Draco siempre se supo guapo, un caballero, educado en los más altos preceptos de la realeza mágica. Dueño de una riqueza monetaria que incluso la misma reina de Inglaterra envidiaría, aún a pesar de todo lo que su familia debió desembolsar para sortear Azkabán luego de la guerra. Inteligente. Bueno en el quiditch y en los negocios. Y ahora, con Helena en sus brazos, todo carecía de importancia. Todo eso desaparecía para llenar su alma de un amor puro e incondicional.

Tenía una hija. Sí, una hija con Hermione. Una hija fruto del amor inmenso que aún sentía por ella. Para qué negarlo. Su corazón, y su cuerpo sólo respondían a ella. Siempre a ella.

- Draco, ¿podemos hablar? - Preguntó una cautelosa Hermione, sacándolo de sus pensamientos.

- Hablaremos Jane – Dijo con frialdad, mudando su rostro a una mueca, mientras sus ojos comenzaban a adquirir un brillo de furia – Tú hablarás – Continuaba mientras acostaba a una dormida Helena en su pequeña cuna – Tú, Jane Leblanc, me hablarás y me explicarás por qué me mantuviste todo este tiempo, lejos de mi hija. Y espero Leblanc, que tus explicaciones sean satisfactorias, porque no me tentaré el corazón para usar todos los recursos que estén a mi alcance con tal de recuperarla y alejarla de ti si es necesario – Dijo arrastrando cada una de sus palabras, buscando dañarla, como ella lo había hecho con él, negándole a su princesa. La seguía amando, sí. Pero no podía perdonarla tan fácilmente por esconderle algo tan importante.

- ¡Alto ahí Malfoy! - Exclamó la chica, que lejos de mostrarse temerosa de lo que Draco pudiera hacer, sacó a relucir toda la fuerza de su carácter – Que te quede claro que, no permitiré que me amenaces con quitarme a mi hija. No olvides que soy una Leblanc, y no querrás saber los alcances que mi apellido y mi dinero pueden lograr - El rubio la miró sorprendido. Esa mujer que se paraba ante él, era muy diferente a la antigua Granger – Sé que cometí un error imperdonable en ocultarte a Helena, pero no me arrepiento. Y si tuviera que volver a hacer lo mismo con tal de asegurar la protección de mi pequeña, lo haría mil veces. Puedes odiarme, después de todo no sería nada nuevo – El rubio quiso replicar, pero ella no lo permitió y continuó con su monologo – Puedes decidir no perdonarme jamás, puedo vivir con eso. Pero no creas que rogaré tu perdón o viviré como ánima en pena por haber perdido tu buen trato. Los dos podemos jugar el mismo juego, Malfoy. No eres el único poderoso aquí.

- Vaya Leblanc, veo que el poder terminó corrompiendo a la dulce Griffindor – Interrumpió el rubio, con ironía. No podía creer que esa mujer frente a él, fuera su Hermione.

- ¡A la mierda lo que pienses, Malfoy! - Exclamó la chica, perdiendo la compostura. Se dio media vuelta y caminó hacia la ventana. Observó la noche estrellada, y el recuerdo de sus padres llegó a ella, tranquilizándola. Suspiró y se giró hacia Draco – El día que fui a verte a tu oficina y te encontré con Astoria, tuve un encuentro con tu madrastra. Fue un tanto violento, y las cosas terminaron saliéndose de control. No le habría dado mayor importancia, si ella no hubiese hablado de una forma extraña sobre mis padres y su seguridad. Ese mismo día fue cuando esos malditos puristas atacaron el barrio muggle donde ellos vivían. El resultado del ataque ya lo conoces. Estaba segura de que, de una u otra forma, la maldita Daphne estuvo involucrada. No tengo pruebas Malfoy, pero tengo la certeza de que fue así. Ese mismo día, mientras me reponía en mi habitación, después de haber recibido la noticia por lo de mis padres, una lechuza se posó en mi ventana con un sobre a mi nombre. Era una amenaza Draco, en esa carta me juraban que sabían sobre mi embarazo y que no tardarían en ir por mí y mi bebé, haciéndome saber al mismo tiempo, que eran también los autores del atentado. La carta venía acompañada de un sinfín de fotos mías, fotos con mis padres, fotos mías yendo a mis consultas con el medimago, fotos mías y de Pansy paseando por el parque, fotos mías dentro de mi departamento, fotos mías mientras entraba al Ministerio. Jamás se lo dije a los chicos. Si sólo se hubiese tratado de mí, me habría quedado en Londres y hubiese planeado alguna estrategia para descubrirlos y atraparlos, pero esta vez, estaba mi bebe, y por ella debía actuar con cautela y planificar cada paso a seguir. Luego vino la proposición de mi abuela para hacerme cargo del negocio familiar y no lo pensé dos veces.

- ¡Pudiste haberme buscado Hermione!

- Jajajaja – Rio irónica – No me bromees Malfoy – Para el rubio, no pasaba desapercibo que ella no lo llamaba por su nombre, y eso le dolía – ¿Cómo pretendías que fuera corriendo a los brazos del hombre que acababa de engañarme? Ese día te iba a dar la noticia sobre Helena ¿sabes?

- Yo no te engañé Hemione.

- La verdad, es que eso poco importa ahora. Como dije antes, tú y yo ya no somos nada. Y si estás aquí, es sólo porque necesito que me ayudes a proteger a Helena. Soy su madre y no permitiré que nada la dañe, y sé que tú tampoco lo harás, pero si algo llegase a pasarnos en algún momento, ella quedaría totalmente desprotegida – Dijo con desesperación.

- Y por eso necesitas que unamos nuestros lazos mágicos, ¿no es así? Quieres asegurar la protección de Helena hasta que ella sea capaz de protegerse con su propia magia – Dijo el rubio, entendiendo las intenciones de la chica.

- Así es Malfoy.

- Bien Hermione, lo haremos – Ella no pasaba por alto, que él volvía a llamarla por su nombre – No puedo odiarla por querer proteger a nuestra hija – Pensaba el rubio mientras la observaba con una mirada indescifrable.

- Muy bien Malfoy, efectuaremos la ceremonia mañana, antes de que me vaya a mi reunión con Theo – el rubio sintió una pequeña punzada de celos – Ahora que conoces la existencia de Helena, puedes estar cerca de ella cuanto quieras, sin restricciones. Puedes visitarla cada vez que lo desees. Sólo te pido que me avises con anticipación cada una de tus visitas para no estar presente – Concluyó con frialdad. Si sus palabras molestaron a Draco, éste lo supo ocultar perfectamente – La mansión tiene hechizos protectores y no permite aparecerse o desaparecerse de ella a nadie que no sea de la familia. Si gustas puedes pasar la noche aquí y mañana regresar a tu hotel. Mañana hablaré con mi abuela, para que modifique el hechizo de protección y así puedas aparecerte en la mansión, sin problemas.

- Gracias Granger, pasaré la noche aquí, y mañana luego de la ceremonia del vínculo mágico, me retiraré a mi hotel.

- Está bien, le pediré a nuestra elfina que te acompañe hasta una de las habitaciones de huéspedes – Y diciendo esto último, y luego de darle un dulce beso de buenas noches a su pequeña, salió del cuarto dejando a Draco en compañía Helena, y con un torbellino de sentimientos dentro de sí.

¿En qué momento se había complicado todo? ¿Cómo se le ocurrió arrinconar a Astoria el mismo día que sabía que Hermione lo visitaría? Sólo Merlín sabe el asco que sintió al tener que tocar a otra mujer que no fuera su castaña, y toda la fuerza de voluntad que debió emplear para volver a denigrarla con sus palabras. Pero es que cuando la elfina de los Greengass llegó a su casa para advertirlo de todo, se desesperó a tal punto, que el miedo de que algo pudiera pasarle a Hermione lo cegó completamente y lo hizo actuar sin pensar. Esa mujer que acababa de tener frente a él, era fruto de todo el daño que le habían provocado. Sólo esperaba poder recuperar algún día a su Hermione. Se giró a observar la pequeña cuna con su hija dentro. La admiró embelesado, y se juró protegerla siempre. Silenciosamente, le prometió una familia feliz. Y sonriendo con ternura, mientras observaba a la pequeña, se prometió recuperar el amor de Hermione. Dejaría de ser un Malfoy si no lograba conquistarla otra vez. Él la amaba y juntos debían proteger a su pequeña. No había otro lugar en el mundo en el que Hermione pudiera estar, que no fuera a su lado.

La noche pasó rápidamente, y sin dilatar más la situación, en el hermoso jardín de la mansión Le Blanc, se realizó la ceremonia de la vinculación de sus núcleos mágicos, con Charlotte Leblanc y Luna Lovegood como testigos. Hermione sintió cierta tranquilidad al saber que desde ahora su hija estaría protegida.

- Muchas gracias Malfoy – Se dirigió al rubio, esbozando una pequeña sonrisa.

- No me agradezcas ratona, también se trata de mi hija.

- Bueno, ahora debo retirarme a mi reunión con Theo, si gustas puedes quedarte con Helena. Mi abuela los acompañará – Dijo ella, retomando su posición distante – Y Malfoy… te agradecería que no vuelvas a llamarme ni ratona, ni Mione, ni de ninguna forma que no sea Jane, o Leblanc… como sea más cómodo para ti. Adiós – Y diciendo esto último, se desapareció hacia la casa de Theo.

- Sabes que Hermione aún te ama ¿verdad, Draco? – Le dijo Luna, sorprendiéndolo – Sólo debes hacer que ella vuelva, y se olvide de Jane.

- No lo sé Lovegood, no lo sé – Decía pensativo el rubio, mientras observaba el punto desde el que la castaña había desaparecido.

- No debes saberlo, Draco. Debes sentirlo… aquí – Decía la rubia, mientras ponía una mano sobre su pecho – Hermione ha pasado por mucho, y eso la ha llevado a convertirse en alguien que no es. Todos la extrañamos, ¿sabes?... y sabemos que, si hay una persona capaz de traerla de regreso, eres tú. Imagino que tendrás mucho que hacer esta mañana Draco, por lo que me quedaré aquí para ayudar a la señora Charlotte con el cuidado de Helena – Y justo cuando el rubio iba a replicar, la chica continuó - Hermione también tendrá mucho que hacer hoy… al parecer, su reunión con Theo es muy importante – Dijo pensativa – ¿Conoces la casa de Nott aquí en Francia, Draco? Es un hermoso pent house ubicado en el último piso del edificio corporativo de los Le Blanc. Deberías conocerlo algún día – Y diciendo esto último, se dirigió hacia la entrada de la mansión.

- Eres una buena amiga Luna – Murmuró el rubio, mientras la veía alejarse. Y con la resolución en su mirada, caminó hacia la salida de la mansión, con un destino claro: La casa de Theodore Nott.