Capítulo 14: Un año después.
Ginny estaba parada frente a una puerta, la cual se abrió lentamente y dio paso a una muchacha alta, quien la miró dudando.
- Hola.- Saludó, la mujer miraba directamente los ojos de Ginny.- Eres Ginny, ¿Verdad?- Recordaba perfectamente el cabello pelirrojo, de esa mujer. Ginny asintió, en el rostro de la mujer que miraba se dibujó una expresión de triunfo. Ginny aún no lograba salir de su asombro, sus ojos rápidamente se llenaron de lágrimas, Natalie tenía un abultado vientre, de unos 8 meses de embarazo, si es que ya no salía de cuantas. Estaba en el departamento de Harry, no podía creer en lo que veía, rogaba a Merlín porque esa imagen fuese una mala broma.
- Sí, eh...
- Vienes a ver a Harry, ¿Verdad?- El solo hecho de escuchar su nombre hizo que le temblaran las manos, y una lágrima se escapara, levantó una mano para secar aquella lágrima con el dorso de la mano, rápidamente.
- Natalie, ¿Quién es?- Preguntaba Harry desde el interior del departamento, riendo claramente se escuchaba feliz. Ella se obligó a mantenerse tranquila y relajada, pero era irresistible el hecho de tenerlo tan cerca y no salir corriendo para abrazarlo y besarlo.
- Es...
- ¡No! No le digas que soy yo, por favor, francamente he sido una estúpida en venir, por favor no le digas nunca que he venido.- Ginny miró el vientre de Natalie, sonrió tristemente, ahí estaba creciendo el hijo de Harry, estaba destrozada por dentro, solo quería huir de ahí.- Te felicito.- Hizo un gesto para indicar el vientre de Natalie.
- ¡Oh! Gracias, estamos tan felices...
- Me lo imagino, Harry debe estar muy feliz...
- ¡Sí está muy feliz!- Natalie sonrió.- Pero...
- De verdad los felicito.- Sonrió y antes que Harry saliera decidió marcharse. No pudo evitar y tampoco quiso esconder las lágrimas que caían por su rostro. Estaba desolada, durante un año no tuvo noticias de Harry. Pudo imaginar que estaría con otra mujer, lo que no eran imaginaciones si no algo obvio en él, hasta logró pensar que podía estar casado, pero jamás llegó a pasar por la cabeza que iba a ser padre, eso era una regla fundamental en la vida que ella conocía de Harry, pero ahora ya no sabía que pensar. Apareció en la verja del jardín de la casa de Ron y Hermione.
- ¡Ginevra!- Saludó Ron feliz, mientras la abrazaba fuertemente, después de un año sin ver a la menor de los Weasley.
- ¡Hola!
- Adelante.- Abrazando a Ginny por los hombros entraron en la sala, muy cómoda por cierto, y ambos se sentaron, Ron no dejaba de observar a su hermana, estaba muy cambiada, se veía más bonita con el cabello atado por una cola, unos sencillos jeans, y una blusa gris arremangada hasta los codos, la verdad es que su hermana se veía bastante guapa.- ¿Cuándo llegaste?- Preguntó sonriendo.
- Ayer. Fui a la Madriguera, pero allí no había nadie.
- Los gemelos se llevaron a nuestros padres a América.
- ¡Vaya! Sí que son un éxito.- Ambos rieron.- ¿Dónde está mi sobrina?- Aún no conocía a su sobrina, lo cual todavía no se perdonaba.
- Tendrás que esperar, salió con Hermione.
- ¿Cómo están todos por aquí?
- Todos bien, no hay novedad... desapareciste en serio, ¿Eh?
- Necesitaba esa oportunidad.
- Nos enteramos que integraste un equipo de Quidditch.
- ¡Sí! Ganamos las dos temporadas, estuve en Italia y en Bruselas. Dejé la tienda Ollivander hace ocho meses.
- ¡Vaya! Hubo una revista en la cual saliste como la bruja más exitosa del año.- Dijo Ron, orgulloso.
- ¿Soy famosa aquí? ¿Cómo?- Estaba sorprendida.
- ¿Cómo no te diste cuente, Ginny? Mucho antes de que te fueras eras famosa y todos nosotros por los lazos con Harry.- Ginny borró inmediatamente su sonrisa, al parecer Ron entendió que fue un error de su parte nombrar a su amigo, ella no había quemado etapas con respecto a él.- Todos aquí compramos un ejemplar.
- ¿Verdad?- Ginny sonrió, justo alguien cerraba la puerta de la casa y se acercaba a ellos.- ¡Cuñada!
- ¡Ginny!- Ambas mujeres se abrazaron con cuidado, Hermione llevaba a su hija en brazos. Ginny la miró, por fin conocía a su sobrina. Hermione dejó que su tía cargara a su hija, Ginny la estrechó entre sus brazos, era una niña preciosa, tenía el mismo color de ojos que su padre, algunas pecas, huella innegable de los Weasley, y el pelo era castaño como el de su madre. Rose Weasley miraba con expectación los ojos de su tía, al tiempo que le brindaba una cálida sonrisa acompañada de un titubeo. - Por fin apareces, bruja del año.- Ambas sonrieron. Ginny no dejaba de mirar a su sobrina.
- No se imaginan cuanto los extrañé.- Los ojos de Ginny volvieron a brillar algunas lágrimas.- Sé que es lo que escogí.
- ¿Qué quieres decir?
- Que, a pesar de no trabajar en la tienda Ollivander debo volver a Holanda, estaré en Inglaterra solo por un mes, luego volveré, debo seguir con las temporadas de Quidditch.
- ¿Te vas nuevamente?
- Sí, pero esta ves no desapareceré por un año, puedo venir cada seis meses.
- ¡Seis meses!
- Ron, ahora es lo que quiero hacer, ¿Bueno?- Ron asintió, pero sabía que eso no era lo que su hermana quería, sabía que ella arrancaba de Harry, que no quería saber nada de él.
- ¿Es lo que quieres?- Preguntó Hermione.
- Es lo que necesito.- Esas palabras confirmaban la tesis de Ron.- Quiero ver a mis padres.
- Vuelven en dos semanas, pero si te sientes sola en la Madriguera te puedes quedar aquí.
- Muchas gracias, pero extraño la Madriguera... y por sobre todo mi cama.- Los tres rieron.
- Ginny, te veo más adulta, más madura.- Ron lo observó detenidamente, buscando cada detalle de su hermana. - ¿Cómo cambiaste tanto en un año?
- Te juro que sigo siendo la misma, solo que ahora tomo mis decisiones sola.
- ¿Cuándo llegaste?- Preguntó Hermione mientras Ginny seguía meciendo a Rose.
- Ayer, hoy me levanté temprano y salí.
- ¿Dónde fuiste?
- Quise visitar a Luna, pero no estaba.- Fingió. No quería tocar el tema de Harry.
- ¡Ron, necesito ropa de bebé!... ¿Dónde puedo comprar?- Precisamente esa era la voz que no quería escuchar, cada palabra que escuchaba la sentía más cerca, estaba muy nerviosa. No sabía si quería verlo, o no sabía realmente cómo reaccionaría con solo verlo. Pero, iba a ser doloroso ver a la persona que seguía amando desesperadamente, estaba expectante ante cualquier eventualidad. - ¿Dónde está mi ahijada?- Al parecer estaba en la sala contigua de la que Ron, Ginny, Hermione y Rose estaban, el matrimonio se miró disimuladamente.- Aquí están, Ron... – Ginny le sonrió, pero no era para nada un saludo seductor, era el agridulce reencuentro de dos personas que no habían llegado a buen puerto. Harry seguía observándola, impertérrito. Muy a su pesar, comprobó que, después de un año, la química entre ellos no desapareció. No se había curado en absoluto. Ella seguía tan bonita como siempre, casi lo olvidó, pero se dio cuenta en ese instante que jamás había borrado el rostro de Ginny de su retina. Se veía tan tierna cargando a Rose, ¡Cómo había extrañado esa ternura! ¡Cómo extrañó a esa hermosa mujer!
- Hola Harry.- Saludó Ginny, tímidamente. Hasta ese punto parecía que el matrimonio Weasley quería confundirse con las paredes de la sala para pasar inadvertido en esa emotiva escena. Y ante cualquier pronóstico de Ginny, estaba atrapada entre los brazos de Harry, sentirse mutuamente era relajante, sentir el aroma varonil de él y el de flores de Ginny, era justo lo que necesitaban.- ¿Cómo estás?- Susurró ella en el oído de Harry, él solo se encogió de hombros. Solo quería memorizar ese momento para siempre. Hasta que los quejidos de Rose se hicieron visibles, Harry la soltó, pero no dejaron de mirarse. Ron carraspeó, Ella desvió su mirada pero él no.
- Me parece que tengo una tarjeta de una tienda por ahí, Harry, ahí puedes encontrar la mejor ropa para bebes, la buscaré- Ron evidentemente quería que ellos dos hablaran, sabía que lo necesitaban.
- ¿Sienten ese olor? – Preguntó Hermione captando el juego de su marido.
- ¡Es Rose!- Exclamó Ron. Hermione tomó en sus brazos a Rose.
- Claro justo ahora la toca la muda, Ginny, Harry están en su casa, nos tardamos solo unos minutos.- El matrimonio los dejó absolutamente solos, Harry no dejó de observarla en ningún segundo. Quedaron en silencio.
- Rose es preciosa.- Comentó Ginny, rompiendo el silencio.
- Así es... ¿Nos sentamos?
- Claro.- Ambos se sentaron, y él seguía sin apartarle la vista, de verdad ella se veía hermosa y temía que de un abrir y cerrar los ojos ella desapareciera. Ginny se sentía incómoda con la mirada de Harry, era como ser observada por rayos x, su corazón latía muy fuerte y hasta se olvidó de respirar. Sabía que ese silencio de Harry no era algo bueno, de un momento a otro comenzaría la invasión de preguntas.
- ¿Cómo estás?- Preguntó Harry, como si no le importara.
- Bien, ¿Tú?
- ¿Cómo crees?- El interrogatorio ya se avecinaba.
- Oye...
- Hace un año te fuiste sin decir absolutamente nada, sabías que existía algo entre los dos.
- Espera, antes de irme te pedí mil veces oportunidades y te negaste y cuando cediste a darme una oportunidad ya no estaba en el país.
- Te fuiste un día antes del que me habías dicho
- ¿Ibas a esperar hasta el último día?
- No, pero...
- Eso ya no cambia mucho las cosas.
- ¿Eso crees?
- El punto es que ha pasado un año...
- Siete meses, casi ocho meses te busqué por toda Holanda, Francia e Italia, ¡Recorrí Europa! ¡Te busqué! Jamás diste luces de existencia, ¡Hasta amenacé al pobre de Ollivander para que me dijera el lugar exacto de donde mierda te encontrabas y no me lo dijo! Jamás te dignaste a escribir una nota con malditas dos palabras "Estoy bien" o "Te extraño" ¡Nada! Yo lo único que necesitaba saber era si estabas bien, si querías estar conmigo.
- Harry, no quería que sufrieras por esto, no te lo mereces.
- Déjame que te diga que el daño, mereciera o no lo mereciera, ya lo hiciste.- Dijo suavemente, pero sonaron despectivamente aquellas palabras. Los ojos de Ginny se llenaron de lágrimas, no quería que él le dijera esas palabras, no él.
- Será mejor que me valla.- Ella se levantó y Harry lo hizo casi al instante, sostuvo una temblorosa mano de Ginny, las manos tibias de Harry hicieron que un escalofrío recorriera el cuerpo de Ginny.
- Tenías razón.
- ¿Cómo?
- Cumplí con tu promesa.
- Me alegro. - Ella ya lo sabía. Él había recompuesto su vida, y había logrado ser feliz. Ella era la única idiota que se negaba a dejar atrás ese pasado tan esperanzador como desastroso.
- Estos últimos cuatro meses logré ser feliz.
- Me alegro.- Repitió con la voz entrecortada. Se odió en ese momento cuando una lágrima resbaló por su mejilla, la limpió inmediatamente. No quería demostrar ante él debilidad. Harry sabía que no era honesto, pero se debía convencer que la historia que tuvo con Ginny había concluido desde el mismo momento en que había leído la noticia en aquella revista.
- Ahora no veo impedimentos para que tú seas feliz aquí.-
- Aquí nunca podría ser feliz, Harry, solo estaré un mes.
- ¿Cómo?- No estaba preparado para otra partida de Ginny, por mucho que se negara a demostrar lo contrario.
- Debo volver a Holanda.
- ¿Estás saliendo con alguien?- No pensó al hacer esa pregunta y se maldijo. Era un reverendo pelotudo y masoquista.
- No, claro que no.- Harry no le creyó, simplemente se forzó a seguir su juego.
- Te vas por el Quidditch.- Ginny asintió.- Eres muy famosa ahora aquí en Inglaterra.
- No me interesa.
- Ya veo.- Ella soltó suavemente la mano que sostenía Harry.
- Niño.- Harry sentía una sacudida en el estómago, hacía un año que no escuchaba que lo llamaran así. Se limitó a mirarla a los ojos.- Si pudiera enmendar el daño que te hice, te juro que lo haría, pero no conozco magia para eso. Y si te ayuda en algo a saber, yo he sufrido todos los días, no han sido solo ocho meses, pero me alegra que hayas dado vuelta la página para seguir adelante, quiero que seas feliz y sé que Natalie es la mujer ideal para ti, mucho más ahora con la responsabilidad que debes afrontar.- Ginny lo miró unos segundos más, sonrió y desapareció. Él se quedó con muchas dudas ¿A qué se refería Ginny con todo eso? ¿Cómo sabía que seguía viendo a Natalie? ¿Por qué Ginny seguía produciendo esas cosas en él? No era justo. ¿Por qué? Él la buscó, quiso construir su vida con ella. Algo quedaba de su amor por ella, la verdad es que era mucho. Los últimos cuatro meses pudo vivir "normalmente" y no dentro de un bar. Jamás olvidó a Ginny, no con besos a otras mujeres, no con caricias, no con pasión. Siempre estaba ella.
