CAPÍTULO 14: ¿MÁS ADVERTENCIAS?
- No puedo creer la cantidad de trabajos que tenemos que hacer, sin contar con todo lo que debemos estudiar para los exámenes de la semana que viene.- se quejaba Ron.- Y mañana es el partido contra Ravenclaw, creo que voy a pasarme el fin de semana sin dormir.
- Si te hubieras organizado mejor, ya tendrías todos los trabajos hechos.- respondió Hermione, cortante, pues aún seguía molesta con él.
- ¿Ya has hecho el trabajo de Encantamientos? ¿Y el de Pociones?
- Claro. Nos lo mandaron hace días.
- Bueno, el de pociones hace solo dos días.- se defendió Ron.- Pues si ya los has terminado...
- No te los voy a dejar, me niego a que me pongan un Insuficiente porque me copies el trabajo.
- Yo tampoco los he terminado...- intervino Harry, poniendo algo de calma.- Bueno, el de Encantamientos ya casi. No te preocupes, Ron, sacaremos tiempo. Esta noche nos ponemos con ello hasta que los acabemos.
A Hermione le exasperaba cómo sus amigos, especialmente Ron, aún no eran capaces de organizarse para llevar sus trabajos al día. Ella siempre conseguía terminar los trabajos con tiempo, e ir estudiando las asignaturas al día, aunque para ello se obligaba a ser muy constante y quedarse hasta tarde muchos días, mientras que sus amigos entrenaban al Quidditch, jugaban al snap explosivo y otras estupideces, vagueaban por la sala común...
- Me voy a estudiar.- declaró Hermione, cogiendo su libro de Pociones Avanzadas, pues quería resolver un par de dudas y, dado que la primera prueba que tendrían la semana de exámenes era el de Pociones, sabía muy bien a dónde dirigirse.
- ¿Dónde vas?- preguntó Ron.- Ayer no te encontramos en la biblioteca.
Ella no le contestó, pues estaba ya llegando al retrato de la Dama Gorda, y se negaba a darle explicaciones.
De nuevo estaba en las mazmorras, y empezaba a acostumbrarse a aquella dinámica. El profesor parecía haber aceptado el hecho de que ella fuera allí a leer, ya fueran libros de Oclumancia o de otras materias para estudiar, pues disponía de una bibliografía bastante amplia, y Hermione a cambio le ayudaba siempre que podía, aunque le supusiera un esfuerzo adicional sacar tiempo para ayudar al profesor en el laboratorio.
Hermione disfrutaba de la tranquilidad de la biblioteca de Snape. Incluso, como últimamente no había podido evitar pensar, disfrutaba de la compañía de su huraño profesor, pese a que siguiera aprovechando la menor ocasión para burlarse de sus amigos.
En esta ocasión, cuando Snape vio de nuevo que se trataba de ella, no hizo ningún comentario, solo sacudió la cabeza y le señaló la puerta de la biblioteca. Ella le dedicó una sonrisa y fue para allí sin decir nada. Aprovechó un par de horas para estudiar y consultar libros de Pociones mucho mejores que los que podía encontrar en la biblioteca del colegio. Estaba encantada con sus pergaminos llenos de notas y observaciones. Sin duda le serían de gran ayuda para su examen, y había resuelto algunas de sus dudas que el libro de texto no explicaba del todo bien, aunque aún no terminaba de entender una poción que empleaba dos ingredientes si se suponía que eran incompatibles. Esperando no importunar a su profesor, se dispuso a salir de la biblioteca.
Snape estaba hablando visiblemente enfurecido, pero no había nadie más en el despacho. Hermione, sobresaltada, volvió a arrimar la puerta dejando solo un resquicio y echó un vistazo.
- ¿No lo ves, Albus? No puedo ir allí sin un buen motivo. ¿O me ves con cara de ir a tomar el té con el Señor Oscuro cada tarde?
Una voz tenue, apenas audible, salía de algún lugar que Hermione no había identificado aún. Debía ser Dumbledore, pero era incapaz de oír lo que decía.
- Ya, claro, como si fuera tan fácil obtener información.- Snape daba vueltas a grandes zancadas por el despacho.- Lo intentaré Albus, iré allí, pero debemos buscar un buen motivo.
Lo que Dumbledore le dijo a continuación a Snape no debió sentarle muy bien.
- ¡No puedo seguir dándole información y poniendo a más gente en peligro! Y si la información no es relevante y no obtiene nada de ella, de poco servirá.
De nuevo Hermione oía una voz difusa de la que solo captaba alguna palabra inconexa.
- ¿Los Dursley? El Lord no es imbécil, Albus. Si le propongo semejante estupidez me freirá a cruciatus (algo que parece que adora últimamente). Sabes tan bien como yo que en esa casa no encontrará nada de su interés. Y más cuando Potter y sus tíos llevan meses sin pisarla. Tú sigue pensando si hay algún detalle sobre los planes del ministerio respecto a la propuesta de ley de control de cámaras de prófugos, por pequeño que sea, que le pueda interesar y no sepa ya.- se le notaba molesto.- Siempre que con ello no pongamos a nadie en peligro de muerte.- añadió sombrío.
Snape seguía dando vueltas y pasó peligrosamente cerca de la puerta de la biblioteca. Hermione vislumbró un reflejo y pudo escuchar claramente la voz de Dumbledore: "En peligro de muerte estamos todos, Severus." Segundos después, Snape abrió un cajón de su escritorio y lanzó allí lo que parecía ser un espejo, cerrándolo otra vez con enfado.
Hermione se tomó un instante para asimilar la información que había escuchado, y cuando hubo pasado un tiempo prudencial, salió de la biblioteca para preguntarle sus dudas al profesor. Éste se encontraba sentado frente al escritorio, con los brazos apoyados sobre los codos y la cabeza enterrada entre sus manos, que masajeaban ligeramente su cabeza mientras trataba de pensar.
- Profesor, disculpe.- él levantó ligeramente la cabeza y la miró, distraído.- no sé si es el mejor momento, pero tenía un par de dudas de pociones.
Él se tomó su tiempo para contestar. Se notaba que tenía muchas cosas en la cabeza.
- Probablemente no sea el mejor momento, no.
- Oh.- dijo ella con mal disimulada decepción.- Lo siento profesor. No quería importunarlo. Mmmm.- ella dudó antes de seguir.- estaba hablando con Dumbledore, ¿verdad?
Él la taladró con sus ojos oscuros.
- Lo siento. Me pareció oírle hablar con alguien, y sin embargo, no oí ninguna puerta.
- ¿Le pareció oírme hablar con alguien accidentalmente? ¿O es que acaso acostumbra a escuchar conversaciones ajenas?.- en su tono había cierta amenaza implícita.
- Profesor, si le soy sincera...- Hermione había decidido que no quería mentirle ni buscar excusas, él lo sabría fácilmente si trataba de engañarle.- iba a salir a preguntarle mis dudas cuando le vi dando vueltas por el despacho manteniendo una conversación con un interlocutor ausente por algún medio mágico, y escuché parte de su conversación. Lo siento, sé que no debí escucharlo.
Snape entrecerró los ojos mirando a su alumna y valorando cómo tomarse aquello.
- No vuelva a hacerlo, Granger.- su tono seguía siendo firme, y Hermione asintió ante su mirada, pero ella se dio cuenta que empezaba a detectar nuevos matices en la voz de su profesor, y le pareció que a ella solía tratarla con algo más de indulgencia.- Al menos ha sido sincera, algo que sus amiguitos deberían aprender. Como Potter, cuando me robaba ingredientes y branquialgas del almacén y luego lo negaba.
- Bueno, profesor, a decir verdad... Los ingredientes para preparar la poción multijugos hace 5 años se los robé yo. Y las branquialgas debió tomarlas Dobby, el elfo doméstico que siempre ha intentado proteger a Harry, porque se las dio él.
- De modo que usted, ¿eh? No está arreglándolo, parece que quiere seguir cavando su propio hoyo. Y encima pretende que la ayude con sus dudas.
- Vamos, profesor, usted mismo dijo que no podía castigarme por cosas de hace cinco años. El delito ha prescrito, ¿no cree?.- dijo ella con una tímida sonrisa.- y si se lo cuento es para que no piense tan mal de Harry, de verdad que él no merece que usted lo odie así.- Ante ese último comentario Snape hizo un gesto de desagrado.- Además, ¿qué haría? ¿Castigarme a ayudarlo en su laboratorio como la última vez? No necesita castigarme para eso, sabe que lo hago encantada.
Para sorpresa y satisfacción de Hermione, Snape pareció quedarse sin palabras por primera vez que ella recordara, dándose cuenta de que tenía razón.
- Bueno, debería irme. Estaba usted ocupado.
- Granger, ¿acaso cree que con sus interrupciones me resulta sencillo seguir con mis... asuntos? Déjelo, prefiero que me pregunte lo que tenga que preguntar. Sé que tarde o temprano tendré que responderla, es una cabezota y no me dejará en paz hasta que lo haga.
Estuvieron unos minutos resolviendo las dudas de Hermione. Aprendió mucho sobre como cambiaban las incompatibilidades de los ingredientes en función de los ciclos lunares, verdaderamente cuando no había Gryffindors o Slytherins peleando alrededor, Snape explicaba muy bien. Enseñaba con pasión y se notaba que le gustaban las pociones. Pero en clase todo aquello quedaba en un segundo plano, pues los alumnos percibían por encima de todo aquello una intimidadora y fría disciplina.
- ¿Tiene alguna pregunta más, señorita Granger?
- Creo que no, muchas gracias, profesor.- recogió sus notas y las guardó en su mochila.
- Bien, pues si ya hemos terminado porque no tiene más preguntas...
- Bueno, la verdad es que si tengo una pregunta, pero... bueno...
- ¿Y bien?
- Profesor, ¿cómo está?
- ¿Cómo dice, Granger?.- preguntó Snape sorprendido.
- Bueno, pues... que antes, cuando les oí accidentalmente a Dumbledore y usted, parecía muy frustrado... preocupado quizá.
- Granger, eso no es asunto suyo.- respondió tajantemente.
- Lo sé, profesor. Pero... yo solo... si hay algo en que pueda ayudarle...
- No Granger, déjelo. Y váyase. Si tengo más sobrecarga con las pociones ya la avisaré. Ahora lo que necesito es poner mis ideas en orden y que me dejen en paz.
Pese a lo antipático que solía resultar el profesor, ella no era de las que se rendían fácilmente.
- ¿Va a ir a ver a Voldemort?.- preguntó ella abruptamente.
- ¡Granger! Deje ya de hacerme preguntas. Ya le he dicho que esto no la incumbe.- empezaba a enfadarse de verdad, pero a ella no le importó.
- Eso es que sí, ¿no profesor?
- ¿Qué le importa a usted todo esto? ¡No lo entiendo! Ya le he dicho que se vaya, ¿voy a tener que maldecirla para que lo haga?
- No, señor. Tan solo... por favor, tenga mucho cuidado.- Snape no entendía a qué venía todo eso.- Si tiene que ir allí... Por favor, tenga cuidado.- repitió Hermione.
- Granger, ¿qué...?.- el profesor tomó aire.- No la tengo por una estúpida, y usted sabe de mi misión en todo esto. ¿Cree que debo temer lo que pueda pasar cada vez que cumplo con mi papel? ¿Qué me da miedo presentarme ante el Lord?
- Sé que usted no le tiene ningún miedo, pero...bueno... yo sí. Solo... no sé, la idea de que usted vaya así ante él como si nada... Que esté dispuesto a que puedan lanzarle algunos cruciatus y le parezca lo más normal del mundo...
- Granger, no sé por quién me toma, pero me temo que este es mi día a día. Está diciendo tonterías, y... no quiero tenerla detrás de mí preocupándose, nunca he pretendido que nadie se preocupe por mí. Hágame un favor y váyase de una vez.
- Le guste o no, no puedo evitar preocuparme. Y usted sigue siendo un cabezota tratando de alejar a todo el mundo.- Desde aquella extraña e íntima conversación, Hermione no podía evitar pensar en todo el peso que Snape cargaba sobre sus hombros.- Seguro que Dumbledore también se preocupa por usted, y...
- Si, claro. El encantador profesor Dumbledore se preocupa muchísimo por mí, por eso trata de facilitarme al máximo todas mis misiones, y jamás me presiona para obtener información.- interrumpió Snape, con resquemor.- Siento decirla que tienen muy idealizado a Dumbledore, pero es tan manipulador como el mejor de los Slytherin.
Hermione se sintió muy impactada con las duras palabras de Snape.
- No debí decir eso, discúlpeme, señorita Granger. Es muy poco cortés desacreditar a uno de mis colegas, y más cuando no está delante. Supongo que Dumbledore solo intenta ver las cosas en un sentido más amplio, y velar por el bien mayor... aunque eso siempre nos perjudique a los.- dudó un segundo.- A unos pocos.- se corrigió justo a tiempo de decir "a los mismos".
- No se preocupe. Supongo que tiene que aguantar muchas frustraciones y... llega un punto en el que estalla por algún lado. Es normal, a todos nos pasa.
Aquella chiquilla lo descolocaba. Le desquiciaba, era tan insufrible, siempre dándole lecciones. Él era un experto oclumántico y ella osaba sermonearle acerca de gestión emocional.- No te resulta tan insufrible y lo sabes.- dijo una voz en su cabeza. Al fin y al cabo, había que reconocer que tenía razón. Tal vez negar toda emoción y reprimirlas no era la mejor manera de gestionarlas, aunque era la única que sabía.- Ella solo se preocupa por ti.- Aquello sí que lo descolocaba por completo. Su actitud hacia él era tan desconcertante que todas esas extrañas conversaciones deberían resultarle incómodas y desquiciantes, y a veces así era, pero también sentía una calidez en el pecho, un sentimiento poco común de confianza y sentirse a gusto con alguien. Seguía diciéndose que todo aquello era una estupidez y que lo mejor sería alejarla y ser desagradable con ella hasta ganarse su desprecio, y a veces así lo intentaba. Pero otras veces... Se daba cuenta de que otra parte de él no quería alejarla.
- Bueno... debería irse, señorita Granger. Seguro que tiene mucho que estudiar, y mañana hay partido de Quidditch.
Hermione había valorado seriamente no ir a los partidos, de hecho si no jugaba Gryffindor ni se lo planteaba. Pero casi todo el colegio en pleno acudía, y tres de sus mejores amigos estarían dándolo todo en el campo. De modo que su profesor tenía razón, debía aprovechar lo que quedaba de día para estudiar al máximo.
- Si, profesor. Gracias por resolver mis dudas de pociones.
Se acercó a la puerta, pero antes de alcanzarla, el profesor la llamó.
- Granger.- ella volteó la cabeza.- Gracias por preocuparse por mí.
Su semblante era serio, pero Hermione pensó que aquellos ojos negros nunca le habían resultado tan llenos de luz.
Con una extraña sensación interna, salió del despacho y vagó por las mazmorras distraídamente, encaminándose hacia el pasillo principal que llevaba directamente a unas escaleras que iban a parar al vestíbulo de Hogwarts. Iba perdida en sus pensamientos cuando de pronto chocó con un par de personas y trastabilló.
- Mira por dónde vas, sangresucia.- escupió Crabbe.- ¿o estás buscando problemas?.- dijo él sacando la varita.
Hermione sacó también la suya, pero Malfoy les interrumpió.
- Vamos Crabbe, no pierdas el tiempo con ella, no merece la pena, y llegarás tarde al castigo con McGonagall. Si te retrasas, esa arpía te dejará castigado hasta final de curso.
Crabbe se sobresaltó al mirar la hora que era. Tendría que correr para llegar a tiempo.
- Yo me encargo.- dijo Malfoy maliciosamente, mientras su amigo se alejaba.
- Déjame en paz si no quieres que te maldiga, Malfoy.- le espetó ella, pero él le había agarrado del brazo.
- ¿Qué haces aquí abajo tú sola, Granger?
- Eso no es asunto tuyo.
Unas voces y una risotada grotesca se oían por el pasillo. Draco Malfoy golpeó con la varita un candelabro y de pronto un trozo de la pared se entreabrió. Arrastró por allí a Hermione, que hubiera gritado de no ser porque la había tapado la boca con la otra mano. De pronto se vio al otro lado de la pared en un estrecho y oscuro corredor, donde Malfoy la tenía atrapada entre su cuerpo y el muro de piedra.
- No grites.- la susurró al oído, y suavizó un poco el agarre.
Al otro lado de la pared, Hermione pudo escuchar con claridad a Goyle y su estúpida risa, y otra voz que si estaba en lo cierto pertenecía a Nott. Al parecer se reían de haberle destrozado la cámara de fotos a Dennis Creevey.
- ¿Qué crees que estás haciendo, Malfoy?.- dijo Hermione enfurecida, sacudiendo su brazo y liberándose de su agarre. Él no se lo impidió, pero no se retiró. Seguía teniéndola acorralada contra el muro.
- Al parecer, evitar que cometas alguna estupidez como la del puñetazo del otro día.
- No eres quién para sermonearme, y estaría encantada de darte otro a ti, por los viejos tiempos.- le recordó ella, amenazadora.
- No es necesario, lo recuerdo bien, Granger. Pero deberías andarte con más cuidado. Te aseguro que Goyle no es tan benevolente como yo.- ¿Acaso Malfoy intentaba advertirla? ¿Se lo había imaginado, o había notado en su voz una ligera preocupación? Por un instante le recordó a Snape, que trató de advertirle lo mismo.
Malfoy seguía allí, y tenía un brazo contra la pared, evitando que ella escapara. Sin embargo, no parecía querer hacerla ningún daño. Su actitud era de lo más extraña.
- No deberías andar por las mazmorras tú sola, podrían pasarte cosas terribles.- Su tono de voz era casi sugerente.
- ¡Por Merlín!, ¿qué estaba pasando?- su cabeza le gritaba internamente que saliera de allí, pero ella estaba paralizada.- ¿Acaso Malfoy estaba...coqueteando con ella? Eso era casi más aterrador que sus desprecios e insultos.
Le costaba verle con claridad en aquella semioscuridad, pero su mirada sobre ella era intensa, y casi podía notar su aliento sobre ella, tan cerca, como si fuera a besarla...
De pronto la pared volvió a abrirse y una figura vestida de negro los observó con sorpresa. Snape había salido de su despacho para dirigirse por uno de los pasadizos del colegio hacia la primera planta para hablar con McGonagall, y no esperaba encontrarse a nadie en aquel pasadizo.
- ¡Profesor!.- exclamó Draco.
- Malfoy, Granger.- siseó.- ¿Qué hacen aquí? Señor Malfoy, salga de aquí ahora mismo. Y usted, Granger, ¿acaso viene a las mazmorras a agredir a otro de mis estudiantes?
Draco se escabulló de allí velozmente. Hermione estaba colorada y sorprendida por la surrealista situación. Ahora se encontraba en el mismo pasadizo, acompañada de su profesor, que la increpaba.
- Creí haberla advertido que tuviera cuidado con los estudiantes de Slytherin. ¡Es una inconsciente!
- Yo solo... no sé ni qué pasó, pero creo que Malfoy trataba de advertirme. Disuadió a Crabbe de enfrentarse conmigo.
- ¿Y esta es su manera de agradecerle? Se ha tomado demasiado literalmente mi sugerencia de darle otra oportunidad al señor Malfoy.- espetó él.
- ¿Cómo dice?.- Hermione no podía creer cómo Snape pensaba algo así.- No sé qué insinúa, pero está muy equivocado. Y si me disculpa, creo que debería irme.- se giró hacia el muro.- ¿Cómo se abre este dichoso pasadizo?.- dijo golpeando la pared.
Snape no dijo nada, solo la taladró con su oscura mirada y empujó un ladrillo de piedra hacia dentro, que hizo que la pared volviera a abrirse. Hermione lo miró ofendida y salió de allí.
Pasó el resto del día confundida, pensando en Snape y en Malfoy. Habían pasado muchas cosas aquella tarde, no podía evitar preocuparse por Snape, y más desde que sabían que Voldemort, aunque el profeta lo ocultara, estaba moviéndose para obtener información y liquidar a aquellos que se interpusieran en su camino. Al final el profesor le había dado las gracias. Hermione se sentía a gusto en su presencia, y no era tonta. Empezaba a darse cuenta de que ansiaba los momentos en que pudiera ayudarle con las pociones, preguntarle sus dudas sobre cualquier tema. Pero prefería no pensar en aquello. Probablemente todo se debiera a que su perspectiva sobre él había cambiado, ahora que sabía de su misión como espía, y sus ansias de conocimiento y su curiosidad lo convertían en algo nuevo que analizar. Simplemente tenía curiosidad, sí, eso era todo.
Por otro lado, ¿qué pasaba con Malfoy? Su actitud era tan insólita que no sabía qué pensar. No hacía tanto que la había tirado encima un ingrediente altamente corrosivo que había quemado su piel en clase de pociones y la había hecho no terminar su poción a tiempo. Entonces parecía haber disfrutado con aquello sin ningún remordimiento. Y ahora, ¿acaso trataba de protegerla? La forma en que la había acorralado en aquel pasadizo tampoco entendía a qué venía. Por fortuna, Snape había aparecido en aquel momento. Aunque el hombre se había puesto hecho una furia...
Decidió dejar esos pensamientos a un lado. Más le valía aprovechar lo que quedaba de día para estudiar.
A la mañana siguiente, Hermione madrugó de nuevo para seguir con sus estudios, y se encontró con Harry que estaba en la Sala Común terminando un trabajo.
- Qué madrugador, me sorprende verte aquí.
- Bueno, Herms, si no termino este trabajo, no sé cuándo voy a hacerlo. Anoche tuve que dejarlo, agotado, pero ya casi está.
- Jamás os he visto levantaros tan pronto un día de partido. Imagino que Ron sigue en la cama, ¿no?
- Bueno, iba a bajar a terminar el trabajo conmigo. Pero está nervioso por el partido. No para de dar vueltas por el dormitorio.
- Ya, entiendo.- dijo ella secamente.- Bueno, no te distraigo más. Date prisa, Harry, en una hora es el desayuno.
El colegio casi al completo estaba reunido en las gradas. Hermione se sentaba con Neville y Luna. Ella aseguraba que ganase quién ganase, estaría contenta, pues si ganaba Ravenclaw lo celebraría con su casa, y si perdía, tres de sus amigos estaban en el equipo contrario, así que se alegraría con ellos. Unas gradas más abajo Colin Creevey trataba de consolar a su hermano pequeño, dejándole su cámara para que pudiera fotografiar a Harry y al resto del equipo.
En la casa Gryffindor empezaban a preocuparse un poco. El marcador señalaba 100-30 a favor de Ravenclaw. Se notaba que Ron estaba nervioso, pensó Hermione, pues había fallado algunos tantos terribles. Aunque acababa de hacerle una buena parada a Lisa, y parecía recobrar algo de confianza. Por suerte el nuevo buscador de Ravenclaw era bastante novato, ya que la anterior buscadora, Cho Chang, se había graduado el año anterior. Gryffindor aún tenía buenas posibilidades, pues aunque el nuevo buscador de Ravenclaw era un muchacho ágil y ligero de cuarto curso que había mostrado una gran habilidad en las pruebas, no podía compararse con Harry Potter.
Ravenclaw tenía de nuevo la posesión de la quaffle, pero una bludger pasó peligrosamente cerca de Lisa, que tuvo que virar bruscamente, y Ginny aprovechó para quitarle la pelota con una habilidad excepcional. De dirigió como una bala hacia los aros de Ravenclaw, pasando el balón momentáneamente a otros de sus compañeros y rematando la jugada con un tiro certero.
- ¡Gol de Gryffindor!.- Por el estadio se oyeron vítores a la vez que decenas de leones ondeaban en las banderas rojas y doradas de las gradas.
De pronto los gritos cesaron y se oyó una gran exclamación. Harry se había lanzado en picado. El joven buscador de Ravenclaw se apresuró a seguirlo, y como estaba mejor posicionado, se puso en cabeza.
La snitch giró haciendo zigzags en el aire, y Harry no dudó ni un segundo en seguirla, sorteando jugadores, mientras que el buscador azul reaccionó más torpemente y casi es golpeado por una bludger. Breves minutos después, la agónica carrera terminó con una gran ovación del equipo rojo y dorado.
- ¡Gryffindor gana!
Ron fue el primero en abalanzarse sobre Harry con un gran abrazo, seguido de su hermana pequeña, que le apartó con un codazo y le dio un beso en la mejilla a su chico.
Lisa acababa de bajar de la escoba y se acercó a darles la enhorabuena con deportividad. Estrechó la mano de Harry, como capitán del equipo contrario, y le dirigió una mirada de soslayo a Ron.
- ¡Parece que he ganado la apuesta!.- gritó él, mientras ella se alejaba.
