HOLAAAA... YA ESTOY AQUÍ!

Hoy, primera "pijamada" en la casa Cullen. Una gran forma de unir lazos y que su amistad se afiance.

Poco a poco, todos, irán descubriéndose entre ellos a base de pequeños detalles.

Veremos a ver que pasa en su visita...

DISFRUTAR EL CAPI...

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CAPÍTULO 12


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Alice ya estaba nerviosa por la llegada de Bella. Tenía todo el fin de semana planeado al milímetro; por lo que la llamó para meterle prisa.

- Alice – la llamó Jasper – No quiero incordiarte, pero… - Suspiró ante la mirada refunfuñona de su esposa – Tienes muchos planes con Bella, y ella… no creo que tenga pensado pasarse todo el fin de semana exclusivamente contigo.

- En esto tienes razón, Jasper – Añadió Rose, entrando en la sala. - Todos queremos pasar tiempo con Bella. - La rubia alzó las cejas directamente hacía Alice.

- ¡Ya lo sé! - Contestó Alice malhumorada – No pretendo monopolizarla. Es su primer fin de semana aquí, en casa, y ya tenía en cuenta que quiera pasar tiempo con todos.

Aunque no mentía, realmente Alice sí que tenía planeado mantener "secuestrada" a Bella para ella sola más tiempo del que veía, le iba a ser destinado.

- Además… tenemos cierto hermano que está incluso más nervioso que tú, por la visita – Jasper sonrió pícaro. Él había captado los sentimientos de Edward desde hacía horas; el cual mandaba oleadas de nerviosismo y entusiasmo.

Alice rodó los ojos, con cierta molestia.

En esas, Edward bajó las escaleras con una sonrisa tensa en la cara.

- Bella está llegando – Anunció.

- ¡Chicos! Todos en sus papeles. - Alzó la voz Alice.

Habían estado hablando de su interpretación durante las horas que Bella conviviría con ellos. Debían evitar que ella pudiese notar más diferencias.

Emmet y Jasper pusieron la video consola. Rose y Alice comenzaron a mirar páginas web. Esme estaba en la cocina, preparando una cena "humana" y Edward se sentó al piano.

- ¿Al piano? - Le preguntó Rose con una sonrisita.

- Sí. Quiero que sea conocedora de que sé tocar. - Informó muy seguro de sí mismo.

- Eso es nuevo hermano – Contestó Emmet sorprendido. - Nunca les dices a tus conquistas que sabes tocar y componer. - Jasper miró hacía Emmet, indicándole que Bella no era una conquista más.

- ¡Vaya, vaya… hermanito! - Canturreó Rose – Que callado te lo tenías.

- No sé a que os referís… - Contestó desdeñoso Edward. - Simplemente quiero impresionarla. - Edward adquirió una postura correcta frente al piano, y comenzó a interpretar.

Las notas inundaron la sala, justo en el momento en que el timbre sonó:

Bella estaba aquí. En la Mansión Cullen.

Cuando Bella apagó el motor del todo terreno, inhaló aire varias veces, intentando controlar sus nervios. No era la primera vez que había dormido en casa de una amiga, pero esta vez era muy diferente. Ellos, eran "diferentes".

Y tampoco había dormido en casa del chico que le gustaba.

"Bueno… de uno de ellos…" Pensó con cierta picardía.

Esme fue la encargada de recibirla.

- Hola cariño – La saludó cariñosa, abrazándola. - Qué bien que ya estés aquí. ¿Has llegado bien?

- Gracias Esme… Sí. No he tenido problema – Sonrió agradecida por el recibimiento.

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En cuanto cruzó la puerta, escuchó la dulce sinfonía que creía reconocer de Debussy; no imaginaba que a los chicos les gustase escuchar ese tipo de música.

- Pasa, los chicos están en el salón, esperándote impacientes – Sonrió maternal – Carlisle llegará a la noche, hoy tenía turno en el hospital. - Bella asintió con una gran sonrisa en el rostro.

- ¡Bella! - Alice fue la primera en "verla" - Ven, pasa… - Alice se levantó de al lado de su hermana para saludar a Bella con dos besos.

- Hola Alice… - Bella alzó su mano donde cargaba una mochila. - ¿Dónde dejo esto? - Alice la miró pestañeando, sin entender – Es ropa de recambio, y cosas de aseo… ¿Voy a dormir aquí, en sofá… o… me tenéis una habitación? - Bella rodó los ojos, riéndose.

- ¡Oh, claro! - Alice tuvo un fallo técnico; con Bella era fácil olvidar que era humana y no una de los suyos - Pero… no hacía falta que trajeses nada. Nosotras tenemos mucho de todo – Sonrió cual niña pequeña. - Para otra vez, no hace falta que traigas nada – la reprendió dulcemente – Ya te tenía preparado un pijama y demás. - Bella inclinó los hombros, restándole importancia.

- Trae Bella, yo lo subiré a tu habitación. Luego te indicaran las chicas donde dormirás, ahora pasa y saluda a todos. - Esme tan gentil y maternal como siempre. Bella le agradeció el gesto con una enorme y sincera sonrisa.

Alice empujó por la espalda a Bella para que entrara en el salón, donde el resto de los chicos la esperaban.

Dio un ligero vistazo a la sala, y una vez recuperada del pasmo inicial al ver la exquisita y cara decoración, pudo comprobar de donde provenía la música.

Si era Debussy, estaba segura… pero no era el propio compositor quien la interpretaba en un reproductor de CD's como imaginó, si no que era Edward quien lo hacía.

Sus ojos se abrieron como platos por la impresión; notando como sus latidos se enloquecían al contemplar semejante imagen.

Si siempre estaba perfecto, en ese momento, sentado al piano concentrado en su magistral interpretación, estaba impresionante; deslumbrante; enloquecedor.

"Creo que la as impresionado de más… Se le va a salir el corazón del pecho, ¡jajaja!"

Pensó Rose, escondiendo la risa.

Todos fueron conscientes del cambio en los latidos del corazón de la humana. Pero había uno más pendiente de esos cambios que el resto; por lo que no necesitó el pensamiento de su hermana.

Edward sentía su propio orgullo y satisfacción crecer dentro de él; los latidos de Bella eran música para sus oídos, ya que su propósito de impresionarla había salido a la perfección.

"¡Vaya…! ¿Así que era él quien tocaba? ¡Dios…! Es la perfección hecha hombre… ¡Uf!"

Bella estaba tranquila, por lo que sus pensamientos, o algunos de ellos, entraban con agrado en la mente del vampiro.

Todos saludaron a Bella, diciéndole las típicas frases de bienvenida; todos menos Edward que seguía tocando.

Cuando la composición llegó a su fin, se levantó con su habitual elegancia y se acercó a Bella.

- Hola, Bella… Bienvenida a nuestra casa – Le sonrió, deslumbrándola - ¿Te gusta Debussy? - Bella asintió; aún no era capaz de hablar con normalidad – A mí también. Es uno de mis compositores favoritos.

- El mío también – Susurró; el asintió de vuelta, aún con la sonrisa tatuada en el rostro.

Emmet y Jasper, para continuar con su papel, comenzaron otra vez a jugar a la video consola.

- ¿Te gustaría que volviese a tocar? - Le preguntó Edward. Su tono tenía un trasfondo de picardía arrolladora. Bella lo captó al instante, coloreándosele las mejillas.

- Sí… me encantaría.

- Bella, Rose y yo estábamos ojeando unas páginas. Ven, únete.

Bella se había obligado a despegar la vista de Edward, antes de quedar en evidencia, y había posado los ojos en la gigantesca pantalla plana donde Emmet y Jasper jugaban.

- ¡Ey! ¿Ese es el nuevo video juego de Resident Evil*? - Preguntó una vez su sentido de la vista había vuelto a su ser.

*Videojuego muy conocido de matar zombies; hubo películas sobre él.

- Sí. ¿Lo conoces? - Preguntó extrañado Emmet; incluso Jasper se giró hacía ella.

- ¡Ajá! ¡Me encanta…! - Bella se acercó al sofá donde estaban sentados los dos chicos.

Ellos, encantados, le hicieron sitio para que tomara asiento.

- Hacía mucho tiempo que no lo veía. Además tenéis la versión nueva, la multijugador… ¡Es una pasada! - Decía maravillada sin apartar la vista de la pantalla. - Los gráficos son alucinantes.

Edward, que no había parado de tocar, estaba pendiente al extremo de todo lo que hacía Bella, por lo que le extrañó la tremenda ilusión que le hizo a la chica ver el juego.

En vez de sentarse con las chicas a mirar páginas de moda, ella se había acercado donde sus hermanos jugaban, mostrando su conocimiento sobre el juego en cuestión.

- Así que… ¿sabes jugar? - Le preguntó Jasper.

- ¡Por puesto!… Ya te digo que me encanta. - Bella se mordió el labio; estaba como loca por que la dejasen jugar.

- ¿Quieres jugar? - El corazón de Bella dio un repique.

- Yo… - Suspiró intentando esconder su creciente emoción. - Estáis jugando vosotros… - Miró hacía Emmet y Jasper con ojos piadosos.

Aunque estaba muerta por participar en la partida, no quería ser maleducada echando a uno de los chicos de su partida.

Ella era generosa. Rasgo que todos los Cullen comprobaron satisfechos.

- Tranquila… yo me iba a quitar ya. - Comentó Jasper. Por supuesto era mentira, pero esa chica había echo mella hasta en él; el cual era el que menos tratos hacía con humanos de los Cullen. Pero Bella tenía algo que le hacía ser compasivo y cercano a ella. - Sigue tú jugando con Emmet. - Le sonrió instándole confianza.

- Bueno… si no te estoy echando… - Bella se mordió el labio mostrando su timidez.

Jasper se levantó y con un movimiento de su mano, le indico que se sentase y ocupase su lugar. Le tendió el mando y ella lo aceptó más que encantada.

Bella le lanzó una mirada cómplice a Emmet:

- Prepárate… Espero que estés a la altura de ser mi compañero. - Le soltó pagada de si misma.

- No te haces una idea – Le contestó socarrón.

- ¡Joder! El asiento está helado… ¿Cómo puede ser? ¿Qué es lo que pasa con ellos para estar tan fríos? -

El pensamiento de Bella entró directo a la mente de Edward haciéndolo tensarse.

Era obvio que ella notaría diferencias entre ellos y el resto de mortales; sobre todo el tema de su temperatura.

Pero que Bella le diese tantas vueltas al asunto no le gustaba, ya que eso podría desatar su curiosidad y estar pendiente de más diferencias.

- ¿En serio vas a ponerte a jugar a la video consola con Emmet? - Alice no daba crédito.

Edward tuvo que hacer grandes esfuerzos para no echarse a reír. Veía en la mente de su hermana como sus planes con Bella se desmoronaban.

- Solo será un ratito… - Bella le puso pucheros, desarmando completamente a Alice.

- ¡Vaaaleee! - Concedió la duendecillo. - Pero solo un rato, ¿eh? Emmet puede tenerte ahí liada durante horas.

Bella ya no escuchaba nada que no fuese el video juego. Estaba completamente concentrada en él, dándole instrucciones a Emmet cual general.

Emmet estaba pletórico. Había encontrado una compañera de "batallas" que con sus limitaciones, le hacía competencia.

Era una novedad tener a alguien nuevo, siendo chica y humana, con quien jugar y gastar bromas. Por lo que cumplía las instrucciones, muy bien dadas por cierto, de Bella en el juego.

Dos horas después de gritos, vítores y saltos en el sofá, acompañados de risas, Bella pidió una pausa.

- Tengo que ir al baño – Se excusó.

- Entonces yo, aprovecharé a ir también… Llevo rato aguantándome – Rió Emmet, el cual estuvo rápido y certero. Bella asintió riéndose.

Bella se quedó en el salón parada, esperando que le diesen alguna indicación. No iba a andar abriendo puertas al azar hasta encontrar el aseo.

Se mordió el labio y sus pulsaciones aumentaron. Eso alerto a Emmet.

- Ven… te acompañaré hasta el baño. - Le dijo, a lo que Bella le regaló una sonrisa de agradecimiento.

Ambos desparecieron de la sala, mientras Emmet con gran paciencia subía al paso de Bella hasta la segunda planta.

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- ¿Quien diría que Emmet tendría semejante tacto con una chica… y humana? - Rose estaba completamente asombrada. - Si no lo conociese, estaría celosa – Sacó la lengua en un gesto muy de Alice.

- No debes estarlo para nada. - Sentenció Alice, haciendo girar la cabeza a Edward. - Ella tiene sus miras puestas en otro Cullen – Alice miró fija e intencionadamente hacía su hermano, el cual le dedicó una sonrisa torcida.

Cuando acabó en el baño, bajó otra vez a la sala, admirando la casa de los Cullen.

Al volver al salón, tuvo que dejar de jugar ya que no era justo que se hipnotizara con el video juego dejando de lado al resto.

- ¿Qué tal si jugamos a algo todos juntos? - Sugirió.

- ¿No seguimos la partida? - Lloriqueó Emmet ganándose una mirada envenenada por parte de Alice.

-Podemos jugar un poco mañana antes de que me vaya – Le propuso Bella – Pero ahora tenemos que hacer algo todos juntos.

Al final se decidieron por un juego de mesa. Entre Alice y Edward prepararon la gran mesa del salón y Rose trajo chucherías para picar.

Aunque no eran los planes de Alice, debía reconocer que estaban pasando un rato de lo más divertido. Bella estaba disfrutando de lo lindo entre todos.

Esos ratos, los ayudaban a conocerse mejor entre ellos. Sus atributos, sus gustos, sus formas estando relajados y sin prisas… Aunque los Cullen debían disimular, también ellos se dejaban conocer por la chica.

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Carlisle llegó de trabajar, y siguiendo su fachada de familia "normal", subió a asearse y Esme avisó a los chicos de que fuesen recogiendo ya que la cena estaba lista.

Carlisle pasó por el salón a saludarlos y tuvo que reconocer que la estampa de ver a sus "hijos" jugando tan entretenidos, tan humanos, con Bella, le gustó sobremanera.

En las pocas semanas que la chica llevaba en sus vidas, había ejercido cierta influencia en ellos: Sus gestos, sus formas… eran más humanizadas.

- Veo que lo pasáis estupendamente – Les comentó muy sonriente. - Se oyen vuestros gritos desde el pueblo, ¡jaja! - Se carcajeó.

- Emmet… es un tramposo – Soltó Bella, escondiendo una sonrisita traviesa.

- ¡Eso es mentira! - Refunfuñó el nombrado.

- Creo que Emmet ha encontrado una gran compañera de juegos. - Carlisle se acercó y le dedicó una caricia a Bella a modo de saludo más personal. - Me encanta verte por aquí, cielo. - Bella enrojeció al instante y sonrió asintiendo.

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La única parte que no les gustó a los Cullen, fue el tema "comidas". Aunque disimulaban muy bien, algún que otro bocado debían tragar ya que Bella los miraba y debían seguir la farsa.

- Chicas, ¿qué os parece si hacemos una sesión de estética? - Propuso Alice. Intentó sonar animada, pero viendo como Bella había disfrutado con Emmet, tenía sus dudas sobre que a Bella le gustase el tema "cremitas".

- ¡Claro! ¡Eso suena genial! - Exclamó Bella entusiasmada. Alice tuvo que controlar sus formas vampíricas, ya que comenzó a dar saltos y palmas exaltada.

- Rose… vamos a bajar las cosas. Bella, ven, te enseñaremos tu habitación, y así te lavas los dientes.

Las chicas le enseñaron a Bella su habitación. Que estaba justamente enfrente de la de Edward.

Esme, como ya tenía pensado invitar a Bella y sabía por Carlisle de la maratón de pesca de Charlie, acondicionó esa habitación, la cual estaba puesta como una sala de estar, para que pareciese una habitación de invitados. Con la ayuda de Emmet, acondicionaron un baño, para que así la chica tuviese privacidad.

- ¡Guauuu! Es preciosa – Bella se quedó alucinada cuando vio la habitación.

- Me alegro de que te guste. Tienes ahí tu mochila. Aquella puerta de ahí, es el baño. - Alice fue señalándole – Nosotras vamos a asearnos también y recoger las cosas. Ponte el pijama. Cuando acabes, baja al salón. Allí estaremos más cómodas.

- Perfecto. ¿Necesitáis que os ayude a algo? - Bella no quería ser una carga,ni suponer una molestia. Además, se sentía tan cómoda, que no le importaba ayudarlas a lo que fuese.

- No, gracias… Hoy es tu primera noche aquí, así que disfruta de los privilegios como invitada. La próxima vez, ya no los tendrás – Rose le guiñó un ojo, complacida por la cara de satisfacción de la humana, adivinando por sus palabras, que habría próximas veces.

Al cabo de un rato, una vez los dientes lavados y puesto el pijama, Bella salía de su habitación y observó la puerta de enfrente abierta. No había mucha distancia entre la suya y esta, por lo que pudo ver el interior sin problemas, descubriendo a Edward dentro.

Su pulso se disparó por arte de magia.

"Esa… ¿Es la habitación de Edward? ¡Joder… justo enfrente de la mía! Ummm… Esto podría ponerse interesante (jajaja)"

Los pensamientos de Bella, entraron en la mente de Edward, alegrándole el momento.

Ya había sentido a Bella salir de su dormitorio y quedarse parada, observando dentro del suyo. Él ya había dejado la puerta completamente abierta, esperando que ella lo viese.

De forma "casual", Edward se giró para mirarla.

Pero no esperaba encontrarse a Bella con semejante pijama: Era una camiseta de algodón gris, con escote en pico, y unos shorts negros y apretados. Su piel era blanca, lisa, perfecta.

Toda ella era así… ¡perfecta!

- Hola – La saludó. - ¿Te gustó tu habitación? - Era un simple pregunta, pero sabía que eso la haría acercarse y comenzar conversación. Además necesitaba sentirla cerca, ahora que iba tan ligera de ropa. Aspirar el olor su piel, ahora tan al descubierto.

- ¡Oh, si! Es… preciosísima. Parece sacada de una revista de decoración. - Mientras hablaba, y tal y como supuso Edward, ella fue acercándose a la puerta de la habitación de él.

- Mi madre es diseñadora de interiores – Le explicó él; Bella asintió entendiendo así el gusto puesto en toda la casa. - Ven, entra. - La invitó, viendo que se había quedado apoyada en el marco. - No muerdo – la picó con una mirada perversamente sexy – A no ser que me provoquen, claro – Le alzó las cejas de forma sensual, haciendo que los latidos del corazón de Bella dieran un repique.

- A si que… ¿eres inofensivo? - Lo retó ella con unos sonrisa juguetona. Pero sus ojos… Esos no mostraban diversión. Eran tan sensuales y perversos como los de Edward. Ese hombre la hacía sacar su lado más sexy, sin tan siquiera proponérselo.

Edward se acercó a ella un par de pasos, despacio. Lo justamente cerca para que su olor le llegase, incluso exhaló su aliento para que Bella lo respirara.

Por supuesto, Bella no fue para nada inmune a sus artes de "caza"; acelerándose las pulsaciones y necesitando más oxigeno del normal.

El instinto de atracción que se ejercían mutuamente, era superior a ellos. Incontrolable.

- Bueno… - Después de unos segundos, Edward prefirió cambiar de tema, ya que Bella estaba poniéndose nerviosa y no quería que se sintiese incómoda en su habitación; al contrario: Él quería que tuviese la confianza para entrar libremente. - Esta es mi habitación. ¿Te gusta? - Le preguntó cambiando su mirada, por una más simpática.

Bella se quedó mirando a todos lados, más tranquila. Sí, definitivamente el dormitorio de Edward le gustaba. Era muy… él.

- Sí. Me gusta. - Le dedicó una hermosa sonrisa – Es muy… tú. Por eso me gusta tanto.

Las palabras de Bella, hicieron mella en el vampiro, devolviéndole una sonrisa torcida.

- Si necesitas cualquier cosa de noche, solo has de picar… Bueno, no suelo dormir con la puerta cerrada, así que… - Le clavó la mirada, atontándola – Puedes entrar y despertarme. No me importara.

- Gra… Gracias. - Inspiró profundo – Eso es muy amable por tu parte. Pestañeó seguido, intentando aclarar sus ideas.- Bueno… yo debo bajar, tus hermanas deben estar esperándome. - Edward asintió. Bella se mordió el labio, nerviosa.

En ese momento, lo que menos le apetecía era bajar al salón. Se quedaría allí, con Edward durante horas, conversando y disfrutando de su compañía. Pero…

- Puedes pedirme lo que quieras. - Le soltó él, haciendo a las mejillas de Bella colorearse.

- Bueno yo… ¿Te importaría volver a tocar? - le preguntó tímida. - Me encantó escucharte antes… Aunque si tenías algo que hacer… - No terminó la frase.

Edward puso su dedo índice entre sus labios, callándola.

El momento, se volvió intenso de golpe. Ese simple roce los dejó hipnotizados.

- Me encantará volver a tocar para tí… y más, sabiendo que te gustó escucharme. - Le susurró él.

Ambos se quedaron a escasos centímetros, ya que Bella también había recortado, inconscientemente la distancia con Edward.

Sus alientos se mezclaban en el aire, haciéndolos estremecer. Sus ojos se miraban, se devoraban.

"¡Vamos Edward… no me jodas! Deja bajar a Bella… no es el momento. Todos estamos en casa… (bufido)"

Los pensamientos de Alice llegaron a su cerebro, haciéndolo reaccionar.

Aunque le hubiese arrancado la cabeza a su hermana, estuvo de acuerdo de que no era momento para nada. Si la besaba, y ella respondía como suponía que lo haría, la cosa no quedaría en un beso.

"Recuerda vuestro trabajo de literatura… Tendrás a Bella para tí solita durante una semana!

Ese pensamiento le gustó bastante más que el anterior.

Edward se separó suavemente; solo un poco. Lo justo para dejar que a Bella le llegase oxigeno al cerebro y reaccionase.

- Aquí es donde haremos el trabajo de literatura. - Le recordó. Bella se giró hacía donde Edward miraba; ahora más tranquila ya que él se había alejado un poco de ella. - Subiré otra silla, en mi escritorio hay sitio para los dos. - Bella asintió, no encontrándose aún lista para hablar. - Creo que podríamos empezar en un par de semanas, para ir con tiempo.

- Perfecto – Aunque se encontraba algo más serena, debía reconocer que aun no era ella misma. La cercanía de ese chico la atontaba sobremanera.

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La noche fue pasando entre risas y sesiones de manicura, de las cuales Bella tenía bastante más idea de lo que Alice y Rose hubiesen imaginado.

- Vaya Bella… ¿quien supondría que sabrías hacer una manicura francesa viéndote jugar a matar zombis hace un rato? - Bromeó Alice.

- Bueno… se puede saber hacer más de una cosa, ¿no? - Contestó Bella mientras seguía pintándole las uñas a una más que encantada Rose. - Tienes unas uñas perfectas – La aduló Bella – Además, que parecen durísimas – Bella frunció el ceño, y toda la sala se tensó. - Has de decirme que endurecedor usas – Siguió comentando Bella tan normal.

Por la noche, Bella se despertó sobresaltada; su halo la quería avisar de algo. Se sentó en la cama, un poco desconcertada, ya que… ¿qué peligro percibía su halo aquí, si ella estaba de lo más tranquila y confortada.

Se levantó de la cama y abrió la puerta de su dormitorio. En la casa reinaba el silencio propio de la madrugada, pero algo le decía que era un silencio… extraño. Un silencio obligado. Igual que en las películas de terror cuando un espíritu maligno está cerca de la protagonista.

Los pelos de la nuca se le pusieron de punta.

Era una señal inequívoca: Peligro.

Pero… ¿peligro de qué, o por qué?

Su curiosidad la hizo dar un par de pasos hacía las escaleras, pero sintió un ruido en la habitación de Edward y eso la hizo meterse de golpe en la suya, cerrando la puerta.

Y justo a tiempo, ya que debido a la tensión naciente en ella, había comenzado a soltar un leve resplandor.

Se metió en la cama y no le dio mayor importancia.

Los Cullen, que estaban desperdigas por la casa, se quedaron completamente inmóviles en cuanto sintieron a Bella bajarse de la cama.

Edward subió por la ventana a su dormitorio para hacer el papelón de que salía de su habitación al sentirla salir del suyo.

Si Bella bajaba al salón, se daría cuenta de que algo pasaba, ya que todos estaban haciendo algo; ordenadores encendidos, la consola, la tv… Vamos, un salón despierto.

Pero Bella en cuanto sintió ese ruido proveniente de la habitación del vampiro se había encerrado en la suya.

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A excepción de ese pequeño "incidente", todo había salido a pedir de boca. Todos los Cullen, sin excepción, ya que incluso Carlisle tuvo su momento de gloria con Bella explicándole unas dudas académicas, quedaron encantados con ella.

Era tan dulce, educada, simpática… Y parecía tener algo, que la hacía encajar con todos por separado.

El domingo llegó a casa más tarde de lo pensado. Pero igualmente llamó a Jake y estuvieron hablando durante un buen rato.

Jacob quedó más que complacido al ver que Bella se había acordado de él, aun llegando de con los Cullen, donde seguro habría estado entre algodones.

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Pero Jake y los suyos le daban a Bella algo que Edward y los Cullen no: Naturalidad. Sencillez y una confianza más familiar y tradicional.

Y eso que la familia de Edward era familiar, encantadora y muy divertida. Pero su educación y modales, eran exquisitos.

Eran dos mundos distintos. Unidos por alguna extraña razón; por algo más a ya que una simple amistad.

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"¿Cómo se habrán hecho tan amigos? ¿Qué punto de unión habrán tenido para formar un grupo tan distinto... y tan unido?"

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Bella no tardará en encontrar las respuestas a estas preguntas...

pero... ¿cómo se tomará ella esas "respuestas"?

Nos leemosssssss...

Espero vuestros coments... básicamente porque no sé si está gustando o no la historia.

Yo sigo publicando, ya que veo que cada día tengo más seguidoras... pero, por favor... COMENTAR ALGO!

BESOSSSSSSSS!