Capítulo 14: La Historia de Hades
A pesar de que ni la familia de Bill, ni la de George habían podido asistir a la Navidad de aquel año, Albus sintió que la casa de sus abuelos estaba igual de repleta que siempre.
Talvez era que todos estaban creciendo, y ocupaban más lugar. O talvez fuera la gran cantidad de invitados que había que no pertenecían estrictamente a la familia. Era el caso, por ejemplo, de Teddy y Andrómeda, quienes a pesar de no ser verdaderos parientes de los Weasley, eran considerados como tales por todos los presentes.
Para esta ocasión, también Luna se había sumado a la celebración, con sus dos hijos, Lysander y Lorcan. Y para sorpresa de Albus, también había asistido el padre de Luna, Xenophilius Lovegood.
El Sr. Lovegood se había vuelto aún más excéntrico con el pasar de los años, si eso era incluso posible. Se trataba de un hombre mayor, y Albus tenía la sensación de que el abuelo de su amigo había perdido completamente la razón. Sin embargo, Xenophilius era un buen hombre, viejo amigo de Arthur Weasley, y nadie se había opuesto a que se uniera a las celebraciones. Solamente su tío Ron parecía lanzarle cada tanto alguna que otra mirada turbia y con cierta desconfianza. Albus lo había escuchado murmurar palabras incomprensibles, pero ante la mirada amenazante de Hermione, Ron optó por callar.
Todos eran bien recibidos en la Madriguera, y parecía que había una regla implícita en la familia, según la cual, ninguna reunión era una verdadera reunión si la mesa no estaba abarrotada de personas.
A medida que la noche caía, el clima alegre y de jolgorio fue disminuyendo gradualmente, mientras que el sueño empezaba a hacer mecha entre los presentes. De a poco, los invitados comenzaron a dispersarse por la casa. Los primeros en desaparecer fueron Lorcan y James, quienes corrieron a encerrarse en el cuarto que alguna vez había pertenecido a los mellizos Fred y George. Poco después también se levantaron de la mesa Lily, Hugo y Lucy, y subieron también a otro cuarto. Molly permaneció en la mesa sólo unos minutos más, y luego se disculpó, diciendo que tenía mucho que hacer, y volvió a encerrarse en el viejo cuarto de Ginny, seguramente a estudiar.
Como era costumbre después de la cena, la mayoría de los adultos se reunían en living, a conversar y a tomar whisky. Las mujeres, por su parte, ocupaban la cocina, donde continuaban cuchicheando a escondidas de sus esposos.
Albus por su parte, todavía permanecía sentado en su lugar, incapaz de levantarse. Sentía que iba a estallar de todo lo que había comido. Su estómago estaba más lleno de lo que era saludable, y sus ojos comenzaban a amenazar con cerrarse.
—Entonces, Ted… ¿qué es lo que te tiene tan preocupado que no puedes ni olvidarlo en Navidad? —preguntó repentinamente la voz divertida y amodorrada de Harry Potter, quien tampoco se había levantado de la mesa aún.
Albus escuchó las palabras amortiguadas por el sueño. Sin embargo, le llamó la atención, y se enderezó un poco más en su silla, para poder prestar atención a la charla que pronto se iniciaría entre su padre y Ted.
Por su parte, el muchacho de cabellos azules se movió algo inquieto en su silla, mientras que sus dedos tamborileaban sobre la superficie de la mesa con cierto nerviosismo. Finalmente, soltando un suspiro, levantó la mirada y la posó en Harry.
—Presenté la reforma para la Ley de Restricción de Hombres Lobos —respondió Teddy, diciendo las palabras con rapidez, como si así fuera más fácil. Harry alzó levemente las cejas, tomado por sorpresa, y se inclinó hacia delante, apoyándose en la mesa con los codos, en un claro gesto de que aquellas palabras habían conseguido toda su atención.
—¿Y qué sucedió? —preguntó Harry, en el mismo tono paternal que solía usar con sus hijos cuando quería incentivarlos a que le contaran sus problemas. Teddy torció los labios en una mueca de enojo y soltó un resoplido.
—Lo que era obvio que sucedería —confesó Lupin finalmente, mientras que encerraba su cabeza en ambas mano, en gesto resignado—. No la aceptaron. No quieren saber nada con una reforma —agregó luego, en tono quejumbroso.
Harry lo miró durante unos segundos con una expresión seria, y luego, las comisuras de sus labios parecieron elevarse en una sonrisa. Su mano derecha recorrió el tramo de la mesa que lo separaba de Teddy, y lo tomó de la muñeca, en un gesto de consuelo.
—Ya te escucharán, Ted —le aseguró Harry. Teddy levantó la mirada, posándola en los ojos de su padrino, como si quisiera verdaderamente creer lo que Harry le decía. —Ted, tu reforma de la ley de Hombres Lobos es excelente, pero la sociedad mágica… bueno, los magos son gente de tradiciones. Tradiciones que vienen desde hace siglos, igual que muchas de sus leyes. ¡Hay algunas leyes que no han sido reformadas en más de doscientos años! —trató de explicarle Potter—. Tienes que darles tiempo a que puedan asimilar el cambio.
—¿Realmente crees que algún día podrán asimilar el cambio, Harry? —le preguntó Lupin, todavía con desesperación y desconsuelo en la voz.
—Llevo veinte años tratando de que asimilen el cambio, Ted —le respondió Harry—.No es fácil, y requiere mucho esmero y dedicación.
—Yo estoy dispuesto a hacer lo que sea, y tú lo sabes, tío —se apuró a decir Teddy. Harry asintió con la cabeza.
—Entonces no dejes que un "no" te detenga—lo incentivó —. A mí nunca me detuvo —agregó luego, en un murmullo, mientras que le guiñaba un ojo. Ted sonrió. Y durante una fracción de segundo, Harry pudo ver a Remus Lupin en la sonrisa de su ahijado. —Tu padre estaría muy orgulloso de ti, Ted —le confesó Harry.
La sonrisa de Ted pareció temblar un poco en sus labios, tomado por sorpresa ante aquella revelación. El cabello de Ted perdió nuevamente su color azul, y adquirió en cambio un tono rubio. Incapaz de responderle, Lupin tomó la mano de Harry entre las suyas, y la apretó con cariño, dándole a entender cuán importantes eran para él esas palabras. El momento emotivo se quebró cuando Andrómeda entró en el comedor.
—Teddy, cariño, estoy un poco cansada. ¿Te parece que vayamos yendo? —le preguntó Andrómeda, sonriéndole, mientras que su mirada vagaba entre su nieto y Harry. Sus ojos se detuvieron en el cabello rubio de su nieto. Frunció suavemente el entrecejo. —¿Está todo bien? —agregó entonces, perceptivamente.
—Todo perfecto, señora Tonks —le respondió Harry, al ver que Ted todavía no había recuperado el habla. Aquello le dio tiempo al muchacho de volver su cabello de color azul, una vez más.
—Una esperaría que, después de veinte años, ya te habrías acostumbrado a llamarme por mi nombre, Harry —comentó Andrómeda. Harry rió mientras que se ponía de pie para despedirse de Andrómeda. —Pero bueno, no se pueden pedir peras a los olmos, ¿verdad? —agregó ella, también riendo suavemente.
—No, señora Tonks, supongo que no se puede —le dijo Harry, con una sonrisa. Ella se la devolvió y luego, giró hacia su nieto nuevamente.
—Ted, ¿vamos? —insistió con delicadeza. Lupin se aclaró la garganta y se puso de pie.
—Claro, claro —accedió finalmente. Cruzó una última mirada con Harry. —Gracias —murmuró. Y envolvió a su padrino en un abrazo fuerte, que hizo sonar las costillas de Potter.
—Vamos, los acompaño hasta los límites de la casa para que se Aparezcan —le dijo Harry, mientras que se liberaba del abrazo. Albus los siguió con la mirada mientras que los tres abandonaban el comedor, listos para salir de La Madriguera.
—Pobre Teddy…—susurró Rose. Albus se sobresaltó un poco. Se había olvidado de que su prima todavía estaba sentada junto a él. Lysander, en cambio, había desaparecido de la mesa.
—¿Lo dices por lo de la Ley? —preguntó Albus, todavía algo adormilado. Rose lo miró unos segundos, como preguntándose si verdaderamente Albus era incapaz de ver la magnitud del tema.
—No es sólo una Ley, Al. Para Teddy, la Reforma de la Ley de Restricción de los Hombres Lobos es mucho más una ley —le explicó Rose, como si no pudiera creer que su primo no viera lo mismo que ella. El silencio de Albus sólo la hizo encresparse más. —La reforma de Teddy tiene como objetivo mejorar la calidad de vida de las personas que sufren licantropía. Actualmente, los hombres lobos se encuentran demasiado marginados de la sociedad. Con su reforma, Teddy busca ayudarlos a reinsertarse a la misma, a que puedan acceder a trabajos, y a una mejor asistencia médica —siguió explicándole Rose.
—Sí, había oído algo… —dijo Albus, tratando de evitar con ello que su prima se enfureciera nuevamente con su silencio.
—¿Qué no lo ves, Al? ¡Esta es la manera que tiene Teddy de rendirle homenaje al padre que nunca conoció! Y el Departamento de Criaturas Mágicas se lo ha negado. Le hay rechazado la reforma —terminó de explicarle la pelirroja.
—Vaya…—comprendió Albus finalmente. Y es que la mayoría de las veces, Al se olvidaba completamente de que el padre de Ted, Remus Lupin, había sido un hombre lobo.
Albus había crecido en una familia de magos. Pero Harry los había criado de una manera muy diferente a la mayoría de los niños de la comunidad mágica. Albus y sus hermanos se encontraban libres de los prejuicios que la sociedad mágica tenía con respecto a temas tan controversiales como podían ser los objetos muggles, la licantropía, la sangre mestiza.
Pero la realidad era otra muy diferente. A pesar de los incontables esfuerzos de Harry Potter, y de la ayuda incondicional de Hermione, la sociedad todavía no terminaba de librarse de aquellas ancestrales tradiciones y prejuicios. Sí, habían progresado mucho. La creación del Departamento de Relaciones Muggles era una prueba de ello. Pero todavía quedaba mucho por hacer. Teddy acababa de demostrarlo.
Sus pensamientos se vieron interrumpidos en ese momento por la llegada Lysander Scamander. El muchacho entró en el comedor acompañado de su abuelo.
—… y pueden llegar a sobrevivir más de cinco años escondidos dentro de tus orejas. Es por eso que tienes que limpiártelas siempre muchacho. No queremos que un flugermug te infecte —le explicaba en ese momento Lovegood a su nieto.
—Claro, abuelo —le respondió Lysander, mientras que revoleaba los ojos, en gesto resignado—. Ven, abuelo, vamos a sentarnos con mis amigos, ¿quieres? —propuso el muchacho, mientras que tomaba a su abuelo de la mano y lo llevaba hacia la mesa donde estaban Albus y Rose.
—Oh, sí, claro… tus amigos. ¡Qué tonto soy! Seguramente quieres pasar el rato con ellos, en vez de hacerlo con este viejo… —comenzó a disculparse Xenophilius.
—No, claro que no, abuelo. Ven, siéntate con nosotros —trató de convencerlo Lysander, con una increíble paciencia.
—No quiero molestarte, muchacho —dijo Lovegood, aunque se notaba una fingida inocencia en su voz. Lysander giró a mirar a sus amigos, en búsqueda de ayuda.
—No, señor Lovegood, no es ninguna molestia —se apuró a agregar Rose. Xenophilius la miró brevemente, y luego le sonrió.
—En ese caso me sentaré aquí y no molestaré en absoluto —aseguró Xenophilius, aceptado la silla que le ofrecía su nieto. Lysander se sentó junto a Rose, con un aspecto algo cansado.
—Creo que le ha agarrado una etapa de melancolía… ha estado diciéndole a mi madre que ya casi nunca lo visitamos, y que nosotros nos estamos volviendo grandes y ya no tenemos ningún interés en pasar tiempo con nuestro abuelo… así que le dije que viniera conmigo aquí —les explicó Lysander en un susurro para que su abuelo no los escuchara. Por suerte, la atención de Lovegood estaba dirigida en ese momento hacia un gran reloj que colgaba de la pared, donde había varias agujas, cada una con el nombre de uno de los hijos de Molly y Arthur, que en ese momento apuntaban a "Festejando". —En fin, ¿de qué hablaban? —preguntó Lysander, volviendo a adquirir su clásico aspecto alegre.
—Oh, de nada…—respondió primera Rose. Albus vio que la pelirroja le lanzaba una mirada de soslayo. Pero Albus no la necesitaba. Sabía bien que el tema del que habían hablado era algo privado de Teddy.
—Entonces yo tengo algo de que hablar —dijo Lysander, sin notar la mirada de advertencia que Rose le había lanzado a su primo. —Escuche a tu madre, Albus, hablando con la mía y con la de Rose… parecía estar contándoles que Harry había tenido una conversación bastante seria contigo y con tu hermano, pero que se había negado a contarle a ella de que iba todo eso —les explicó rápidamente Lysander.
—Oh… sí, es verdad. Apenas llegamos a casa de Hogwarts. Papá nos encerró con él en el despacho, y estuvo retándonos durante cerca de una hora —confirmó Albus.
—¿Retándote por qué? —preguntó Rose, con el ceño levemente fruncido.
—Bueno… verás, después de los de Halloween, James y yo le mandamos una carta a papá, advirtiéndole de que había gente que lo quería matar —confesó Albus, sin poder evitar sonrojarse un poco, pues sabía que Rose le diría que aquello había sido algo estúpido de su parte.
—¡Eso fue algo estúpido, Albus! ¡Era obvio que tío Harry se enojaría! Más aún teniendo en cuanta lo sucedido el año pasado —fue la predecible respuesta de su prima.
—¡Lo sé, lo sé! —se disculpó Albus. Hubo un momento de silencio. —Aunque no sabía que papá no le había dicho nada de todo esto a mamá. Ellos siempre se cuentan todo.
—Talvez no quiso asustarla —arriesgó Lysander, encogiéndose levemente de hombros.
Albus negó suavemente con la cabeza. No, esa no podía ser la razón. Albus conocía a su padre. Harry Potter nunca escondía información de Ginny, a menos… a menos que fuera verdaderamente peligroso.
—¿Qué fue lo que te dijo tu padre? —insistió Rose.
—Ya sabes lo que me dijo, Rose —le respondió Potter, comenzando a molestarse.
—Y también sé que no vas a hacerle caso, por lo visto —le criticó Weasley. Albus soltó un resoplido.
—¡Claro que no voy a hacerle caso, Rose! ¡No hasta no saber qué diablos es Tanaerum! —la increpó Albus, con determinación.
—¿Tanaerum? —preguntó repentinamente la voz de Xenophilius. Albus sintió una presión en el pecho, y su mirada se desvió rápidamente hacia el abuelo de su amigo. Se había olvidado por completo que Lovegood estaba en la misma habitación que ellos. —¿Has dicho Tanaerum, muchacho? —insistió Lovegood, repentinamente interesado. Albus lo miró unos segundos, fijamente, evaluándolo.
—¿Conoce Tanaerum, señor Lovegood? —se arriesgó a preguntar Albus. Y es que la forma en que el anciano había preguntado por Tanaerum, le decía que aquella no era la primera vez que escuchaba ese nombre.
—Oh, sí… Tanaerum —musitó Lovegood, mientras unía las yemas de los dedos por sobre su abdomen, y adquiría una mirada lejana. —No, no conozco personalmente Tanaerum, pero he dedicado mucho de mi tiempo a investigarlo —respondió finalmente, volviendo a la realidad. Albus sintió la emoción recorrerle el cuerpo, y miró a Rose y a Lysander, comprobando que ellos también lucían expresiones parecidas.
—¿Podría acaso decirnos qué es Tanaerum, señor? —preguntó Rose educadamente. Xenophilius miró a Rose confusamente durante unos segundos antes de responder.
—Jovencita, Tanaerum no es un algo. Tanaerum es un lugar. —la corrigió Lovegood. Hizo una pausa, con el claro objetivo de captar su atención. —Es el punto en el que el continente griego se adentra más pronunciadamente en el Mar Mediterráneo —agregó, con un tono que decía que aquello era algo bastante obvio.
Albus sintió que su corazón daba un vuelco en el pecho. El continente griego… todo encajaba a la perfección. Había tenido razón con respecto a que aquel libro de Primus estaba escrito en griego. Y que, fuera lo que fuera aquello que buscaban, la clave se encontraba en Grecia.
Respiró hondo tratando de calmarse. Albus sabía que se encontraba en un momento crucial para su investigación. Debía de medir con cuidado cada paso que iba a dar a partir de ahora. Cualquier error, y era posible que Lovegood descubriera más de lo necesario, o bien que se echara atrás y callara lo que sabía.
—¿Es sólo un pedazo de tierra? —preguntó Albus, fingiendo estar decepcionado. Lovegood levantó las cejas, algo alterado. Internamente, Albus sonrió al darse cuenta de que, una vez más, había dado en la tecla.
—¿Sólo un pedazo de tierra? ¡Claro que no! Tanaerum es mucho más que eso… —Lovegood pareció vacilar un segundo, y tragó saliva antes de continuar, hablando ahora en un susurro —Tanaerum es una de las entradas al infierno —murmuró Lovegood. Un silencio incómodo cayó entre ellos.
La entrada está en Tanaerum.
—Disculpe… ¿la entrada al infierno? —repitió Rose, sin ocultar su incredulidad y escepticismo.
—Sí, bueno… no es tan simple de encontrar, claro. Pero sí, la historia nos cuenta que una de las entradas al infierno queda allí —le respondió el anciano.
—Abuelo, ¿de qué historia estás hablando? —le preguntó Lysander, alzando una ceja. Lovegood lo miró como si no pudiera creer que su propio nieto le hacía semejante pregunta.
—¡Por Merlín, Lysander! ¿Es que tu madre nunca te ha contado la historia del Templo de Hades? —lo cuestionó Xenophilius, completamente atónito. Lysander giró a mirar a sus amigos, y la expresión en su rostro era de completo desconcierto. Rose, por su parte, había torcido sus labios en una extraña mueca, que Albus reconoció al instante. Era la expresión que ponía siempre que algo no le cerraba o le resultaba demasiado irreal.
—¿Debería habérmela contado? —habló Lysander, cada vez más confundido. Xenophilius soltó un suspiro resignado.
—Pues me sorprende que no lo haya hecho… de chica solía pedirme todo el tiempo que le contara la historia de Hades —le explicó Lovegood, y su rostro adquirió una expresión de ensueño, como si recordara con extremo cariño algo largamente olvidado.
—¿Podría contárnosla, señor Lovegood? —pidió Albus, tratando de sonar gentil. Rose le clavó inmediatamente la mirada, con los ojos avellana abiertos como platos. Albus simplemente la ignoró. Sabía que Lovegood no era la fuente más fidedigna de información, pero necesitaba esa información. Lovegood era la primera fuente que parecía saber algo sobre Tanaerum.
Xenophilius pareció emocionarse ante el pedido de Albus, pues se enderezó en su silla, adquiriendo una postura bastante noble, y se aclaró la garganta ruidosamente.
—Antes que nada tengo que preguntarles… ¿alguno de ustedes está familiarizado con la mitología griega? —preguntó Xenophilius, con un brillo particular en los ojos. Tanto Albus como Lysander negaron con la cabeza. Rose en cambio, hizo un leve gesto de asentimiento, aunque muy contra su voluntad.
—Sí, yo se algo —respondió la pelirroja, casi a regañadientes, pero incapaz de negarse a responder una pregunta cuya respuesta conocía.
—Entonces sabes quién es Hades, ¿verdad? —le preguntó Lovegood. Rose frunció un poco los labios antes de responder, como si no quisiera decir la respuesta, pero al mismo tiempo no pudiera evitar responder.
—El Dios de los Muertos —respondió finalmente la chica. Xenophilius asintió lentamente, como si con ello pretendiera darle más peso a las palabras.
—Para los muggles, la mitología griega son puras patrañas. Pero para nosotros, los magos, las historias relatadas por los antiguos griegos tienen un significado mucho más profundo… pues lo que para los muggles es imposible, para nosotros no lo es —explicó Lovegood, mientras que apoyaba los brazos sobre la mesa, entrecruzando los dedos de sus manos. —Como siempre, detrás de toda leyenda muggle, existe algo de verdad. En este caso, todo lo que los muggles griegos consideraban "dioses" o "fuerzas sobrenaturales", eran en realidad magos y su magia. Zeus, Hera, Poseidón, Hades, Perséfone… no eran verdaderos dioses. Eran magos, y por cierto, magos muy poderosos —continuó explicando Lovegood.
Albus giró a mirar a Rose, queriendo verificar si aquello era verdad. La expresión en el rostro de Rose, a pesar de no ser la más alegre, le confirmó que así era. Rose carraspeó levemente.
—Incluso aunque ellos hayan sido verdaderamente magos, eso no quiere decir que todas las leyendas muggles sean verdad… es decir, gran parte de las historias griegas no son más que eso: historias inventadas por muggles a partir de un hecho que no fueron capaces de explicar mediante la lógica —intervino Weasley, quien como su madre, tenía poca tolerancia para las historias de los Lovegood. Xenophilius hizo un movimiento con la mano, restándole importancia a lo que Rose acababa de decir.
—Es posible que no todas sean verdad, muchachita, pero hay algunas que lo son —dijo Lovegood, completamente seguro de sí mismo.
—¿Cómo la de Hades? —preguntó Albus, dejándose llevar por la intriga. Nuevamente Rose le clavó una mirada atónita, como si no pudiera creer que Potter prestaba oídos a semejantes patrañas.
—Exacto —coincidió Lovegood, con una sonrisa.
—¿Pero cuál es la historia, abuelo? —le pidió impacientemente Lysander, quien también sentía intriga para esta altura. Rose soltó un suspiro resignado.
—Bueno, la historia muggle nos habla de Hades como el Dios del Inframundo, quien custodiaba el mundo de los fallecidos, mantenía el equilibrio entre los vivos y los muertos. Según cuentan las leyendas, una de las entradas al mundo de Hades se hallaba en Tanaerum. Según la historia, la entrada de Tanaerum se encontraba custodiada por el terrible perro de tres cabezas de Hades: El Cerbero. Este terrible perro se mantenía firme ante la puerta al mundo de los muertos, impidiendo el paso a cualquiera que quisiera adentrarse en las tierras de Hades sin permiso… o sin estar muerto —comenzó a responderle Lovegood. —Claro que esa es la versión muggle. Y ellos son siempre mucho más creativos que nosotros —agregó el anciano, con una sonrisa divertida en los labios.
—¿Y cuál es la verdadera historia? —insistió Potter, inclinándose hacia delante de manera inconciente. Lovegood se tomó su tiempo para responder.
—Bueno, gran parte del mito griego se sustenta en la verdad —le respondió Lovegood. Rose carraspeó nuevamente la lengua, sin disimular su desacuerdo. —Por lo que sabemos los que hemos estudiado el tema, Hades fue un mago obsesionado con la muerte, que encontró finalmente la manera de acceder al mundo de los muertos. O mejor dicho, encontró un lugar.
—Tanaerum —murmuró Albus, más para sí mismo que para los demás.
—Claro. No hay muchos textos que nos hablen de Hades y de sus trabajos mágicos, pero varios archivos apuntan a que Hades construyó un Templo, en Tanaerum, a través del cual podía entrar al mundo de los muertos —explicó mejor Lovegood.
—¿Varios archivos? —repitió Rose por lo bajo, en un tono que dejaba filtrar cierta burla. Lovegood no llegó a escucharla, o simplemente fingió no oirla.
—Por supuesto, miles de magos han intentado encontrar el Templo de Hades durante siglos, pero no hay registros de que alguien haya tenido éxito —les comentó Lovegood, con la decepción tiñendo sus palabras.
En ese momento, la puerta del comedor de abrió, y Luna entró por ella, sobresaltando a todos los presentes. Su mirada vagó momentáneamente entre los presentes, para detenerse finalmente en su padre. Una dulce sonrisa se dibujó en sus labios.
—Papá, acá estabas —comentó mientras que se acercaba al hombre, y ponía ambas manos sobre los hombros del anciano. Lovegood acarició las manos de su hija con igual dulzura.
—Estaba contándoles a estos chicos la historia del Templo de Hades —le comentó Lovegood. Luego, giró levemente en su silla, para poder mirar a su hija a los ojos. —¿Te acuerdas de esa historia, Luna? Te solía encantar de pequeña. La pedías todas las noches antes de irte a dormir —le recordó su padre. Luna lo miró unos segundos con una expresión indescifrable, y finalmente una sonrisa amable se dibujó en su rostro.
—Claro que la recuerdo, papá —le concedió finalmente. —¿Te parece que vayamos yendo? He pensado en quedarme a dormir en tu casa, contigo —agregó luego la madre de Lysander. El rostro del anciano Lovegood pareció iluminarse ante aquello.
—Será un placer, pequeña —le dijo, mientras que se ponía de pie, y la besaba en la frente. —Iré a despedirme de Arthur y el resto de los Weasley —le comunicó luego, mientras que salía de la habitación.
Luna se quedó allí de pie, varios segundos, mirando el espacio vacío por el cual acababa de desaparecer su padre, con una expresión curiosa en el rostro. Luego, como si volviera a la realidad, sacudió levemente la cabeza, y miró a Albus y sus amigos.
—Así que les contó la historia de Hades, ¿eh? —comentó Luna, con una sonrisa divertida. Albus asintió con la cabeza. —Sí, solía gustarme mucho esa historia… creo que dentro mío, siempre deseé que fuera verdad —agregó luego, mientras que una suave tristeza se filtraba en sus palabras.
—¿Tu no piensas que sea verdad? —le preguntó Albus, sorprendido. Luna acentuó su sonrisa.
—Verás, Albus, los años me han enseñado que gran parte de las cosas que mi padre y yo solíamos creer nunca fueron verdad —le respondió ella, con su voz soñadora.
—Pero…—comenzó a decir Potter.
—Debes tener cuidado, Albus, porque a veces es muy fácil caer en las historias de mi padre… hay que decir que muchas de ellas tienen su encanto. ¡La entrada al mundo de los muertos! ¿Quién no tiene a alguien a quien le gustaría traer de regreso a la vida? —comentó Luna, mientras sus ojos celestes brillaban con una expresión lejana. —Pero algunas veces, tenemos que aceptar que son simplemente eso: historias —sentenció finalmente, encogiéndose de hombros, su mirada soñadora perdida en algún recuerdo que Albus desconocía.
Para los que me pedían respuestas, aquí empiezan a llegar! Espero que les guste. En lo personal disfruté mucho escribiéndolo. La verdad es que el personaje de Xeno Lovegood es un personaje que siempre detesté (no me pregunten por qué), pero si hay alguien que puede conocer una historia tan descabellada como la del Templo de Hades... pues, es él. El Lovegood que vemos aquí es un hombre a quien los años comienzan a afectarlo... más melancólico, al notarse viejo y algo solo. E incluso un poco más lunático, si eso es posible.
Nuevamente, señalo que este capítulo trae mucha información relevante al FF. He dejado varios datos IMPORTANTES desparramados por todo el capítulo. Los invito a que los encuentren, jajaja.
Agradesco todos los reviews. Los he leído a todos. Puntualmente, quiero agradecer a BrunaRC, quien se ha ofrecido voluntariamente a traducir la Saga de Albus Potter al portugués. ¡Muchas gracias! Y también quiero agradecerle a Alfredoi, por su review, ehm, ¿cómo llamarlo? digamos, crítico, que por supuesto fue muy bien recibido y tenido en cuenta para futuros capítulos. Espero que el capítulo 14 te haya gustado, y prometo revisar en algún momento los dos capítulos anteriores para perfeccionarlos. Me gusta que los lectores sepan señalarme también mis errores!
Gracias jjaacckkyy, Nat Potter W, adrisstbdt, Rose Weasley de Malfoy, anvampi16, Danyeda Goofy Panterita, Malfoy-son, Madrileño, y todos los demás que leen la historia! Perdón si me he olvidado de alguien! (tengo la cabeza muy despistada ultimamente).
Saludos,
G.
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