Capítulo 14
La espiral descendente
A Applejack la pareció oír unos extraños ruidos, como de aleteos muy rápidos, en cuanto despertó. Nada más abrir los ojos una sensación extraña la abordó, como si hubiera dormido mal o en una posición poco cómoda. Además, esa misma noche había tenido un extraño sueño bastante angustioso en el que no dejaba de oír ese mismo ruido constantemente mientras caminaba por un sendero largo y sinuoso. Había sido muy insólito, y todavía podía oír esos extraños ruidos resonando en lo más profundo de su mente.
-Bof, me siento como aplanada…-pensó la chica, desperezándose.
Giró la cabeza y vio que el despertador marcaba las siete de la mañana, aunque por alguna extraña razón no había sonado.
-Qué raro… ¿no le puse la alarma acaso?-se preguntó ella, mirándolo por un momento.
Aunque lo que más la extrañaba era no haber oído a su abuela con el cazo despertando a todo el mundo, como era costumbre. Algo chocada debido a esto, se levantó rápidamente de su cama y se dirigió a la habitación de su abuela al otro lado del pasillo, tocando a la puerta suavemente.
-¿Abuela? ¿Estás despierta?
Sin embargo nadie la contestó, lo que la alarmó un poco, decidiendo entrar ella misma un momento. Aunque se quedó aún más extrañada en cuanto vio que no estaba en la cama.
-¿Abuela? ¿Dónde estás?
Buscó por un momento en el baño de ese piso, pero no había nadie en él; bajó un momento a la cocina pero tampoco se encontraba allí, ni siquiera en ninguno de los dos salones. Poco a poco comenzó a preocuparse.
-¿Abuela? ¡Abuela! ¡Abuela!
Cada vez más y más preocupada salió un momento afuera por la puerta trasera y miró hacia el manzanar, viendo allí entonces a su abuela.
-Oh, por el amor del cielo, qué susto me ha dado…-masculló la chica, algo atacada.
Un tanto molesta debido a esto echó a andar hacia ella para echarla la bronca como mínimo; la mujer se encontraba ante uno de los manzanares, concretamente el central, el que más años tenía de todos. Aunque algo la llamó la atención, y no para bien. La figura de la mujer se encontraba encorvada y algo caída, como si la costara mantenerse en pie.
-¿Abuela?-la llamó ella, parándose por un momento.
Fue entonces cuando, inmediatamente después, Granny Smith cayó al suelo duramente, lo que terminó de alertar a su sobrina.
-Abuela… ¡abuela!
Sus pies se movieron en modo automático, corriendo con todas las fuerzas de sus piernas y llegando hasta ella enseguida.
-¡Abuela, no, abuela, aguanta!
La dio la vuelta y vio que tenía la cara contraída en un gesto de dolor, agarrándose el pecho y musitando por lo bajo, sin apenas hacer ruido.
-No… ¡No! ¡Big Mac!-chilló entonces con todas sus fuerzas, llamando a su hermano mayor.
El grito resonó por todo Grapeseed, despertando a los demás de golpe; el aludido salió de la casa en pantalón de pijama y descamisado, con gesto adormilado, pero en cuanto vio la situación se despertó de golpe.
-¡Big Mac, llama a una ambulancia, por dios, y ven a ayudarme!
-¡Voy!-exclamó él, moviéndose enseguida.
El resto de los Apple se acercaron con miedo, preocupados por su abuela, aunque Applebloom, al ver la situación, echó a correr hacia ella gritando como loca.
-¡Abuela, abuela!
-¡No te acerques, Applebloom!
Sin embargo la niña hizo caso omiso y se echó a su lado, comenzando a llorar.
-¡No, por favor abuela, no te mueras!
-¡Applebloom, por favor! ¡Fritter, llévatela de aquí!
La aludida se adelantó para coger a Applebloom del brazo, pero la niña se resistió; durante el zarandeo llegó a alzar la mirada, llegando a ver algo que la dejó aún más descolocada.
-¡Applejack! ¡Las manzanas, las manzanas!
Ese comentario la dejó un tanto extrañada, por lo que alzó la vista ella también y lo que vio la dejó un poco más alarmada de lo que ya estaba. Y es que todas las manzanas, al menos las de ese árbol, estaban llenas de unas marcas en su superficie que la resultaban terriblemente familiares. Vio entonces que a los pies del árbol había otra, igualmente agujereada, aunque de ésta surgió de repente un viejo enemigo que se les quedó mirando por un momento, como si se estuviera burlando de ellos, y echando a volar poco después, dirigiéndose a otro manzano.
-No… no…-masculló Applejack, sintiéndose cada vez más impotente.
Sin embargo unos gemidos la desviaron la atención y atendió enseguida a su abuela, la cual comenzaba a agonizar.
-¡No! ¡Resiste abuela, por favor, no me dejes! ¡No nos dejes!-musitó la chica, con lágrimas en los ojos.
En ese mismo instante Granny Smith la miró con una expresión dulce en su rostro y llena de amor, aún a pesar de todo, llegando a ponerla una mano en el pecho. Justo después la mano yació inerte en él y sus ojos se apagaron, dejando de brillar.
Applejack se quedó en esa pose durante unos ínfimos segundos que la parecieron horas, con su abuela en brazos y mirándola fijamente; la chica parpadeó y dos gruesos goterones cayeron sobre su blusa, mojándola un poco. Al segundo siguiente no pudo más y dejó escapar un desgarrador grito que pareció resonar por todo el estado, antes de ponerse a llorar desconsoladamente. El resto de los Apple la siguieron inmediatamente después, lamentando la pérdida del miembro más antiguo de una familia muy grande y muy especial. El eco de una sirena de ambulancia se podía oír en la distancia, acercándose rápidamente.
Esa misma mañana se sentía extrañamente distinta a todas las demás hasta el momento; quizás fuera porque se había quedado despierta hasta muy tarde, tratando de evitar una muy posible guerra con los Sanders, aunque Rarity prefería dejar los detalles técnicos para más adelante. Además tenía la costumbre de no hablar del trabajo durante el desayuno, puesto que Sweetie Belle estaba ahí con ella, y no quería molestarla con asuntos que sólo la atañían a ella.
Una vez que la niña terminó de desayunar y se dirigió al colegio en compañía de uno de sus hombres, Rarity se dirigió a su despacho para seguir trabajando. En un momento dado su móvil comenzó a sonar y le echó un rápido vistazo, viendo enseguida que se trataba de su padre.
-Hola papá… ¿ya has mirado eso?
-Sí, y te vas a sorprender, pero estos Sanders, sean quienes sean, no pertenecen a ninguno de mis contactos.
-¿Qué? Pero en un principio yo pensé en esa posibilidad puesto que nadie más podría llegar a saber tanto sobre mí…
-Lo sé, yo también lo pensé, pero no es el caso.
-¿Un contacto de otro contacto, quizás?
-Es posible, aunque he estado tirando de ese detalle en concreto, sobre todo de esos famosos contactos en el medio oeste que me comentaste que ese tío alegó tener. Esto te va a hacer gracia…
-Oh, venga ya, papá, deja de hacerte el interesante y dímelo ya, no estoy para bromas, esto es serio-le reprendió ella, un tanto molesta.
-Vale, vale, después de todo tienes razón… el caso es que en el medio oeste como tal nadie conoce a ningún Seymour Sanders, pero lo único que he conseguido encontrar ha sido un pequeño rastro que me ha llevado directamente al estado de San Andreas, concretamente a la ciudad de Los Santos, donde parece ser que tienen algo allí montado con una de las bandas locales, aunque no he podido averiguar mucho más.
Ante esa nueva información Rarity se quedó pensativa, rumiando posibilidades; había oído hablar mucho de San Andreas, ya que gran parte de la mercancía que la suele llegar al final acaba terminando allí en manos de terceros, degradando bastante la calidad, aunque ese detalle no la afectaba directamente. No obstante el hecho de que tuvieran tratos por allí evidenciaba algo más, sin embargo la faltaba información.
-Ya veo… ¿tienes algo más?
-No, eso es todo lo que he podido averiguar… ten cuidado, cariño, sabes cómo tienes que proceder, pero aun así has de ser prudente-murmuró su padre, con tono preocupado.
-Lo sé, papá, fuiste tú quien me enseñaste a serlo…
-Y también sé que lo harás bien, aunque ya sabes que un movimiento a tiempo equivale a una victoria, por lo que cuanto antes te muevas, más posibilidades habrá de que consigas saldar esto sin mayores complicaciones. Si necesitas algo, lo que sea, llámame.
-Claro, gracias papá.
En cuanto terminó de hablar con su padre Rarity se quedó muy quieta, juntando sus manos como si rezara y apoyando la barbilla sobre sus dedos, con gesto pensativo. Algo la decía que un detalle así no podía ser una coincidencia, y aunque San Andreas estaba al otro lado del país, era un punto importante de distribución en el cual los movimientos de drogas eran constantes. Y algo la decía que tenía que haber algo más.
En ese momento vio a Ernesto pasando enfrente de su despacho y le llamó.
-¡Ernesto!
-¿Sí, señora?-inquirió el aludido, asomándose.
-Ven un momento, tengo un encargo para ti.
El hombre se acercó hasta su escritorio, quedándose tras él.
-Usted me dirá.
-¿Te acuerdas que ayer fuimos a la casa Swanko para ver a los Sanders?
-Sí, claro.
-Vale, pues quiero que vayas allí y la vigiles de cerca. Si ves algún movimiento extraño o sucede algo, lo que sea, avísame de inmediato ¿de acuerdo?
-Sí, señora-asintió él.
Sin mayor dilación el hombre se dirigió a cumplir con su encargo, mientras que Rarity seguía trabajando; aun a pesar de las circunstancias el trabajo no variaba y ese mismo día llegarían varios cargamentos de cocaína, heroína y éxtasis, por lo que ella tenía que estar ahí para supervisarlos como de costumbre. En cuanto el reloj marcó las diez y media de la mañana Rarity dio la vuelta a su sillón y miró por el ventanal de su despacho hacia la bahía de la ciudad, pudiendo ver a una lancha rápida acercarse hasta el muelle de la mansión desde el sur. Por su parte se levantó sin más dilación y se dirigió hacia allá en compañía de Hernando y varios hombres más. Un sol espléndido iluminaba la mañana en Vice City.
-Bof, qué rollo… me aburro-pensaba Rainbow, mientras esperaba a que el semáforo se pusiera en rojo.
Y es que, desde que se fue Lightning, todo parecía haberse vuelto un poco más monótono en su vida, como si hubiera algo que drenara la diversión de todo lo que hacía. No había vuelto a competir en ninguna carrera desde entonces, ya que no había vuelto a haber ninguna, por lo que el aburrimiento era extremo. Cuando eso solía pasar ir a dar una vuelta con su coche siempre la animaba un poco, pero esta vez las cosas parecían ser diferentes. Ni siquiera la radio conseguía animarla.
-¡Vamos con otra de mi repertorio, que no se diga! ¡Este es un remix que hice en colaboración con un DJ colega amigo mío con el nombre de MC W1SH, el tío es un máquina, sus espectáculos de luces de colores y música son la ostia! ¡Solo lo mejor de lo mejor aquí, en Electro-Choc, conmigo, DJ Pon3! ¡Dale!
Al punto unos ritmos de lo más pegadizos y estridentes comenzaron a sonar por todo el habitáculo del vehículo, aunque Rainbow los encontró un tanto repetitivos y sosos en comparación con otros temas de la misma DJ.
-Agh, tía, he oído cosas mejores de ti…-murmuró ella, apagando la radio con gesto aburrido.
Y, para colmo, el semáforo parecía estar averiado, puesto que le daba la sensación que llevaba esperando una eternidad a que cambiara.
-Por dios, que pare ya tanta monotonía-masculló Rainbow, echando la cabeza sobre el reposacabezas.
Fue entonces en ese mismo instante cuando el móvil comenzó a sonar, llegando a sobresaltarla debido a esa súbita llamada. La chica lo miró y vio que la llamaba un número desconocido, algo que la dejó un tanto extrañada, por lo que respondió enseguida.
-¿Sí?
-¿Rainbow Dash?-dijeron al otro lado.
-Sí, soy yo ¿Quién es?-inquirió ella, con gesto arrugado.
-Tú no me conoces, pero yo a ti sí que te conozco. Tengo entendido que eres la mejor plusmarquista de la ciudad…
-Así es, le han dicho bien.
-Maravilloso entonces. Me gustaría hablar contigo y hacerte una proposición ¿te interesaría?-inquirió la misteriosa voz.
-Un momento, un momento, lo primero de todo ¿Quién es usted?
-Oh, vamos, no quiero reventarte la sorpresa, aunque si tanto quieres saberlo, puedo darte una pista…
Antes de que Rainbow pudiera decir nada más, pudo oír al otro lado de la línea el sonido de un jet que le era enormemente familiar. Como fan del equipo de acrobacias aéreas de los Wonderbolts que era, sabía muy bien qué aparatos usaban en esa escuela y cómo sonaban al volar, puesto que los había visto y oído miles de veces en muchos de sus videos y demás exhibiciones a las que había podido asistir. Sus ojos se agrandaron al máximo, presa de una excitación que renovó por completo sus ánimos.
-¡Oh cielo santo, oh cielo santo, oh cielo santo! ¡Dígame que es real y no una broma!
-Bueno, puedes creerme o no, la decisión es tuya, aunque ya te digo que estamos muy interesados en ti, Rainbow…
-¡Oh, cielo santo, cielo santo, no me lo puedo creer!
-Tú verás, puedes aceptar lo que tengo para ofrecerte o bien puedes colgar ahora mismo si no me crees.
En un momento como ese Rainbow intentó pensar un poco, pero los nervios y la emoción que la embargaban no ayudaban mucho; en circunstancias más normales hubiera dicho algo o hubiera puesto alguna pega, pero la emoción que la embargaba era tal que apenas podía pensar con claridad.
-¡Oh, sí, sí, por supuesto que sí! ¿¡Dónde podemos quedar?!
-Nos encontramos en una parcela en Alderney sur, en Musketeer Avenue, al lado del centro penitenciario Alderney.
-¡Vale, voy para allá!
Justo en ese momento el semáforo se puso en verde y Rainbow aceleró de golpe y sin pensar, dando la vuelta en el siguiente cruce y dirigiéndose hacia Alderney. Como le quedaba cerca de donde estaba fue por el túnel de Booth para atajar y no tener que usar el puente Chupetón. Salió por Alderney City y, para evitar el tráfico de los barrios aledaños, decidió acortar un poco más atravesando todo el puerto Tudor aprovechando que la puerta estaba abierta. El guardia de seguridad ni la vio venir, por lo que no le dio tiempo a darla el alto o avisar a la policía, atravesando todo el puerto rápidamente corriendo al lado de los muelles, donde muchos operarios estaban atendiendo a un carguero recién remolcado y atracado, aunque ella pasó tan rápido que apenas prestó atención. Salió del puerto aprovechando una pequeña rampa improvisada cerca del extremo sur, dando un lustroso salto sobre el muro que separaba el puerto de la calle y aterrizando limpiamente en la carretera colindante, entrando enseguida en el polígono industrial Acter.
Una vez allí llegó enseguida a Musketeer Avenue, una alargada calle que recorre horizontalmente toda la zona sur de Alderney, acabando justo al lado de la penitenciaria, en un parking colindante, aunque la parcela donde la habían citado estaba un poco antes de llegar al mismo. La puerta no estaba cerrada, por lo que entró en ella con el coche y se bajó de él, visiblemente emocionada.
-¡Genial, los Wonderbolts, no puedo esperar!
Rainbow giró la cabeza, mirando a todos los lados con gesto emocionado y moviéndose frenéticamente. La emoción aún la embargaba, haciéndola correr un poco para liberar tensión. Aunque fue entonces en ese momento cuando se dio cuenta de algo.
La parcela en la que había entrado se encontraba desolada, a mano derecha había un pequeño almacén donde una furgoneta se encontraba estacionada, y al otro lado del mismo, junto a una lejana esquina, yacían los restos de un desmantelado coche. Nada más. Eso era todo. La sonrisa de su cara se fue desvaneciendo poco a poco, dándose cuenta de lo que la rodeaba.
-Espera… ¿Qué cojones estoy haciendo aquí?-se preguntó tontamente.
Por un instante todo se concretó y la realidad la golpeó duramente en la cara, dejándola tonta perdida. Aunque en ese justo momento oyó una serie de motores sonando detrás de ella, dándose la vuelta y viendo una serie de moteros apeándose de sus respectivas motos y acercándose a ella. Todos ellos vestían con chaquetas de cuero, vaqueros desgastados y pañuelos en su cabeza, aunque en sus chaquetas llegó a ver el dibujo de un águila con las alas desplegadas y con las palabras The Lost MC escritas encima de esta.
-¿Eres tú Rainbow Dash?-inquirió uno de los moteros, acercándose a ella.
-Sí… ¿Quién coño sois vosotros?
-Somos los Lost, y nos han pedido que te diéramos algo.
-¿Ah, sí? ¿El qué?
Al punto todos los moteros sacaron sus armas apuntando hacia ella, comentando de seguido.
-Plomo.
Antes de que comenzaran a disparar Rainbow reaccionó enseguida y saltó en dirección hacia su coche para cubrirse; al punto una marea de balas silbantes danzaron sobre su cabeza, clavándose en la carrocería y agujereándola. La gran mayoría de moteros disparaban con pistolas automáticas, mientras que otros atacaban con micro subfusiles.
-¡Oh, mierda, mierda, mierda, estos van a saco!-pensó la chica, genuinamente preocupada.
Sin detenerse demasiado tiempo a pensar, en cuanto vio una oportunidad y las balas cesaron Rainbow corrió a toda velocidad y se cubrió tras la furgoneta, al tiempo que otra balacera se echaba sobre la misma. Por su parte los moteros comenzaron a moverse también para tratar de rodearla.
-¡Que no escape, matadla!
-¡La tenemos rodeada!
-Oh, mierda, mierda ¿Qué puedo hacer, qué puedo hacer?-se dijo Rainbow, sintiéndose cada vez más asustada.
Y no era por nada, puesto que no tenía con qué defenderse; alguna que otra vez había llegado a disparar en el campo de prácticas de la galería de tiro de la ciudad, pero nunca antes había llegado a disparar contra alguien como tal, tan solo a blancos móviles y fijos con forma humana, nada más. Aunque, sin un arma con lo que hacerlo, la sensación de abandono y desesperanza era cada vez más grande, sintiendo como la muerte se aproximaba hacia ella.
Las balas se clavaban sobre la carrocería de la furgoneta mientras que ella se agazapaba junto a una rueda, justo al lado de las puertas traseras de la misma; en ese mismo instante varias balas alcanzaron a golpear las manillas de las puertas, abriendo una en el proceso. Por un momento Rainbow pensó en subirse a la furgoneta y escapar, pero sería un blanco fácil en cuanto se sentara en el asiento del conductor.
Sin embargo, en cuanto se asomó un poco vio algo que la dio un rayo de esperanza; y es que en la parte posterior de la furgoneta había un montón de armas dispuestas en el suelo de la misma, habiendo desde pistolas hasta micro subfusiles y fusiles de asalto. Por un momento quiso coger un fusil de asalto, pero no era muy ducha disparando armas tan potentes, prefiriendo mil veces un micro subfusil. Sin dudarlo cogió uno de los tantos que allí había y comprobó el cargador, encontrándose lleno.
-Vale… vale…
Respirando entrecortadamente se pegó a la carrocería de la furgoneta, con el arma en alto y preparándose mentalmente. Nunca antes había disparado a alguien, aunque tampoco era su intención matarlos, tan solo quería defenderse y salir de allí viva, por lo que pensó en lo que más ventaja la daría para escapar.
-Las piernas… eso es…
Las balas la ayudaron un poco a centrarse y, en cuanto cesaron por un momento, se asomó brevemente; había un motero no muy lejos de allí, apuntando hacia ella, por lo que no se lo pensó ni dos veces, apuntó hacia sus piernas y disparó. La ristra de balas le alcanzó y el motero cayó al suelo gritando y disparando a ciegas por instinto, dando a uno de sus compañeros en un brazo y tumbándole.
-¿¡Qué cojones?!-masculló un motero cercano.
-¡Está armada, está armada, disparad, vamos!-exclamó otro, cerca de la salida.
Por su parte Rainbow localizó al resto mirando por debajo de la furgoneta y aprovechando para incapacitar a los que más cerca se encontraba de su coche y de la salida en sí; por suerte no había más de seis moteros, por lo que echó a correr en cuanto sólo quedó uno en pie. Antes de que este pudiera dispararla Rainbow reaccionó a tiempo y le tumbó disparándole en las piernas, dejándole en el suelo aullando de dolor.
-¡Ahora, esta es la mía!-pensó la chica, echando a correr hacia su coche.
Pero antes de que pudiera entrar en él, en ese justo instante una serie de patrullas de la policía estatal se presentaron de improviso con las luces y sirenas encendidas, bloqueando la salida con un par de ellas.
-¡Policía del estado de Alderney, suelte el arma ahora mismo!-exclamó uno de los oficiales desde el coche usando el megáfono.
Por instinto Rainbow obedeció y alzó los brazos, al tiempo que dejaba caer el arma; una serie de policías se acercaron a ella, con esposas en sus manos y con intención de detenerla.
-¡No, esperen, no es lo que parece, esos tíos intentaban matarme!
-¡Sí, sí, ya nos lo contarás en la comisaría, ahora estás detenida, las manos sobre el capó!-la espetó uno de ellos.
Sin poder hacer otra cosa más que obedecer, Rainbow se dejó esposar, mientras que el resto de policías hacían lo mismo con los moteros heridos, teniendo que llamar a una ambulancia para que los atendieran.
La comisaría más cercana se encontraba cerca de allí, de hecho los guardias de la prisión oyeron los disparos y avisaron inmediatamente a la policía, por lo que la respuesta fue rápida y precisa. Aunque al principio Rainbow se esperaba que la metieran en el calabozo junto con los demás, a ella la pusieron en una sala de interrogatorios aparte, mientras que llevaron a los moteros detenidos al calabozo. Estuvo esperando allí durante varios minutos, algo azorada, hasta que finalmente entró en la sala un inspector trajeado sosteniendo varios papeles en su mano. Se sentó enfrente de ella, al otro lado de la mesa, y estuvo mirando algunas cosas en los papeles hasta que finalmente la habló.
-Vale… Rainbow Dash, competidora habitual de carreras callejeras ilegales, maratones urbanos y además alumna de la escuela de vuelo ¿no es así?
-Sí…
El inspector se la quedó mirando por un momento, con gesto sucinto, y siguió hablando.
-Vale, entonces… ¿Qué hacías en medio de un tiroteo con todos esos Lost?
Por su parte la chica le explicó escuetamente todo lo que había pasado, desde que llegó al lugar hasta ese mismo instante; el inspector se la quedó mirando ceñudo y con gesto inquisitivo.
-¿Y en serio fuiste así sin más?
-Sí, lo sé, fue bastante estúpido, pero es que cuando me emociono apenas pienso…
-Sí, ya lo veo… claramente era una trampa ¿tienes idea de quién te la podría tener guardada como para contratar a unos matones moteros para ir a por ti?
-¿Y yo que sé? Todo lo que he ganado ha sido por mis propios méritos, si la gente quiere tomárselo a mal eso ya es cosa suya…
-Ya, vale, pero algo habrás hecho como para que intentaran liquidarte…
-¡Pero yo no he hecho nada! ¡No es culpa mía que sea asombrosa, es algo que es natural en mí!
Por un momento el inspector dejó escapar un respingo, comprendiéndolo casi al instante.
-Oye, mira, nosotros somos policías, no niñeros ni canguros, si tienes problemas tendrás que arreglarlos tú misma, pero no puedo asignar una patrulla que te proteja sólo porque vas de chulita.
-¿¡Qué?! ¡¿No me piensan ayudar?!
-Si no sabes quién puede tenértela jurada poco podremos hacer…
-¡Pregunten a esos moteros, seguro que saben quién les ordenó que me mataran!
-Je, dudo mucho que esos sepan algo, son Lost, no responden ante nada, ni siquiera ante nosotros que somos la ley, hacen lo que le salen de las pelotas, pero ya apenas tienen influencia aquí, son como pollos sin cabeza dando tumbos por ahí, aceptarían cualquier cosa por unas simples perras y a nadie le importaría una mierda.
-Ah ¿¡y a ustedes también?!
-Bueno, podemos intentarlo igualmente, pero más allá de la retención de siempre poco más podemos hacer, en cuanto salgan de aquí volverán de nuevo a hacer lo de siempre.
-¿¡Cómo, cómo?! ¡¿Me está diciendo que básicamente podrían volver a por mí?! ¡¿Y aun así no me ayudan?!-musitó Rainbow, cada vez más incrédula.
-No, vamos a ver, si te metes en problemas es cosa tuya, pero nosotros siempre podemos ir en tu ayuda en caso de que nos necesites…
-¡Si, claro, para que entonces me vuelvan a detener, me tengan aquí diciéndome lo mismo y vuelta a empezar! ¡Eso es estúpido!
-¡Oye, niña, podrías haberte ahorrado todo este lío si no hubieras ido por ahí haciéndote la chula!
-¡No me llame niña, no soy ninguna niña, y usted no es mi padre!-exclamó ella, cada vez más enfadada y levantándose de golpe.
-¡Siéntate ahora mismo o hago que te bajen al calabozo con tus queridos amigos moteros por desacato!
Ante eso Rainbow tuvo que morderse la lengua y se sentó con un gesto de rabia dibujado en su cara; el inspector respiró entrecortadamente, igual de alterado, hasta que finalmente se calmó y continuó.
-Vale… aparte de eso hemos visto que tienes un vehículo con modificaciones que son ilegales…
Para entonces Rainbow comenzó a preocuparse de verdad, viendo hacia dónde iba la cosa. Antes de que el inspector pudiera decir nada más ella le cortó.
-No… no, por favor, no me lo requisen…
-Pues me temo que…
-¡No! ¡No, por favor, no! ¡Ese coche es muy especial para mí, sin él me sentiría vacía, he conseguido mucho con él! ¡No me lo requisen, por favor se lo pido!
El inspector la miró de arriba abajo, con un gesto inquisitivo grabado en su cara. Por su parte Rainbow siguió implorando.
-¡Haré lo que sea! ¿¡Hay que pagar alguna multa?! ¡En ese caso se la pago ahora mismo, la cantidad que sea, pero por favor, no se lo lleven, por favor, por favor!
El inspector la siguió mirando con el mismo gesto, durante unos breves pero intensos segundos, hasta que finalmente suspiró hondamente y murmuró.
-Está bien, en ese caso pagarás una multa de diez mil dólares… pero también tendrás que retirar todas las modificaciones ilegales en un plazo de diez días, incluyendo el ácido nitroso, aunque el alerón lo puedes dejar. Si no lo haces y volvemos a pillarte con él de nuevo te lo requisaremos, esta vez de verdad, y dará igual cuanto nos pagues, que nos lo quedaremos igualmente. Y te recuerdo que, aunque estamos separados administrativamente de la policía de Liberty City, trabajamos en conjunto y compartimos información, por lo que esto mismo que te estoy diciendo se aplicará también en su jurisdicción. ¿Me he expresado con claridad?
Sintiéndose completamente atada, y sin ninguna otra posibilidad que aceptar lo que la ofrecía, Rainbow suspiró derrotada y murmuró.
-Sí…
-Muy bien, en ese caso puedes irte ya, aunque primero ve a pagar la multa en el mostrador de pagos, está aquí al lado.
Algo molesta por toda esa situación, Rainbow tuvo que pagar los diez mil dólares de la multa y, en cuanto salió de la comisaría, un agente de policía la trajo su coche. Una vez que lo recuperó Rainbow se alejó todo lo posible de allí y, una vez que perdió de vista la comisaria, se paró a un lado de la carretera y descargó toda su rabia golpeando el volante con fuerza, al tiempo que mascullaba.
-¡Mierda! ¡Mierda, mierda, mierda!
Aún tenía problemas para comprender lo estúpida que fue al haberse tragado semejante trola, pero lo que había provocado era incluso peor. Y todo por su culpa, claro, que era lo que más la quemaba. Ahora su coche estaba en peligro de ser requisado y, por si fuera poco, alguien ahí fuera la quería muerta. ¿Qué más podía pasar?
Sin mayor dilación hizo mano de su móvil y llamó a Thunderlane para hablar con él con carácter urgente; tardó un poco en coger, aunque finalmente la descolgó.
-¿Sí?
-¡Thunderlane! ¿Dónde estás?
-Ah, pues en Vauxite Street, en Holanda Norte ¿por qué?
-¡Vale, no te muevas de allí, voy a buscarte!
-¿Por qué, qué pasa, a qué viene tanto revuelo?
-¡No hay tiempo para explicaciones ahora, quédate donde estás, enseguida estoy allí!
Antes de que el chico pudiera decir nada más ella colgó y se puso en camino hacia allí sin mayor demora. El viaje fue rápido, aunque esta vez fue por el puente Chupetón para cruzar hacia Algonquin puesto que la dejaba justo al lado de Holanda Norte, uno de los barrios donde más hispanohablantes vivían por kilómetro cuadrado, al menos en esa parte del distrito de Algonquin. Durante gran parte del S XX experimentó una fuerte tasa de criminalidad, siendo infamemente conocido debido a esto, aunque actualmente se encuentra en plena gentrificación y ahora era un barrio mucho más seguro y tranquilo.
Nada más llegar a la calle, Rainbow estuvo buscando a Thunderlane con la mirada mientras atendía el tráfico, llegando a verle justo al lado del club nocturno Linen Lounge; el chico alzó el brazo en señal de saludo y ella dio la vuelta, metiéndose en un callejón cercano. Thunderlane subió al coche y, una vez dentro, inquirió.
-A ver ¿Qué ocurre?
-Que estoy en peligro, eso ocurre.
Le estuvo explicando todo lo que había pasado hasta el momento, aunque el chico comentó enseguida.
-Espera, espera ¿me estás diciendo que realmente te creíste semejante bola?
-¡Sí, sí que lo hice! ¿¡Vale?! ¡Sé que es estúpido, pero es que cuando me emociono apenas pienso!
-No si ya, ya… uauh, tía, procura no emocionarte nunca, porque vamos.
-¡Muy gracioso, te cuento que alguien va tras de mí y tú te pones a bromear, eres de lo más ocurrente, Thunderlane!
-¡Eh, oye, fuiste tú quien cayó en tan evidente trampa, no yo!
-¡Sí, vale, pero no hace falta que me lo recuerdes constantemente!
Ambos siguieron discutiendo tontamente, aunque debido a esto ninguno de los dos se dio cuenta de que un utilitario hakumai rojo se les acercaba por detrás; antes de que pudieran decir algo más, otra balacera les cortó de golpe, agachándose por instinto.
-¡Oh, mierda, otra vez no!-masculló Rainbow, asustada.
-¿¡Pero qué?! ¿¡Quién nos dispara?!-inquirió Thunderlane, asustado.
La chica se reincorporó un poco y miró por el retrovisor, viendo a un par de hombres de aspecto extranjero disparándoles desde un vehículo rojo con sendos micro subfusiles.
-¿No son moteros? Oh, mierda, eso es que quien sea el que me quiere muerta ha contratado a más matones…-pensó Rainbow, cada vez más preocupada.
-¿¡Quién coño son esos tíos?!-exclamó Thunderlane.
-¡No lo sé!
-¡Agh, corre, sal de aquí, acelera!
En ese mismo instante Rainbow aceleró al máximo y el coche salió disparado a través del callejón, girando a la derecha inmediatamente después en la siguiente calle y yendo todo recto a partir de ahí. El hakumai rojo salió tras ellos, pero Rainbow se las apañó para perderlos de vista lo antes posible metiéndose por los callejones de Holanda Este, el barrio aledaño a Holanda Norte y una extensión del mismo, aunque con un nombre diferente y algo más adecentado que el otro.
Una vez que los dejó atrás, Thunderlane fue el primero en opinar.
-Vale, te lo voy a decir bien claro ¿¡qué cojones está pasando?!-masculló el chico, perdiendo los papeles.
-¡Ya te lo he dicho, joder, alguien me quiere matar! ¡Primero fueron los moteros, ahora han sido esos tíos, y todos van muy en serio, estoy en peligro!
-¡Vale, vale, en ese caso vamos a relajarnos y a pensar un poco!
-¿¡Relajarnos?! ¡De eso nada, no puedo estar relajada, no cuando hay alguien que me quiere muerta!
-¿Y eso qué tiene que ver conmigo?
-¡Oh, vaya, gracias por tu genuina preocupación, Thunderlane, me dejas de lo más aliviada!
-¡No soy precisamente yo el que va por ahí alardeando y haciéndome el chulo, creyéndome el rey de la ciudad!
-¡¿Perdona?!
-¡Lo que oyes! ¡Oh, dios, rezaba con que este día nunca llegaría!
-¡No te me pongas en plan quejica porque no es el momento, tenemos que hacer algo, Thunderlane, no pienso quedarme de brazos cruzados viendo cómo intentan matarme!
-¡Vale, vale, está bien, pensaremos en algo, aunque antes llévame al parking de Lancaster, tengo el coche allí!
Como no estaban muy lejos del sitio se dirigieron para allá, siendo un parking subterráneo pequeño, al lado de una gasolinera que hacía esquina con Albany Avenue, una larga avenida que cortaba perpendicularmente al barrio. Para entrar había que bajar una corta rampa y girar a la izquierda, llegando a ver el Elegy RH8 negro de Thunderlane aparcado al otro lado del parking.
-Vale, allí está, lo cojo, vamos a casa y ya allí pensamos en lo que hacemos.
-Está bien, pero no tardes mucho…
El chico bajó del agujereado coche y echó a andar a paso ligero para llegar cuanto antes; pero en cuanto llegó al lado de las barreras se dio una gran explosión que resonó por todo el parking y que le hizo echarse al suelo asustado. Aunque en cuanto levantó la mirada vio que el coche que había explotado era ni más ni menos que el suyo propio.
-¡No! ¡Noooo! ¡Mi coche!-gritó Thunderlane, tan destrozado como su propio vehículo.
-¡Oh, mierda! ¡Sal de ahí, Thunderlane!-exclamó Rainbow.
El grito de la chica le hizo reaccionar y se subió al dañado F620, el cual salió disparado hacia el otro lado del acceso al parking, saliendo a la calle inmediatamente después.
-¡Me cago en todo, ese era mi coche, joder, mi coche!-exclamó el chico, angustiadísimo.
-¡Pues me temo que ahora no es más que un montón de chatarra reventada!
-¡Vaya, gracias por los ánimos! ¿Eh?-la espetó él, molesto.
-¿A que jode?
Como no sabían que más hacer en esos críticos momentos optaron por ir a casa, metiendo el dañado coche de Rainbow en el garaje y encerrándose allí una vez que aseguraron que nadie más les esperaba allí. Una vez instalados, se estuvieron explayando a gusto.
-¡¿Qué se supone que vamos a hacer?! ¡Ahora los dos estamos en peligro!
-¡Agh, no lo sé, deja de culparme constantemente, soy yo a quien han señalado, no a ti!
-¡Ah, y en ese caso! ¿¡Para qué se molestan en destruir mi coche?! ¡No, de eso nada, también van a por mí, y todo esto es por tu culpa!
-¿¡Qué, mi culpa?!
-¡Oh, por favor Rainbow, no te me hagas la tonta ahora, por favor te lo pido! ¿¡Eh?! ¡Que bastante tenemos con que nos hayan intentado matar dos veces hoy! ¡Si no hubieras sido tan imprudente y no te hubieras comportado como una niña no estaríamos así!
-¡No soy ninguna niña, maldita sea, deja de tratarme como si me estuvieras reprendiendo como tal!
-¡Pero es que lo eres, Rainbow, eres una chica egoísta y egocéntrica que se cree superior a los demás y se lo restriega a todo aquel que intenta mostrar su superioridad en cualquier otro ámbito relacionado!
-¡Repite eso, maldita sea, repite eso ahora mismo y te juro que te rompo los dientes!
-¡Oh! ¿¡De veras?! ¡Porque ahora mismo me apetece romper algo a mí también!
Eso sirvió de provocación a Rainbow, la cual se echó sobre él con el brazo en alto, dispuesta a asestarle un puñetazo; sin embargo Thunderlane lo esquivó a tiempo y empujó a Rainbow contra el sofá, echándose encima de ella e inmovilizándola en él. Durante el forcejeo el mando se cayó al suelo y el golpe encendió la televisión, que en ese momento mostraba anuncios de todo tipo. Thunderlane sostuvo con las manos los brazos de Rainbow, al tiempo que con las piernas la sujetaba de la cadera, impidiéndola moverse.
-¡Suéltame!
-¡No!
-¡Te digo que me sueltes, joder!
-¡No! ¡No hasta que calmes!
La chica trató por todos los medios de soltarse, haciendo acopio de fuerzas, pero el chico la tenía bien sujeta y apenas la dejaba ni zarandearse. Eventualmente Rainbow acabó cansándose debido al esfuerzo y, sudando y jadeando, masculló.
-Agh… ¡está bien, está bien, me calmo, pero suéltame ya!
Hasta que no dejó de moverse por completo el chico no la soltó. Una vez que estuvo libre la chica se quedó donde estaba, agotada, y mirando al techo con mirada perdida. Por su parte Thunderlane se reincorporó y se quedó sentado en el sofá, mirándola con gesto de circunstancia. En un momento dado, Rainbow habló.
-Entonces… ¿alguna idea?
-Ah, no sé, pensaba que tú tendrías alguna, como casi siempre se te ocurre algo…
-Pues no, no tengo ninguna ¿contento?
-Sí, me doy por satisfecho.
Por un momento lo único que se oyó fue la tele, que en ese momento se encontraba anunciando la marca de cerveza Barracho.
-Bueno, dado que nos buscan aquí… podemos irnos-comentó en ese momento Rainbow.
-¿Irnos?
-Sí, marcharnos, mudarnos a otro sitio, no sé… igual si no estoy en la ciudad me dejan de buscar.
-Ya, vale ¿y qué nos garantiza eso?
-Nada en realidad, pero por probar no perdemos nada.
-Ajá… ¿y a dónde se supone que tenemos que ir?
Rainbow abrió la boca para contestar, pero en ese momento una voz la cortó comentando.
-Por qué deberías visitar mi condado de Blaine…
Ambos giraron la cabeza y vieron que un nuevo anuncio se estaba proyectando en la tele, prestándole atención.
N. del A. Googlear My Blaine County y ver el vídeo antes de continuar
En cuanto el anuncio pasó Rainbow fue la primera en opinar.
-Pues claro… es perfecto, podemos ir allí.
-¿Al condado de Blaine? Rainbow, no te ofendas, pero no te veo viviendo entre paletos y con arena en las zapatillas…
-No, idiota, me refiero a San Andreas, yo soy de ciudad y lo sabes, pero no voy a decir que no a alguna que otra escapada al campo… sobre todo si es por hacer algo por allí.
-Ya, vale, pero ¿por qué San Andreas?
-Pues porque se me está ocurriendo algo que puede que nos ayude a salir de la ciudad sin llamar la atención… además, allí vive Lightning, por lo que será genial volver a verla.
-¿Ah, sí? ¿Y qué se te ha ocurrido?
-Fácil, la escuela de vuelo de San Andreas tiene su sede en el aeropuerto de Los Santos, podemos hacer que nos hagan una transferencia de expediente… y además pedir un traslado.
El chico esbozó una inquisitiva mirada, con una ceja alzada. Por su parte Rainbow esbozó una confidente sonrisita, sintiéndose con fuerzas renovadas.
-¡Ay, no, el móvil, me lo he dejado!-exclamó Twilight, en cuanto estuvo mirando su bolso.
Y es que, con las prisas, había salido de casa sin él. Al menos se había dado cuenta ahora, a pocos metros de ella. En ese instante se encontraba atravesando Middle Park, al lado del lago, y al menos no estaba muy lejos, por lo que decidió darse la vuelta un momento para ir a por él.
Había quedado para comer con sus padres y así celebrar que la biblioteca seguía adelante, ya que desde el primer momento que había recibido el dinero, Twilight se había puesto a trabajar rápidamente. Había invertido una tercera parte en pagar la publicidad tanto en internet como en papel, habiendo también actualizado la sección de noticias de su página web y avisado tanto por Bleeter como por Life Invader de las buenas noticias. También había invertido una cuarta parte para realizar algunas reparaciones en el piso antes de abrir, aparte del mantenimiento y gestión de la biblioteca en sí, poniéndola a punto para su funcionamiento. Aprovechó también para contratar un seguro que la cubriría por si algún imprevisto sucediera, aunque en ese sentido ella era muy cuidadosa y precavida, sin embargo no estaba de más asegurarse del todo. El resto del dinero lo había guardado para algún gasto de última hora, aunque la cantidad seguía siendo considerable.
Sus padres la estaban esperando junto con Spike, el cual había ido primero a su casa esa misma mañana, por lo que se dio prisa en llegar cuanto antes. Entró rauda en el portal y subió las escaleras con la mayor celeridad posible. Una vez allí sacó la llave rápidamente para abrir la puerta, encontrándose con que no se encontraba cerrada.
-Qué raro, recuerdo haber cerrado…
Abrió la puerta lentamente y vio el alargado pasillo en dirección hacia su estudio; el silencio era denso en el interior y no parecía haber nadie. Sin embargo ella entró con cuidado, sin apenas hacer ruido. Cerca de allí, en el mismo pasillo, vio el teléfono en una mesita cercana y se acercó a él para llamar a la policía, puesto que su móvil se encontraba en su habitación. Sin embargo, en cuanto descolgó, notó un tacto frio y metálico en la nuca, junto con una grave voz que decía.
-Cuelga.
Muerta de miedo y comenzando a temblar, Twilight colgó de nuevo y la voz tras suya la indicó.
-Camina.
Guiada por ella fueron hasta la sala principal de la biblioteca, donde se encontró con una escena que no se esperaba encontrar ni en todos los días de su vida. Varios hombres del tamaño de un armario y vestidos de negro se encontraban registrando el lugar y poniéndolo patas arriba; y, delante de ella, una chica algo más mayor que ella, vestida igualmente de negro, y de pelo color rojizo y dorado se encontraba supervisándolos atentamente.
-Señora, mire lo que he encontrado-murmuró la voz grave tras ella.
La chica de pelo rojizo y dorado se dio la vuelta, revelando una molesta e irritada mirada. Poseía unos ojos color cian moderado que parecían fijarse en todo y era bastante atractiva. En cuanto la vio se dirigió a ella pisando fuerte dirigiéndose a ella con voz contundente.
-Vaya, vaya, mirad quien tenemos aquí… ¿eres Twilight Sparkle por un casual?
-S… sí, so… soy yo… ¿Quiénes sois vosotros?-inquirió la chica, asustada.
-Cállate, aquí las preguntas las hago yo…
La chica de pelo rojizo la miró de arriba abajo con gesto escrutador antes de volver a hablarla.
-¿Dónde está?
-¿Eh? ¿De qué me estás hablando?-quiso saber Twilight, extrañada.
-¡No te hagas la tonta conmigo! ¿¡Dónde está?!
-¡No sé de qué me hablas!
Ante esa situación la chica sacó una pistola de su falda y la apuntó con ella en la frente; para entonces Twilight entró en pánico, temblando como un flan y quebrándosela la voz.
-¿¡Dónde está?! ¡Dímelo ahora o te meto una bala entre ceja y ceja!
-¡No lo sé, de verdad, no sé de qué me hablas, por favor, no me hagas daño!-masculló Twilight, comenzando a llorar.
Por un breve instante el tiempo se congeló y Twilight dejó de respirar, demasiado asustada como para decir algo más. Ante esa tesitura la chica apartó el arma y dejó escapar un hondo suspiro, al tiempo que decía.
-Vale, supongo que tendré que ponerte un poco en situación… hace cosa de un par de días la empresa de mi jefe creó una filial corporativa a nombre de la misma con la cual pretendía lavar un dinero negro que se suponía que tenía que ser ilocalizable con el fin de gravar unos pocos de impuestos. Pero entonces apareció en escena algo que no debería haberlo hecho, y eso fue un inversor con el que no contábamos para nada, que compró quinientas acciones por un valor de mil seiscientas veinticinco dólares ¿te suena de algo todo esto?
Ante eso Twilight asintió con la cabeza, aún con el miedo en el cuerpo. La chica aprovechó continuar.
-El caso es que no queríamos que nada del dinero se perdiese, pero entonces el mercado jugó en nuestra contra y el precio de las acciones se disparó, aumentando drásticamente su valor. Por nuestra parte intentamos retirar el mercado de la bolsa de valores antes de que fuera demasiado tarde, sin embargo cuando nos movimos las acciones habían desaparecido y alguien se había llevado cierto dinero… nuestro dinero. ¿Entiendes ahora?
Para entonces Twilight no podía creérselo, simplemente la parecía demasiado absurdo. Pero la presencia de esa chica y de esos matones armados no podía significar ninguna otra cosa salvo lo que la estaba explicando.
-Así que te lo voy a preguntar una vez más… ¿dónde está nuestro dinero?
Al principio no quiso responderla, pero recordando que era ella quien tenía el arma no tuvo otra elección y musitó con algo de miedo.
-No… no lo tengo todo…
-¿¡Cómo?! ¿¡Qué quiere decir eso?!
-Yo… me… me lo he gastado.
Por un momento no hubo nada, mirándose fijamente durante unos breves pero intensos segundos. Al segundo siguiente la chica se rió tontamente, como si la hubieran contado un chiste malo, pero justo después le asestó tal sopapo a Twilight que ni lo vio venir, tirándola al suelo con cara adolorida.
-¿¡Gastado?! ¿¡Que te lo has gastado?! ¡Eran doscientos cincuenta mil dólares, doscientos cincuenta mil! ¿¡Y vas y me dices que te lo has gastado?!-la espetó furiosa.
-No… no, espera, no me lo he gastado todo…
-¿Ah, no? ¡Oh, pues menos mal! ¿Verdad? ¡En ese caso puedes empezar devolviéndonos la diferencia! ¿¡Cuánto te has gastado?!
-Yo… yo…
-¿¡Cuánto?!
Intimidada por la dura mirada que la estaba echando, Twilight respondió enseguida.
-¡Ciento cuarenta y cinco mil, ciento cuarenta y cinco mil ochocientos treinta y tres dólares!
-¡Ciento cuarenta y cinco mil ochocientos treinta y tres dólares! ¡Vaya, vaya, me parece que tenemos aquí a toda una señorita! ¿Eh? ¿¡Y en qué te lo has gastado?! ¡¿En llenarte el puto armario!? ¡Contesta!
-¡No! ¡Me lo he gastado en esta biblioteca!
Por un momento hubo un denso silencio en el cual la chica de pelo rojizo se la quedó mirando como si no hubiera oído bien; al punto giró la cabeza hacia uno de los estantes cercanos y se acercó hasta él, sacando uno de los tantos libros que allí había. Lo estuvo ojeando un poco, leyéndolo un poco por encima, y pasando las hojas dejadamente. En un momento dado cerró el libro con fuerza y lo tiró al suelo, con gesto enfadado.
-Bueno… en ese caso supongo que habrá que hacerlo salir ¿no? ¿Tienes seguro?
-Sí…
-¿Por cuánto?
-Cu… cubre la totalidad del valor neto de lo asegurado sea cual sea el daño causado…
-Vale, perfecto, en ese caso vamos a humear un poco el lugar…
Ante eso Twilight reaccionó enseguida, exclamando de seguido.
-¡No! ¡No, por favor, no lo hagas, esta biblioteca era de mi abuelo, es muy especial para mí!
-¡Oh! ¿Valor sentimental entonces? ¡Es incluso mejor! Traedme un bidón de gasolina…
-¡No! ¡No, por lo que más quieras, no lo hagas, te lo suplico, haré lo que sea, os devolveré el dinero, pero por favor, no la destruyas! ¡He trabajado muy duro para sacarla adelante!
-¿Que nos devolverás el dinero? ¿Y cómo si te lo has gastado?-le espetó la chica, con gesto molesto.
-¡Pero no todo! ¡El resto está guardado, os lo puedo dar ahora mismo si queréis, es bajar al banco y sacarlo!
-Ya, vale ¿y qué hay del otro resto, el que te gastaste? ¡Era nuestro dinero, y tú te lo has gastado en este antro! ¿¡Cómo se supone que nos lo vas a devolver?!
-Yo… yo… no lo sé… por favor, este sitio es parte de mi vida… por favor…
Llegados a ese punto Twilight se redujo a una amalgama de sollozos cortos y lastimeros, tirada en el suelo y cubriéndose la cara debido al golpe antes recibido. La chica de pelo rojo dejó escapar un quejumbroso suspiro.
-Maldita sea… levantadme a esta llorona y vigiladla mientras hago una llamada.
-Sí, señora.
Uno de los gorilones la levantó de golpe tirando de ella de un brazo y la sentó en un sillón cercano, con el arma a la vista y sin dejar de vigilarla constantemente. Por su parte Twilight trataba de calmarse, pero lo que estaba pasando la superaba ampliamente y la estaba costando bastante hacerlo, llegando a hiperventilar un poco en un momento dado, aunque se la pasó enseguida.
Al cabo de unos breves minutos la chica de pelo rojizo y destellos dorados regresó con gesto molesto, comentándola de seguido.
-Muy bien, he hablado con mi jefe y ha acordado que nos devuelvas lo que nos debes trabajando para nosotros.
-¿Qué? Pero… ¿Qué significa eso?
-Significa que vas a tener que hacer todo lo que te mandemos si no quieres que todo esto se vea reducido a cenizas… y vas a empezar devolviéndonos la parte del dinero que no te has gastado, así que toma, puedes empezar, haz el traspaso.
Sin poder hacer nada más salvo obedecer, Twilight tomó con manos temblorosas el móvil que la ofrecía y, usando su número de cuenta, realizó el traspaso del dinero a la cuenta de destino ya marcada por valor de ciento cuatro mil ciento sesenta y siete dólares, que era la cifra que la había sobrado después de invertir el resto en todo lo demás.
-Ya… ya está….
-Maravilloso, aunque aún te falta la otra mitad, así que no te hagas ilusiones, empezarás en breve a devolvernos lo que nos debes.
-¿Qué… qué tendré que hacer?
-Lo que te mandemos, deja de hacer preguntas, mañana te concretaremos los detalles. Ah, y por supuesto creo que no hace falta que te diga que como pongas en aviso a la policía o a alguien más, todo esto se verá… seriamente perjudicado. Así que espero que por tu propio bien seas obediente y no cometas ninguna estupidez.
Tras esa amenaza la chica le hizo un gesto a sus matones, los cuales se empezaron a retirar, yéndose tan rápido como aparecieron. Twilight se quedó sola sin apenas darse cuenta, mirando al suelo con un gesto en blanco dibujado en su cara. Sin poder evitarlo siquiera comenzó a llorar desesperada, llegando a musitar entre medias.
-¿En qué lío me he metido?
Sus sollozos resonaron por toda la biblioteca, al tiempo que su móvil comenzaba a sonar en su habitación.
-¡Ya estoy en casa!-exclamó Pinkie mientras entraba por la puerta.
-Hola cariño…
-Hola mami… ¡papi, estás aquí!
-Sí ¿Qué tal la mañana, cielo?
-¡Oh, pues muy bien, como siempre, aunque para esta tarde voy a estar bastante liada! ¿Comemos ya?
-Claro, ve a cambiarte.
Pinkie se apresuró a dirigirse a su habitación, poniéndose cómoda y volviendo a la cocina para comer en compañía de sus padres.
-¿Y Marble y Limestone?-inquirió la chica, en un momento dado.
-Hoy comen en el comedor del colegio-reveló su madre.
-Ah, sí…
Al principio la comida pasó en un austero silencio, con algún que otro comentario dispar por parte de Pinkie; en un momento dado Cloudy tomó la palabra.
-Pinkie, cariño, tenemos que hablar…
-Claro mami, tú me dirás…
Antes de decir nada tanto Cloudy como Igneous compartieron entre sí una mirada confidente, antes de que ella volviera a hablar.
-Verás, tanto tu padre como yo sabemos que estás trabajando duro para hacer tu sueño realidad, y eso es bueno, por supuesto. Pero creemos que te podría venir mejor trabajar en lo que quieres hacer antes que seguir intentando algo que, de por sí, ya es complicado.
Esa frase dejó un tanto extrañada a Pinkie, la cual dejó de comer y miró a su madre con gesto inquisitivo.
-¿Qué quieres decir?
-Quiero decir que… creo que es mejor para ti que trabajes y aprendas al mismo tiempo, sin necesidad de estar pendiente de una plaza que, al fin y al cabo, no es segura en ninguno de los casos.
Esas palabras resonaron en el cerebro de Pinkie con fuerza, la cual entendió enseguida lo que su madre quería decirla, desanimándola.
-¿Qué? ¿No quieres que asista a la escuela? ¿Por qué?-inquirió ella, con tono adolorido.
Su madre se apresuró a corregirse, pero en ese momento Igneous tomó la palabra y esta vez habló él.
-Lo que tu madre quiere decir, Pinkie, es que tú eres capaz de aprender y trabajar al mismo tiempo. Es verdad que en la escuela pueden enseñarte muchas más cosas, pero el quid de la cuestión es que esa escuela sólo admite a gente que tenga un mínimo de aptitudes. Y hasta que no obtengas cierta experiencia a la hora de trabajar en la cocina, no creemos que vuelvan a aceptarte, por mucho que lo vuelvas a intentar.
-Pero… entonces… ¿Qué se supone que queréis que haga?-quiso saber ella, un tanto molesta.
-Verás, cielo, tengo una amiga que trabaja como pastelera y que podría enseñarte un poco los entresijos del negocio y repostería como tal, de hecho es muy talentosa y su pastelería es bastante conocida-reveló Cloudy.
-¡Oh! ¿De veras? ¿Podría?-inquirió Pinkie, animándose de golpe.
-Sí, de hecho anoche estuve hablando con ella y la comenté tu situación, por lo que se ha ofrecido desinteresadamente a contratarte y enseñarte.
-¡Genial, eso es estupendo, gracias mami! ¿Y dónde está, cómo se llama?
-Ella se llama Cup Cake y la pastelería se llama Sugarcube Corner…
-Ajá ¿y por dónde cae?
Fue en ese preciso instante en el que Cloudy hizo un breve silencio antes de anunciar.
-Ahí está la cosa… mi amiga vive en Los Santos, San Andreas.
Pinkie se quedó callada, conservando en todo momento una gran sonrisa que, en un momento dado, flaqueó.
-Ah… pero… eso quiere decir…
-Sí, Pinkie… tendrías que ir allí.
El silencio posterior se echó sobre ellos como una losa pesada, mientras que Pinkie pensaba a toda velocidad. Ella siempre había estado en el barrio, ayudando a la gente de allí, organizando fiestas y siendo parte de las mismas. Nunca había llegado a pensar en irse, ni siquiera la sola idea le había pasado por la cabeza ni una sola vez. Hasta ese mismo momento.
-Sabemos que irte no es algo que harías así sin más, Pinkie… es por eso que puedes pensártelo si quieres, no te vamos a obligar a tomar una decisión aquí y ahora-se apresuró a decirla su madre.
-Ah, sí, vale… está bien, me lo pensaré, esta tarde os diré algo-murmuró la chica.
-Muy bien.
El resto de la comida pasó en un denso silencio en el cual Pinkie siguió pensando mientras tanto, esta vez con más dudas que nunca.
Al mismo tiempo, en Vice City, Rarity seguía trabajando en su despacho, haciendo unas cuantas indagaciones por su cuenta. Después de recibir y dar el visto bueno a todas las lanchas junto con sus respectivos cargamentos, el resto de trabajo se había resumido en papeleo y más papeleo, siendo algo más rutinario en ese sentido, por lo que fue más tranquilo.
Sin embargo hasta el momento no había vuelto a saber nada de Ernesto y su vigilancia, cosa que la escamaba un poco; hasta el momento nada había ocurrido en todo el día, y aun a pesar de que había tratado de obtener algo por su cuenta tampoco había encontrado nada, cosa que la preocupaba y la tranquilizaba a partes iguales.
En ese momento su móvil comenzó a sonar, viendo que se trataba de Ernesto, lo que la animó un poco más.
-Ernesto, cuéntame ¿has visto algo?
-Hola señora, la llamaba para comentarla un poco, el caso es que llevo vigilando desde esta mañana y desde entonces hasta ahora no he visto entrar ni salir a nadie. Creo que la casa se encuentra vacía-anunció Ernesto.
Ese anuncio cogió por sorpresa a Rarity, la cual se quiso asegurar.
-¿Estás completamente seguro de eso, Ernesto?
-Sí, desde luego, estuve vigilando primero desde lejos y luego me acerqué un poco para tener una mejor vista. No he visto movimiento ni en los jardines ni el interior en toda la mañana, y por la tarde tampoco. Aproveché el hospital también para tener una vista más alta y estuve observando un poco las ventanas, no vi a nadie en ningún momento. Me da la sensación de que se han ido, señora.
-¿Ido? Pero eso no tiene mucho sentido…
-Lo sé, pero aun así… todo apunta a que no están.
Por un breve momento Rarity se quedó callada, pensando en posibilidades. En un principio ella pensó que tenían intención de hacer negocio fueran cuales fueran las circunstancias, aunque por alguna extraña razón parecían haberse retirado, al menos aparentemente. ¿Y si fuera algún tipo de estrategia? No podía estar del todo segura, aun así la duda la carcomía por dentro. ¿Y si realmente se habían ido?
-¿Qué hago, señora? ¿Sigo vigilando igualmente?-inquirió en ese momento Ernesto.
Rápidamente Rarity decidió actuar.
-Sí, quédate donde estás y espérame, voy para allá.
-Sí, señora.
Colgó de seguido y, acto seguido, se comenzó a mover; buscó a Hernando, el cual se encontraba con varios de sus hombres, y se los llevó consigo mientras iba hablando con él sobre la situación.
-¿Realmente cree que se han ido, señora? Eso no tiene mucho sentido si me dista…
-Lo sé, es por eso por lo que me extraña, ese Sanders no parece ser de los que se achantan cuando se encuentra con dificultades.
-En ese caso podría ser una trampa.
-Es posible, pero aun así me escama… me gustaría ver algo yo misma.
-¿No cree que es algo arriesgado? Personalmente creo que no deberíamos confiarnos.
-Es por eso por lo que os he pedido que vengáis conmigo.
Encontraron a Ernesto a unos pocos metros de la casa Swanko, junto al hotel Ducum Inn; se reunieron con él y, una vez todos juntos, Rarity estableció una serie de vigilancias alrededor de la casa por si las moscas, mientras que ella, Hernando, y unos cuantos hombres más se infiltraban en la casa. Una vez que todos los demás estuvieron en posición, a una señal de Rarity se pusieron en movimiento en dirección hacia la casa. Entraron por el camino principal tranquilamente, como si hubieran ido de visita, y se dirigieron a la puerta principal pasada la piscina. Rarity llamó al timbre, el cual resonó con fuerza, y estuvieron esperando unos pocos minutos. Una vez que fue más que evidente que no había nadie, Rarity indicó.
-Muy bien, Hernando, todo tuyo.
-Sí, señora.
Al punto Hernando sacó un par de ganzúas profesionales y con ellas estuvo hurgando en el mecanismo de la cerradura, llevándole poco menos de un par de minutos; con un seco clac la puerta se abrió y Hernando fue el primero en echar un rápido vistazo.
-Vía libre, señora.
-Vale, vamos allá.
Los siguientes en entrar fueron los hombres de Hernando, los cuales aseguraron el interior, entrando Rarity justo después; el interior de la casa lucía desierto y vacío, aún a pesar que todo el mobiliario seguía allí, dándole un extraño ambiente al lugar. Por su parte Rarity sabía a dónde quería ir, y ese sitio era al despacho de Seymour, subiendo al primer piso para ello. Hernando fue en todo momento con ella, sin separarse de su señora en ningún momento.
El despacho de Seymour lucía solitario y oscuro, la persiana estaba echada pero las láminas se encontraban puestas en batiente hacia abajo, dejando entrar un poco la luz del día y dejando el lugar en penumbra. Rarity no se molestó en encender la luz y se acercó al escritorio, sentándose en él y mirando a la pantalla del ordenador apagado.
-¿Qué va a hacer, señora?-inquirió en ese momento Hernando.
-Salir de dudas, veamos qué tiene aquí el señor Sanders. Que los demás sigan registrando la casa, si encuentran algo relevante que me lo traigan.
-Ahorra mismito, señora.
Mientras que Hernando se ausentó un momento para organizar a los suyos, Rarity sacó de su bolsito un pendrive que enchufó a uno de los puertos frontales de la CPU antes de encenderla. Probablemente necesitaría una contraseña para poder acceder al ordenador, pero eso para ella no era ningún problema, puesto que tenía lo necesario para poder acceder a él sin hacer mucho ruido. No era ninguna experta hacker pero conocimientos básicos de hackeo sí que tenía, además de las herramientas necesarias para ello, unas muy básicas, pero siempre efectivas.
En cuanto el ordenador arrancó, el primer programa de los que tenía en ese pen de usar y tirar, HackConnect, comenzó a funcionar. Ese en concreto era un conocido identificador de IPs con el cual se podía rastrear la IP de cualquier ordenador y conectarse a ella mediante un sistema de código desencriptador que agrupaba una serie de combinaciones infinitas de números entre sí, formando octetos, y rastreando la frecuencia de las mismas hasta dar con la buena. Para ello debía de hacerlo a mano, moviéndose entre pares de números mediante el teclado y fijándose en la intensidad de la frecuencia de cada una. Normalmente cualquier novato tardaría bastante en sacar la IP buena, pero Rarity tenía soltura manejando ese tipo de software, por lo que tras unos breves minutos, consiguió sacarla. En cuanto la intensidad fue máxima en una agrupación en concreto, murmuró.
-Te encontré.
Acto seguido le dio al enter y la IP fue identificada, conectándose de esta forma al servidor del mismo.
-Vale, ahora vamos con la contraseña…
Para ello usaba el BruteForce, un cracker de contraseñas que sacaba la contraseña pertinente mediante un escaneo de la misma y una combinación de letras puesta de forma vertical, teniendo que seleccionar la letra correcta fijándose en la intensidad de la señal de cada una. La llevó unos pocos minutos, pero finalmente consiguió revelarla, siendo esta shieldstar.
-Te tengo… veamos que hay por aquí.
Una vez que tuvo acceso al ordenador lo estuvo registrando de arriba abajo, buscando algo que la ayudara a encontrar alguna pista acerca del paradero de los Sanders o bien algo sobre su procedencia. Vio muchos documentos que hablaban sobre tratos varios en otras partes del país, así como listas de proveedores, contactos y bases de datos sobre almacenes varios repartidos por todo el este del país. Sin embargo algo la llamó la atención, y eso era un billete de avión comprado hace escasas horas con destino a Los Santos, San Andreas.
-San Andreas… ¿se han ido a San Andreas?-se preguntó ella, alzando una ceja.
Si se trataba de algún movimiento estratégico por su parte no tenía mucho sentido, aunque aun así había algo que la molestaba, y eso era el destino en sí. La última vez que habló con su padre la comentó que tenían allí tratos con una banda local. Buscó algo relacionado en las bases de datos y listas que allí tenían, pero no había ninguna relación aparente.
-Qué raro… ¿por qué se irían en un momento como este a San Andreas? ¿No se supone que me habían declarado la guerra?-pensó ella, un tanto extrañada.
En ese momento entró Hernando y la comentó.
-Los hombres han registrado de arriba abajo la casa y no han encontrado nada, señora.
-Vale, yo por mi parte sí, aunque no quiero quedarme más tiempo del necesario, voy a hacerme una copia de todo esto y nos vamos, dame unos minutos.
-Muy bien.
Para hacerse una copia utilizó un último programa llamado Down&Out, el cual hace una copia de todos los archivos guardados, la guarda e, inmediatamente después, apaga el equipo en el que ha actuado sin dejar rastro que evidenciara algún tipo de hackeo. Como no era mucho lo que había lo hizo rápidamente, apagándose enseguida el equipo y desenchufando el pen, guardándoselo de nuevo.
-Muy bien, podemos irnos.
Sin mayor dilación todo el mundo se reagrupó en el recibidor y salieron de la casa sin llamar mucho la atención; mientras Hernando volvía a cerrar usando sus ganzúas, Rarity contactó con el resto de sus hombres que habían estado vigilando.
-Muy bien muchachos ¿alguna novedad?
-Nada de nada, señora-la contestaron.
-Perfecto, reagrupaos entonces, nos vemos junto al hotel.
Regresaron hasta el hotel y, una vez que estuvieron todos juntos, regresaron de nuevo a Starfish Island rápidamente. Una vez allí, Rarity le estuvo explicando a Hernando todo lo que vio.
-¿San Andreas? ¿Realmente cree que se han ido así sin más, señora?
-Aparentemente sí, aunque no estoy cien por cien segura….
-No sé, señora, todo esto es demasiado raro ¿y si es algún tipo de provocación o pista falsa?
-Podría ser, pero aun así… es una pista demasiado relevante como para dejarla pasar.
-¿Qué insinúa?
Por un momento Rarity se quedó callada, pensando en posibilidades, hasta que finalmente comentó.
-Mi padre me comentó que podrían tener conexiones y tratos con alguna de las mafias locales de por allí, cosa que me inquieta. Como bien sabrás yo no tengo ningún control sobre la droga una vez que pasa por manos de terceros, y quizás estén aprovechando este detalle en concreto para tratar de desestabilizar la economía sumergida de la zona. San Andreas es un estado donde hay mucha actividad ilegal de estupefacientes, y al menos una tercera parte de lo que llega allí viene de aquí.
-Entiendo, pero… ¿qué tiene que ver todo eso con usted?
Ante esa pregunta Rarity dejó escapar un hondo suspiro, comentando de seguido.
-En principio no mucho, pero no quiero ni debo ignorar un hecho tan contundente como ese. Si en cualquier caso hubiera algo extraño allí y la droga que llega desde aquí consiguiera incriminarme, los Sanders conseguirían desestabilizar los precios, y eso a la larga podría repercutirnos a nosotros. Y antes que quedarme sentada haciendo nada, prefiero ir allí yo misma y asegurarme.
Ese anuncio tomó por sorpresa a Hernando, el cual no tardó casi nada en opinar.
-¿Ir allí? ¿Está diciendo que se iría de la ciudad?
-Sólo por unos cuantos días, no por mucho tiempo, el suficiente como para ir allí, indagar un poco y asegurar que todo está bien.
-Pero señora, usted no puede irse así sin más, es un pilar importante aquí en Vice City… ¿Qué dirían el resto de bandas? ¿Y qué hay de los repartos, y si algún proveedor se niega a entregar su mercancía si no es usted la que les da el visto bueno?
-Hernando, tranquilo…
-No, no puedo quedarme tranquilo, no cuando usted me dice que se va así sin más, sin nadie que la acompañe ni que la proteja…
-Hernando, comprendo tu nerviosismo, pero créeme, no pasará nada, será rápido, no me quedaré más de una semana, estaré de vuelta enseguida.
-Ya, vale, pero aun así me preocupa, señora, no es seguro salir así sin más, necesita un plan de protección, alguien tendría que acompañarla, también sería necesario coordinarse con alguien aquí, sería…
Antes de que el hombre pudiera decir nada más, Rarity le cortó de manera contundente y autoritaria.
-¡Hernando Vargas de la Llosa, le ordeno que se calme y me escuche!
Ante tan terminante e imperativa orden el aludido se quedó callado, mirando atentamente a su jefa sin apenas pestañear. Justo después, Rarity se levantó, a lo que él la imitó, se puso a su lado y entonces le habló.
-Hernando, eres mi segundo al mando y mi hombre de mayor confianza, uno de los más leales que tengo y, con toda seguridad, el hombre más dedicado y constante que conozco. Hasta ahora nunca me has fallado, siempre has estado ahí para mí y siempre has mirado por mi bien, cosa que nunca podré agradecerte lo suficiente. Es por eso que sé que podrás estar al mando durante mi ausencia, sin necesidad de que yo esté ahí para guiarte o decirte lo que tienes que hacer. Porque sé que eres más que capaz de hacerlo. Porque confío en ti.
Ante esas palabras Hernando no pudo evitar sentirse emocionado, sintiendo un nudo en la garganta que apenas le dejaba hablar y mirándola con los ojos vidriosos. No hubo falta que le dijera nada más, por lo que él masculló con voz tomada.
-No la defraudaré, señora.
-Gracias Hernando, sé que no lo harás-murmuró ella, sonriéndole.
El hombre se quedó ahí, de pie junto con su orgullo y reprimiendo sus sentimientos. Sin embargo Rarity cogió y le dio un abrazo, cosa que sorprendió en principio a Hernando, aunque al final acabó aceptando el gesto con mucho aprecio.
Una vez que estuvo todo hablado Rarity estuvo buscando unos billetes que estuvieran en oferta para irse mañana, así como un hotel en el que alojarse durante su estancia en Los Santos. Afuera el sol comenzaba a teñir la bahía de Vice City de un color anaranjado brillante.
De igual forma el sol poniéndose tras el horizonte pintaba las frías aguas del océano pacifico, las cuales bañaban las orillas del este de San Andreas, junto al monte Gordo. Aunque para Fluttershy la vida parecía haber dado un giro de ciento ochenta grados, sobre todo ahora que Tree Hugger había vuelto a ella después de tanto tiempo. Mañana mismo habían quedado de nuevo, aunque esta vez sería ella la que acompañaría a Tree Hugger en su estancia en el desierto, para enseñárselo en todo su esplendor. Para ella el desierto no era su fuerte, aunque sólo por estar con ella sería capaz de soportar lo que fuera.
-Oh, Ángel, si supieras lo emocionada que estoy, tendré que ir yo, eso sí, pero estoy segura de que será un gran día…
Cuando tenía algo de lo que hablar, Ángel siempre era su mejor interlocutor, sobre todo cuando le cepillaba la cola, ya que se quedaba del todo quieto y podía contarle lo que fuera. Su gato también era otra opción, aunque en esos momentos se encontraba echando una de sus tantas siestas y no quería despertarlo.
-No sé qué haremos exactamente, pero supongo que daremos un paseo por el desierto, me dijo que me llevaría a ver el parque nacional de Señora, y luego iríamos a…
Fluttershy hubiera continuado de no ser porque oyó el sonido de un motor acercándose hasta su casa; echó un rápido vistazo por el hueco de la puerta entreabierta y entonces vio la figura de un coche parándose en el camino justo frente del porche. Un tanto extrañada debido a esto, aflojó por un breve momento la fuerza con la que sostenía a su conejo y este aprovechó la circunstancia para salir disparado de un salto, corriendo hacia afuera.
-¡Ah, no, espera Ángel, no te vayas!
Se levantó de golpe y fue tras él, saliendo afuera rápidamente, aunque en cuanto llegó al porche se encontró con que un hombre alto, calvo, de facciones rectas, gesto sobrio y vestido de negro se encontraba sosteniendo en sus brazos a Ángel, el cual le miraba con sus ojillos negros.
-Casi se escapa… por suerte he conseguido cogerlo a tiempo-comentó como quien no quiere la cosa.
Fluttershy, algo intimidada por la presencia de ese hombre, tardó un poco en responder, aunque finalmente llegó a murmurar.
-Gracias… aunque ¿Quién es usted y qué hace aquí?
Esta vez fue el hombre el que se quedó brevemente callado, como si estuviera escogiendo sus palabras para hablar y sosteniendo al conejo entre sus brazos.
-Estoy buscando a una chica de nombre Fluttershy… ¿la conoce?
-Sí, soy yo…
-Maravilloso… he venido a hablar de negocios con usted.
En cuanto escuchó la palabra negocios, las pupilas de Fluttershy se encogieron, mostrando por un breve instante un profundo y agudo miedo. Aunque, en un momento dado, la chica se repuso enseguida y contestó rápidamente.
-No sé de qué me habla…
-¿Ah, no? Qué raro, porque por lo que he podido llegar a averiguar sí que lo sabe… ¿ni siquiera piensa escuchar mi oferta?
-No… devuélvame a mi conejito y márchese, por favor-murmuró ella, con voz contundente.
Sin embargo el hombre no hizo nada de eso, sino que tan solo se limitó a sonreír con gesto sobrio y acariciando al conejo, el cual movía sus bigotes frenéticamente. En un momento dado comenzó a caminar en círculos, llegando a pensar en voz alta.
-Es extraño… siempre creí que los mejores siempre conservaban algo de sí mismos durante toda su vida. Estoy seguro de que usted, señorita Fluttershy, es una de esas personas que siempre están ahí. Y sin embargo, aquí está. Alejada de la sociedad, cual ermitaña, y con la sola compañía de unos meros y simples animales. Es un tanto triste…
Por un momento la chica no contestó, pero al final volvió a insistir.
-Márchese por favor…
-Pero si acabo de llegar…
-Me da igual, márchese y olvide que me ha visto…
-Me temo que eso no es posible, señorita Fluttershy… estoy aquí porque estoy buscando lo mejor de lo mejor. Y sé que usted es de esa clase de mejor.
-Ya no me dedico a eso-musitó ella, ocultando su mirada con su pelo.
-Sí, eso es lo que muchos siempre dicen. Yo soy un hombre de método, señorita Fluttershy, y siempre obtengo lo que quiero. Tan solo se lo estoy pidiendo amablemente, espero que usted me responda con la misma amabilidad.
-Y yo le estoy pidiendo amablemente que se marche…
-Y yo ya la he dicho que no puedo hacer eso. Amablemente, por supuesto.
Fluttershy se consideraba una persona tranquila y calmada, raramente se enfadaba y enervaba, aunque en ese momento ese hombre de aspecto extraño estaba consiguiendo lo que nunca antes nadie había conseguido.
-No se lo vuelvo a repetir. Me da igual lo que me tenga que decir, me da igual que esté buscando lo mejor, me da igual todo. Tan sólo márchese y déjeme en paz. Me retiré hace tiempo, búsquese a otra persona.
-Y yo se lo vuelvo a repetir, me temo que no puedo hacer eso. Verá señorita Fluttershy, resulta que mi jefe quiere resultados rápidos y precisos, de esos que no dejan huella, y por lo que me han contado usted es rápida, precisa y, lo más importante, no deja huella. Es por eso por lo que mi jefe se ha fijado en usted, y quiere que usted, y sólo usted, haga este trabajo. Sólo será uno y no habrá ninguno más, tiene mi palabra.
-Me da igual…
-La pido amablemente que considere mi oferta…
-No…
-No puede decir que no hasta que no me haya escuchado…
-Me da igual, le he dicho que no, fuera…
-Pero…
-¡He dicho que no!
Ese abrupto grito fue tan repentino que resonó por la falda del monte, llegando a resonar incluso en la distancia; hasta la propia Fluttershy se sorprendió debido a esto, asustándose debido a la potencia con la que había gritado, algo impropio de ella. Ante esa situación el hombre sonrió lacónicamente, llegando a murmurar.
-Ah, sí, puedo verlo… esa rabia escondida, esa furia indomable… creo que puedo entender por qué se refugia aquí, en medio de la nada. Sin embargo nada es eterno, y por mucho que intente acallarlo siempre va a estar ahí. Tan solo necesita… un pequeño empujoncito… y es entonces cuando surge… esa voz dormida…
Fue entonces cuando las manos del hombre se cerraron sobre el cuello de Ángel, el cual seguía en los brazos del hombre, muy quieto; Fluttershy se dio cuenta enseguida de lo que pretendía, sin embargo, antes de que pudiera moverse o hacer nada, el hombre lo asió por el pescuezo con fuerza y lo dobló hacia abajo. Ese horrible sonido se dejó oír con tanta claridad que a Fluttershy le dio la sensación de que su corazón se había doblado de igual forma, sin poder decir ni hacer nada más salvo el contemplar el ahora cuerpo muerto de Ángel en brazos de ese monstruo, el cual murmuró.
-Que ahora se libera…
Con ese apunte lanzó dejadamente su cuerpo frente a ella, cayendo pesadamente al suelo; Fluttershy lo miró con expresión horrorizada, llegando a dejarse caer de rodillas ante él. Lo cogió en brazos, con manos temblorosas y ojos envueltos en lágrimas, llegando a musitar por lo bajo.
-Ángel…
Hubo un breve y denso momento de silencio en el cual Fluttershy trató de gritar, llorar, dejarlo escapar, pero sin embargo nada salió de su boca. Tan solo podía mirar a su conejito con esa misma expresión de terror dibujada en su cara, como si hubiera mirado a los ojos a la mismísima muerte. Por su parte el hombre dejó caer una foto junto a ella, pudiéndose ver en la misma a un hombre sonriente, de pelo blanquecino y facciones redondeadas.
-Ése es el objetivo, se llama Jock Cranley, y ha sido elegido recientemente como gobernador de San Andreas. Recibirá diez mil dólares por su trabajo y no la volveremos a requerir nunca más. Mañana por la tarde, a eso de las siete, dará un meeting en el patio trasero del ayuntamiento de Los Santos. Eso es todo lo que necesita saber.
Por un momento no hubo nada, sin embargo Fluttershy llegó a musitar, con un deje de furia en su voz.
-¿Y si me niego?
-Oh, bueno, en ese caso tendremos que hacerle una visita a esa encantadora hippie que vive en el desierto de Señora…
Fue en ese mismo instante cuando la expresión de Fluttershy cambió a una de puro miedo, mirando al hombre con gesto suplicante y sin tener que decirle nada. Este, de igual forma, no se molestó en decirla nada más, acercándola la foto con el pie en un gesto cortante y finiquitador. Sin decir nada más el hombre regresó a su coche y se marchó por donde había venido, dejando a Fluttershy hincada en el suelo y mirando en dirección hacia donde el coche se había ido, con un gesto en blanco dibujado en su cara.
Finalmente no pudo más y dejó escapar un agudo grito, tomando en brazos a Ángel y abrazándolo con todas sus fuerzas, al tiempo que comenzaba a sollozar incontrolablemente. Entre lloros y estertores de pura pena, llegó a musitar.
-Lo siento… lo siento, Ángel, lo siento… perdóname…
Su lamento resonó por todo el monte Gordo, al tiempo que el sol terminaba de ocultarse bajo el pacífico.
De igual forma, en Liberty City los últimos rayos de luz del sol se escondían más allá del estado de Liberty, al tiempo que la ciudad comenzaba a iluminarse. Por parte de Pinkie hacía tiempo que ya había decidido. No había sido fácil para ella, había estado sopesando tanto los pros como los contras, teniendo en cuenta multitud de factores, y ahora estaba del todo segura.
-Mamá, papá… lo he estado pensando mucho y… sí, iré allí.
-Oh, cariño, eso es estupendo… sé que no habrá sido fácil para ti, pero estoy segura de que a la larga te hará mucho bien.
-Sí, lo sé, aunque lo malo es que tengo algunas cosillas pendientes aquí y me da cosa cancelarlas…
-No te preocupes por eso, cariño, yo me encargaré de todo en tu ausencia.
-¿De veras? ¿Crees que podrás con todo?
-Sí, seguro que sí, además, me servirá para distraerme un poco…
Ante eso Pinkie abrazó con fuerza a su madre, al tiempo que decía.
-Gracias mami…
-Oh, lo que sea por ti, cariño… te mereces lo mejor. Hablaré con mi amiga para avisarla que irás mañana ¿vale?
Pinkie tan solo asintió con la cabeza, sonriendo levemente.
-Yo me encargaré del billete de avión-comentó en ese momento su padre.
-Será mejor que vayas haciendo la maleta, eso sí.
-Vale.
Pinkie regresó a su habitación, comenzando a sacar toda la ropa que se llevaría para ir guardándola. La promesa de un nuevo trabajo y la posibilidad de aprender mucho más la alentaba a irse, aunque lo que más la animaba a dar el paso era que podría volver a ver a su hermana Maud, a la cual tenía intención de dar una gran sorpresa. Debido a esto hizo la maleta con más ganas que nunca, deseando que llegase mañana. Afuera Liberty City se encontraba más despierta que nunca.
La noche cayó sobre San Andreas como un manto denso y pesado, sobre todo para una familia que, en esos momentos, se encontraba destrozada. Había sido un día muy largo y muy duro, tanto Applejack como Big Mac habían pasado la mayor parte del tiempo en el centro médico de Sandy Shores, donde habían llevado el cadáver de su abuela y donde se la había notificado como fallecida, además de hacerla la consiguiente autopsia, revelándose que había muerto por un ataque cardíaco. El resto de la familia había estado de aquí para allá, entre casa y el centro médico, recibiendo multitud de llamadas durante todo el día de otros miembros y conocidos que se habían enterado de la funesta noticia. En esos duros momentos toda la familia Apple estaba de luto, y eso se notaba desde el primer momento.
Aunque para entonces ninguno de los miembros no sabía qué podía ser peor; si la muerte de la gran matriarca de la familia o la pérdida de toda su cosecha. Aun a pesar de la fumigación la carpocapsa había atacado durante la otra noche y se había cebado con la mayor parte de sus manzanas, dejándolas completamente inservibles. Debido a esto se enfrentaban de nuevo a otra etapa de declive económico que llegaba sin duda alguna en el peor momento de sus vidas.
También habían llamado a un notario para que les ayudase a la lectura de las últimas voluntades de Granny Smith, aunque para eso faltaba un detalle que era fundamental.
-No sé si en algún momento su abuela le dijo si había hecho testamento o no, el caso es que necesito el documento en sí para poder certificar el reparto de posesiones y garantizar la herencia familiar…
-No… no sé, la verdad es que nunca hablamos de eso, igual sí escribió algo, lo tendría que mirar…
-En tal caso podemos esperar un poco antes del entierro, si encuentra algo hágamelo saber. En caso de que no hubiera nada habría que hacer una declaración de herederos ante el juez, y eso llevaría más tiempo.
-Vale, no se preocupe, en cuanto llegue a casa lo buscaré…
-Muy bien, pues en ese caso estamos en contacto. Ah, y la acompaño en el sentimiento.
-Gracias…
El notario se fue del centro médico, al mismo tiempo que llegaba una llamada al móvil de Applejack.
-¿Sí?
-Hola Applejack, soy Fritter, te llamo para comentarte que Applebloom ya se ha dormido…
-Ah, vale, gracias Fritter, pero es que no he podido estar con ella en ningún momento…
-No te preocupes, prima, he estado hablando con ella, confortándola, y lo entiende perfectamente…
-Ya, pero aun así…
Por un momento hubo un breve pero densísimo silencio que cayó entre ellas como una losa pesada.
-¿Venís ya a casa?
-Sí, sólo queda terminar de arreglar el entierro para mañana, iremos enseguida.
-Vale, pues os esperamos.
-Muy bien, hasta ahora.
Applejack colgó y se quedó en el pasillo del centro, esperando a su hermano, el cual se presentó al cabo de unos pocos minutos.
-Bueno, pues ya está, acabo de hablar con la iglesia de Hill Valley, en Great Chaparral, ellos se encargarán del entierro mañana.
-Vale…
-¿Hablaste con el notario?
-Sí, tenemos que mirar a ver si la abuela había escrito testamento…
-En ese caso vámonos ya, hemos terminado del todo aquí.
Applejack se limitó a asentir mecánicamente con la cabeza y se dirigieron hacia la salida; su hermano mayor pasó un brazo por sus hombros y la acercó hacia él en un gesto reconfortador, al tiempo que ella se dejaba hacer sin decir nada.
En cuanto salieron del centro médico vieron una figura familiar cerca de allí, apoyada en una barandilla cercana; en cuanto les vio Trevor Phillips se dirigió a ellos con gesto sincero y murmuró.
-Me acabo de enterar, solamente venía a deciros que siento vuestra pérdida…
Los dos le miraron fijamente, sin saber muy bien si creerle o no, aunque finalmente Applejack murmuró de forma cortante.
-Gracias, Phillips. Ahora, si nos disculpas…
-Claro.
Trevor les despidió con rápido gesto y ellos se dirigieron a su minivan, aparcada allí cerca y regresando a Grapeseed. Big Mac condujo durante todo el trayecto mientras que Applejack miraba el nocturno paisaje que el desierto de Señora les ofrecía, con un gesto en blanco grabado en su cara. Nada más llegar el resto de la familia les recibieron con un gran abrazo grupal, sintiéndose sin embargo un poco vacío; todos se veían agotados, con restos de lágrimas en sus mejillas y los ojos enrojecidos. En un momento como ese Applejack trataba de reprimir sus sentimientos, pero no pudo por mucho que lo intentó y lloró en silencio, arropada por los suyos. En ningún momento nadie dijo nada, no era necesario, el propio ambiente hablaba por ellos.
Sin decir nada, uno por uno se fue retirando a sus respectivas habitaciones, pues nadie tenía hambre o ganas de cenar. Por su parte Applejack subió hasta la habitación de Applebloom, asomándose un momento y viendo que se encontraba dormida. Con precaución para no despertarla se acercó a ella y pasó una mano por su cabeza, en un gesto lleno de cariño. En sus mejillas y en las rendijas de sus ojos aún quedaban algunos restos de lágrimas, evidenciando que había estado llorando. Eso no hizo más que hacer sentir un poco peor a Applejack, la cual susurró.
-Lo siento, Applebloom… no he podido estar ahí contigo cuando más me necesitabas… ojalá puedas perdonarme…
Tras eso le dio un suave beso en la frente y se retiró de la habitación, dirigiéndose esta vez a la de su abuela. Ver su cama vacía la dio una sensación extraña en la boca del estómago, pero aun así hizo de tripas corazón y estuvo buscando algo que se pareciera a un testamento entre las cosas de su abuela. Se sintió fatal por el solo hecho de hacerlo, puesto que nunca revolvía las cosas de su abuela sin su permiso, pero en ese momento necesitaba encontrar lo que estaba buscando. Miró en su cómoda, luego en el tocador y después en el amplio armario, pero no encontró nada. Se dirigió entonces al único lugar que la quedaba y estuvo mirando en la mesita de noche, encontrando entonces algo en el cajón inferior, guardado en una vieja carpeta. Dentro había un desgastado y amarillento sobre, en el cual se encontraba una extensa carta en la que reconoció la letra de su abuela, comenzando a leerla al instante.
Querida Applejack
Si estás leyendo esto, eso significará que yo ya no estoy contigo. Para entonces habrá pasado mucho tiempo y yo seré ya muy vieja, tan vieja que la vida me habrá dicho basta y yo me habré rendido ante ella, como todo ser viviente de este mundo.
Antes de decirte nada, voy a pedirte algo: no estés triste. Yo ya he vivido mucho, la vida me ha enseñado de todo y yo te he enseñado y criado lo mejor que he podido. Si alguien te conoce mejor que nadie esa soy yo, Applejack, y estoy segura de que de cara a los demás tratarás de verte fuerte y madura, pero yo sabré bien, esté donde esté, que eso no será así. Por eso te pido que no dejes que la pena te envuelva y se lleve tu fuerte y trabajador espíritu. No llores por mí, Applejack, no hace falta.
Eso por un lado. Ahora, por parte de la herencia se refiere quiero que sepas que dejo en tu posesión absolutamente todo: nuestras tierras, todas nuestras posesiones, nuestra razón de ser y todo aquello que nos hace a los Apple tan especiales. Porque sabes tan bien como yo que lo más valioso que tenemos somos nosotros mismos, nuestra familia y nuestros valores. No olvides nunca eso, Applejack, estoy segura de que lo atesorarás muy bien. Aparte también tengo unos ahorrillos guardados en mi antigua cuenta bancaria que aún sigue vigente, te dejo todos los detalles aparte en este mismo sobre, ya sabes que nunca se me ha dado bien la parte técnica de estas cosas. Estos ahorros los he ido guardando a lo largo de toda una vida cultivando la tierra, y en caso de necesidad podréis disponer de ellos cuando sea preciso. Úsalos bien.
Por otro lado también quiero decirte que si hay algo que me hace sentir especialmente orgullosa esa eres tú, Applejack. Aún a pesar de todo tú siempre has estado ahí, saliendo adelante, con un fuerte ánimo y un espíritu muy especial. He visto cómo crecías y te hacías mayor, pasando de ser una adorable niña a una fuerte, madura e independiente mujer, capaz de todo por su familia. Sólo por eso ya estoy orgullosa de ti, Applejack, y me alegro ver que he hecho un buen trabajo educándote y enseñándote todo lo que debes saber. Y, pase lo que pase, suceda lo que suceda, nunca te rindas, sigue trabajando duro por ti y por tu familia. Porque sé que eso será lo primero que harás.
A partir de aquí ya vendría la despedida, pero ya sabes que yo nunca he sido muy de despedidas, así que considera esta parte como un párrafo más. Cuida de todos los demás, especialmente de la pequeña Applebloom, y dila de mi parte que su abuela la quiere. Y dile a Big Mac de mi parte que hable un poco más, a ver si así se echa una novia. Y por mi parte hacia ti, ya lo sabes.
Te quiero y te querré siempre, tu abuela.
Granny Smith
Una vez que terminó Applejack estrechó la carta contra su pecho, sin poder evitar llorar como nunca antes lo había hecho. No quiso montar un escándalo para no despertar a los demás, por lo que lo hizo en silencio, mordiéndose la lengua, y dejando escapar todo lo que sentía.
-Yo también te quiero, abuela…
Dos lágrimas resbalaron por sus mejillas y cayeron sobre el papel, mojándolo levemente. Afuera la noche era más cerrada que nunca.
Vale, y justo aquí empieza el grueso de la historia. Lo cierto es que hay algunas cosas cambiadas, por ejemplo la situación de Rarity, que es muy distinta a como cuando la concebí por primera vez, pero esta vez preferí optar por otro acercamiento para con ella que me puede dar mucho más juego. Ahora todas se dirigen hacia Los Santos, aunque no se encontraran inmediatamente después, primero tendrán varios encontronazos fugaces para finalmente concretarse en un solo momento que las haga conocerse a todas por primera vez, pero ya os digo que a partir de aquí la historia se agilizará y se concretará mucho más. Aunque me centraré mayoritariamente en San Andreas como escenario, el resto de ciudades seguirán estando muy presentes, así que si por un casual os ha gustado alguna en concreto no os preocupéis que no me olvido de ninguna. En cuanto a detalles técnicos se refiere no hay muchos que destacar, si eso comentar que la banda de moteros The Lost están basados en los Outlaws. Y por aclarar un poco, los que atacaron a Rainbow y Thunderlane estando en Holanda Norte son unos matones de la mafia albanesa, una banda menor con poca presencia en esa parte de la ciudad. Y eso es todo, comentad, dejad reviews y todo eso. ¡Nos leemos!
