DISCLAIMER: Los personajes del Manga INUYASHA, son creación de Rumiko Takahashi.
La historia en la que se utilizan, es de mi autoría, y no permitir el uso indebido de ella...
ADVERTENCIA: Esta historia es rated M, por lo que contendrá, situaciones SEXUALES y de violencia, además de lenguaje vulgar, de manera explícita, y no por eso recomendar cada una de ellas… Se recomienda discreción ;)
¡ADVERTENCIA!
Escena YAOI… esta historia es rated M
O*O*O*O*O*O*O*O*O*O*O*O
Byakuya había utilizado sus poderes para que Naraku pudiera descansar profundamente y sé regenerase más rápidamente, pues en dos días más comenzarian a avanzar hacia el Oeste.
Ya se sentía del todo recuperado, Magatsuhi se había hecho presente, aunque aún no podía desligarse de la perla y buscar un cuerpo con el cual salir a luchar.
Así que le propuso guardar energías a Naraku y después salir de ese mugroso escondite y avanzar de una vez por todas, absorbiendo a youkais en el camino, que lo harían recuperar su fuerza por completo.
Todo sería más fácil, si se atreviera a absorber la perla de una vez por todas y pidiera ser un youkai completo y poderoso.
Pero él conocía lo traicionera que esta podía ser, así que no era una opción por el momento, pues contar con sus poderes era más que suficiente.
Magatsuhi odiaba a Kagome por ser su contraparte, así que aprovecharía esa rivalidad para concluir sus planes.
Antes de caer en un sueño profundo, pensó en Kikyo de nuevo, y en cómo había disfrutado y sufrido al mismo tiempo con su muerte.
Odiaba tener todavía sentimientos de Onigumo, vagando por su oscura alma, y chasqueando la lengua, deshecho sus tontos pensamientos y se durmió, sucumbiendo al poder de su última extensión.
*O*
Ikki Koyama había notado que Byakuya ocultaba algo, había regresado agitado después de cumplir las últimas órdenes de Naraku, pero en el último momento lo había visto cambiar de opinión recuperando la compostura frente a su amo.
Había esperado todo ese día, por el descanso de Naraku, ayudando con los preparativos para la próxima partida, deseando que llegara el momento de interrogar al esbirro.
Byakuya salía de la oscura habitación de Naraku, caminando en silencio, pensando si había hecho lo correcto al ocultarle la unión de Kagome a su creador y en cuanto dobló la esquina, Ikki se interpuso en su camino, bloqueando su paso, parándose frente a él muy cerca de su rostro.
_ ¿Qué te pasa Byakuya? ¿acaso tu Señor te ha dicho algo?...
La extensión se sorprendió, pues había estado tan distraído, que ni siquiera su aroma había notado, dándose cuenta de él, hasta tenerlo bastante cerca.
Ikki lo acorralo contra la pared, juntando su cuerpo con el de él, posando su pierna ligeramente doblada entre las de él, acariciando suavemente su entrepierna.
Byakuya había sentido cierta "culpabilidad", pues siempre había sido fiel a su "padre", pero en cuanto sintió de nueva cuenta, el cuerpo cálido de Koyama san sobre el de él, y su aliento rozar su piel, sus dudas desaparecieron disfrutando de ese momento.
Miro sus ojos azules, pálidos como el hielo, y cruzó sus brazos por su nuca, a través del inusual cabello, rojo intenso, sonriendo de manera malévola y acercando sus labios pintados a su mejilla, posando un suave beso, que los encendió a ambos.
A Ikki no le gustan las cursilerias, disfrutaba más tomando a Byakuya de manera ruda, amarrando sus manos a veces, sometiendolo mientras ambos gozaban.
Pero cuando Byakuya lo agarraba desprevenido y conseguía darle alguna "tierna" caricia como la de ese momento, lo enardecia, besando su boca vorazmente, desnudandolo con prisa, mientras las manos del otro vagaban por su cuerpo, poniéndolo de espalda y tomándolo con ansiedad, abrazando con fuerza su cuerpo, ahogando sus gemidos con sus bocas y alcanzando juntos el clímax explosivo, necesitado y deseado.
Después sentía una furia enorme, que lo volvia a encender, gozando otra vez del cuerpo de Byakuya, pero ahora a su manera.
*O*O*
Desde temprano Sesshomaru se despertó, un poco sorprendido por los miles de nuevos sonidos del futuro.
Sus instintos sé querían disparar, tratando de identificar cada aroma, cada sonido, sintiendo su piel erizarse, mientras continuaba con los ojos cerrados, recostado sobre la cama, pero entonces Kagome se acurruco contra él, susurrando suavemente su nombre, con un leve suspiro de satisfacción, recordando quién sabe qué cosas.
Sesshomaru la abrazó contra él, buscando el lugar de la marca en el delgado cuello de su hermosa mujer, lamiendo suavemente, aspirando el suave aroma de las dos esencias mezcladas en una sola, de ahí hasta la eternidad, tranquilizandose, poniendo su espíritu en paz y adaptándose a esa nueva realidad.
El cuerpo de Kagome se estremeció, sintiendo cada poro de su piel levantarse, mientras sus senos se endurencian al contacto de los labios de Sesshomaru sobre su cuello, gimiendo caprichosa tratando de defender sus últimos minutos de sueño entre sus brazos.
Él sonreía por su Miko remolona, y con más ganas besaba su piel, acomodandola entre las sábanas para dedicarse a lamer cada centímetro expuesto.
Pasó sus fuertes manos por debajo de su espalda, y la alzó, poniéndose hincado entre sus piernas, acomodandola a horcajadas sobre él, mientras Kagome se abrazaba a su cuello.
_ Estás tan apretada…
Susurraba Sesshomaru a su oído, con un hambre voraz, al sentir la cálida humedad entre sus piernas, al deslizarla suavemente, sobre su erecto miembro, mientras Kagome gemía entre sus labios, besándolo con ansiedad, ahogando sus ansias de gritar entre sus brazos, emocionada de recibirlo.
Entre sus brazos, la movía a su antojo, buscando de manera rápida el placer de ambos, lamiendo su cuello, devorando sus senos, besando sus labios, sin darle tregua, exaltandola, llevándola poco a poco por el camino del éxtasis, que juntos intentaban alcanzar
Dos horas después, todos estaban reunidos en el comedor de la casa de Sonomi, ayudando a acomodar los variados platillos, mientras Raiko y su dulce esposa, sonreían por la gran familia, que en tan poco tiempo se había reunido.
Los niños eran por demás adorables, y Sonomi no había dejado de abrazar y besar a Shippo y a Rin a la menor oportunidad. al igual que a Inuyasha y a Kohaku, aunque solo por abochornarlos.
Sé alegraba de ver a Inuyasha ubicado al fin, sin la confusión en el amor que siempre se veía en su mirada.
Yumeko era seria, pero al mismo tiempo, una chica dulce e inocente, a pesar de los horrores de la cruel batalla y de la perdida de su única familia.
Sabía que entre ellos dos curarian las heridas que venían arrastrando.
Miroku y el Abuelo Taiga, habían hecho una gran amistad, discutiendo acerca de diversos puntos teológicos, que solo ellos dos entienden, y tal vez Kaede sama también, pero ella no estaba ahí.
Y Sango, una chica maternal, que siempre estaba al pendiente de todos, al igual que Kagome, por eso eran tan grande amigas.
Kagome y Sesshomaru entraron al comedor, altivos y aun frescos de la ducha recién dada, pero sin que nadie pudiera decir nada al respecto, pues sus rostros señoriales y principescos, no daban lugar a ningún tipo de burla.
Saludaron a todos y se dispusieron a beber té en silencio, que solo rompieron cuando sus hijos se acercaron a saludar, abrazandolos Kagome con mucho amor, mientras Sesshomaru revolvía el cabello de ambos.
Sonomi se sentía orgullosa de ambos, pero más de su hija, pues en ese par de años que no la había visto, su carácter era mucho más maduro, sus metas y camino estaban más que definidos, y aunque ya sabía de la existencias de ese par de pequeños, verla en su faceta de madre era un motivo de orgullo para ella.
Ryutaro se aclaró la garganta, mientras se acomodaba para hablar.
_ Falta una semana para Luna llena, y si el traidor de Koyama está pensando abrir una Jikan Geto sin una espada, ese es el momento.
Kagome hablo, pues el momento de decir algo más.
_ Himiko no kimi antes de morir, me dio el medallón que estaba buscando Naraku y parte de un pergamino roto, que supongo que Koyama tiene la otra parte.
No les había comentado nada, pues el hecho de que lo lleve a cuesta, significa un gran riesgo para todos.
Sesshomaru la miro, seriamente, aunque con un dejo de preocupación en su mirada.
_ ¿Crees que sospechen de que tu lo lleves a cuestas?...
_ Supongo que si…
Todos bebieron de su taza de té, mientras Sonomi regresaba de la habitación de Souta, donde había puesto a los niños a ver algo de televisión.
Ahora sabían que con más razón, Naraku atacaria antes de la Luna llena, tal vez intentando obtener el medallón.
_ Con ese medallón podemos reconstruir Rakuen no ippen, después de convocar a los soldados que lograron escapar poniendo a salvo a la poca gente del pueblo, que haya podido sobrevivir.
Kagome abrió los ojos, sorprendida por las palabras de su padre, al igual que Yumeko, aunque ella sabía que su padre y hermana habían muerto.
_ Padre, ¿entonces no está del todo perdido?...
_ No lo sé hija, creo que lo mejor sería establecernos en este tiempo o en el Sengoku jidai, ya no hay Oráculo, ni sacerdotisas del Tiempo, seriamos solo un sencillo clan de Guerreros.
Sesshomaru tomó la blanca mano de Kagome, que no cabía de la emocion.
_ Raiko sama, gomen, pero Rakuen no ippen era algo más allá, de guardianes de profecías, Himiko no kimi me lo mostró cuando entrenamos con ella.
Rakuen no ippen puede surgir como pueblo de sanadores, de guerreros que seguirán peleando por ideales más allá de todo, pueden ser aliados poderosos del Oeste, y más después de la Unión de una Heredera de su Casa, con Lord Sesshomaru.
No me mostro el final de esta batalla, pero si un millón de opciones para continuar adelante.
Raiko y Ryutaro se miraron asintiendo con las palabras de Yumeko, no todo estaba perdido, entre ellas dos habia conocimiento, en ellos dos también y seguramente entre los sobrevivientes estaba el patrimonio con el surgiría de nuevo su pueblo.
_ Deberíamos de regresar cuanto antes al Oeste y prepararnos para un posible ataque, no podemos bajar la guardia y así cuanto antes, derrotar al maldito de Naraku.
_ Inuyasha, hijo, al menos pueden quedarse hasta mañana, hoy es el último día del Bon-Odori, y debemos dar nuestro sentido respeto a los que ya no están con nosotros.
Sonomi miraba sonriente y maternal a Inuyasha, mientras este se sonrojaba, ya que no podía negarle nada, a la que, desde que conoció, la consideraba como su madre.
Terminaron de almorzar, entre platicas, conociéndose más, mientras Sesshomaru se sentía agusto, por primera vez en muchos siglos.
*O*O*O*O*O*
Byakuya se encontraba dormido sobre el futon de Ikki, con su kimono cubriendo su masculina desnudez, mientras su cabellos desparramado, cubría parte de su rostro.
Ikki terminaba de dar las últimas pinceladas para un poderoso sello, en el que había trabajado por muchísimo tiempo, y que era parte esencial de sus planes.
Mordía la punta del pincel, mientras sonreía y verificaba que todo estuviera perfecto, no sé podía equivocar, faltaba una semana para poder abrir la Jikan Geto y matar al dios del Tiempo, pero para entonces él tenía que transformarse en el ser más poderoso, absorbiendo los poderes de Naraku cuando este absorbiera la Perla de Shikon, para eso era necesario el sello que tenía en sus manos y al cual solo le faltaba una firma de energía.
Capturaria a Kagome, después de robar el medallón y de esa manera no haría falta la perla, más que para volver un youkai poderoso a Naraku, antes de su muerte.
Byakuya abrio los ojos, y lo encontró sonriendo con malicia, perdido en sus pensamientos, con el largo cabello color rojo, cayendo por su cuerpo semidesnudo, cubierto desenfadadamente por el kimono abierto, pues su obi lo tenía sujetó a él de las manos, después de una desenfrenada y apasionante follada.
Leyó sus pensamientos, sabía lo que pasaría, y sin embargo se quedó en silencio observando, sintiendo algo cálido y frágil en su interior, además de la terrible y cruel certeza de saber que estaba irremediablemente muerto, pues había elegido, egoístamente, seguir disfrutando de lo recién descubierto con él, hasta que Naraku los asesinara.
_ Has despertado… ¿te encuentras bien?...
Sabía Ikki, que había sido rudo de más en esa ocasión, aunque con la terrible sospecha de que lo habían disfrutado más que nunca.
Sé sentía enfermo solo de pensar, que Byakuya le estaba importando más de lo que quisiera, pues una duda lo había asaltado por un breve instante, no sabía si Byakuya se convertiría en su aliado o en su enemigo.
Podía ser él mismo a su lado, por primera vez en muchísimo tiempo no fingía, no pretendía, ambos sabían la mierda de persona que era.
Jamás había sentido curiosidad en el terreno de lo sexual, escabulléndose de las insinuaciones femeninas de las que siempre fue blanco, debido a su singular belleza, llegando a aborrecerlas.
Solo había sentido la necesidad de tener a Raiko, de estar con él todo el tiempo, de ser para él.
Que solo fuera de él…
Pero aunque nunca había llegado a nombrar su obsesión, no entendía porque su cercanía lo erizaba, porque amanecía erecto al soñar con él, hasta que la maldita bruja de su maestra se atrevió a provocarlo, mostrando de manera cruel, su negra verdad.
_ Estoy bien, algo hambriento… creo que buscare algo de comer, después de bañarme.
Sé levantó suavemente, dejando que la seda que lo cubría resbalara por su blanquísimo cuerpo, caminando desnudo hacía el onsen privado.
Ikki no apartaba la mirada, de su espigado cuerpo, de firme trasero sobre el que escurría su simiente.
Y se enardecia, sintiendo su cuerpo estremecerse de la excitación, mientras Byakuya sonreía mientras caminaba, detectando su aroma, que se había disparado sin poder contenerse.
Ikki se levantó con la firme decisión de ir tras de él, pero antes, tomó su obi y lo amarró sobre su kimono, y fue hacía la habitación donde estaba Naraku dormido, pues escondido entre uno de sus tentáculos, que yacían desparramados sobre el tatami, el sello al que había vuelto indetectable gracias a las pócimas con las que, supuestamente lo estaba sanando.
Se cercioro de dejar todo en orden y camino hacia las termas, siguiendo el camino que Byakuya había recorrido, encontrando entre el vapor tibio, con los ojos cerrados y el agua cubriéndolo por completo, entrando suavemente junto a él, acechando como un animal a su presa.
*O*O*O*
Naraku se hallaba sumido en la negra oscuridad, inconsciente, rodeado de su miasma y su youki, recuperando sus fuerzas.
Un pequeño destello rosado comenzó a brillar, molestando mientras iba subiendo de intensidad.
_ Naraku, tan imbecil… mataste a la mujer que amabas, traicionaste a tus aliadas más poderosas y todo por un degenerado que se revuelca, con el traidor de su propia gente.
Naraku escuchaba, furioso, sin comprender del todo las palabras de Magatsuhi dentro de la Perla.
_ No importa que me tengas en tu poder, ya completa, al final, estás esperando por un plan que no te beneficiara en nada, pues serás traicionado… Matalos… Matalos…
La perla le mostraba imágenes de Ikki y Byakuya follando, provocando un estremecimiento de una poderosa furia, mezclada con asco, vergüenza y ansias… Esos dos se la pagarian…
_ Mátalos Naraku… Matalos… Matalos y absorbeme de una vez por todas, para que te conviertas en el más poderoso y acabes de una maldita vez con todos…
El resplandor de la perla desapareció, dejándolo sumido de nuevo en la oscuridad, sintiendo el vacío, el silencio y la soledad desesperante.
Y abrió los ojos, ocultando su presencia, reacomodando su cuerpo, tomando la forma de Hitomi Kagewaki, que desde hace tiempo suplantara, como su favorita, haciéndola suya después de asesinarlo.
Desnudo como estaba, avanzó despacio hacia las termas, sabía donde estaba, el maldito aroma de excitación lo guiaba, como una peste difícil de ignorar.
Entró en silencio, sin que lo notaran, viendo entre las brumas, el cuerpo blanco de Byakuya, que se recargaba en la orilla, sacando medio cuerpo del agua, dándole la espalda a Ikki, que tomándolo de los cabellos y de sus estrechas caderas, lo embestía, acercando su rostro para besarlo vorazmente, ahogando sus gemidos.
Naraku noto con sorna, cómo su cuerpo reaccionaba ante el asqueroso espectáculo de esos dos, y sonrió, observando, esperando el momento correcto, pues no bien habían culminado, cuando este los atacó enredandolos a ambos entre sus tentáculos por separado, ahorcando a Ikki Koyama, mientras con otros tentáculos más, separaba las piernas y los brazos de Byakuya, obligándolo a ver, sin necesidad de que adivinara lo que venía después.
_ ¡Ja!, esperaba una traición de la basura de Koyama… ¡de verdad la esperaba! ¿Pero de ti?, Byakuya me has decepcionado.
Con una serie de rápidos latigazos, flagelo todo su cuerpo, hiriendolo mientras gritaba y se retorcía de dolor…
_ ¡Recuerda que yo soy tu creador… puedo acabar contigo cuando yo quiera!...
Apretó más, alrededor del cuello de Ikki, logrando que se pusiera azul, matándolo poco a poco, mientras seguía golpeando el herido cuerpo de Byakuya…
_ N-Na- Naraku… yo te traicione… ¡JAJAJAJA! ¡Y LO VOLVERÍA HACER!...
Naraku lo miró con una sonrisa maquiavélica, cargada de todo el odio que podía sentir hacía cualquiera, a él no lo engañaban…
_ Idiota… no había necesidad de ir tan lejos, si tenías necesidad de satisfacer tus gustos… yo te hubiera sabido comprender…
Y con la burla en el rostro, introdujo otro tentáculo por detrás, hiriendolo, haciéndolo gritar con fuerza por la dolorosa desfloracion.
Ikki ardía de rabia al ver cómo Byakuya lo había intentando defender, después de todo, mientras era violentado frente a él, intentaba separar la asquerosa extremidad de su cuello, buscando el aire necesario, y poder invocar algún sello.
Pero sin que Naraku le diera tiempo de algo, atravesó su tórax con sus garras, abriendo los ojos, mientras sentía su carne desatajada, vomitando sangre, hundiéndose en la oscura conciencia, mientras escuchaba el grito desgarrado de Byakuya, llamarlo.
Naraku arrojó con fuerza el cuerpo desangrado de Ikki Koyama, hacía el vacío de un barranco, mientras lamia la sangre del traidor y gozaba haciendo sufrir a Byakuya.
NADIE lo traicionaba y vivió para contarlo…
*O*O*O*O*O*
Kagome se hallaba junto a su padre, practicando sellos y mudras, que Miroku, interesado también, aprendía junto con ellos, ya que ambos manejaba el poder espiritual del reiki.
Yumeko entrenaba con Sango, mientras Ryutaro luchaba con los dos Taisho, emocionado por volver a pelear con la sangre del General Inu.
Inuyasha, emocionado, peleaba con todo, dándose cuenta que ese "viejo" era mucho más fuerte de lo que parecía, pues no estaba conteniendo para nada su fuerza, luchando con sus garras y al final con colmillo de acero, que casi había sido arrancada de sus manos en un par de ocasiones.
Cuando llegó el turno de Sesshomaru, este comenzó luchando con su látigo de veneno, mientras Ryutaro pensaba nostálgico, en Irasue, suavizando su rostro con una pequeña sonrisa.
Sesshomaru era inteligente y no pasó desapercibido, su cambio de actitud, pues su aroma se mantenía oculto desde que lo conociera, por su armadura; ¿acaso Ryutaro sensei conocía a su madre?, pues aparte de él, ella era la única de emplear el látigo, aunque en su vida solo la haya visto usarlo en un par de ocasiones.
La velocidad del Sensei era sorprendente, casi a la altura de un youkai, pero aunque no fuera total, su defensa la compensaba con experiencia y anticipación, pudiendo esquivar cada ataque.
No uso sus espadas para luchar, porque eran demasiado peligrosas, pero aun así esquivo sellos y mudras con los que invocaba nuevos poderes.
Kagome entrenaba su velocidad con las manos, ensayado nuevos mudras descritos en el pergamino que le dejó el Oráculo, pues con ellos podría cerrar la poderosa Jikan Geto (puerta del tiempo) que Naraku e Ikki pretendían abrir.
_ Yumeko san, Kagome Hime, tomen sus espadas o armas, me toca entrenar con ustedes…
Inuyasha y Sesshomaru se miraron, ¿acaso no se había cansado con ellos?...
Sesshomaru observo con detenimiento a Ryutaro, había algo en ese humano, que lo intrigaba, aunque su apariencia fuera de lo más común.
Estatura alta, cuerpo delgado y fuerte, hecho a base de las batallas, cabellos largos y negros, encanecidos levemente y peinado hacia atrás en una coleta alta, dejando ver una amplia frente.
Su rostro era de total y absoluta amargura, cargando tal vez demasiados recuerdos, moreno, de leves arrugas junto a sus ojos de color violeta y en su ceño, mientras su boca siempre estaba apuntando hacia abajo.
_ Sesshomaru san, me gustaría poder pelear con usted, después de que mi hija y mi Sensei terminen de usar la explanada.
La mano de su suegro sobre su hombro, lo sacó de sus pensamientos, mirando a su rostro mientras aceptaba.
Sonomi había ido con los niños y con el Abuelo Taiga, a comprar ropa para todos esa noche, así no sé mortificaria viendo a su pequeña hija entrenar con su Sensei, incluso, él mismo estaba preocupado por la reacción de los dos Taisho, más en especial de su yerno, que se notaba demasiado enamorado y posesivo de su hija.
Kagome usaba ropa de su tiempo, al igual que Yumeko, que había sacado su alabarda, poniéndose de acuerdo con Kagome, pues era más difícil esquivar dos armas distintas, que dos katanas al mismo tiempo.
Comenzaron atacando con fuerza, mientras Inuyasha, clavaba sus garras en sus manos, sorprendido del nivel de pelea de las Onnas y el Bushi no Yoru.
Sesshomaru estaba orgulloso de la fuerza de Kagome, aunque Yako en su interior, le daba un mal momento, gruñendo de manera baja y alzando el youki de ambos, dispuesto a atacar en cualquier momento, mientras Raiko, no dejaba de estar en guardia, dispuesto a detenerlo en cuanto hiciera falta.
Yumeko recibió la primera herida, y Sesshomaru se dio cuenta del gruñido de su hermano, conteniendose para no defender a la mujer de la que se había enamorado.
_ Inuyasha, trata de controlarte, ellas están acostumbradas a este tipo de entrenamiento…
Pero Ryutaro tenía algo en mente.
Quería que ellas estuvieran preparadas para todo, pues había visto la manera sucia de pelear de Naraku, la bestialidad con la que trato a la dulce Himiko no kimi, esa niña especial, que algunas veces lo hizo reír, cuando murió su esposa.
Así que las trato con saña, peleando sucio, hiriendolas deliberadamente, cuando no podian esquivarlo.
Sentía el youki de Sesshomaru alzarse, y se enorgulleció de que a pesar de la frialdad de su rostro, aprendida probablemente de su especial madre, fuera capaz de amar a una humana cómo Kagome.
Yumeko salió volando herida por los aires, siendo sostenida por poco, por Inuyasha, que gruñía furioso mientras abrazaba contra él, el frágil cuerpo inconsciente de la Onna.
Raiko se separó de Sesshomaru, para ayudar a la amiga de Kagome, pero en ese momento, Ryutaro saco un par de kunais de su armadura, sorprendiendola, mientras quedaban encajados en su brazo y pierna, golpeando su rostro, tirándola al suelo.
El youki de Sesshomaru se disparó por los cielos, transformándose su rostro, tornándose sus ojos de color rojo, con las singulares pupilas de color verde, dispuesto a matar a Ryutaro al ver a Kagome en el suelo.
Ryutaro con el rostro serio y frio, esquivaba los golpes del furioso Daiyoukai.
_ ¡Sesshomaru detente!...
Kagome había intentado detener la furia de Sesshomaru, en vano, preocupada por su reacción, pues ella conocía el método de su Sensei, y siempre terminaba pagandoselas.
Pero Sesshomaru no recuperaba la conciencia, y a punto de sacar a la poderosa Bakusaiga, Kagome realizó unos mudras rápidos con sus manos, intentando paralizarlo.
_ ¡Sesshomaru, Onegai, tranquilizate…!
Pero Yako en su interior, sintió su furia crecer, al sentirse aprisionado rompiendo el sello, dejando que su instinto lo poseyera a punto de transformarse en el enorme Inu Daiyoukai que era.
Kagome se acercó a su rostro, dejando su reiki fluir tranquilizando a Yako en su interior, recuperando su temple, sin dejar de ver con una mirada asesina a Ryutaro sensei, que eliminaba con su chakra los rastros de veneno de las garras de Sesshomaru.
Kagome lo seguía mirando, de manera dura y al mismo tiempo preocupada por él.
_ Mí Señor, te ruego que no interfieras en mí pelea…
Lo dejo, dándole la espalda, eliminando el sello de inmovilización, dejándolo saber, sutilmente, que se marchaba molesta.
Kagome sacó los kunais de su carne y atacó con más fuerza a Ryutaro sensei, dejando salir todo su poder, demostrandoles, que el sello que había puesto la perla en su alma, se había roto desde que era la Señora del Oeste, obligando a Ryutaro a luchar con toda su fuerza.
Kagome no era más, la chiquilla indefensa que casi muriera por sus garras, y sintió orgullo y el deseo de pelear a su lado.
Al final, como siempre le estaba dando una paliza a su maestro, cobrándole el golpe dado en la cara, donde más le dolía, dejándolo tirado en el suelo retorciéndose de dolor, repitiendo en su mente, como un mantra, jamás volver a pegarle en el rostro a Kagome, si no lo iba a terminar convirtiendo en un Eunuco.
Con su energía, sanó las heridas de Yumeko, que de inmediato intentó salir de los brazos de Inuyasha, en cuanto recuperó la conciencia, sin que esté sé lo permitiera, para diversión de Kagome.
_ Inuyasha, haz que se recueste en su futón por media hora, en lo que termina de sanar su cuerpo por completo.
Y el hanyou sonriendo con complicidad, la llevó, contento de la intervención de su amiga.
_ ¿Estás bien hija?...
Raiko notaba una ligera fluctuación en el aura de su hija.
_ Sí padre iré a darme un baño…
Cómo la princesa de su Clan que era, y nueva Señora del Oeste, avanzó derecha, con el rostro serio, intentando ignorar a su compañero, avanzando hacia su habitación.
Sesshomaru quedó helado en su lugar, sorprendido al ser ignorado por Kagome, que estaba furiosa alejándose de él.
_ Ve por ella Sesshomaru… aun no conoces a Kagome enojada…
Escucho a lo lejos la risa de su hermano, pues él más que nadie conocía su mal humor, y lo que tardaba esté en mejorar.
Sesshomaru avanzó despacio tras ella, alcanzando justo cuando terminaba de quitarse la última pieza de ropa, desnudándose para entrar al baño.
Kagome apenas lo miró y entró sin decirle nada a la regadera.
" Que manera tan cruel de castigarnos… dejarnos mirar su cuerpo, sin saber cuándo lo podremos saborear de nuevo…"
Y Sesshomaru escuchaba frustrado a us Bestia, culpando de intervenir en el entrenamiento de Kagome.
Su instinto lo había dominado.
Kagome lavaba su cuerpo, ya recuperado por completo, quitando los rastros de sangre y sudor de su cuerpo, molesta de que Sesshomaru la subestimara, ella no era la misma que había recorrido Japón en la espalda de Inuyasha, le daba miedo ser menospreciada por él.
Sintió las fuertes manos de Sesshomaru, recorrer su cuerpo mojado, estremeciéndose de la sorpresa, sintiendo su cuerpo erizarse de la emoción placenteras por las caricias recibidas en su piel recién restaurada.
_ Gomen ne, Kagome…
Le decía repegando su cuerpo al de ella, susurrando en su oído palabras jamás dichas en su larga vida.
Kagome sentía su cuerpo derretirse en sus brazos, deseando abandonarse a las sensaciones sentidas.
_ Necesitas confiar en mí…
_ Desde hace algún tiempo, no soporto ver tu cuerpo sufrir…
Y recordaba a aquel ridículo humano, que la había secuestrado envenenadola, pretendiendo hacerla su mujer, y al que había matado con sus propias garras, poniendo un estúpido pretexto después de darse cuenta de su acción, torturando a Inuyasha, después de que pensó que Kagome había muerto, en esa cascada de agua caliente, escondido entre el vapor, evitando las ganas de darle una paliza al inútil de su hermano por dejar morir a lo unico valioso que tenía en su miserable vida.
_ Ai shiteru…
Susurro a su oído, mientras besaba su cuello, volteando Kagome de prisa, besando sus labios, abrazandose a su cuello, cediendo ante la emoción de su corazón, acariciándose mientras estaban bajo el agua.
_ ¿Me has perdonado?...
Y Kagome lo beso, sonriendo asintiendo con su cabeza.
No había nada que perdonar.
Escucharon a los niños gritar emocionados, subiendo las escaleras, llamándolos a ambos, así que pospusieron las caricias y decidieron salir y vestirse para estar con ellos unos momentos.
_ Es que es ¡todo impresionante!... ¡había muchísimas cosas! Sonomi obachan nos ha comprado dulces, ropa, fruta y muchas cosas más…
Shippo comía emocionado una paleta, mientras le contaba a Kagome y a Sesshomaru su primera experiencia paseando por el futuro.
_ A mí me ha comprado kanzashis para mí cabellos, getas y un hermosa muñeca…
Kagome los abraza contenta, pues sabe que su madre los ha adorado y que ha sido poco lo que les dio esa tarde.
_ Y bueno, ¿quieren descansar ambos un momento o ayudarme a preparar el templo para esta noche? debemos dejarlo listo para los visitantes, además yo también quiero pasar tiempo con ustedes.
Raiko sacudió los cabellos de Shippo y miraba con ternura a Rin, pues se le figuraba a su propia hija cuando era pequeña, aunque no llevara su sangre.
_ ¡Vamos!...
Y junto con Souta, corrieron y brincaron a su lado, mientras hablaban de todo.
Kohaku era un adolescente, tal vez ya no se acoplaba con los niños, pero aun así los seguía a todos lados, protegiendolos, protegiendo a Rin…
_ Me muero por conocer, igual que los pequeños.
Decía suspirando Sango, recargando su cuerpo en Miroku, mientras lo veía alejarse, y Sesshomaru y Kagome se dieron cuenta de lo relajado que estaban ambos en ese tiempo, sin preocuparse de otra cosa más que su amor, porque incluso el kazzana de Miroku, dejaba de molestarlo.
_ Me hubiera gustado que pudieran venir también Ayame y Kouga… estar todos juntos.
_ ¡Keh! ¡quien extraña a ese lobo sarnoso!
Inuyasha y Yumeko se acercaban, después de que esta descansará, echada en su futon, esperando que su cuerpo sanará.
_ ¿Cómo te sientes Yumeko san?.
Sesshomaru le preguntó, sorprendiendo a Kagome con esa pequeña acción, pues su amado quería encajar con ellos y eso era bueno.
Incluso el respeto de Inuyasha hacía él, iba en aumento.
_ Me siento bien… gracias por preguntar Sesshomaru sama…
_ Por favor, no hacen falta los honoríficos entre nosotros, solo delante de la gente del Palacio…
Yumeko sonrió contenta.
_ Está bien, Sesshomaru san… de hecho creo que Ryutaro se ha ablandado un poco, debe ser por su experiencia al ser casi cercenado.
Todos voltearon y la miraron con sorpresa, incluyendo Sesshomaru, y más cuando Kagome asentía pensativa, recordando lo hijo de puta que podía ser su maestro.
Era verdad, aunque había sido pesado, no había sido tan duro como otras veces.
Sesshomaru solo bufo despacio, sin pasar desapercibido para Inuyasha que sonrió divertido, la verdad era que Kagome estaba hecha fuera del molde, y Yumeko al parecer también.
_ Sanguito, no cabe duda que son tus amigas…
Decía Miroku, recordando también el gusto por las Artes Marciales de su mujer, pues no en balde era una gran Exterminadora.
_ Me gustaria conocer a nuestras contrapartes, saber que nos tienen que decir.
_ Bueno, díganlo por ustedes… Miroku y yo ya estamos muertos en esta época…
Miroku se estremeció de manera graciosa, al analizar las palabras de su mujer, pues era más que verdad, algo con lo que Kagome había tenido que lidiar hacía muchísimo, cuando empezó su amistad con ellos.
_ Mientras sean leales al Oeste su vida se extendera… aunque como todo, nada es para siempre…
_ Bueno eso ni sé pregunta, desde su unión con Kagome san, nosotros seremos fiel al Oeste y brindaremos nuestras armas y conocimientos para la causa.
Sesshomaru asintió con su cabeza, mirando luego a Inuyasha.
_ ¡¿Qué miras?! yo también, pues aunque no lo conocí cómo quisiera, eran las tierras y la gente de mí Padre, lucharé para protegerlas también.
Las tres chicas sonreían enternecidas, pues por fin Inuyasha era parte de algo.
_ ¿Hija?, creo que es hora de comenzar a alistarnos, pues el tren a Asakusa puede estar muy lleno…
Kagome les explico rápidamente, en lo que consiste la celebración del Bon-Odori, dándose cuenta, que era algo que apenas comenzaban a celebrar en Sengoku jidai y que Yumeko conocía en Rakuen no ippen.
A todos se les hizo una hermosa tradición, celebrar a los que no estaban durante unos días al año, era algo bueno para honrarlos y superar la pérdida de manera alegre.
Ese día, las mujeres usarían sencillas y hermosas Yukatas, pues el calor del verano asi lo requeria.
Por primera vez Inuyasha había accedido a usar un Kinagashi en vez de su kimono de piel de rata de fuego, pues Yumeko había hecho el comentario, de no haberlo visto vestido con ropas distinta, logrando un fuerte sonrojo.
Sesshomaru también había accedido a ocultar sus marcas con su youki, mientras Inuyasha usaría un pañuelo sobre su cabeza.
Kagome alistó a Rin con una hermosa yukata color blanca, con hermosas flores y mariposas en todos los colores, parecía vestida con el arcoiris, peinando su cabellera en un par de coletas.
Soltó los cabellos de Shippo, largos y hermosos, para cubrir la forma de sus orejas, mientras que su colita quedó escondida bajo su haori, que usaría sobre el Kinagashi, con el kammon de la casa Taisho, pero Kagome no sé preocupaba mucho, pues era un pequeño y adorable niño, además estaban en Japón, donde se veía de todo.
Cuando salio de su habitación, sus amigos y Sesshomaru la estaban esperando, y todos lucían muy bien.
Sango con su yukata color verde, con hermosos detalles en rosa y un obi sencillo color rosa, había dejado su cabello suelto, sujetó con un lazo que apartaba el cabello de su rostro.
Yumeko había peinado su larguísimo cabello rubio, en un par de trenzas, que brillaban como lazos de oro, sobre su yukata color azul cobalto con detalles rojos.
Y Kagome con una Yukata blanca con detalles rojos, como los de la casa de la Luna, con su cabello sujeto en una alta coleta, mientras que los hombres lucían Kinagashis de colores sobrios, negros, café y azules con un haori sobre sus hombros. y el obi tradicional.
Esa noche se subieron por primera vez en el tren, acompañados de sus padres y Ryutaro sensei, que había sido invitado por Rin, disimulando la sorpresa de todo lo que veían alrededor, las luces, los edificios, los autos, una ciudad viva, moderna y pululante, que había crecido y avanzado al máximo y que en nada se parecía al "tranquilo" y sencillo Edo, en la era Sengoku.
Llegaron a Asakusa, cerca de Shibuya, y algunas calles estaban cerradas, debido a la gente que bailaba al ritmo de los enormes Taikos, de los puestos de comida y amenidades.
Kagome les mostró todo, pasando desapercibidos para la cantidad de gente y turistas de diferentes lugares del mundo.
Cómo había chicas y chicos haciendo cosplay, disfrazados de diferentes personajes o mascotas, Inuyasha decidió quitarse el pañuelo, evitando la molestia de traerlo, sin que nadie reparara en el par de tiernas orejitas.
Después de probar los distintos platillos y de curiosear por todos lados, las chicas, incluyendo a Sonomi y Rin, se atrevieron a unirse a la demás gente y bailar al ritmos de los grandes tambores, hasta que comenzaron los fuegos artificiales, pues era hora de acercarse a las orillas del Río Sumida y despedir a las almas que ese día los habían visitado.
Pero era tal la cantidad de gente, que Kagome preocupada por perder a Rin y Shippo, le pidió a Sesshomaru que los llevara a un alejado lugar.
Todos tocaron su hombro y en la oscuridad de un callejón, Sesshomaru los cubrió con su youki y se transformó en una rápida esfera que se confundió entre las luces de los fuegos artificiales, dirigiéndose río a arriba, a las afueras de la ciudad, en un hermoso campo a las orillas del gran río.
Sé separon buscando la privacidad de sus rezos, dejando sola a la pareja, mientras Sonomi y Raiko se llevaban a los niños de la mano, explicándoles lo que tenían que hacer con la hermosas linternas que habían preparado para esa ocasión, mientras que Rin no permitía que Ryutaro se alejara de ellos, mientras que al viejo maestro la dulzura de la niña, le recordaba mucho a Himiko cuando era pequeña.
Más abajo estaban Sango y Miroku, junto con Kohaku y la pequeña Kirara, y por la misma orilla pero apartados también Yumeko y su querido Yasha kun.
_ Mañana regresaremos a tu era, dime, ¿te gusto mi época…?
Kagome se abrazaba al cuerpo de Sesshomaru por la cintura, iluminados ambos solamente por la luz de la Luna.
_ No lo niego, ha sido algo interesante…
Vio cómo empezaron a bajar las linternas por el cauce del Río, que venían de un cercano pueblo, iluminando la oscuridad con la tenue luz.
Sencillamente mágico.
Kagome sacó varias pequeñas linternas de una de las vainas de frijol, mientras Sesshomaru la veía armarlas y comenzar a encenderlas.
_ Son muchas…
_ Mí padre pondrá una grande, por todo Rakuen no ippen, pero yo quise poner estas por gente cercana a mí.
Mis Doncella Miwa y Misora, un par de bellas hermanas, por algunos compañeros de entrenamiento, por Himiko no kimi…
Y le mostró una bella linterna blanca adornada con muchas cosas brillantes, cómo había sido ella misma…
_ Y también por mis Abuelos, Yukito, Asuka y Zumiko…
Sesshomaru la veía entrar en el agua, siguiendola hipnotizado por su belleza, dejando ir una por una cada linterna, dedicandoles un pequeño rezo a cada una, intentando no llorar, cuando tocó el turno de rezar por su Abuelito.
Él la sostuvo de la cintura, pegandola a su cuerpo, confortandola, ambos dentro del agua, viendo las linternas partir por la tranquila corriente.
_ Traje una también para tu padre…
Sesshomaru la vio sorprendido, pues no lo había pensado siquiera.
La sostuvo mientras Kagome la encendida, diciendo una pequeña oración antes de soltarla, iluminados los dos por el cálido brillo de ella.
_ Touga sama, usted debería de estar muy orgulloso de sus hijos, soy muy afortunada de haber conocido a ambos… de ser la compañera de Sesshomaru…
Soltó la linterna, dejándola ir, mientras Sesshomaru la tomaba entre sus brazos emocionado, suspirando cerca de su oído, provocando un escalofrío en el cuerpo de Kagome, que reaccionaba a su cercanía, escuchando su acelerado corazón.
Sensual cómo él sabía serlo, susurro en su oído:
_ ¿Me temes Miko…?
Y Kagome sintió sus cuerpo reaccionar con placer y alegría, recordando aquella primera vez con el Oráculo, cuando le habló de su pareja destinada, escuchando de los labios de Himiko no kimi la misma frase que él le diría…
_ Si…
Y volteo hacia él, buscando sus labios, sintiéndose feliz de estar a su lado, mientras Sesshomaru pensaba lo afortunado que era de tener una hembra como la que estaba en sus brazos en ese momento…
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No pude evitar incluir un pequeño guiño al manga disponible en Devianart, de Youkaiyume llamado "Raindrops" (Gotas de lluvias, disponible en youtube también)...
Además de una escena de Yaoi, que intente que no quedara muy fuerte…
Espero no haber herido susceptibilidades, y que les haya gustado…
Quiero mandar saludos a:
Andy taisho
Chicadelasseries
Marlene Vasquez (adoro tus historias)
Faby sama *3*
Raquel Taisho
Sprintopain
krievil
Titita Taisho
SoPhyfg
damalunaely
Mican
Daiisevani
Asia12
rosangela
celeste
Y a Okita Kagura que fue mi review número CIEN :)
GRACIAS POR HACER TODO ESTO POSIBLE…
Les mando un abrazo supercalifragilisticuespialidoso hasta donde estén…
YOI MINO
