A pesar que estaban juntos de nuevo en aquel sitio en el que fueran tan dichosos antes y que se amaban con todo el corazón no eran felices, no podían serlo con el peso enorme y espantoso de su realidad, parecían no tener futuro juntos con aquella situación, les dolía el alma, el la encontró sentada debajo del roble en la cima de la colina, lloraba mirando el horizonte cubierto de blanco, ya no habían flores ni verdes montañas y el riachuelo serpenteante no se veía fluir, ella se sentía como aquel paisaje, frío y desolado, se secaba una lagrima pero caían dos, él no podía soportarlo, simplemente no podía vivir con eso, a cuestas con su dolor, con el mundo en contra ya no eran tan fuertes, no hizo ruido y ella no se percató de su presencia sus propias lágrimas caían y su pecho le dolía

-Perdóname – le dijo casi sin voz y ella se giró levantándose

-Al verlo el alma le cayó a sus pies, se cubrió el rostro y estalló en llanto, el se acercó y la abrazo fuerte - no me pidas perdón, no es tu culpa

-No llores más por favor, no lo soporto

-Rodeó su cuerpo con sus brazos. – lo siento, lo siento mucho, no quiero verte así, no quiero que me veas así, prometí ser fuerte - se separó de él pasó las manos por su rostro con una caricia y limpio sus lágrimas luego por su cara y sonrío como pudo – mi amor nunca, pase lo que pase, jamás cambiara, pero tengo que dejarte ir ahora, o seguiremos sufriendo por lo que dejamos de hacer o lo que hicimos, prefiero recordar este lugar para siempre con mucho amor y no con dolor Albert – tomo su mano y la beso – lo intentamos mo prionnsa hicimos lo que podíamos y lo que debíamos, pero ellos son más y al parecer más fuertes, mi alma, mi corazón y mi cuerpo siempre te pertenecerán a ti, solo a ti, siempre – lo beso dulcemente – tengo que irme

Avanzó un paso pero el la sujetó, se dijeron muchas cosas con la mirada pero lo más importante fue que el lo comprendió, con su mano temblorosa la soltó y la vio alejarse bajando la colina, ¿porque la dejaba ir así? Podría perder todo, lo soportaría, su casa su familia su libertad, la vida que conocía hasta ahora, con gusto la cambiaría por ella, la siguió con desesperación y observó cómo abría la puerta del auto para irse, el la sostuvo evitando que la cerrara y la miro a los ojos

-No te vallas, no así

-Es lo mejor, quizá con el tiempo tú logres separarte de Eliza, estaré cerca de ti, te escribiré a diario si es posible, te prometí que no te dejaría, cuando puedas ser libre ambos lo seremos, no podemos jugar a las escondidas ¿cierto?

-No voy a soportar estar cerca de ti de ese modo, no tan lejos

-¿Prefieres seguir con esta agonía Albert?, nos esta destrozando – miro su mano que apretaba con fuerza la puerta – podremos soportarlo porque yo esperaré por ti, así sea toda una vida

-Candy...- ella tomó su mano y la acaricio despacio y le dio un beso, el soltó poco a poco la puerta y ella encendió el motor para salir de ahí

Necesitaba irse en ese instante o jamás lo dejaría, el escándalo, lo que acarrearía sus familias por su insensatez sería algo con lo que no podían lidiar y les impediría la felicidad, continuar así sería un círculo que se repetiría hasta acabarlos completamente. Albert se metió las manos en los bolsillos y observaba con pesar como se alejaba de el, sé quedo ahí de pie sintiendo como moría lentamente, ella también se desvanecía por dentro y la última imagen que tendría de él sería a través de su retrovisor enfocando todo lo que dejaba atrás incluyendo su propia alma.

El año nuevo nos deja con muchas preguntas al aire, comienza una nueva década y nosotros seguimos pensando ¿que fue del compromiso de Candice Brighton con Neil Legan? ¿Que ha pasado con Albert Andrew? A ninguno se le ha visto desde las pasadas fiestas de noche buena, según afirman que Albert Andrew está de viaje de negocios y Candice Brighton rompió su compromiso junto con el corazón de Neil Legan para seguir siendo la revolucionaria de la clase alta, bella y soltera. Fuentes cercanas confirmaron que se despedirá de Chicago para hacer vida en donde lo hacen los grandes, rumbo a Nueva York

EL EMPERADOR DE CHICAGO – PÁG. DE SOCIALES ENERO 27 de 1940

Arrastro sus pasos por la puerta del ayuntamiento que llevaba a la oficina de su padre, después de un mes recluido en Kentwood llegó a Chicago con una única misión hablar con su familia, pero primero lo haría con su padre, su sobrino y su hermana, luego con Eliza, cuando entro todos lo veían como si no lo conocieran, tal vez no era el mismo, ya no importaba mucho, ninguno dijo nada quizá se veía peor de lo que pensaba, se sentó en una silla frente a ellos y su hermana se llevó la mano al pecho, George estaba a su lado, su padre estaba inexpresivo y Anthony miraba al suelo, se dio cuenta que su sobrino y su hermana les habían contado todo, toda la agonía y la perversidad de Eliza, no querían hablar pero sabía que sentían lastima. Cerró los ojos, los quería mucho pero no podría seguir viviendo la vida que llevaba, ya no podría fingir, estar con una mujer que detestaba y criar a los hijos que ella tuviera con un extraño mientras cada día se alejaba más de la mujer que amaba, no, no sería un muerto en vida, lo pensó durante todo ese tiempo y la decisión estaba tomada, nadie pareció respirar cuando el pronunció las primeras palabras

-Me iré... Con el ejército

-¡No! – gritó su hermana que ya empezaba a llorar – no iras a ningún lado

-Lo siento – bajo la mirada

-Hijo no puedes hacernos algo así – susurro su padre conmovido

-Ya lo hice, partiré en el tren de mañana con un grupo que irá a Londres

-Tío por favor, vas directo a... La guerra y... – suspiro conteniendo las palabras

-Los quiero mucho a todos pero no puedo seguir aquí, no puedo seguir así

-Prefiero perder mi carrera política y todos los negocios Albert que a ti

-Yo no quiero eso papá, no me perderás, déjame ir

-Esa arpía de Eliza. Ella te hizo esto, a ti y a esa muchacha

-No hija todos les hicimos esto, es absurdo – dijo su padre enterrando la cara entre sus manos – debí apoyarte con tus planes desde el principio pero el qué dirán importo más y ahora...

-Deja todo tío, deja a Eliza y que la gente hable lo que quiera vete con ella

-Lo intentamos Anthony, jamás seremos felices así

-¿Esa no es la única razón cierto? – le preguntó George

-No, aquí ya no hago nada todo está arreglado, papá Anthony y tú pueden seguir solos con el proyecto y yo seré libre de ayudar, luchar por este país y por mi país natal, es la utilidad que le veo ahora a mi vida y quiero hacerlo

-¿Quieres ir a morir? – preguntó Pauna con las lágrimas en el rostro entre sollozos

-Aquí estaría muerto hermana, allá haré algo útil

La oficina se lleno de llantos y súplicas pero la decisión era firme, observó a su padre y se disculpó con el, pero este entendió que debía apoyar esta decisión por muy poco que le agradará, Pauna entrelazo su mano con la de George y supo que él la cuidaría y por ultimo Anthony

-Espero que cuando vuelva tú estés con una hermosa joven que te haga feliz, confió en ti para seguir con el proyecto y cuidar a la familia – lo abrazo fuerte y reprimieron los sentimientos

Todos entraron en la casa y Eliza corrió a los brazos de Albert quien no se movió ni para apartarla como una esposa enamorada que vuelve a ver a su marido después de un tiempo. Pauna la miro con desprecio

-Eliza, puedes hacer con tu vida lo que quieras

-No puedes dejarme, no puedes divorciarte de mi estoy embarazada

-No se de quién será tu hijo, si es que lo tienes

-Como puedes decirme algo así - exclamó sorprendida actuando para la familia

-¡Basta! Deja de actuar, debes saber que me voy... a servir en el ejército

-¿Que? No, no puedes ir, te matarán en Europa, ¿es por esa? ¿Por la dama de establo?

-El la tomo del brazo con furia – es por ti, por hacerme el ser más miserable, por tus manipulaciones y chantajes que enlodaron a tanta gente, pero no afectará a nadie más, es por que prefiero ayudar a quedarme observando como todo se desmorona viviendo una vida a tu lado – la soltó con asco

-Niña es mejor que te quedes por esta noche pero en cuanto mi hijo salga por esa puerta saldrás tú ¿entiendes?

-Ella los miro indignada, levanto la barbilla y se fue a su habitación no antes sin dedicarle unas últimas palabras venenosas – por tan poca cosa prefieres la muerte antes que una familia conmigo, que decepcionante resultaste

-No pretendo morir – le contesto secamente

Al día siguiente Candy dejó en el correo su último escrito para el periódico, partiría a Nueva York y luego con su hermana a Pensilvania, por un tiempo, solo respirar un poco, su madre no dejaría Chicago pero ella no podía seguir ahí, su profunda tristeza la estaba matando otra vez, no sabia nada de Albert aunque se imaginaba que no deseaba volver y ella prefería estar lejos, lejos de todos los recuerdos, cuando volvía a casa Eliza bajaba de un auto, en cuanto la vio se le fue encima la tomo por los hombros y en voz baja pero punzante le clavo las palabras sin piedad

-¡Estúpida! Le empujaste a la muerte ahora no será ni para ti ni para mí, se fue a la guerra con el ejército, morirá y será tu culpa

-¿Que estás diciendo Eliza? ¿Es Albert? ¿en donde está? – preguntaba nerviosa

-En el tren... Ya se habrá ido pero me alegra que al final no pudieran a hacer nada para revolcarse a mis espaldas – se giró y siguió a la casa de sus padres

Sintió morir, ¿porque haría algo así?, ¿el ejército? El le había dicho antes que le gustaría apoyar a las tropas, siempre se preocupo por la situación de Europa, pero nunca mencionó que se uniría al ejército, no proceso más palabras subió a su auto y llegó a la estación central, corrió por todos lados y los trenes silbaban, iba de un lado a otro hasta que vio a los Andrew, Anthony la encontró tan alterada que la tomo por los hombros, ella solo quería saber dónde estaba, la gente comenzaba a mirarla, el joven la miraba y le hablaba pero ella no lo escuchaba hasta que Señalo una dirección, un tren, se separó y recorrió con desesperación cada ventanilla gritando su nombre cuando por fin lo vio el se paró del asiento y ambos caminaron a la entrada del vagón el lo cruzaba por dentro y ella por fuera, en la entrada el pudo abrazarla y ella temblaba del susto

-No lo hagas

-Seré más útil allá bheag agam, no seguiré en el ojo del huracán, puedo ayudar, el tiempo pasará rápido y volveré a ti

-No, por favor ¿porque así?

-Lo siento mucho, no pretendo pasar el resto de mi vida atado a una mujer como esa haciéndonos infelices a los dos, atrapado en el lujo y el qué dirán – acaricio su mejilla y el tren silbo listo para partir

-No Albert, si tú mueres... Yo moriré contigo

-Trataré de no hacerlo amor mío, te llevaré conmigo, en mi corazón... Mientras estemos vivos nos volveremos a encontrar, voy a escribirte y la próxima vez que te tenga entre mis brazos será para siempre

El tren se puso en marcha lentamente y lo último que quedó entre ambos fue un beso fugaz y el roce de sus dedos, el se perdía de vista y ella camino hasta el final del andén, se apoyó en un poste con farola y llevó su mano al pecho, convulsiono en llanto y se dejó caer al suelo, sintió unas manos levantarla pero su cuerpo era un peso muerto no respondía, giró y se encontró con Anthony y su dulce mirada empañada, se dejó guiar por sus pasos sentándose con él en un banco, su familia que observó todo no podía seguir viendo la escena, Pauna lloraba inconsolable y George los saco a ella y a su padre del lugar con tristeza, había mucha gente en la estación y todos vieron lo mismo, ¿importaba acaso? Para que guardar las apariencias, no había nada que esconder

-Candice debes ser fuerte, la chica valiente de siempre, el... Bueno dejó esto para ti

Le entregó una carta y una pequeña caja de música, la abrió y emitió un sonido dulce, alegre, y luego triste en el centro bailaba un pajarillo, giraba fuera de su jaula dorada con las alas extendidas, allí se quedó un rato viendo al animalito girar escuchando la tonada una y otra vez, hasta que se fue calmando

-Anthony solo mantenía una mano en su hombro – estás... ¡Mejor!

-Si – colocó la mano sobre la suya – no me dejes sola Tony

-No te dejaré

Mi adorada y verdadera novia, nunca alcanzarán las palabras para pedirte perdón por tanto dolor que te causo, la vida nos ha estado gastando bromas de mal gusto, pero mi destino siempre fue amarte y así lo haré hasta el último día de mi vida, entiéndeme por favor, esto lo hago por muchas razones, todas coinciden en que debía partir en esa dirección, no puedo ser mas un pajarillo enjaulado y quedándome era inevitable seguir así, lucharé por la libertad de otros ¡si! y por la nuestra, la sociedad se esta pudriendo y El mundo se está partiendo en pedazos, luché por un futuro contigo en nuestro entorno y no pudo ser, si hemos de tener un futuro juntos será lo suficientemente lejos de toda esta hipocresía que nos rodearía en Chicago y quiero ayudar para que sea así, un mundo a tu lado que este a salvo. Te amo con toda mi alma bheag agam. Volveré para besarte aunque sea una vez más. Con Amor W.A.A.

Respiró profundamente, se secó las lágrimas y girándose a Anthony sonrió, él la llevo a casa, condujo su pequeño auto azul con ella de pasajero mientras la veía de vez en cuando mirando fijamente por la ventanilla en silencio, la dejo en la puerta de los Collins en donde se encontró con la mirada triste de su madre y su tía, ella sonrió y asintió con un gesto indicándoles que estaba bien, camino a su habitación y termino de hacer sus maletas.

Aún siento sus tibias manos acariciar mi piel, aún si cierro los ojos puedo perderme en el cielo de su mirada, todavía siento el sabor de sus besos quemarme hasta lo más profundo de mi ser, amor, es solo mi amor, sólo mío y así lo será por siempre, romperé las cadenas y me iré con todo lo que me diste, me iré, y volare con tu nombre en mis pensamientos, se fuerte, yo lo seré, porque feliz no podré nunca hasta no volver a estar en tus brazos. Y volveré, tarde o temprano volveré.

PROMESA DE DESPEDIDA – C. WHITE – EL EMPERADOR TIME, CHICAGO

Envió una carta a su amigo en el periódico, tenía que pedir un último favor, a pesar de que el le rogara que no dejara de escribir historias, que desde Nueva York podía seguir haciéndolo y enviarle su trabajo pero ella simplemente renunció y recibió su último pago, pero cuando el la llamo por el teléfono de los Collins ella solo dio evasivas del fin de aquel gran favor que le haría, el un hombre de prensa hizo las conjeturas correctas. En la estación de trenes habían varios de sus reporteros, por consideración y amistad con Candy no publicaría nada de aquello y le haría sin preguntar más el favor que le pedía a cambio de una última historia... La suya, cambiaría los nombres, eso lo juraba, algunas circunstancias, la ciudad y el tiempo, para no hacerla fiel y la gente terminara de atar cabos, con tal de que el cumpliera ella la prometió, escribiría su propia historia con todas las especificaciones, pidió que le diera un plazo sería una novela al menos un año cuando mínimo, él aceptó y al cabo de una semana estaba hecho.

Condujo hasta Nueva York, hizo paradas necesarias para comer y descansar, miraba los paisajes y se perdía en el horizonte, quizá Albert estaría en esa dirección, sacudía su cabeza para alejar los pensamientos un mar los separaba, era consciente que arrastraba su cuerpo, se irguió y saco la pequeña caja de música por enésima vez escuchaba la tonada, movía la cabeza de un lado a otro y sonreía, pasó la noche en un hotel en New York, a la mañana siguiente en el comedor del hotel desayunaba como una reina, a su alrededor solo había gente rica, bien vestida que reían con la boca cerrada y hacia ademanes por encima de su hombro, observo los cubiertos de plata y los manteles pulcros, aquellos que se levantaban de la mesa dejando casi intactos sus platos ¿no sabrían que había una guerra y que gente moría a diario?, miro sus manos tan perfectas y cuidadas, adivino en los mozos y doncellas uniformados del gran comedor del hotel una callosas y trabajadoras, algo debía cambiar definitivamente, iría mas allá, conocería el verdadero sacrificio, luego que regresara del desayuno se desvistió, se despojó de su falda de seda amarilla y su blusa blanca de diseñador y se colocó frente al espejo de la peinadora quedando solo en ropa interior, miro su rostro, ya no era una niña y sus ojeras demostraban cuanto había sufrido los últimos meses, hacia un año exactamente qué lo conociera, hace un año de aquel beso, acaricio su largo cabello rubio rizado y miro la enorme tijera que reposaba frente a ella, suspiro y los mechones comenzaron a caer a su alrededor, sin remordimiento lo corto todo, quedó tan corto que sus rizos bailaban sobre su frente y por encima de sus orejas, sonrío de medio lado y alcanzó un sombrero, lo giró entre sus dedos y acaricio las iniciales en el dorso "W.A.A" , se vistió con pantalones y una blusa holgada, se arropó en un gabán marrón, tomo su maleta y siguió su camino. En Nueva York tenía mucho que hacer y su presencia de princesita no la ayudaría en cambio ahora...

Su hermana vivía en un pequeño suburbio de una calle común, le había hablado para avisarle que llegaría y estarían esperándola, cuando bajo del auto Patty con un bebé en brazos y Annie con una amplia sonrisa avanzaron muy poco, se detuvieron frente a alguien que no conocían o tal vez si, era una mujer de ojos verdes que sonreía, vestida como un muchacho pero a simple vista una mujer, se quitó el sombrero y se inclinó con un saludo cordial típico de los Caballeros a unas damas de sociedad, una burla más, después de casi un año de no verse ambas eran otras, se abrazaron y cayeron algunas lágrimas, Annie vestía con un sencillo vestido rosa con un cinturón blanco y una cola de caballo, su cabello era ahora largo lacio y negro, saludo a Patty y conoció a su pequeñita, una hermosa niña con ojos enormes que enterneció el corazón de Candy, la hicieron pasar a la casa y explicaron que sus maridos estaban trabajando en unos galpones a una hora del lugar, el motor era un éxito habían ganado prestigio y mucho dinero, estaban en contrato directo con el gobierno, con el compraron esa casa era muy bonita y sencilla, Patty vivía en la otra calle pero mientras ellos no estaban se hacían compañía

-No sé por dónde empezar a preguntar Candy - la miro de arriba a abajo - estás tan cambiada – mencionó con cautela – pensé que vendrías en tren desde Chicago, ¿condujiste hasta aquí?

-Si, ese bebe azul es un regalo que les dejare nenas – les guiño el ojo – Stear y Archie se verán obligados a enseñarlas a conducir

-¿Regalo, es que no piensas quedarte? ¿Que está pasando? ¿Tú...eres mi hermana? ¡Ay dios! Tengo tantas preguntas...

-No es necesario yo... Se los contaré todo, porque necesito que entiendan lo que les voy a decir luego

Ambas mujeres se preocuparon al instante Patty acostó a la bebe en la cuna y sirvió té para todas, se sentaron en una pequeña mesa redonda de la cocina que quedaba justo al lado de una ventana que daba al pequeño jardín, comenzó por un beso en el armario de la que había sido la gran casa de las Brighton, a medida que avanzaba el rostro de las mujeres se fruncía y contorsionaba, secaban las lagrimas y Annie por un momento se llevó las manos al rostro sollozando, lo contó con toda la alegría, con toda la tristeza pero sobre todo con todo el amor que había en su corazón, lo narró como una de sus historias del periódico dejando el corazón de las tres en la mano, Candy no lloró ya no podía hacerlo por lo mismo, no ahora que estaba tan decidida, su hermana la miro y se limpio el rostro con una servilleta

-¡Esa bruja! Te lo dije que ella... ¡Ay Candy! si me hubieras contado antes yo...

-Pasó lo que tenía que pasar Annie, ahora, no me quedaré por mucho tiempo, gracias a mis tan queridos contactos del periódico partiré pasado mañana en barco a Francia, haré mis prácticas, chicas yo me enliste como enfermera voluntaria C. White Brighton irá a prestar toda su colaboración y apoyo a las tropas, no he parado de imaginarme a mi príncipe en ese desastre, herido, no puedo soportarlo, - suspiro y cerró con fuerza los ojos – además siempre me entusiasmó el hecho de tener una profesión tan necesaria como está así que... – se encogió de hombros – tal vez era mi destino

-¡Dios mío Candy! lo harás por el - Annie se levanto de la mesa y camino por la cocina de un lado a otro – ¿que le diré a mamá?

-No le dirás nada ella cree que estoy segura aquí contigo, solo escríbele a través de mi nombre y dile que estoy bien

-puedes morir, ¿y si llama al teléfono? ¿Y si quiere hablarte? – decía llorando

-Pues inventa algo Annie, ¿esto lo haré está claro?

-Es una locura correr a todo riesgo tras el en la guerra ¡Dios!

-¿Lo dice quien fue secuestrada y dada por muerta para correr detrás del hombre que amaba?

-Abrió los ojos y con la mano en el pecho dejó escapar el aire – no es lo mismo, yo realmente no corría peligro, si te pasa algo yo...

-Si el muere en la guerra yo me moriré Annie, no me quedare aquí como tonta a esperar noticias, si los hombres van a la guerra pues… yo también puedo hacerlo, así que iré allá trabajaré duro y hare lo que sea para encontrarlo para estar a su lado y si no volvemos es por qué dios lo quiso así

-Le temblaban las manos y el labio inferior de su boca, pero después de unos minutos de silencio en la habitación en la que Patty aún se encontraba paralizada de terror ella habló – entonces ve, y regresa hermana, por favor regresa, pero cuando lo hagas más te vale traerlo contigo

Al fin dejo correr unas lágrimas y bajo otro silencio giró hacia la ventana, un pajarillo volaba por el jardín y luego lo siguió con la mirada perderse en el cielo azul.


Hola a todas les deseo un buen día, me encanto saber la postura que toma ian ante una situación así por cómo lo vemos acudiríamos a lo más fácil pero dos almas tan dulces como esas lo harian? No realmente... Se vienen días de lucha con todo el amor que tienen para dar. Saludos ;)