Aquí traigo otro capítulooooooo
Me a costado bastante corregirlo pero alfin está listo para subir ;)
Gracias a todos por vuetro apoyo :)
Advertencias: algún taco que otro
Aclaraciones: hetalia no me pertenece y el libro mencionado en este capitulo tampoco
Que lo disfrutéis :D
Capítulo 14: Puedes contar conmigo
Miró hacia la mecedora pero la encontró vacía. Supuso que Romano habría madrugado y que estaría haciendo cosas más importantes.
Con cuidado se incorporó y se sentó en el borde de la cama. Prácticamente no le dolía, solo se sentía un poco cansada, eso era todo. Sus zapatos se encontraban bien alineados al lado de la cama, sonriendo ligeramente se los puso y se levantó. En un primer momento, mareada, tuvo que sujetarse a la columna del dosel para no caer, sus piernas aun le fallaban y se mostraban débiles y temblorosas. Poco a poco fue acostumbrándose y sintiéndose un poco más segura salió de la habitación. Al cruzar la puerta se encontró un largo pasillo cuyas paredes estaban cubiertas de papel pintado. En ellas se podían observar unas intrincadas cenefas arborescentes cuyas ramas se entrelazaban entre ellas formando un complicado diseño. En ciertas partes el papel se encontraba rasgado o incluso arrancado en algunas zonas pero aun así seguía conservando su opulento aspecto burgués. Fue apoyándose, con cuidado de no caer, hasta llegar a una gran sala ovalada, la cual parecía un salón para recibimientos donde se encontraban, al parecer, los muebles más lujosos de la casa, estropeados por el paso del tiempo, y las alfombras y tapices, ahora sucios y raídos. Había varios retratos, la mayor parte destrozados aparentemente por vándalos, en especial le llamó la atención uno de aspecto ominoso, del cual solo se podía vislumbrar, en la única parte que quedaba intacta, un señor de ropas elegantes con la mano apoyada en un joven con aspecto arrogante cuyo rosto era irreconocible por los daños causados al mismo, al igual que al hombre que lo acompañaba. Era una pena como unos cuadros tan hermosos hubieran sido destrozados sin compasión alguna, demostrando el poco respeto que se tenía por la propiedad ajena.
En la misma sala se encontraba un espejo de cuerpo entero cuya esquina inferior se encontraba quebrada y le faltaban algunos trozos. Isabel se miró en él y en su imagen multiplicada pudo ver una chica menuda con los cabellos enmarañados y una mirada vacía y sin vida que antes brillaba con intensidad. Tenía dos grandes ojeras denotando su evidente falta de sueño, sus mejillas se encontraban hundidas buscando el hueso y sus labios estaban pálidos y sin color. Sus piernas eran extremadamente delgadas y débiles, parecían dos finos juncos que en cualquier momento se podían romper, las clavículas se encontraban marcadas y la piel había perdido su color, dando paso a un cuerpo enfermo y esquelético que parecía más muerto que vivo. Se asustó al ver su reflejo y no pudo reprimir un pequeño gemido al comprender que ya no era ella, sino más bien el rastro de una vida hecha añicos. Solo un mero recuerdo de lo que antes fue su vida. Le dolía verse así, no podía verse tan machacada por la vida, sobre todo su mirada, tan llena de dolor y resentimiento, carente de esperanza…
Ya no era ella.
Solo era una persona más marcada por el destino cruel y despiadado.
Apartó la mirada de aquel reflejo queriendo olvidar como realmente era ahora y volvió a centrarse en aquella habitación, en aquella casa, en aquella realidad.
Isabel continuó curioseando por la casa admirando la opulencia de esta aunque le extrañó encontrarse la vajilla de plata intacta, ni un cubierto estaba fuera de su sitio, mientras que el resto de muebles se encontraban destrozados y los tapices rajados.
¿Cómo era que no se habían llevado los objetos más valiosos y habían roto y despedazado sin piedad los cuadros y el resto de muebles de la casa?¿Acaso no habían sido ladrones y gamberros los que habían hecho esto? ¿Quién había sido entonces?
A cada paso que daba más interrogantes se encontraba. Todo apuntaba a que habían desvalijado la casa pero los objetos más valiosos y los que servían realmente de moneda de cambio habían quedado intactos. Todo aquello era muy extraño.
Al atravesar una gran puerta de madera llegó a una sala cuyas paredes estaban cubiertas de estanterías llenas de libros hasta donde alcanzaba la vista. En medio de la estancia se encontraba una escalera que se bifurcaba dando paso al piso superior con volúmenes de todo tipo.
Isabel, asombrada, comenzó a acariciar con la punta de los dedos los lomos de los libros buscando alguno que le llamase la atención. Siempre le había gustado leer, aunque no tuviera dinero para permitirse tener libros, los alquilaba por unas cuantas perras y en sus tiempos libres se sumergía entre sus páginas en busca de un mundo mejor… uno que no le deparase tanta desesperación ni miseria… uno donde sus sueños fuesen más que un puñado de esperanza.
De eso hacía mucho, no había tocado un libro desde hacía meses, se podría decir incluso que años y allí tenía delante suya más de un centenar esperando a volver del olvido, a que alguien los desempolvase y viviese en su piel las historias y aventuras que se contaban entre sus hojas. Alargó la mano y sacó un tomo rojo de la estantería. Lo cogió con mimo y le quitó el polvo, en la portada se encontraba el dibujo de unas golondrinas revoloteando libertinas y una rama en flor donde en la cual reposaba una de ellas, más arriba pudo ver el título en grandes letras doradas: Rimas
Lo abrió por la mitad llegándole un familiar olor a antiguo y vio uno de los poemas en cursiva situado en medio de la página que decía así:
Volverán las oscuras golondrinas
en tu balcón sus nidos a colgar,
y otra vez con el ala a sus cristales
jugando llamarán.
Pero aquellas que el vuelo refrenaban
tu hermosura y mi dicha a contemplar,
aquellas que aprendieron nuestros nombres,
ésas... ¡no volverán!
Volverán las tupidas madreselvas
de tu jardín las tapias a escalar
y otra vez a la tarde aún más hermosas
sus flores se abrirán.
Pero aquellas cuajadas de rocío
cuyas gotas mirábamos temblar
y caer como lágrimas del día...
ésas... ¡no volverán!
Era realmente hermoso como el autor jugaba con las palabras como si de malabares se tratara.
Con una sonrisa en los labios cerró el libro y se lo llevó consigo. Mientras seguía buscando más libros interesantes su mirada se paró en una esquina de la biblioteca la cual se encontraba medio calcinada y con una gran parte de libros quemados. Al acercarse pudo ver que el fuego parecía haber venido por una puerta lateral de la cual venia un fuerte olor a calcinado. Al seguir el rastro llegó a una habitación totalmente quemada cuyos armarios aún se mantenían en pié mientras que el resto había quedado en cenizas.
¿Qué había pasado allí? ¿Habría sido algún vándalo? ¿o solo un accidente?
No se quedó mucho tiempo a averiguarlo ya que aquella habitación en particular le daba una mala sensación.
Al salir por un gran ventanal pudo ver el jardín que había crecido de manera descontrolada envolviéndolo todo en un suave manto verde. Al darse la vuelta vio como la vegetación exuberante había envuelto la mayor parte del edificio dándole un aspecto de profundo abandono.
La naturaleza había convertido aquel jardín en un oasis de una belleza salvaje y cautivadora. Aun se podían ver algunas estatuas clásicas, la mayoría bastante dañadas, pero conservando su antigua belleza griega exaltada por las plantas trepadoras que las envolvían entre sus finos tallos.
Isabel se vio sobrecogida ante tanta belleza, parecía en general un paraíso ateneo donde los dioses arrogantes y caprichosos habían moldeado de forma caótica y a la vez hermosa para deleite del ojo humano aunque nadie estuviera allí para contemplarlo.
Oteando entre el paisaje pudo ver cómo había un mirador medio derruido al lado de un pequeño estanque. Un poco más lejos pudo ver una fuente de mármol rota, de la cual emanaba un riachuelo que se perdía entre la hierba, allí, sentado en el borde, estaba Romano.
Estaba con la mirada fija en el suelo y expresión pensativa. Parecía ensimismado ya que al acercarse Isabel no se percató de su presencia.
-¿Qué haces aquí fuera?- preguntó Isabel mientras se hacía paso entre la maleza.
-Debería preguntarte lo mismo- respondió ligeramente sorprendido- Deberías estar en la cama.
-Ya he estado mucho tiempo en cama- rechistó ella- además hoy me siento mucho mejor y he decidido que me vendría bien tomar un poco el fresco.
-De acuerdo, mis disculpas- dijo con una sonrisa divertida- Anda siéntate- añadió dando una ligera palmada en el borde de la fuente donde se encontraba.
-Gracias- dijo mientras tomaba asiento-¿y tú?¿qué hacías aquí fuera?
-Nada en particular- contestó admirando el paisaje- suelo venir aquí fuera para aclarar mis pensamientos y pasar el rato cuando no tengo nada que hacer.
-¿Y en qué estabas pensando?- le preguntó intrigada.
-Nada de lo que preocuparse- hizo una pausa intentando buscar las palabras adecuadas- Sinceramente, estaba pensando en qué hacer ahora que nuestros suministros están al mínimo- entonces frunció el ceño y mantuvo una mirada pensativa- Pero no hace falta que te preocupes por eso ahora, todavía queda comida para un par de días. Hasta entonces tenemos tiempo para pensar qué hacer- añadió con una mirada risueña- ¿eso lo has sacado de la biblioteca?- preguntó señalando el libro que sujetaba Isabel entre las manos- Rimas… muy buena elección.
-Sí, es que no he podido resistirme a coger uno- dijo acariciando la tapa del mismo.
-¿La biblioteca es impresionante verdad?- comentó con la mirada exaltada- Es ciertamente uno de mis sitios favoritos. Suelo ir de vez en cuando a leer algún libro que otro.
-¿Llevas mucho tiempo viviendo aquí?- preguntó
-No mucho más que tú
Isabel dudó unos instantes antes de preguntarle
-Tenía una duda… ¿cómo es que la mayoría de objetos preciados siguen intactos mientras otros están destrozados sin compasión?- dijo extrañada- ¿Es cosa de maleantes?
-No, para nada- contestó para su sorpresa- Nadie viene por aquí. Tienen miedo.
-¿Por qué lo dices?
-Es porque creen que este lugar esta maldito- le explicó- la gente y sus supersticiones…
-Cómo...com…¿por qué lo dicen?- preguntó confusa.
-Cuenta la gente que hace tiempo vivía aquí una familia de la alta burguesía pero un día por extrañas razones los cabezas de familia comenzaron a morir, de las maneras más insólitas, quedando como único heredero un joven. Pusieron todas sus esperanzas en él para seguir el negocio familiar pero con el tiempo dicen que este chico empezó a perder la cabeza, tal vez por la pérdida de sus familiares aunque otros dicen que fue una fuerza oscura que le rondaba y obligaba a hacer cosas incoherentes- después de una pausa siguió con la historia impasible- Poco a poco sus más allegados se fueron alejando de él y su locura se agravó. Al parecer gastó toda su fortuna familiar en alguna organización o rito de culto al diablo, o eso dicen…- dijo con un cierto tono de escepticismo- Lo que sí estoy seguro es que comenzó a destrozar su propia casa consumiéndose por dentro de rabia, de dolor y de soledad. Acabó suicidándose en su propia habitación envuelto en llamas. Dicen que por las noches se le puede escuchar gritar pidiendo ayuda- tras una pausa dramática continuó- Aunque no te preocupes, en todo el tiempo que he estado aquí no han ocurrido cosas fuera de lo normal-comentó jocoso.
-Era eso lo que había visto en la biblioteca…- pensó en voz alta-¿Sería allí donde se suicidó aquel hombre?¿ pero cómo es que no se consumió la casa entera con él?- le preguntó algo confusa-¿ Cómo es que solo la habitación y poco más está quemado?
-Pues al parecer uno de los criados o familiares estuvo realmente preocupado por él y no lo abandonó en ningún momento- continuó explicando- pero cuando se percató del fuego y logró extinguirlo fue demasiado tarde.
-Eso es horrible- murmuró con el corazón encogido
-No te preocupes, eso pasó hace mucho tiempo.
-Realmente no es eso lo que me preocupa- dijo apartando la mirada- sino qué hacer de ahora en adelante. Es decir, aparte de esperar a mejorar, no hay nada que me mueva en la vida…bueno…además de acabar con el asesino de Antonio…- terminó con una chispa de odio en su mirada.
-No me malinterpretes, yo también quiero ver a ese mamón muerto pero no desperdicies tu vida con la de ese miserable- le dijo en un intento de disuadirla- ahora mismo te parecerá difícil, pero por muy duro que sea tienes que seguir con tu vida- continuó insistente- fíjate en este río, es como la vida misma, no se le puede retener ya que tiende a ser libre y por muy duro o escarpado que sea el camino este sigue su ruta evitando cualquier dificultad, buscando su propia senda, buscando su propia forma de vivir.- dijo mientras seguía con la mirada el sendero que el riachuelo había creado-No dejes que las dificultades te impidan sentirte feliz. Intenta mirar la vida desde otra perspectiva- añadió mientras la cogía fuertemente de la mano y sus ojos ambarinos la miraban con intensidad- Pero recuerda que no estás sola. Puedes contar conmigo.
FIN del capitulo :D
Se que es un poco más largo d lo normal pero espero que haya merecido la pena tanto esfuerzo
Espero subir el siguiente esta semana aunque me costara un mas de lo normal corregirlo
A ser pacienteeeees :)))
See youuuuuuu ;)
