XIV
Mi suerte de principiante me dejó morir en el barranco. Inuyasha era un experto y yo no tenía la menor idea de lo que estaba haciendo. Habíamos apostado que el perdedor se encargaría de cocinar al día siguiente sin poder recalentar nada de lo que estaba en la nevera. Me tocaba ponerme creativa en la cocina al parecer.
-Te dije que perderías- me dijo muy creído. Al terminar el juego nos habíamos acostado en los puff que estaban el área de juego. Ambos esparramados uno frente a otro. Yo simplemente le saqué la lengua –No saques lo que no vas a usar-
-Más tarde pueda que si lo haga- las palabras borbotearon de mi boca, obviamente sin pensarlas. Sin embargo me sentí triunfante al ver como Inuyasha se sonrojaba levemente -¿Entonces que haremos mañana?- pregunté emocionada, ya estaba anocheciendo.
-Bueno el plan es ir a esquiar- dijo recobrando su color normal.
-¡De verás, que emoción!- dije sonriente –Aunque…creo que es obvio que no tengo la menor idea de cómo hacerlo- dije apenada.
-No te preocupes, de eso yo me encargo- respondió guiñando el ojo.
-Oye…pero tampoco tengo chaquetas ni nada, a penas y tengo esto- dije mostrando mis jeans.
-Ven- dijo levantándose del puff con un poco dificultad, teniendo que rodar fuera de él ya que estaba demasiado enterrado en el haciéndome reír. Como estaba igual que él me ofreció su mano para ayudarme a levantarme. Caminamos por el pasillo subiendo las escaleras al segundo piso, entramos a su habitación viajando directo al vestier –Aquí está tu ropa- dijo señalando el lado derecho del vestier, mi valija estaba a un lado de la puerta así que lo miré curiosa pero el simplemente asintió. Yo abrí la puerta quedándome congelada al ver las prendas de ropa que definitivamente no eran mías –Espero que no te moleste…las mandé a comprar para ti- mi boca probablemente tocó el suelo de madera de lo sorprendida que estaba.
-Inuyasha no era necesario…podría haber pagado por esto- dije volteándome un tanto avergonzada, estaba haciendo demasiado por mi.
-Sh- dijo acercándome a mi abrazándome –Es un regalo de acuerdo, con un beso de agradecimiento es más que suficiente- me mordí el labio aguantando una sonrisa.
-Gracias- dije besándolo como había pedido –Oye- dije sonrojándome.
-Dime- respondió sonriente.
-¿Puedo probarme algo de lo que compraste?- pregunté emocionada. El se rió ante mi pregunta.
-Claro que puedes, es tuya- emocionada aplaudí como una niña pequeña y comencé a buscar entré la ropa que estaba guindada, habían varias camisas manga larga de tonos pastel, pantalones de invierno, botas, gorros, guantes, bufandas, chaquetas, pero lo que más quería probarme era el traje de esquiar.
Era una chaqueta color verde selva, la capucha tenía el borde peludo, yo esperaba que aquel material fuese sintético. Los pantalones especiales por su parte eran negros. Emocionada me puse el traje sobre la ropa que ya tenía ya que según Inuyasha así era como se usaba. Una vez ajustado el pantalón y cerrada la chaqueta me miré en el espejo cuerpo completo que había en una esquina del vestier.
-Me siento como un boyo de navidad- dije viéndome en el espejo, Inuyasha no pudo evitar soltar una carcajada.
-Ya te acostumbraras- dijo aun riéndose.
Cenamos algo ligero disfrutando la compañía del otro hablando relajadamente. Llegó entonces la hora de dormir pero antes de hacerlo quería darme un baño. Asó que me dirigí al vestier en busca de mi pijama, un cambio de ropa interior u mi neceser mientras Inuyasha recogía todo en la cocina, a demás que me comentó que debía hacer unas llamadas para arreglar el día de mañana.
Entré al inmenso baño sorprendiéndome de nuevo ante su tamaño y pulcritud. Queriendo relajarme decidí bañarme en la tina. Usando mi ingenio logré encenderla templando el agua a la temperatura perfecta. Mientras se llenaba comencé a buscar algún tipo de espuma o sal para darle un rico aroma al agua. Sorprendida conseguí un envase de burbujas con aroma a lavanda. Emocionada eché la dosis necesaria en la tina viendo como comenzaban a formarse las pompas de jabón sobre la superficie del agua desprendiendo el delicioso aroma de aquella hierba. Sin poder esperar mas me deshice de mi ropa colocándola en un banco que por alguna razón estaba allí. Una vez desnuda me adentré en la tina que ya estaba casi llena por lo que la apagué. Sintiendo como todos mis músculos se relajaban me sumergí en el agua como si estuviese en una piscina. A decir verdad en aquella tina podrían entrar cómodamente seis personas.
Recosté mi nunca en el borde de la tina viendo hacia el techo sintiendo como el vapor del agua humedecía mi rostro. Fue entonces cuando realmente me di cuenta de en donde estaba. Hasta aquel momento no había asimilado por completo la situación.
Yo Aome Larson que nunca había salido más allá de Atenas, me encontraba en una tina de lujo en la mansión de los Alpes Suizos de mi novio, hijo de uno de los primeros ministros de Japón…
Aun no podía creer que Inuyasha llevara aquel titulo, conociendo las tradiciones japonesas, es de esperar que si Inuyasha llegaba a regresar a su país natal siguiera los pasos de su padre, como es costumbre.
Aquello me aterró mucho, yo no era más que la hija de la dueña de una posada, de acuerdo mi padre era hijo de parlamentarios en Inglaterra pero nunca tuve ningún tipo de rose con esas personas.
Nunca sabré exactamente que fue lo que me atrajo a Inuyasha, fue algo que sucedió como por arte de magia, como si estuviésemos destinados a estar juntos. Admito que no fue fácil al principio pero valió la pena. Sin importar que tuviese mansiones y dinero o un bote y ser pescador, lo único que me interesaba era Inuyasha.
Comencé a filosofar entonces en qué haría al regresar a casa ¿Inuyasha regresaría conmigo? ¿Me iría yo con él? ¿Estudiaría o sería una simple trabajadora? ¿Qué estudiar? ¿En donde?
Las preguntas comenzaron a martillar mi cabeza haciendo que me doliera por tanto pensar, sin darme cuenta me había vuelto un ovillo abrazando mis piernas con mis brazos que se asomaban sobre la espuma en donde reposaba mi barbilla mirando fijamente el agua con burbujas.
-¿Aome?- escuché la voz de Inuyasha haciéndome regresar de mi ensueño. De inmediato me giré viendo su figura entrar por la puerta -¿Estas bien? Te he estado llamando desde hace como diez minutos y no respondías- él se me quedó mirando al parecer notando el estrés en mis ojos -¿Sucede algo, te quieres ir?- preguntó de inmediato muy preocupado acercándose a la tina sentándose en el suelo para quedar mi lado.
-¡No!- exclamé de inmediato –No quiero irme en absoluto- él pareció tranquilizarse.
-¿Entonces que sucede, por qué esa cara?- preguntó más relajado mirándome a los ojos. Yo me le quedé mirando mordiéndome el labio inferior.
-Es solo que…me puse a pensar en que haré cuando regresemos a casa- sin darme cuenta había bajado la mirada.
-Hey…¿Esto es por lo que te comenté antes?- preguntó subiendo mi rostro por la barbilla obligándome a verlo.
-No, bueno no del todo. Ya lo estaba pensando desde antes…sabes tenía muchísimo miedo de graduarme porque ya no sabría que hacer. Antes mi vida estaba programada, ya la tenía planeada pero entonces llegaste tu y me moviste la brújula por completo, me has hecho probar cosas nuevas, sentir curiosidad por el mundo... ahora…solo quiero estar contigo pero también me da miedo formar parte de tu mundo…Inuyasha soy la simple hija de la dueña de una posada, nieta de inmigrantes, no soy hija de nadie importante o de dinero…no podría encajar nunca en ese mundo…- mis ojos se aguaron creándose a su vez un nudo en mi garganta haciéndome difícil respirar.
Sin dejar de verme Inuyasha se levantó del suelo quitándose la ropa. A penada por lo que podría ver me concentré en su rostro. En menos de tres parpadeos Inuyasha se había adentrado en el agua, sus brazos buscaron los míos para apegarme a su pecho desnudo, sin importarme y disfrutando el contacto de nuestra piel me acurruqué dejando unas lagrimas caer en silencio. Sus manos acariciaban mi cabello mientras que su mejilla reposaba en mi coronilla.
-Aome, primero que nada no eres nada simple o sin valor, todo lo que mi familia o yo tenemos son títulos que nos dan poder para hacer cosas pero no nos hacen más que nadie, es algo que me costó entender en mi adolescencia pero lo entiendo claramente ahora. Segundo, lamento haberte cambiado los planes tan drásticamente pero allí puedo decir que estamos a mano, tu pusiste mi mundo de cabeza. Y tercero me alegra que tengas curiosidad por el mundo…hay muchas cosas que hacer, que conocer que sé que te gustaran. Un ejemplo muy tonto es la universidad, no lo digo por los estudios, eso es un bono, lo digo por las vivencias y las experiencias, serán los mejores años de tu vida…- mis lágrimas cesaron poco a poco –Mi amor…- susurró haciendo que mi corazón diera un salto –Sea cual sea tu decisión, yo te estaré apoyando y me quedaré a tu lado-
-Pero Inuyasha si decido quedarme entonces más nunca volverás con tu familia o con Miroku, no puedes hacer eso, tienes que volver, se que no es fácil por Kikyo pero tienes que hacer las paces con ella y superarla…creo que ella se sentiría muy mal si te viera huyendo de tu familia, de tu vida y de tus amigos por ella...- subí la mirada viendo como la mandíbula de Inuyasha se tensaba, a su vez sentía sus músculos como piedras –No quiero que dejes a tu familia a un lado por mi…- susurré acariciando su mejilla, él me miró entonces.
-Yo tampoco quiero que hagas lo mismo por mi…- respondió viéndome a los ojos que posiblemente estaban rojos.
-Debe haber una manera pero…- se quedó callado interrumpiendo su oración.
-¿Pero…?-
-Es más fácil saber cuales son nuestras opciones cuando decidas que quieres hacer…si seguir trabajando o estudiar algo- esta vez fui yo la que se tensó –Si decides trabajar, iríamos en vacaciones a Japón yo seguiría siendo pescador y mantendría contacto con mi familia. Si decides estudiar pues depende de en donde, podrías estudiar en Atenas yo podría conseguir un trabajo allá o también ir Japón es una opción-
-No tengo el dinero suficiente para pagar una carrera en Japón Inuyasha…- susurré apenada.
-No tienes porque, estoy seguro que no te gustaría que yo te lo pagara- yo subí la mirada negando con la cabeza –Sin embargo por lo que sé tienes buenas notas y eres descendiente de japoneses, eres la primera opción para una beca de estudiante- aquello sonaba interesante.
-¿Y tu que harías?- pregunté, él respiró profundo.
-Comenzar a trabajar en el negocio familiar-
-No te ves muy animado al respecto- comenté notando que su rostro estaba apagado.
-Como tu, es dar un gran paso en mi vida- lo entendía perfectamente –Bueno…ya planteamos nuestras opciones, sea cual sea tu decisión te apoyaré- dijo dándome un beso en la frente.
-Gracias Inuyasha- dije besando su pecho en donde estaba recostada. Fue entonces cuando caí en cuenta que estábamos los dos completamente desnudos en una tina. De inmediato me sonrojé como un tomate, podía sentir como toda la sangre subió a mi rostro, por la pena enterré mi rostro en su cuello.
-¿Y a ti que bicho te pico?- preguntó sin entender que pasaba. Yo no sabía que decir -¿Aome?- preguntó intentando hacer que lo viera haciendo que inevitablemente muchas partes de nuestro cuerpo se tocaran.
-¡No te muevas!- exclamé de inmediato clavando mis manos en sus hombros, sintiendo ese familiar nudo en el pecho, ese nudo de nervios que me hacia la respiración difícil.
-¡¿Pero que demonios te pasa mujer?!- preguntó exaltado sin realmente entender la situación, o tal vez para el era normal estar con una mujer desnuda en la tina pero yo nunca había visto a un hombre desnudo en mi vida, mi hermano de bebé no cuenta y Kouga de niño mucho menos.
-Es que…es que…- comencé a balbucear me sentía demasiado apenada.
-¡¿Es que qué?! ¡Termina de hablar!-
-¡No me hables así!- exclamé alterada, me ponía más nerviosa de lo que ya estaba.
-¡Pero si tu empezaste a gritar como loca qué quieres que haga!- respondió realmente perdido, no sabía quien era peor. Si él por no darle importancia alguna a la situación o yo por exagerarla.
-¡Grito porque estamos los dos desnudos en la tina y me acabo de dar cuenta!- lo dejé salir viéndolo a los ojos. Su cara pasó de la confusión, a darse cuenta de la situación, miró para abajo, en donde gracias a dios se encontraban nuestros cuerpos cubiertos por las burbujas, para después mirarme a mi y echarse a reír -¡Inuyasha no te rías!- exclamé intentando ser seria pero su risa era sorprendentemente contagiosa.
-¡Eres demasiado tierna e inocente!- gritó riéndose aun más haciendo que me sonrojara como mayor intensidad. Apenada me alejé de su cuerpo con cuidado de no tocarlo. Me desplacé hasta la esquina en donde había estado recostada originalmente sentándome al tiempo que cruzaba mis brazos sobre mis pechos y cerraba mis piernas -¡Hey no te vayas, no quería molestarte!- dijo aun entre carcajadas. Yo miré hacia un lado intentando evitarlo o me moriría de la risa con él en ese momento –Aome- dijo una vez ya calmado, yo lo seguí ignorando –Hey…- susurró moviéndose hacia mi, de inmediato lo vi asustada deteniéndolo en su lugar –Aome no tienes porque tenerme miedo ni tener nervios-
-Estas desnudo- susurré mordiéndome el labio.
-Que observadora- su sarcasmo hizo que lo viera con ojos asesinos –Hey, solo estoy tratando que te relajes…- yo reviré los ojos volviéndome un ovillo como antes enterrando mi rostro en mis brazos. Sin decir nada escuché como se acercaba a mi, el sonido del agua delatándolo. Todos mis músculos se tensaron ¿Iba a hacer que lo viera desnudo? ¿Quería yo hacerlo? Inuyasha simplemente se sentó a mi lado rosando mi piel, luego de un rato lo escuché suspirar.
-Lo siento- susurré subiendo un poco la mirada, Inuyasha veía al techo. El me miró sorprendiéndose al ver mi rostro descubierto, su expresión se volvió dulce y con mucho cuidado y cautela, casi pidiendo permiso llevó su mano hasta mi mejilla la cual acarició con sus dedos mojados –No pude evitar ponerme así…-
-Entiendo…muchas veces se me olvida que eres una niña fastidiosa- dijo con esa mirada picarona queriendo molestarme con sus palabras. Yo le saqué la lengua mientras él simplemente dio una leve carcajada –¿Bueno quieres que me vaya o vas a dejar que me quede?- preguntó más relajado acomodándose en la tina reposando sus brazos en el borde de la misma.
-Inuyasha no puedo echarte de tu propio baño- dije rondando los ojos.
-Es cierto…¿Es decir que si pudieras me echarías?- su sonrisa delató lo divertido que era para él toda esa situación.
-Si- dije queriendo molestarlo mirándolo a los ojos.
-Bueno pues entonces me iré- respondió sonriente levantándose sin avisar dejando a la vista más de lo que pudiese imaginar. Mis ojos se abrieron como huevos fritos, la sangre me subió a la cabeza –No veo que tengas problemas con verme desnudo- dijo riéndose caminando fuera de la tina. Avergonzada me tapé el rostro con las manos. Escuché sus pies sobre el suelo, el agua salpicando también, abrió la puerta de un armario para después seguir el silencio –Ya me puedes ver, tengo una toalla puesta- tímidamente miré entre mis dedos certificando que se había cubierto colocando una toalla en su cadera, se veía sumamente guapo haciendo que se me acelerara el corazón -¿Vas a salirte ya o te vas a quedar un rato más? Ya tienes las manos como pasas- y era cierto.
-Solo necesito lavarme el cabello- respondí un poco más relajada aunque aun me sentía acalorada.
-¿Puedo hacerlo?- su pregunta me tomó por sorpresa por lo que mi cabeza cayó levemente hacia un lado queriendo entender -¿Si o no?- preguntó más irritado, a veces su paciencia podía durar tan poco. Sin decir nada asentí acercándome a la orilla de la tina en donde el pudiese llegar sin problemas a mi cabeza. Vi como tomó un envase de color marrón en sus manos del cual exprimió lo que yo presumía era shampoo. Antes de aplicarlo se sentó en la orilla de la tina viéndome con atención –Cierra los ojos- comandó a lo que yo asentí.
A penas cerré mis ojos sentí el liquido junto con las manos de Inuyasha en mi cabeza. Sus dedos comenzaron a deslizarse naturalmente a través de mis mechones acariciando mi cuero cabelludo relajándome al instante.
-Eres bueno- susurré sin darme cuenta.
-Años de práctica- respondió serenamente.
-¿Hacías esto con Kikyo?- pregunté sin darme cuenta, no lo dije de mala manera, era mera curiosidad pero sabía que era un tema incomodo para él. Sus dedos dejaron de moverse haciendo que me maldijera en mis adentros –Lo siento- susurré casi inaudiblemente mordiéndome el labio.
-No, no lo hacia- respondió nostálgicamente –Pero como verás mi cabello es bastante largo- sentí un alivio inmenso al ver que no se había enojado conmigo y me hubiese dejado sola en el baño. Yo simplemente asentí –Listo- dijo dándome un empujosito con sus manos. Sin pensarlo me sumergí en el agua enjuagándome el shampoo, cuando sentí que estuve lista volví a la superficie encontrándome con Inuyasha aun sentado a mi lado. Crucé mis brazos sobre el borde de la tina tocando su pierna cubierta por la toalla, apoyé mi rostro sobre mis brazos y subí la mirada viendo como no alejaba sus ojos de mi.
-Lamento haber preguntado eso- susurré mordiéndome el labio, el negó con la cabeza.
-No te preocupes, simplemente no me lo esperaba. Y a decir verdad ella nunca dejó que limpiara su cabello, era demasiado necia con eso- dijo revirando los ojos.
-De lo que se perdió- dije al sentirme completamente relajada después de esas caricias. Inuyasha sonrió levemente aunque en sus ojos solo había nostalgia –Bueno creo que ya es hora de salir, puedes pasarme una toalla por favor- dije queriendo hacerlo pensar en otra cosa.
-¿Quieres la mía?- preguntó levantándose mientras se agarraba la toalla haciendo que me diera taquicardia.
-¡No!- exclamé rápidamente haciéndolo reír.
-No se porque estas tan alterada, es como si yo estuviese en traje de baño- dijo molestándome caminando hacia el armario para buscar otra toalla.
-Si pero yo estoy como mi madre me trajo al mundo no como si estuviese en la playa- alegué viendo como regresaba con la toalla abierta de largo a largo entre sus manos. Se paró frente a mi sonriente -¿Qué haces?-
-Trayéndote una toalla, anda párate prometo no ver nada- dijo cerrando los ojos viendo hacia un lado.
-Si llegas a ver te voy a matar- dije levantándome de espaldas a él, de todas las partes en vivo y directo de mi cuerpo que menos vergüenza me daría de mostrar serían mis glúteos. Como si fuese un bebé Inuyasha arropó la toalla sobre mis hombros, rápidamente la tomé de sus manos para después girarme y salir colocando mis pies mojados sobre una toalla que había en el suelo quedando muy cerca de Inuyasha que me veía con una sonrisa -¿Qué?- pregunté sin entender su sonrisa.
-Por favor…nunca cambies- susurró aun sonriente acunando mi rostro entre sus manos. Yo arrugué el ceño sin entender pero antes de poder preguntar sus labios se unieron a los míos callándolos al instante. Sin poder resistirme le devolví el gesto queriendo abrazarlo o acariciar su cabello pero mis manos estaban ocupadas sosteniendo la única fuente de protección sobre mi cuerpo –Vístete, te espero para dormir- dijo rompiendo nuestro beso dejándome atontada.
Inuyasha salió del baño cerrando la puerta dejándome sola. Agradecía a todos los dioses porque Inuyasha no me hubiese presionado a nada. Todo a su tiempo. Sintiendo el cansancio del día me vestí rápidamente después de haber aplicado crema sobre mi piel y desodorante. Sin pausa cepille mis dientes y peiné mi cabelló secándolo con la toalla hasta dejarlo húmedo. Dejé mi neceser en uno de los gabinetes del lavamanos. En una esquina había una cesta de ropa sucia en donde decidí dejar mi ropa de aquel día. Vacié la tina y sin más regresé a la habitación en donde Inuyasha me esperaba recostado de la cabecera con tan solo un mono de cuadros y unas medias, su pecho totalmente descubierto.
-¿Piensas dormir así?- pregunté casi burlándome de él.
-Por su puesto- respondió muy seguro. Mi pijama era un conjunto mono-camisa de botones de color coral, era lo único largo que pude encontrar, era de mi madre por lo que me quedaba un poco holgado. A su vez unas medias en mis pies para no congelarme.
-Te vas a morir del frío- dije escabulléndome bajo las capas de mantas y cobertores.
-No te preocupes, estoy seguro que tu te morirás del calor- dijo sonriente viendo como me acurrucaba en la cama.
-No lo creo- respondí, con el cabello mojado lo más probable es que al día siguiente amaneciaera con un resfriado.
-Ya veremos- Inuyasha caminó hasta el baño en donde pasó unos minutos. Al salir apagó todas las luces para después adentrarse como yo entre las sábanas. Miré el ventanal de cristal en donde podía ver a penas la montaña copada de nieve, aunque estaba oscura seguía siendo una vista majestuosa.
-Gracias de nuevo- dije una vez que estuvimos frente a frente. El no dijo nada, en su lugar me acercó a su pecho, cosa que gustosa acepté.
-Buenas noches Aome- susurró en mi oído dándome un beso en la mejilla.
-Buenas noches Inuyasha- dije de la misma manera besando un cuello entregándome al sueño entre los brazos de Inuyasha.
Inuyasha tenía razón a mitad de la noche me desperté bañada en sudor, sin tener algo más corto que usar opté por quitarme el pantalón de la pijama y abrir unos cuantos botones de la camisa. A su vez asomé una de mis piernas por sobre el cobertor buscando algo de aire. Inuyasha me abrazaba por detrás, su rostro reposando en mi cuello, podía escuchar su rítmica respiración lo cual me arrulló de nuevo al sueño.
-Amor…despierta- escuché a lo lejos al mismo tiempo que unas manos subían y bajaban por mis brazos.
-Mmm- me quejé enterrando mi rostro en la almohada.
-Vamos a esquiar, tienes que levantarte y hacerme el desayuno porque perdiste en el billar ayer- Abrí un ojo perezoso viendo a Inuyasha sentado a mi lado con una sonrisa de oreja a oreja mientras yo lo veía de manera asesina –Anda que con mirarme feo no vas a hacerme el desayuno- molesta tomé una de las almohadas pegándosela en la cara tomándolo desprevenido por lo que no pudo esquivar el golpe –A no…ahora esto si es la guerra- dijo quitando el cobertor que cubría mi cuerpo de un solo manotón haciendo que el frio me abrazara violentamente.
-¡Inuyasha!- exclamé aturdida, de inmediato la almohada que lancé comenzó a atacarme -¡Inuyasha no!- me quejé un tanto entretenida.
-¡Despierta vaca!- exclamaba muerto de la risa.
-¡Ya voy!- grité esquivando los golpes corriendo hacia el baño.
-¡Vamos, vamos, vamos!- gritó detrás de mi tomándome por la cintura dándome vueltas haciéndome gritar para después ponerme en el suelo –Buenos días- dijo dándome un beso en los labios, noté que ya estaba vestido con unos pantalones calentadores y una camisa cuello tortuga.
-Que manera tan estruendosa de despertar a alguien- dije caminando hacia el vestier en busca de mi ropa para el día.
-Con las vacas no se puede ser delicado- dijo sonriente.
-Pondré veneno en tu desayuno- dije tomando unos leggins calentadores y una camisa cuello tortuga.
-Te haré probarlo sin que te des cuenta antes de yo comerlo- respondió cruzándose de brazos viendo cada uno de mis movimientos.
-Sueña que podrás hacerlo- respondí desafiante pero nunca dejando de bromear.
-Bueno, bueno basta de amenazas Bin Laden y vístete que tenemos un largo día por delante- dijo acercándose a mi –Te espero en la cocina- antes de irse me dio un beso en la frente dejándome atontada de pronto. Vi como salió del vestier dejándome allí sola.
Me vestí con una sonrisa en los labios. Inuyasha era un poco brusco, no era el mejor despertador aunque en parte yo lo había provocado por pegarle con la almohada, sin embargo era dulce a su manera. Probablemente fue tan estruendoso ya que debía estar emocionado por el día que nos esperaba, yo personalmente no podía esperar a ir a esquiar, aunque no tenía la menor idea de cómo hacerlo sería algo nuevo y algo nuevo como Inuyasha siempre es bueno.
¡Hola chicas! Bueno este es el último capitulo antes de irme de vacaciones, quería darles un poquito más de historia. Espero que les haya gustado. Muchisimas gracias a todas las que me desearon un buen viaje, ojalá y encuentré mucha inspiración por allá para darle más vida a esta historia. Bueno con esto les digo hasta luego, espero que tengan unas buenas semanas, estamos hablando, muchisimas gracias por el apoyo de todas. XOXO V
