regresado, pero había sido relegado de su papel protagónico. Los papeles se habían invertido y Paris era quien gozaba de estar junto a Julieta mientras Romeo tenía que hacerse a un lado. No estaba segura de que hacer con este personaje restante, el cabo suelto. Él parecía estar todo el tiempo pululando a nuestro alrededor y Jacob parecía perder cada vez más rápido la paciencia.

Las semanas transcurrieron sin que Edward se entrometiera demasiado en nuestras vidas, aunque sus insistentes miradas y aquella conversación pendiente entre ambos empezó a convertirse en una preocupación constante ¿Era algo importante, algo que realmente debía saber? Y si lo era ¿Mi vida volvería a cambiar de la forma que lo hizo meses atrás?

Aquella tarde parecía ser normal, mientras caminaba por el estacionamiento hacia el Golf de Jacob, quien esperaba fuera de este, recostado sobre la puerta del conductor. Del otro lado se agolpaba una gran multitud en el lugar donde los Cullen estacionaban sus vehículos. Supuse que estarían admirando el nuevo capricho de Alice, su bebé, como ella lo había llamado durante el almuerzo. Lo había visto aquella mañana, se trataba de un flamante Porsche de un reluciente color amarillo con la palabra TURBO garabateada en letra cursiva sobre la parte posterior del deportivo. Aún recordaba el silbido bajo que soltó Jake al verlo esa mañana, su inmenso odio por los Cullen no parecía afectar su apreciación a los coches que poseían.

–Parece que les gusta llamar la atención –comentó cuando estuve lo suficientemente cerca para escucharlo –¿Así es como consiguen su comida? –continuó con un tono más bajo.

–Basta, sabes que ellos no son así –le regañé mientras llegaba a donde estaba parado.

No dudó en encerrarme en un apretado y caluroso abrazo, el cual agradecí. Aquel día hacía un frío infernal.

Divisé a Jessica a lo lejos lanzándome una de sus miradas de cejas fruncidas, como venía haciendo desde que conoció, o más bien vio, a Jacob por primera vez esperando por mí, semanas atrás. Al parecer el plan de Jessica había fallado, lo cual la tenía más irritante que de costumbre.

Salí de mi ensimismamiento al sentir la presión cálida de los labios de Jake sobre mi frente fría, haciéndome olvidar la mirada de Jessica y la multitud del otro lado del estacionamiento. Solo podía sentir a Jacob y un escalofrío que recorrió toda la extensión de mi columna, no estaba muy segura si la causa era la cercanía y el contacto de los labios de Jake o el frío que seguía afectando mi cuerpo.

–¿Cómo estuvo tu día? –preguntó con una sonrisa cálida mientras me empujaba dentro del coche. Allí la temperatura estaba agradablemente más alta, logrando que me relajara contra el asiento mientras observaba a Jake bordear el Golf para sentarse a mi lado.

No me perdí de vista las miradas que acaparaba, incluida la de Jessica, que continuaba mirando en nuestra dirección, a pesar de que iban decreciendo considerablemente con el paso de las semanas. Jacob de por si era algo para llamar la atención, empezando porque era un Quileute y era bien sabido que ellos solo iban al instituto en la reserva, y con eso quedaba claro que él no era alumno de este instituto lo que llamaba mucho más la atención. Y por último, y definitivamente no menos importante, su físico. Jacob no solo era alto, sino que era ancho y macizo, algo que también destacaba mucho y llamaba doblemente la atención teniendo en cuenta que se paseaba por todos lados usando una simple camiseta sin mangas y unos jeans cortados como si viviera en un país tropical. Él también poseía esa belleza antinatural que los Cullen, y al parecer cada criatura de los cuentos de hadas, poseían. Lo que había terminado con varias chicas de cursos inferiores coqueteándole en cuanto yo me alejaba de él lo suficiente, y si bien las rechazaba firmemente no podía evitar sentir ese fuego en las venas cada vez que veía a una chica cerca de él.

Si, estaba celosa.

–¿Y bien? –llamó mi atención cuando se sentó a mi lado.

–Estuvo bien, quitando el hecho que todas las chicas parecen querer comerme viva cuando me ven cerca de ti, y que Mike aún se niega a hablarme, fue un día bastante normal –dije haciendo que él lanzara una carcajada, ya que según él amaba verme molesta a causa de los celos. Sí, claro.

–Incluso parece que los chupasangre no nos acosan hoy –murmuró mientras veía como Alice y Jasper se abrían paso entre la multitud para llegar a su coche.

–Edward no vino a clases hoy, así que deja de comportarte así. Ni Alice ni Jasper me acosan, ellos son amigos.

–Si, como digas –respondió de mala gana conduciendo el Golf fuera del estacionamiento y tomando mi mano por el resto del trayecto a casa. Su calidez era cómoda y reconfortante, tanto que podría estar así por horas y no me importaría.

Más rápido de lo que quería Jake estacionó su auto detrás del mío. En cuanto apagó el motor se giró hacía mi con una de esas sonrisas que me encantaban.

–Puedo quedarme contigo hasta que tenga que irme a patrullar, ¿verdad?

–¿Por qué siquiera lo preguntas? Tienes que quedarte hasta que tengas que irte a patrullar –ordené provocando que él lanzara otra carcajada.

Ambos bajamos del coche y él rápidamente me rodeó los hombros con uno de sus brazos. Comenzamos a caminar hacia la casa entre risas y planes para la cena. Pero no hicimos ni la mitad del trayecto cuando Jacob se detuvo de forma abrupta, haciendo que me detuviera con él.

–¿Qué ocurre? –pregunté preocupada, notando como la temperatura de su cuerpo aumentaba y comenzaba a temblar visiblemente. Esto solo podía significar algo malo.

–Vampiro –respondió observando todo lo que nos rodeaba.

–¿Victoria? –El solo pensamiento de su nombre me helaba la sangre. No podía creer que esta fuera la segunda vez que ella lograba acercarse tanto a mí.

–No, a este lo conoces bien –dijo con tono despectivo, e inmediatamente supe de quién hablaba.

Su mirada se detuvo calle abajo, mirando directamente hacia la linde del bosque.

–¿Está allí?

–Eso parece.

Comenzó a caminar hacia el camino estrecho que dividía en dos la franja oscura de árboles sin esperarme. Tuve que correr detrás de él para alcanzarlo, aunque solo había dado unos cuantos pasos, pero en cuanto me oyó ir detrás de él se detuvo en seco y se giró hacia mí con rostro serio.

–Déjame esto a mí, Bella. Si pierdo el control no quiero que estés cerca.

–Voy a ir Jacob, quiero saber qué es lo que está haciendo aquí, además de que no voy a permitir que se lastimen el uno al otro.

Su sonrisa forzada hizo que mi corazón se empequeñeciera.

–¿Qué, todavía te importa? No te preocupes, no voy a dañar a tu preciado chupasangre. Ahora entra a tu casa, Bella.

–Es por ti por quien me preocupo, imbécil.

Y reanudé la marcha hacia el bosque totalmente molesta con ambos, con Edward por hacer que discuta con Jacob y con Jacob por seguir desconfiando de lo que siento por él. Lo oí suspirar derrotado y caminar detrás de mí, acortando la distancia que nos separaba hasta que estuvo caminando a mi lado. Me tomó de la mano y encabezó nuevamente la marcha cuidando que yo no me tropezara con nada.

–Lo siento –susurró, pero no respondí. No quería perdonarlo tan fácilmente. Él tenía que darse cuenta que yo lo había elegido y que no iba a cambiar de idea.

No hubo necesidad de ir muy lejos; Edward nos esperaba en el camino, un poco más arriba. Se encontraba recostado sobre el tronco de un árbol, recordándome el día que me había dejado sola y desmoronándome en este mismo bosque. Me miró primero a mí y luego a Jacob, las puntas de su boca, cinceladas en fría piedra, descendieron en señal de desagrado. Se irguió sobre sus talones, inclinándose ligeramente hacia adelante con sus manos metidas en los bolsillos de sus jeans.

Jacob se detuvo tan pronto como lo vimos, dejando un espacio amplio entre él y nosotros, mientras me acercaba aún más a su cuerpo interfiriendo con mi vista de Edward.

–¿Qué haces aquí, chupasangre? –demandó Jacob, su voz denotaba todo su malhumor.

–Eso no te incumbe, perro –fue la respuesta de Edward, quien tampoco parecía estar de mejor humor.

De acuerdo, esto no parecía estar pintando bien, sobre todo cuando los temblores de Jacob comenzaron a ir en aumento.

–Aléjate de él, Bella –ordenó la voz de Edward, esta vez se oía realmente preocupada–. Está a punto de cambiar, va a hacerte daño.

–¡Cállate! –gritó Jake apretando sus manos en puños y cerrando los ojos, mientras su respiración de hacia superficial –Nunca le haría daño a Bella.

–Entonces aléjate de ella.

El primer espasmo golpeó el cuerpo de Jacob y supe que tenía que detenerlo, a ambos.

–¡Basta! –grité antes de que cualquiera de los dos pudiese decir algo más.

Rodeé el cuerpo de Jake hasta que estuve frente a él, estaba tenso y sudaba al tratar de no sucumbir al cambio. Abracé su cintura y apoyé mi cabeza en su cuerpo. Era increíble, pero Jacob parecía haber crecido más desde la última vez que lo había comprobado. Le hubiera sacado una cabeza a Edward si hubieran estado uno junto al otro.

–¿Qué estás haciendo? Aléjate… –comenzó a decir Edward a mí espalda, pero lo interrumpí antes de que pudiera terminar.

–Silencio –ordené, y la satisfacción recorrió mi cuerpo en cuanto comprobé que me había obedecido.

Levanté mi rostro al de Jacob y tuve que ponerme en puntas de pie para que mis manos alcanzaran su rostro. Mi contacto hizo que diera un respingo y que abriera sus ojos. Se veía asustado.

–Aléjate, Bella. No creo que pueda…

–Shhh… Tranquilo, Jake. No vas a hacerme daño –susurré en un intento por calmarlo–. Estoy aquí contigo, siempre.

Repetí esas palabras por al menos un minuto, hasta que los temblores comenzaron a disminuir y su cuerpo a relajarse. Sus manos dejaron de ser puños y encontraron descanso a ambos lados de mis caderas. Nos mantuvimos así por al menos otro minuto hasta que Jacob se calmó por completo, o todo lo que podía con un vampiro cerca.

Un carraspeó nos trajo de vuelta a la realidad, una en donde Edward me observaba como si le estuviera clavando una daga en el pecho.

No sabía por qué, pero su rostro hizo que la culpa pinchara un poco en mi corazón.

–¿Qué estás haciendo aquí, Edward? –pregunté intentando ser más amable que Jacob.

–Quiero hablar contigo. Todavía tenemos esta conversación pendiente y…

Alcé mi brazo para evitar que continuara hablando y me sorprendí cuando me obedeció por segunda vez.

–Ya te lo dije, no hay necesidad de terminar esa charla. Lo que sea que quieras decirme no quiero saberlo.

–Mira –se acercó un paso a nosotros poniendo a Jacob de nuevo en alerta–, solo déjame decirte lo que tengo que decir y si luego decides ignorar mis palabras lo entenderé y me mantendré al margen. Solo escucha.

¿Tan importante era? ¿Por qué creía que no estaba lista para lo que tenía que escuchar? Sin embargo, el escucharlo significaba no más acoso. Si dejaba que Edward dijera lo que sea que quería decir luego podría tratarlo como al resto de los Cullen sin que me pesara, o me sintiera incómoda a su alrededor.

–De acuerdo, habla.

Él negó rápidamente y su mirada se fue directo a Jacob.

–Solos.

–¿Estás loco, chupasangre? ¿Crees que me voy a ir tranquilo y te voy a dejar aquí solo con ella? –se quejó Jake volviendo a temblar, aunque no tan salvajemente como antes.

–Esa es la idea.

–¡Ni muerto! ¡No! Lo que sea que quieras decirle va a tener que ser conmigo al lado.

–Mira, Jacob, sé que tienes miedo de perderla ahora que he vuelto, y todas esas estupideces que rondan por tu cabeza desde hace semanas, pero este es un tema entre Bella y yo y, por más que este agradecido contigo por haberla mantenido a salvo todo este tiempo, definitivamente no quiero que tu estés en el medio escuchando nuestra conversación.

De acuerdo, todo se estaba viniendo a pique de nuevo.

–Muy bien –concedí. Era mejor y más fácil. Cuanto más rápido mejor decían, ¿no?

–¡¿Qué?! ¡No! –se quejó Jacob clavando sus ojos furiosos en mi rostro –No pienso irme y dejarte con este monstruo.

–Mira quién habla –se burló Edward ganándose una mirada molesta de mi parte. Jacob solo optó por ignorarlo, un suceso increíble.

–Jake, es solo…

–¡¿Por qué siempre terminas eligiéndolo a él?! –gritó interrumpiéndome. Un pequeño hueco que había creído cerrado comenzó a resquebrajarse –¿Por qué? Incluso cuando él te lastimó y te dejó sola por meses, incluso cuando estuve a tu lado todo este tiempo. Una sola palabra y tú ya corres a su lado.

–Jacob, estas exagerando. Es solo una charla –intenté tranquilizarlo. Aún así algo en sus ojos, una luz que se fue extinguiendo, me advirtió que lo que estaba ocurriendo era algo serio.

–Pues tengan su charla tranquilos. Estoy harto de todo esto –fue su respuesta, sin una pizca de emoción, antes de que pasara del humano al lobo en tan solo un parpadeo de mis ojos y sin ningún otro gesto o mirada se perdiera entre los árboles.

–¡Jacob, espera! –intenté detenerlo, comenzando a andar en la dirección en la que había desaparecido y sintiendo una especie de deja vú con toda la situación.

No llegué muy lejos puesto que tan solo había dado unos cuantos pasos cuando el cuerpo de Edward se interpuso en mi camino.

–Ya está varios kilómetros lejos de aquí.

–No me importa, tengo que explicarle…

–Vas a terminar perdida en el bosque –me interrumpió cruzándose de brazos, su mirada era acusatoria como la de un padre regañando a su hijo–, si antes no te devora un oso u otro depredador aún peor.

Entorné los ojos hacia él, presa de la ira. No tenía derecho de venir a regañarme a estas alturas del juego.

–Esta no es la primera vez que me pierdo en un bosque por seguir a alguien, Edward –reproche notando como mis palabras salían más frías de lo que pretendía–, así que hazte a un lado.

Él solo retrocedió un paso, anonadado. Tragó fuerte y quedo mudo por tan solo unos segundos antes de volver al ataque.

–Tenemos que hablar sobre eso, luego te dejare hacer lo que quieras, pero habla conmigo primero –pidió retomando el paso que había retrocedido–. Por favor, Bella.

Bufé totalmente desesperada ¿Por qué él siempre tenía que presionarme?

–De acuerdo habla, pero que sea rápido –concedí con malhumor. Me crucé de brazos a la espera de lo que tenía que decir.

–Te mentí.

¿Qué?

–¿Qué? –no puede evitar preguntar en voz alta. Sus palabras me habían dejado desorientada, habían sido tan repentinas.

–Aquel día que me fui, todo lo que dije era mentira. No nos fuimos a causa de las sospechas sobre la edad de Carlisle, ni te dije que no quería que vinieras porque no te amaba. Todo eso, cada palabra, fue una mentira –explicó de forma atropellada.

Estaba tan anonadada con esto que no percibí como el mundo comenzaba a dar vueltas, ni los brazos de Edward rodeándome para evitar que me estampara contra el piso, hasta que él habló de nuevo.

–¿Bella?

–¿Por qué? –dije luego de un momento, las palabras no salían de mi boca y me costaba un montón hacer que salgan –¿Por qué mentiste?

–Te estaba protegiendo, siempre lo hago. De James, de Victoria, de ti misma incluso. Nunca pensé que tendría que hacerlo de mi propia familia y de mí, pero lo hice. Creí que te dejaba a salvo, no tenía idea de que Victoria volvería, ni que había una manada de perros apestosos tan cerca…

–Espera, no puedes hablar así de ellos. Me protegieron todo este tiempo.

–Sí, aún me sorprendo de que hayan sido capaces de hacerlo.

–Si vas a hablar así de los chicos mejor me largo –resolví.

Giré sobre mis pies y comencé a andar de regreso a casa, pero nuevamente el cuerpo de Edward se atravesó en mi camino.

–Deja de hacer eso –me quejé.

–Lo siento –dijo, y no estaba segura si lo decía por el comentario hacia la manada o por mi queja–. Mira, lo que quiero decir es que estoy aquí, ya no soportaba estar alejado de ti. Todo lo que quería era volver y rogarte de rodillas que me perdonaras, que me dejaras estar cerca de nuevo. Pero, contrario a lo que esperaba, al volver me encuentro con que no solo me habías remplazado, sino que con el mismísimo Jacob Black ¡Un lobo!

Mi cerebro estaba intentando procesar todo lo más rápido posible. Era imposible que me amara, él ya había demostrado eso alejándose de mí. Ah no, esperen, era por mi propio bien.

–Dijiste que no me querías ¿Esperabas que llorara toda la vida por ti?

Wow, ¿quién es esta chica y dónde está la yo que conozco? La Bella de hace unos meses atrás nunca hubiera dicho algo así ¡Mucho menos a Edward!

–Es tu culpa por creerme –reprochó comenzando a desesperarse.

¿Qué? Él no había dicho eso.

–¿Cómo pudiste creer, después de todo lo que pasamos juntos, que yo no te quería? ¡Es totalmente absurdo!

–Porque nunca tuve razones para no creer en tus palabras, siempre pensé que todo lo que salía de tus labios era la más pura verdad. Ahora veo que todo es diferente

» ¿Era todo lo que querías decir?

–Bella, tienes que creerme. Yo…

–Acabas de decirme que no puedo creer en ti –interrumpí.

–Te amo, por favor –Estuvo frente a mí en una fracción de segundo y me arrastró dentro del círculo de sus brazos en otro–. No volveré a hacerlo, no volveré a alejarme de ti de nuevo bajo ninguna circunstancia, a menos que tú me lo pidas.

–No te creo.

Me alejó tan solo un poco para enfocar mi rostro. Podría jurar que en este momento estaría llorando si pudiera hacerlo.

–Lo estoy diciendo en serio, es la más pura verdad.

–¿Hasta cuándo? –pregunté dejándolo descolocado –No dudo que sea la verdad, ahora en este preciso momento ¿Pero qué pasará mañana, o el mes siguiente, cuando esté en peligro de nuevo o Jasper quiera acecinarme nuevamente? ¿Puedes jurarme ahora que no te alejaras?

Mis palabras lo dejaron mudo, observándome con angustia en sus ojos de oro.

–Yo…

–Sí creo que me quieres, Edward, y que quieres protegerme, pero tu forma de hacerlo me hace daño y no estoy dispuesta a pasar lo mismo que pasé hace unos meses por segunda vez. Las cosas cambiaron.

–¿Cambiaron?

–Jacob –Y no pude evitar una leve sonrisa al pronunciar su nombre–. Lo que siento por él es totalmente diferente, es como si algo me atara a él, como un imán que me empuja a estar a su alrededor.

Edward se mantuvo en silencio y bajó la mirada al suelo al mismo tiempo que sus brazos caían de mis hombros y ahora colgaban laxos a ambos lados de su cuerpo.

Una punzada atravesó mi pecho al verlo allí, tan solo y desamparado. Esa misma punzada fue la que me impulsó a hablar antes de pararme a pensar en mis palabras.

–Aún te quiero y eres importante para mí, aunque no de la misma manera que antes. La única manera de estar cerca de mí que puedo ofrecerte es como un amigo, pero no creo que volvamos a estar como antes nunca más. Así que…

–Supongo que es lo mejor que puedo tener, por ahora –interrumpió mostrando una sonrisa que no llegó a sus ojos–. Igualmente sabes que puedes contar con nosotros, Bella.

Y sin decir nada más desapareció de mi vista, dejándome sola en ese bosque por segunda vez aunque con una sensación totalmente diferente de la primera: Paz.

Bajé de la camioneta lo más rápido que pude. Debí haberme avergonzado de la manera en la que azoté la puerta de la casa de Billy, pero en este momento no tenía cabeza para hacerlo.

–¿Bella? –su voz a mi espalda hizo que el hielo que se había instalado en mi pecho comenzara a derretirse. Me giré para enfrentar su rostro confundido –¿Por qué intentas tirar abajo la puerta de mi casa?

–Te estaba buscando –respondí dándome cuenta de lo agitada que estaba, entonces reparé en sus manos sucias y en el hecho de que estaba de pie sobre el sendero que llevaba a su garaje–. Quería apresurarme y llegar antes de que tuvieras que ir a patrullar.

–Ya, le pedí el favor a Embry. No estaba de humor –explicó con tono seco. Sus ojos me observaron de esa manera petulante en la que solían hacerlo cuando yo no sabía su secreto –¿Tu qué estás haciendo aquí? ¿No deberías estar con tu príncipe encantado?

El pinchazo en mi corazón al oír esas palabras llenó mis ojos de lágrimas. Debí haber imaginado que él reaccionaría de esa manera.

–Lo siento –pedí en un intento por rectificarme–. Lo siento por no darme cuenta que el aceptar que Edward hablara conmigo te lastimaría de esta manera. Pero ya hablé con él y todo quedó solucionado.

–Ósea que vas a regresar con tu chupasangre, ¿no?

–No, voy a quedarme con mi hombre lobo.

Por una milésima de segundo vi confusión en su semblante, pero poco a poco mientras fue entendiendo mis palabras sus facciones se fueron iluminando como el alba.

Corrió hacia mí, llegando a donde estaba en tiempo récord, y me alzó en sus brazos entre risas y saltos.

Estaba feliz.

Oh, dios, él estaba feliz.

Yo lo hice feliz.

Yo tenía la capacidad de hacer a Jacob tan feliz como él me hacía a mí.

–Oh, gracias al cielo. Por un momento creí que correrías a su lado y me dejarías aquí. Estaba realmente asustado –confesó dejándome en el suelo de nuevo.

–No voy a dejarte, Jacob –aseguré–. Estoy aquí.

Él no tardó nada en bajar el rostro hacia mí, besándome con dulzura pero con necesidad.

¿Cómo no comparar sus besos con los que solía darme Edward, si los del vampiro me parecían castos, un juego de niños, mientras que Jacob parecía querer quitarme el alma con cada uno de ellos?

Eran salvajes, necesitados, y todo lo que mi mente pudo hacer fue aferrarse a sus hombros en un intento por no caer al piso ya que mis piernas dejaron de funcionar en el instante en que sus labios tocaron los míos. Él, por su parte, me aferró de la cintura con ambas manos, acercándome más a su cuerpo hasta el punto que nuestros torsos parecían pegados.

En mi cabeza había transcurrido tan solo un segundo, cuando Jake alejó su rostro unos escasos centímetros. Sus labios hinchados y rojos, al igual que sus pómulos, y sus ojos desenfocados. Se veía totalmente sexy, como uno de esos modelos de ropa interior de los que Jessica y Lauren hablaban, aunque Jacob estuviera vestido, pero aún así me sorprendió la manera en la que eso llamó mi atención y la de mi cuerpo, de una buena manera.

–También estoy aquí, Bella.

Eso era cierto. Jacob estaba allí, rodeándome con sus brazos.

Podría enfrentarme a cualquier cosa mientras eso no cambiara.

Cuadré los hombros. Cualquier cosa que viniera de aquí en adelante, tanto Victoria como cualquier otra cosa, de aquí en adelante lo enfrentaría llevando a mi lado a mi príncipe encantado.