Escena: El Cáliz de Fuego
Oficialmente el Torneo de los Tres Magos había comenzado. Las tres pruebas a las que los futuros campeones tenían que enfrentarse eran un misterio, y por tanto sólo el Director, organizadores y personas de confianza sabían de qué se trataban. Pero estamos hablando de Hogwarts, un lugar donde es imposible tener secretos.
La Ceremonia de Selección de Campeones ya se había producido, con la sorpresa de Harry como Cuarto Campeón. Dumbledore paseaba por el Vestíbulo, donde los alumnos iban y venían.
―Profesor ―le llamó Hagrid.
―Ah, hola, Hagrid. Buenos días. ¿Querías algo?
―Sí, quería decirle que los dragones que hemos pedido ya han llegado.
Algunos alumnos se pararon, curiosos.
―¿Dragones? ¿Qué dragones, Hagrid?
―Los cuatro dragones. Para la...
―Vale, Hagrid, vale. ¿Algo más?
Hagrid asintió.
―Sí. Hemos hablado con las sirenas, y están dispuestas a custodiar a los rehenes para la segunda.
―¡Hagrid, por favor! Si tienes algo más que decir, dilo. O de lo contrario vete.
Hagrid tenía una cosa más que decir.
―Sí, quería decirle que los setos del campo de quidditch están creciendo para la tercera...
―¡Verdaderamente eres idiota, Hagrid! ¡Vete! ¡Vete de aquí!
Director y guardabosques se marcharon, mientras Harry y Hermione pasaban por allí, tras oír la conversación.
―Vaya, Harry, dragones, el Lago y el campo de quidditch. ¿Eso no te dice nada?
―Si... echo de menos el quidditch.
Hermione rodó los ojos. De verdad que Harry no se enteraba de nada.
