CAPITULO 12: CAMINO AL CAPITOLIO

POV KATNISS


"Not much of a man

But still I am a man

And you bring out something inside me

A perfect little diamond

A fragile little fire

You're everything good in the world

To me.

I want to protect you

I want you to be safe and sound

At night in this world

Such a delicate girl needs someone

To look out for the wolves

I want to protect you.

I say some stupid shit

Don't mean a word of it

You know i got a lot of love inside me

This world's an ugly place

For such a pretty face

They're comin' at you from all sides

But they gotta get through me.

I want to protect you

I want you to be safe and sound

At night in this world

Such a delicate girl needs someone

To look out for the wolves

I want to protect you.

Not many understand

But i'm your biggest fan

The savage fools cannot appreciate

The miracle of you

How could it be true

You're everything good in the world.

I want to protect you

I want you to be safe and sound

At night in this world

Such a delicate girl needs someone

To look out for the wolves

I want to protect you.

I want to protect you.

Fellas, just look at her

(aw...)

We gotta keep an eye out on her behalf

(yeah)."

"I WANT TO PROTECT YOU"

EELS


Traducción:

"Quiero protegerte"

Eels


No hay mucho de un hombre

Pero todavía soy un hombre

Y os hará subir algo dentro de mí

Un pequeño diamante perfecto

Un pequeño fuego frágil

Eres todo lo bueno en el mundo

A mí.

Quiero protegerte

Yo quiero que estés sano y salvo

Por la noche en este mundo

Tal una chica delicada necesita a alguien

Para velar por los lobos

Quiero protegerte.

Yo digo algo de mierda estúpida

No quiere decir ni una palabra

Usted sabe que tengo mucho amor dentro de mí

Este mundo es un lugar feo

Para una cara tan bonita

Están yendo hacia ti de todas las partes

Pero que tengo que conseguir a través de mí.

Quiero protegerte

Yo quiero que estés sano y salvo

Por la noche en este mundo

Tal una chica delicada necesita a alguien

Para velar por los lobos

Quiero protegerte.

No muchos entienden

Pero yo soy tu mayor fan

Los tontos salvajes no pueden apreciar

El milagro de ti

Como no podía ser verdad

Eres todo lo bueno en el mundo.

Quiero protegerte

Yo quiero que estés sano y salvo

Por la noche en este mundo

Tal una chica delicada necesita a alguien

Para velar por los lobos

Quiero protegerte.

Quiero protegerte.

Amigos, con tan sólo mirar a su

(aw ...)

Tenemos que mantener un ojo en su nombre

(sí)


Luego de despedirme de la familia de Peeta, me sentí tan exhausta emocionalmente que me tire en el mullido sofá. Despedir a mis amigos y familia no resulto fácil, pero trate de mantenerme tranquila, porque sabía lo que se avecinaba y no quería que me vieran débil. Sabía que probablemente cuando llegara al tren ya no podría contener mis emociones por mucho más tiempo, pero mientras tanto me mantenía seria y poco afectada. Casi rompí a llorar cuando la vi a Prim entrando para despedirse de mí. Ella me obligo a prometer que lucharía, que ganaría y le mentí porque sabía que tal vez aunque lo intentara, no lo lograría, y también porque estaba Peeta de por medio, no podía dejarlo morir y me destrozaba esa idea de solo pensarlo.

Todo parecía ser parte de una terrible pesadilla y lo único que quería era despertar.

-Señorita Everdeen, es hora de marcharse. Nos puede acompañar. –Dijo un Agente de Paz muy hosco y duro desde el marco de la puerta. No era una pregunta, era una orden. Me levante, me puse el abrigo que me trajo mi madre antes de marcharse, el cual era blanco y hacia juego con el vestido. Guarde el paquete de galletas que me dio el padre de Peeta, en uno de los bolsillos, mientras que la caja con el anillo continuaba seguro en el pequeño bolsillo con botones de mi vestido.

No emití ni un sonido mientras seguía a los Agentes de Paz hasta las puertas traseras del Edificio de Justicia. Mire con nerviosismo a mí alrededor cuando nos detuvimos en la puerta de salida. No vi a Peeta y por un momento me asuste. Pero mi ánimo se calmo cuando lo vi aparecer doblando por una esquina del pasillo, el miraba hacia el suelo y parecía estar perdido en sus propios pensamientos. A medida que se acercó, no me paso inadvertido ni sus ojos rojos llorosos y sus mejillas coloradas por el llanto, que ahora parecía haber contenido. Algo en mi se rompió en ese momento, yo era la culpable, sino me hubiera presentado voluntaria, el tampoco lo hubiera hecho y por supuesto no iríamos camino a una muerte casi segura. ¿Pero que hubiera sido de Prim sino lo hubiera hecho? Ni siquiera me reconfortaba haberla salvado a Prim, porque Peeta estaba conmigo y él era tan importante para mí como mi hermana, los amaba de distintas formas, pero casi con la misma intensidad. La culpa de haberlo arrastrado conmigo me carcomía por dentro. Un minuto después nuestras miradas se encontraron y él apresuro aun mas su paso, para llegar a mí sin dejar de mirarme. Se detuvo a mi lado y me dedico una pequeña mueca, que pareció ser un intento de sonrisa. Peeta no estaba de humor y yo tampoco, razón por la que nos limitamos a observarnos con atención durante los siguientes minutos, mientras los Agentes ocupaban lugares alejados pero al mismo tiempo cerca de nosotros, mientras esperábamos a Effie que se encontraba en alguna parte del Edificio. En un momento que los Agentes de Paz, no parecían prestarnos atención, nos tomamos de la mano y él se inclino para darme un corto beso en los labios. No fue tierno, tampoco apasionado. Solo fue un reconfortante leve roce de labios.

-Lo siento. –Susurré contra sus labios.

-No lo sientas. Lo entiendo. –Dijo apartándose levemente de mí y mirándome fijamente. –En las buenas y en las malas ¿no? Te seguiría a cualquier lado que vayas. –Murmuro para que solo yo escuchara. Corría el riesgo de llorar y Peeta pareció darse cuenta, porque no dijo nada más. Acaricio mi trenza que estaba apoyada en mi hombro y la dejo caer hacia atrás, finalmente coloco mi flequillo detrás de mi oreja, enganchándolo con unos invisibles negros y peino algunos otros con sus manos, porque mi peinado se había desarmado un poco.

-Ahora estas mejor. –Me comentó dedicándome una pequeña sonrisa.

Entendí la indirecta en su frase, él estaba tratando de que luciera lo mejor posible para las cámaras. Yo hice lo mismo con el suyo al enredar mis dedos entre sus rizos rubios en toda su longitud, sobre todo en la parte trasera hasta que quedaran un poco más alisados y ordenados, me detuve en los que caían en su frente, me encantaba la manera en la que algunos rebeldes rizos caían sobre la misma, razón por la que se los deje tal cual estaban.

-También tú.

Nos apartamos solo para darnos cuenta que teníamos público, al menos seis de los Agentes de Paz, miraban la escena con interés, ¿Acaso no tenían algo más importante que hacer? ¿Por qué ellos miraban nuestro pequeño intercambio tan perplejos? Mis mejillas se volvieron color carmesí y baje la mirada al suelo avergonzada. Peeta sujeto mi mano con más fuerza, mientras nos manteníamos uno al lado del otro. Los hombres parecieron perder interés en nosotros cuando dejamos de hablar y tocarnos; volvieron a quedarse rígidos en un lugar o hablar con algunos de sus colegas en voz baja. Hasta que llego Effie, caminando con una elegancia increíble con tacos relativamente finos de diez centímetros de alto. No entendía como lograba mantenerse en pie usando esas cosas en sus pies.

Peeta soltó mi mano, dejando una sensación de hormigueo en mi piel.

-Ahora empieza la aventura. ¿Preparados, chicos? –Dijo dedicándonos una mirada y sonriéndonos. Me sentí enferma y Peeta pareció sentir algo similar, porque solo fuimos capaces de asentir a la pregunta de la mujer. Jamas estaríamos preparados, pero daba igual que lo estuviéramos o no, ahora nuestras vidas le pertenecían al Capitolio.

Nuestra acompañante y los Agentes de paz, -que ahora eran al menos unos quince entre los enviados del Capitolio –nos escoltaron hasta la estación de tren donde unas docenas de cámaras nos esperaban para filmarnos. Trate de ignorarlos y crear un caparazón donde pudiera contener mis emociones dentro de mí, para que nadie más pudiera notarlas. De reojo miré a Peeta separado por unos metros de mí rodeado de agentes, su expresión era neutra pero en sus ojos vi un par de lágrimas que amenazaban con salir nuevamente, no era tan bueno como yo para ocultar sus emociones, y yo lo conocía lo suficiente para saber que en cuanto las cámaras desaparecieran y estuviéramos en el tren se derrumbaría, al igual que yo. Nuestras miradas se cruzaron unos instantes e intento sonreírme sin mucho éxito, por un instante yo también temí derrumbarme frente a todo Panem y definitivamente no deseaba darle ese gusto al Capitolio. Me querían arrebatar a mi hermana, me arrebatarían mi vida, mi futuro y la felicidad de Peeta, si es que no moríamos ambos y conseguía sacarlo de la arena con vida, siendo el único vencedor. Le partiría el corazón en mil pedazos, pero yo no podía vivir sin él. Moriría en paz, si supiera que él viviría muchos años más a cambio. Peeta no me lo haría fácil, pero lo intentaría.

Entramos al tren y desee seguir de largo apartarme de la vista de todo el mundo y dejar salir todas mis emociones. Pero Effie me detuvo y me indico que debía quedarme en la puerta unos instantes para disfrute del Capitolio. Reprimí mi deseo de gritarle. Peeta disimuladamente acaricio mi mano, casi como si la tocara por accidente al pasar por mi lado y detenerse para mirar a las cámaras con su expresión rígida y visiblemente incomodo. Él deseaba esto tanto como yo. Por suerte dos minutos después las puertas se cerraron de par en par.

Effie nos indico que la siguiéramos, los Agentes de Paz se habían dispersado fuera de nuestra vista y eso me relajo un poco. Effie nos llevo al salón, para darnos indicaciones a mí y a Peeta. El tren era lujoso y hermoso. Effie como toda la gente del Capitolio usaba un ridículo conjunto que llamaba la atención por sus colores y una peluca rosa flúor que la hacía quince centímetros más alta. Y el rostro completamente maquillado. No escuchaba la voz chillona y animada de Effie. No concordaba con la realidad que Peeta y yo estábamos viviendo al estar condenados a morir. Nada de esto tenía sentido. Me empecé a sentir mareada y tenía que contener las ganas de vomitar todo lo que hoy había comido. Mi cuerpo empezó a somatizar todo aquellas emociones que yo sentía internamente. Me derrumbe en el suelo de rodillas y escuche a Peeta gritar mi nombre desesperado y dejando salir el llanto que estuvo conteniendo todo el tiempo. Mis ojos se llenaron de lagrimas también, y cuando Peeta me estrecho entre sus brazos, yo también me aferre a él como si mi vida dependiera de ello.

-Peeta ¿Por qué? –Las palabras se atoraron en mi garganta y me sentí incapaz de continuar. ¿Por qué se había ofrecido voluntario? ¿Por qué teníamos que pasar por todo esto? ¿Qué habíamos hecho para merecerlo? ¿Por qué no podíamos ser simplemente felices?

-Lo… siento. Te prometo que todo estará bien. Te cuidare siempre. –Sus lágrimas mojaron mi vestido. Peeta se quebró completamente y yo en consecuencia también. Ambos estábamos empezando a aceptar la idea de el destino inevitablemente nos separaría de un modo u otro.

-Quiero irme. –Susurré.

De repente, la propuesta que hizo Gale de escapar junto a nuestros amigos y familia parecía buena idea. Tal vez lo podría hacer en algún momento con su familia, tal vez podría llevarse a Prim del Distrito de paso y tal vez Madge, sabiendo qué él la amaba, estaba segura que no se iría sin ella. Pero ya era demasiado tarde para Peeta y para mí.

-Lo sé.

-¡Oh, Dios! –Exclamo Effie sorprendida. ¿Qué habíamos dicho mal? ¿Me escucho cuando dije que quería escapar? Lo había susurrado para que solo él me escuchara. Peeta y yo con los ojos aun llenos de lágrimas, miramos a Effie que parecía al borde de las lágrimas, eso me sorprendió, que un capitolino llorara no era algo que se veía con frecuencia, y si sucedía el llanto solía ser falso. -¿Ustedes son…?

-Novios. Si. –Contestó Peeta con voz aparentemente más tranquila. -¿Te importaría mostrarnos las habitaciones? Nos vendría muy bien descansar. –Peeta casi le ordeno a Effie en tono amable y yo lo admiraba por tener la fuerza para hacerlo. Cuando estábamos en un momento difícil, solo él sabía qué hacer, qué decir y en qué momento sin meter la pata a diferencia de mí.

-Seguramente los ayudara. Síganme. –Por suerte Effie hablo poco y nada, cuando lo hizo solo fue para indicarnos donde se encontraban las habitaciones, y avisarnos que tenían baño propio y todo lo que necesitáramos para asearnos y vestirnos, y que si necesitábamos algo más solo bastaba con que se lo pidiéramos a los Avox o a ella y nos lo traerían. Peeta rodeó mi cintura con su brazo, mientras avanzábamos por los pasillos de los vagones, incluso se dispuso a entrar conmigo en la habitación, pero insistí en que siguiera a Effie para que le mostrara la suya y me prometió que volvería en unos minutos. Solo que para cuando volvió, yo había cerrado la puerta con llave. Quería estar sola. Apenas entre en la habitación me tire en la cama sin molestarme en prestar atención al resto de la habitación, ver tanto lujo y pulcritud en la decoración me recordó que estaba en un tren que me llevaría al Capitolio para ser lanzada a una Arena con otros veintitrés tributos, entre ellos Peeta. Mi Peeta.

Todo lo sucedido desde ayer en la noche se repitió en mi mente. Mi hermana aterrada, mi charla con Peeta en la plaza, la cena con su familia, luego despertar en su casa, en su cama debido a que sin quererlo me quede dormida en el living, nuestra última vez, cuando estando juntos acabamos llorando, porque en el fondo presentíamos que el día de hoy cambiaría nuestras vidas y no precisamente para bien. Yo jugando con Jace en mi casa y Peeta mirando la escena de forma lejana como imaginando el futuro que podíamos tener juntos. La charla con Gale en el bosque y luego nosotros regresando a nuestras respectivas casas. El rato que pase con Prim y mi madre para dejarles algunas de las cosas que recolectamos y cazamos en el bosque. Yo dirigiéndome a la panadería, su padre enviándome a la casa del hijo mayor donde Peeta me esperaba para pedirme… pedirme matrimonio con un hermoso anillo en el que estaba segura había gastado todos sus ahorros y varias de sus pertenencias a cambio. Considerando las circunstancias actuales, ya no me parecía una locura. Él me estaba prometiendo amor eterno, ser una familia y un futuro prometedor. Pero la vida no era justa y ahora hasta eso nos estaba arrebatando el Capitolio. El odio y el dolor dentro de mí crecieron. Mi primer impulso fue levantarme, tomar la primera cosa que encontrara y tirarla contra la impecable pared de madera. Y lo hice. Tire una lámpara que había en la mesita de luz al lado de la cama y un reloj digital con una pantalla completamente de cristal. Ambas se rompieron en mil pedazos y yo grite completamente furiosa. Tire todo lo que se encontraba a mi paso, y salvo unos adornos lo demás no era frágil, por lo tanto una caída no le causaría ningún daño. Cuando el ataque de ira acabo y no encontré nada mas con lo que descargarme me tire en el suelo y empecé a llorar nuevamente.

Busque la caja con el anillo. Abrí la caja y acaricie las piedras preciosas una más grande en forma de corazón y otras diminutas en tres gamas de colores naranja y verde distribuidas al azar formando un corazón de casi dos centímetros. Naranja y verde, su color favorito y el mío. En el centro, un gran corazón naranja que cuando se movía o le daba la luz del sol, se veía amarillo y dorado por sectores. El corazón era rodeado por pequeños piedritas de lo que parecía zafiro en color verde.

Amarillo. Como el color del diente de león. Era irónico que en un momento ese color me recordara la esperanza. Esa misma esperanza que ahora estaba perdiendo. Peeta y yo jamás tendríamos un futuro. Al menos uno de nosotros estaba condenado a morir, por no decir los dos. Desde que Haymitch ganó el segundo vasallaje de los veinticinco, no volvió a haber ningún ganador, por lo que el panorama no era muy alentador. Aun así, tenía que encontrar una manera de que Peeta saliera con vida, haría cualquier cosa con tal de conseguirlo o moriría en el intento.

Ignore los gritos incesantes de Peeta, para que lo dejara pasar. Llevaba más de media hora llamándome, pudo escuchar cuando perdí el control y empecé a tirar todo y posteriormente cuando seguí llorando. Siempre estuvo ahí, detrás de la puerta, hablándome para calmarme, pero no tuvo éxito y por más que insistí en que se fuera, él seguía allí.

-No me puedes pedir que me vaya, que te deje. Sé que me necesitas, Katniss. Y yo a ti. Nos necesitamos el uno al otro. Si no quieres que pase, está bien. Pero de aquí no me voy. –Grito Peeta del otro lado de la puerta. Yo también estaba sentada contra la puerta, podía escuchar cada respiración de Peeta, cada sollozo, cada pequeño golpe que hacia vibrar la puerta. Solo nos separaban unos escasos cinco centímetros de madera y metal.

No le respondí. Quería tanto tenerlo a mi lado. Solo entre sus brazos me sentía bien, a salvo. Él tenía razón, lo necesitaba y él a mí. Pero no quería enfrentarlo ahora. Golpee la mano contra el suelo, con tan mala suerte que corte con un pedazo de cristal del foco de la lámpara.

Grité.

-Katniss ¿Qué paso?

Me maldije a mí misma, no debí haber gritado. Mire mi mano y extraje el pedazo de cristal de la palma de mi mano. En cuanto lo hice, brotó sangre y el dolor aumento. Rápidamente busque en mi bolsillo un pañuelo de tela y lo ate alrededor de mi mano para hacer presión contra la herida y detener la hemorragia. Era un corte algo profundo de unos tres centímetros de largo.

La falda de mi vestido se mancho con un poco de sangre, por suerte el abrigo tejido blanco que me había dado mi madre ya me lo había quitado y estaba tendido sobre la cama

-Nada. –Mentí. Era la primera vez que le contestaba algo desde que me encerré en la habitación. -¿Por qué lo hiciste, Peeta? ¿Por qué?

-No podía dejarte. Prefiero morir antes que perderte.

-Pero no me dejas opción.

-¿Opción de qué?

-Sino estuvieras aquí, tal vez encontraría la fuerza suficiente para luchar e intentar salir con vida de la arena. Lucharía por volver a ti y mi familia.

-TÚ-VAS-A-VOLVER. –Podía percibir el dolor en su voz.

-No quiero.

-Te obligare. –Su voz se volvió más dura y firme.

-No puedes. No me convencerás. Tú ni siquiera deberías estar aquí.

-Tampoco tú y aquí estas.

-Lo hice por mi hermana.

-Y yo por ti. –Contraataco. –Estamos a mano. ¿Crees que iba a permitir que me dejaras? ¿Pretendías qué me quede de brazos cruzados y tranquilo viendo en televisión como intentan matarte veintitrés tributos mas o peor verte muerta y yo sin poder hacer nada? No lo soportaría, Katniss. –Peeta estaba enojado, pero su voz temblaba. Golpeo la puerta con fuerza y yo contuve el aliento asustada ante su reacción. –Maldita sea. –Insultó.

Eran contadas las veces que lo veía enojado y la mayoría de esas veces era cuando alguien me insultaba o atacaba directa o indirectamente a mí. Como cuando su madre se pasaba en insultos dirigidos a mí, o en la escuela cuando algunos compañeros intentaban sobrepasarse conmigo. Definitivamente no era bueno tenerlo de enemigo en momentos así.

–Lo siento, amor. No debí decir eso, no quería asustarte. Estoy molesto por lo que te pueda pasar en ese lugar, no puedo permitir que nadie te haga daño ¿entiendes? –Como no conteste continuo hablando y yo lleve mis piernas a mi pecho escondiendo mi cabeza en mis rodillas, sollozando. –Tampoco quería lastimarte y sé que lo haré al final de un modo u otro. Yo solo pretendo protegerte, pero en el trayecto, lastimarte será inevitable. El único consuelo que me queda, es que no acabes odiándome. Un día cuando éramos muy pequeños habían unos niños mas grandes te estaban molestando en el patio de la escuela. Yo nunca te perdía de vista, aunque estuviera lejos de ti con mis amigos, te observaba y cuidaba de lejos. Note que algo malo pretendían contigo, me acerque y tú estabas llorando mientras ellos te gritaban e intentaban golpearte porque eras más tranquila que el resto y rara vez te relacionabas con los demás. Siempre paseabas con Madge, pero ustedes siempre estaban solas las dos. Pero en ese momento estabas sola y ellos aprovecharon ese momento. ¿Te acuerdas?

Claro que lo recordaba, solo tenía siete años, esos chicos eran hijos de comerciantes y pasaban aun menos necesidades que la familia Mellark. Me estaban humillando por ser de la Veta y decían cosas horribles de mi madre y mi padre. Peeta llego a mi rescate, se enfrentó a los dos chicos e incluso peleo con ellos, se ganó unos cuantos golpes, pero no pareció importarle. A la salida, lo lleve con mi madre, que le hizo algunas curaciones. Parecía fascinado cuando entró en mi casa, cosa que no entendí. Su casa era mucho mejor que la mía y tenía más comodidades. No lo comprendí, era algo tan extraño. Pero claro, en ese momento no sabía lo que sentía por mí. Su fascinación se debía a mí, a poder caminar junto a mí, hablarme, ir por primera vez a mi casa y pasar tiempo conmigo. Mientras mamá lo atendía, yo me quede sentada frente a él, que no dejaba de mirarme y sonreírme mientras contestaba las preguntas de mi madre. Era la primera vez que realmente hable con él, más que para decirnos hola o dedicarnos miradas y sonrisas tímidas.

-Sí. –Conteste. –Cuando conseguiste librarme de ellos, me dijiste "No tengas miedo…"

-"… porque siempre estaré para protegerte. Nunca dejare que te pase nada o te vuelvan a lastimar. Conmigo estas a salvo." –Completó.

-Tienes buena memoria. –Esas fueron sus palabras exactamente. Yo tampoco las había olvidado. Él no paraba de demostrármelo cada día.

-Eso es porque me lo vengo repitiendo a mi mismo desde los cinco años. Y ahora mismo estoy dispuesto a cumplir mi promesa. Te protegeré con mi vida, Katniss, hasta mi último suspiro.

-No quiero que hables como si te fueras a morir. Yo también te protegeré a costa de mi vida. Si alguien de los dos se salva, me asegurare de no ser yo. No saldré sin ti de esa arena, perdería la razón si lo hiciera. No puedo estar sin ti. –Al pensar en mi madre y mi hermanita me sentía una maldita egoísta por pensar así, pero era la verdad y ellas lo sabían.

-Entonces, ninguno de los dos sobrevivirá. Porque yo tampoco pienso vivir sin ti.

Maldita sea, Peeta. ¿Por qué me lo haces tan difícil?

Esto no se iba a convertir en una batalla entre el distrito doce y los veintidós tributos restantes. La verdadera guerra se desarrollaría entre nosotros dos. Ninguno estaba dispuesto a ceder. Y solo podía haber un ganador. O ninguno, teniendo en cuenta que dependíamos completamente del otro.


A/N: Publique antes de lo planeado el capitulo, ojala lo disfruten. Los Juegos están cada vez más cerca.

El Lector Cinefilo: Si, las despedidas siempre son difíciles, si le sumamos a esto que ambos se dan por muertos. Lo hace peor. :(

Isabelle Hutcherson: Gracias.

Barbi: Gracias. Y si yo no quería líos asi que para no odiar a Gale y tratarle de encontrar un castigo atroz por meterse en la relación de Katniss y Peeta, preferí que participara en la vida de los protagonistas de distinta forma. He leído un montón de fics donde alteran un poco el origen de la relación entre Peeta y Katniss, y en ninguno lo ponen a Gale solo como amigo (o sea que él no sienta nada por ella). Lo mío seria como una pequeña innovación. Además, siempre creí que Madge tal vez, sentía algo por él, con Catching Fire empecé a atar cabos. Creo que Peeta y Katniss tendrán suficientes problemas como para agregarle uno más xD Espero que te guste lo que viene. Cuando termine este fic (faltan muchos capítulos para eso, la verdad no tengo planeado cuanto se extenderá la primer historia), hare una secuela de será de Catching Fire, y luego una tercera para Sinsajo como cierre final. Nos leemos la próxima.

Buenas noches.

Lucy.