CAPITULO XIV

AD LIBITUM

Eran cerca de la hora acordada entre Sherlock Holmes e Imogen. Ambos amigos salieron de Baker Street, caminaban por las calles del Londres victoriano ya con una niebla un poco densa, el médico sentía un escalofrió y un mal presentimiento noto que Imogen tenía miedo, un terror inmenso a traicionar a alguien, que sus ojos se crispaban la saber el en gran peligro que corría si de su boca salía la ubicación de la joven Violet.

Watson lo sabía perfectamente y al estar cerca del Big Ben, una ansiedad le recorría cada parte de su cuerpo sin embargo no pronunciaba palabra alguna por que el médico noto en el detective una seriedad y una frialdad pocas veces vista, Watson presentía que tal vez Holmes también sentía lo mismo sin embargo lo ocultaba a través de unos ojos vagos al caminar como si reflexionara bajo efectos de algún estado alucinógeno; a unos pasos del gran orgullo inglés, Watson escuchó a lo lejos un carruaje, venia acercándose con gran rapidez, en menos de lo que esperaba se detuvo ante ellos.

- Buenas noches señores- era Lestrade que venía un poco fastidio.

- Buenas noches Lestrade- respondió Watson sin embargo ambos voltearon a ver al detective.

- ¿Le sucede algo Holmes?- pregunto Lestrade extrañado de aquella conducta.

- No, nada en lo absoluto- respondió tajante- ¿A dónde con tanta prisa?

- A Whitechapel, nos reportaron un asesinato en un burdel.

- Tal vez de alguna prostituta…- comento Watson.

- Creía que ese tipo de casos no eran del interés del inspector...-agrego Holmes con sorna.

- Al contrario Holmes, este no es un asesinato corriente si no es una joven de la alta sociedad. Se dice que es el cuerpo de la asesina del caso D'Andrézy.

- ¡¿Qué!- grito Watson al escuchar al inspector mientras Holmes lanzo un suspiro largo.

- Si, recuerda el caso de ese matrimonio, a la mañana siguiente la dama de compañía de la señora huyo de aquel lugar, ella era la asesina sin embargo parece ser que su castigo al fin llego.

- ¡Vamos Lestrade llévenos al lugar de los hechos!- exigió el detective mientras su amigo subían al carruaje.

- Parece que este crimen le ha llamado la atención.- dijo Lestrade con una sonrisa mientras el carro avanzaba.

- Más de lo que usted cree…- Holmes miraba hacia fuera con una amarga mirada.

- Dígame Lestrade como es que usted fue avisado del asesinato.

- Parece ser que unas prostitutas oyeron un disparo corrieron al lugar y observaron el cuerpo inerte de la asesina sin embargo no había nadie…pero no se preocupen en un momento verán los hechos.

El carruaje se acercaba poco a poco a un callejón, el lugar estaba rodeado de oficiales de Scotland Yard, no faltando los curiosos. Se detuvo el carruaje y al bajar con un aire de gran felicidad y orgullo Lestrade se abrió paso ante la multitud, Holmes y Watson lo seguían.

- Muy bien, oficial Brown. Infórmenos.

- La víctima murió alrededor de una hora cerca de las ocho en punto, no hubo agresión física ni sexual, no se han robado ninguna pertenencia. Según varias prostitutas del burdel Noir Désir ella trabajaba como prostituta, pero al parecer ella se disfrazaba. Murió instantáneamente por la bala del revólver.

- ¿A qué hora la llevaran a la morgue?- pregunto Holmes

- Solo esperábamos a que llegara el inspector Lestrade.

- Lestrade le solicito que por favor unos momentos inspeccionar el cuerpo- solicito Holmes sin mirar al policía.

-Claro, Holmes- mientras Lestrade atendía a los demás policías.

- Holmes, no puede ser…Imogen…- comenzó a decir Watson una vez que ambos se encontraban solos.

- No pudo irse sin dejarnos algo mi querido Watson, sabía que la vigilaban, al ir con nosotros, la matarían de inmediato por eso debía estar preparada.

- ¿Pero que podría dejarnos?

- Observe mi querido amigo…- el detective señalo la palma cerrada de la joven, de esta surgía una pequeño papel, el detective la abrió y lo tomo. Watson cuidaba de que no los viera Lestrade.

- Léalo por favor Watson- ordeno Holmes.

Watson abrió aquel papel arrugado, estaba roto y con letra borrosa por el sudor de la mano, el médico comenzó a leer.

Holy Mary, Mother of God, pray for us sinners,

Now and at the hour of our death.

- Es la segunda parte del Ave María- comento Watson al terminar de leer.

- Esa es la clave mi querido doctor, tenemos que buscar la otra parte.

- ¿Pero en donde?

- En el único lugar en donde se hospedaba Imogen. NoirDésir- dijo Holmes- Lestrade no sabe nada aun, tenemos que irnos antes de que sospechen algo.

- ¿Y dígame, Holmes?- dijo Lestrade- ¿Cuál es su conclusión?- pregunto con una sonrisa poco disimulada de sorna en sus labios.

- No hay nada mas obvio, que lo obvio. Un ajuste de cuentas. Pero no creo encontrar nada interesante, al menos no para mí. Se lo dejare en sus expertas manos mi querido Lestrade. Con permiso.

Lestrade sostenía todavía un sonrisa burlona sin embargo en sus ojos se veía la chispa de la petulancia y que tanto odiaba a veces de Holmes.

Sin más el detective y el médico abandonaron el lugar de los hechos. Esperaron solo el momento adecuado para perderse de la vista de los oficiales de Scotland Yard, a tan solo unos metros de la escena del crimen, Holmes tomo a Watson de la mano, y comenzó a correr a lo largo de la calle. El médico extrañado trataba de saber que pasaba al ver la inesperada reacción de Holmes después de unos momentos Sherlock lo arrastro a un callejón. Mientras Watson trataba de controlar su respiración., Holmes se despojo de su habitual gabardina y su gorro. Se alboroto el cabello, se ensucio un poco la cara y las manos. El doctor lo veía desconcertado, terminaba apenas el detective le ordeno a Watson.

- No hay tiempo para disfrazarnos como se debe. Deme su abrigo y deje su gorro, desarréglese lo mas que pueda mi querido amigo debemos entrar lo antes posible y salir sin que nos vea Phelps.

- De acuerdo Holmes- el médico hacia lo mismo que su amigo.

Después de unos minutos, disfrazados sencillamente, ambos se dirigieron a la puerta trasera del burdel. Entro primero el médico y después el investigador percatándose de no ser vistos. Ambos comenzaron a recorrer el laberinto de pasillos que había en el lugar, para ser un lugar que operaba en la noche estaba demasiado tranquilo. Mientras recorrían un largo pasillo de la nada pareció una mujer que tomo a Watson por la chaqueta.

-¿Por qué tan solo cariño?- dijo la mujer con voz traviesa.

Holmes volteo hacia donde estaba Watson, estaba a punto de liberarlo, sin embargo Watson le contesto a la chica.

- Mi amigo y yo venimos a divertirnos un rato….- respondió Watson con voz seductora.

- Pues eso se puede resolver, puedo llamar a una de mis amigas- comento mientras acorralaba a Watson en el muro.

- Mi amigo está buscando a una chica en especial. Su nombre es Violet.

- No sé donde esta, supongo que en su habitación….

- ¿Sabes en donde está su habitación?- pregunto Watson mientras la chica se acerco peligrosamente a sus labios.

- Al final del pasillo, vuelta hacia la derecha, es la puerta del final- Watson se enrojeció al sentir el aliento de la chica cerca de su cuello.

- Que te parece sin vas mientras por ella- Watson se dirigió a Holmes, le guiño el ojo para hacerle ver que todo estaría bien.

- De acuerdo- mientras Sherlock lo veía crispado ante la situación. No perdió tiempo y se dirigió hacia la habitación de Imogen. Entro a la habitación y cerró la puerta detrás de sí. La habitación estaba dividida por dos camas individuales. Aunque compartían cuarto ambas mujeres la parte de Violet era la más desordenada mientras que la Imogen estaba impecable sin dejar nada fuera de su lugar.

Holmes se dirigió hacia la parte de Imogen, comenzó a buscar en todos lados, lo que tanto necesitaba al parecer no aparecía. Una ansiedad lo invadía, el saber que Violet estaba en peligro le causaba estar en desesperación. ¿Por qué en ese momento ella lo había puesto en jaque con sus emociones? ¿Por qué ahora no pensaba más que en volver a sentir esa excitación con la chica?

Su razón se nublaba con pensar en que tal vez no era tan malo dejarse vencer por una mujer, sin embargo se maldecía porque todo lo que había sido a través de la lógica y sus métodos analíticos, en donde la deducción se volvió un ciencia para él, ahora se veía desaparecidos por un simple arrebato carnal que se transmitía por medio de ella.

No encontraba ya salida de ese ímpetu que sentía. La única salida sería dejarse vencer o que ella desapareciera. No era amor, lo tenía claro en su mente Sherlock Holmes, pero si sabía que era simple deseo. Esa parte que él había ocultado ahora lo consumía por dentro. Sabía perfectamente que el simple trato de amistad con una mujer es el principio de un sentimiento inocente a una pasión vehemente.

Sherlock trató nuevamente de concentrarse.

- ¡Mierda!- dijo el detective con enojo mientras cerraba un cajón.

Tenía el rostro entre las manos. Estada confundió y este colapso emocional lo sofocaba cada vez más. Después de suspirar profundamente. Entre la bruma de su mente, noto algo, al cerrar el cajón, este no cerro completamente, no era un error suyo por que al hacerlo algo interfirió entre el fondo de este y el cajón. Algo había detrás de este mueble que hacía que no cerrara completamente. Se arrodillo y saco el cajón. Metió la mano para ver que sus pesquisas eran correctas. Después de un pequeño forcejeo, saco un bulto forrado de negro. Sacudió el polvo que lo cubría.

- La Biblia- dijo con media sonrisa.

La perilla de la puerta se abrió, y a la habitación entraba Watson, algo alterado.

- Te has tardado algo, mí querido amigo- comento Holmes al verlo así.

- ¿Has encontrado algo?- mientras evadía la pregunta del detective.

- Si, aquí esta- Holmes le mostro el libro al médico.

- ¿La biblia?- pregunto Watson.

- Si. Aquí está la otra parte del Ave María- mientras sacaba un pedazo de papel- e Imogen nos dejo una pista.

Holmes mostro la parte detrás de la oración.

MBIFDOLOBSLISBO

- Es un código- dijo Watson.

- Exacto, pero ahora veamos cómo resolverlo. Imogen nos dejo un cifrado que fuera fácil, que no llevara tanto tiempo de ser resuelto y sobre todo que nos dejo la clave para resolverlo.

- ¿Pero por qué escrito en el Ave María?

- Porque…- Holmes hizo una pausa, y se llevo las manos a la cabeza- ¡Eso es, Watson!

- ¿A qué se refiere, Holmes?- mientras veía que el detective buscaba un bolígrafo.

- ¡Es muy sencillo! Vamos Watson, deme algo con que escribir.

- Aquí tiene- mientras le entregaba un lápiz.

- Niña tonta- dijo Holmes para sí mismo, mientras sonreía.

- No entiendo nada, Holmes, explíquese- el detective no hizo caso de lo que le dijo su amigo y mientras escribía rápidamente.

- Aquí esta, observe mi amigo- Sherlock le mostro el mensaje.

ESSEX MANSION DANAGRE DETRÁS CASTILLO COLCHESTER

PELIGRO REVOLVER

- Los espacios corren por mi cuenta- dijo Holmes manteniendo su sonrisa.

- Pero…no entiendo como…- mientras Watson veía el papel confundido.

- ¡Elemental, mi querido Watson!- comenzó a decir el detective- Ave es el saludo romano que proviene del latín puro o santo. Se utilizo para saludar a los Cesar de ahí la frase: Caesar morituri te salutant, pero eso no es lo que nos importa.

- No entiendo a dónde quiere llegar- dijo el médico.

- ¡El cifrado Cesar!-grito Holmes emocionado.

- ¿El cifrado Cesar?- pregunto Watson aun mas confundido.

- ¡Si! Es una técnica muy sencilla de codificación que fue utilizado por Julio Cesar para codificar sus mensajes de contenido militar, por medio del desplazamiento del alfabeto, en este caso Julio Cesar utilizo el suyo con desplazamiento de tres espacios. Es lo mismo que ha hecho Imogen.

- ¡Ahora entiendo, Holmes!- exclamo Watson asombrado.

- Salgamos de aquí Watson antes de que nos descubran.

Ambos salieron de la habitación, mientras corrían nuevamente los pasillos, tratando de no toparse nuevamente con alguna prostituta. Mientras salían por la puerta trasera del burdel, Holmes, pudo divisar una sombra a lo lejos, sin embargo esta desapareció rápidamente.

- ¿Sucede algo, Holmes?- pregunto el médico.

- No, nada Watson, salgamos de una vez de aquí- mientras cerraba la puerta detrás de sí.

- ¿Que haremos ahora?- el médico tomo sus pertenencias junto con Holmes.

- Tomare el próximo tren- dijo Holmes con frialdad.

- ¿Tomara?- pregunto Watson mientras le lanzo una mirada de ofendido hacia su amigo.

- No lo tome a mal, pero mi querido doctor usted es el plan B si esto no sale bien.

- Pero Holmes…

- Confió plenamente en usted Watson- a lo lejos se veía un coche- Vaya con Lestrade y dígale que hará el arresto de su vida, solo llévelo a la dirección no diga nada más.

- Holmes, espere….- Watson sentía un mal presentimiento.

- ¡Deséeme suerte!- el detective tomo el coche.

Watson se quedo a la mitad de la calle. Mirando cómo se alejaba su amigo. Un sentimiento de angustia y mal presentimiento lo invadió. Sin embargo estaba decidido ayudarlo costara lo que costara y no importando que diera su vida por un gran amigo como Sherlock Holmes. Después de largo rato de observar inerte en medio de la soledad. Tomo su sombrero y se echo a correr por la calle para dirigirse a Scotland Yard.

-Espero que sepa lo que hace Holmes- se dijo a sus adentros el médico.

….

El tren salía de la estación. Eran cerca de las 9 de la noche. Y en la oscuridad se podía ver el movimiento de aquella estación. Todos los pasajeros abordaban con prisa pues se escucho la última llamada de abordaje. Mientras el tren apenas comenzaba a estar en movimiento. El detective se acomodo en un asiento. Estaba tan absorto en sus pensamientos.

- Nunca había sentido esto- se dijo a sus adentros- Desde hace tanto que nunca había pensado en el deseo carnal como ahora, todo lo que me producía tanta alegría y satisfacción era estar sumido en mi mundo, lleno de crimen y misterio. El amor no es algo que me importe además he visto como esos sentimientos tan lleno de anhelos y frenesís se convierte en un obstáculo para tomar las riendas de la razón y la lógica. No puedo estar en este arrebato, detesto sentirme así, ya lo he experimentado, pero la inocencia queda atrás y ahora hay otros motivos que te hacen pecar de la forma menos esperada….

- ¡Hola!- una voz saco de trance al detective – Disculpe las molestias, ¿Podría sentarme?

Holmes miro de reojo a su interlocutor, y con un ademan señalo el lugar disponible.

- Gracias. ¿Dime como has estado?- pregunto mientras se sentaba.

Sherlock Holmes encarno una ceja, al observar la confianza. Sin embargo no importándole respondió tajante.

- Creo que eso, no te es interesante ¿O sí?- mientras miraba a través de la ventana.

- Yo creo, que es todo lo contrario. Hace tanto que no te veo- mientras sonreía con calidez.

- Estoy seguro de que sabes qué me pasa. No eres alguien que se no se prevenga.

- Bueno en eso no te discuto, sin embargo creo que te equivocas.

- ¿Ah sí y por qué?- mientras preguntaba con indiferencia.

- Tú no eres un hombre que se deje llevar por sus emociones- una gran sonrisa se dibujo en sus labios.

Sherlock dejo de mirar la ventana y la escuchar tal respuesta, miro sorprendido a su interlocutor.

- Tienes mi atención- dijo al fin.

- Bueno pues, que podre decirte tan solo que estás perdiendo la razón con desenfreno.

- Eso es lo que pasa cuando alguien las emociones ajenas a la lógica…

- ¡Te equivocas!- mientras reía alegremente. ¡Tu colapso mental, es causado por ti mismo! No por las emociones.

- Explícate- mientras veía con disgusto.

- Tu mismo haz permitido que esa emoción llamada excitación te controle, todo hombre la tiene y no la puede reprimir tal fácil, tú me sorprendes puesto que no haz permitido que traspase tus limites, pero por que jamás te han provocado. Hora que una simple mujer te ha hecho ver lo traviesa que puede ser, tu descargas lo que tanto haz ocultado. Tranquilo es normal pero para eso existen las prostitutas.

- ¡No voy a ir con una!- respondió molesto con aquella broma de mal gusto.

- ¡Lo sé!- rio nuevamente mientras veía la cara de Holmes- El punto es que tú piensas que por que sientes de frenesí de saciar ese hueco en tu vida, consideras que el amor lo es también. Si te entorpece pero si sabes trazar limites veras que es más que un sentimiento vacio y ajena pasión.

Sherlock no respondió.

- Piénsalo, Holmes. Sé que tomaras la decisión correcta- mientras se levantaba.

- ¿Te volveré a ver?- pregunto antes de que se retirara.

- Eso es seguro, soy como tu sombra- respondió con una sonrisa.

- Mas bien estas bajo mi sombra.- respondió el detective sonriendo.

- Lo sé, cargo una gran responsabilidad y honor- su mirada cambio al verlo.

- La próxima vez, espero verte en otras circunstancias.

- Esta vez es momento de ver como tomas tu decisión, tu siempre vez las mías.

- Por algo, nos une un lazo. Creo que tú bajaras muy pronto.

- Si. Me tengo que ir, pero recuerda que las mujeres son peligrosas.

- Eso lo tengo muy presente- mientras sonreía amargamente.

- Cuídate, Sherlock- salió de ahí.

El reloj de bolsillo de Holmes marcaba las once en punto. La estación estaba próxima. Se levanto de su asiento, al escuchar el silbato del tren, salió rápidamente de entre los pasajeros. La estación estaba vacía, y una neblina la cubría. Sherlock camino hacia un hombre que estaba esperando al próximo tren.

- Disculpe. ¿Qué tan lejos queda el Castillo de Colchester?- mientras observaba al hombre.

- A pie queda a una hora de aquí, si sigue este sendero llegara hasta ahí- mientras señalaba el camino.

- Gracias- agradeció el detective, mientras echaba a andar.

- Tenga cuidado, dicen que hay bandoleros cerca del castillo- comento con voz grave.

- No lo dudo- Holmes estaba decidido a rescatar a Violet, sin embargo sabia la clase de artimañas que haría Edward.

Durante una hora recorrió el oscuro sendero, en el suelo noto las marcas frescas de los carruajes, antes de llegar al castillo el sendero se partía en dos caminos, uno se dirigía hacia el castillo y el otro parecía perderse en un inmenso bosque. Mientras veía mas allá de los espesos arboles, a lo lejos escucho los cascos de un animal. Se escondió detrás de unos arbustos. Era un carruaje que se acercaba rápidamente, entro al sendero que se perdía en el bosque. Después de estar inerte unos cinco minutos, el detective observo que se alejo lo suficiente para que no lo descubrieran, siguió las huellas dejadas, y comenzó a caminar. Se adentro al corazón del bosque, sin embargo el rastro llego hasta una pequeña casa en donde un farol iluminaba una porción del camino. El carruaje estaba estacionado.

- Ese debe de ser el vigilante- comento Holmes.

Mientras veía a lo lejos, espero lo suficiente para no ser sorprendido a por el carruaje. Después de un largo rato, el carruaje siguió su rumbo, no muy a lo lejos se veía algunas luces y que indicaban que la mansión no estaba tan lejos de lo que él pensaba. Se acerco cautelosamente hacia la casa del vigilante, se asomo por una de las ventanas. Estaba distraído. Holmes entro sin hacer ruido, cuando este volvió hacia sus espaldas, el detective lo golpeo en el rostro, cayó al suelo. Holmes lo tomo por el cuello para tomar el pulso, al percatarse que seguía vivo. Lo amarro de pies a cabeza y lo metió a una habitación. No sin antes cambiar de ropa con él. Salió de la casa del vigilante y continuo su camino. Sherlock seguía estando bajo la oscuridad para no ser descubierto. En cuanto vio la mansión Danagre cerca de él, observo a los múltiples matones que se encontraban vigilando la casa. Con cuidado se escabullo, por los arbustos hasta llegar a la parte trasera de la casa. Tenía pensado entrar por la cocina. Los arbustos eran cada vez más escasos, donde ende tenía que salir de ahí. La luz que iluminaba a la cocina seguía encendida, el detective de acerco para ver más de cerca. Al asomarse por la ventana noto que cenaban cinco hombres y solamente una mujer quien la cocinera.

- ¡Maldición!- dijo Holmes al contemplar que todos tenían un revolver- no puedo esperar a que se vayan, tendré que buscar otra entrada.

Sherlock no podía entrar por la cocina, sin embargo contempló otro edificio que conectaba con la mansión. Eran las habitaciones de la servidumbre. Había una ventana abierta cerca de ahí. Tenía que cruzar una gran área de jardín, que podía exponerlo demasiado y hacer que lo descubrieran, no podía seguir ocultándose en los arbustos. Las oportunidades se le escapan a Holmes y aun más cuando la ventana se cerró. Maldijo nuevamente su mala suerte. Unas voces se escuchaban a lo lejos, eran los hombres que acaba de ver, al parecer la cena ya había terminado.

Nuevamente se escondió debajo tras los arbustos. Tenía que entrar rápidamente a la cocina y prevenir que la cocinera no lo viera. La puerta estaba abierta, aprovecho la oportunidad para entrar. La cocinera estaba distraída, trato de no hacer ruido sin embargo, no noto que traía los zapatos llenos de lodo, fue así como la cocinera noto su presencia.

- ¡Que tengo que hacer, para que no ensucien la cocina!- comento la cocinera.

- L-Lo lamento- se disculpo Holmes al escucharla

- Vamos límpielos, antes de que lo eche de aquí sin cenar.

- Si.- el detective trato de que no le viera el rostro, con un trozo de franela, comenzó a quitarse el barro de los zapatos.

- Antes de que cene usted, lleve esto a la recepción para que suban la charola a la joven-la cocinera la coloco sobre la mesa.

Holmes la tomo. Abrió la puerta de la cocina que conectaba a la mansión, se encontró con pasillo largo, camino por él. Dio vuelta hacia la derecha, y se encontró hacia la recepción, era sumamente grande, en medio de esta se encontraba una gran escalera, en esta no había ningún guardia, lo que extraño a Sherlock. Dejo la charola sobre la única mesa que había en la habitación. Cuando estaba a punto de volver, para no alertar a la cocinera, una voz lo detuvo.

- ¡Hey!- grito a la mitad de la recepción- ¿A dónde crees que vas?

Sherlock pensó que lo habían descubierto.

- Pues yo…

- Ve a dejar la charola al estudio- ordeno un hombre alto y musculoso.

- Pero yo…

- No me cuestiones. Solo hazlo. Es hacia la derecha, al final del pasillo.

Holmes subió las escaleras, procurando no levantar alguna sospecha, sin embargo algo lo alerto al momento de que le dieron la ubicación del estudio, tal vez ya lo esperaban. Subió rápidamente las escaleras y con paso firme, se dirigió al estudio. Sentía ansiedad al recorrer el pasillo No sabía con se iría a encontrar ni que esperar .Giro lentamente la perilla de la puerta, y con cuidado abrió la puerta, no notar nada fuera de lo común entro con precaución y dejo la charola sobre una mesa. La habitación estaba oscura y la única luz que entraba era la de la luna llena. Trato de buscar a la joven sin embargo, la oscuridad era desventaja, al no observar nada decidió hablar.

- ¿Señorita?- hablo con voz baja- Le he traído la cena- pero no obtuvo ninguna respuesta.

Espero un largo rato hasta que escucho un ruido que lo alerto, se acerco hacia la ventana y por fin que era ella. Estaba amarrada de pies a cabeza y tenia tapada la boca. Holmes corrió hacia ella.

-Violet… ¿Estas bien?- pregunto el detective al ver que ella estaba alterada- Tranquila te sacaré de aquí- le quito el trapo de la boca.

- ¡Sherlock, es una trampa!- fue lo primero que articulo la joven.

- ¿¡Que!- pregunto desconcertado el detective.

Detrás de él se una sombra lo tomo por sorpresa y antes de que pudiera defenderse, esta lo golpeo fuertemente, dejándolo inconsciente.