Disclaimer: Esta historia no me pertenece, los personajes son de S. Meyer y la autora es chocaholic123, yo sólo traduzco.
Disclaimer: This story doesn't belong to me, the characters are property of S. Meyer and the author is chocaholic123, I just translate.
Barely Breathing
Capítulo 14
TONTA
—¿Por qué te está viendo así? —susurra Mike en su oído. Él se mueve en su asiento, pasando un brazo sobre el respaldo del asiento de ella en un acto de posesión.
Ella se aparta, no queriendo que él la toque. No queriendo que el profesor lo vea. Sigue viéndolo a él. Como una mosca atrapada en una pegajosa telaraña, como la tonta que es.
—¿Así cómo?
Aparta sus ojos del intenso hombre que está recargado en el podio, y siente como si algo le aplastara el pecho. Su respiración sale en pequeños jadeos entrecortados, su corazón se acelera. Sólo por una sonrisa. Una sonrisa peligrosamente hermosa. Como nieve en un día de verano o una flor creciendo en el desierto, estuvo tan fuera de lugar, y aun así tan perfecta.
Cuando Bella alza la vista, él ya comenzó a hablar, tiene la mirada en sus notas. Ella apenas escucha una palabra, no se puede concentrar en las diapositivas, sólo puede mirar su libreta en blanco, sus pensamientos nadan, deslizándose como anguilas en su mente.
Ella no sabe qué tiene él que la afecta tanto, pero su respuesta hacia él es visceral, casi dolorosa. Quiere hablar con él de nuevo, quedarse después de clases. Si tan sólo él se lo pidiera, o incluso si se lo exigiera.
¿Quieres hacer algo esta noche?Mike le pasa el papel, y ella baja la vista, su ceño se frunce al leer. Una vez más ve vistazos del futuro, toques suaves y besos fuertes, conocer a los padres, viajar a algún lugar cálido en vacaciones. Todo está trazado como un anuncio de modas. Sonrisas enormes y bronceados americanos.
Pero ella se quema con el primer contacto al sol.
Tengo que ir a una parte. Escribe furiosamente, luego se lo pasa. No es una mentira. Todos tienen que ir a una parte.
Tal vez está loca, pero sentada ahí en ese auditorio no puede pensar en nada más que en el hombre que está parado enfrente. En la forma en que habla, la forma en que mira, la forma en que sus labios se curvan en una sonrisa secreta dedicada meramente para ella.
Aunque hay una parte de ella que quiere el cuento de hadas, el caballero blanco montando para subirla a su valiente corcel, la oscuridad extiende sus huesudos dedos y la llama. Se mete en su piel, rodeando su pecho como el humo rodea una fogata.
Cuando él la ve de nuevo, ella no se encoge, no se gira. No se pierde del flash de interés que ilumina sus ojos.
Es demasiado delicioso para ignorarlo.
