Natsu no me pertenece, para mi mala suerte, FT es completa propiedad de Hiro, yo solamente juego con ese sexy pelirrosa y sus amigos.

Lucy Heartfiliapensamientos o recuerdos

"Natsu Dragneel"— plática telefónica.

Herederos

Capítulo 14: 7 años después

—Por allí por favor— señaló una chica a unos hombres se acercaron con una figura de hielo en forma de dragón.

Mientras tachaba en el pequeño cuaderno, no era consciente como unos de los trabajadores la admiraba, y era que difícilmente algún hombre podría ignorar la elegante y hermosa belleza de aquella preciosa mujer. Tenía un pequeño vestido color baige por las rodillas, ceñido, dejando ver cada marcada y perfecta curvas de su curvilíneo cuerpo.

—Vamos, mujer, todo quedará perfecto— habló una mujer de cabellos oscuros acercarse a la chica la cual en aquellos momentos observaba el anillo que había adornado su dedo anular por los últimos años.

—Estoy muy nerviosa— confesó.

—¿Por qué?— preguntó curiosa. —Es tu fiesta de cumpleaños y el anuncio de tu empresa, toda la prensa de Magnolia estará aquí, es tu noche y el regreso de Natsu.

—El vuelo de Natsu se retrasó— se lamentó. —No llegará hoy— dijo con tristeza.

—¿Cómo que no llegará hoy?— espetó. —Ese hijo de…— pero se mordió el labio al ver la mirada de su amiga. Estaba triste. —No puede dejarte en un día tan importante como éste. Es tu cumpleaños, carajo— dijo de mal humor. —No puedo creerlo, sabe que este día es muy importante para ti, es la fundación de tu empresa, tu cumpleaños, maldito Dragneel.

—Él quiere estar aquí— lo sabía, lo sentía.

—Sí, pero…— dudó. —¿Hace cuánto no se ven? Y no hablo de charlar por celular o laptop, habló de la última vez que se vieron de verdad.

La chica frente a ella frunció el entrecejo, pensativa y luego sonrió.

—Tres años— sonrió.

—De verdad, sé que lo amas y sé que te ama, aún recuerdo la escena de la iglesia, pero Dios santo, tiene que ser un amor demasiado grande para esto. Luego que se fue de Magnolia solamente lo has visto tres veces— y a pesar de aquello admiraba la felicidad de su amiga, lejos de aquello deprimirla parecía feliz, según ella, su relación iba mucho más allá que cualquier otra, habían resistido todos esos años sin estar cerca, podrían resistir cualquier cosa, esperaba que así fuese. —Yo solamente espero que cuando se encuentren, estén encerrados en alguna habitación por lo menos una semana o un mes— sonrió con picardía.

—¡Cana!— chilló. De repente su rostro fue cubierto por un violento sonrojo.

—Estás casada y sigues siendo virgen, eso no se lo deseo a nadie, querida— rio.

—Pero es algo que acordamos— dijo abochornada.

—Sí, sí, nada de sexo hasta que finalmente estén juntos.

Nada de sexo hasta estar de verdad juntos. Natsu nunca había intentado tocarla, cuando lo había ido a visitar la última vez, a pesar que había ido a pasar las vacaciones de invierno de dos semanas con él, había regresado a Magnolia una semana antes, Natsu se lo había pedido, y aún cuando no entendió al principio, al regresar, él por teléfono se lo había dicho: Si te hubieses quedado más tiempo te haría el amor, Luce. Es difícil, te deseo, te quiero, pero me hice una promesa, no te tocaré hasta no regresar a Magnolia.

—Y pensar que nunca quisiste comprarte algún juguete— dijo con tono malicioso. —Bien pudiste ahogar las penas con uno.

—¡Oh Dios!— jadeó completamente sonrojada. —No puedo creer que estemos teniendo esta platica— miró a su alrededor para asegurarse que nadie le escuchara.

Estaban en Lamia Scale, un lujísimo hotel de la ciudad de Magnolia, había reservado la recepción de la sala de eventos. La decoración del lugar era negra y dorada, las mesas ya estaban acomodadas, los empleados contratados estaban colocando los manteles, las luces, los dulces y regalos para los invitados, todo como parte de Lucky Lucy. Era su cumpleaños número 23 y luego de cinco años estudiando diseño de interiores había decidido hacer una pequeña empresa, su padre había intentado ayudarla, abrirle camino y su suegro de igual manera, sin embargo, no había aceptado, desde la partida de Natsu, había estado decidida a dejar de llorar, dar lastima y ser merecedora de que Natsu la amara y se sintiera orgulloso de ella. Habían hablado, le había comentado sus planes, él la hubo felicitado cuando se graduó, estaba orgulloso de ella y aunque fue claro al decirle que había querido tenerla más cerca cuando regresara, no dejó de decirle lo orgulloso que estaba de ella.

Natsu regresaría a Magnolia y aunque junto a los chicos habían empezado su propia empresa de tecnología, estaba segura que Igneel quería que Natsu estuviese frente a los negocios de la familia.

—Vamos, no puedo creer que nunca hayas tenido curiosidad— murmuró la de cabellos oscuros cuando ambas se detuvieren frente a la mesa de aperitivos. La mesa era adornada por diferentes bandejas cubiertas de bocadillos y dulces mientras que en el centro tenía un hada hecha de chocolate de considerado tamaño, de sus alas salía un rio de chocolate hasta perderse en sus pies alrededor del molde. Cana intentó meter el dedo pero la rubia la detuvo.

—Las vírgenes no hacemos esos— se defendió intentando ignorar el caliente en sus mejillas.

—Serás tú, cuando yo lo era tenía curiosidad, me llegué a masturbar— dijo divertida.

—¿Estás bien?— ignoró el comentario de su amiga y el sonrojo en sus mejillas, aquella platica estaba tomando terrenos peligrosos. Desde aquello Cana no mencionaba a Laxus y ella tampoco lo hubo hecho por respeto y lealtad.

Mientras ella había regresado del aeropuerto luego de despedir a Natsu, Cana la había llamado, lloraba y estaba dolida. No pudo creerlo cuando se lo contó, Laxus estaba comprometido con una chica, una que ella conoció cuando iba tras de Natsu cuando él trabajaba en aquella cafetería, Laxus estaba comprometido con Mirajane. Cana había quedado destruida y Laxus ni siquiera le hubo dado explicación, cinco días después supo por su padre que Laxus Dreyar se había casado con Mirajane Strauss. Cana no volvió a tener ninguna relación con algún chico y se dedicaba de lleno a su trabajo como fotógrafa, según sus propias palabras, no tenía tiempo para los hombres y cuando su padre, Gildartz Clive había intentado casarla con el hijo de unos de sus colegas políticos dos años atrás, la misma Cana se había encargado de hacer de investigador privado y luego de descubrir que el hombre tenía problemas con la marihuana, ella se había encargado de hacerle llegar las fotos a la prensa de manera anónima.

—No pongas esa cara— rió la morena. —Aunque parezca mentira lo superé.

Cana era fuerte, no había salido huyendo de Magnolia cuando Laxus y su nueva esposa empezaron a aparecer en sociedad, Laxus tenía dinero, la familia Dreyar era importante, solamente era cuestión de tiempo encontrarlo en algún evento.

—Papá quería que los invitara— hizo un puchero.

—Dime que lo hiciste— Lucy negó. —¡Dios, Lucy! Es la fiesta del año en Magnolia, tiene que estar toda la élite.

—No, es mi cumpleaños y mi negocio, elijo a quien sí y a quien no invitar.

—Aún así, deberías haberlos invitados, después de todo, Laxus fue amigo de los chicos— le recordó.

—Me importa un rábano.

—¿Qué te importa un rábano?— ambas chicas rápidamente giraron sobre sus talones para ver al dueño de la voz.

—¿Por qué diablos se parecen tanto si se supone que no son idénticos?— fue la pregunta de Cana al conocer a ambos chicos.

Ambos vestían con gabardinas las cuales ocultaban sus ropas. Altos, buen parecidos, cabellos azules, ojos miel, cuerpo con músculos y sonrisas encantadoras. Jellal y Mystogan habían regresado a Magnolia.

—¡Oh Dios mío, pequeña Lucy!— exclamó Jellal mientras la miraba de arriba abajo.

—Si Natsu tiene los mismos pensamientos que yo, solamente querrá arrastrarte hasta alguna suite y no dejarte salir en unas largas horas— dijo con diversión el otro hombre.

—¡Chicos!— ignorando sus comentarios, brincó a sus brazos. Ambos hermanos la rodearon, abrazándola. Mystogan la tomó en brazos, la alzó en el aire y la rubia chilló, llamando la atención de quienes allí trabajaban.

—Estás hermosa, Lucy— lo único que diferenciaba a ambos gemelos era la cuidada barba que llevaba Jellal.

—¿En dos años creciste tanto?— a diferencia de Natsu, los hermanos habían estado en Magnolia dos años atrás. —Cana— saludó Mystogan, mirándola de arriba abajo.

—¡Oh, no, a mí no me miran así!— les reclamó al ver que ambos hermanos pretendían hacerle lo mismo que le hicieron a la rubia minutos atrás.

—Y saber que estábamos solos mientras aquí se encontraban estas bellezas— señaló Jellal.

—Sí, claro— rodó los ojos la morena.

—Felicidades, hermosa— felicitó Mystogan a la rubia dándole un beso en la mejilla. —No sabíamos que regalarte así que tenemos una propuesta para ti.

La rubia los observó a ambos mientras se arreglaba su vestido y cabello.

—Viniendo de ustedes dos, quizás tenga que pensarlo, Lucy— le advirtió Cana mientras sonreía.

—Que graciosa— dijo Jellal.

—Necesitaremos establecernos en Magnolia— continuó Mystogan. —Ofic..

—Solamente díganme que ustedes tres no son los nuevos ricos que tengo que Jason planea entrevistar— interrumpió Cana.

—¿Nuevos ricos?— sonrió. —Pensé que habíamos nacido con esa posición.

—No te hagas el tonto, sabes a que me refiero— protestó.

—Deja de interrumpirnos— regañó Jellal. —Queremos que te encargues de nuestra oficina, Lucy— le dijo.

—¿Con la decoración?— preguntó observándolos a ambos.

—Con todo— tomó unas de sus manos. —Considéranos como tus primeros clientes— terminó Jellal.

—Natsu no me dijo nada— aquello era un reto para alguien quien intentaba abrirse un espacio en los negocios.

—Era nuestra sorpresa. Después de todo, no nos podrás fallar, tu esposo es nuestro socio, no podrás darte el lujo que nuestros clientes no se lleven una buena impresión.

—¡Hey!— protestó en un puchero. —Eso es amenaza.

—Teniendo en cuenta que trabajarás con tu marido, yo tú no lo dudaría— la animó Cana.

La rubia se mordió el labio inferior. Trabajaría con Natsu, tendría oportunidad de demostrarle sus esfuerzos y aquello podría ser la oportunidad para empezar con el pie firme en el negocio.

—Necesito hablarlo con mi socio antes— estaba segura que Sting no rechazaría esa oportunidad.

—¿Realmente tienes un socio?— preguntó Mystogan.

—¿Entonces es cierto?— ambos hermanos se observaron. Natsu les había comentado aquello, que Lucy había encontrado un socio, alguien que también estaba empezando en el negocio y le había propuesto la oportunidad de trabajar juntos.

—Un rubio presumido— habló entre dientes la morena.

—No lo es— defendió la rubia.

—Lo es. Ha estado intentando meterse en sus bragas aún cuando sabe que estás casada— les dijo a los chicos.

—Trabajas con un hombre y éste intenta coquetear contigo— habló Jellal pensativo. —No creo que eso le guste a Natsu.

—Cana solamente exagera— se defendió. —Sting sabe que soy casada y sabe que todo entre nosotros es estrictamente profesional. Nunca me hubiese convertido en su socia si habría notado que tuviese otras intenciones— aclaró. No había esperado tanto a Natsu como para permitir que otro hombre le coqueteara, aún cuando era amigable y muy atenta con todos, nunca tuvo acercamiento con hombres y mucho menos luego de Natsu marcharse y prometerle que volvería por ella.

—Bueno, yo solamente digo que tengas cuidado. Es un hombre y tú eres hermosa, Lucy— terminó Cana. —Iré a casa, tengo que escoger lo que me pondré y preparar todo para la noche— besó a la rubia en la mejilla. —Bienvenidos chicos.

—¿No necesitarás ayuda para vestirte?— le preguntó con picardía Mystogan mientras la observaba de arriba abajo. Cana negó con la cabeza, se despidió y se alejó.

—¿Y cuándo vamos a conocer a ese socio tuyo?

.000….

Luego de que todo estuviese en orden, había regresado a su apartamento, necesitaba arreglarse para la noche. Jellal se había ofrecido en buscarla y asistir juntos, pero se había visto en la obligación de rechazarlo, tenía que llegar con su socio, Sting pasaría por ella en unos minutos.

Se recogió el cabello con dos palillos chinos, los mechones caían sobre su frente y uno tras su cuello, dándole un aspecto encantador. Mientras observaba el vestido plateado de tiros y corte sirena, se entristeció, le hubiese gustado que Natsu la viese con aquello, cuando supo que estaría allí para esa fecha, apenas su mirada se posó sobre el vestido, supo que sería perfecto para la ocasión y para estar acompañada de su esposo, Natsu ni siquiera la hubo llamado luego de la mañana, la había felicitado y luego se hubo despedido que tenía una reunión importante. El vuelo del pelirrosa se había retrasado debido a la nieve, aún cuando en Magnolia estaban en pleno verano, en Etherland nevaba. Se frotó los ojos, apartando las lágrimas y agradeció de haber optado por muy poco maquillaje, no le gustaba.

Cuando terminó de vestirse se observó en el espejo de cuerpo entero, el vestido no llevaba sujetador por lo cual agradecía el tamaño y la firmeza de sus pechos, mientras muchas mujeres se lamentaban de tener pechos grandes, ella no, era sexy cuando se observaba al espejo. Giró sobre sus talones, sonrió a su reflejo y luego se colocó los zapatos plateados de tacón. Su celular sonó indicándole un mensaje de texto, lo tomó junto al bolso pequeño de igual color que los zapatos y leyó la pantalla. Sting había llegado.

No le tomó mucho bajar, cuando salió del pequeño edificio y se encontró con un hombre de cabellos rubios y ojos azules quien la observó y sonrió.

—¡Dios mío, estás hermosa!— fue la exclamación del hombre al ella acercarse. La observó de arriba abajo, recorriéndola con lentitud y luego deteniéndose nuevamente frente a aquellos impresionantes pechos.

Era un hombre algo, de cuerpo fornido, cabellos rubios y ojos azules. Cuando conoció a Sting éste estaba en su último año de diseño de interiores, le llevaba tres años y era muy popular con las chicas.

—No puedes andar por ahí luciendo tan espectacular— bromeó antes de hacerla girar entre sus brazos y luego darle un suave beso en la mejilla.

Tanto el gesto como las palabras la tomaron por sorpresa, todo lo que tenían era simplemente profesional, nunca se había acercado más allá y ella nunca lo hubo permitido tampoco.

—Lo siento— se disculpó al ver el desconcierto de la rubia. —Es la primera vez que te veo tan espectacular.

—No te preocupes— le sonrió y el hombre le abrió la puerta del auto para que pudiese entrar.

—¿Cuéntame nuevamente por qué vives aquí?— le preguntó cuando se encontró tras el volante.

Los Heartfilia eran unas de las familias más influyentes en Magnolia, las joyerías y los bancos de la familia no solamente eran favoritos por clientes en la ciudad, sino en gran parte del continente, que Lucy viviere en ese pequeño edificio como inquilina y no en un lujoso pent house le intrigaba.

—Aquí vivía con Natsu— sus ojos brillaron al decir aquello. Luego de que el pelirrosa se marchara, había regresado a casa, luego había empezado la universidad y quiso buscar apartamento y para sorpresa de su padre, no había escogido uno lujoso donde ella fuese la dueña, había alquilado el apartamento que Natsu hubo ocupado y pagaba renta como cualquier persona normal.

—Tu esposo— susurró el hombre mientras conducía. —¿No vendrá?— preguntó y ella negó con la cabeza.

—Su viaje se retrasó, llegará mañana— prefirió girar el rostro hacia la ventanilla y así esconder la tristeza de sus ojos.

Conocía a Lucy por tres años y nunca hubo conocido al supuesto marido de ésta, sabía que era un Dragneel, que era Natsu Dragneel, ella misma se lo hubo dicho. Seguramente era un hombre con un alto ego, nadie que amara a su mujer la dejara sola por tanto tiempo, tres años ausente y él no creía que el hombre le fuese fiel, seguramente tendría algo donde estaba y por ello nunca hubiese regresado con ella, sabía que Lucy sí le era fiel, nunca la vio salir con algún chico, la veía en los periódicos acompañando a su padre, hasta al mismo Igneel, Lucy era la señorita de la sociedad que muchos hombres querían a su lado y la inteligencia de ella solamente era como un delicioso dulce que la hacía perfecta, no entendía cómo y porqué le guardaba tanta fidelidad a un hombre que no estaba con ella.

Al llegar al hotel, un chico se apresuró en abrirle la puerta y ayudarla salir del convertible; Sting era hijo del gobernador, sin embargo, no tenía buena relación con su padre, el hombre deseaba que su hijo fuese político, no quería un hijo con una profesión que según él decía era para mujeres.

Tomó el brazo ofrecido y el rubio la guió por los escalones hasta el interior del lujoso hotel. Mientras se acercaban al salón, se detuvieron en saludar a algunos invitados. Se acercó a su padre y a Igneel cuando llegó al salón y compartió un abrazo con ambos y saludó a los hombres quienes los rodeaban, claro, muchos de los que estaban allí eran conocidos entre du padre y suegro por ser hombres de negocios.

—Lucy— giró sobre sus talones y observó a una chica peliblanca y de ojos café acercándose. Yukino.

—Yukino— la saludó compartiendo un abrazo.

—Muchas felicidades— felicitó la peliblanca.

Yukino era la hermana menor de Ángel, la que fue su mejor amiga cuando hubo estado en el colegio, luego de su boda con Natsu no había vuelto a ver a Ángel, por Yukino supo que sus padres la enviaron al extranjero y por las noticias de alta costura, supo que la peliblanca se había convertido en una aclamada modelo, Ángel ni siquiera había regresado a Magnolia dos años atrás cuando sus padres murieron en un nefasto accidente, el auto en el que viajaban había terminado en un barranco luego de deslizarse en la carretera por culpa de la nieve acumulada.

—Estás muy guapa— le dijo y la rubia se sonrojó.

—Muchas gracias…

—¿Has visto las curvas que tienes?— miró sobre sus hombros al escuchar la voz de Jellal, le dedicó una sonrisa y el chico se acercó y depositó un beso en su mejilla.

—¿Llegaron juntos?— preguntó a Cana quien venía junto al peliazul.

—Pues ellos quisieron buscarme— dijo en un puchero. —Hola, Yukino— saludó la castaña.

—¿Yukino?— preguntó Jellal al mirar a la peliblanca. —Vaya, como has crecido.

—¿Y Mystogan?— preguntó la rubia.

Cana señaló con la cabeza donde se encontraba el chico peliazul. Estaba saludando a Igneel y a su padre.

Saludó a los padres de los hermanos y a Wendy cuando llegaron, la menor de los Fernández, tenía 17 años y dentro de poco comenzaría la universidad. También vio a Zeref, su padre, a su embarazada prima Michelle y su esposo y a los padres de Cana, los conocidos empezaron a llegar y felicitarla, luego la prensa y la noche empezó a transcurrir con lentitud, de manera perfecta. Tuvo que posar para algunas fotos con su padre y con Igneel, luego Cana la hubo fotografiado sola y luego con los hermanos; cuando Sting intentó sacarla a bailar el primer vals de la noche, su padre lo había interrumpido de manera educada y había reclamado la primera pieza, le hubo dicho lo orgulloso que estaba de ella y de lo mucho que se parecía a su madre, aquellas palabras le llenaron los ojos de lágrimas y mientras apoyaba la cabeza sobre el hombro de su padre, no pudo evitar sollozar por su madre y por el hombre que amaba que no estaba con ella en aquellos momentos tan importante.

Cuando su padre se encargó de despedir a la prensa se sorprendió y mucho más cuando vio como un gran pastel de fresa y chocolate de tres niveles fue dejado en una mesa, su padre había ordenado un pastel para ella y todos los presentes le habían cantado feliz cumpleaños, claro, no todos eran sus seres queridos pero no pudo evitar la felicidad.

—Esto era de tu madre— le dijo el hombre mientras colocaba la delicada joya en su cuello. Un muy fino y pequeño collar de oro blanco y un diamante en forma de rosa como colgante. —Se lo regalé cuando me aceptó como novio— le dijo besando sus mejillas.

—Es hermoso. Gracias papá— susurró con los ojos llenos de lágrimas.

—Señorita Heartfilia— la llamó un mesero.

—Discúlpenme— se disculpó y se puso de pie para acercarse al chico.

—Dejaron esto para usted— dijo el chico mientras le entregaba una llave y un pequeño papel para luego marcharse.

"Felicidades, haz deslumbrado a todos esta noche. Todos te han felicitado y dado algún regalo, me gustaría otorgarle algo en esta hermosa noche, señorita Heartfila"

—Sucede algo— se había acercado al ver como la rubia se alejaba.

Estiró la mano y le mostró la nota a Cana.

—¿Un admirador?— preguntó la morena. —¿Irás?— preguntó.

—Claro que no— negó, no se iba a encontrar con nadie. —Espérame— se alejó rápidamente, buscando al chico que le había entregado aquello y lo divisó cuando salió del salón, estaba de espalda y parecía hablar con alguien. Se tomó el vestido e intentó caminar rápidamente. —¡Oye!— llamó al chico y éste giró sobre sus talones y la observó.

—¿Sabes quién te dio está nota?— el chico estaba solo, no había nadie allí. ¿No había estado hablando con alguien cuando lo divisó?

—Sí, señorita. La señora Losbter— le dijo el hombre.

La rubia levantó una ceja. Michelle se había tenido que ir porque el embarazo no le permitía mucho, estaba en su último mes y tenía que guardar reposo luego de haber tenido un embarazo de riesgo.

.000….

Deslizó la llave por la cerradura y empujó la puerta, había estado tentada en volver por su bolso y llamar a Michelle, pero la curiosidad pudo más y estaba frente al elevador mientras hablaba con el mesero.

—¿Michelle?— llamó cuando entró en la suite. Era la suite presidencial, ahora que estaba allí dudaba que fuese Michelle la que le hubo dejado aquella llave y nota.

Su mirada se deslizó por la sala y abrió los ojos grandemente cuando observo justo sobre el televisor el cual estaba contra una pared, se podía leer: "Lucy Dragneel". Su corazón se agitó y sus ojos se llenaron de lágrimas, empezó a recorrer el lugar y cuando se detuvo frente al comedor, notó que la mesa estaba perfectamente preparada y en el centro había un pequeño pastel, se cubrió la boca con las manos, ahogando un sollozo mientras las lágrimas empezaban a deslizarse por sus mejillas.

—Feliz cumpleaños, Luce— aquella voz masculina rompió el silencio de la suite y su corazón se volvió loco. Natsu.

Estaba demasiado sorprendida, se suponía que el pelirrosa llegaba mañana.

—Nat…— giró sobre sus talones para enfrentar al chico y quedó sin aliento. Natsu, alto, fuerte, aquel cabello rosa rebelde y aquella mirada verde avellana. —Natsu…— susurró. No quería pestañear, él podría desaparecer si lo hacía y fue en aquel momento que supo cuanto lo había extrañado.

—Sí, Natsu— la observó, una y dos veces, recorriendo cada una de sus curvas, intentando buscar alguna palabra para definir a la chica que se encontraba delante de él. Perfecta, Lucy era simplemente perfecta.

Ella estaba muy sorprendida tuvo él que moverse, se acercó, la tomó en brazos y buscó desesperadamente su boca. No fue hasta que tuvo a la rubia entre sus brazos que reconoció lo mucho que la había extrañado. Amaba a Lucy, la amó cuando no sabía lo que era amor y ahora la amaba aún más, la amaba y se encargaría de demostrárselo cada minuto que pasara junto a ella.

Continuará


No sé qué decirles, en el capítulo anterior dije que Natsu se iría mientras narraba la historia pero parece que no entendieron, lo lamento, sí, Natsu se marchó por algunos años, creen que sigan las cosas iguales? Hay nuevos personajes y quizás habrán nuevos amores xDD

Me siento muy romántica escribiendo y realmente, lo dulce no es lo mío pero los capítulos lo ameritan xDD. No diré mucho, capitulo muy mmm, no sé, no fue mi fuerte por varios motivos, sin embargo, era necesario. Seguramente querrán saber que tanto han cambiado los personajes, eso solamente lo pueden saber si siguen leyendo así que son bienvenidos.