Disclaimer: Nada de esto me pertenece, todo es de la genial mente de S. Meyer.

Summary: Había tres cosas de las cuales estaba completamente segura: Una, soy la persona con menos suerte del instituto. Dos, estoy enamorada de Edward Cullen. Tres, él me ve como su mejor amiga… (UA. TODOS HUMANOS).

Capítulo catorce: Ahora.

Lo miré a los ojos y la realidad me golpeó de manera absolutamente maravillosa, en los ojos de Edward había amor, había devoción, había disculpa… pero yo quería borrarla de sus ojos, no quería que se sintiese culpable por mis lágrimas, no… porque todo había sido provocado principalmente por mi enorme cobardía.

Sus manos sostenían mi rostro y había un tremendo nudo en mi garganta, demasiadas palabras arremolinadas en mi mente, incapaces de salir y ser pronunciadas, la emoción del momento no me permitía nada más que observarlo, admirar a la persona que se encontraba frente a mi.

- Edward…

Mi voz sonó débil, Edward articuló una mueca de dolor y silenció mis palabras con un roce de labios, su aliento se fundió con el mío nuevamente. Nos abrazamos en silencio, no se cuanto tiempo permanecimos en la mitad del campus sosteniendo aquel abrazo, sólo sabía que sus fuertes brazos me estrechaban contra él mientras su rostro se escondía entre mis cabellos. Mi corazón latía desbocado en mi pecho, aunque poco a poco fue ralentando su pulso, mientras las manos de él acariciaban mi espalda.

Separamos un poco el abrazo sólo para volver a mirarnos fijamente, era tremendamente hermoso… sus ojos verdes, brillantes y profundos… me parecía que hacía mucho que no los observaba.

- ¿Cómo?- pregunté yo.

- Antes que nada movámonos de aquí, no quiero que te resfríes por mi causa- dijo él tirando de mi mano y buscando con la mirada un lugar para refugiarnos.

Pero fui yo quien tomó la iniciativa y nos dirigimos directamente hacia mi habitación, no se me ocurría otro lugar, y después de todo él tenía razón, ambos estábamos bastante empapados, él más que yo.

Cerró la puerta de mi provisoria habitación y nos quedamos mirándonos nuevamente en silencio, Edward se acercó en pasos rápidos y volvía a estar su rostro cerca del mío.

- He sido un completo estúpido, Bella- susurró- Completo imbécil… y lo siento… creo que desde hace mucho que había comenzado a considerarte como algo mucho más que una amiga, pero me cegué, no quise escuchar esa parte de mi…- me miró fijamente- esa parte que me decía que te amaba…

Tragué saliva en grueso mientras nuevamente las lágrimas purgaban por salir.

- Fue Black quien cambio todo…- continuó él- desde su llegada a Seattle comencé a experimentar algo que no me había planteado…- lo miré con expresión interrogante- que en algún momento iba a perderte… cuando te enamoraras… creí que lo que me atormentaba era que te extrañaba como amiga, como persona junto a mi…- bufó como burlándose de si mismo- tantos meses negando que no te veía como algo más que una amiga… que caí contra mis propias palabras, me cegué a la fuerza ante lo que yo podía sentir, y lo que podías llegar a sentir tú…

Negué con la cabeza mientras ya me rendía ante el hecho que volvía a llorar. Sentí sus pulgares secando mis lágrimas con lentitud.

- Y no fue si no hasta el viernes pasado… cuando Black me golpeó… que todo se aclaró… yo, realmente lo siento Bella… siento el haber necesitado de alguien más para darme cuenta de lo que sentía por ti…

- Basta- le interrumpí- No vuelvas a disculparte, Edward… no lo hagas- susurré.

Cerré los ojos, en ese instante sentí los labios de Edward sobre la piel de mis mejillas, besando el camino de mis lágrimas con lentitud y ternura.

- Permíteme estar a tu lado, Bella Swan…

- No hay nada que desee más que eso, Edward- respondí antes de abrir los ojos y buscar sus labios…

OoOoOoO

¿Se puede morir de dicha?

Simplemente no podía entender cómo en menos de 24 horas mi vida había dado un vuelco en 180 grados, no podía entender cómo es que caminaba por las calles de Londres abrazada al hombre que amaba con cada fibra de mi ser. La lluvia era apenas un tenue chubasco, las calles transitadas por turistas, el Támesis decoraba el cuadro de perfección y tenía la perspectiva de pasar todo un día con él.

Simplemente no podía creerlo.

Teníamos muchas preguntas por hacernos ambos, habían muchas aristas que aún no conocíamos de nuestra historia, pero decididamente habíamos tomado las cosas con calma, debíamos hablar si, pero no nos atosigaríamos el instante inmediato, queríamos pasar un tiempo juntos, queríamos estar como antes, quería besarlo, quería tomar su mano… quería sentirme exactamente como me sentía en ese momento por el resto de mi vida.

Hubo si un punto que no pudimos dejar de lado: Tanya. Reconozco que el destino gustó de hacer juegos desafortunados con nosotros, supongo que eso fue la prueba más fehaciente, Edward me explicó todo, hasta aquel beso que yo vi de ambos, no lo negó, el beso ocurrió, pero fue Tanya quien confundió las cosas y se lanzó a besarlo, durante su trabajo de ellos dos juntos Edward se había esforzado por mantener una relación cordial con ella, y reconoció que terminaron llevándose bien, pero claramente Tanya había mal interpretado todo y cuando les habían dado la nota final de su trabajo juntos, ella se había lanzado emocionada sobre él a besarlo… instante que yo vi con precisión…

Me reventaba recordar la escena, pero no podía hacer nada más que creer a Edward, y aceptar sus palabras sobre que él no sentía nada por ella, después de todo había una inmensa parte de mi que no daba en si del regocijo que era estúpido aguar todo por mis inseguridades… no podía permitirme estar insegura cuando todo mi ser se sentía en el lugar correcto cada vez que él me tocaba, cada vez que él me sonreía, cada vez que cruzábamos miradas…

Desde el momento en que las barreras de ambos se habían roto algo maravilloso había surgido, algo que me era imposible de explicar, algo que seguramente Alice con su cara de duendecillo me hubiese dicho "eso se llama amor correspondido, Bella", pero era algo que iba mucho más allá de las palabras, mucho más allá de lo que mi alocada cabeza pudiese explicar.

- ¿Ves como soy un buen guía turístico?- susurró Edward en mi oído mientras caminábamos por Old Compton street en pleno Soho.

Sonreí. Amande había aparecido a las 10 de la mañana para mostrarme Londres tal como habíamos quedado, pero me disculpé con ella diciéndole que Edward se había ofrecido, la chica sonrió y pareció comprender todo en pocos segundos, asegurando que no había problemas se fue con su grupo de amigas que la esperaban en la lejanía.

Edward conocía Londres demasiado bien, la familia de su padre era de ahí por lo que visitaba seguido la capital británica, y eso llevaba a otro punto importante, cómo es que él se encontraba en Europa, sonaba muy romántico el pensar que pudiese haber viajado sólo por mi, pero también había otra razón, el tío de Edward, Alistair, se casaba; si bien Edward no había pensado acudir a la boda, al enterarse de mi partida no había dudado en comprar un pasaje con visa y partir a Londres, sus padres estaban ahí desde hacía ya una semana, Edward me contó lo sorprendidos que estuvieron al verlo aparecer en la casa de los Cullen en Londres, por supuesto habían sospechado que la aparición de Edward no era única y exclusivamente por el hecho que su tío favorito se casase, al verse descubierto les explicó unas escuetas palabras e inmediatamente había ido a buscarme al Trinity.

Sentí los brazos de Edward rodearme la cintura y apoyar su cabeza en mi hombro, miré el reflejo de ambos en el escaparate de la tienda, el rostro de Edward reflejado, sus ojos me observaban fijamente mientras sus labios articulaban una de esas sonrisas torcidas que yo amaba,"hermosa" le vi pronunciar exageradamente para que yo leyese sus labios, sonreí de vuelta y antes de poder decir algo nos estábamos besando.

Cada beso de Edward era más maravilloso que el anterior, mi cuerpo entero reaccionaba al contacto de sus labios, mi corazón latía a mil y parecía que mis piernas se convertirían en gelatina, incluso que yo misma me derretiría en el sitio.

Luego que cortamos el beso apoyó su frente en la mía.

- Quiero que conozcas la casa de mis abuelos en Londres…- dijo él.

Lo miré algo sorprendida.

- Edward tengo que volver antes de las 10 al Trinity, y le he dicho al señor Wright que…

- Bella, son las 4 de la tarde recién, prometo que a las 9:57 estarás en tu habitación- replicó mientras me observaba con una de sus radiantes sonrisas.

- Esta bien…- ¿Quién podía negarse a una mirada así?

Me deslumbraba, ahora más que nunca, y es que estaba segura que él no se percataba lo que provocaba en mi cada vez que tomaba mi mano, o me abrazaba, o me besaba, o me susurraba cosas al oído; pero mi cuerpo completo parecía sufrir un colapso de hiperventilación difícil de superar… estaba viviendo todo aquello que sólo ocurría en mis alucinaciones y sueños… pero en aquel instante todo era real.

Comenzamos a caminar, Edward sostenía mi mano y a ratos acariciaba mis dedos con movimientos circulares, me di el tiempo para observarlo bien, vestía una chaqueta corta ploma, jeans oscuros y zapatos oscuros también, se veía increíblemente perfecto, aún con su nariz algo morada por los golpes de Jacob y el corte en su mejilla lucía mejor que cualquier modelo de pasarela, su cabello desordenado en todas direcciones, su piel blanca, y sus ojos…

Los mismos ojos que en aquel instante me miraban con cierta curiosidad divertida, me sonrojé al verme descubierta en mi exhaustiva inspección y bajé el rostro avergonzada. Sentí sus suaves dedos alzando mi mentón para observarlo directamente.

- Te amo- dijo con su aterciopelada voz.

Por segunda vez en el día el tiempo parecía congelarse y todo a mi alrededor parecía desaparecer excepto él, era una mágica burbuja que ya no se reventaría, ya no era una cruel ilusión de mi mente, todo era real, era el real, sus palabras lo eran… mi corazón latiendo con excesiva rapidez lo era…

Me alcé hasta cruzar mis brazos tras su cuello.

- Te amo, Edward Cullen…- susurré antes de besarlo.

Sonaba tan bien decirlo, sonaba tan perfecto, tan… correcto. Aquellas simples dos palabras habían cambiado todo, lo que hace unos días parecía un infierno en aquel instante eran el paraíso. Sus labios se movían diestros sobre los míos, mientras sus manos rodeaban mi cintura casi alzándome del suelo.

Recorrimos un poco más Soho antes de tomar un taxi para irnos a la casa de los abuelos paternos de Edward, súbitamente comencé a sentirme nerviosa ¿Cómo me presentaría Edward? ¿Qué dirían sus padres? ¿Esme? ¿Carlisle? Un sin fin de interrogantes comenzaron a ponerme más y más histérica conforme el auto avanzaba hasta nuestro próximo destino, y es que luego de la conversación en mi habitación en el Trinity se habían aclarado muchas cosas… pero no estaba incluida el sobre "qué éramos".

Me aterraba la posibilidad de estar actuando muy precipitadamente… ¿Y si Edward quería ir despacio? ¡Dios! ¿Qué éramos?

La mano de Edward tomando las mías sobre mi regazo me sacó de mis cavilaciones internas, le sonreí pero me percaté que él sabía que algo me aproblemada por dentro, acercó su rostro a mi oído derecho.

- ¿Qué ocurre?- preguntó, su aliento acaricio mi oreja y me retorcí un poco antes de responder.

- Nada…

Oí una tenue risa mientras sus brazos me atraían hacia él, haciendo que me apoyase en él, hundí mi cara en su pecho, cerca de su cuello, y me deleité con su aroma tan masculino y perfecto.

Llegamos más rápido de lo que hubiese querido, la casa de los Cullen se encontraba en Wimbledon, en los alrededores de Londres, ante nosotros se imponía una hermosa y gigantesca… ¿mansión? inglesa… como era de esperarse, tratándose de la familia de Edward no se podía ser menos.

Ambos bajamos del taxi y nos encaminamos hacia la reja de entrada, me maravillé observando la fachada de la inmensa casa, de ladrillo oscuro, con ventanas al más puro estilo inglés, con marcos blancos y cortinas del mismo color, un hermoso jardín con llamativas y delicadas flores. Edward tocó el timbre y me tomó de la mano, alcé el rostro y me encontré con un par de orbes verdes que me observaban ansiosos y radiantes, le sonreí aunque por dentro me sentía como si mi estómago fuese una centrífuga en funcionamiento.

La puerta se abrió y nos encontramos de frente con un señor de edad, de facha imponente pero sencilla, y ojos verdes… exactamente iguales a los del chico que sostenía mi mano en aquellos momentos.

- Abuelo- saludó Edward mientras pasaba al vestíbulo llevándome junto con él- te presento a Bella, Bella, él es mi abuelo Leopold.

Alcé mi mano para estrechar la de él pero me vi de pronto siendo tomada del brazo por el señor mientras Edward me dejaba ir con él.

- Mucho gusto, Bella- dijo mientras caminaba tomada de su brazo- Es un placer conocerte al fin… Edward habla mucho de ti siempre…- me sonrojé ante la inesperada acogida que me daba el abuelo de Edward.

- No la intimides demasiado, Leopold- replicó Edward con un deje de broma en la voz.

- ¿Intimidar yo a esta encantadora jovencita?- preguntó él imitando el tono de su nieto.

Sonreí, me invitó a sentar en uno de los sillones del hermoso comedor, decorado con excesivo lujo y sofisticación.

- Voy por Esme y Carlisle- dijo Edward mientras se perdía tras un pasillo, dejándome en el salón junto al simpático señor.

- ¿Así que quieres estudiar en Londres?- preguntó él.

Lo miré algo sorprendida por su pregunta.

- Esme me ha comentado sobre ti hoy…- dijo mientras se sentaba en el sitial frente a mi- el Trinity es una excelente institución, una de mis sobrinas estudio ahí danza- explicó- la exigencia es fuerte, pero sin dudas es una de las mejores escuelas de artes del Reino Unido… se lo he dicho a Edward, ahora que esta abierto a la posibilidad de seguir su carrera como pianista, sería un excelente lugar…

Alcé la vista completamente perdida por sus palabras. ¿Edward? ¿Estudiar profesionalmente para ser pianista? ¿Y que había ocurrido con su supuesto establecido plan de estudiar Economía en Yale? ¿No se suponía que ese era su sueño y proyecto a concretar? ¿Por qué no me había dicho nada? ¿Daría también él las pruebas?

Miré a Leopold, parecía hablar en serio, estaba por preguntarle si estaba seguro de aquello cuando vi volver a Edward, Esme y Carlisle venían con él.

- Mi querida niña- me saludó Esme con un cariñoso abrazo, lo mismo que Carlisle- Que bueno encontrarnos acá… ¿Hasta cuando te quedas?-preguntó.

- Hasta el próximo domingo- respondí yo aún algo shockeada por la última información que acababa de recibir de parte del anciano señor.

Sentí una mano tomando delicadamente la mía, Edward me miraba sonriente y tranquilo, alcé el rostro y vi a Esme y Carlisle mirarnos con una inmensa sonrisa, era obvio que entendían lo que ocurría entre su hijo y yo, no pude evitar sonrojarme ante aquello.

- Entonces podrás asistir a la boda de Alistair el próximo viernes- comentó Carlisle.

Abrí la boca en gesto mudo.

- Sería maravilloso- corroboró Esme, así vas con Edward.

- Estupendo- dije este último mientras estrechaba nuestras manos.

- Pero… pero- enrojecí- no traje ropa para ocasiones especiales, yo solamente…

- Esme te puede asesorar- terció Edward.

- Pero…

- No hay problema con eso cariño- dijo ella en gesto maternal.

- Decidido, llamaré a para reacomodar la mesa de Edward y Bella- replicó Esme mientras se alejaba sacando un celular de su bolsillo.

Abrí y cerré la boca como pez fuera del agua, todos los Cullen parecían fascinados con la idea de incluirme en sus asuntos familiares, cuando Edward sabía que yo era un peligro público en cualquier evento social, no iría demasiado bien para mi karma arruinar la boda del tío del chico al que amo…

Esa tarde estuve en casa de los abuelos de Edward, junto a Carlisle y Esme, todos fueron muy amables conmigo, la abuela de Edward una señora hermosísima y muy distinguida pareció adorarme al saber que pintaba, ella también era pintora, me mostró algunos de sus cuadros y quedé realmente anonada… ¿Había algo que no supiesen hacer los Cullen? Es que simplemente todos parecían ser guapos, talentosos, inteligentes y distinguidos, decididamente la genética estaba de su lado.

En un momento me vi arrastrada por Edward hacia el jardín trasero de la casa, un lugar hermoso, enmarcado por glorietas, enredaderas, flores y caminos de piedritas que conducían a lindos descansos. Caminamos tomados de las manos en completo silencio, hasta llegar a una de las glorietas que se encontraban en el centro, había dejado de llover pero aún así la humedad se sentía en el ambiente.

Observé las flores y enredaderas que estaban sobre nuestras cabezas, Edward en cambio me miraba fijamente a mi, luego de unos segundos cruzamos miradas, volvió a mi mente la conversación que había tenido con su abuelo, no pude evitar preguntar.

- ¿Estas considerando seguir tu carrera de pianista?

Él abrió los ojos algo sorprendido, no parecía preparado para aquella pregunta, por primera vez en todo el día lo vi dudoso en que decir.

- Me lo dijo tu abuelo… sólo lo comentó, creyó que yo sabía…- añadí algo insegura, no quería que Edward pensara que lo estaba forzando a que me contara o a que realmente tomara esa posibilidad, una opción que ni siquiera me había planteado ni en mis más remotas alucinaciones…

Edward y yo… estudiando juntos en Inglaterra…

Como desenlace perfecto de un cuento de hadas…

Pero estaba claro que mi vida distaba mucho de parecerse a una.

Edward tomó mis manos y se sentó en uno de los asientos de las glorietas, me senté a su lado esperando aún su respuesta.

- No lo se, Bella…- dijo finalmente- es algo que me comencé a plantear hace un par de meses…

- Pero creí que….

- Que Economía en Yale o Brown era lo mío, si… yo también lo creí…- me siguió con voz monótona mientras miraba a la lejanía, su mente allá, muy lejos…- pero ya no se si es realmente lo que quiero o no…- desvió su mirada hacia mi- me he dado cuenta que por ser cerrado puedo perder muchas oportunidades únicas en mi vida- añadió mientras su mano se alzaba hasta acariciar mi mejilla.

Me sonrojé y él sonrió.

- ¿Entonces no darás la prueba para el Trinity?- pregunté sin poder evitarlo.

Edward arrugó el ceño y su mirada volvió a perderse.

- Ahora no…- respondió- además las de música las dan en tres periodos.

Algo muy parecido a un globo desinflándose en mi interior fue lo que sentí, me esforcé al máximo por evitar aquella sensación, pero de pronto la parte más realista de mi cerebro comenzaba a entrar en funcionamiento dentro de esas burbuja de ensueño en la que me encontraba, y la verdad era inminente: en cinco meses Edward y yo tomaríamos caminos separados…

Tragué saliva en grueso y traté de no arruinar el momento pensando en el futuro, era una manera demasiado masoquista de vivir, ahora que estaba con Edward debía preocuparme del presente, que era perfecto y gratificante… el ahora era lo importante… el futuro podía esperar.

Me levanté y en un movimiento por completo inusual en mi tomé yo el rostro de Edward y lo besé, pareció algo sorprendido al principio pero no tardó en seguirme, sentí sus manos en mi cintura, instándome a sentarme en su regazo, así lo hice, aún sin cortar el beso. Sus labios eran perfectos, y pronto ya mi respiración se había vuelto jadeante entre beso y beso.

Pegué un leve brinco cuando sentí la nariz de Edward rozando mi cuello, escuché una tenue risa y me volví a sonrojar.

- Tonta, Bella- dijo él mientras se alejaba de mi cuello para verme al rostro.

Estaba por completo roja, y es que no podía evitarlo, sonaba quizás mojigata, pero la verdad es que nunca había tenido novio ni mucho menos, nada más que besos pasajeros dados en fiestas o cosas por el estilo, pero sentía que todo lo que estaba viviendo con Edward era nuevo para mi, cada roce, cada beso… todo mi cuerpo reaccionaba a él, era inevitable.

En aquel instante sentimos la voz de Esme llamando a Edward, me levanté de su regazo y ambos nos dirigimos hacia la casa, donde ella nos esperaba teléfono en mano y una sonrisa algo cómplice.

- Te llama Alice, cariño…

Para mi sorpresa me tendió el teléfono a mi y no a Edward, lo tomé algo torpe. ¿Cómo es que Alice…

- ¿Qué acaso no merecía ser llamada por mi mejor amiga para saber la primicia?

La voz de Alice se sentía algo sentida y no pude evitar sonreír.

- Hola Alice- la saludé mientras Edward alzaba las cejas y me miraba divertido- ¿Qué primicia?- pregunté jugando un poco con Alice.

- ¡Que tú y Edward al fin están juntos! ¡Esme me dijo que estuvieron toda la mañana juntos paseando por Londres! ¿No es romántico? ¿Irás a la boda cierto? Por supuesto que irás a la boda…

Alice parloteaba sin parar, Edward me pidió el teléfono y puso el altavoz.

- Alice… estas mareando a Bella- replicó él mientras me tomaba de la cintura y me acercaba a él.

- ¿Edward? ¡Oh! ¿Están ambos ahí?

- Si…- respondimos al mismo tiempo.

- ¡Par de idiotas! ¿por qué tenían que ser tan cabezotas ustedes dos?

Yo negué con la cabeza mientras sonreía.

- Pero ahora están juntos…

- Así es… -corroboró Edward mientras besaba mi mejilla.

- Juntos como novios…

Edward abrió la boca y me miró articulando una mueca como dándose cuenta que algo le faltaba.

- ¿Cómo esta todo por allá, Alice?- interrumpí para pasar ese momento claramente incómodo- ¿Cómo esta Jacob?

No podía evitar preguntar por él, después de todo se había llevado unos cuantos golpes de Edward, y había sido él quien había desencadenado todo.

Le debía una grande a Jacob, hizo lo que yo no me atreví a hacer en todo ese tiempo.

- Bien… esta castigado, pero Jasper dijo que hablaría con el entrenador para solicitar que no sea expulsado del equipo- respondió.

- Dile a Jasper que apoyo la moción…- replicó Edward.

Lo miré algo sorprendida.

- Si no fuera por él… yo seguiría siendo el idiota de siempre- acotó mientras se encogía de hombros- no es como si me cayese bien pero…

- ¡Hombres! ¡Todo tienen que solucionarlo a golpes!- dijo Alice al otro lado de la línea.

Luego de unos minutos más hablando Alice alegó que no quería gastar todo su dinero en una llamada larga distancia por lo que cortamos, para cuando vi la hora me fijé que ya era hora de volver, tardaría unos 30 minutos en llegar al Trinity desde donde nos encontrábamos.

Luego de despedirme de la familia de Edward nos fuimos de Wimbledon rumbo al Londres más céntrico, esta vez en uno de los autos del abuelo de Edward; si, hablé en plural, y es que la cochera albergaba tres coches que pertenecían a la familia Cullen.

- ¿No te confundes al conducir?- le pregunté al ver cómo Edward manejaba de manera absolutamente tranquila por el carril contrario como lo hacen los ingleses.

Él sonrió con una de esas arrebatadoras sonrisas.

- Estoy acostumbrado, desde hace muchos años que vengo a Londres- respondió.

- Yo sería un desastre al volante, bueno… ya lo soy, pero más aún si me cambian las reglas de tránsito.

La risa de Edward inundó el ambiente y yo sonreí, me gustaba hacerlo reír, me gustaba escuchar su risa y saber que yo era la causante de aquello.

- Te enseñaré a conducir como un inglés- terció él.

Lo miré con pánico.

- ¿Estas loco? No quiero incluir en mi historial el atropello y asesinato de inocentes.

- Bella…- replicó él con tono de "no empieces de nuevo…".

Edward siempre me alentaba a hacer cosas que estaban por sobre mis posibilidades, parecía tener una confianza ciega en mi y en que si lo quería podría llegar a ser presidente de Estados Unidos, generalmente yo trataba de bajarle las expectativas en cuanto a mi.

Llegamos al Trinity en pocos minutos, y es que Edward no abandonaba la costumbre de conducir condenadamente rápido; me abrió la puerta para salir del coche y le sonreí, esa costumbre la tenía desde el primer día que nos conocimos, era el único chico que le veía teniendo esas consideraciones, a veces me parecía que Edward era sacado de otra época, como uno de esos libros de Jane Austen… un Darcy moderno, sonreí al darme cuenta de lo que pasaba por mi mente.

Caminamos hasta el edificio de los dormitorios y entramos juntos a mi habitación. Edward miró su reloj de muñeca.

- 9:58 – señaló la hora con suficiencia de saber que había cumplido con su palabra.

- Eso es un minuto tarde- le piqué un poco.

Hizo un gesto de teatral derrota y me eché a reír.

- Me gusta oírte reír- dijo de pronto mientras se acercaba a mi rostro.

Nos miramos unos segundos, sentí las manos tibias de Edward tomar mi rostro y acercarlo al suyo, el beso comenzó como un roce de labios, lento, pausado, aún así mi corazón ya bombeaba sangre a toda velocidad y parecía que la adrenalina inmediatamente se esparcía por todo mi cuerpo… luego se fue intensificando, sentí la premura de tener acceso a mi boca por completo, abrí los labios y el contacto fue más íntimo, era como degustar la boca del otro, sentía como Edward parecía saborear cada rincón de mi boca, comencé a hiperventilar dentro del mismo beso. Alcé las manos y las enredé en su cabello, sintiendo que mis piernas no soportarían mucho más aquello.

Como siempre él pareció leer mis pensamientos y de pronto me vi conducida caminando hacia atrás, mis piernas chocaron con algo, uno de los escritorios que se encontraba en la habitación, sentí las manos de Edward alzarme de la cintura para sentarme sobre él.

El beso luego volvió a ser un roce de labios hasta separarnos por completo, él apoyó las manos sobre el escritorio, una a cada lado de mi. Mi respiración estaba dificultosa y estaba segura que mi rostro continuaba completamente rojo.

- Respira, Bella…

Me sonrojé más, una cosa peor que hiperventilar a ese nivel por un beso como los que daba Edward era que él mismo se percatara de aquello.

- No puedes besarme así y pretender que continúe como si nada- le reproché algo taimada.

Su risa se escuchó suave en mi oído y me estremecí.

- ¿Así cómo?- susurró.

Me sonrojé inmediatamente, un calor desconocido invadió todo mi cuerpo al oír aquel susurro acariciando mi oreja derecha. Tragué saliva en grueso, debía alejarme de Edward, antes de cometer alguna estupidez, su cercanía hacía que mis neuronas seriamente dejasen de lado mi parte conciente.

- Lo sabes…- mi voz salió como un tímido susurro.

De pronto tenía ganas de volver a sentir sus manos en mi cintura y sus labios en los míos… me sentí avergonzada ante los pensamientos que cruzaban mi mente… y es que no me apetecía que Edward dejase de estar en contacto con mi cuerpo, pero me avergonzaba demasiado si quiera el pedirle que se quedase un poco más conmigo antes de irse.

- ¿Mañana que harás?- le pregunté finalmente mientras me percataba recién de la posición en la que nos encontrábamos, yo sobre el escritorio con las piernas una a cada lado de Edward, sentí la sangre fluir a mis mejillas con rapidez ¡Dios! ¿No podía ser menos obvia?

Edward me miró con su típica sonrisa torcida, queriendo saber qué es lo que pasaba exactamente por mi cabeza en aquellos momentos.

- Venir a verte…- respondió aún curioso por mi evidente vergüenza por "algo".

Sonreí.

- Las pruebas son recién el martes… - corroboré- podríamos hacer algo mañana.

- ¿Hablaste con Wright? ¿Estarás de oyente en alguna de las clases?- preguntó.

- Mañana en la mañana tengo quedamos de juntarnos en el hall del edificio principal a las 9 de la mañana.

- Bien… vendré en la mañana a verte- dijo mientras se acercaba nuevamente a mi rostro, sus manos volvieron a mi cintura, su tacto era delicado, como si temiese romperme, caí en cuenta que era yo la que me aferraba a él como si fuese la única tabla en un naufragio, aflojé un poco el garre y me aparté un poco.

- Buenas noches- dije yo sin evitar sonreír, me parecía que aquel día había sonreído más que en toda mi vida, no podía parar de tener aquella mueca de felicidad en mi rostro, tenía ganas de bailar, de gritar, de levantar los brazos al cielo y decir "¡Si!", es que la euforia dentro de mi era grande.

- ¿Me estas echando?- preguntó él con falsa ofensa.

Aún así me avergoncé por aquello.

- No, no, de hecho…

Su risa volvió a inundarme esa sensación de calor mientras sus labios chocaban contra mi frente.

- Ya me voy, debes descansar… - beso mi frente y me alzó para bajarme del escritorio- Buenas noches mi querida Bella- se despidió él antes de besarnos, traté de alargar lo más que podía aquel beso, mis manos volvieron a acariciar los cabellos de su nuca y volví a sentir que todo a mi alrededor desaparecía cuando sus labios estaban en contacto con los míos y sus manos recorrían mi espalda; esta vez fue Edward quien separó el contacto y me miró fijamente, su respiración estaba igual de agitada que la mía- será mejor que me vaya- dijo de pronto tocándose el cuello de manera nerviosa y algo azorado.

Asentí de malas ganas y le vi desaparecer por el pasillo, cerré la puerta de mi habitación y suspiré mientras la felicidad irradiaba por cada uno de mis poros.

- ¡SI!- grité mientras me ponía a saltar como histérica por la habitación.

Había tenido el día más maravilloso de mi vida, Edward me amaba y eso era lo que importaba, ese instante, el ahora, era el sitio más feliz, y en el que quería permanecer.

OoOoOoOoOoOoOoOoOoOoOoOoO

¡¡¡HOOOOOOOOOOLA!!!

¿Me extrañaron? Apuesto que si, y también me odiaron por tardar en actualizar xD lo se … u.u pido perdón…pero me quedé sin Internet… y luego que recuperé mi Internet mi computador de quemó!! (si, algo malo estaba pasando con mi karma en esos días) así que recién ahora estoy volviendo al mundillo fanfiction…

PERO CON TODAS LAS ENERGIAS!!!!

Agradezco los reviews del capítulo pasado, me saca una enorme sonrisa cada palabra que leo de parte de ustedes, me anima a escribir, a hacerlo cada día mejor y bueno… hace que ande con una sonrisa todo el día xD en serio, así que espero su comentario de este capítulo…

AL FIN BELLA ES FELIZ! jjajajaja La pobre la tenía sufriendo demasiado… ¿Les gustó el capitulo? Reconozco que no es de los más brillantes que he escrito u.u pero lo hice con amor de escritora (L) ahahaha así que bueeno… no pasan cosas demasiado trascendentales… considérenlo un capítulo de paso, aquí suceden varias cosas que tendrán importancia o que se desencadenarán mejor en los próximos capítulos.

Se que tienen curiosidad por saber cuanto le queda a esta historia… siempre he dicho que mi cabeza trabaja de maneras locas e insospechadas así que no podría asegurar con exactitud, pero según mis estimaciones, calculo que quedan unos 5 o 6 capítulos para finalizar esta historia (:

Tengo muchas cosas que decir!! (ASI QUE CONTINUEN LEYENDO, NO SEAN MALAS ¬¬ xD) en primer lugar que actualicé mi perfil… y sería bueno que se pasaran por ahí porque hay varias cosillas interesantes que he puesto. Entre ellas un blog sobre los MEJORES FICS DE CREPUSCULO, creado por Mariale Sparkies, el link esta en mi perfil… para que vayan a verlo.

¿Qué más?

QUE HE SUBIDO OTRO ONE SHOT DE VAMPIRE DIARIES (L)(L)(L)

Si… se que muchas no han leído esta saga… yo si y desde hace meses que rayo con esos libros y mi personaje favorito: DAMON (L).

El one shot es de Bonnie y Damon (L)(L).

Les recomiendo los libros… sobre todo porque creo que mi próxima historia larga a subir aquí será de ese fandom… xD AMO la pareja Bonnie y Damon y desde hace mucho que ando con las ganas de escribir una historia sobre ellos.

Bueno, ahora si me despido.

Nos leemos en los reviews??

Espero que si.

Besos

Las re adoro

Mademoiselle K.