Aquel día había mucho sol para la altura del año en que se encontraban. Habían pasado unos días desde aquel accidente y todos estaban más tranquilos. Las heridas de sus cuerpos habían desaparecido con el transcurrir del tiempo, y así fue cómo Remus pudo dejar de culparse cada vez que los miraba. Había sido difícil para el licántropo ver las marcas de sus garras, los hematomas producidos por sus golpes y aún ver una sonrisa amistosa por parte de sus amigos hacia él.
Lo que más le sorprendía era el hecho de que Hermione le hablara como si nada hubiera pasado. Su corazón se aceleraba cada vez que la observaba reír, hablar como una sabelotodo o discutir con Ron sobre algún tema. En realidad, su corazón se aceleraba cada vez que la veía. Muchas veces percibía la sangre subir por su rostro cuando ésta le sonreía o se le acercaba; se había acostumbrado.
Y Hermione, bueno, su mente estaba muy centrada en lo que tenía que hacer. No pensaba ni se permitía pensar en otra cosa que no fuera su acometido. Sin embargo, debía admitir que estar con Remus era uno de los pasatiempos favoritos en esa época. El hecho de hablar con él de libros y que éste los conociera o tuviera un verdadero interés en escuchar de qué trataban, era algo increíble para ella.
Ron sólo observaba desconfiado. No podía decir que Remus no le agradaba, era imposible por la forma de ser del licántropo, pero debía destacar que le molestaba la cercanía que estaba teniendo con Hermione. Varias veces le encontraba mirándola embobado escondido tras un libro, no sabía fingir el interés en la chica. Tampoco lograba entender por qué eso le fastidiaba tanto, y no quería saberlo.
—James —habló Remus cuando estaban solos en la habitación. El aludido alzó la mirada para hacer notar que lo escuchaba—. ¿Puedo contarte… algo?
—Claro, Lunático —sonrió el chico sacándose su camiseta, la cual tenía una sustancia rojiza en el pecho, y colocándose una limpia.
—¿Qué dirías si te digo que…? —Remus se detuvo unos segundos y suspiró—. ¿Qué dirías si te digo que creo que me gusta Hermione?
James alzó las cejas mientras una sonrisa pícara surcó su rostro, pero la eliminó en cuanto notó la incomodidad de su amigo. Se acercó hasta la cama de Remus y se sentó ahí, palmeando a su lado para que éste dejara de mirar por la ventana y le acompañara. Cuando lo hizo, el anteojudo ya buscaba palabras que decirle. Sabía que éste siempre alejaba a las chicas por su "pequeño problema peludo". No quería que hiciera lo mismo con la castaña, no quería verlo más solo.
—Te diría que ella es muy guapa y un muy buen partido —habló James dándole unas palmadas—. No dejes de atrapar la snitch dorada cuando la descuidada se posa en tu mano, como decía papá.
—¿Ah? —el licántropo alzó una ceja distraído.
—Que no desperdicies la oportunidad de perder algo hermoso cuando está tan cerca de ser tuyo —explicó el pelinegro desordenándose el cabello. Le miró—. Pienso que harían una buena pareja.
—Sí, una hermosa pareja conformada por una humana y un…
—Merodeador —le cortó James dándole un golpe suave en la cabeza—. No seas idiota… De hecho, ¡ve ahora! ¡Ahora!
—¿Ah? —preguntó Remus mirándole asustado en cuanto su amigo se había levantado de la cama y le tomó del brazo para alzarlo también—. James… ¡James, no! —el chico comenzó a empujarlo por la espalda hacia la puerta—. Corna…
Quien empujaba hacia la puerta se detuvo, le giró y le tomó por los hombros para obligar a mirarle.
—Le dices tú —comenzó amenazante—, o le digo yo. Decide, lobito.
Harry observaba a Hermione con aburrimiento. Ella estaba leyendo un gran libro sobre viajes de tiempo, pero el primero ya sabía con anticipación que al acabarlo diría que no había nada. Ron simplemente estaba tendido en el sillón principal de la sala común, justo al lado del fuego. Éste tenía mucho frío a pesar del gran sol que había ese día. No sabía por qué, pero simplemente era así.
Escucharon una conversación desde las escaleras. Ahí James venía abrazando fuertemente a Remus por sobre el cuello, incluso parecía que lo obligaba a caminar. El de ojos dorados tenía la cara ruborizada, aunque el trío pudo suponer que era producto de la asfixia que quizás James le provocaba al ir de esa forma. Siguiendo así, llegaron hasta quedar justo frente a Harry, el cual miraba dudoso si acaso el licántropo estaba respirando o no, porque hasta sus normalmente blanquecinas orejas estaban rojas.
James lo soltó ahí y miró a su hijo y Ron.
—¿Me acompañan un poco? —preguntó amablemente el joven. Los chicos no pudieron negarse ante James, ya que los había mirado con fiereza. Al parecer, no había sido una pregunta que tuviera dos respuestas.
Cuando estos se fueron, notaron que estaban completamente solos en aquel lugar. Era extraño que no hubiera nadie más. Si bien era explicable que no hubiera nadie en las habitaciones por aquel clima, lo raro era que a esa hora todos estaban volviendo de las clases. Sin embargo, a la cabeza de Remus vino un recuerdo de una vez en que Sirius había aturdido a la Señora Gorda para que no dejara entrar a nadie cuando Peter fue obligado a declararse. Aquella vez era muy similar a ésa.
Remus estaba nervioso. Le había prometido a James hacerlo sí o sí. No quería romper esa promesa a su amigo, por lo que lo haría. Además, quería intentarlo al menos una vez en su vida, quería saber qué era tener una novia. Debía admitir que sus manos temblaban, que incluso sentía que estaba sudando como si hubiera mil grados de calor. Caminó sigilosamente hasta la mesa donde Hermione se encontraba y llamó su atención carraspeando.
—¿Podemos hablar, Hermione?
La chica alzó la vista del libro para poder mirarle. Asintió regalándole una amistosa sonrisa, pero el semblante serio del chico le causaba curiosidad acerca de lo que le diría. No sospechaba en lo más mínimo. De todas formas se levantó y siguió al chico hasta donde éste se posicionó, cerca de la chimenea. Le miró con el entrecejo fruncido mientras esperaba a que hablara, pero parecía que no lo haría.
—¿Remus?
El licántropo tuvo un sobresalto y le miró. Tragó saliva, no sabía cómo decírselo ni menos cómo comenzar. ¿Qué habría hecho James? ¿Y Peter? ¿Y Sirius…? No, ése último no lo hubiera hecho. Conociéndolo, por mucho que alguien le gustara, jamás se pondría de novio. Unas dos veces había tenido novia, pero los celos y las insistencias de éstas le habían "traumado". Nunca más quiso una; prefería ser libre como el viento, según decía.
Suspiró y lo hizo. Sí. Sabía perfectamente que no saldrían palabras, pero que las acciones muchas veces tenían más significados. Se acercó a ella y, dudando unos fragmentos de segundos, sus manos se acercaron al rostro de la chica y la besó. Su corazón palpitaba fuertemente a medida que sus labios se juntaban. Sabía que si ella se alejaba, sería un golpe muy grande para su corazón.
Hermione estaba impactada, pero no podía negar que aquella sensación producida por las caricias del chico. Le correspondió el beso, olvidando por completo que se había obligado a suprimir los sentimientos que en ella habían florecido un poco más cada vez que estaba en compañía de Remus. Sentía una confusión muy grande, pero sabía que sí gustaba del licántropo. Rodeó su cuello con sus brazos, un tanto temerosa.
—¡Escóndanse!
Harry alzó la vista alarmado ante el grito de Sirius. Había sido obligado a acompañarlos en una broma a Severus. Había visto que ellos llevaban bombas fétidas en sus bolsillos y que cuando le vieron avanzar hacia las mazmorras, las habían levitado hasta que se confundieron en la oscuridad del techo. Le obligaron a esconderse tras una muralla, al parecer un pasadizo secreto.
Tras unos segundos así, escucharon una explosión, seguido de insultos y gritos. Salieron de su escondite y vieron su obra de arte. No sólo estaba ahí Severus, también Regulus Black y Evan Rosier, quienes les miraban enfurecidos por el baño que habían tenido. Los Merodeadores se escaparon rápidamente, pero Severus había logrado detener a Harry, apegándolo fuertemente contra la pared. James y los demás se detuvieron y volvieron por su amigo, sacando las varitas en caso de que sucediera algo.
—Dime, Potter —habló Snape mirándole directamente a los ojos. Regulus y Rosier observaban cómo los demás se acercaban—. ¿Cómo sabías la forma de parar el Sectumsempra?
Después de tanto tiempo, por fin tenía ahí a quien había podido detener el sangrado de James. Y es que había sido imposible el detenerlo si él lo había inventado. ¿Cómo era que se había enterado de eso? No tuvo tiempo de sacar su varita para cuando escuchó la voz de Lily inquiriendo lo que estaba sucediendo. Soltó a Harry y la miró, para luego marcharse del lugar.
—¿Qué es esto? —preguntó Lily notablemente enojada. Su mirada estaba en James—. Me lo prometiste.
—Lily… yo…
—No sé por qué te creí —dijo antes de irse rápidamente.
—¡Lily! —exclamó James completamente asustado. La siguió e intentó detenerla por el brazo.
—Suéltame, James.
Hermione estaba entre los brazos del licántropo, correspondiéndole con aquella misma ternura y timidez. Sin embargo, escuchó un portazo y se alejó. En la puerta de entrada estaba Ron, mirándolos enfurecido. Él no había querido participar en la broma y se había fugado de James hábilmente, sospechando que algo así podría estar pasando. Lo que no sospechaba era que ciertamente sí había sucedido.
—Aléjate de ella, Lupin —masculló sacando la varita y apuntándole.
Como sabrán quienes me siguen en twitter (BiankaBlack paso el aviso xDD) ayer no estuve mucho como para escribir el capítulo. Salí a comprarme un celu nuevo y luego me hacían volver a salir y así xD por eso publico hoy xD pero el capítulo del Domingo va sí o sí, mañana lo escribiré, de hecho, así no me retraso.
Gracias por los comentarios, por los muchos seguidores ;o; me hacen emocionar.
Se me cuidan *-*
Byebye
B!
