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Capítulo 13: Semi (¿final?)

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El cielo brillaba iluminado por una infinidad de estrellas, las cuales, junto al fulgor de la luna, teñían de un tenue brillo plateado el océano. La playa, con su suave arena dorada, lucía silenciosa y tranquila a aquellas horas de la noche, sin ninguna otra persona aparte de ellos dos en las cercanías.

Gohan y Videl caminaban uno junto al otro en la orilla, con la fría agua de mar besándoles los pies. Detrás de ellos, a lo lejos, el horizonte brillaba con las incesantes luces de la ciudad, pero allí la visibilidad se reducía a lo que la luna y las estrellas les ofrecían desde el cielo, creando una atmósfera agradable y relajada. Dado el contexto, sus ropas no parecieran las más adecuadas. Videl lucía un bello vestido azul sin mangas, largo hasta la rodilla, que dejaba al descubierto sus hombros blancos y delicados. Se había sacado los zapatos de tacón para poder andar tranquilamente por la playa, llevándolos recogidos en una mano a la altura del hombro. Gohan, por su parte, vestía una elegante camisa negra, a juego con los pantalones del mismo color. Hacía rato ya que ambos habían cenado en el centro de la isla, en uno de los más finos restaurantes disponibles, y ahora se encontraban a solas en la playa, caminando bajo la luz de la luna. Aquel bien podría ser el ideal de cita romántica que cualquier pareja desearía. Sin embargo… algo había impedido a Gohan relajarse en toda la noche.

"Tao Pai Pai" pensó el joven, perdiendo su mirada en el horizonte, donde el negro azulado del firmamento se fundía con el negro azulado del océano.

— ¿Qué pasa, Gohan?—preguntó Videl de repente—. Te he notado distraído esta noche.

Gohan la observó de soslayo, notando un leve dejo de tristeza en sus ojos azules. Videl tenía más de una razón para exponer sus dudas. Había intentado durante toda la noche apartar los oscuros pensamientos en su mente, centrándose en la velada que él mismo había organizado. Pero no había tenido mucho éxito. Los recuerdos de lo que había sucedido en el anterior torneo de las artes marciales, cuando Videl había enfrentado a Spopovich, se negaban a salir de su cabeza. Él jamás se lo había dicho (¿cómo podría hacerlo?), pero el recuerdo de aquellos pavorosos minutos en la plataforma, en los que hizo frente a ese animal, había dejado una marca en lo más profundo de sus ser. Y ahora temía… temía porque sabía que Videl jamás renunciaría a la pelea, y porque un oponente igual de terrible la aguardaba en semifinales, un oponente que había dejado internados en el hospital a sus dos anteriores adversarios.

Él no podría soportar verla de nuevo en una situación como aquella, no podría soportar verla sufrir de ese modo otra vez. No, no podía permitirlo de ninguna manera. ¡No dejaría que volvieran a lastimarla! Pero… ¿cómo decírselo? ¿Cómo advertirle sin herir su gran orgullo de luchadora, esa pasión que tanto la caracterizaba y definía?

— ¿Acaso…te aburres?—continuó Videl en tono apagado, sin duda malinterpretando su prolongado silencio.

Gohan negó con la cabeza, dedicándole una débil sonrisa, la máxima que fue capaz de esbozar en ese momento.

—Por favor no digas eso, Videl. Sabes que no es así…

La chica desvió la vista hacia la arena, impávida. La tristeza, sin embargo, no abandonó sus ojos en ningún momento.

—Entonces… ¿qué sucede?

El joven suspiró largamente, alzando la mirada hacia el cielo repleto de estrellas. Videl no tenía modo de saber por qué estaba tan preocupado. Ella no tenía la más remota idea de a quién enfrentaría en su siguiente combate. Pero no podía dejar las cosas así. No podía verla así. Debía explicárselo.

—Videl…—susurró en voz baja, pensando cuidadosamente lo que iba a decir—.Tu rival en las semifinales…él…

La chica alzó una mano, sin llegar a mirarlo a los ojos.

—No quiero saber con quién pelearé en la próxima ronda. Ya lo sabes. Confío en mis habilidades.

—Lo sé…pero este oponente no es uno cualquiera. Sé quién es, y créeme que se trata de alguien muy peligroso.

Videl lo observó fijamente por primera vez.

—Me he vuelto mucho más fuerte. ¿Acaso no confías en mí?

—No es eso, claro que confío en ti, y sé muy bien cuanto has mejorado. Pero… —Gohan le devolvió la mirada con pesar—. Este rival está fuera de tu alcance.

La muchacha volvió la vista hacia el océano. Gohan notó confundido que su expresión ya no era de tristeza, ni de orgullo. No sabía de qué era. De repente, Videl se había vuelto indescifrable a sus ojos.

— ¿Qué sugieres entonces?—dijo en voz baja—. ¿Qué me dé por vencida? ¿Qué me humille a mí misma como hice esa vez?

Gohan alzó ambas cejas, sorprendido. Cómo esa vez… La imagen de aquel maldito animal masacrándola acudió a su mente como un relámpago, estrujándole el corazón. Sin pensarlo un segundo, Gohan detuvo bruscamente sus pasos sobre la arena, sujetando a su compañera por el brazo. Videl lo observó fijamente, sin variar aquella indescifrable expresión.

— ¿Humillarte? ¿Humillarte dices? Ese día peleaste con todas tus fuerzas, dando lo mejor de ti hasta el final. No hay nada de humillante en eso. ¡Luchaste con honor!— Gohan hizo una breve pausa, soltando un suspiro cargado de emoción—. Dime… ¿alguna vez te preguntaste lo que yo sentí al ver como ese maldito te torturaba sin piedad?

Ella negó con la cabeza. No dijo nada. Gohan subió lentamente la mano con la que sujetaba su brazo, acariciando con suavidad la piel hasta llegar a su hombro.

—Ese día sentí cosas que no quisiera volver a sentir jamás… Ira, desesperación...miedo.

— ¿Miedo?—susurró ella, sosteniéndole la mirada.

Él asintió, bajando la vista hacia el suelo.

—Al final ya no fui capaz de soportarlo. Me transformé allí mismo, sin importar que todo el mundo me viera. Corrí hacia ti lleno de ira, de desesperación, de miedo… Miedo a perderte allí, sin poder hacer nada por evitarlo, sin poder hacer nada por protegerte.

Videl no dijo nada. Continuó observándolo con los ojos muy abiertos, brillantes como dos perfectos zafiros azules. Casi sin darse cuenta, ella elevó lentamente una mano, apoyándola sobre los dedos que Gohan presionaba contra su hombro.

—No puedo dejar que eso pase otra vez…—continuó el joven— No, Videl… ¡No lo permitiré!

—Gohan…

—Pero…también sé que no puedo impedirte competir en la próxima ronda. Sería un insulto a todo el esfuerzo que has hecho, tanto para entrenarte como para llegar hasta aquí. Por eso es que me has visto así esta noche. Tú rival…tú no lo conoces, Videl. Estoy preocupado, muy preocupado por lo que pueda pasar mañana en la plataforma. Y no sé qué hacer…en verdad no lo sé…

Videl no contestó de inmediato. Permaneció en silencio durante unos instantes, sin dejar de observarlo fijamente. Gohan no le devolvió la mirada, pues sus ojos se negaron a despegarse de la arena. Quería protegerla, a toda costa, pero no podía impedirle participar, no podía impedirle alcanzar su viejo sueño, no a la Videl que él tanto admiraba. No podía. Solo cuando una cálida mano se apoyó sobre su mejilla, acariciándola suavemente, se sintió capaz de alzar la mirada.

—Gohan… —susurró ella, mirándolo con una de las sonrisas más hermosas que jamás le había visto—. No sabes lo mucho que significan para mí tus palabras... Y créeme que te entiendo, pues fue lo mismo que yo sentí cuando todos pensaron que habías muerto en manos de Buu. —Videl amplió aún más su sonrisa, con el rubor comenzando a teñir levemente su rostro—. Y te agradezco desde el fondo de mi corazón que entiendas y respetes mi deseo de pelear mañana. Me conoces, me conoces mejor que nadie, y sabes que no puedo rendirme sin haberlo intentado, sin haber dado lo mejor de mí antes. Pelearé, pero te prometo que no dejaré que vuelvas a sentir miedo otra vez. Yo ganaré. Tú solo…confía en mí.

Gohan la miró directo a los ojos, con sus labios fruncidos en una línea recta. Le encantaban las sinceras palabras de Videl, le fascinaba el contacto de sus cálidos dedos al acariciar su mejilla, lo embriagaba el suave perfume que emanaba de su cuerpo, tan cercano al de él. Y confiaba en ella, claro que confiaba. Pero Videl no sabía a quién le había tocado enfrentar.

—Sé que pelearás, no puedo evitarlo—dijo muy lentamente—. Pero quiero que me prometas algo.

— ¿Qué cosa?

—Que no dejarás que ese sujeto te lastime. Quiero que me prometas que renunciarás a la pelea si ves que no puedes vencerlo. No podré controlarme si vuelvo a presenciar algo como lo del torneo anterior. No podré… No lo haré. No dejaré que te lastimen.

—Gohan…yo…

—Prométemelo.

Videl suspiró, sonriendo tenuemente.

—Te lo prometo.

Recién entonces él fue capaz de sonreír también, asintiendo con la cabeza a las últimas palabras que se dijeron allí. Al instante echaron a caminar a través de la arena húmeda de la orilla, atrayéndola hacia él con el brazo. No hubo más necesidad de palabras después de eso. Videl se dejó abrazar, apoyando suevamente la cabeza sobre el pecho de Gohan, recorriendo en silencio, pero en paz, la gran playa bañada por la luz de la luna.

Pero él sabía que aquello aún no terminaba.

Antes de que el sol saliera había algo más que debía hacer.

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Desde la azotea del enorme hotel la isla podía contemplarse casi en su totalidad. Hacia el centro, las luces de la ciudad brillaban incansables, convirtiéndose en un aglomerado conjunto de puntos de luz amarilla, como miles de luciérnagas amontonadas en la oscuridad. El horizonte, en cambio, estaba flanqueado en toda su extensión por el vasto océano, una línea oscura que apenas se diferenciaba del lienzo negro-azulado del firmamento. Faltaba poco más de una hora para el amanecer de un nuevo día, el cuarto desde el inicio del Gran Torneo de las Artes Marciales, aunque el cielo repleto de estrellas no daba muestras de ello aún.

Sentado en posición de loto en el borde de la azotea, con ambas manos entrelazadas a la altura del regazo, Tao Pai Pai parecía meditar profundamente. Como era de esperarse, había vencido con facilidad a su oponente en los cuartos de final, convirtiéndose en el siguiente rival de Videl en las semifinales. A pesar de que los visores de sus ojos estaban cerrados, sumamente concentrado en su meditación, pudo notar fácilmente la presencia a sus espaldas.

— ¿Quién eres y qué quieres?—preguntó tranquilamente, sin moverse en lo más mínimo.

Los pasos sonaron con claridad sobre el concreto, deteniéndose a solo unos pocos metros de distancia. Gohan, aún vestido con su camisa y su pantalón negro, observó seriamente al hombre de espaldas a él, sentado en el borde del edificio.

—Tao Pai Pai, el mercenario y asesino más certero del mundo. ¿Qué hace alguien como tú en este torneo? ¿A quién has venido a eliminar?

El aludido observó por encima del hombro por primera vez, poniéndose de pie lentamente. Con ambas manos cruzadas detrás de la cintura, caminó lentamente hacia el centro de la azotea, deteniéndose a unos cuantos metros del joven.

—Mis asuntos no son de tu incumbencia, muchachito, sea quien seas—dijo con desdén—. Lárgate de aquí si no quieres salir las…

Tao Pai Pai detuvo repentinamente sus palabras; no pudo evitar hacerlo, pues el joven delante de él desapareció de su vista como si se hubiera desmaterializado en el mismísimo aire. Algo en su interior le dijo que eso no era así. En realidad no había desaparecido, simplemente se había movido, pero a una velocidad tan impresionante que su mente no llegaba siquiera a concebirlo. Solo cuando notó el dedo apoyándose en su nuca comprendió que, en efecto, había sido así. El asesino se quedó absolutamente quieto, sintiendo la presencia del joven a sus espaldas, con su dedo índice presionando con fuerza contra la parte posterior de su cabeza. No podía creerlo…

Reaccionando con la velocidad de un relámpago, Tao Pai Pai se dio vuelta, arrojando un golpe de puño que podría haber matado a un hombre normal sin ningún problema. Fue como golpear un muro de hierro. Gohan detuvo fácilmente el puñetazo con la palma de su mano, ejerciendo tanta presión que el mercenario cayó de rodillas al suelo, adolorido, intentando liberarse del agarre de acero del muchacho. Con un gesto despectivo, Gohan lo soltó, arrojándolo hacia atrás. Tao Pai Pai lo observó atentamente de cuclillas en el suelo, sujetándose la mano con la que había intentado golpearlo.

— ¿Quién rayos eres tú?

— ¿De verdad necesitas preguntarlo? Supuse que un hombre tan bien entrenado como tú nunca olvidaría un rostro.

— ¡¿Quién eres?!

—Hace casi ocho años nos encontramos, tú y yo, cuando trabajabas para el desgraciado aquel que engañaba a la gente con falsas promesas de protección. Aquella vez te negaste a pelear conmigo al darte cuenta de quién era en realidad. ¿Me recuerdas ahora?

Tao retrocedió un paso con cautela, observando fijamente a su interlocutor.

—Tú eres…el hijo de Son Goku…

—Exacto—contestó Gohan en tono amenazador—. Y ahora sabes muy bien de lo que soy capaz. Así que más te vale que prestes atención a lo que voy a decirte.

El asesino guardó silencio, parándose recto con ambas manos detrás de la cintura. Sonrió levemente, sin dejar de observarlo directo a los ojos.

—Recuerdo que tu cabello era de otro color en aquella ocasión, pero sin duda eres la misma persona. Tu ki no miente… Bien, contestaré tu pregunta entonces. No estoy aquí para matar a nadie.

Gohan lo observó con desconfianza.

— Ah, ¿no?

—No. A decir verdad no he tenido muchos trabajos últimamente. —Sonrió—. Así que pensé que participar en este torneo sería una forma rápida y sencilla de ganar algo de dinero.

—Así que todo es por el dinero, ¿eh?

— ¿Tiene algo de malo? He vencido justamente a todos mis oponentes hasta ahora. Merezco ganar.

—Tus últimos dos rivales están internados gravemente en el hospital, cuando desde un principio no tenían chance alguna de vencerte. ¿A eso llamas una victoria justa?

Tao Pai Pai ensanchó su sonrisa, extendiendo una mano hacia él.

—No es mi culpa que fueran más débiles que yo.

—No…pero sí es tu culpa abusar de esa superioridad—replicó el joven en tono cortante—. Pero en fin, no estoy aquí para hablar de tus anteriores peleas, ni tampoco para juzgar por qué estás participando en este torneo.

Tao volvió a adoptar una actitud cautelosa.

— ¿Qué es lo que quieres entonces?

— ¿Sabes quién será tu oponente en las semifinales?

—La hija de Mr. Satán—respondió el asesino con desconfianza—. ¿Qué hay con ella?

Gohan avanzó lentamente unos pasos hacia él. Al hacerlo, elevó en forma considerable su ki, generando leves descargas eléctricas alrededor de su cuerpo. Tao volvió a retroceder, impresionando por el increíble poder que emanaba de aquel muchacho.

—Quiero proponerte algo, Tao Pai Pai.

—Te escucho…

—Quiero que pelees limpiamente contra Videl mañana.

— ¿Limpiamente?

—Sí, quiero que tengas un combate justo con ella… Ni siquiera pienses en lastimarla innecesariamente, o en hacerle sufrir tu superioridad. No se te ocurra hacer lo que hiciste con tus anteriores adversarios.

— ¿Me estás pidiendo que la deje ganar?—replicó Tao, intentando contener la ira en su voz—. ¡Soy un guerrero! ¡Yo…!

— ¡Silencio!—lo interrumpió Gohan, liberando aún más ki que antes—. No finjas poseer honor, maldito asesino. Y no, no te estoy pidiendo que te dejes vencer, sería un insulto al orgullo y a la determinación de Videl. Quiero que la enfrentes dando lo mejor de ti…pero sin violencia innecesaria, sin sadismo. ¿Tengo tu palabra?

El mercenario volvió a retroceder un paso, sonriendo nerviosamente.

— ¿Y qué si me niego?

Gohan lo observó con una mirada que podría haber congelado el mismísimo infierno, permitiendo que la presión de su ki agrietara el suelo bajo sus pies. Tao se quedó literalmente sin palabras al percibir aquel descomunal poder.

—Si no haces lo que te digo, si te atreves hacerla sufrir cruelmente, entonces te mataré del modo más lento y doloroso que te puedas imaginar. —La voz de Gohan sonó tan fría y cortante como una daga de hielo—. Lo preguntaré por última vez. ¿Tengo tu palabra, Tao Pai Pai?

Tao sonrió tenuemente, volviendo a pararse en su solemne y habitual pose.

—Tienes mi palabra…hijo de Son Goku.

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Gran Torneo de las Artes Marciales, día 4:

Videl ajustó firmemente su cinta de karate azul, a juego con las muñequeras y el gi al estilo Son. Delante de ella, a tan solo unos metros de distancia, su oponente la observaba con ambas manos cruzadas detrás de la cintura. Su nombre era Tao Pai Pai, y era un sujeto de lo más extraño. Vestía pantalones negros y una elegante túnica china de un azul claro, con un gran kanji en el pecho, símbolo de la palabra"matar". Sus cabellos eran largos y negros, prolijamente atados en una trenza que le colgaba por la espalda. Lo extraño en él eran sus manos…y su rostro. Tanto sus dedos como la parte superior de su cabeza parecían hechos de metal, con dos grandes gafas rojas en lugar de ojos, todo lo cual le daba una bizarra apariencia de cyborg.

"Gohan en verdad estaba preocupado anoche" se dijo a sí misma, observando de soslayo hacia el edificio de espera. El joven Son observaba atentamente a su adversario con una muy seria expresión en el rostro, algo poco habitual en él. Gohan le había advertido que aquel sujeto era peligroso, y no solo eso…también le había dicho que era alguien que se encontraba fuera de su alcance.

Videl no iba a negar que aquellas palabras, proviniendo de alguien como Gohan, la habían preocupado. Pero…no podía simplemente renunciar luego de haber llegado tan lejos. Estaba a solo un paso de alcanzar la final de la competencia que la había obsesionado durante la mayor parte de su vida, aún a sabiendas del poder que poseían los verdaderos salvadores de la tierra. Su honor, su orgullo, su temple…todo aquello que la había definido desde que tenía uso de razón estaba en juego. No iba a permitir que lo que había sucedido contra Spopovich se repitiera. No lo permitiría…

No otra vez.

¡Pondría su alma en el combate!

— ¡Damas y caballeros!—exclamó el anunciador, de pie a un lado de la plataforma—. ¡Luego de muchas e intensas batallas, damos inicio a la primera semifinal!

Videl ni siquiera escuchó los gritos y los aplausos del público. Todos sus sentidos estaban enfocados en el hombre delante de ella, exprimiendo al máximo su nueva y mejorada percepción. Sin embargo…no podía sentir absolutamente nada en él. Aquello la alertó. Hasta ese momento, había sido capaz de percibir el ki de cada uno de sus oponentes, aunque de un modo bastante difuso. Que no pudiera sentir la energía de aquel sujeto quería decir que éste tenía un control pleno sobre su ki, el suficiente como para ocultarlo por completo a los demás, tal como Gohan y sus amigos podían hacer.

—La señorita Videl libró dos maravillosos combates para llegar hasta aquí, derrotando a los participantes Killa y Jewel en octavos y cuartos de final—continuó el anunciador—. Del otro lado, luego de muchos años, el señor Tao Pai Pai ha regresado al torneo, siendo el participante que más rápidamente ha concluido cada uno de sus enfrentamientos hasta ahora. Hoy ambos se encuentran para decidir quién avanzará a la gran final… ¡Démosle un gran aplauso a estos dos excelentes luchadores!

Nuevamente, la muchacha prácticamente no oyó el clamor del estadio, que estaba lleno en su máxima capacidad. El anunciador no había mentido. Había visto el resumen del anterior combate de Tao Pai Pai en las noticias. Había vencido a Caroni, uno de los mejores alumnos de su padre, en menos de un minuto, dándole una velocísima serie de golpes que apenas había llegado a ver. Pero aun así se había dado cuenta de la forma en que lo había atacado. Los golpes de ese sujeto iban siempre dirigidos a los puntos más vulnerables del cuerpo. Era como si cada uno de sus ataques llevara la clara intención de asesinar a su oponente… Gohan no había bromeado al decirle que era peligroso. Debía ir con todo desde el principio o lo lamentaría.

— ¡Que dé inicio la primera semifinal del Gran Torneo de las Artes Marciales! Participantes… ¡pueden comenzar!

Videl se colocó en una fiera pose defensiva, a diferencia de su adversario, que permaneció tranquilamente de pie con ambas manos detrás de la cintura. Frunciendo el ceño ante su actitud tan relajada, se arrojó sobre él a toda velocidad, no corriendo, sino desplazándose a través del aire a tan solo unos centímetros del suelo. La perfecta patada que arrojó hacia su rival fue eludida con una facilidad pasmosa. Sin siquiera variar su relajada postura, Tao Pai Pai esquivó su golpe dando un simple paso al costado. Asombrada, Videl observó cómo sus puñetazos y patadas eran evitados sin ningún tipo de esfuerzo. Tao Pai Pai movía sus pies tan prolijamente que parecía ejecutar una especie de danza, haciéndose a un lado un segundo antes de que cada golpe impactara. Estaba jugando con ella.

Enfurecida, Videl lanzó un puñetazo ascendente directo al rostro, el cual fue eludido con un leve movimiento de cabeza; no obstante, en forma casi simultánea, también arrojó una veloz patada hacia la zona abdominal, segura de tenerlo esta vez. Abrió inmensamente los ojos, incrédula, cuando Tao Pai Pai bloqueó su ataque solo con la punta de su dedo índice, conteniendo por completo toda la fuerza y la presión del impacto.

—Demasiado lenta—dijo en tono tranquilo, alzando hacia arriba el dedo con una fuerza imposible.

Videl salió despedida por los aires como si hubiera sido arrollada por un camión, cayendo de espaldas sobre la plataforma. Rodó por las baldosas a toda velocidad, apoyando la planta del pie en el suelo para impulsarse nuevamente sobre su oponente. No iba a permitir que la vacilara de esa manera. Sacando máximo partido a su velocidad, intentó una nueva combinación de golpes y patadas, reduciendo al mínimo la distancia entre ambos. No obstante, cada uno de sus ataques fue eludido con facilidad otra vez, con demasiada facilidad… La muchacha comenzó a sentirse como cuando intentaba golpear a Gohan en sus entrenamientos, algo sumamente alarmante.

Ese sujeto era demasiado rápido…se anticipaba a cada uno de sus movimientos con una facilidad increíble ¡Solo jugaba con ella! Cuando brincó en línea recta hacia arriba, ejecutando una perfecta patada giratoria, Tao Pai Pai pareció desmaterializarse ante sus ojos. Su pierna cortó el vacío, el espacio que medio segundo antes había ocupado su oponente. Ni siquiera vio el golpe que la alcanzó en el estómago un instante después, con una fuerza tan grande que no lo creyó posible.

Videl salió lanzada hacia atrás nuevamente, cayendo de espaldas en el borde de la plataforma. Durante unos segundos no fue capaz de hacer nada más que permanecer tendida en el suelo, experimentando un agudísimo dolor en el abdomen. Se dobló en agonía cuando intentó incorporarse, apoyando la rodilla contra el suelo. Ese golpe había llevado una fuerza monstruosa…no recordaba que nadie jamás la hubiera golpeado con tanta potencia…

Videl escupió algo de sangre cuando finalmente logró ponerse de pie, limpiándose la barbilla con el dorso de la mano. Ahora sí que estaba enfurecida. Ese sujeto era todo lo que Gohan le había advertido, pero además no la estaba tomando en serio… ¡Seguía jugando con ella como si fuera una niña indefensa! Exhaló profundamente, cerrando los ojos. No podía dejar que la ira opacara su juicio en un momento como ese. Aún no había dado el cien por ciento… Atacaría tal como Gohan le había enseñado, utilizando al máximo su ki para incrementar su fuerza, sus reflejos y su velocidad. ¡No iba a hacérselo tan fácil!

A los ojos de cualquier persona común y corriente, Videl dio la impresión de desvanecerse en el mismísimo aire, reapareciendo un segundo después delante de un relajado Tao Pai Pai. Concentrando el flujo de energía en el extremo del puño, arrojó un golpe cargado de ki a una velocidad tres veces superior a la que había mostrado hasta entonces. Pero incluso eso no fue suficiente… Su adversario detuvo el golpe con la palma de su mano, como quien simplemente alza el brazo para espantar una mosca. Tamaña habilidad descolocó por completo a Videl, pero no estaba dispuesta a darse por vencida aún. ¡No se rendiría!

Su cuerpo volvió a "desmaterializarse" en el aire, reapareciendo detrás de Tao Pai Pai al instante siguiente. El asesino detuvo su patada cargada de energía interponiendo su antebrazo, sin siquiera darse vuelta, y lo mismo hizo con cada uno de los golpes de ki que intentó a continuación.

Aquello no podía ser posible…Videl se estaba moviendo a una velocidad que ni siquiera ella misma se consideraba capaz de alcanzar, agotando sus fuerzas debido a los poderosos golpes de ki que arrojaba, pero, incluso así, aquello no significaba absolutamente nada para su adversario.

Su último golpe fue detenido por Tao con un simple movimiento de muñeca, seguido por un contraataque con su otra mano en forma casi simultánea. La muchacha sintió el golpe de espada del mercenario en su costado izquierdo con una fuerza bestial, a tal punto que pudo notar el escalofriante crujido de sus costillas al romperse, y el indecible dolor castigando cada centímetro de su abdomen. Cayó de espaldas en el suelo como si fuera una muñeca desarticulada, y esta vez no fue capaz de incorporarse del todo. Trastabilló peligrosamente al intentarlo, doblando la rodilla debido al agudísimo dolor.

— ¿Ya has tenido suficiente?—preguntó tranquilamente Tao—. No puedes ganarme, niña. Ríndete ahora y terminemos con este lamentable espectáculo.

¿Rendirse? ¿Ella?

"Te lo prometo"

Las palabras, sus propias palabras, resonaron claramente en su cabeza. Era verdad, se lo había prometido a Gohan…le había dado su palabra. Le había dicho que se rendiría si no era capaz de derrotar a su oponente, pero…no podía. ¡No podía rendirse! ¡Aún podía seguir luchando!

—Jamás…jamás me rendiré—respondió con obstinación, levantándose con dificultad del suelo.

Tao pareció observar hacia un costado de la plataforma durante un segundo, hacia la entrada del edificio de espera donde Gohan observaba seriamente el combate. Videl también miró. El joven Son tenía la vista clavada en la plataforma, con ambos brazos tensamente ubicados a ambos lados de cuerpo. Sus manos estaban empuñadas, y su seria expresión, una que Videl pocas veces recordaba haberle visto, era indescifrable. Tao suspiró cansadamente, alzando un dedo metálico en su dirección.

—No me dejas más alternativas entonces, niña orgullosa. —La punta del dedo brilló con una intensa luz anaranjada, la cual se concentró en una diminuta esfera de energía—. ¡Dodonpa!

Videl sintió que una potente ola de calor la golpeaba de lleno en todo el cuerpo, arrojándola nuevamente de bruces contra el piso. ¿Qué demonios había sido eso? ¿Ese sujeto le había arrojado una ráfaga de ki? Ni siquiera había llegado a ver el destello que la golpeó… Asombrada, se percató de que aquel extraño ataque no la había lastimado de verdad, sino que, en cambio, le había adormecido todo el cuerpo. Incorporarse fue una tarea imposible. A duras penas logró arrodillarse sobre las baldosas, con sus extremidades tan entumecidas que apenas era capaz de sentirlas. Sus ropas humeaban ligeramente, al igual que sus cabellos. Ya no podía moverse… Los pasos acercándose hacia ella la obligaron a alzar la vista, topándose con su adversario de pie a menos de un metro de su posición. Estaba completamente a su merced…ya no podía hacer nada contra él… No podía vencerlo…

—La herida en tu abdomen te ha quitado toda posibilidad de moverte con rapidez—juzgó Tao Pai Pai—. Ya no estás en condiciones de seguir luchando, así que lo preguntaré una última vez. ¿Te rindes?

Videl no respondió. Sus ojos azules se nublaron, tornando borrosa su visión. Ya ni siquiera podía enfocar a su oponente.

"Esto es como cuando…como cuando…"

—Bien, pierde con honor entonces… ¡Dulces sueños, muchachita!

Casi en cámara lenta, Videl pudo notar como Tao Pai Pai alzaba una mano hacia ella, dispuesto a rematarla allí mismo.

"Esto es como cuando peleé contra Spopovich."

La misma desesperación, la misma impotencia, la misma humillación, el mismo temor… ¿Por qué…? ¿Por qué estaba ocurriendo eso otra vez? Toda su vida se había regido bajo el principio de ser la mejor en todo aquello que se propusiera, para terminar descubriendo que el mundo estaba repleto de personas infinitamente más fuertes que ella. Pero en aquel entonces no lo sabía…en aquel entonces, casi un año atrás, todavía se creía capaz de todo…y aun así Spopovich la había masacrado. Había sido débil, había sido incapaz, frágil, inútil… Justo como ahora. ¿Otra vez dejaría que su honor fuera pisoteado de ese modo? ¿Otra vez sería incapaz de imponerse a su propia debilidad?

El puño de Tao avanzaba hacia ella como si se moviera por debajo del agua. Allí, de rodillas en el suelo, con las costillas fracturadas, pudo ver el golpe de su oponente recorriendo cada centímetro que lo separaba de su rostro, en silencio, al igual que todo el estadio, que toda la gente que la rodeaba. ¿Otra vez? ¿Otra vez perdería de ese modo? ¿Otra vez se dejaría dominar por el miedo? La imagen de Gohan sosteniéndola entre sus brazos, con el rostro deformado por el dolor, la golpeó con crueldad. No otra vez…no otra vez… ¡No otra vez!

— ¡NO!

El mundo volvió a su cauce normal de un modo tan repentino como sorprendente. Los sonidos de todo el estadio, los lejanos e inconfundibles gritos de Gohan, la golpearon como si fueran un puño, a la par que su vista volvía a enfocarse nuevamente ¡Podía ver a su adversario!

Jamás supo cómo lo hizo, pero en ese momento Videl reaccionó con una velocidad que nunca sería capaz de volver a igualar. Se hizo a un lado de un salto, eludiendo apenas por milímetros el puñetazo de Tao Pai Pai, ganando el tiempo suficiente para concentrar absolutamente todo el ki de su ser… Tal como Gohan le había enseñado, tal como había hecho al despedazar las rocas en su duro entrenamiento, reunió una cantidad excesiva de energía en su pie derecho, conectando una poderosa patada directo en el estómago de su rival. Tao soltó un quejido de asombro y dolor, retrocediendo torpemente. Pero Videl aún no terminaba… Sacando fuerzas de donde ya no tenía, se abalanzó sobre él a toda velocidad, eludiendo la patada giratoria con la que el mercenario intentó contraatacar en pleno retroceso. La abertura generada fue suficiente para propinarle un segundo golpe cargado de ki al límite. El puño de Videl se hundió en el estómago de Tao Pai Pai con una fuerza descomunal, pudiendo sentir el tacto del metal resquebrajándose bajo sus nudillos.

Lo que sucedió a continuación le sería confuso durante el resto de su vida. Era consciente de que después de aquel último ataque cayó de rodillas al suelo, agotada y herida, pero todo lo que ocurrió después sería como intentar recordar un sueño. Creyó ver al terrible Tao Pai Pai incrustado contra el borde inferior de las gradas, cayendo lentamente sobre la hierba que rodeaba la plataforma. Le pareció escuchar al anunciador pronunciar su nombre, señalando hacia ella con una mano, pero no era capaz de asegurar ninguna de las dos cosas.

Sin embargo, había algo que sí recordaría… Cuando su cuerpo castigado se precipitó hacia el suelo, al borde de la inconsciencia, unos fuertes brazos la sujetaron en forma protectora, impidiéndole caer. El rostro de Gohan observándola con preocupación fue lo último que vio antes de quedar totalmente inconsciente.

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Un ventilador girando lentamente en el techo, intermitente, fue lo primero que vio al entreabrir los ojos. Todo era blanco allí, el techo, las paredes, el piso, las sabanas y la cama en la cual yacía. ¿Dónde diablos se encontraba? Eso se preguntaba una parte de ella, aunque la respuesta era bastante obvia.

— ¿La sala de emergencias del torneo?—murmuró en un susurro, sin dejar de observar el movimiento del ventilador. Se sentía tan cansada…

—Así es.

Videl abrió completamente los ojos, girando la cabeza hacia un lado.

—Gohan…

El joven estaba sentado a un lado de la cama, con los brazos cruzados sobre el pecho. Sonrió al verla, lo cual, inconscientemente, la hizo sentir un poco más tranquila.

— ¿Cuánto…cuánto tiempo llevo aquí?

Gohan señaló hacia la ventana con el pulgar. Era evidente que hacía un buen rato que había anochecido.

—Estuviste un par de horas inconsciente, por el dolor en tus costillas. —Dijo esto último con un extraño tono de voz, ensombreciendo ligeramente el semblante—. Nuestros padres y Bulma estuvieron aquí más temprano, también Sharpner y Erasa. Pero no debes preocuparte por nada.

Recién entonces Videl se percató del lacerante dolor en su costado izquierdo. Era cierto, su oponente, Tao Pai Pai, le había fracturado una par de costillas durante el combate. Esa era una herida que no le iba a permitir continuar peleando… ¿Cómo podía decirle que no se preocupase por nada? Sin embargo, no prestó demasiada atención a aquello, al menos no aún. Había otra cosa más importante que debía corroborar primero.

— ¿Yo…gané?

Gohan le sonrió cálidamente, asintiendo con la cabeza.

—Sí, Videl, tú ganaste. Eres la finalista del Gran Torneo de las Artes Marciales.

Videl enderezó la cabeza sobre la almohada, observando nuevamente hacia el ventilador en el techo. Había logrado vencer a aquel terrible sujeto… Aunque ni siquiera estaba segura de cómo lo había conseguido. Tao Pai Pai había demostrado una superioridad abrumadora en todo momento. La había tratado como a una niña indefensa, y con apenas tres golpes había logrado dejarla en aquel lamentable estado. No había tenido ninguna oportunidad contra él en toda la pelea. ¿Cómo lo había logrado?

Gohan pareció interpretar correctamente su silencio, recordándole el instante crucial del combate.

—En el último momento reaccionaste de un modo explosivo, Videl—explicó con una tenue sonrisa—. Creo que, al verte presionada al límite, lograste sacar el verdadero potencial oculto en tu interior. Te moviste mucho más rápido de lo que jamás habías logrado antes, arrojando dos poderosísimos golpes de ki. Esos golpes por sí solos fueron suficientes para dejar a Tao Pai Pai fuera de combate.

Videl lo recordó con claridad recién entonces. Gohan había utilizado la expresión correcta. Había sido…como una explosión. Cuando ya todo parecía estar perdido, cuando Tao Pai Pai estaba a punto de rematarla, su alma se negó profundamente a sucumbir de esa manera, se negó a que la misma historia volviera a repetirse otra vez. Y había reaccionado, sí que lo había hecho. En ese momento, tumbada en la cama, todo le parecía una especie de milagro. Haber logrado dar vuelta el combate de aquel modo parecía algo imposible.

Pero lo había hecho.

Y aun así no había servido de nada… No había modo alguno de que pudiera competir en la final en ese estado. El mero pensamiento la llenó de una tristeza infinita, una desesperanza que se instaló como un nudo en la boca de su estómago. Sintió que los ojos se le llenaban de lágrimas. Hasta allí había llegado su participación en el Gran Torneo de las Artes Marciales… Se sintió más cansada que nunca al arribar a esa conclusión.

—Gané…—dijo con tristeza, mirando hacia un costado, intentando ocultar las lágrimas—, pero no sirvió de nada… Jamás podré pelear en la final así…

Gohan se acomodó en su asiento, sonriéndole con total tranquilidad.

—Te dije que no debías preocuparte por nada.

Videl giró la cabeza hacia él, molesta. ¿Qué no se preocupara por nada? ¿Cómo podía seguir diciéndole eso?

—Gohan, ¿cómo puedes…?

La chica calló repentinamente al ver la mano que el muchacho tendía hacia ella. Una pequeña semilla, similar a un frijol, descansaba sobre su palma. Videl abrió enormemente los ojos.

— ¿Una…semilla del ermitaño?

—Exacto—confirmó él con sencillez—. Si todavía quieres participar en la final puedes usarla.

Videl extendió su mano lentamente, tomando la semilla entre sus dedos.

— ¿Cuándo…?

—Desde que empezó el torneo—se adelantó Gohan—. Yo…simplemente no pude olvidar lo que pasó la última vez. No quería volver a verte lastimada, bajo ninguna circunstancia, por eso fui a la torre del maestro Karin un día antes de venir aquí con mi madre y los demás.

En ese momento, Videl pudo notar como los sentimientos que guardaba por Gohan la llenaban por completo. Él tampoco lo había olvidado… Y lo había hecho solo por ella. Sonrió llevándose la semilla a los labios.

—Gracias…Gohan…

Los efectos de las semillas del ermitaño siempre la habían maravillado, y aquella vez no fue la excepción. Todo dolor en su cuerpo desapareció en forma instantánea, y casi pudo sentir como sus huesos fracturados se regeneraban por sí solos. Sin embargo, aún seguía sintiéndose increíblemente cansada. Le estaba costando mantener los ojos abiertos. Gohan, como solo él podía hacerlo, lo notó al instante.

—Descansa por ahora—le susurró en voz baja, acariciándole con suavidad los cabellos—. Mañana será tu gran día.

Videl le sonrió antes de quedarse completamente dormida.

. . .

Gohan abandonó a paso lento la sala de emergencias, una pequeña enfermería que formaba parte de las instalaciones construidas alrededor del estadio central. Salió al exterior con ambas manos metidas en los bolsillos, alzando la mirada hacia el cielo repleto de estrellas. Videl se encontraba bien, descansando para lo que sería la final del día siguiente. Había temido mucho al verla combatir contra alguien tan superior a ella, y se había asombrado al ver el modo en que había logrado alzarse con la victoria. Videl tenía un potencial como peleadora mucho mayor a lo que había imaginado en un primer momento, y ese día lo había demostrado sin dejar lugar a dudas. Ahora, era una de las finalistas del torneo, la primera mujer en alcanzar esa instancia, y en su opinión tenía muy altas probabilidades de quedarse con el título. Seguramente ella ya lo sospechaba, pero se preguntó que sentiría al enterarse de que su propio padre sería el adversario a enfrentar en la final.

— ¿Cómo se encuentra ella?

Gohan se detuvo repentinamente sobre sus pasos, mirando por encima del hombro. Así que había decidido acercarse... Tao Pai Pai se encontraba de pie detrás de él, con ambas manos cruzadas detrás de la cintura. Había sentido su presencia desde antes de abandonar la enfermería, pero no pensó que se animaría a acercarse a él después de lo ocurrido la noche anterior. Lo observó en silencio durante un largo rato, con el ceño ligeramente fruncido.

—Le rompiste tres cotillas—dijo en voz baja pero clara.

Tao Pai Pai, quien parecía ileso tras el combate, asintió gravemente.

—No fue mi intención hacerlo.

—Ah, ¿no? —contestó Gohan, en un tono claramente despectivo.

—No… Lo que pretendía era dejarla inconsciente con ese golpe, pero resultó ser mucho más dura de lo que parece. No solo no la dejé fuera de combate, sino que se negó a darse por vencida.

El joven sonrió tenuemente, desviado la mirada durante un segundo.

—Sí…así es ella.

—Entonces…supongo que habrás notado que intenté ponerle un fin rápido a la pelea. Incluso le pedí que se rindiera. Dos veces.

Gohan volvió a mirarlo. Tao Pai Pai parecía bastante incómodo, lo cual le resultaba de lo más divertido.

—Ese Dodonpa estuvo de más, a mi parecer. Pero pude notar que lo arrojaste en una forma muy disminuida. No pretendías dañarla con ese ataque.

—Así es—confirmó con cautela el mercenario—. Simplemente intenté dejarla inconsciente…pero otra vez se negó a dejarse vencer.

Gohan se dio cuenta de que, en esos momentos del combate, Videl debió haber estado muy al tanto de que su rival la superaba con holgura. Sonrió tontamente, consciente de que, si Videl hubiera cumplido la promesa que le había hecho en la playa, entonces nunca habría obtenido la victoria.

—Perseverante hasta el final…—dijo para sí mismo, aunque Tao pudo oírlo con claridad.

—Sí, una chica muy interesante. Supongo que habrás notado el potencial que tiene, ¿verdad? Sus ataques al final de la pelea fueron algo sorprendente.

¿Hasta qué punto se había contenido Tao Pai Pai durante el combate? Gohan no lo sabía, pero sí sabía que, a pesar de toda su habilidad y experiencia, el mercenario no había podido hacer nada contra la impresionante reacción de la muchacha. Videl había ganado justamente.

—Sí, estoy al tanto de su potencial—dijo en un tono menos agresivo—. Pero supongo que no estás aquí para hablar de eso, ¿verdad, Tao Pai Pai?

El asesino asintió gravemente. A pesar de su solemne postura, Gohan pudo notar cierto nerviosismo en él.

—Creo que he cumplido con mi parte del trato. He venido para corroborar que…no habrá represalias.

Gohan sonrió fríamente al oír esto. Después de todo, había resultado ser muy convincente cuando decidía amenazar a alguien.

—Cumpliste. Ahora lárgate de aquí antes de que me arrepienta.

Tao asintió con la cabeza, dedicándole una leve reverencia antes de desaparecer en la oscuridad de la noche. El joven Son dejó escapar un largo suspiro, reanudando su caminata hacia el gran hotel en la villa anexa, donde él, Goten y su madre se hospedaban. Aún con ambas manos en los bolsillos, volvió a alzar la mirada hacia el cielo.

—Buenas noches, Videl…

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Continuará…

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