Capítulo 14: Realidad
En una de las tantas zonas comunes del aeropuerto de Liverpool, la delegación del Chelsea trataba de matar el tiempo muerto que les separaba del retorno a la capital. Aún faltaban cincuenta minutos para el embarque, pero Takuto, a diferencia del resto de sus compañeros, tenía un buen plan con el que combatir el cansancio y el aburrimiento tras el empate obtenido.
Con su pequeña maleta de ruedas a su lado, sonrió cuando distinguió la inconfundible silueta de Greg aproximándose. El ex – jugador se encontraba en un viaje de negocios, queriendo la casualidad que ambos coincidieran en el mismo intervalo de tiempo y terminal.
Se abrazaron, tomándole McKenzie de los hombros para elogiar su buen aspecto.
- Quién diría que has fallado dos remates a puerta – rió.
- Yo también te encuentro de fábula – respondió, risueño por contar con la verborrea de su amigo.
Él miró la hora, comprobando que tenían el tiempo justo para lo que iba a proponerle.
- Te invito a cenar, aunque sea a toda prisa.
- Ya me has invitado a bastantes cosas este año – replicó Izumi, tomando el asa de su maleta y arrastrándola.
- Así tendré motivo para ir a Londres y que de paso me devuelvas el favor – se jactó.
Entraron a uno de los tantos restaurantes que permanecían todavía abiertos, pidiendo dos cuantiosas ensaladas y agua mineral. Cuando la chica que les atendió les dejó a solas, Greg entrelazó las manos a la altura de la barbilla, descansándola sobre las mismas para mirarle con atención. La facilidad de trato que con él tenía era lo que Takuto más echaba de menos en el equipo.
- ¿Qué tal el niño? El mensaje que me mandaste no podía ser más escueto.
- Y yo que creía que me preguntarías por el capitaneo... – contestó, dando un sorbo a su vaso.
- Estuve liderando ese vestuario unos cuántos años, no me vas contar nada que no sepa ya. Lo que me interesa es lo otro, sobre todo ahora que estamos frente a frente.
- ¿Por?
Greg afirmó con afabilidad.
- Se te ve distinto. No sé, quizás algo más... calmado.
Izumi sonrió, bajando levemente la mirada.
- Estoy deseando llegar a casa para verle. Es una sensación que nunca antes había tenido.
- Ahora supongo que puedes hacerte mejor idea del por qué decidí retirarme.
Takuto asintió, aunque en el fondo no compartía las motivaciones de Greg. Por mucho que adorase a su recién estrenada familia, el mero hecho de pensar en abandonar el fútbol le sumía en una desesperación insoportable.
- Tengo una foto de él por aquí – dijo, cambiando sutilmente de tema.
El escocés la tomó, contemplando el rostro del chiquillo. Por sus facciones, el tono lechoso de la piel y el color de cabello y ojos, podría haber pasado fácilmente como otro de sus hijos.
- ¿Qué tal es? – se interesó, pinchando el primer bocado con el tenedor tras haber sido servidos.
- Muy sincero y avispado. Al principio receloso, pero es normal después de todo lo que le ha tocado pasar.
- Ya, es lamentable. Lo importante es que ya está con vosotros, es muy generoso de vuestra parte.
Takuto no añadió nada. No se sentía generoso, pues consideraba que no había llevado a cabo una obra de caridad.
- ¿Sabes lo que no deja de maravillarme de él? – prosiguió – Lo agradecido que se muestra ante cualquier detalle. En cuanto empezó a confiar en mí, no ha dejado de abrirse. - Te tiene en el bolsillo – rió Greg -. Tendrías que verte la cara cuando le mencionas.
El actual estandarte del Chelsea se sonrojó, consiguiendo que su antaño pareja de ataque corroborara que, pese a todo, no había cambiado demasiado desde que le conocía.
- Lo importante en esto de ser padre es no perder nunca de vista el norte. Sé tú mismo y déjate llevar, simplemente haz lo que consideres más oportuno.
- Lo cierto es que ahora mismo lo único que me quita el sueño es la prensa. Kôji está terminando de grabar el nuevo disco del grupo, ojalá con eso se desvíe la atención.
Él levantó sus cejas pelirrojas, consternado.
- No hagáis caso de lo que dicen por ahí. A la gente le encanta chismorrear sin medirse.
- ¿Qué dicen? – quiso saber, puesto que su interés hacia los titulares mediáticos, tanto dentro como fuera del campo deportivo, era nulo.
- Pues ya sabes... el sector conservador y todo eso – apuntó él con delicadeza.
Takuto hizo desaparecer buena parte del contenido de su plato antes de darle una respuesta.
- De mí y de Kôji pueden decir lo que les dé la gana. Lo que no voy a consentir es que interfieran en la vida de Derek. No quiero que por nuestra culpa tenga que sufrir un nuevo trauma.
- Hey, no es "vuestra culpa" – le alentó -. Es el gran mal de este país, algunos no saben diferenciar el trabajo de lo que no lo es.
- La tarde en que nos lo llevamos se quedó paralizado por las cámaras – murmuró -. En ese momento pensé que tal vez se merecía algo mejor.
Greg le miró a los ojos, poniéndose serio.
- No vuelvas a decir otra estupidez como esa, o harás que regrese a los terrenos sólo para patearte el culo y dejarte en ridículo. ¿Cómo iba a estar mejor que contigo? – exclamó.
Él volvió a sonreír. McKenzie era un experto en subirle los ánimos con sus rudas expresiones.
- A ver qué me encuentro cuando llegue... es el primer fin de semana que pasan los dos solos, van a tener que acostumbrarse el uno al otro.
- No conozco demasiado a tu pichón, pero no me lo imagino en plan casero después de haberle visto sobre un escenario con esas pintas góticas – rió Greg, encontrando divertido adjudicar semejante calificativo a un tío de un metro noventa de estatura.
- Kôji es una caja de sorpresas, nunca sabes por dónde va a salir... llevo la mitad de mi vida con él y estoy convencido de que volverá a dejarme a cuadros.
- Será don de gentes – replicó.
Takuto se terminó la ensalada, puntualizando.
- Más bien, yo creo que tiene un talento innato para ganarse el cariño de los demás, aunque sea a codazos. Pero sólo de aquellos que le convienen, eso sí. (1)
- Deberíamos aprender de él, todo sería más sencillo.
Izumi se lo tomó con humor. Mientras terminaban de compartir mesa antes de partir cada uno a su correspondiente puerta de embarque, pensó que seguramente el mundo no estaba preparado para albergar en sus tierras a un segundo Kôji Nanjo, y mucho menos a otro alguien que, a semejanza de él mismo, tuviese el temple y personalidad necesarias para lograr que con el transcurso del tiempo se hubiese convertido en una persona si no menos temperamental, más apacible.
(1) Esta frase pertenece a Isilme. Me gustó tanto que no pude evitar hacerla parte del fic. Va dedicado a ella ;-)
- 2 -
Kôji hacía zapping con el mando a distancia del televisor tumbado cómodamente en el sofá. Salvo la luz proveniente de la pantalla, el resto de la casa estaba a oscuras.
Suspiró, hundiéndose en la pila de cojines acumulados en la esquina de su segunda cama, deseando que la espera terminase pronto.
Cuando hubo dejado puesto un insulso reallity show, sintió una vocecilla que le llamaba a pocos centímetros.
- Tengo sed.
Se sobresaltó al ver la pálida y menuda figura de Derek; tras incorporarse, fue hasta la cocina para alcanzarle un vaso de las repisas, dado que no llegaba ni de puntillas.
- Tendremos que comprar un escalón de plástico hasta que crezcas – comentó, sirviéndole agua.
Él se la terminó, pidiendo una última cosa.
- ¿Puedo quedarme contigo en el sofá hasta que venga Takuto?
- Es muy tarde, deberías volver a la cama.
- Es que quiero verle – pidió, con ojillos rogantes.
Dado que más o menos se encontraban en la misma situación, fue permisivo.
- Pero sólo porque mañana es domingo y no tienes clase.
- Vale – respondió Derek, feliz.
Se recostaron cada uno a un lado del sofá, prestando atención vacía al programa. Cuando pasó un rato sin escucharle, Kôji le miró y constató que se había quedado dormido. Volvió a incorporarse, con bastante más mala gana que en la primera ocasión, y le tapó con la chaqueta que colgaba del perchero.
Mientras seguía esperando, se dijo que aunque había salido airoso de esos dos días a solas con el crío, era normal que a éste le carcomieran las ganas de que se produjera el regreso.
Si yo llevo así no sé ni cuánto y cada vez que se va me sigue pareciendo un martirio, imagínate él... , pensó.
Al fin el perro dando la bienvenida, y luego las llaves al abrirse la puerta del salón rompieron el silencio. Takuto entró, haciendo aún menos ruido cuando Kôji le hizo un gesto, llevándose el índice a los labios.
- Está frito – susurró, acercándose hasta el recibidor para besarle.
En cuanto se hubo acostumbrado a la oscuridad, Izumi se le quedó mirando, estupefacto.
- ¿Qué te has hecho?
- Mi estilista pensó que era hora de un buen cambio de look, y yo me estaba cansando de ir siempre igual. ¿Te gusta?
Le miró detenidamente. Su larga y célebre melena había desaparecido, siendo sustituida por cabello corto, de mechones despuntados que lograban enmarcar las facciones de los óvalos faciales. El negro profundo con el que había sido teñido no hacía sino resaltar el tono entre grisáceo y azulado de sus ojos.
- Pareces otra persona, pero sigues siendo tú – afirmó.
Lo cierto era que aunque opinaba que le sentaba realmente bien, no era su nuevo peinado lo que más emotividad le provocaba. Leyéndolo en su expresión, el cantante supo que lo mejor era retirarse hasta sus aposentos.
- Te espero arriba – dijo, tomando la maleta para empezar a subir el tramo de escalera.
Takuto no puso objeciones, dirigiéndose hasta el salón. Apagó el televisor y se sentó a su lado, acariciándole suavemente la cabeza para despertarle sin brusquedad. Pese a seguir sumido en un estado de adormecimiento general, Derek le pasó los brazos alrededor del cuello, aferrándose con fuerza.
- Vi tu partido antes – murmuró.
- ¿Lo has pasado bien con Kôji? – preguntó, incorporándose.
El niño rodeó su cintura con las piernas, sujetándole él para descender hasta la planta baja y dejarlo en su cama.
- Sí.
- Mañana me lo cuentas, ahora hay que dormir. Estamos todos cansados.
No encontró resistencia a la hora de devolverlo a su cama. Le tapó y se le quedó mirando un rato; por su gesto relajado, nadie habría dicho que Derek acababa de burlar a la pesadilla de su historia.
Tú eres más fuerte que yo. Un día de estos despertarás y el pasado se habrá diluido, sin impedirte continuar
Ese deseo, que aquel niño no tardara varias décadas en reconciliarse con el mundo y consigo mismo, era el norte al que Greg había hecho referencia. Seguiría su consejo, pasase lo que pasase.
Le dejó dormir, marchando a su propia habitación. Mientras subía los dos tramos de escalones fue quitándose la corbata del traje oficial de los desplazamientos, así como la camisa, el cinto y demás prendas que le incomodaban.
Había sido un partido duro del que no había salido demasiado contento, así que en lo único que pensaba era en dormir de un tirón y empezar a planear el siguiente encuentro.
Cuando llegó a la alcoba se encontró con la cama vacía. Una rendija de luz asomaba a través de la puerta del cuarto de baño, entrecerrada.
- Kôji¿no vienes?
Dado que no obtuvo respuesta, tocó a la puerta y se asomó, esperando no importunarle. Para rematar la madrugada, se topó con otra sorpresa que encumbró las dos que previamente había recibido, en especial la de encontrarse todo en perfecto estado tras su ausencia.
- Te dije que te estaría esperando... – dijo él desde la bañera.
La había llenado de agua caliente, encendiendo algunas velas por sus anchos bordes. Takuto ladeó la cabeza en señal de medio reproche, aunque le agradaba la idea. Kôji le tendió la mano una vez se hubo desnudado para ayudarle a entrar, sentándose el recién llegado entre sus piernas con la espalda apoyada en su torso. La temperatura era agradable, tanto o más como el ambiente creado.
- Así te relajas, sé que estás cabreado por el partido – explicó el vocalista, rodeándole con sus fuertes brazos.
- Sigo sin entender cómo pude fallar esos disparos – dijo Izumi, con la mirada clavada en el infinito.
- No fue por ti – aseguró Kôji -, fue ese tío, el nuevo medio. Te puso el balón de pena. Que lograras dirigir a portería fue una proeza.
Takuto giró el cuello, extrañado. Dado que no había visto imágenes del partido, lo que su memoria recordaba no concordaba con lo que le estaba contando.
- ¿Te refieres a Hatton?
Él asintió, besándole en la nuca.
- Ahora que lo dices, últimamente está frío conmigo. En otras circunstancias me daría lo mismo, pero apenas me ha servido buenos pases en los últimos encuentros, y cuando tiene a otro al que ceder la pelota aunque no esté en mejor posición, se la da.
- Le hará falta un buen polvo para aclararse las ideas – aseguró, consiguiendo que Izumi se revolviera por el comentario.
- Qué bestia eres. Sueltas burradas sobre los demás como si nada.
- Ya, pero a ti te hace reír... – aseguró él, jugueteando.
Takuto se contuvo la risa cuando sus dedos empezaron a hacerle cosquillas, agarrándole de las muñecas para que se estuviera quieto. Decidió pasar al tema a priori más importante.
- ¿Qué tal lo habéis pasado¿Qué habéis hecho?
- Pues básicamente desfilar por todos lados; al estudio, a las oficinas de la discográfica.
- ¿Y no se aburrió?
Kôji abrió los ojos, reforzando lo que afirmaba.
- ¡Qué va! Dave se lo llevó a donde las baterías, estuvieron varias horas aporreando platillos.
- Lo que me interesa saber es cómo lo pasó contigo.
- Pues estuvimos echando unas partidas a la consola esa de videojuegos, y...
Dado que era plenamente consciente de que si le contaba los detalles exactos, se condenaría a cortar de raíz los escarceos eróticos fuera de la cama, optó por decir medias verdades.
- ... estuvimos hablando de sexo.
Takuto pensó que se le iba a salir el corazón del pecho. Se giró, rojo como las camisetas del Manchester United.
- ¿QUÉ?
- No te pongas así, los críos de hoy en día a esa edad están muy espabilados – explicó él, como si estuviese charlando acerca de la previsión meteorológica para la siguiente jornada -. Ya sabía lo básico, parece que los educan bien en primaria.
- ¿¡Pero cómo se te ocurre sacarle el tema tan pronto?
- Creí que lo mejor sería hacerlo ya, antes de que empiece a cuestionarse por qué tú y yo... – dijo, con una ceja elevada y señalando intermitentemente a Izumi y a él mismo -. Además, siendo sinceros, tú nunca lo harías. Ya que me iba a tocar a mí de todas las maneras, mejor lanzarse cuanto antes.
Las mejillas del futbolista alcanzaron una temperatura similar al del agua jabonosa donde estaban sumergidos.
- ¿Y por qué piensas que no sería capaz de hablarle de sexo?
- Por favor... – se rió Kôji -. Si por ti fuera, seguirías pensando que tus hermanos son vírgenes.
Le encantaba la forma en que el labio superior de Takuto se curvaba cuando se crispaba, dejando asomar la punta de los colmillos.
- Vale, tú ganas, tienes razón – reconoció, pellizcándole en el brazo derecho para mitigar su rabia.
- Lo que no quita que deberías hacerlo, o te estarás adjudicando la etiqueta de "huidizo".
El vocalista soltó la típica risilla maliciosa que se le escapaba cuando pensaba en voz alta, maquinando alguna de sus ocurrencias.
- Yo sería el "guay", y tú él "mandón.
- Claro, me convertiré en el ogro que tiene que estar pendiente de que el "guay" no se rebaje a la edad mental de Derek en un arrebato.
Kôji le estrujó, entusiasmado.
- Qué mono te pones cuando te enfadas. ¿Me dejarías afeitarte?
- ¿Afeitarme? Pero si ya lo hice esta mañana...
Él deslizó los dedos por debajo del agua, rozándole una zona lo que se decía delicada.
- No me refería a la cara... – declaró, acorralándole.
El capitán del Chelsea cayó entonces en la cuenta. Aquella semana le tocaba a Kôji proponer diversión alternativa. Reaccionó de inmediato, atando los cabos sueltos.
- ¡Por eso me metiste en la bañera!
- Claro... el calor abre los poros – afirmó él, intensificando los roces -. Anda, déjame, y luego me lo puedes hacer a mí.
- Ya pasan de la una de la madrugada – se quejó, intentando incorporarse.
- Sólo será un momento – pidió Kôji, haciéndole sentar en el bordillo del reposacabezas.
Él suspiró, resignado. Cuando le vio arrodillarse entre sus piernas con el instrumental necesario, siguió poniendo pegas.
- Encima que tengo poco pelo, te empeñas en quitármelo.
- Tengo curiosidad por comprobar qué tal te queda – respondió, agitando el bote de gel.
El miedo a recibir algún improbable corte conseguía hacer frente al principio de excitación.
- Tranquilo, por nada del mundo te haría daño precisamente aquí... – comentó Kôji, divertido.
Takuto gruñó, centrándose en analizar más de cerca el cambio de apariencia del vocalista. Entre pasada y pasada de cuchilla sobre su vello púbico, pensó en la única vez que Kôji había reducido tan drásticamente su cabellera.
En esa ocasión, el nuevo look fue reflejo de la situación, de la necesidad imperiosa de destruir su imagen pasada por lo que había ocurrido.
El que ahora mostrase con orgullo aquel cabello azabache, parecía decir bastante sin necesidad de palabras.
Otro cambio, otra etapa
El roce metálico en los testículos hizo que diera un respingo.
- ¡Cuidado!
- Qué sí, no te muevas.
Cuando hubo acabado tras pasarle la alcachofa de la ducha por encima, Kôji se mostró totalmente rendido a los resultados.
- Me encanta – exclamó, mirándole hipnotizado.
Takuto, incómodo por recibir una atención tan focalizada, volvió a suspirar.
- ¿Contento¿Me dejarás ahora irme a dormir?
- Ya veremos... – murmuró él, apoyando el rostro sobre su abdomen, besando las suaves zonas que acababa de rasurar.
Él dejó de resistirse cuando notó que la sangre se le iba acumulando justo donde no quería, y los labios de Kôji atacaron, aprovechándose de la reacción anatómica.
- Después de esto dormirás como un ángel – aseguró, recorriéndole con la lengua para terminar de provocar la erección.
Takuto cerró los ojos y echó la cabeza hacia atrás, apoyándola en los azulejos. El vapor suspendido en el aire se había depositado sobre las pieles de ambos, creando la luz de las velas un brillo sensual. La boca que le apresaba le absorbía, reteniéndole con su cálida humedad, arrancándole gemidos esporádicos.
Él se aplicó, incrementando el ritmo hasta que el sabor de su orgasmo le inundó, haciéndolo desaparecer. Se apoyó en los muslos de Izumi, el cuál recuperaba el ritmo habitual de respiración, en un estado de sopor demasiado intenso como para corresponder.
- Lo dejamos por hoy si me prometes que mañana me harás lo mismo.
- Sí. Ahora estoy muerto – afirmó él, tanteando para dar con el albornoz.
- ¿Y me dejarás grabarlo en video?
Takuto se incorporó, empezando a retirar los restos de espuma con el esponjoso tejido.
- ¿Para aumentar tu colección de "pelis x?
- Claro. Así no te echaré tanto de menos cuando estés fuera.
Y mientras Izumi, dándolo por un caso perdido, se metió desnudo bajo las sábanas una vez seco para caer dormido casi al instante, Kôji trataba de bajar la "emoción" de su cuerpo a base de golpes de agua fría, sabiendo que el premio que a cambio le esperaba bien merecía la pena.
