La normalidad de las clases y los alumnos que habían vuelto tras las vacaciones hacía parecer que nada había pasado.

Draco seguía débil, pero con la poción que Severus le suministraba diariamente podía realizar una vida normal.

Normal tanto como podía esperarse dadas las circunstancias. Seguía una estricta rutina, la mayor parte del día la pasaba con sus compañeros de casa, como siempre. Pero sus ojos no dejaban de volar hacia Harry, la relación que habían llevado desde que volvieron era tranquila. Si obviaba que no podía dejar de mirarlo cuando no estaba cerca de él, que espiaba cada uno de sus gestos, que su corazón latía de más cuando sus miradas se encontraban.

Amigos, tan extraño, pero llevadero.

Cuando volvían al dormitorio que compartían, Harry le abrazaba, su vientre estaba creciendo pero aún podía ocultarlo con sus túnicas. La magia que necesitaba para asistir a las clases y realizar cualquier hechizo le dejaba agotado.

En aquel pequeño contacto que tenían a diario recargaba algo más que su magia, pero estaba bien así. Manejar aquello era más sencillo que la vorágine en la que habían estado sumergidos antes. Hablaban de las clases, de sus recuerdos. Sabía que Harry estaba haciendo un esfuerzo considerable por llevar a cabo su promesa de ser amigos. Esos momentos, donde compartían su día era todo lo que quería en ese momento. A veces se cuestionaba, ¿realmente era merecedor de esas atenciones? No podía llegar a decir que sí, no por los motivos que siempre había esgrimido. Pero su parte más egoísta no quería dejar de tenerlo.

Estaba en el comedor, y de nuevo sus ojos volaron hacia unos verdes que le miraban.

Debía contener la sonrisa que quería subir a sus labios, tanto Severus como su madre le habían pedido prudencia, sobre todo delante de sus compañeros de casa. Casi todo su entorno eran hijos de mortífagos, y aunque en un momento los consideró sus amigos, ahora dudaba de la calidad de su relación.

En un mundo donde todo eran las apariencias, ¿cómo saber quién era realmente su amigo? ¿Cuáles las lealtades de cada uno de ellos?

—Draco, ¿me has escuchado?—preguntó alguien a su lado. Draco trataba de reconectar con su alrededor. Cada día le costaba más.

Pansy le miraba molesta, la chica llevaba hablando del mismo tema más tiempo del que su cerebro podía asimilar.

Pero habían sido amigos desde los cinco años, al menos era la primera vez que tenía un recuerdo de ella. Su magia involuntaria había empujado a Draco que le había quitado uno de sus juguetes y había acabado con un buen golpe en su cabeza. Pero no fue el golpe lo que recordaba sino la fiesta que tanto sus padres como los propios habían hecho por ese acto de magia involuntaria. Desde ese día Draco había tratado de realizar magia involuntaria, sin conseguirlo hasta las ocho.

Había algo claro entre los sangres limpia, más allá de ser una sangre sucia, mucho peor era tener un hijo Squib. Sus padres hubieran tenido otro hijo y a él lo hubieran abandonado, o al menos eso era lo que le habían dicho aquellos con los que ahora estaba sentado en el comedor de Hogwarts.

—No, Pansy, llevas hablando del vestido que llevaste a la cena del Solsticio como dos vidas—contestó Draco, si le hablaba de algún volante vaporoso más se iba a cortar las venas. La chica se levantó molesta y se fue airada.

Draco a su lado escuchó un par de risas, en realidad no quería ser cruel con ella, pero no podía evitar que su mente y sus ojos volaran. Aún le miraba, y tuvo que hacer el esfuerzo de prestar más atención a los suyos.

Aquellos rostros tan familiares y tan desconocidos a la vez.

o0o

—Harry, deja de mirarlos, os vais a delatar—le dijo Hermione a Harry por lo bajo.

Eso era más fácil de decir que de hacer, la sutileza no era una de sus virtudes, por él compartiría cada momento del día con Draco. Entendía lo que todos le habían dicho sobre ocultar lo máximo posible la situación, su embarazo, su relación. La traición a Voldemort. Era más peligroso para Draco que para él, lo entendía.

Pero llegaría el momento en que todo tendría que salir a la luz, y una parte egoísta de sí mismo quería que todos supieran que Draco estaba con él.

"Amigos" esa era la palabra que le bajaba a la realidad cuando sus pensamientos volaban.

Entonces su humor cambiaba, drásticamente. No podía decir que se arrepintiera de la proposición que le había hecho a Draco. Quería ser su amigo, eso no había cambiado. Podría engañar al resto, pero él quería más.

¿Tan mal estaba quererlo todo de alguien a quien casi no conocías? Porque Harry era consciente de que tan solo conocía una parte de Draco, como si de un prisma se tratara, con tantas caras que se perdía.

Conocía al chico molesto que había sido durante sus primeros años, el arrogante y prejuicioso sangre pura que se creía por encima de los demás.

Había conocido al Draco que se había entregado en sus manos, al que deseaba con cada parte de su ser.

Y conocía una parte, muy pequeña que solo había intuido, un Draco que sufría profundamente en el interior de todas esas capas. A ese le había ofrecido en especial su amistad. A ese es al que había herido aquella estúpida noche, pero también había visto algo que ni se había planteado. Tan obtuso, por su parte.

Draco sufría, y Harry no era capaz de llegar, no le conocía lo suficiente, no es que no supiera de sufrimiento. Él lleva su propia carga sobre los hombros. Es que Draco era hermético.

Solo habían pasado un par de semanas desde que volvieron de casa de Sirius, cada día trataba de acercarse un poco más, conocer algo de Draco y mostrarle algo suyo. Dudaba que se le diera bien, porque no era una persona de palabras. Nunca lo había sido.

La única licencia que se había permitido, algo que nunca había hecho con sus amigos, un abrazo que envolvía a Draco cada vez que ambos llegaban a la habitación.

Podría decir que lo hacía por el bebé, por la magia de Draco y por un sin fin de cosas más, pero estaría mintiendo. Lo hacía porque necesitaba tocarle, así de

egoísta.

El primer día que lo hizo, Draco lucía realmente cansado, había sido un acto sin pensar, pero los días siguientes no había sido así. Había sido deliberado, premeditado. Quería tenerlo cerca, y lo estaba camuflando con otro nombre.

A veces temía no estar viendo a Draco y solo sus propios deseos, pero este se agarraba a él de un modo tan fuerte como él mismo. Parecía mucho más tranquilo cuando se separaban.

Que él no hubiera tenido ese tipo de contacto anteriormente con todos sus amigos no significaba que fuera inapropiado. A Hermione la había abrazado algunas veces, incluso a Ron. Era cierto que no era a diario.

—Harry...

—Sí, sí, ya paro—se quejó volviendo a la realidad. Él en la mesa de Gryffindor, anhelando tener a Draco cerca.

—Realmente te gusta, ¿cierto?—le preguntó Hermione mientras le miraba con esos ojos marrones a los que era incapaz de mentir.

Harry suspiró pesadamente.

—Sí, pero solo somos amigos—dijo dando vueltas a su comida en el plato.

—Vaya, pensaba que erais algo más—cuestionó la morena.

—Eso es mucho más complicado, él tenía sus motivos, y no eran los mismos que los míos.

—Eres una buena persona, Harry.

Él casi estuvo a punto de contarle lo que había sucedido la noche del Solsticio. Pero no quería contarlo, solo quería olvidarlo.

En ese momento, Ron pasó con Lavender a su lado. Ese era otro de los motivos de su malestar, Ron no había vuelto a hablarle y Ginny le miraba con una mezcla de odio y tristeza que le ponía los pelos de punta.

Hermione suspiró a su lado, y ahora era ella la que parecía afligida.

—¿Están saliendo?—preguntó Harry. Ella solo asintió, había imaginado desde hacía años que sus amigos sentían algo entre ellos. Tanto Ron como él eran protectores con Hermione, no les había gustado que Krum, mayor que ella, mostrara ese interés en la chica. Pero Ron había ido un paso más allá y la pelea había durado semanas.

—No soy el único que no se conforma con una amistad, ¿cierto?—dijo dándole con el codo a Hermione.

Ella le miró algo sonrojada, no lo habían hablado nunca, no era el mejor lugar, ni siquiera el mejor momento. Pero ella solo asintió.

—Es un idiota, Harry, un vago y cabeza dura.—Enumeró con auténtico pesar, más molesta consigo misma al parecer.

—Y aún así te gusta—concluyó Harry.

—Sí.

Harry pasó un brazo por los hombros de Hermione atrayéndola hacia él, Ron de nuevo mostraba su estupidez eligiendo a otra chica que no fuera Hermione.

Ese abrazo no pasó desapercibido para todos, Draco había apartado la mirada con rapidez sintiendo una gran molestia al verlos tan cerca.

Ginny se levantó de la mesa de un modo airado pasando por detrás de ambos resoplando.

Y Ron desde la distancia aún agarrado por Lavender miró a sus amigos, bueno, a sus antiguos amigos al parecer. Sintió el tirón de su actual novia, y salió del comedor sintiéndose francamente mal.

o0o

En la mesa de profesores unos hablaban entre ellos, otros leían y algún otro tenía echado el ojo sobre los alumnos controlando que todo estuviera en orden.

Pero ninguno era el caso de Remus, él tenía los ojos sobre otra persona, Snape.

Desde que este había querido hablar con él sobre Sirius no habían vuelto a sacar del tema. Lo que le dijo era una media verdad, pero verdad al fin y al cabo. Todo estaba bien, era como tenía que ser y eso debería haber sido suficiente.

Pero si fuera así no estaría mirándolo ahora hablando con Sinistra, si todo estaba bien ¿por qué sentía que estaba destrozado? ¿Por qué ahora y no durante todo ese año que no habían compartido cama?

Sonrió a su plato, la diferencia era que aunque pensaba estar haciendo lo correcto, los intereses de Severus ahora estaban en otro lugar, así de rápido. Como debía ser.

Él no había tenido derecho en ningún caso a aprovecharse de la situación como lo había hecho, y la verdad pronto saldría a la luz.

Sirius había tratado de hablar con él, pero no solo era a Severus al que no quería tener que dar explicaciones, mucho menos a su mejor amigo. La única persona que siempre había confiado en él.

A Severus ya lo había perdido, y se consolaba en que aquello era algo que finalmente debía ocurrir. Severus no era para él, nunca lo había sido, pero había disfrutado tanto de ese hombre; de su cinismo; de su manera de entregarse; de la compañía de otra persona que sabía lo que era y le aceptaba tal cual. De ese Severus que pocos conocían entre sus manos, aunque para él no pudiera ser más, para Remus lo había sido todo.

Se había preparado durante todo ese año para verlo marchar a los brazos de su amigo. Pero cuando sucedió ninguna preparación había valido para nada.

Dolía como el infierno.

Y cuando Sirius le repudiara, ahí conocería de nuevo la soledad que vivió durante 12 años. La desesperación, y el vacío.

No podía comer más, se le había quitado el apetito.

o0o

Severus no había hablado más con Remus sobre Sirius, ¿qué iba a decir?

Se sentía extraño en esa situación, en ese incómodo triángulo ¿amoroso? Dudaba que hubiera amor en ninguno de los vértices. Deseo, el deseo era palpable, abrumador y asfixiante.

Vio como Remus abandonaba el comedor y algo dentro de él quería ir corriendo tras él. Pero se contuvo, no era un colegial, era un hombre hecho y derecho con cosas más importantes que hacer que ir corriendo tras su ex amante, ¿para qué?

No entendía las motivaciones tras el rechazo de Remus, ni el dolor y la furia que vio en sus ojos cuando fue consciente de que él y Sirius se habían acostados juntos.

Lo primero que había pensado que era un sentimiento dirigido hacia Sirius se dio cuenta que era hacia él. ¿Había estado tan ciego?

Jamás pensó que el motivo por el que le dejara Remus, de aquello que habían tenido que a duras penas hubiera podido llamarse relación, no fuera por Sirius, por un sentimiento romántico hacia su amigo que había regresado. Nunca que el motivo fuera que de algún modo le estuviera cediendo su lugar con Severus.

¿Él y Sirius? ¿En qué loca cabeza hubiera podido entrar ese pensamiento?

Había algo más bajo todo eso, lo notaba en el dolor del licántropo, no era la pérdida, esa de haberla sufrido hubiera sido hacía un año cuando le rechazó tajantemente. Era como si siempre hubiera estado esperando que lo que pasó la noche del Solsticio entre Sirius y él ocurriera. ¿Por qué? Él jamás hubiera apostado por un desenlace como aquel. Jamás.

Un escalofrío recorrió su espalda haciéndole moverse dentro de su silla.

—¿Te encuentras bien, Severus?—le preguntó Aurora.

—Sí, por supuesto—contestó intentando apartar los recuerdos de Sirius.

Le odiaba, le odiaba tan profundamente, más que antes, ahora su recuerdo anidaba en su mente día y noche. Odiaba cómo se había colado en algo que no debería significar nada.

Un polvo de una noche, nada más.

Nada más.

Lo que más odiaba era no sentirse dueño de sí mismo desde que aquello había sucedido. Era un hombre, por supuesto, no era insensible, pero había evitado cualquier tipo de implicación con alguien. Al menos hasta que llegó Remus, y aún así reconocía que ni el castaño le robaba el pensamiento de ese modo.

¿Una sola vez y estaba así?

Maldito Sirius Black, era como una plaga que asolaba su vida cada vez que aparecía.

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Un miércoles más, el drarry/harco va progresando adecuadamente.

Me gusta verlos juntos así de monos, pero ¿cuánto va a aguantar Harry? Podemos hacer apuestas...

Por otro lado, el triángulo amoroso está empezando a cortar por las puntas.

¿Qué escondes lobito?

Espero que os haya gustado.

Hasta el miércoles que viene.

Besos.

Shimi.