Capítulo 14

Los personajes de Harry Potter pertenecen a J. K. Rowling.

A/N: Como siempre, disculpen cada vez que Fanfiction se come alguna puntuación en el hermoso idioma español. Especialmente los signos de interrogación luego de las comas.


Bill regresó al hospital, casi encontrándose con Lucius sin saberlo. Era tarde, se había excusado en el trabajo y había ido a hablar con su madre. Claro que la mujer había gritado y había armado el escándalo del año. No porque su hijo fuera a ser padre, sino porque había sido con Narcisa, la ex esposa de Lucius, el que era ahora prometido de su hijo. Narcisa Black, hija del hombre que era partícipe de la paternidad de ese hijo ahora comprometido.

Luego de eso la mujer se había calmado, había recuperado la compostura y le había advertido que como no se encargara adecuadamente de aquella criatura… al final le había preparado un pie de calabaza con extra de crema dulce, como a él le gustaba y le había envuelto un par de i misceláneos /i para la futura madre. Ahora que lo notaba, esos misceláneos pesaban una barbaridad en su mano.

Tocó al llegar y empujó la puerta a pesar de no recibir respuesta. Narcisa seguía sentada en la cama luego del suceso pero estaba algo pálida y se sujetaba el vientre con insistencia. "Narcisa." Exclamó soltando lo que llevaba y llegando a su lado.

"¿William¿Qué haces aquí?" Preguntó confundida. El pelirrojo se enderezó un poco, confundido también por la forma en que lo preguntaba.

"Yo… hablé con mi madre. No me gusta que se entere por terceras personas de mis asuntos."

"Imagino que la noticia no le habrá gustado mucho." Musitó con una expresión tensa. Bill la ayudó a subir completamente a la cama sin decir nada hasta que finalmente recogió lo que había dejado al lado de la puerta.

"No, no le agradó que tuviera hijos fuera del matrimonio, ni de la forma que ocurrió. Tampoco le gustó que fuera con la ex esposa del prometido de uno de sus hijos. Pero al fin y al cabo será una nieta, y como sabe, los Weasley no se distinguen por tener hijas. Así que ha enviado un par de… antojos."

Narcisa observó con mal disimulado asombro lo que Bill sacó de los paquetes que traía. Era, prácticamente, una mini reserva de todo lo que pudiera habérsele ocurrido comer. "¿Todo… esto?"

"Así es." Respondió Bill con una sonrisa. "También manda a decir que le gustaría hacer una visita, si se lo permite."

La rubia se quedó un rato observándolo todo sin decir nada por un rato y de pronto, sus ojos azules se aguaron con tanta rapidez que Bill pensó que se le había reventado uno. Pero era que toda la tensión de los últimos meses se le había acumulado de repente a Narcisa y ese pequeño gesto de parte de Molly había detonado sus mal construidas defensas. Bill se encontró de pronto con un manojo de nervios entre los brazos y no pudo hacer otra cosa que acariciar levemente la espalda de la mujer que lloraba desconsolada sobre su pecho.


"¡Lucius!" Gritó Draco cuando finalmente alcanzaba a su padre a punto de entrar al banco mágico de Inglaterra, Gringotts. Cuando Lucius no hizo ademán de detenerse, sacó su varita. Dudó unos segundos. Al cabo era su padre. Pero no sabía lo que iba a hacer en el banco y no sólo repercutiría en el expediente de su padre, sino en el suyo, que estando presente, como aprendiz de auror era su deber evitar un escándalo. Así que armándose de valor, murmuró un hechizo no muy fuerte pero efectivo para detener al hombre y que pareciera que lo hacía por su propia voluntad. Cuando llegó a su lado, los ojos grises le miraron furibundos.

"¿Qué significa esto… Draco?" Siseó sin ademán de contenerse.

"Eso me lo puedes explicar tú. Acabo de dejar a mi madre en un estado nada bueno para su salud porque me ha ordenado seguirte. ¿Qué demonios te pasa? Lo que sea que viniste a hacer en el banco es obvio que no es lo correcto. Vamos a tomarnos un poco de té y a conversar como personas civilizadas." Le espetó de vuelta. Lucius no quería pensar, no quería ceder, no quería dar explicaciones, pero al parecer su hijo había aprendido un par de trucos en la Academia.

Suspiró profundamente antes de asentir y mientras se alejaban del banco, Lucius apretaba sus labios intentando controlarse lo suficiente para poder hablar con su hijo.


Percy comenzó a preocuparse cuando Lucius no apareció a la hora acostumbrada en la cual cerraba el apartamento. De pronto se sintió solo. Como si nunca antes lo hubiera estado. Como si no hubiera estado viviendo tanto tiempo lejos de su familia, en aquel apartamento, trabajando como asistente del Ministro. Como si siempre hubiera estado dependiendo de la compañía de aquel hombre tan imponente.

La revelación lo tomó por sorpresa. Saberse tan dependiente de Lucius era algo inesperado en toda aquella trama. Pensó entonces en todos los pequeños detalles que no habían compartido desde un principio. Lucius jamás había necesitado permiso para entrar a su casa. Nunca había necesitado una llave… no había necesitado permiso para entrar ni a su vida ni a su cama.

Y él lo había tomado por sentado. Había asumido que Lucius siempre estaría persiguiéndolo, acosándolo… amándolo. ¿Era así cómo se comportaban los amantes¿Era así como el amor funcionaba? Porque aquello era amor… ya Lucius se lo había comprobado.

"¿Entonces por qué demonios no ha llegado ni me ha llamado?" De pronto fue consciente de lo marital que sonaban aquellas palabras y no pudo menos que echarse a reír con todas sus fuerzas. Se había convertido en la i mujer /i de Lucius y ni cuenta se había dado. Terminó con una grata sonrisa en su rostro mientras observaba el reloj. Sí, era cierto que a esas horas solía cerrar el apartamento para la noche, pero la verdad era que todavía era temprano.

Sus dedos fueron a los broches de la túnica de maternidad que tan bien ocultaba su estado. Apenas abrir el primer broche se sintió un poco mejor. Se la quitó y se quitó también la camisa para dirigirse a su habitación. Un poco de lectura no le vendría mal.

Lucius se apareció en la habitación a eso de las diez de la noche. Abrió la puerta con sigilo, esperando encontrar a Percy dormido, pero apenas hacerlo escuchó a Percy saludarlo.

"Luce¿qué pasó?" Preguntó sin asomo de molestia. El rubio se acercó y le saludó con un largo beso cargado de ternura más que de lujuria. "¿Hablaste con Narcisa?"

"Sí. Hablé con ella. No creo que vaya a poder asistir a la boda, así que no nos causará problemas." Percy asintió tranquilamente. "¿Cómo pasaste la tarde?" Le susurró sentándose a su lado en la cama y pasando los brazos por sus hombros y pecho.

"Algo solitario."

"Estoy exhausto." Musitó Lucius escondiendo su rostro en el cuello del pelirrojo quien no pudo menos que sorprenderse por las actitudes del rubio.

"Ve y cámbiate, ya es hora de dormir."

"Me daré una ducha." Repuso el rubio. Percy volvió a recibir otro beso y un breve abrazo antes de quedar solo en la habitación. Apenas el rubio lo dejó solo, el malestar que acababa de sentir se intensificó, tanto que lo hizo gemir y encogerse encima de la cama. No tuvo fuerzas para llamar a Lucius por lo que se quedó encogido sobre ella. Eran unas punzadas horrendas que le impedían respirar.

Veinte minutos más tarde esa fue en la posición que Lucius le encontró. Al principio pensó que se había dormido en una posición extraña, pero al notar la palidez que tenía en sus labios supo de inmediato que algo andaba mal por lo que olvidando que ambos estaban en pijama, lo tomó en brazos y bajó las escaleras tan rápido como pudo.


Lucius se dejó caer con cansancio en la incómoda silla de la sala de espera y con un vago movimiento de su varita la transmutó en algo más cómodo. Finalmente se había dado cuenta de que sólo andaba con su pijama y sus pantuflas pero no había hecho nada al respecto por el cansancio y porque temía que su incapacidad para concentrarse lo dejara desnudo en el mismo hospital.

Al menos había tenido la claridad mental para avisarle a la familia de su prometido. Familia que en esos momentos se hacía presente en la forma de Arthur y Molly Weasley.

"¡Lucius!" Exclamó Molly al verlo y se le acercó apresuradamente. Fue extraño cuando la mujer le dio aquella mirada preocupada que parecía incluirle a él. Como si sus años no fueran tales y estuviera de pie, frente a su propia madre. La diferencia tan sólo eran los cabellos y la necesidad de tocarlo que parecía tener Molly y que su madre nunca había sentido. Era... apabullante. "Aún estás en pijama. ¡Arthur!" Y con eso fue suficiente para que el hombre se despojara de su túnica y se la pusiera encima de los hombros sin que pudiera protestar.

"¿Cómo está Percy?" Preguntó en voz baja mientras le ayudaba a cubrirse.

"Estable, pero los medimagos no me han dicho nada más."

"No te preocupes, Lucius. Ya imaginaba que algo así ocurriría. Los varones de la familia se adelantan un poco, te lo había dicho." Comentó de forma conciliadora la pelirroja.

"Pero apenas tiene unas¿dieciocho... diecinueve semanas, tal vez?" Musitó Lucius confundido. "No tiene cinco meses." Se quejó. Arthur y Molly se miraron unos segundos y el esposo de la pelirroja asintió.

"Iré a traerte algo de ropa. ¿Tienes ropa en casa de Percy?" Lucius asintió distraído y Molly se alejó.

Sujetó los bordes de la túnica y la cerró al frente con los puños. Tal vez no era la mejor túnica pero al menos era más decente que andar en pijama, por más seda que fuera. Le quedaba algo grande pero ese no era el momento de notarlo. Arthur le dio una palmada en el hombro y dejó su mano allí para dirigirlo nuevamente a la silla. "Estará bien, Lucius. Mi hijo es fuerte."

"¿Sabías, Arthur, que la razón por la cual Narcisa no tuvo más hijos fue por que casi muere en el parto de Draco?" Arthur no le dijo nada pero se aprestó a escuchar. "Sé… que tus hijos son fuertes, pero Percy… Yo sé lo de Percy. Me lo dijo hace bastante tiempo. Me preocupa que su herencia lo haga débil… como a Narcisa."

"Entonces esperemos que esa herencia sea de parte de la madre de Narcisa y no del padre." Quedaron en silencio un buen rato hasta que Lucius pareció cobrar un poco de vida, la suficiente para preguntar con cuidado lo que sabía que no debía preguntar.

"¿Supiste lo de Narcisa?" Arthur hizo aquel gesto bonachón con el que decía que era una situación sin remedio a pesar de todo lo que él quisiera hacer o decir.

"Sí. Y me gustaría tener un comentario al respecto… pero considero que mi hijo es quien debe llevar esa responsabilidad." Lucius asintió. Realmente debería estar cansado si aceptaba aquella respuesta de Arthur como buena. Pero también sucedía que ahora Arthur no era simplemente el padre de Bill, sino que pronto sería su suegro.

"Narcisa está aquí mismo. Es irónico."

"O tal vez sea destino." Susurró Arthur para sí mismo, pero Lucius pudo escucharlo como si se lo hubiera gritado.

Fueron las ocho horas más largas de toda su vida y al final, casi toda la familia estaba allí reunida a excepción de Draco, Harry y Bill. Los primeros dos por sus clases y el último por hallarse reponiendo el día que había tomado libre. El joven Zabini ocupaba ahora el puesto que antes había ocupado Arthur al lado de Lucius mientras que este ya se había cambiado a las ropas de su futura suegra le había conseguido. Una vez más Lucius se sintió ahogado por el sentido de familia de los pelirrojos y como el que fantasea se imaginó cómo hubiera sido su vida si sus propios valores familiares hubieran sido parecidos.

Pero toda la tensión había disminuido en el momento en que los gemelos Weasley habían aparecido en escena. Lucius no podía dejar de sentirse fascinado y confundido por la forma en que aquellos dos seres parecían actuar como uno sólo. No había forma de diferenciarlos, de ninguna manera, por más veces que utilizaran sus nombres al referirse a ellos. Su mente fue a Severus y sintió lástima por el hombre. Si lo que había visto en la fiesta de compromiso era algún indicativo, el profesor de pociones ya estaba perdido.

Disfrutó entonces imaginándose lo que un par de pequeños pelirrojos con la inteligencia de su amigo y sus malas pulgas podría hacer una vez aplicaran el humor de sus respectivos padres. "Desastre total." Había susurrado.

Finalmente un medimago se acercó para darles buenas noticias y luego llamar en privado a los padres y al prometido de Percy.

"Está algo complicado. Deberá permanecer en el hospital por el tiempo que dure su embarazo." Les dijo el hombre pero Lucius no podía prestarle mucha atención pues lo que deseaba era ver a Percy de una buena vez.

Tuvo que esperar a que toda la familia le viera para finalmente poder tener un tiempo a solas y eso luego de que Arthur prácticamente los echara de la habitación que le habían asignado al pelirrojo.

"Percy." Le dijo al tiempo que le besaba la sien con ternura. Cómo iba a imaginar que alguna vez podría haber regalado un gesto como aquel y todo gracias al milagro que albergaba ese pelirrojo en su interior.

"Lamento causarte tantos problemas." Le susurró de vuelta el joven, haciendo un evidente esfuerzo por mantenerse despierto.

"No, no digas eso, Perce. Tú no me causas ningún problema, al contrario."

"¿Qué haré ahora?"

"¿Cómo que qué harás? Descansar, claro está."

"Pero… ¿y la boda… los preparativos?"

"Tu madre y yo nos encargaremos de eso." A pesar de estar algo dormido, Percy no pudo menos que reaccionar a esa oración con una enorme sonrisa. Se escuchaba tan hogareño, como un verdadero esposo y ahora que sabía que el rubio lo amaba y él le correspondía, nada le podía dar tanta felicidad como eso.

"Sí…" Respondió en un susurro satisfecho. Y Percy cerró los ojos, durmiéndose finalmente. Lucius lo observó dormirse con algo de preocupación. Le parecía tan cansado.

A su mente vinieron los momentos en que había intentado forzar su brazo, cuando apenas lo conocía y en su mente sólo había una meta, apoderarse del pelirrojo. Esos momentos sólo le atormentaban y le recordaban cuán grande había sido su arrogancia. Ahora, prácticamente, tenía una familia atrás suyo. Una familia que él en su tiempo también había despreciado.

Bajó el rostro y se tapó con las manos, demasiado avergonzado como para darle la cara a su prometido aún cuando estuviera durmiendo. Así pasó mucho más tiempo del que esperaba porque cuando se quitó las manos, Bill Weasley estaba en la habitación, observándole.

"William Bilius Weasley." Bill hizo una mueca de desagrado pero no se acercó. "¿Cómo está mi ex esposa?"

"Más calmada." Le respondió sin problemas. "¿Cómo está mi hermano?"

"¿Podemos hablar fuera?" Preguntó Lucius con serenidad, levantándose y estirándose un poco de los nudos que ahora sentía de la silla. El pelirrojo en la puerta asintió y salió primero.

Siguieron, por mudo acuerdo, hasta la cafetería del hospital. Allí Lucius vio aparecer una taza de té para él y una taza de chocolate caliente para Bill. Hizo una mueca de disgusto pero no comentó nada. Bill le devolvió una sonrisa desganada pero tampoco comentó.

No fue hasta que ambos, reclinados en las protocolariamente incómodas sillas que todo hospital se enorgullece en poseer, dieron fin al aparentemente relajado silencio.

"No voy a dejarla sola." Declaró Bill, como salido de la nada a lo que Lucius replicó con un bufido incrédulo. "No ahora… no después."

"Entonces te casarás con ella." Dijo Lucius levantando su taza como si de un brindis se tratara.

"Si eso fuera lo que ella deseara…"

"En estos momentos le bajarías el cielo. Conozco la sensación. Cisa puede ser delicada cuando se lo propone."

"Pero me ha dejado muy en claro que eso no es lo que desea. Así que, respetaré su decisión. Eso la hará más feliz por el momento." Lucius asintió, aparentemente satisfecho. "Y necesita ser feliz ahora."

A la última declaración Lucius arqueó una ceja y sonrió con sarcasmo pero se guardó el comentario. "Supongo que no le puedo resentir un poco de felicidad luego de haber encontrado la mía." Terminó por decir a lo cual Bill le dedicó una sonrisa ladeada.

Quedaron nuevamente en silencio y esta vez fue Lucius el que interrumpió el silencio. "Si algo le pasa a la madre de Draco…" Comenzó a decir.

"Si algo le sucede a mi hermano…" Le interrumpió Bill. El resoplido de ambos estaba cargado de amenazas, maldiciones y hechizos. Si Draco y Harry los hubieran estado viendo en esos momentos hubieran reído de buena gana a pesar de la situación.


Narcisa esperó pacientemente. Esperó dos semanas hasta que finalmente estuvo segura de que no sería interrumpida ni por su hijo, ni por su ex esposo ni por el futuro padre de su hija o cualquier otro miembro de la familia Weasley incluyendo a Harry, su futuro yerno.

Tomó todas las precauciones necesarias y esquivando enfermeras y medimagos llegó hasta la habitación donde sabía que estaba su medio hermano, Percy Weasley.

La habitación, como suponía, no estaba asegurada y Lucius no estaba por ninguna parte por lo que entró en ella confiadamente.

Quería verle. Desde que se enterara que estaba allí quería verle. Para ella era demasiado irónico que ese medio hermano estuviera pasando por las mismas penurias que ella cuando tuvo a Draco. Por eso, cuando se dio cuenta de que estaba dormido se sintió un tanto decepcionada.

Se acercó a la silla que estaba al lado de la cama y se sentó, quedando de frente a Percy para poder mirarle a la cara. Su curiosidad aumentó cuando sus ojos se fijaron en el pequeño abultamiento que se definía bajo las sábanas y quiso mirar. Pero su propia naturaleza de dama aristocrática no se lo permitió por lo que cruzó las manos sobre su propio vientre y suspiró largamente. Tanto andar para ahogarse en la orilla. Ahora tendría que regresar a su habitación sin siquiera haber hablado con el pelirrojo.

"¿Luce?" El suave susurro la sobresaltó y volteó a ver al joven en la cama. Aún no abría los ojos aunque parecía intentarlo y le era muy difícil.

"No está aquí." Le respondió y se inclinó para verle mejor. Percy seguía intentando despertar o al menos eso le parecía a ella hasta que notó lo crispado de su mano. "¿Te duele?" Preguntó antes de darse cuenta de lo que decía y antes de darse cuenta de lo que hacía colocó una mano sobre el vientre de Percy y comenzó a masajearle con suavidad.

Los jadeos de Percy poco a poco se fueron calmando y los brazos se fueron relajando. Una fina capa de sudor cubría su frente pero pronto se evaporó antes de que hubiera necesidad de secarla. Las claras orbes se entreabrieron para reconocer a la mujer que estaba a su lado. "Narcisa." Susurró como si no tuviera fuerzas. Algo de miedo se vislumbró en su expresión y la mujer se apresuró a sonreír brevemente.

"No te preocupes por mí, Percy. No le haría daño a mi sobrino así como tú no le harías daño a tu sobrina aunque tuvieras oportunidad." Percy estuvo unos segundos observándole hasta que pareció cansarse y asintió, cerrando por unos instantes los ojos. En ese momento Narcisa temió que se hubiera vuelto a dormir pero la respiración se quedó algo agitada. "Quise venir a visitarte y ver cómo te iba. Me han dicho que estás algo delicado y me pareció una gran coincidencia."

A modo de respuesta el pelirrojo ladeó la cabeza en su dirección, como si le prestara atención aunque parecía no querer abrir los ojos aún. La mano de Narcisa continuaba masajeándole con suavidad y eso le arrancaba suaves suspiros que le indicaban que continuaba despierto. "Cuando quedé embarazada de Draco, casi muero en el intento. Lucius se puso histérico." Comentó pareciendo recordar con una sonrisa. "Prometió que jamás me volvería a embarazar… y yo estuve de acuerdo con esa decisión en un principio."

Percy intentó abrir los ojos y finalmente pudo fijarlos un poco de tiempo en la rubia mujer. "Ahora tú estás aquí, haciéndole revivir los mismos recuerdos. Es irónico¿no crees?" Con gravosa lentitud el pelirrojo asintió haciendo que Narcisa sonriera más ampliamente. "¿Mejor?"

"Sí." Susurró el joven con voz rasposa. Al cabo de un rato Percy pareció despertar un poco más y estar más atento. "Dicen que es una niña." Dijo al tiempo que ponía una mano sobre la de la mujer. "Felicidades."

"Sí. Será una niña. La primera en mucho tiempo de los Malfoy y la segunda en la de los Weasley. Tu madre se ha encargado de informármelo todo."

"¿Sigues enojada conmigo?" Susurró con lentitud, como si tuviera miedo de atorarse con las palabras.

"Un poco." Admitió Narcisa con sinceridad. "Pero ahora no es momento de hablar de ello. Sólo quería ver cómo estabas sin ser vigilada por Lucius o por alguno de tus hermanos. Seguro no me hubieran dejado hablarte. Además, voy a esperar a que ambos podamos gritarnos sin temor." La respuesta fue un leve asentimiento y la mano de Narcisa continuó acariciando el vientre de Percy cuando este se relajó un poco más siendo evidente que se había quedado dormido.

Se quedó pensativa, demasiado distraída como para notar la forma en que pasaba el tiempo y no fue hasta que sintió un jadeo asombrado a sus espaldas que supo que se había excedido en su estadía.

"Narcisa. ¿Qué haces aquí?" Inquirió Lucius con apenas contenida furia en su voz. "¿Y qué le haces a Percy?" Preguntó al tiempo que entrecerraba los ojos con desconfianza. Narcisa quitó la mano de Percy con lentitud mientras hacía un gesto de fastidio y volteaba los ojos de forma tan delicada que era apenas un parpadeo.

"Estaba visitando a mi hermano. ¿O es que lo tengo prohibido?" Preguntó levantándose con lentitud.

"No me refiero a eso…"

"Entonces no pongas esa cara que sé lo que estás tratando de insinuar, Lucius Malfoy. Y te voy a decir una cosa." Dijo levantando el dedo en su dirección. "Si te atreves a insinuarlo con palabras juro que te arrepentirás. Haré que te salga vello en las orejas y serán de color negro¿entendiste?" El rubio no pudo evitar llevarse las manos a los oídos y Narcisa sonrió complacida cruzándose de brazos al saber que todavía podía amedrentar a su ex marido.

El momento triunfal fue interrumpido por el suave quejido de Percy y Lucius se olvidó de todo y llegó a su lado. "¿Percy¿Qué ocurre?" Preguntó con un susurro tomando una de las manos del pelirrojo y Narcisa volvió a rodar los ojos antes de regresar al lado de su ex marido.

"Sinceramente, sigues siendo algo bestia en algunas cosas, Lucius." Rodeó la cama y se sentó del otro lado, haciendo que el rubio le diera una mala mirada que ignoró olímpicamente antes de tomarle la mano, cosa que casi lo hizo saltar de la sorpresa. Pero se había esperado la reacción, por lo que la mano, a pesar de ser delicada, tenía un agarre de hierro sobre la del rubio.

La puso con delicadeza sobre el vientre de Percy y comenzó a indicarle la forma correcta de masajearle. "Te lo agradecerá." Le dijo sin mirarle a los ojos. Cuando Lucius pareció tomarle confianza al asunto de masajearle el vientre a Percy, Narcisa le soltó la mano. "Seguramente el niño se mueve demasiado."

La puerta de la habitación volvió a abrirse y por ella entró un Bill con expresión de pánico. "¡Lucius!" Exclamó y estaba a punto de decir algo más cuando vio a Narcisa y pareció que el color volvía a su rostro. "Narcisa, hasta que te encuentro. No se supone que salgas sin avisar, nos tenías preocupados."

"¿Nos?"

"A toda la familia." Completó Lucius. "Aún no conoces a los Weasley." Le dijo con una sonrisa divertida. Fiel a su palabra, Molly y Ginny Weasley aparecieron tras Bill.

Narcisa no tardó mucho esta vez en llegar a su habitación pues para su completa vergüenza y a pesar de sus protestas, Bill la levantó del suelo tan pronto salieron de la habitación de Percy.

"¡No soy una muñeca!" Exclamó Narcisa apenas sentirse sobre el pecho de Bill con un marcado sonrojo en las mejillas.

"Pero sí una terca." Masculló Bill. "Y ya cálmate, le podría hacer daño a la niña. No tenías por qué estar explorando los pasillos, menos salir de la habitación."

"Estoy cansada de estar encerrada." Gruñó cuando vio que sería imposible bajarse por ella misma. "Estoy enloqueciendo entre esas cuatro paredes."

"Sólo será por unas semanas más. No estarás embarazada toda la vida. Narcisa, sé razonable."

Las voces de ambos se perdieron pasillo abajo mientras Lucius seguía ensimismado acariciando el vientre de Percy quien se había vuelto a quedar dormido, esta vez con una expresión más serena.


"Draco… por última vez… ¿cuándo piensas terminar de arreglarte?" Preguntó Harry con un suspiro mientras veía cómo su compañero continuaba de un lado a otro sin que él encontrara razón alguna para continuar moviéndose. A Harry ya le parecía que Draco estaba perfecto. Pero a pesar de estar deseando salir ya del Instituto de Aurores a lo que sería la primera misión de ambos, no le molestaba en lo absoluto que el rubio continuara de lado a lado pues cada vez que pasaba se fijaba en el delicioso trasero.

"Ya no me sigas apresurando. Podría cometer algún error."

"Como si fueras en verdad a cometer algún error durante la misión." Draco se acercó y le dio un beso al moreno antes de continuar.

"Es refrescante saber que confías tanto en mis habilidades, pero no me refería a la misión sino a mi arreglo personal." Al escucharle Harry se levantó y lo tomó de la cintura antes de darle una buena nalgada y quitarle lo que tenía en las manos. Draco intentó protestar pero Harry se lo impidió con un prolongado beso.

"Ya te dije que estás perfecto. Confía en mí." Y lo sacó fuera de la habitación bajo protestas mientras Harry continuaba sonriendo con picardía.


Gracias por leer.