HACE CUATRO AÑOS EMPECÉ ESTE CAPÍTULO, HOY AL FIN LE DOY EL PUNTO FINAL, YA NI SIQUIERA LES PUEDO PEDIR DISCULPAS A QUIENES ME LEEN PUES HA PASADO DEMASIADO TIEMPO COMO PARA TENER PERDÓN, PERO ME ALEGRA DECIRLES QUE ESTOY CUMPLIENDO MIS METAS, HE TERMINADO IZUMO: UN AMOR DE VERDAD Y ESTOY TRABAJANDO EN SU EPILOGO Y PRONTO TENDRÁN DOS NUEVOS FICS MIOS JUNTO CON LOS CAPÍTULOS SIGUIENTES DE ESTE FIC.

MUCHAS GRACIAS A QUIENES CONTINÚAN LEYENDOME, A LOS QUE LLEVAN MUCHO ESPERANDO POR ESTE NUEVO CAPÍTULO O A QUIENES APENAS COMENZARON A LEER, POR FAVOR DISCULPEN CUÁNTO LOS HICE ESPERAR Y OJALA ESA ESPERA HAYA VALIDO LA PENA.

AHORA POR FAVOR DISFRUTEN DEL NUEVO CAPÍTULO DE NORTHERN LIGHTS.

CAP. 14 – LAS LUCES DEL NORTE: DECIR ADIÓS

Sus manos palpaban cuidadosamente el pecho del muchacho dormido a su lado, sus dedos de delicada piel blanca proporcionaban tiernas caricias a la piel bronceada de su acompañante, lentamente recostó su rostro en aquel torso delgado y bien formado, a pesar de sus esfuerzos la joven de dorados cabellos no pudo evitar derramar su llanto, de pronto sintió una de sus manos atrapadas por la del castaño con quien estaba.

-No llores Anita– suplicó delicadamente la voz del muchacho quien hasta entonces parecía dormido.

-No creí que estuvieras despierto Yoh– murmuró ella soltando su mano y sentándose en la cama –deberías descansar– indicó en tanto secaba sus lágrimas discretamente, aún cuando la oscuridad del cuarto la cubría los rayos de la luna, los cuales entraban por la ventana, la delataban.

-Quiero sentirte el mayor tiempo posible– explicó él sentándose en la cama para abrazarla y posar sus labios en los hombros de la rubia –¿cómo dormir cuando te tengo a mi lado por última vez?– concluyó con tristeza y comenzando a depositar suaves besos en la piel dejada al descubierto por el delgado fondo de color blanco el cual aún la cubría, aquellas caricias provocaban que leves suspiros escaparan de la boca de ella, Ana lo apartó un momento, lo miró entre las tinieblas y lo abrazó para besarlo apasionadamente.

-Yo tampoco quisiera ver el amanecer, cuando el sol salga deberás prepararte para la prueba y… después te irás… no quiero, mi amor, y así debe ser– dijo acurrucando su rostro en el pecho del príncipe para comenzar a besar la piel del joven, poco a poco él la recostó bajo su cuerpo, acaricio su cabellera color oro, rozó con sus labios la cara de la sacerdotisa en tanto las manos de ella también le brindaban todo su amor, ella hundió sus manos en el cabello castaño de Yoh.

-Todo esto no puede ser, yo no debería profanar a una diosa, no soy digno ni de mirarte y sin embargo estoy haciendo mucho más, no puedo ni quiero evitarlo, me muero si no estoy contigo y también deseo tanto tenerte por completo…

-Entonces hazlo Yoh, tómame porque nuestro amor purificará nuestra unión, o ¿de verdad debemos ser castigados por amarnos…?

-No Ana, hasta de la pena por haberme enamorado de ti me salvaste, cuando evitaste mi muerte desviaste ese castigo, porque debía pagar con mi vida el terrible pecado de poner mis ojos en un ser tan puro como tú, ahora no puedo pagar el favor del destino con esa acción, nuestro amor es muy grande, es eterno y lo hemos comprobado, pero si ahora te hiciera mía terminaría por lastimarte más de cuanto ya lo he hecho.

-Deja de sentirte culpable– dijo rodeando el cuerpo del príncipe del Norte –gracias a ti conozco el amor y aunque me duela no volver a verte prefiero este dolor a jamás conocer sentimiento alguno, el destino nos puso uno frente al otro, nuestros corazones hablaron e hicimos caso a su voz, nadie puede condenarnos por eso, abrázame Yoh, y aunque no te entregue mi cuerpo sabrás que soy tuya, siempre, cuando regreses a tu reino y mires las estrellas verás brillar nuestro amor y me sentirás a tu lado.

-Gracias Ana– habló estrechándola más a él –por entregarme tu espíritu, tu esencia, tu ser, tu también me tendrás siempre, cada pedazo de mi alma, cada pensamiento, cuanto soy, sea y haya sido te pertenecerá, cuando sientas la brisa en tu cabello serán mis manos deseando acariciarte, cuando las estrellas brillen busca en su brillo mis deseos de estar a tu lado y viendo el mismo cielo estaremos juntos en un momento que será eterno, como nuestros sentimientos, Ana… ¿quieres ser mi esposa?– cuestionó él dejándola impactada.

-Sabes mejor que nadie lo feliz que sería de poder ser tu esposa, pero es imposible– explicó ella cerrando sus ojos apesadumbrada.

-Bueno sé que oficialmente no podemos unirnos en matrimonio, pero puede ser algo… simbólico– de pronto se levantó de la cama y corrió a un rincón donde había dejado su bolsa de viaje, buscó cuidadosamente hasta encontrar algo, era un pequeño saquito de terciopelo, de éste sacó un objeto y regresó al lecho –mira– dijo abriendo su mano en la cual había un hermoso anillo de oro blanco, en el estaba grabado un escudo –es el anillo del soberano de mi país, mi padre me lo dio cuando emprendí el viaje, ves el escudo con la espada y el corcel, ambos están protegiendo la estrella del Norte, "la libertad y la justicia por el bien de mi nación", eso significa, sé que es un poco grande, pero acéptalo y sé mi esposa, te lo ruego– dijo ofreciendo la joya, ella extendió su mano izquierda y él lo colocó en su dedo anular.

En verdad el anillo era demasiado grande para los finos dedos de la bella sacerdotisa, la joven sonrió ante el hecho. –Mira– murmuró ella colocando una mano sobre la joya, el joven príncipe posó toda su atención en cuanto le indicaba la rubia, una luz azul se percibió en su mano, después la retiró y el anillo le quedaba como si hubiera sido hecho para ella, él sonrió y besó la mano de la dama.

-A partir de hoy me consideraré tu esposa, Yoh, pero a cambio quiero darte mi juramento– explicó ella reteniendo el llanto en sus ojos y cerró su mano para volver a abrirla y en ella había aparecido un hermoso anillo dorado en cuyo sello se veía la forma de la estrella a la entrada de Avalon –con él jamás olvidarás que te amo y gracias al tuyo yo nunca lo olvidaré, aún cuando me sienta sola, desesperada o extremadamente triste sabré de tu amor.

-Yo lo acepto y a partir de hoy me consideraré tu esposo, Ana– aseguró él para colocárselo, después la abrazó y se unieron en un largo y sincero beso, lentamente se recostaron, continuando con más caricias y besos, hasta ser vencidos por el sueño, esa noche no volvieron a cruzar palabra, porque las palabras ya sobraban ante cuanto sentían.

El despertar y no encontrar a Ana lo sobresaltó, ¿acaso todo había sido un hermoso sueño? El solo pensamiento lo hizo estremecer, pero al ver el anillo que lucía en su dedo su espíritu se tranquilizó, aunque le preocupó el no encontrar a su adorada sacerdotisa, se recostó de nuevo en tanto miraba como el sol del amanecer comenzaba a iluminar todo con sus rojizos tonos, volteó hacia un lado y descubrió un sobre de papel blanco en el cual estaba plasmado su nombre con una preciosa caligrafía.

El castaño príncipe abrió la carta y sacó una hoja en la cual estaba escrito un mensaje en letras plateadas, la escritura era tan hermosa como la del sobre y decía:

"Mi querido Yoh, perdóname por haberte dejado solo sin siquiera despedirme, pero mi misión debía dar comienzo desde antes del amanecer, sé que despertaras al poco rato de haberme ido y querrás que volvamos a encontrarnos, por desgracia nuestras últimas palabras y nuestro adiós ya lo hemos dicho.

Así es, en nuestro próximo encuentro no podremos cruzar una sola palabra acerca de nuestros sentimientos, sin embargo si dudas de la verdad de nuestros momentos juntos mira la sortija en tu dedo como yo lo haré cuantas veces crea que tus palabras y caricias fueron una ilusión. Si llegaras a dudar de cuanto te he dicho sólo mírame a los ojos y veras todo el amor que desearía entregarte cada día de mi vida, deja a nuestras cómplices miradas, nuestros dulces silencios y las joyas en nuestros dedos, ser los únicos testigos de nuestro amor, así como anoche lo fue la Luna.

Por favor prepárate y concéntrate para la prueba que sufrirás, y sé pasarás, dedícate en cuerpo y alma a derrotar el mal que amenaza tu mundo ese mundo del cual ya jamás me podré desprender por completo, sé feliz, por favor sigue siendo quien eres, sé un buen guerrero y un buen rey y recuerda, siempre estaremos juntos.

Estaremos unidos por la eternidad, a pesar de los obstáculos, a pesar de la distancia y el tiempo, incluso a pesar de nosotros mismos, nada podrá separar nuestras almas, mi corazón es tuyo como tu me has entregado tu corazón y esa unión sagrada desde hoy y para siempre nada ni nadie la podrá quebrar.

Ahora levántate y dirígete a tu destino, enfréntalo porque ya no estás solo, ahora estoy a tu lado y nunca volverá a ser diferente".

Ana".

Así terminaba la bella carta la cual el joven guardó con cuidado en tanto en su mente se atesoraban cada una de las palabras dirigidas a él, deseaba salir corriendo a buscar a su adorada rubia, pero entendía claramente lo que en verdad era su deber y el de ella.

El salón a donde fueron conducidos los cuatro príncipes era amplio y luminoso con paredes blancas llenas de los mismos sellos vistos por ellos en otras partes del palacio, los cuatro jóvenes habían sido llevados ahí por cuatro altos guardias como los que los habían recibido al llegar a ese reino, los príncipes llevaban elegantes ropas nuevas que habían encontrado en sus habitaciones y las cuales lucían el escudo de cada uno de sus reinos. Les invitaron a sentarse en amplios sillones en tonos de azul muy claro, al principio todos obedecieron, pero conforme pasaba el tiempo la desesperación y la incertidumbre hizo tanto a Yoh como a Len ponerse de pie y caminar de un lado a otro.

-Dejen ya de hacer eso que me están poniendo de nervios– les reclamó Horo a sus amigos quienes de inmediato voltearon a verlo.

-Si lo hacemos es porque también estamos nerviosos, crees que es por hobbie o qué– reclamó Len.

-Bueno, tranquilos no vayan a empezar a pelear, ¿qué pensarán los soberanos de Avalon? – trató de conciliar Lizerg –¿verdad Yoh?– cuestionó el peli verde buscando el apoyo del otro príncipe, pero se percató de que el joven se encontraba sumido en sus pensamientos en tanto miraba un anillo en su dedo.

-Por lo visto tú estás más preocupado que nosotros– dijo el de cabellos azules al castaño.

-Es lógico que lo esté– dijo una femenina voz de una muchacha quien entraba en el cuarto y todos vieron a Pilika, quien lucía un vestido nacarado el cual hacía resaltar sus cabellos celestes los cuales estaban perfectamente arreglados –después de todo es él quien debe pasar la prueba de los dioses de Avalon.

Apenas había dicho esas palabras Yoh se quedó viendo a los demás que estaban en ese lugar, les dedicó una tranquila sonrisa y dijo: "Todo estará bien".

-Sabias palabras alteza– dijo Mirina entrando al salón por una amplia puerta de cristal que estaba al fondo de la habitación, al mismo tiempo se había abierto una puerta igual en la cual permanecía de pie una muchacha de rubios cabellos, ambas atravesaron la habitación al mismo tiempo, con movimientos coordinados como si una fuese el reflejo de la otra, las dos portaban vaporosos vestidos de color azul rey, las faldas de estos traían bordados en plata muchos símbolos, los trajes dejaban ver los hombros de quienes los portaban y sobre el delicado pecho de la chica de dorada cabellera colgaba un rosario de blancas cuentas mientras que la otra no llevaba ningún adorno.

Las dos muchachas llevaban en sus cabezas hermosas tiaras de brillantes, ellas eran dos estrellas brillando en un firmamento de misterio y aún cuando las dos lucían hermosas y habían deslumbrado a quienes estaban en esa habitación el príncipe del Norte sólo tenía ojos para Ana.

Cuando las dos estuvieron ante el grupo que las esperaba hicieron una respetuosa reverencia para después posar su vista en quienes las observaban:

-Ha llegado el día altezas– comenzó Mirina –por cientos de años Avalon ha protegido las LUCES DEL NORTE, tal como prometió, pero como también ofrecimos las luces serán devueltas para defender una causa justa.

-Yo fui asignada al Lago del Destino– continuó Ana –para esperar el día en que un mortal con intenciones nobles y como heredero al trono del país del Norte me hiciese la petición de guiarle al reino sagrado de Avalon, con la misión de recuperar el místico tesoro y así lo hice, a él…– dijo sin poder evitar mirar al castaño príncipe –y a los tres príncipes de los otros países para así demostrasen la armonía que debe existir en sus reinos para hacer a las luces volver a brillar, he cumplido y a lo largo de un tormentoso camino los guié al portentoso reino donde se forjó mi ser.

-Así inició mi misión– siguió la joven de cabello castaño –ver más allá en el corazón de cada uno de los príncipes llegados al reino, entender sus almas y saber si eran dignos de presentarse a los dioses de Avalon y si el elegido para la tarea era merecedor de enfrentar el juicio de los dioses y vi como todos ellos son nobles, leales, valientes y el vínculo de su amistad se ha fortalecido y podemos confiar en ellos, ha llegado el momento de concluir tu misión Princesa Ana, protectora del Lago del Destino y sacerdotisa de Avalon.

-Y así lo haré Princesa Mirina, protectora de los Dioses y vidente de Avalon, llevaré a los príncipes al juicio de los dioses, ellos decidirán si he de dar el siguiente paso o mi misión termina, acompáñenme príncipe del Este, noble caballero, veraz de corazón y firme de carácter, Tao Len; príncipe del Oeste, de naturaleza amable, cándido de alma y amigo incondicional, Diethel Lizerg, príncipe del Sur, ejemplar hermano, amigo leal y de sentimientos genuinos, Usui Horokeu y príncipe del Norte, elegido del destino, esperanza de sus compañeros y dueño del corazón de una princesa de Avalon, Asakura Yoh– todos quedaron impactados ante las palabras de Ana, pero no dijeron nada pues ella comenzó a encaminarse hacia la puerta por la cual había entrado, Pilika iba a ir con el grupo pero fue detenida por la castaña.

-Lo lamento alteza pero los dioses de Avalon sólo pueden ser vistos por los cuatro elegidos, es el destino de ellos, le ruego sea paciente– ante esas palabras ella asintió y se sentó en uno de los sillones en tanto veía con preocupación hacia donde los cuatro príncipes y la sacerdotisa habían ido y la cual apenas atravesaron se cerró silenciosamente.

E – e – E

Habían pasado ya diez días desde que esas terribles llamas rodeaban su palacio, era un infranqueable muro que lo mantenía encarcelado en su propio hogar y, de acuerdo con los dos mensajes recibidos, tanto el palacio del Este como el del Oeste se encontraban en la misma condición, ya hacia tiempo se habían enterado de cómo Hao había arrasado con la mayor parte del reino del Sur y tan sólo unos pocos habitantes habían logrado escapar para refugiarse en los tres reinos restantes. Ahora en tanto el rey Mikihisa contemplaba el dantesco espectáculo se preguntaba si habría salvación para su pueblo y le preocupaba el no saber nada de su hijo.

-No te sigas torturando– le dijo una bella mujer entrando al salón del trono donde su esposo permanecía frente a uno de los enormes ventanales –debes confiar en Yoh, jamás nos ha decepcionado.

-Lo sé, pero han pasado tantos días sin saber de él, luego lo del reino del Sur y… ahora esto– dijo señalando el fuego mágico el cual parecía llegar hasta el cielo –Hao nos tiene rodeados, casi en sus manos, y poco a poco cierra sus garras sobre nuestro pueblo, yo me habría rendido si con ello pudiera ponerle fin a todo el terror provocado por ese tirano, pero es sólo el principio y ruego que Yoh sea tan fuerte como para cumplir su objetivo.

-Ya lo verás, siempre tengo fe en mi hijo– continuó la mujer de negros cabellos en tanto se acercaba más al soberano –, por años lo preparaste para las más duras pruebas, sin embargo nunca esperaste verlo encarar una tan grande como la de escribir una página más en la leyenda tan conocida y por años cantada, recuerda lo que él siempre dice, es su fuerza o ¿no?

-Sí, mi querida Keiko así como tú siempre has sido tanto para mí como para Yoh el más grande apoyo, esa frase es la esencia de nuestro hijo.

Y ambos repitieron esa oración que siempre decía su hijo y por ahora era la única luz en esa oscura situación: "Todo estará bien".

E – e – E

Los cuatro príncipes seguían a la joven por un pasillo oscuro en donde la rubia doncella era la única luz, sí, resplandecía con un halo plateado el cual asombraba a todos y sólo Yoh continuaba mirándola soñadoramente rememorando cada instante de la noche anterior, aún sentía en sus manos la suavidad de la sedosa piel de la sacerdotisa, aún podía percibir su aroma y sentía el sabor de sus labios en su boca, pero recordó las palabras dedicadas por la joven en esa carta: "Prepárate y concéntrate para la prueba que sufrirás, y sé pasarás, dedícate en cuerpo y alma a derrotar el mal que amenaza tu mundo", entonces decidió poner todo su ser en cuanto pasaba, en ese momento, al fin la muchacha a quien observaba se detuvo y se percataron de estar en un amplio salón.

Ante ellos, y sorpresivamente, surgió una enorme llama de color azul, la cual formó una columna, ésta les mostró que muy por encima de ellos había un techo adornado de diamantes, la columna se dividió para después desaparecer y mostrarles dos tronos de cristal y plata.

En el trono de más altura había un hombre rubio y de ojos azules, tenía un semblante serio y firme, a Yoh le recordó un poco algunas expresiones adoptadas por Ana, sus ojos destellaban poderosos en tanto una gran autoridad se desprendía de ellos, su túnica era un tono más fuerte al del vestido de la sacerdotisa y vestía una amplia y larga capa negra la cual le daba un aire aún más respetuoso, en su cabeza lucía una gran corona de oro, signo de su autoridad en aquel reino. Junto a él una bella mujer de cabello castaño le quitaba un poco de solemnidad a la escena, pues su cálida sonrisa daba a los visitantes algo de confianza, ella portaba un vestido vaporoso y casi igual al de la guía de los príncipes, pero éste no tenía ningún escote, sus ojos eran café oscuro, pero luminosos, portaba una tiara de diamantes más grande que la de la joven.

A diferencia de cuando Ana se entrevistó con ellos, fue la mujer la primera en romper el silencio:

-Gracias por traer ante nosotros a nuestros nobles visitantes, Princesa Ana– dijo ella con cariño –ahora por favor, pasa a ocupar tu lugar como la heredera a este milenario trono– la joven asintió y después de hacer una reverencia se sentó en un trono de plata que apareció junto al soberano.

-Ahora estamos ya reunidos, quiero darles la más cordial y respetuosa de las bienvenidas a los príncipes del Oeste, Sur, Este y Norte, disculpen por no haberlos recibidoantes, pero los protocolos son distintos en Avalon, era necesario que primero fuesen evaluados por mi hija menor, la Princesa Mirina– explicó el rey con una voz avasalladora y profunda.

-Disculpe si mi pregunta le parece impertinente– inició Len con sus pupilas de oro firmes en el rostro de su anfitrión –, pero ¿no confían en nosotros?

-Su pregunta es natural, Príncipe Tao– concedió el rey de Avalon –no es de ustedes de quien desconfiamos, sino de la naturaleza humana, la naturaleza mortal suele negar los sentimientos nobles y sucumbir ante la oscuridad, es lo que sucedió con Hao, su ambición se antepuso a todo y él decidió un camino de destrucción.

-Sin embargo, no todos los humanos somos iguales, acaso es que a lado de ustedes somos demasiado poco para llegar a su altura– dijo Yoh sin poder evitar cierta rebelión en su voz, lo cual provocó la mirada de todos los presentes sobre él.

-Príncipe Asakura– dijo el hombre fijando sus ojos intensamente en el muchacho a quien hablaba –no consideramos a los humanos como algo inferior, pero conocemos sus debilidades y cómo muchas veces se dejan dominar por sus pasiones, olvidando sus deberes y el orden que sigue nuestro universo, ¿no se ha llegado usted a olvidar de algunos de sus deberes a causa de el amor que le profesa a la princesa Ana?

-Sí, le profeso un profundo y verdadero amor a Lady Ana, pero jamás he olvidado mis deberes, ni los sacrificios que mis amigos y los soberanos de los países han hecho para que nosotros llegásemos hasta aquí, así como ni un segundo podría dejar de pensar en las terribles consecuencias de dejar a Hao seguir haciendo su malvada voluntad.

-Te veo muy convencido de tu meta, eres noble y sincero, pero aun cuando mi hija te ama ese amor es imposible, y dada la condición de inmortal de ella su amor es un sentimiento eterno y poderoso no puedo…

-Padre hay algo…

-Silencio Ana– la contuvo su madre ante la interrupción que había hecho la rubia quien sólo pudo inclinar su cabeza con vergüenza.

-Continuaré, no puedo entregarte las luces tan sencillamente como habríamos querido, dado el penoso viaje por el cual ya han pasado y las terribles pérdidas de las cuales ya han sido víctimas, pero las luces para ser devueltas deben reconocer un sacrificio, el valor del maravilloso poder encerrado en ellas y el cual tendrán al unirse a sus hermanas, exigen siempre un sacrificio, tú, Asakura Yoh, al enamorarte de la protectora del Lago del Destino habías firmado tu sino, estaba escrito: la princesa de Avalon amaría sólo a un hombre, quien supiese su nombre sin nadie habérselo dicho antes, pero también estaba decidido que un mortal que se enamora de la joya más valiosa de Avalon deberá morir.

-¿La joya más valiosa de Avalon?– dijeron los Príncipes al unísono.

-Así es– dijo la reina –Ana no es sólo la guardiana del Lago del Destino, sino también al ser la sacerdotisa de Avalon y nuestra hija, es la única heredera al trono y por ello cuando nuestros ciclos en este plano terminen ella tomará nuestro sitio como soberana, cómo un mortal pretende entonces sentarse a su lado en este trono del plata y cristal.

-Yo jamás– dijo el príncipe del Norte –soñaría siquiera con ser gobernante de un reino tan poderoso, misterioso y fuerte como Avalon.

-Sin embargo, al poner tus ojos en nuestra princesa es eso lo que pretendes, pues de unirte a ella conseguirías la inmortalidad y el trono de este reino.

-Un mortal que pretende tal cosa y despierta el amor en la diosa del lago debe pagar con su vida su atrevimiento, por lo tanto ese era el precio que se debía pagar por las Luces, tu mismo lo fijaste joven príncipe, tu sacrificio sería compensado con las LUCES DEL NORTE y con él salvarías tu reino y tu mundo, pero mi hija no tuvo el valor de permitir al destino seguir su curso y concluir su juicio ineludible, te amó lo suficiente para olvidar sus deberes y salvarte.

-Por ello deberás pasar una de las pruebas más duras, te enfrentarás a tus más profundos anhelos, tu alma será llevada al límite en la prueba que habrás de pasar y nada ni nadie podrá ayudarte, sólo serás tú, contra ti mismo.

-Él pasará la prueba– interrumpió la rubia levantándose de su sitio –siempre voy a confiar en él.

-Nadie ha pedido que hables hija mía, pero entiendo tu anhelo de darle fuerza al hombre amado y de quien deberás separarte para siempre– ante eso la joven se dejó caer en su lugar, el muchacho la miró y ella clavó sus ojos en él.

-Es hora de comenzar la prueba príncipe Asakura– dijo la madre de la joven y en ese instante un portal se abrió justo detrás de donde se encontraban los soberanos, frente a él se colocaron tres llamas: una azul, otra dorada y una verde, él comenzó a seguirlas hasta el portal y antes de atravesarla volteó hacia donde la joven rubia permanecía de pie y vio como ésta acercaba su mano izquierda a su rostro y besaba la sortija que estaba en su dedo, él le sonrió y también depositó un beso en el anillo que llevaba.

Ante sus ojos había un gran pasillo donde la única luz era la emitida por el piso, el cual era un bello espejo de agua, al no tener muy claro qué debía hacer decidió caminar por el pasillo, los primeros pasos los dio con cierta desconfianza pues no sabía si en verdad se trataba de agua o era sólo un efecto. Sorpresivamente cada una de sus pisadas creaba una onda de luz que se extendía hasta tocar los muros que delimitaban el lugar, después de un rato se sintió más confiado y continuó con su camino.

Al fin se detuvo a causa de un muro de mármol que le impedía el paso, miró tras él pensando que quizá había pasado de largo alguna entrada, pero sólo donde él estaba parado había luz, pues lo demás había quedado en tinieblas, desconcertado tocó la pared frente a él y ésta cayó hecha pedazos, pero no dejó rastro alguno de haber existido entonces pudo ver cuanto había tras la pared, un cuarto enteramente oscuro con luces del tamaño de luciérnagas flotando en la atmósfera con destellos en color plata y azul.

Cuando la pared cayó dejó al descubierto dos enormes espejos cuyos marcos parecían el de una puerta y ambos eran tan grandes como para que una persona muy alta pudiera atravesarlos sin dificultad alguna, ambos objetos eran iguales en forma y dimensiones y del mismo tono plateado, aún sin entender la situación posó una de sus manos sobre la superficie de uno de los espejos, apenas lo había hecho cuando una autoritaria voz le habló:

"Te muestro dos caminos, ninguno es correcto o incorrecto, ambos son tan erróneos como adecuados dependiendo del punto de vista de los involucrados, los dos darán felicidad a unos y desdicha a otros, pero a ti te corresponde decidir sobre tu destino, el destino de quienes quieres, de quienes aprecias y de la mujer a quien amas, tú tienes el privilegio y la desgracia de decidir los caminos de las personas que más te importan, tus amigos, tu familia, los habitantes de los cuatro reinos y la princesa de Avalon. Elige entonces Príncipe del Norte y que la ETERNA LUZ ilumine tu decisión".

-¿Por qué yo?– cuestionó el muchacho, pero el silencio fue su única respuesta.

De repente el espejo que había tocado emitió un halo de luz azul y a través de él vio un hermoso paisaje, de una verde pradera con un cielo azul y limpio, por ella corría un pequeño niño de rubios cabellos tan rebeldes como los de él, el chiquillo jugaba alegremente hasta que el llamado de una mujer detuvo sus juegos.

-Alteza– llamaba la mujer una y otra vez hasta llegar cerca de él –la reina lo busca–informó una bella joven de negros cabellos y tersa piel blanca, quien estaba ataviada con un vestido blanco como la nieve. Al escuchar el mensaje el niño esbozó una traviesa sonrisa y sus ojos negros relucían como dos estrellas y esa mirada le recordaba a su adorada princesa, así, sin poder evitarlo, comenzó a contemplar el anillo que lucía en su dedo.

De pronto el galopar de un caballo interrumpió la tranquilidad de aquella escena, así que volvió a fijar su vista en la escena y grande fue su sorpresa al verse a sí mismo con un porte más maduro, él iba sobre un magnífico caballo blanco y majestuoso, pero nada lo sorprendió tanto como escuchar las palabras del niño:

-Papá– gritó el niño entusiasmado en tanto el jinete bajaba de su montura –¿me llevas en tu caballo?– preguntó el rubio y el castaño lo levantó en brazos.

-Claro– dijo colocándolo en la silla del caballo –precisamente venía a buscarte porque tu mamá te llama, ¿verdad Lady Lilian?– dijo dirigiéndose a la mujer.

-Así es Milord, tiene razón– apenas la mujer terminó cuando ambos se despidieron y el caballo comenzó a galopar en dirección al palacio de cristal que se veía en la lejanía, llegaron pronto y se detuvieron en el puente donde una mujer ataviada con un vestido plateado y una tiara de diamantes adornando sus cabellos de oro.

La joven mujer era Ana, pero al igual de lo percibido en él, el rostro de la sacerdotisa reflejaba más madurez, sus ojos negros seguían siendo brillantes y hermosos y su sonrisa se veía extremadamente amplia y sincera, a Yoh le pareció que la felicidad sentida por la mujer de rubios cabellos la hacía verse aún más hermosa.

Ambos bajaron del caballo y el castaño abrazó efusivamente a la muchacha para al final depositar un apasionado beso en sus labios.

-Yoh compórtate, no debes hacer esas cosas enfrente de nuestro hijo– lo regañó la dama.

-No tiene nada de malo– dijo el pequeño –papá quiere que sepas que te quiere mucho, ¿verdad papá?

-Así es Hana, eres el niño más inteligente que hay– lo felicitó su padre revolviendo el dorado cabello del niño.

-Bueno, si es así sería bueno que fuera a tomar sus lecciones diarias– comentó la mujer poniéndose seria.

-Ya me imaginaba que para eso me llamabas– aceptó con tristeza el muchachito –no necesito nada de eso– dijo mientras hacía aparecer un gran libro con un ademán de orgullo, la rubia cruzó los brazos con gesto estricto y el pequeño salió corriendo en tanto exclamaba –tal vez sí las necesito.

-No es disciplinado, aunque su magia es cada día más poderosa– explicó la joven en tanto él se acercaba a ella para abrazarla.

-Bueno era lógico que sus poderes fueran excepcionales– dijo besando el cuello de la rubia con tranquilidad.

-No trates de engañarme fingiendo sentir una verdadera felicidad– dijo Ana volteando a verlo –sé que a pesar del tiempo transcurrido no puedes dejar de culparte por cuanto sucedió con tus amigos y tu reino,

-No– dijo él alejándose de ella –, no puedo dejar de culparme porque yo tuve la culpa, por mi se apagaron las LUCES DEL NORTE.

Ante aquel enunciado dicho por su yo del espejo el joven quedó conmocionado y prefirió continuar escuchando, vio a la pareja ante él y puso más atención.

-Ahora ya no puedo hacer nada, ellos murieron para dar paz a los cuatro reinos, hicieron el sacrificio que debí haber hecho, vencieron a Hao pero la destrucción fue terrible– dijo y tomó las manos de la rubia entre las suyas.

-Por favor Yoh no te atormentes más por algo que ya no tiene remedio, además preferirías que Hana no existiera, abrázame y trata de olvidar tus penas, mira– dijo la mujer y ante ella apareció una esfera de cristal en la cual comenzaba a formarse una imagen.

Todo parecía ruinoso y destruido, una figura encapuchada caminaba por el lugar mientras miraba de un lado a otro, de pronto se detuvo frente a un pilar invadido por maleza y el cual no sostenía nada, la figura se quitó el manto el cual cubría sus facciones y reveló un hermoso rostro y una cascada de cabellos azules, de inmediato Yoh reconoció en aquella persona a la princesa del Sur, sólo que una profunda tristeza apagaba sus ojos y hacía parecer su cara algo endurecida.

-Pobre Pilika, por lo visto al fin ha tenido las fuerzas para regresar al reino del Sur, a la tumba de su hermano, es tan extraño el solo pensar que ya han pasado 10 años, ¿ella logrará superar su dolor?– cuestionó el hombre de cabello castaño mientras se acercaba más a su esposa.

-Sí, con el tiempo sus heridas sanarán, pero ¿y las tuyas?– preguntó la rubia haciendo desaparecer la esfera.

-Nunca, nunca me perdonaré por haber tomado una decisión tan egoísta.

-No digas eso, no ves que de no hacerlo me hubiese esperado una eternidad de dolor lejos de ti, sin nuestro hijo, como ya te he dicho muchas veces él no habría nacido ni jamás nos hubiéramos vuelto a ver y…

Yoh se alejó del espejo ante las imágenes mostradas, lo atormentaban las palabras dichas y lo tentaba la gran felicidad que había visto podría tener, se acercó de nuevo para tratar de volver a ver algo, pero sólo observó su reflejo tan nítido como si otro joven igual a él estuviera frente a sí. Al fin se convenció que de nada le serviría seguir mirando su reflejo y se aproximó al siguiente espejo; de inmediato una imagen comenzó a formarse.

De nuevo había un paisaje de verdes pastos, todo era tan brillante que por un momento pensó estar viendo de nuevo el reino de Avalon, pero un segundo después se dio cuenta de un detalle, esos eran los prados de su niñez, los cuales había recorrido millones de veces durante su infancia y donde al crecer cabalgaba durante horas, lo emocionó mucho volver a ver su reino, después del largo tiempo pasado lejos de su hogar, además hacía mucho que el reino del Norte no se veía tan luminoso y bello no desde… Hao.

Al recordar a aquel poderoso hechicero, ese que amenazaba su hogar y el de sus amigos sintió una gran furia, pero el espejo comenzaba a mostrar algo más, un hermoso carruaje atravesaba aquel paisaje, de pronto el transporte se detuvo y de él bajó una hermosa joven de largos cabellos azules la cual fue seguida por un niño de cabello negro con brillos azules y unos hermosos e intensos ojos dorados, el niño le sonrió a la joven en quien Yoh reconoció a Pilika la vio caminar en tanto tomaba la mano del infante y ambos caminaron hasta una pequeña loma donde se observaba a lo lejos un majestuoso castillo el cual reconoció como su hogar, el palacio del Norte, sin siquiera saber por qué sus ojos comenzaron a llenarse de lágrimas y se dio cuenta de que era la emoción de ver su palacio tan esplendoroso y aún más majestuoso que antes de Hao.

-Mira– dijo la Pilika del espejo rompiendo el silencio de la escena– ese es el castillo de tu tío Yoh, el rey del reino del Norte.

-¿Aquí es a donde vino papá?– preguntó el niño con una voz clara y cortes que le recordaba un poco a la de Len.

-Así es, y ves la joya brillando en la torre más alta– cuestionó la peli azul señalando un brillo naranja que resaltaba por su luminosidad.

-¿Esa es la luz del Norte? No es dorada como la del Este– dijo el muchachito mirando a la joven –creí que sería dorada o azul como la del castillo del tío Horo– Yoh se había dado cuenta desde momentos atrás de quién era ese niño, pero si hubiese tenido una sola duda aquellas palabras confirmaban a ese chiquillo como el hijo de Len y Pilika y por lo tanto el sobrino del príncipe del Sur, en este mundo todo parecía perfecto, las luces de los reinos de nuevo brillaban en los palacios y brindaban su protección a los cuatro reinos.

-No, te he dicho que cada luz es única y tiene un color diferente, cuando vayamos a visitar a tu tío, el rey Lizerg y a la reina Jeane, veras de qué color es la del Oeste, bueno continuemos con el camino, o tu padre comenzara a preocuparse, de pronto el sonido de cascos de caballos los asombraron, pero de inmediato pudieron ver a unos jinetes acercándose a ellos.

-Es papá– exclamó el niño con alegría mientras uno de los jinetes se acercaba más hacia ellos y el otro se quedaba unos pasos atrás.

Len lucía más maduro, pero no tenía un porte tan serio como al que tenía acostumbrado a Yoh, sino uno lleno de alegría todo en él reflejaba felicidad, su rostro, sus ojos más luminosos de lo que jamás los había visto, el muchacho de negro cabello saltó de su caballo y abrazó a su reina con alegría.

-¿Por qué has tardado tanto, mi amor?– preguntó el oji dorado para después besarla con dulzura.

-No exageres Len, este es nuestro primer descanso desde anoche y sólo quería mostrarle a nuestro hijo el palacio del Norte y así él apreciara su belleza.

-Pues yo estaba tan ansioso que Yoh me propuso venir a buscarlos– dijo mientras se dirigía al otro jinete quien ya bajaba de su blanco caballo con cierta lentitud, como si su ropa fuera de plomo y le costara trabajo andar, le asombró su rostro lleno de seriedad y rigidez, la cual se interrumpió un poco por el efusivo saludo de la joven de celeste cabello quien se lanzó a sus brazos.

-Que gusto verte Yoh– dijo ella sin soltarlo pero apenas se separó de él se quedó mirándolo a los ojos como si escudriñara cada una de sus reacciones la cual no pudo ser menos entusiasta pues apenas y respondió al abrazo se alejó de ella como si la muestra de cariño le quemara.

-El gusto es para mí, estoy muy feliz de recibirlos– dijo casi sin emoción en su voz, por un momento aquella actitud le hizo recordar la personalidad de Ana cuando la conoció en el lago y eso terminó por asustarlo pues no comprendía su comportamiento.

-Su alteza, Rey del Norte, permítame presentarle al Príncipe del Este, heredero legítimo al trono– dijo Pilika con fingida solemnidad mientras empujaba a su hijo quien parecía petrificado, pero hizo una respetuosa reverencia mientras murmuraba su agradecimiento por la invitación, entonces la máscara fría de Yoh se rompió y esbozando una entristecida sonrisa se agachó para darle al niño un tierno abrazo, pero casi de inmediato se incorporó.

-Bueno vayamos al palacio o se hará tarde– dijo en tanto regresaba a su montura, Len le siguió y Pilika y su hijo subían al carruaje en tanto el niño dedicaba a su madre una mirada llena de confusión.

Comenzaron el camino y Len se acercó más a su amigo para dirigirle algunas palabras:

-Lo lamentó, creí… –comenzó a decir Len con cierta dificultad.

-No te disculpes Len, no has hecho nada malo, es sólo que ver a tu hijo trajo tantos recuerdos a mi mente– aclaró Yoh con una voz llena de tristeza y desilusión, el castaño príncipe no podía creer que el Yoh del espejo y él fueran la misma persona –lamentó mi comportamiento, pero recordé a…

-Tu hijo– murmuró Len.

-No, recordé lo cuanto pudo ser, ese espejo es mi peor pesadilla me persigue la imagen feliz de Ana y de ese hermoso niño rubio, tan alegre y… que jamás va a existir, es increíble, todo cuento queda de nuestro amor, es mi anillo y este corcel regalo de Ana a Pilika, eso es todo cuanto tengo de un amor inmenso e imposible– dijo y dio rienda suelta a su caballo, Len lo vio alejarse un poco y se aparejo al carruaje, Pilika asomó su cabeza por la ventana del carro y miró con preocupación hacia su esposo.

-Sigue destrozado, pensé que quizá en estos diez años él…– trataba de explicar el muchacho mientras inclinaba su mirada de áureos ojos con pesar –, él se sacrificó por nosotros, renunció a la felicidad que se le prometía, al elegir quedarse en Avalon nosotros debíamos morir para así las LUCES DEL NORTE volvieran a arder sobre el palacio de este reino y así poder usarlas, era dejar a Ana o dejarnos morir, él fue muy leal al renunciar a su amor, a su felicidad, a su hijo, para que nosotros pudiéramos tener una vida, jamás podré agradecerle semejante sacrificio.

-Tal vez si volviera a verla…

-Sabes cuántas veces ha partido en busca del Lago del Destino y de La Puerta de Avalon, cuantas veces sus obligaciones se lo permiten lo hace, pero no lo ha logrado, ni siquiera a hallado el más mínimo rastro, la más pequeña pista, nada capaz de ayudarle a reencontrarse con Ana, porque ese es el precio que debió pagar para salvar este mundo.

Yoh dio varios pasos atrás horrorizado por cuanto había visto, ambas imágenes le mostraban senderos luminosos y felices, pero los cuales para lograrse pasaban por encima de ilusiones, sueños y alegrías, debía sacrificar unas cosas para lograr otras, elegir el primer espejo significaba sacrificar a sus amigos, el segundo a él y a su adorada sacerdotisa y a ese dulce pequeño, ambos le traerían desgracia, cualquiera fuera su decisión terminaría por ser infeliz y destrozar algo hermoso, su vida o la de sus seres queridos.

Así su mente comenzó a poner en una balanza cuanto estaba en juego, lo cual era por demás absurdo, sabía cuál era el camino correcto, se acercó de nuevo hasta los espejos, primero para ver su imagen en ambos, después miró el primer espejo en el cual había visto una situación ideal para él, pero injusta y trágica para sus amigos, por ello volteó al otro objeto y murmuró: "perdóname Ana", entonces posó sus manos en éste y le pareció que se sentía como tocar la superficie del agua, apenas lo tocó en el espejo desapareció su imagen para ser sustituida por una llama de color anaranjada.

El otro espejo explotó en mil pedazos, éstos se convirtieron en polvo plateado, para después desaparecer y la misma voz que lo había recibido volvió a resonar, rompiendo el silencio del sitio: "Sabia y noble decisión, príncipe del Norte, la luz de tu reino ha sido pagada, porque un sacrificio como el que estás dispuesto a hacer siempre merece ser premiado". Entonces la luz percibida a través del espejo desapareció junto con éste, y ante él flotaba ahora una llama naranja atrapada en una linterna, él tomó la lámpara y la miró.

-Gracias, ahora podremos vencer a Hao y salvar nuestro mundo– murmuró Yoh a la nada y al silencio, entonces un camino de llamas azules apareció indicándole el camino a seguir, empezó a andar por él con paso lento, sabía que debería estar feliz, pero en cambio estaba al borde del llanto, su corazón se había hecho pedazos junto con aquel primer espejo.

E – e – E

Yoh se sorprendió al llegar de nuevo al salón del trono donde había estado minutos atrás, pero sus compañeros parecían sumamente cansados, como si llevaran horas esperando por él, los príncipes se levantaron sorprendidos de los lugares donde estaban cuando vieron aparecer a su compañero y se asombraron de verlo traer ya aquello por lo que tanto habían luchado: las LUCES DEL NORTE.

A pesar de encontrarse de nuevo con sus amigos, el recién llegado sólo se fijó en una persona, y fue precisamente el primer rostro percibido, el de la rubia sacerdotisa, la cual lo miraba con una mezcla de amor y orgullo reflejados en su mirada de perlas negras, pero la alegría mostrada en su expresión se borró cuando vio el terrible dolor en los ojos de su príncipe de cabellos castaños, en ellos podía percibir una tristeza inmensa, aplastante. Ver aquella agonía en su mirada era terrible para la sacerdotisa, era casi desesperante verlo tan triste y más su intento por disimularlo sin éxito. De pronto ante sus ojos apareció una imagen, la prueba por la cual había pasado su amado, ante la sola visión un terrible desfallecimiento la atacó, pero supo dominarse y sobreponerse para que nadie se percatara de cuanto había visto.

Al fin los dos jóvenes dejaron de mirarse y el príncipe atendió la situación en donde se encontraba, se acercó hasta sus amigos y les mostró la linterna donde la anaranjada LUZ DEL NORTE brillaba incesante, todos correspondieron a la sonrisa brindada por Yoh, pero la felicidad desapareció del rostro de Len casi de inmediato, había notado como la alegría no llegaba hasta los ojos de su amigo, él era muy observador y de inmediato se dio cuenta del velo de tristeza y pesar que opacaba las expresivas pupilas del príncipe del Norte, algo se había apagado en él con la misma intensidad con la cual se había encendido la esperanzadora luz de color naranja.

-Lo has hecho bien príncipe del Norte, Asakura Yoh– inició el rey –, has correspondido a la esperanza depositada en ti por tus amigos y a la confianza de la princesa Ana de Avalon, ahora has pasado la prueba y no hay nadie más digno de portar las LUCES DEL NORTE, ahora puedes partir en paz con tus compañeros, vayan con la bendición de Avalon y tú, príncipe Yoh, ten confianza, todo sacrificio, por alto y terrible, siempre tiene una recompensa tres veces más grande, por absurdo e imposible que parezca– concluyó con seguridad autoritaria.

- QUE LOS ILUMINE LA ETERNA LUZ– dijo la voz de los soberanos al unísono y de inmediato todo se cubrió de un resplandor blanco y cegador.

E – e – E

De pronto aquella mística sala desapareció por completo junto con el resplandor que poco a poco se fue apagando hasta permitirles recuperar la visión y así les permitió ver el nuevo sitio donde se encontraban, era un hermoso y verde prado, de esos numerosos y hermosos paisajes de ese reino, los príncipes estaban más que sorprendidos con ello, pero su admiración fue mayor cuando al girar sus vista hacia atrás de ellos vieron el palacio de cristal el cual parecía estar tan lejos como para apenas dibujarse en el horizonte y el cual sólo se reconocía por brillar como un diamante bajo la luz del Sol del mediodía.

Yoh miró a Ana la cual caminó unos pasos para acercarse un poco a él aun mirándole preocupada por la tristeza enorme percibida en su mirada.

-¿Cómo es que estamos tan lejos del palacio?– cuestionó Lizerg con asombro.

-Estamos a lo que sería un día de camino del Palacio de Cristal– comenzó a explicar la sacerdotisa de cabello dorado sin despegar sus pupilas negras, brillantes como estrellas, de los azabaches ojos del heredero del Norte –, es un premio de los Dioses de Avalon al esfuerzo del príncipe del Norte y a su sacrificio.

-Un día– murmuró dubitativo el castaño.

-Bueno, un poco más del tiempo que pasaste realizando la prueba– declaró Len viendo a la pareja mirarse con añoranza.

-¿Cómo?– dijo Yoh asombrado por lo dicho por su amigo.

-Así es– interrumpió Horo- Horo –, ¿acaso no te diste cuenta? Estuviste ahí casi un día.

-Pero si a mí me pareció menos de una hora– aseguró confundido Asakura.

-El tiempo en el Templo del Destino, el lugar donde estuviste, es muy relativo– comenzó a decir la sacerdotisa –pueden parecerte horas un minuto o puede suceder en un segundo lo que tomó horas en realidad, para ti fue una hora o quizá menos, para quienes estábamos afuera pasaron muchas horas, casi un día.

-Y ahora, ¿por qué estamos aquí?– cuestionó el peli verde con incertidumbre.

-Eso puedo responderlo yo– exclamó la agradable y amable voz de la vidente Mirina.

Todos los jóvenes miraron hacia un montón de arbustos de los cuales salió la bella joven de larga cabellera color chocolate y ojos azules como el cielo de aquel mágico reino –los Dioses, mis padres, me han pedido llevarles al camino más corto al reino del Norte, a él se llega atravesando la cueva que ven ante ustedes– dijo señalando la entrada a una caverna de piedras plateadas las cuales parecían resplandecer y de la cual no se habían percatado hasta el momento en el cual la doncella la mencionó.

-Para ello– dijo Ana –necesitarán de sus monturas– apenas concluidas esas palabras de los mismos árboles salieron los cuatro hermosos corceles de los príncipes y el bello y blanco rocín de la sacerdotisa en el cual iba montada la princesa del Sur, Pilika; todos los caballos tenían ya el equipaje de su respectivo jinete y se veían descansados y listos para cualquier viaje.

-Hola Yoh, felicidades por pasar la prueba– saludó la de celestes cabellos antes de descender del blanco equino, no sin antes ser ayudada por el príncipe del Este, el verla llegar en aquel caballo le trajo al castaño príncipe el recuerdo de lo acontecido en el primer espejo, pero trató de dejar esa remembranza y volver a la realidad.

-Bueno– interrumpió la hermana de la rubia princesa –antes de comenzar su camino al mundo de los mortales deben reponer sus fuerzas y para ello les hemos preparado un banquete– dijo extendiendo su mano y en ese instante apareció una espléndida y enorme mesa llena de toda clase de apetitosos manjares los cuales estaban servidos en fuentes de plata, también había jarras de cristal con néctares y vino y deliciosas frutas de toda clase –por favor disfrútenlo.

Los cuatro príncipes y la princesa hermana de Horo- Horo se acercaron incrédulos a aquel magnífico convite, se sentaron en las cómodas sillas y continuaban sorprendidos ante cuanto sus ojos les mostraban, el príncipe de azul cabello no perdió un segundo más y comenzó a comer alegremente sin preocuparse de nada más, los demás le siguieron a excepción de Yoh.

-Le agradezco mucho el gesto princesa Mirina, pero en verdad yo no tengo apetito, con su permiso prefiero dar una ligera caminata, por favor disfruten la comida– dijo levantándose tan rápidamente que no dio tiempo a nadie de decir nada y se alejó caminando por detrás de los arbustos dejando a todos un tanto petrificados por su reacción. Sólo la sacerdotisa del lago se decidió a ir tras él, sabía el poco tiempo que tenía para poder estar a su lado y decidió aprovecharlo.

E – e – E

Yoh había caminado hasta una pequeña colina en cuya cima crecía un frondoso árbol de naranjas, ese lugar se parecía mucho a un sitio en su reino a donde le encantaba escapar para disfrutar de un momento a solas, en ese prado siempre pensaba en tantas cosas, era un niño cuando empezó a ir para no cumplir con sus estudios, o con sus largas horas de instrucción en el esgrima o la magia, prefería imaginar que era un caballero andante el cual luchaba con malignos demonios y poderosos monstruos, conforme fue creciendo se imaginaba como sería ser rey y guiar a su pueblo, después fue olvidando sus ilusiones y sólo pasaba horas contemplando el paisaje, entonces su vida era sencilla, alegre, tranquila, ahora añoraba esos momentos y sabía que jamás volvería a sentirse como entonces, nunca.

Desde esa loma podía ver el bello castillo de cristal, brillando como una joya, esparciendo una bella luz que, por desgracia, no disipaba las sombras que se habían incrustado en su corazón, torturando su alma y su mente, provocándole un inmenso dolor del cual no creía poder librarse nunca más en su vida y sin embargo, jamás podría desear no conocerlo, pues para evitarlo hubiera debido no conocer a la hermosa sacerdotisa dueña de su corazón o cuando menos no enamorarse de ella y esa segunda opción le parecía tan absurda como horrible la primera.

De pronto la vio, la bella joven en quien pensaba se acercaba a él con paso firme y presuroso con su bello vestido color celeste y su cabello de oro movidos por el viento, tan bella como una estrella, tan hermosa como el primer día, tan resplandeciente como cuando la vio en el Lago del Destino; le extendió sus brazos y ella lo abrazó con desesperado cariño, se refugió en sus brazos y el besó con ternura la dorada cabellera, al fin la pareja se unió en un apasionado y largo beso lleno de amor, no necesitaban palabras, se habían dicho cuanto era necesario, sólo había algo que deseaban: tiempo, tiempo para estar juntos, pero era algo imposible, pronto se separarían, pertenecían a mundos distintos, tenían diferentes destinos.

Así pasaron mucho tiempo, abrazados, acariciándose, besándose, el silencio cómplice continuaba entre ellos, pero la joven necesitaba decir algo, las palabras la quemaban por dentro y pedían salir para tratar de consolar al hombre a quien amaba pues conocía el pesar con el cual cargaba.

-Sé cómo fue la prueba que debiste afrontar– declaró la princesa aferrándose más a los brazos del castaño. Él se sorprendió por las palabras de la rubia e inclinó su cabeza para clavar sus ojos de cielo nocturno en las joyas color negro de ella.

-¿Sabes… lo que debí hacer?– cuestionó sorprendido el príncipe.

-Sí, cuando regresaste de la prueba y te miré… tuve una visión, los espejos, lo que viste en ellos y…

-La decisión que tomé– murmuró con un tono doloroso.

-Sí, todo y no quiero que te tortures un segundo más por mi causa, esa elección fue lo mejor, nuestro amor es grande, puro y hermoso, de haberte decidido por el otro camino lo habrías ensuciado con egoísmo, ahora permanecerá intacto, intachable, pulcro, en tu corazón y en el mío– esas palabras le provocaron una sensación de gran alivio al muchacho, la estrechó más a él y volvió a besarla, temía haberla conducido a un sufrimiento mayor, el de haber tenido un destino brillante y dichoso para ambos y haber renunciado a él, pero Ana le daba un dulce consuelo, el recuerdo de su amor sacrificado en aras de un bien mayor, un amor tan fuerte como para permanecer inquebrantable a pesar de los muros del tiempo y la distancia.

E – e – E

Después de permanecer en aquella colina por un rato más Ana logró convencer al joven noble de regresar a donde se encontraban el resto de sus amigos y de comer algo pues el viaje al reino del Norte aún era largo y pesado y debía prepararse para cuanto venía que no era sino lo más duro, el conseguir las luces era apenas el primer paso, había tanto por enfrentar y para ello debía recuperar sus fuerzas. Fue haciendo un gran sacrificio que Yoh logró probar bocado y lo hizo solo por complacer a su princesa y ante la atenta mirada de todos sus amigos a quienes había dejado muy preocupados.

Al fin llegó el momento de partir, ante la comitiva, en su brioso caballo blanco se colocó la princesa Mirina, después Yoh y Len, les seguía Pilika y detrás de ella los príncipes de los reinos Sur y Oeste, siguiéndolos iban dos guardias del reino vestidos completamente de blanco.

-Tengan buen viaje– dijo la rubia sacerdotisa quien estaba a un lado del camino el cual se dirigía a la cueva –Lady Pilika, espero mi dulce "Centella"–dijo colocando su mano en el blanco corcel donde viajaba la princesa –le sea tan buen compañero como lo fue conmigo –, por favor cuídese príncipe Len y cuide mucho a Lady Pilika, príncipe Lizerg que sea muy feliz con Lady Jeane y usted príncipe Horokeu esfuércese en ser un buen rey y en reconstruir su reino y espero sea muy feliz con Lady Iori– luego fijó sus piedras preciosas de oscuro color en el rostro del hombre amado –sé fuerte– dijo tratando de que su voz no se quebrara, pero le fue imposible evitar las lágrimas las cuales salían de sus brillantes ojos –te amaré siempre, esposo mío.

Todos se asombraron ante esas palabras y más aún cuando vieron al joven de castaños cabellos dejar su caballo de un salto, correr hasta la doncella y besarla con pasión descontrolada mientras la guía del grupo ni siquiera parpadeaba ante semejante escena, Pilika no pudo evitar comenzar a llorar por el dolor de ver a esa hermosa pareja dándose su último beso.

-También te amaré por siempre– dijo él separándose un poco de ella para mirarla con amor y dolor entremezclados –pelearé por mi reino, por mi pueblo, por mis padres, por mis amigos, pero sobre todo por ti mi adorada sacerdotisa, mi Ana, mi esposa, tu siempre serás la luz, la estrella que me guiará, gracias por el consuelo de tus palabras, por perdonar y entender la decisión que tomé– concluyó para volver a besarla.

-Gracias a ti, por mostrarme el amor y por amarme sin condiciones ni límite, mi príncipe– murmuró ella cuando se separaron de nuevo y mientras él le secaba una solitaria lágrima.

-Lo lamento alteza– dijo Mirina mientras una lágrima rodaba por su mejilla –pero es hora de partir, el tiempo es limitado, lo siento de verdad hermana– concluyó viendo a la pareja separarse definitivamente y mantener unidas las manos en la cual llevaban los anillos que simbolizaban la unión de sus almas y así las mantuvieron hasta el momento cuando él debió subir a su caballo, ella volvió a hacerse a un lado y vio como la comitiva se marchaba, vio, con el corazón destrozado como el hombre a quien amaba se iba por la cueva señalada, apenas desapareció el grupo ella dio rienda suelta a un amargo llanto, sin saber que el joven del Norte también lloraba desesperado, ambos despedazados por el mismo sufrimiento el de DECIR ADIÓS.

CONTINUARÁ…

BUENO, ESO ES TODO PARA ESTE CAPÍTULO, LA VERDAD ME COSTÓ MUCHO TRABAJO TERMINARLO, PERO LA CONTINUACIÓN LA TENDRÉ PARA A MÁS TARDAR DENTRO DE TRES SEMANAS, AÚN TRABAJO EN EL EPÍLOGO DE IZUMO, ESE ESPERO ESTÉ LISTO PARA LA FECHA QUE LES MENCIONÉ EN EL FINAL DE ESE FIC. BUENO, AHORA A CONTESTAR LOS REVIEWS, PRIMERO LOS QUE ME DEJARON CUANDO ESCRIBÍA MÁS SEGUIDO ESTA HISTORIA:

JEANNET- Muchas gracias por tus comentarios de hace un año, ojala y leas la continuación y el desenlace al cual espero llegar en unos cuantos capítulos más. Salu2 y agradezco mucho tu opinión, de verdad una disculpa por la tardanza tan exorbitante, pero tuve muchísimas razones para ello.

BLUEROSEPEGASUS- Perdón, gomen nasai, I´m so sorry, y una enorme disculpa en el idioma que gustes porque a pesar de tu espera es hasta ahora cuando me decido a continuar la historia, pero créeme a partir de hoy no dejaré de publicar a tiempo hasta terminar mi fic. Muchas gracias.

AHORA UN AGRADECIMIENTO A QUIENES LEYERON EL FINAL DE IZUMO, Y FUERON TAN AMABLES DE DEJARME REVIEW Y ADEMÁS MENCIONARON ESTE FIC, ESO ME IMPULSÓ A CONTINUARLO:

M-AWESOME- Que gusto saber que también este fic te gusta, espero te agrade la continuación y si puedes me dejas un review. Salu2 y muchas gracias por leerme

SELMA-ITAKO- No sabes cómo me emocionó saber que gracias a mí llegaste a fanfiction, y claro que me gustan tus historias, por cierto muchas gracias por continuar LA HISTORIA HA CAMBIADO, porque me habías dejado en ascuas y amo ese fic. Y como ves Northern Lights también es mía y aquí está la continuación, espero te guste y ahora sí tendrás las actualizaciones más constantemente. Un enorme agradecimiento a tu opinión y muchos salu2.