Rescate

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Braham leía el texto de Susana, si era cierto, debían irse ya. Ellos ya sabían donde se encontraban, además no necesitaban que los encontraran en la bodega pues no le gustaba la cárcel.

-Eliza- llamo a su prometida que se veía aburrida en ese lugar- tenemos que irnos.

-¿porque? ¿que pasa?- Eliza ya se hacía una idea de que era lo que pasaba.

-Nos han encontrado, debemos irnos- le dijo afligido Braham.

-Bien- contesto Eliza, debía estar de acuerdo con él, pues su trabajo aun no había terminado.

-Leo, John, lleven a mi prometida al auto, ahora los alcanzo-

Ninguno de los tres dijo nada, para contradecirlo. Se acerco a Candy, quien estaba cansada de estar colgando de las manos, le dolían e imaginaba las tenía dañadas pues varias veces se removió para soltarse. Lo quito la venda de los ojos, le costo adaptarse a la pequeña luz que tenía sobre ella.

-Tienes una gran suerte- le dijo, estaba cansada de recibir tantos electrochoques.- Recuerda querida que no debes decir quien te tenía. O ya sabes quien la pagara.

Candy lo miro pero sabía que sería inútil tratar de insultarlo no tenía muchas fuerzas, habían hecho lo posible para debilitarla- No se te hace raro ¿que hallan encontrado tu ubicación?- si se marchaba al menos sembraría la duda en él- Recuerda que los policías no son tan inteligentes como se dicen ser, nunca me han encontrado cuando uso el teléfono. Además Susana, estaba con ellos, si me ha traicionado a mi ¿porque no hacerlo contigo?

Braham quedo pensativo, no creía eso de su socia, pero tenía razón el algo, ella había jurado una vez que nunca le pondría una trampa a Fire, pero lo hizo. ¿Entonces porque no dudar? No había tiempo para eso, debía marcharse ahora.

Le dio tres pequeñas palmadas en su mejilla para despertarla de su aturdimiento, del castigo.- Ya vienen a rescatarte, querida... nos veremos en dos días en el mismo lugar, no faltes.

-Claro encantada iré- dijo con sarcasmo.

Braham volvió a ponerle la venda. Salió del lugar escuchando muy a lo lejos el ruido de las sirenas. Los policías eran unos tontos, si querían hacer una redada o atacarlos por la espalda, lo primero que debían hacer era, no encender sus sirenas, eso solo hacía que las personas como él, huyeran del lugar. Deberían enseñarle esos a los policías, pero son tan tontos y confiados que siempre salen perdiendo.

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Llego al lugar viendo al auto negro alejarse a gran velocidad. ¿Que había pasado? ¿Se la llevarían? Debería averiguarlo. Entro a la bodega, la mayor parte estaba oscura, y solo la rubia estaba iluminada, corrió a ella, para saber que nada malo le habían echo esta vez. Le quito la venda, Candy despejo su cabeza por la luz que la volvió a cegar de nuevo.

-¿Estas bien?- pregunto.

-Es una estúpida pregunta la que haces chispita- ella gruño por el sobrenombre.- Acaso no me ves

Claro que la veía, sus muñecas estaba moradas y rasguñadas de tanto removerse, sus rostro estaba pálido y toda ella estaba mojada, no necesitaba preguntar que le habían hecho, solo basta verla para adivinar.

-Te sacare-

Candy resoplo, ahora no era momento de hacerse el héroe y por mas que quisiera ser desatada, no podía dejarla, se movió para que no la tocara. Chispita la miraba sin entenderla.

-Vete- rodó los ojos, acaso no agradecía que la iba a rescatar y como si hubiera leído su mente le dijo- la policía viene para acá. Ese fue le motivo por le cual Braham y su tonta prometida se han ido.

-Entiendo- pero aun así la iba a desatar.

-No entiendes que no han de tardar en venir- y hablando del rey, las sirenas se escuchaban mas cerca, pero chispita no la dejaría en absoluto- Demonios- grito, le dolía moverse, sus muñecas le faltaba la circulación de la sangre- Escucha Chispa- hablo seria - Si la policía llega y te atrapa, juro que no queras saber el alboroto que se armara en la ciudad cuando te vaya a rescatar. Desearas haberme echo caso, pues sucederán muchas cosas solo para ir por ti.

Sabía que tenía razón, pero no quería dejarla ahí. Se debatía entre hacerle caso o no.

-Sam, es mejor que te vayas, ahora. Yo estaré bien- si por Chispita no entendía pues esperaba que por su nombre si lo hiciera.

-De acuerdo- volvió a subirle la venda. Gruño de fastidió, no podía irse y dejarla sin ese pañuelo que le impedía ver- debo dejarte como te encontré- le dijo a su gruñido.

Los pasos acercando a la bodega, fueron señal de que debía irse ya.

-Vete ahora- susurro. Chispita dio un apretón de mano, antes de salir de la luz e irse, encontrar el auto y marcharse hasta que ella la contactara.

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Albert y Terry iban al frente, los demás rodearon la bodega, pero sin percatarse de la persona de cabello rojo que salía por una de las ventanas, se subía al techo y desparecía por la madrugada fría y oscura.

-Vamos- dijo Albert a Terry. Los dos entraron, observando la bodega abandonada muy oscura, pero de lejos la luz que hacía divisar a una silueta colgando con un vestido y cabello rubio. Neal busco, algún interruptor para iluminar el lugar, hasta que lo encontró. La bodega fue iluminada, los demás agentes, se pusieron en guardia, mientras Ardley y Grandchester se acercaban a la joven colgando. No había señal de que hubiera alguna persona. Cuando estuvieron cerca para divisarla bien, notaron el charco de agua debajo de ella, estaba empapada y titiritaba a cada 10 segundos. Su respiración parecía estar acelerada. Con una señal de Albert, Terry se acerco a ella, conteniendo el aliento de preocupación por su novio.

Candy escuchaba pasos, pero nadie hablaba, como saber si era los bueno o malos. Y todo por la venda en sus ojos, cuando sintió que le retiraban la venda algo de pánico se apodero de su ser. Abrió los ojos lentamente, hasta ver una mata castaña parada frente a ella, suspiro de alivió. Eran los buenos, pero aun así, ¿porque tardaron tanto?

-¿Estas bien?- otro que preguntaba lo mismo, acaso sonreía por estar colgada, claro que no, entonces porque las tontas preguntas.

-Claro, me encanta estar colgando de las manos y las cuales ya no siento - dijo sarcástica .

Terry sonrió, aun tenia ese humor que le gustaba y le alegraba verla con bien. Pero aun así no estaba totalmente seguro, no hasta que los doctores la revisaran.

No tardaron en quitarles la soga que la tenía colgada. Se sentía débil como para pararse y fue un alivió el que los brazos de su novio, secreto, la sostuvieran. La rodeo para no dejarla caer.

-Te tengo- le susurro al oído. Haciéndola sonreír. No entendía como era que Terry sentía atracción por ella, su madre siempre le decía que nadie se fijaría en ella por que fuera linda, sino por el dinero de ellos, sus padres y sabía tenía razón, los tres novios que tuvo, la traicionaron cuando su propia madre les propuso ser sus amantes. Sintió dolor pero no lloraría por ellos, era solo unos tontos codiciosos.

Sin embargo Terry, era diferente, no le interesaba su madre y lo podía notar. Le agradaba, le agradaba la sensación de sentirse segura, amada y correspondida. Rodeo el cuello de Terry para sostenerse e inhalo su aroma, una aroma de hombre, de esos que con solo verlos se moriría o desmayaría. Su aroma era de ciprés, un lejano aroma de cigarrillo y colonia muy suave de alguna marca pero olía bien. Ese aroma la hizo sentirse tranquila en paz.

Terry la tomo en brazos, sosteniéndola fuerte y brindándole calor.

Albert tenía mala noticias, los secuestradores se habían ido, era un dolor en el estomago saber que no pudieron arrestarlo, y seguro su prima ni siquiera los vio, pues tenía los ojos vendados. Lo que si necesitaba saber era que había sucedido. Pero esperaría a que ella se tranquilizara y se sintiera segura.

William observo a su hija salir en los brazos del agente Grandchester, corrió a ellos, aliviado de que no tenía un rasguño y que estaba con bien. También sentía alivio de que los secuestradores no consiguieron su objetivo, pero entendía que volvería a atacar y quizás de forma distinta, pero se aliviaba de saber que las formulas en los discos estaban a salvo. Nadie sospecharía nunca que su propia hija los tenía y que de nada servía secuestrarla pues ni así los obtendrían.

La llevaron a una ambulancia que iba con ellos. Terry la dejo ahí unos instantes mientras iba a con su superior para saber que harían. No podrían encontrar a los culpables de todo, además la oscuridad no ayudaba mucho.

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Candy se sentía rara al ser revisada por los paramedicos, ella tenía su propio doctor, era personal, la última vez que estuvo en un hospital había sido en 5 años. Desde entonces no piso otro de nuevo. Y ser tocada por otras manos en verdad no le agradaba. A lo lejos muy alto, vio una pequeña luz de un auto, sonrió al saber que Sam le había echo caso y se había ido. No quería que ella fuera atrapada, suficiente tenía con sus problemas para agregarle el estrés de ir a salvara su mejor amiga, su hermana. Esa palabra la hacía sentir mal, incluso sintió sus ojos que estaban a punto de llorar. Respiro profundo para no hacerlo.

-¿Donde estas?- susurro a si misma. ¿donde la tienes mamá? Ella en verdad se había esforzado para buscarla llevársela lejos para que no le hicieran daño, pero no la había podido ubicar. Susana Marlow de White era muy buena para esconder las cosas. No lo dudaba.

Albert se acerco a ella. - No estas herida - confirmo. Candy solo asintió.

-Gracias- le dijo- por venirme a salvar.

-No quería que de nuevo volviera a sufrir- Esa oración la dejo perpleja, ¿Acaso sus padres le contaron? ¿porque lo hicieron? Hubiera preferido mantenerlo en secreto como había estado, no quería que nadie se enterara de sus cicatrices de sus golpes que sufrió, como siempre, por sus padres. Agacho la mirada algo nerviosa, pensando que seguro ya sabían lo de Sam también, ese era otro punto. Tampoco le gustaba hablar de ello, pues sabía lo que Sam su pelirroja amiga había sufrido. Acaso nunca en la vida de ambas había algo de felicidad.

Pero entonces observo a su primo, medio sonrió, Albert y Sam hacían una excelente pareja. Quizás solo necesitaban un pequeño empujón, bueno la que lo necesitaba sería su gran amiga.

-Nada se repitió- le dijo, con algo de pesar.

-Los paramedicos te llevaran al hospital para una revisión de rutina

-No- le corto- estoy bien Albert, lo único que necesito es descansar, dormir todo un día entero- le sonrió. Esperando que no la enviaran al hospital, porque entonces su madre lo aprovecharía y ordenaría secuestrarla de nuevo y no quería estar atada, además sus muñecas ya estaban bien, ya no le dolían, solo le dejaron unas marcas que seguro con el tiempo desaparecería.

-Candy...- Albert no estaba muy seguro.

-Albert, por favor, no necesito ir a ningún hospital, no estoy herida, no sangro- las palabras de la rubia removieron el interior de su primo.

-Esta bien, yo no podre llevarte a tu departamento, le diré a uno de los agentes que te acompañe, ¿de acuerdo?- Candy asintió. Rogando porque fuera su novio quien la llevara.

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Albert se acerco a el grupo de agentes que estaban a su cargo, de nada servía buscar, además necesitaban descansar. Hablo con su tío quien al escuchar que su hija estaba bien, pidió que alguien lo llevara a MediLab, suspiro resignado de que su tío era un mal padre. Britter fue quien se lo llevo, lo dejaría en los laboratorios e iría al departamento de para saber como estaban los demás trabajadores y llamaría a su hija para decirle que no iría a dormir.

-Terry- llamo al castaño, llevándoselo alejándose del grupo.-amigo, necesito un favor.

-Dime- Terry nunca le negaría nada a su mejor amigo.

-Lleva a Candy a su departamento, quiere ir a descansar y yo debo ir a la oficina con Britter y saber si el infiltrado ha enviado algo.-

-Claro- Terry no se negó. Por su pecosa haría cualquier cosa.

-Gracias, hermano- agradeció el rubio

-Cuando quieras.

-Agentes, es mejor ir a descansar. Mañana sera un largo día-

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Candy esperaba. Sonrió cuando vio a su novio acercarse a ella.

-El auto esta listo, pequeña pecosa- dijo divertido.

-Engreído- le dijo- deja mi pecas en paz.

Terry solo supo reír. Tomándola del brazo la llevo hasta el auto, abriendo la puerta del copiloto como todo un caballero. Y apresurándose para subir. Arrancando el auto y alejándose de aquel lugar. Candy lo observaba y sin pensarlo dejo caer su cabeza en el hombre de él. Quería sentirlo cerca. Y no dejarlo ir, no todavía. Grandchester sonrió, estaba feliz de saber que su novia estaba bien, sin ninguna herida. La amaba y no sabía cual hubiera sido su reacción si la hubiera visto tan mal.

Al cabo de 10 minutos entraron a la ciudad. Candy no quería separarse de él, no quería ir a su departamento, porque al entrar ahí sabría lo que era y no quería recordarlo todavía. No todavía.

-Terry- tomo su mano que estaba en la palanca de cambios- llévame a tu departamento.

Fue una sorpresa, escuchar eso.-¿Porque?- pregunto

-No quiero sentirme sola hoy, quiero que me acompañes, te he extrañado- le murmuro. Dándole un beso en la mejilla con cariño

-Bien- se dirigió a su departamento. Quería velar sus sueños esta noche.