¡Hola! Tanto tiempo, ya estaba olvidándome que se sentía publicar… Siento mucho esta gigantesca tardanza (hasta pensé en dejar de escribir), pero intentaré seguir hasta el final! Y a las lectoras de Guerreros, todavía no abandoné la historia ya encontraré la forma de continuarle ;P

Disclaimer: Nada es mío u.u. La historia original es de Selece's Child, quién justamente está volviendo a publicarla jaja, y los personajes que nos inspiran? De las geniales Clamp. Obviamente.

Disfruten el capítulo, y si se perdieron tranqui, solo lean otra vez jajaja me da pereza hacer un resumen.

14-Objeto

-¡Umi-chan!-exclamó la voz de Hikaru, al tiempo que la Guerrera pelirroja corría hacia su amiga y Ascot, quiénes salían a los alrededores del Palacio.

-Karu- respondió la aludida, de manera inexpresiva, Fuu se acercó a ellos.

-¿Sucede algo, Umi?- los ojos de la Guerrera del Agua, respondieron llenándose de ira al encontrarse con los ojos esmeraldas de la rubia.

-¿Por qué tienen que ocultármelo todo?-habló muy bajo, pero su voz se quebraba de desilusión, la Guerrera del Viento bajó su mirada y no respondió-¡Prometimos que no habría secretos entre nosotras!-expresó en un grito.

-Umi, intentamos ahorrarte una desilusión, ¡sabíamos que ibas a entrar en pánico y te sentirías usada, te conocemos bien! ¡Reaccionarías de la peor manera!-exclamó la Guerrera del Fuego.

-Así que pensaron que engañarme es mejor que desilusionarme una vez?! ¡Saben muy bien como sufrí con todo esto! Pensé que éramos amigas… ¡hermanas!-la peliazul temblaba, al ver esto, Ascot puso una mano en su hombre intentando calmarla, pero Umi lo rechazó ásperamente. Estaba demasiado furiosa para ser calmada.-Conozco muy bien al genio detrás de todo esto-añadió en un siseo.

Las otras dos Guerreras intercambiaron miradas preocupadas, iba a ser otra batalla épica entre el Gurú y la Guerrera del Agua, se preguntaron cuando sería el día en que dejaran de pelear.

-¿Fue Clef, cierto?-volvió a preguntar, el silencio le respondió.-¡Les hice una pregunta!-estalló, Hikaru asintió débilmente, así que la Guerrera del Agua cerró los puños y salió de la habitación.

Suspiró mientras veía caer las gotas de lluvia que golpeaban duramente el vidrio de su ventana. Umi ya lo había descubierto todo y obviamente no estaba feliz. Tampoco es que esperara que lo tomara con calma, pero esperaba que lo tomara un poco mejor. Repentinamente, su puerta se abrió de un golpe.

-¡TÚ!- gritó la voz, ni siquiera necesitaba voltear para saber que era ella, locamente enfadada como cada vez que le ocultaba algo. ¿Por qué nunca podía entender cuando la gente se preocupaba por ella?

-Yo- respondió Clef, cerrando un libro y observándola con una ceja levantada.

-No es gracioso, esta vez estás en serios problemas, señor Mago Supremo, ¡hay un montón de cosas que debes explicarme!- Clef dejó escapar otro suspiro: Sin dudas, Umi lo volvería loco.

-¿Qué he hecho, esta vez?

-¡Oh! ¡No te hagas el inocente, Clef!-exclamó Umi- ¿Por qué demonios no me contaste nada sobre él?- Clef alejó la mirada de ella, a pesar de que sabía que en algún momento debía responder esa pregunta, esperaba que ella supiera esperar.

-Intenté hacerlo-respondió glacialmente.-Y solo escupiste idioteces como mis celos-añadió. Sabía que no era culpa de la chica, pero no tenía el coraje para sacarlo todo. Después de todo solo recibiría la misma respuesta.

-¡Debiste contármelo todo desde el principio! ¡Y no debiste forzar a mis amigas a mentir también!-volvió a exaltarse. El mago estaba realmente cansado de sus riñas de siempre, ¿cuando fue la última vez que hablaron como personas civilizadas? Le pareció que fue hace años.

-Entrarías en pánico por el bien de Céfiro, y luego me dirías que no te dejo vivir tu propia vida- Umi evitó su mirada, mordiéndose el labio. Ok, quizás esa sería su primera reacción, pero ella lo entendería, no era tan testaruda ¿o si?

-¡Estupideces!-exclamó, pero su tono era terriblemente inseguro. No tenía sentido, Clef la conocía demasiado bien, mejor que ella misma. El Gurú negó con la cabeza e hizo aparecer un asiento para ella.

-Siéntate- ella obedeció, mirando a su alrededor. De repente, los ojos de la chica se suavizaron al posarse en la pulsera que había usado en el baile, tiernamente acarició el dragón tallado, Clef intentó tomar su mano, pero ella la retiró rápidamente. No se iba a dejar calmar, al menos no todavía. Siguió explorando con la mirada el escritorio del mago y sus ojos se agrandaron de estupor y rabia al ver un montoncito de pergaminos junto a la joya. No podía ser, él nunca llegaría a ese nivel… ¿o si? Clef tragó con culpa, al ver a Umi tomando uno de los pergaminos, y se preparó para lo peor cuando vio sus puños apretarse alrededor de la hoja y temblar.

-Primero, guardas en secreto algo que involucra mi seguridad y mi propia vida, luego me espías con tu maldita magia y ¡¿ahora incluso robas y lees mi correspondencia personal?!-aulló golpeando su puño en la mesa, lágrimas de rabia empezaban a formarse en la comisura de sus ojos.

-Nunca lo haría…

- ¡¿Por qué debería creerte?! ¡¿Después de todo lo que me hiciste?!

-Hikaru y Fuu me los trajeron, estaban mortalmente preocupadas por ti. ¡Y todavía lo están!-exclamó en su defensa. La Guerrera del Agua tragó saliva ruidosamente, ¿acaso enloquecieron? Ok, quizás tenía un talento especial para meterse en problemas, pero…leer sus mensajes… ¡eso era demasiado! Como si estuviera leyendo su mente, Clef se apresuró a negar con la cabeza.

-Umi, todos estamos preocupados por ti, intenta entendernos…- suplicó, ella no respondió, solo desmenuzó los pergaminos y los arrojó al suelo. Una frase en uno de los trozos atrapó su mirada.

Te amo

¡Qué estúpida fue al creerle! Nadie la amaba. Esta vez no pudo contener las lágrimas y estas empezaron a correr por sus mejillas. ¿Por qué nadie podía verla solo como Umi? ¿Qué no podía ser nada más que la Guerrera del Agua? Un objeto para defender o conquistar Céfiro. Para eso había nacido según ellos. Lo único bueno que le había dado su posición fue su amado Selece, la fuente de su fuerza y su coraje. El único que demostraba amarla. Su corazón se hundió al pensar que probablemente solo la quería por ser su portadora.

El corazón de Clef se estrujaba al verla llorar silenciosamente, donde estaba su ruidosa Umi? El daría hasta su báculo para volver a tener esa faceta irreverente de ella, la que lo hizo enamorarse de ella. Sabía lo que estaba pensando, ella le había confesado el más grande de sus miedos una noche, y él le juró que nadie nunca la había visto como un objeto, un ítem. Pero ella estaba allí llorando por una razón sin pies ni cabeza y simplemente no podía soportarlo.

Alcanzó a envolver sus manos con la de él. Le había demostrado que la amaba de tantas maneras, ¿por qué no le creía?

Instintivamente, la mano de Umi apretó la de él, no quería que la dejara ir, él lo entendió. Sonriendo suavemente, se levantó y se acuclilló frente a ella, verla llorar como una niña impotente le dolía intensamente.

-Umi- susurró, mientras sus pulgares enjugaban con gentileza las lágrimas que bajaban por sus mejillas.- ¿Qué es lo que te molesta? Háblame, por favor, sabes que no puedo soportar verte en este estado…Extraño a mi querida, vieja y ruidosa Umi-añadió con suavidad, la peliazul lo miró y sin pensarlo se arrojó a sus brazos, sacudida violentamente por los sollozos, Clef suspiró acariciando su largo cabello.

-Clef-lloró asiéndose de su manto, de verdad, no podía decir nada más. El sacudió su cabeza, abrazándola con más fuerza.

-Juro que si ese hombre es la razón por la que te sientes de esta manera, iré allá y lo mataré con mis propias manos, Umi-siseó. Umi sonrió entre lágrimas, por alguna razón era tan tranquilizador escuchar esas palabras en su voz.

Pero Arashi era el último en quién pensaba, solo lo quería a él, a Clef, a su lado de esta manera. Siempre. Si solo las palabras de Ascot fueran ciertas, si él la amara como el invocador le había dicho…si solo pudiera amarla como la mocosa caprichosa que era y no por el bien que podía brindar a Céfiro! Pero no podría decírselo, porque era cobarde, no tenía el coraje.

-No importa…realmente no importa, Clef- murmuraba en su túnica, el Mago Supremo suspiró y tomó su rostro en sus manos, obligándola a mirarlo, pero ella evitaba su mirada.

-¿Umi, como quieres que lo deje pasar así como así? Me tienes terriblemente angustiado…

-Clef, de verdad no hay nada por lo que debas inquietarte…nos desharemos de él, Céfiro estará a salvo y entonces,…bueno, volveremos a Tokyo como siempre- respondió con amargura. Los ojos de Clef se agrandaron, ¿cómo podía ser posible que ella siguiera pensando que solo se preocupaba por Céfiro? Claramente le había dicho que quien le inquietaba era ella. Solo ella.

-Umi, ¿Cómo puedes seguir pensando que lo más importante para mí es Céfiro? ¿Cuántas veces te dije que a pesar de que mi prioridad debería ser mi país, nada está antes que tú? No me importa mucho este reino…al menos no más que a ti, de todas formas-expresó Clef exasperado. Umi permaneció en silencio, eso no era suficiente, ella quería escuchar más, quería esas dos palabritas, lo único que podría curarla completamente. Pero ella no se lo diría, él debía entenderlo solo. Y si era cierto que ella era su prioridad, él debía entenderlo.

-Umi, dí algo-rogó, ella suspiró.

-Mejor me voy…

-No, por favor, quédate…-suplicó él, ella negó con la cabeza y se liberó de su abrazo.

-Debo irme…a Iris-el mago la detuvo, atrapándola del codo.

-¡No!

-Debo hacerlo- afirmó la peliazul.

-Por favor, Umi, piénsalo dos veces antes de hacerlo…-pero el mago sabía que tenía perdida la batalla, ella negó con la cabeza.

-Debo aclarar algunas cosas con un bastardo que ambos conocemos- a pesar de su tono firme, Clef sonrió con dulzura.

-Ya veo…entonces déjame ir contigo-intentó, pero ella volvió a negárselo.

-Debo hacerlo sola- el Gurú asintió con la cabeza, Umi se encaminó a la puerta pero se detuvo: una pequeña pero sincera sonrisa asomó a sus labios.- Gracias-susurró, el mago le sonrió en respuesta y ganó coraje, entonces apuntó a la pulsera con su báculo, el cual empezó a flotar y emitir un brillo, Umi lo observó confusa hasta que la joya se posó en su mano.

-¿Clef, que estás haciendo?-él la silenció colocando un dedo en sus labios.

-He colocado un hechizo en él, mi magia te protegerá mientras estés allí…

-No necesito de tu protección, Clef. Soy suficientemente fuerte para cuidar de mí misma- le espetó, pero la peliazul se arrepintió de su rudeza al verlo bajar su cabeza con ojos heridos.

-Nunca dudé de tus habilidades mágicas, pero intenta entender…No estaré tranquilo sabiendo que estás allí, sola…con ese hombre-admitió él. Esas palabras la hicieron sonreír, de alguna forma dieron calidez a su corazón.

-Está bien, dámelo-le arrebató la joya y se la colocó en la muñeca, los ojos de Clef se iluminaron.

-Sé prudente- Umi sonrió amargamente.

-No te preocupes, tu preciosa Guerrera del Agua volverá a salvo muy pronto-ella suspiró cansada y el Gurú negó con la cabeza.

-Umi, eres mucho más que la Guerrera del Agua, ¿lo sabes, cierto?

-Podría preguntarte lo mismo-replicó ella.

-¿Qué tengo que hacer para hacerte entender lo que significas para mí, Umi? ¿Qué?

Dos palabras, nada más fácil que eso. Son lo único que podría sanarla. Pero, por supuesto que nunca se atrevería a contárselo. ¿Qué pensaría de ella? No, mejor no lo haría.

-Me voy, gracias por el hechizo-fue su corta respuesta, entonces se alejó dejándolo solo.

Arashi dio un puñetazo a su mesa, su plan no había funcionado y eso lo irritaba bastante.

-¡Rai!-gritó.

-Dígame, Arashi-respondió el rubio entrando a la habitación.

-Ese maldito larguirucho le contó todo-siseó el rey de ojos verdes, el capitán lo miró confundido.

-¿Qué deberíamos hacer, entonces?

-Ella viene para acá, quiere pelear conmigo-respondió Arashi, claramente divertido con la situación.

-¿Estás de acuerdo con pelear con ella?- el rey rió.

-Por supuesto, no hay forma de que esa maldita mocosa pueda vencerme.

-Pero, creí que la necesitabas…

-Ciertamente lo hago, pero ahora que las cosas se desarrollaron de una manera diferente…bueno, creo que tengo una linda proposición para hacerle al viejo Mago Supremo…

-¿Qué quieres decir?

-Céfiro por la Guerrera del Agua…-los ojos de Rai se agrandaron en sorpresa, ese hombre estaba loco, sin dudas.

-Arashi, no lo tomes a mal, pero matar a una chica inocente solo para apropiarse de Céfiro es un movimiento difícil…

El hombre de ojos verdes rio abiertamente.

-Ella no morirá, Rai…

-¿Qué dices?

-Ese viejo idiota de cabello lavanda no permitirá que nada le pase, preferirá dar su báculo y su reino con tal de verla a salvo.-sonrió irónicamente.

-Es algo admirable de su parte-murmuró el rubio, Arashi negó con la cabeza.

-Lo encuentro débil.

-Él la ama…

-El amor es para débiles, Rai. Te hace perder la cabeza… ¿qué clase de hombre renuncia a una alta posición por un par de ojos azules de largas pestañas? Honestamente, es ridículo…

-Quizás no se trata solo de un par de ojos azules, Arashi-espetó el capitán, el rey volteó a verlo con enfado.

-No me importa tu sentimentalismo, eres el capitán de mi ejército así que seguirás mis órdenes, sea de tu agrado o no, ¿está claro?- Rai apretó los puños e inclinó la cabeza.

-Como quiera, su Alteza.

-Bien. Ella está en camino, guíala hasta aquí y aseguráte de quitarle el brazalete.

-¿Qué tiene de malo?

-Ese viejo idiota colocó un hechizo defensivo en él, a pesar de que mi magia es muy avanzada no puede en contra de la del mago- los ojos de Rai resplandecieron con interés, quizás todavía tenía una oportunidad…debía pensarlo.

-Como desee, Arashi.

-Perfecto. Ahora vete.