Creciendo Juntos
Solo quiero desaparecer
Freddie
A veces, solo en raras ocasiones mi padre aparecía en mi vida, pocas veces me había regañado como lo estaba haciendo en este momento y, la verdad, no me importaba nada sus estúpidos intentos de ser un padre. Mi mirada estaba fija en Sam que se abrazaba a sí misma, no había dejado que nadie se le acercara. En momentos su mirada chocaba con la mía y podía ver el esfuerzo que estaba haciendo para no derrumbarse.
-Te estoy hablando, Fredward Benson. Pudiste haber muerto y ni siquiera te importa –bramó con desesperación, todos guardaron silencio ante esto.
-No intentes ser el padre que nunca fuiste para mí y sí, tienes razón. Pude morir, pero no lo hice y no me importa porque ella –dije señalando a Sam-, es lo único que me importa. –Todo lo dije en un tono de voz apenas audible, pero sé que él me escuchó por su rostro lleno de asombro.
Estaba cansado, en esos dos días no había dormido nada pensando en ella.
-¿Los tíos de Sam? –susurré interesado.
-Uno está en el hospital, fue herido pero no de gravedad. El otro lo acompaña –él me miró con dureza. –Ni te imaginas lo que me cuesta faltar el respeto a mi código, a mi juramento. Ellos tienen muchas…
-Sí, sí… lo que sea –respondí antes de caminar hacia Sam.
Mientras más me acercaba ella se alejaba, pero no me iba a rendir. Estaba dispuesto a hacer lo que sea para ayudarla. Me importaron poco sus gritos y los golpes que me daba al abrazarla, solo quería que se sintiera protegida y no amenazada. Forcejeó por varios minutos, no me iba a rendir.
Entonces, sus brazos rodearon mi cuello con tanta fuerza que ahogué un grito de dolor. Tarde varios segundos en notar que no me estaba haciendo daño, que me estaba abrazando con todas sus fuerzas. Sus sollozos eran audibles y el temblor de su cuerpo había regresado con mayor intensidad.
-Tranquila, estoy aquí –susurré atrayéndola más a mi cuerpo.
No sé si estaba haciendo bien, si mis palabras la lograrían calmar, pero no pare de susurrarle que yo estaba allí para ella, que no la iba a dejar. Mientras me abrazaba una fuerte punzada atravesó mi pecho, me dolía tanto verla así. Dios, hace dos días descubrí que estaba enamorado de esta chica y ahora estaba rota, en mis manos.
La levanté sin mucho esfuerzo sobre mis brazos y comencé a caminar hacia la salida. No me importo bajar todos esos escalones con ella en brazos, nada más que ella me importaba en ese momento. Me adentré a la patrulla de mi padre, me sabía su placa de memoria, él era el motivo de mis tristezas cuando caminaba por las calles de Seattle.
El camino a Bushwell Plaza se me hizo eterno, todo a mí alrededor pasaba con extrema lentitud y solo era consciente de sus sollozos que poco a poco fueron bajando de intensidad. Cuando llegamos al complejo, no me detuve a darle las gracias, ni siquiera me preocupé en pensar si me iba a seguir o no. Pero no me sorprendió verlo a mi lado en el ascensor, tampoco que se decidiera a romper su promesa de no volver a ver a mi madre.
Sonreí ante la ironía, mi padre le había gritado a mi madre que no quería verla nunca más. Sé que ella puede ser desesperante, pero nunca entendí los motivos que tuvo él para decirle eso, al menos en ese momento. Dos años después de su partida supe la verdad, lo vi junto a una hermosa mujer que cargaba un bebé en brazos. Él fue tan cobarde como para no decir la verdad de su abandono y más cobarde aun al inventar su supuesta muerte.
Sentí la ira invadir mi sistema, por segunda vez me sentí engañado y sucio, ¿Cómo no pude caer en cuenta de eso cuando llego? Claro, mis prioridades estaban inclinadas a una sola persona en ese momento. Sin embargo, ¿puede él imaginarse lo mucho que lo llore por su supuesta muerte? "Maldito cobarde"
Abrí la puerta de mi apartamento donde estaba Carly dormida en uno de los sillones y mi madre ¿acurrucada? con Spencer. Está bien, no tengo tiempo para eso, mis prioridades siguen siendo Sam. Pase de largo sin molestarme en llamarlos y la acosté en mi cama. Cuando estuve a punto de salir ella susurró unas palabras.
-Freddie, no me dejes sola… -susurró asustada.
-No lo hare –susurré acercándome a ella. –Pero tengo que avisarle a mi madre que ya estoy aquí, también a Carly y a Spencer. Además de solucionar todo este enredo de mi padre… no tardaré, volveré –besé su frente antes de dirigirme a la sala donde mi padre estaba mirando fijamente a mi madre dormida en los brazos de mi vecino.
El silencio era incomodo, no me sentía bien su presencia en esta casa, ya no más.
-Mamá, despierta, tenemos que hablar –Spencer se separo de ella tan rápido que me dio risa, como si pudiera ocultar el hecho que algo raro pasaba.
-Freddie, ¿Cómo se te ocurre irte así como si nada? Pudiste haber muerto, yo no sabría que hacer si algo… -sí, se dio cuenta de su presencia y yo me deje caer cansado en una silla.
Si antes el silencio era incomodo ahora lo era aun más. Ella lo miraba sorprendida y confundida al mismo tiempo, estoy seguro que no se esperaba esto.
-¿Estás vivo? –él frunció el ceño sin apartar su mirada de ella y suspiré.
-Sé que fue un mal movimiento, pero tenía que hacerlo. Mi esposa…
-Sí subiste aquí a decirle a mi mamá que todo era una mentira para mantenernos alejados te equivocaste –lo reté amenazadoramente.
-¿Qué puedes hacerme tu y qué sabes tú de la vida? Eres solo un niño –dijo con sorna.
-¿Un niño? Tuve que dejar de serlo cuando tú te fuiste. Mi mamá trabajo duro para mantenerme y aunque ella piense que todo el tiempo me controlaba no fue así. Hacer iCarly solo fue la fachada perfecta para que me diera más tiempo libre –comencé a reír histéricamente. -¿Sabías acaso que trabajo desde los 14 años? –Carly abrió la boca sorprendida y mi madre lanzó un chillido horrorizada.
-¿Qué hacía y para qué lo hacía? Pues mi futuro, su futuro… -dije señalándola. –Siempre pensé y aun lo hago que voy a ser capaz de decirle que deje de trabajar, que detenga su lucha que yo estoy aquí para ella –escupí con ira y él se sorprendió. –Mantener todo en orden siempre fue mi prioridad y fingir que ella me controlaba y todo estaba en orden aun más. Todo porque tu no estabas aquí, por irte con otra mujer y ella… dejame decirte algo "papá", ella es una mujer esplendida ya que me ha criado y ha mantenido sola por 11 años sin necesitar tu maldita ayuda.
Mi respiración era agitada y mi pecho dolía, pero no le iba a dar el gusto de verme llorar.
-Si eso no me hace un hombre, entonces no lo sé. Debes sentirte avergonzado que ese es el ejemplo que le estás dando a mis hermanos –vi como sus ojos se ampliaron y yo sonreí ante la ironía. –Sí, Benson, sé que tengo hermanos porque te vi. Y… mierda, se que ellos no son los culpables pero deseé tantas veces que me quisieras como los querías a ellos.
-Freddie, yo…
-No te atrevas a decirme que me quieres porque sé que es mentira. Gracias por ayudarme hoy, te debo una y eso es todo lo que obtendrás de mí –me encaminé hasta la cocina y saqué dos botellas de agua. –Carly, Sam está bien, algo aturdida y asustada, pero si quieres pasar la noche con nosotros y cuidarla junto a mí eres bienvenida. Spencer, que no se altere… -susurré antes de salir corriendo y cerrar la puerta de mi habitación.
Me apoyé en la puerta y todo comenzó a caer sobre mis hombros, mi padre estaba vivo y se había burlado de nosotros. No me di cuenta de cómo apretaba las botellas de agua hasta que sentí sus manos en las mías para agarrarlas y colocarlas en el escritorio de mi habitación.
Sam tenía un semblante tan serio que me costó procesar tanta tranquilidad de su parte. Sus ojos me atravesaban y traté de imaginar un millón de reacciones, Sam podía ser impredecible. Entonces, me atrajo hacia mi cama, no entendía lo que se estaba proponiendo. Ella agarró dos de mis almohadas y la colocó en el espaldar de mi cama, se sentó sobre ellas y me atrajo a sus brazos.
El silencio que se creó en la habitación no era incomodo, pero tampoco podría catalogarlo como cómodo. Aun no le había regresado el abrazo, pero ella seguía abrazándome con más fuerza y calidez. De pronto, sus palabras fueron el destape de mis emociones.
-Freddie, no siempre tienes que ser fuerte por tu madre o para ti… -ella me había escuchado, tal vez lo había gritado. –A veces está bien sentirse asustado, emocionado o deprimido… te entiendo, solo… no te cierres, eso no es bueno.
-Él nos engaño, Sam… -susurré con un leve temblor en mi voz.
-Lo sé…
-Él me dejo… solo quiero desaparecer -dije entrecortadamente, podía sentir como las lágrimas se acumulaban en mis ojos.
-Lo sé. No tengas miedo, yo no me voy a burlar de ti –la miré a los ojos sin entender y ella sonrió. –No te cierres, Freddie… llora, grita o haz lo que sea, pero déjalo salir.
Entonces, el peso que sentía en mis hombros, ese dolor en mi pecho y todo el estrés emocional de los últimos días explotó en mí. Comencé a llorar como si fuera un niño pequeño, mi cuerpo temblaba y mi respiración era errática. Las manos de Sam recorrían mi espalda suavemente de arriba abajo, consolándome. Pero yo no podía dejar de llorar, me sentí decepcionado y que a pesar de todo él no se merecía todo el amor que pude haber sentido.
-No me quiere… -balbuceé entrecortadamente y Sam me atrajo más a su cuerpo.
Mis manos rodearon su cintura en un abrazó fuerte y necesitado, y solo me limité a llorar. A sacar todos ese dolor que tenía en mi pecho, tenía que hacerlo para sanar. – ¿Sabes? –Susurró Sam luego de un rato. –Eres un gran hombre, Freddie, tu madre debe sentirse muy orgullosa de ti. Yo lo estoy y me siento muy agradecida por todo lo que has hecho por mí, aunque eso último de arriesgar tu vida fue tonto, te lo agradezco-. Sam guardo silencio por unos momentos, yo ya había dejado de llorar y solo me limitaba a disfrutar de su toque. –No necesitas de tu padre, yo tampoco necesito del mío. Crecimos sin ellos de todos modos y ambos buscamos fortalezas de esas experiencias-.
Asentí débilmente sintiéndome muy cansado, ella abandono su antigua posición para acostarse libremente junto a mí. La puerta se abrió, era Carly, se acercó a nosotros y se acostó junto a Sam para abrazarla. Ella se dejo querer, por segunda vez en mi vida vi todas las paredes de Samantha Puckett caer. Suspiré ante la maravillosa sensación de tener su cuerpo sobre el mío e ignore lo que se siente ser interrumpido en un momento así recordando que ella no era mía, aun.
-Yo solo quiero que todo regrese a la normalidad –susurró Sam soltando una risita.
-Normalidad suena bien –susurró Carly más dormida que despierta.
-Sí… normalidad es lo único que deseo –susurré dejándome llevar. Ya habría tiempo para hablar.
