Se niega a abrir los ojos, tiene sueño y la cama está cómoda. «Solo cinco minutos más» piensa y se envuelve con las sábanas, dejando solamente expuesta una pequeña parte de su rostro y algunos mechones alborotados de cabello.
Pasados diez minutos, la alarma vuelve a sonar, Light saca una de sus manos y palpa el colchón en busca de su celular. No repara en la hora, tan solo presiona cualquier botón lateral para apagar el aparato antes de dejarlo caer a un lado.
—Ummm… — murmura un poco malhumorado, porque luego de ese segundo aviso, le es imposible volver a dormir.
En mañanas como esa es que piensa que debería estar prohibido que los colegios abran tan temprano. Pocas veces se queja como también son pocas las veces que le cuesta tanto despertar.
Los minutos avanzan y lo único que ha logrado es deshacerse de las cobijas luego de patalear de forma floja contra las sábanas, eso y rascarse un poco la cabeza y la panza. Es hasta que la alarma suena por tercera vez que entreabre los ojos.
—Light, ya debes despertar— dice apenas audible en un intento de darse ánimos o reprenderse a sí mismo.
A través de sus pestañas, observa el panorama que tiene enfrente, la difusa imagen de un espejo diferente al suyo. Sin embargo no se altera, reconoce el objeto y el lugar, es la habitación de su madre. Continúa somnoliento pero recuerda que no durmió en su cama sino en la de su progenitora mientras ella lo cuidaba. Sonríe ante ese recuerdo y se lleva una mano hasta la mejilla, sintiendo que ésta ya no arde como hacía unas horas. Supone que ella pasó la noche en vela y eso lo hace sentir culpable; pero continuar rememorando lo sucedido la noche anterior le es imposible cuando se percata de un detalle: ¡Hay luz!
Sin pensarlo dos veces se sienta sobre el colchón, sin darle tiempo a sus ojos a que se acostumbren al resplandor del sol. El hecho de que algunos haces de luz solar se cuelen por la cortina que cubre la ventana y por las goteras que hay en el techo solo significa que se le hizo tarde. Sale de la cama con la misma rapidez pero dicho movimiento le provoca un mareo que lo regresa al colchón. No es grave, le toma pocos segundos recuperarse así que decide restarle importancia, sólo deberá recordar evitar movimientos bruscos durante el día.
—Amor, ¿qué haces de pie?— pregunta Sachiko desde el comedor. Leía las instrucciones de uno de los botes de medicina, los cuales deja a un lado y se acerca a su hijo, quien percibe un aroma a alcohol cuando ella le da un beso de buenos días en la mejilla —Deberías seguir descansando.
—Ya me siento mejor— intenta ignorar ese último detalle, como también intenta ignorar la sensación de impotencia que le causa ver surcos oscuros en las mejillas de su madre. En cambio sonríe como si todo estuviera perfecto antes de añadir: —. Además tengo clases.
—¡Pues mandamos una nota a tu escuela! ¡No puedes ir luego de… luego de…— no es capaz de terminar la frase, su rostro compungido y su respiración errática dejan en evidencia su desesperación, la cual Light intenta calmar al sujetarle el rostro con las manos.
—Aunque amaría quedarme todo el día con la mujer más hermosa, hoy empiezan exámenes y debo asistir— dice a la vez que le acaricia las mejillas con los pulgares intentando sin éxito retirar el rímel corrido. Es quizá debido a la cercanía que se percata del aturdimiento que parece invadir por pocos segundos las pupilas de su madre; una mirada intoxicada a la que ya está acostumbrado. Sin embargo no desea arruinar el momento, por ello la llena de pequeños besos en la frente, los cuales la hacen sonreír —. Ya me siento mejor, en serio.
Sachiko inspira hondo, conoce a su hijo y sabe que es terco, siempre ha sido difícil hacerlo cambiar de opinión cuando ya decidió algo.
—Está bien— con un aire de derrota, vuelve a la mesa —. Te compré vitaminas, estás muy delgado— dice mostrando una de las cajas.
Light asiente, no piensa refutar ni cuestionar. Desconoce de dónde sacó el dinero para comprar medicina ya que siempre evita dejarle dinero porque sabe que sería usado en alcohol. Supone entonces que es el novio en turno quien está involucrado pero no le importa, no piensa agradecerle ni disculparse por lo ocurrido.
—Le pedí a Liam que fuese a comprar tres huevos y pan para desayunar juntos…— continúa ella antes de que su hijo desaparezca tras la cortina de su habitación.
—No creo que… se me hará tarde…— titubea y regresa sus pasos. Aún desconoce la hora pero algo le dice que ya debería estar bañado y cambiado, y ni siquiera ha hecho lo primero.
—Pues que te lleve Liam en su moto. No te irás sin desayunar.
Ante esa sentencia, zapatea de forma inconsciente para demostrar su disgusto, y como respuesta recibe desde la cocina algo parecido a un siseo por parte de su madre a manera de reprimenda. En un arrebato adolescente infantil, quiere decirle que no hará lo que ella dice, que no desayunar un día no le hará nada, que ya está grande como para que lo anden dejando y que esa moto ni siquiera es del idiota de su novio sino del imbécil de Ushio, pero la mirada de ella es clara: «harás lo que diga y no quiero quejas» y aunque no está de acuerdo, casi sonríe al percatarse que se ve tan maternal.
oOo
—¿Has pensado en cambiar esta chatarra?— pregunta Beyond con cierto fastidio debido a las incómodas sacudidas que hace el auto de Matt al avanzar. Está seguro que un zangoloteo más y regresará el desayuno.
—¿De qué hablas? Mi bebé está perfecto— aparca a un lado de la calle tras una última sacudida y un extraño chirrido proveniente del motor—. Todos ustedes pesan demasiado, deberían ponerse a dieta.
—¡Nosotros ni siquiera te pedimos venir, idiota!— reniega Mello desde los asientos traseros. Él y Near acababan de salir a su hora de almuerzo cuando fueron engañados por Matt, ¡les dijo que los invitaría a comer! Y oh sorpresa, no están estacionados frente a un restaurante o algún puesto de comida a la vista, sino que todos están atrapados en ese auto frente a las instalaciones del colegio To-Oh.
—Beyond me obligó a venir— se encoge de hombros, como si esa fuese excusa suficiente para haberles mentido.
—A ti te hice venir porque es tu culpa que yo no haya dormido nada en toda la noche— corrige Beyond a la vez que se masajea las sienes.
De los cuatro, el único que está inscrito en la universidad es Matt, aunque es más bien un curso de informática que encontró en los anuncios del periódico hace unos meses. Quisiera estudiar ingeniería en sistemas, pero no puede costearse una carrera universitaria, aunque tampoco lo descarta para un futuro.
Por el momento solo asiste a clases presenciales tres veces a la semana, más diez horas de clases en línea que puede acomodar a su gusto; y por increíble que parezca, Matt no es para nada despreocupado cuando se trata de estudiar. El problema es que no puede concentrarse en su habitación y siempre debe estudiar en el escritorio que está en la sala, ¿y quién duerme en el sofá de la sala? Beyond.
—No jodas, te ofrecí mi habitación para que durmieras pero no quisiste— se defiende a la vez que se acomoda los goggles en la cabeza y enciende un cigarrillo —. Me obligaste a venir porque sabes que no puedes estar sin mí— comenta con una sonrisa en los labios, ganando como respuesta un golpe en el brazo.
—O quizá porque eres el único que tiene carro, idiota.
—Eso no explica qué hacemos nosotros acá— interrumpe Mello cruzándose de brazos —. El enano y yo tenemos que estar de vuelta en cuarenta y cinco minutos o nos descontarán el tiempo.
—Ayyy relaaaajate, barbie. A ti te traje porque me caes mal y a Nate lo invité para que sea él quien hable con Light…
—Yo no me bajaré a hablar con Light— dice Near al instante, siendo esta la primera vez en la que comenta algo desde que se subió al auto —Pensé que Beyond se había ofrecido como detective…
—Eso solo fue una vez— interrumpe Beyond con un tono hastiado que hace que Near se encoja en su asiento —. Y no necesito tu ayuda, yo puedo "hablar" con ese niño sin intermediarios…
—¡Exacto!— es Matt quien interrumpe en esta ocasión —¿Ves por qué te necesitamos, Nate? Tú le caes bien a todos. Además, Beyond lo dejará sin dientes a la primera oportunidad que tenga.
El menor de los Lawliet no contradice dicho comentario porque es verdad, tiene muy presente la imagen de su hermano con los ojos enrojecidos a causa del gas pimienta. De hecho le parece muy tonto de su parte que le haya pedido específicamente a él dicho favor cuando ese tal Light no es santo de su devoción.
—¿Y que se supone que debería decirle?— pregunta nervioso pero a la vez emocionado de ser parte de un plan para ayudar a Elle.
Matt toma del tablero una cajita rectangular, algo delgada y un poco larga color dorado antes de darle las indicaciones.
—Solo dile que Lawliet lamenta mucho lo que pasó y le entregas esto.
Con una sonrisa, Near sostiene la caja y la limpia un poco con una de las esquinas del chaleco oscuro que usa como parte de su uniforme. Sabe que está mal espiar pero le gana la curiosidad, así que la abre un poco, encontrándose con seis bombones de chocolate.
—Vaya, Elle sí que está enamorado…— susurra sonriente más para sí mismo, sin embargo su voz no es lo suficientemente inaudible y como respuesta recibe una sonora carcajada por parte de todos.
—A veces tus comentarios son realmente molestos— opina Beyond con sorna, haciendo que las risas cesen a la vez que las mejillas del más pequeño se enciendan de vergüenza. Al instante se arrepiente de sus palabras, pero se siente demasiado fastidiado como para retractarse. Todo este tema de su hermano y ese chico lo tienen de mal humor.
—Cuidado en cómo le hablas— es Mello quien, frunciendo el entrecejo, sale de inmediato en su defensa.
—¿Y ahora lo defiendes?— cuestiona Matt. Si bien no está de acuerdo en la forma en la que Beyond le habló a Nate, le parece extraño que la persona que más lo lastima sea quien lo defienda.
—¿¡Por qué no te metes en tus asuntos, ojos de moco!?
—¿¡A quién le dices ojos de moco, rubiecita copia barata de Madonna!?
Girando un poco sobre el asiento, Matt le hace frente a Mello. Los insultos suben de tono y en pocos minutos ambos sujetan el cuello de la camisa del otro mientras se gritan "tú la tienes más pequeña" una y otra vez. Near no se entromete, en cambio se encoge un poco en el asiento y se cubre el rostro con las manos para ocultarse de las personas que transitan por la acera, quienes con curiosidad y preocupación echan un vistazo al escuchar el alboroto.
—¿¡Se pueden callar!?— gruñe Beyond cuando cree haber alcanzado su límite, un grito más por parte de esos dos y sus tímpanos explotarán.
Matt murmura un «está bien» haciendo un puchero y Mello suelta un malhumorado «como sea» a la vez que se acomoda el uniforme.
—¡Miren, al fin están abriendo el portón!— anuncia Near, aliviado de poder cambiar el tema.
Y como si las ventanas tuviesen algún tipo de imán, todos se pegan a ellas, atentos a lo que ocurre al otro lado de la calle. Mello queda un poco encima de Near al ser éste último quien está del lado a la institución, y Matt, al estar del lado del piloto, al menos hace el esfuerzo de acercarse y observar al igual que el resto.
En pocos minutos las aceras se llenan de alumnos y no pasa mucho para que entre ellos aparezca la persona que tanto esperan.
—¡Ahí está la zorra de tu hermano!— dice Mello con una sonrisa y señalando con su dedo índice.
—¿Debo salir ya?— pregunta Near un poco inseguro al notar lo mismo que los demás: Light está acompañado.
—Creo que deberíamos esperar a que se despidan— responde Beyond luego de pensarlo. Elle no le dio ningún tipo de indicación pero supone que sería muy extraño, incómodo y difícil abordarlo en medio de toda esa gente; sobre todo porque el auto de Matt es lo único que no combina entre tantos otros que parecen lujosos, ¿este es el tipo de personas con las que ese niño se relaciona? —. ¿Creen que ellos sean sus amigos?
—No lo sé pero el chico de anteojos está lindo— comenta Matt, intentando acercarse un poco más para ver mejor.
—¿Qué me dices de ella? Es hermosa— añade Beyond, luciendo menos irritado que antes.
—¿Creen que sus senos sean reales?— es Mello quien cuestiona esta vez, aunque su pregunta es más por curiosidad que por morbo. Siempre se ha preguntado cómo las mujeres de gran delantera pueden ir por la vida sin quejarse, a él le pesan los huevos por falta de sexo y ya anda amargado toda la semana.
El único que no comenta nada es Near, no cree correcto platicar de la sexualidad de otras personas que ni siquiera están presentes. De hecho le parece ridículo que los otros se estén preguntando si los chicos en cuestión son vírgenes, es como si nunca hubiesen visto una persona atractiva en su vida.
—¿A ti también te parece lindo?— pregunta con voz baja, quizá celoso de que Mello también pareciera estar embelesado como los otros dos.
Mello da un respingo debido a la repentina pregunta. Ladea el rostro en dirección a él y sonríe al verlo con el entrecejo fruncido.
—Ni la mitad de lo lindo que tú eres— le asegura antes de acercarse y unir sus labios.
Beyond y Matt, quienes ignoran lo que sucede en los asientos traseros, no han perdido detalle de lo que ocurre al otro lado de la calle, observan que los tres amigos parecen despedirse y que, para su suerte, Light toma el camino contrario a ellos. Lo que indica que pueden pasar a la siguiente parte del plan.
—Bien, Nate, es tu turno— dice Matt, volviendo a su asiento.
Near reacciona al instante que escucha su nombre, intenta alejarse de Mello sin levantar sospechas pero es muy tarde, nota la mirada de Matt a través del retrovisor y escucha a Beyond reclamarles por distraerse en un momento como ese.
—Ya voy…— dice avergonzado luego de lo sucedido.
Repasa una vez más lo que tiene que decir y sale del auto, no sin antes advertirles que más les valía no irse sin él.
Al cruzar en una esquina, la fachada que Light ha tenido que mantener con sus amigos desaparece.
Es como si continuar de pie se volviera más difícil a cada minuto que pasa. La cabeza de nuevo le duele, pero lo que realmente le afecta es que todo a su alrededor parece dar vueltas. Todo el día ha tenido que hacer su mejor esfuerzo para lidiar con los mareos y las náuseas pero llega el punto en que avanzar se le hace imposible. Se apoya contra la pared más cercana e inspira hondo mientras busca en su bolsón su teléfono celular; debe sentirse realmente mal si está a punto de hacer lo que tiene en mente: pedirle a Liam que vaya por él.
En la mañana, por insistencia de su madre, tuvo que ceder ante la tonta idea de ser traído hasta el colegio. En un principio pensó que lo llevaría a la escuela donde se supone que debería estudiar, luego él tomaría un autobús desde ahí; pero su sorpresa fue enorme cuando Liam le confesó estar al tanto de sus mentiras, o como Light prefiere llamarlas, verdades a medias. Le pidió la dirección real y lo dejo a dos cuadras, el mismo Liam le dijo que era para no levantar sospechas, como si con eso fuese a ganar su confianza. Y el hecho de que en estos momentos le esté llamando no significa que lo ha logrado, pero lo necesita, de otra manera no recurriría a él.
Luego de darle su ubicación actual, desconecta la llamada, sin pedirle que no le diga nada a su madre porque no lo cree necesario, sabe que no lo hará. Mira la hora en su reloj de muñeca y la compara con la de su celular, perfectamente sincronizado, más le valía a Liam darse prisa.
Quizá está demasiado concentrado en la hora o quizá su punto ciego del ojo derecho está cada vez peor, sea cual sea la razón, no se percata de que alguien camina en dirección suya, y solo lo hace hasta que ya lo tiene frente a él.
—Hola— saluda el chico de cabellos blancos con una sonrisa, ignorando el mini infarto que acaba de provocar con su repentina aparición.
—¿Te conozco?— suena molesto, quizá porque el corazón aún le palpita agitado, una reacción natural del cuerpo al entrar en estado de alerta, sin embargo también se siente aliviado de que no fuese alguien conocido.
—Nos vimos una vez en…
—¿Cómo te llamas?— interrumpe. Necesita terminar con esa conversación para que ese muchacho lo deje solo.
—Nate… nos vimos en…
—No, tu nombre no me suena— es tajante de nuevo —. ¿Cómo te puedo ayudar?
—Soy amigo de Elle— dice Near, pensando que así logrará obtener su interés. Grave error.
—No, a él tampoco lo conozco— contesta al instante y retoma sus pasos. Quiere alejarse de todo lo relacionado a Elle.
—¡Sé que no quieres atender sus llamadas!— exclama a la vez que lo sigue—. Pero él realmente está arrepentido de lo que hizo— se sitúa frente al castaño y como parte de las disculpas le extiende la cajita dorada. Pero es entonces cuando Near se percata de algo: los labios de Light lucen pálidos al igual que su rostro —. ¿Estás bien…?
—Escúchame bien, puedes decirle a ese amigo tuyo que puede meterse sus palabras y sus…— le arrebata la caja y la deforma con su puño antes de lanzarla al suelo —…regalitos donde mejor le quepan. No me interesa hablar con él así que pídele que deje de joder.
—¿Cómo puedes ser así…?— murmura inconscientemente. Sabe que Elle hizo mal pero… ¡él le lanzó gas pimienta! ¿Acaso su amigo no merece una oportunidad para hablar y arreglar las cosas?
—¿Así cómo?— pregunta con una sonrisa irónica en sus labios —¿Egoísta? ¿Inmaduro? ¿Arrogante? ¿Cómo una mala persona? No me interesa nadie más que no sea yo.
—¿Y eres feliz…?
Esa pregunta descoloca un poco a Light, por razones que nada tienen que ver con Elle, sin embargo no permite que dicha inquietud se refleje en su rostro.
—Mira niño, no te conozco, y si necesitara terapia buscaría un psicólogo. Ahora, si me permites…— dispuesto a alejarse, gira sobre sus talones para continuar en dirección contraria. Pero olvidando el recordatorio de la mañana, el movimiento es brusco, volviéndolo víctima de otro mareo, el cual lo obliga a buscar apoyo en la pared.
—¿¡Estás bien!?— completamente alarmado, lo sujeta del brazo para ayudarlo. Sin embargo, el ser mayor no es ninguna ventaja cuando se es tan pequeño de estatura como él.
—Estoy… bi-bien— murmura entre dientes pero le es imposible seguir de pie, así que en un intento de estabilizarse, se deja caer de rodillas en el suelo, trayendo al otro consigo.
—Debo pedir ayuda…— susurra más para sí mismo.
¿Cómo podía haber tan pocas personas en los alrededores de un colegio? La mayoría circula en auto y no a pie, y las pocas que transitan por las aceras parecen creer que solo son dos adolescentes discutiendo. Y peor aún, no sabe si es el ángulo o que sus amigos son idiotas pero no logra ver el auto de Matt ni a ninguno de ellos desde su posición.
—¡No se te ocurra llamar a Lawliet!— advierte Light, como si pudiera adivinar sus intenciones al verlo sacar el teléfono.
—Lo siento, debo pedir ayuda…
En un arrebato, Light intenta quitarle el teléfono pero falla al ser incapaz de coordinar sus movimientos. Quiere pedirle entonces que no lo haga, mencionar a Liam, decir que ese idiota irá por él y lo ayudará, que no necesita a Elle, pero si abre la boca terminará regresando lo que ha ingerido durante el día. Siente que el sudor le baja copiosamente desde las sienes hasta el cuello, los laterales de su cabeza laten y su visión se vuelve irregular, como si a cada parpadeo la imagen del chico frente a él se volviera más difusa.
Light cierra los ojos, no sabe en qué momento comenzó a apoyar la cabeza sobre el pecho del otro. Escucha murmullos, muchos a su alrededor, a varias personas les ha llamado la atención su situación y algunas de ellas ya se encuentran llamando al 911. Lo último que escucha es la voz de Nate pronunciando el nombre de Elle.
oOo
Luego de haber andado por un par de minutos y pedir ayuda a tres enfermeras, al fin encuentra lo que tanto busca en una esquina de la enorme cafetería: una cafetera. Necesita café para seguir viviendo, se dice mientras se sirve un poco en un vaso desechable. Está amargo, aunque no esperaba mucho al ser café gratis y tampoco es algo que medio kilo de azúcar no arregle.
Se dirige al mostrador y en lugar de pedir una cantidad exacta, le pide a la chica de coleta alta que le venda todos los sobres de azúcar que quepan en su puño, más una dona de chocolate. La chica asiente, Elle cree percibir un sonrojo pero no le da importancia.
—¿Cuánto es?— pregunta al llegar a la caja. Saca su billetera del bolsillo trasero de su pantalón negro y busca en ella algún billete de nominación pequeña.
—Corre por mi cuenta— le susurra con las mejillas completamente rojas, luego de cerciorarse que ninguno de sus compañeros estuviera cerca.
—No creo que…
Ella insiste y con un poco más de confianza lo invita a comer. Le dice que en unos minutos su turno terminará y que tendrá un rato libre, que podrían sentarse en alguna mesa y charlar un rato.
Se siente halagado de que una chica tan linda lo encuentre atractivo aún cuando la mitad de su rostro está oculto bajo unos enormes lentes oscuros. Sin embargo rechaza la invitación, la cafetería es amplia pero no le parece cómoda; hay demasiadas personas yendo de un lado a otro y el volumen en los cuatro televisores alrededor de ella que transmiten programas diferentes está a todo lo que da, demasiado alboroto para su gusto. Además ella no es su tipo, no tiene el cabello castaño ni una actitud horrible, por lo que se despide con una sonrisa coqueta en agradecimiento a su amabilidad, diciéndole que si no fuera porque tiene que regresar, le encantaría quedarse y conocerla un poco más.
Sale de la cafetería y camina por un iluminado pasillo, donde al final hay una puerta corrediza que lo lleva al apacible sitio de palmeras artificiales y mullidos sillones que minutos antes dejó por su necesidad de cafeína.
—¿Disculpe…?
Tan pronto como llega a la sala de espera, se acerca al mostrador situado en una esquina. La enfermera aparta la mirada del computador y con una sonrisa le pregunta en qué puede ayudarle.
—Necesito información de alguien…
Coloca el café sobre la superficie de mármol y busca en su billetera un papel con los datos que le brindaron por teléfono.
—Se llama Light Yagami…— añade, y aunque no lo admita con tanta facilidad, hubo un deje de preocupación en su voz.
La enfermera verifica en su sistema y, efectivamente, hay un paciente registrado bajo ese nombre. Sin embargo los detalles de su caso serán brindados por el médico asignado, ella no está autorizada para compartir mayor información, sólo puede asegurarle que se encuentra estable.
—El doctor saldrá en un momento. Por favor, tome asiento— pide con la misma sonrisa y vuelve su vista al ordenador.
«El doctor saldrá en un momento» repite en su cabeza con un tono burlón. No sabe ni siquiera por qué se molestó en preguntar cuando siempre es lo mismo: sentarse y esperar. Es una suerte que las gafas sean realmente oscuras, así al menos la expresión de fastidio que hizo con sus ojos pasó desapercibida por aquella amable mujer. Aunque sospecha que la sonrisa de ella no puede ser real todo el tiempo.
Resignado a esperar más de lo que ya esperó, toma de la mesita que está a un lado del mostrador una de esas revistas que fueron populares a principios del siglo y se dirige al sofá individual que anteriormente ocupaba, uno que está justo debajo del aire acondicionado. Sin embargo se detiene a escasos metros cuando nota que el asiento ya está ocupado.
Se ha quedado de pie al menos treinta segundos, lo suficiente para que la mujer que ahora ocupa el lugar aparte la mirada del rosario que sostiene entre manos y la dirija a él al advertir su presencia. Ella sonríe y él intenta devolver el gesto antes de dirigirse con la revista y su café al asiento de al lado, dejando al menos un espacio vacío de por medio.
Abre la revista y se enfoca en un artículo que habla del escandaloso beso entre Britney Spears, Christina Aguilera y Madonna. Dos páginas enteras dedicadas al icónico momento. Sin embargo no lee ni una sola palabra, no puede concentrarse cuando lo único que tiene en mente es el aspecto de la mujer a su lado. Y no, no se refiere a las facciones quebrantas de su rostro sino a su humilde atuendo…
—Por favor, Dios mío…
El lamento llega hasta los oídos de Elle, quien de reojo vuelve a observar a la mujer. Mientras él se siente informal por haber dejado su saco en el auto y haberse aflojado la corbata tan solo un poco, nota que la camisa de ella tiene un pequeño agujero a un costado y que su falda larga se ve descolorida. Se percata también de sus pecosas y esqueléticas manos, inconscientemente las compara con las suyas y descubre los milagros que una manicura cada quince días y cremas humectantes antes de dormir pueden lograr.
No es que sea fanático de dichas rutinas o productos, pero el aspecto es importante, al menos lo es para alguien como él. Es por ello que, aunque está haciendo su mejor esfuerzo por no juzgar a la mujer que tiene a un lado, le es imposible ignorarla cuando su aspecto es lo único que no encaja en dicho lugar.
La diferencia de clases sociales es visible con tan solo echarle un vistazo, la cual empeora al verla detenidamente. Y parece que la presencia de ella no pasa desapercibida. Al examinar la sala se percata que muchos la ven con repudio y algunos inclusión murmuran entre ellos.
Le molesta lo prejuiciosas y clasistas que pueden ser las personas, pero más le molesta admitir que su reacción fue la misma al verla. No obstante una parte de él, su lado bondadoso que siempre lo ha caracterizado, lo hace querer ayudarla aunque no sepa lo que le pasa. Pero no sabe cómo abordarla, tampoco está seguro si es pertinente indagar en su situación cuando se le ve tan intranquila.
—¿Familiares de Light Yagami?
El médico irrumpe en la sala justo en el momento que Elle creía haber encontrado las palabras perfectas para romper el hielo. Pero no importa, ese sujeto de bata blanca es lo que ha estado esperando por la última media hora. Sin embargo palidece cuando la desaliñada mujer de cabellos marrones también se pone de pie.
Sachiko lo mira con desconfianza, se le ve confundida, llena de dudas y Elle lo nota.
—Soy amigo de Light— espera que dicha afirmación sea suficiente, porque en estos momentos tiene demasiadas preguntas en su cabeza como para contestar también las de ella.
—Soy su madre— dice, volviendo la llorosa mirada hacia el médico.
Lawliet retiene el aliento por el asombro que le causan esas palabras, sobre todo porque unos minutos antes no tuvo reparos en examinarla de pies a cabeza. Sin embargo intenta sonreír cuando ella vuelve a verlo de reojo.
Sachiko no ignora por completo la presencia de ese raro hombre de gafas oscuras a su lado, pero necesita saber cómo está Light, lo único que le importa es su hijo
—Dígame cómo se encuentra, por favor.
—En este momentos se encuentra estable— dice con una sonrisa para tranquilizarlos un poco antes de continuar —. Se tomaron muestras de sangre y los resultados muestran un bajo nivel de glóbulos rojos y de hemoglobina. Adicional a eso, la cantidad de leucocitos está un poco por arriba de lo normal… en otras palabras, el diagnóstico inicial es anemia…
—¿Anemia…?— interrumpe Sachiko en un susurro apenas audible y con una expresión de alivio que sorprende a Elle.
—Sí— continúa —. Sin embargo es necesario realizar más exámenes.
Les explica que el ritmo cardiaco de Light era irregular cuando llegó a emergencias, también hace mención a lo que notaron en las muestras de sangre aún antes de enviarlas al laboratorio; ni su color ni espesor corresponden al de una persona saludable. Todos son indicios de anemia y lo pudieron confirmar con los resultados. Sin embargo recomienda más exámenes para descartar la deficiencia de algún otro mineral además del hierro y también menciona una prueba de coagulación sanguínea.
—Mañana a primeras horas podemos tomar más muestras de sangre y orina en ayunas. También realizar un TAC.
Él continúa, ignorando lo que cada palabra que sale de su boca provoca en aquella mujer. Inevitablemente, Sachiko pasea su mirada por el pulcro lugar de paredes blancas; no es un hospital cualquiera, o al menos no uno que ella haya visitado antes. Si bien ese detalle lo notó desde el primer momento que puso un pie ahí, es ahora cuando realmente siente que esas diferencias pesan. Y el hecho de que ese hombre continúe con su lista de exámenes, pruebas, medicamentos y citas no le hace el momento más fácil. Siente como si de pronto la respiración comenzará a fallarle, ¿de dónde va a sacar tanto dinero?
—Por favor, haga lo que sea necesario— indica Elle con voz neutra.
Al escuchar esas palabras, Sachiko vuelve a la realidad tras un respingo.
—No… y-yo…— titubea. Su mirada luce desorientada, claramente afectada por la situación, aunque si ellos la conocieran podrían adjudicar esos irises de pupilas dilatadas a un problema mayor —¡Usted dijo que estaba estable!
Elle parpadea confundido, la actitud de ella lo desconcierta. Es de su hijo de quien hablan, ¿acaso no le importa?
—Sí, lo está. Pero es necesario hacer más pruebas y…
—Yo no puedo pagarlas— susurra cabizbaja, avergonzada —. Usted dijo que solo es anemia… s-solo tiene que comer mejor, ¿no?
—La cuenta hospitalaria está a mi nombre. Yo pagaré todo— Elle siente que se sonroja un poco al decirlo, aunque es algo que ya sabía desde el momento que coordinó para que Light fuese trasladado a esa clínica.
Sachiko dirige su mirada a él, sin embargo niega con la cabeza. Sabe que el hospital es algo que ella no podrá pagar, pero no piensa aceptar más ayuda de un sujeto que no conoce.
—La anemia no es para tomarse a la ligera— interviene el doctor encargado tras un suspiro —. La alimentación ayuda pero al encontrarnos ya por debajo de los valores normales, es mucho más fácil que éstos continúen disminuyendo, y sin el tratamiento adecuado podría ser grave.
—Yo…
—Se los haré— interrumpe Sachiko antes de que Elle pudiese terminar la oración —, le haré los exámenes necesarios pero en otra clínica. Una que sí pueda pagar— asegura sin titubear, viendo primero a uno y luego al otro para demostrarles que habla en serio.
El médico sonríe y asiente. No cree que sea lo ideal pero comprende su motivo. De hecho todas las pruebas mencionadas tienen un precio mucho más alto por tratarse de un hospital privado. Al menos le alivia ver su disposición y termina recomendándole la clínica de un amigo donde pueden realizar los mismos exámenes por un costo más bajo.
—¿Puedo verlo?— pregunta luego de tomar la tarjeta de presentación que él le entrega.
El hombre de bata blanca dirige el camino. Al lado de la recepción hay una puerta de vidrio que se abre automáticamente ante ellos. El pasillo es largo, hay puertas a cada costado con números plateados sobre ellas para indicar la habitación. Lawliet va detrás de ellos, aún se siente desconcertado por lo ocurrido en la sala de espera pero guarda silencio, al igual que Sachiko, quien no se siente cómoda con la presencia del extraño sujeto pero se reserva cualquier comentario para no interrumpir las indicaciones del médico. Él les explica que por el momento el tratamiento será con base en los resultados obtenidos; hierro, ácido fólico y complejo B para empezar. La receta podría modificarse una vez tengan los resultados de las demás pruebas, de hecho se ofrece a ser él quien los lea para poderle dar el seguimiento apropiado; tiene una clínica y podría recibirlos para una consulta a un precio razonable.
Luego de un par de minutos, se detienen frente a una puerta con el número 648 en ella.
Si Sachiko estaba maravillada con la sala de espera, el tamaño de la habitación la deja sin habla; es enorme, lo nota luego de dar el primer paso sobre ese lustroso azulejo. También nota el esponjoso sofá-cama a un costado. En el extremo opuesto a la entrada hay una ventana horizontal cubierta por persianas color taupe. Debajo de ella hay tres repisas de madera igual de largas; en la primera solamente hay un florero y dos controles, en la segunda hay toallas y sábanas dobladas, y la tercera está vacía, disponible para que los familiares que pasen la noche ahí acomoden sus pertenencias.
Hay también un televisor pantalla plana en la pared central de la habitación pero no le presta atención. Su fascinación dura pocos segundos, los suficientes para captar con su retina la mayor cantidad de detalles. Sin embargo toda su atención ahora se dirige a la cama de sábanas blancas sobre la cual Light duerme. Su hijo, su niño.
—Solo está descansando— dice el hombre de mediana edad luego de notar la angustia con la que ella se acercó a la cama. Sus palabras tienen como finalidad calmarla por el bien de ella pero también para tranquilidad del paciente.
Sachiko lo escucha pero no puede evitar que las lágrimas se acumulen en sus ojos y que su corazón se contraiga agobiado al verlo ahí, inconsciente y lleno de cables. Hay una aguja incrustada en el dorso de la mano izquierda de su hijo, una cantidad considerable de esparadrapo mantiene el catéter en su lugar y una manguerita lo conecta con la bolsa que cuelga de un portasuero. Su otro brazo también luce lastimado a la altura de la flexura del codo, supone que es debido a las muestras de sangre que tomaron. Además hay una máquina repiqueteando al lado derecho de la cama con la que conectan los demás cables, un aparato que solo había visto en televisión, cuya función es para medir los signos vitales. Sonríe porque ese último detalle lo conoce gracias a Light, él fue quien se lo explicó hace mucho mientras veían una película.
—Bien, los dejare solos un momento— dice el médico luego de revisar el suero y anotar en su expediente clínico datos adicionales que consideró pertinentes.
Elle asiente con una sonrisa forzada. Sabe que una vez el doctor deje la habitación tendrá que cruzar palabras con esa mujer, cuyo nombre aún no conoce, pero que parece verlo con desconfianza, o al menos es lo que ha notado en las pocas veces que sus miradas se han cruzado.
Tan pronto como la puerta se cierra, Sachiko alcanza la frente de su hijo con dos dedos y la roza suavemente, apartando algunos mechones de cabello. Hay cables conectados al tórax de Light pero con sumo cuidado toma con las dos manos los bordes de la sábana y le cubre el pecho; la temperatura en la habitación es baja debido al aire acondicionado y no quiere que su niño tenga frío.
—Es usted mayor— dice mientras se asegura que su hijo esté bien cobijado.
Elle se paraliza al escucharla pero disimula. Con un fingido semblante de tranquilidad esconde una mano en el bolsillo de su pantalón negro y camina por la habitación.
—Sí, un poco solamente— «solo son seis añitos y un poquito más» piensa mientras deja su café ya frío sobre la repisa y toma uno de los controles. No sabe por qué ni para qué, es solo la manía de tener algo en las manos cuando está nervioso.
—¿De dónde conoce a mi hijo?— esta vez, para desdicha de Elle, Sachiko fija su mirada en él.
—¿Cómo lo conozco…? Buena pregunta… pues verá, soy Elle Lawliet— es lo más tonto que ha dicho, su peor presentación. No sabe ni por qué titubea si ha hablado frente a muchas más personas sin sudar —. Perdón, quiero decir… soy Elle, conocí a su hijo en… una charla que mi compañía impartió en su escuela, ¡sí, eso!, y él se mostró interesado y de ello nació una amistad— finaliza con una amplia sonrisa, orgulloso de su excelente mentira.
Sin embargo su sonrisa se borra al ver la reacción de ella, como si acabase de decir algo que generará más preguntas.
—¿Su compañía…?— susurra asombrada; ¿qué hace Light siendo amigo de un hombre mayor y adinerado? Sin embargo antes de seguir cuestionando, se percata de que no ha podido verlo a los ojos en ningún momento —¿Por qué los lentes?— pregunta luego de cambiar su semblante a uno más serio.
«Porque su hijo casi me deja ciego, señora»
—Hace poco tuve una operación y la luz me molesta— no dice completamente la verdad pero tampoco miente del todo —. Señora Yagami…— armándose de valor y sin darle tiempo de decir algo más, camina hasta quedar frente a ella, siendo la cama lo único que los separa —, por favor permítame pagar los exámenes de Light. Usted no tiene que preocuparse de nada.
Sachiko suaviza sus facciones. No piensa ceder pero hay algo en la voz de ese muchacho y en la forma en la que le mantiene la mirada, aunque esté bajo unos lentes oscuros, que le transmite la sensación de que sus intenciones son buenas. Además, no puede comportarse como una madre agresiva con la persona que está pagando los gastos hospitalarios de su hijo.
—Escuche, joven Lawliet, yo no lo conozco, no puedo aceptar su ayuda— hace una pausa como última oportunidad de no decir lo que tiene en mente, sin embargo continúa —. Pero si Light quiere aceptar la ayuda de un amigo, yo no me voy a oponer.
Elle finge una sonrisa y contesta un «está bien». ¡Pero no está bien!, prácticamente depende del muchacho que el viernes por la noche le dijo que lo odia.
Inspira hondo y fija su mirada en Light. ¿Es normal sentirse frustrado?, es decir, que Light esté siendo atendido en una de las clínicas más costosas del país es su manera de pedir disculpas por lo sucedido el viernes, pero hacerse cargo del resto no es parte del plan; o al menos no lo era hasta que lo vio ahí en esa cama.
Sus profundos ojos oscuros observan sus facciones, lo ve cansado y pálido, con un aire de vulnerabilidad que no le ha visto antes. Continúa recorriendo con su mirada cada detalle, su delgadez, los pinchazos en los brazos, sus agrietados labios y notables ojeras. Se ve tan frágil… sin embargo un detalle en su antebrazo capta por completo su atención.
—¿VON?— dice extrañado y apenas audible.
«VON» repite en su mente esa pequeña palabra que acaba de descubrir en la parte interna de la muñeca izquierda de Light.
—Se lo hizo cuando cumplió dieciséis años— dice Sachiko con una sonrisa. Lawliet pasa dos dedos por la zona y frunce el entrecejo; efectivamente es un tatuaje pero nunca antes se lo había visto —. Suele ocultarlo con su reloj— agrega, como si hubiese adivinado lo que él pensaba.
—¿Tiene algún significado?— pregunta sin percatarse que sus falanges continúan acariciando el antebrazo de Light.
Sachiko se encoge de hombros y dice que no lo sabe mientras se dirige a la repisa en busca de sábanas para el sofá-cama. Le comenta que ella nunca estuvo de acuerdo con eso de tatuarse siendo aún un nene, pero que él igual se lo hizo a escondidas de ella.
Nada de lo que ella acaba de decir es verdad. Sabe cuando Light se hizo ese tatuaje porque él se lo dijo, pero no recuerda el día en el que su hijo cumplió dieciséis años, de hecho hay muchas fechas que no recuerda. Pero sonríe porque Elle parece creerle, lo que significa que su niño no habla con sus amigos sobre lo patética y mala madre que es.
Sachiko comienza a acomodar las almohadas y sábanas sobre el sofá-cama mientras le relata la vez que preparó una fiesta sorpresa para su bebé. Lawliet la escucha pero gran parte de su atención está enfocada en la muñeca de Light; le intriga ese tatuaje.
Delinea con su dedo índice cada letra mientras piensa, en primera instancia, que el motivo por el cual lo oculta es porque está mal escrito. Hay una palabra en francés que se le hace similar, pero en lugar de V tendría que ser B para formar la palabra BON, "bueno" si lo traduce al español. ¿Pero quién podría ser tan tonto como para cometer un error en un tatuaje tan pequeño? Es entonces que llega a la conclusión que no está mal escrito y que su ubicación es adrede.
Deduce que lo oculta de los demás porque la única persona que le interesa que lo vea es él mismo, por ende debe tener un significado, y espera que algún día Light confíe lo suficiente en él como para compartirlo.
