A/N: Sí, me encanta mucho este capítulo. ¡Disfrutad!

Disclaimer: TWD y sus personajes no son de mi propiedad. Si lo fuera Beth y Daryl jamás habrían abandonado la funeraria.


Por la forma en la que Daryl se apartó de golpe, Beth habría jurado que sus labios ardían. Se la quedó mirando fijamente, los ojos abiertos de par en par y la mandíbula ligeramente descolgada. Beth sintió que necesitaba tragar saliva para deshacerse del nudo que empezaba a formarse en su garganta, imposibilitándole el habla.

Parpadeó un par de veces, conteniendo unas lágrimas ridículas que estaban a punto de derramarse, y fue la primera en mirar para otro lado.

Fue su móvil sonando lo que la salvó de seguir allí un segundo más. Se metió en su habitación y tuvo que respirar profundamente y probar su voz antes de descolgar el teléfono para hablar con Maggie.

No estuvo segura de cómo pudo responder cuando su hermana le preguntaba algo, porque sus pensamientos estaba muy lejos de aquella conversación, tratando de procesar que había hecho todo lo opuesto a lo que tenía en mente, que se había comportado de la forma menos profesional que había visto jamás, y lo peor, que ella le había besado y él había reaccionado con el mismo entusiasmo que si hubiera tenido que caminar por carbón ardiendo.


El despertador comenzó a sonar, y aunque Beth lo apagó, ni siquiera hizo un amago de levantarse de la cama. Llevaba toda la noche con la vista fija en el techo de su habitación, viendo cómo los primeros rayos de sol se filtraban por las cortinas e iluminaban la estancia. Suspiró y rodó hacia un lado, ocultándose en las sombras y hundiendo la cara en la almohada. Quería soltar un grito de frustración, pero se dijo a sí misma que tenía casi veinticuatro años y que no podía actuar como una niña de dieciséis. Ya era una mujer, se dijo. Tenía que afrontar las consecuencias de sus actos y hacer lo correcto.

Eso es lo que su padre le diría.

Así que se puso en pie (no con demasiadas ganas) y salió de su cuarto silenciosamente, confiando en que no tendría que encontrarse a Daryl.

Estaba frotándose los ojos para tratar de deshacerse del sueño que empezaba a embargarla justo ahora cuando abrió la puerta del baño sin pensar. Apartó la mano y dio un paso atrás cuando vio a Daryl de espaldas a ella y con los pantalones bajados frente al retrete. Daryl notó su presencia y giró la cabeza bruscamente.

—Yo… —si éste no era el momento perfecto para que su dignidad terminara por hundirse, a Beth no se le ocurría qué otras crueldades tenía el destino planeadas para ella—. Perdón.

Y cerró de golpe, quedándose allí parada con la mano aún puesta en el tirador de la puerta. Quiso darse cabezazos contra la pared, pero se contuvo, en su lugar yendo a la cocina para prepararse un café y marcharse de allí lo antes posible.

Tenía cosas que hacer.


La puerta del apartamento se abrió y apareció una chica morena con coleta baja que la miraba con una expresión confundida.

—Hola —la saludó Beth tímidamente—, soy Beth. Soy amiga de Rosita —las palabras no habían abandonado su boca completamente cuando ella ya estaba interrumpiéndola.

—Aah —contestó la chica simplemente—, sí, te conozco. Pasa.

Beth entró y miró a su alrededor. Nunca había estado en casa de Rosita, pero sabía que vivía con demasiada gente para el tamaño del apartamento. Y no exageraba lo más mínimo: era un sitio diminuto, abarrotado con diversas pertenencias cuya dueña era imposible de adivinar. Allí, en el sofá que había en mitad de la estancia, se encontraba un bulto envuelto en una manta.

—Soy Tara —se presentó la chica, y Beth sonrió—. Rosita es el burrito del sofá.

—Vete a la mierda, estoy enferma —contestó el bulto. Beth soltó una risita.

— ¿Eso es excusa para ser un desastre? —replicó Tara, mirando a su alrededor para corroborar su postura. Hubo unos segundos de silencio.

—Pues Beth es hetero, así que jódete —respondió Rosita. Tara miró a Beth y puso los ojos en blanco.

—Llevo cinco años con la misma chica y aún no se entera —le murmuró Tara—. Me voy a trabajar. Rosita, más te vale ordenar esto o te juro que te voy a bajar la fiebre con un manguerazo.

El dedo corazón alzado fue toda la respuesta de Rosita. Tara bufó una vez más antes de irse.

Beth se acercó al sofá y se sentó con cuidado en la mesita de café que había frente a éste. Su amiga esbozó una débil sonrisa. Sí que tenía mala cara.

—Vaya, hola, enfermera —dijo Rosita con voz ronca—, ¿ha venido a cuidar de mí?

—Calla —rió Beth. Rosita alargó el brazo y estrechó su mano entre las suyas—. ¿Cómo estás?

—Fatal —resopló Rosita, reacomodándose en su pequeño nido de almohadas y mantas—. La fiebre sube y baja y no puedo dejar de toser. Si me pongo en pie me mareo y no puedo comer nada sin echar la pota.

—Quejica —la picó Beth levemente, y Rosita estrujó su mano levemente. Beth se mordió el labio antes de hablar—. Cuando Lori me dijo que te habías ido, creí…

Hubo un breve silencio, y entonces Rosita habló.

— ¿Qué te ha hecho? —Beth alzó los ojos y se la encontró mirándola fijamente. Beth negó con la cabeza—. Beth, dímelo.

Ella tragó saliva.

—Le dije que iba a denunciarla por lo que había hecho. Empezó a… empezó a acusarme de un montón de cosas falsas. Me acusó de ser drogadicta y de robar medicamentos, y nos acusó a las dos de intentar estafar a la residencia para conseguir dinero por el accidente. Dijo que si yo hacía algo ella se encargaría de que nos echaran a las dos, dijo que denunciaría a Daryl por ser cómplice, y… —paró en seco en cuanto notó las lágrimas escociéndole los ojos.

—Sabes que has hecho lo correcto, ¿verdad? —Beth asintió bruscamente.

—Lo sé —contestó ella al cabo de un rato—. Pero siento tanto que os haya metido en esto… a ti, que no tienes nada que ver, y a Daryl, que ha estado salvándome el culo una y otra vez. No puedo haceros esto.

—No has sido tú, Beth —saltó Rosita, incorporándose en el sofá—. Ha sido Dawn. Esa mujer es la que nos ha metido a todos en esto.

Una pequeña lágrima se deslizó por su mejilla, y Beth se apresuró en limpiarla furiosamente. No iba a llorar nunca más. No podía permitirse el lujo de ser débil mientras los demás estaban siendo fuertes por ella.

—Me dijo —continuó Beth—, que si yo volvía al trabajo y me olvidaba de todo aquello, ella haría igual. Así que volví.

—Sabía que algo pasaba —murmuró Rosita. Beth asintió de nuevo.

—Rosita, ¿de dónde sacaste lo de la Digoxina? —preguntó entonces ella, acercándose más a su amiga. Rosita suspiró.

—La pregunta es cómo no me di cuenta antes —respondió Rosita—. Una mujer que jamás había tenido problemas del corazón, de pronto tiene un infarto. Todo el mundo creyó que era fruto de sus ataques nerviosos, pero no podía ser. Escuché al doctor Jensen y a Dawn discutir poco después de que ingresaran a la señora Dixon, y entonces comencé a investigar un poco. No me hizo falta indagar mucho: Joan es lista. Sabía desde el principio lo que Dawn intentaba. Así que antes de marcharse se encargó de dejar una copia de todo lo que le habían administrado a los pacientes, fechado y ordenado, y otra copia del inventario de los últimos meses.

Los ojos de Beth se abrieron de par en par.

— ¿En serio? —preguntó ella, pero entonces Rosita asintió con expresión triste.

—Lo escondí todo nada más lo encontré, pero cuando volví para buscarlo…ya no estaba.

Beth soltó las manos de Rosita.

— ¿Cómo que ya no estaban?

—Alguien se los había llevado. Dios, estoy segura de que Dawn sabía que Joan me había contado dónde guardaba las cosas y se había encargado de vigilarme muy de cerca—Rosita se llevó las manos a la cabeza—. Me dio tiempo a leerlo, y así fue como me di cuenta de que había algo raro con la medicación de la señora Dixon. Esa mujer es peligrosa de verdad, Beth. Por favor, prométeme que vas a tener cuidado.

Beth guardó silencio, sintiéndose culpable.

—Ayer… ayer le pegué a Alexis —confesó en voz baja.

— ¿Qué?

—La vi intentando inyectarle Digoxina a la señora Dixon. Le dije que no lo hiciera, pero se rio en mi cara y me dijo que estaba loca. No sabía qué hacer, así que la empujé. Ella empezó a intentar pegarme y yo la lancé contra la pared. Al final no le inyectó nada, pero entonces Dawn me hizo ir a su despacho y…

— ¿Y? —la presionó Rosita.

—Y le dije que sabía lo que estaba haciendo —contestó ella, y Rosita abrió los ojos, atónita—. Le dije que no se saldría con la suya, que tenía pruebas.

—Beth, por dios, ¿vas en serio?

— ¡Hice lo correcto!

— ¡La has retado! Dios mío… ¿y qué pasó?

—Me suspendió de empleo y sueldo, me abrió un expediente y dijo que haría que Alexis me denunciara.

Rosita se dejó caer contra la almohada.

—Dios mío.

—Tenemos que hacer algo. No podemos dejar que esa mujer se salga con la suya, Rosita. Esto es serio, ¡está matando gente!

—Aún no ha matado a nadie —replicó Rosita.

—Pero lo hará. Ya lo ha intentado una vez, y la próxima, ¿a quién? ¿Recuerdas lo que Joan le dijo el día que la obligó a renunciar? Le dijo que había tenido que buscar formas de encargarse de los gastos.

—Eso es lo más macabro que he oído en mi vida.

—Pero es cierto —respondió Beth, poniéndose en pie de un salto y dando vueltas por el salón—. Y contra más lo piensas, más sentido tiene. Empieza a faltar dinero y a aumentar el número de pacientes. Cuando ya no puede librarse de más gente para que la residencia siga funcionando y nadie haga preguntas, ¿qué hace?

—Deshacerse de los gastos mayores.

—Sí —asintió Beth.

—Es una residencia de ancianos —dijo entonces Rosita—. Nadie va a sospechar si mueren. Tienen enfermedades, y no hay subvenciones. En cualquier caso puede culpar a otros.

Rosita y Beth se miraron un segundo, procesando lo que acababan de decir.

—Está haciéndolo de verdad —murmuró Rosita.

—Tenemos que detenerla.

— ¿Pero cómo? —saltó su amiga, levantándose para poder quedarse sentada. Contuvo una tos—. Necesitaríamos pruebas, necesitaríamos entrar en su despacho y encontrar documentos, y ninguna somos muy invisibles ahora mismo.

—Nosotras no —repitió Beth, pensativa, y se giró para encarar a Rosita, que pareció comprenderlo al mismo instante que ella.


Beth abrió la puerta del apartamento y se encontró a Daryl sentado en la mesa de la cocina, con una ballesta sobre ésta. Al oírla entrar, levantó la cabeza y se la quedó mirando. Beth se las apañó para esbozar una pequeña sonrisa.

—Hola —le saludó mientras cerraba la puerta.

—Hola —contestó Daryl.

Beth se acercó y dejó el bolso en el sofá antes de sentarse a su lado. Le observó limpiar la ballesta durante unos cuantos minutos sin decir nada. Él tampoco hizo amago de comenzar una conversación, pero Beth podía sentir su incomodidad por la forma en la que ella le observaba trabajar.

—Daryl, tenemos que hablar sobre tu madre —soltó, y vio cómo él paraba en seco, antes de mirarla, extrañado. Una parte de ella le susurró que quizás él esperaba que ella comenzara a hablar del beso de la noche anterior.

— ¿Está bien? —preguntó él con voz ronca. Beth se mordió el interior de la mejilla.

—Está bien, pero… podría no estarlo dentro de muy poco —respondió Beth—. Sé que lo que te voy a contar te va a sonar a locura, pero por favor, déjame que hable antes.

Daryl asintió y se giró para mirarla mejor. Beth abrió la boca y comenzó a hablar, primero tartamudeando y luego con más confianza, sin pensar tanto en las palabras y rememorando lo que había ocurrido las últimas semanas, desde los primeros despidos, pasando por las primeras amenazas y la estancia de la señora Dixon en el hospital hasta acabar en el día anterior.

Cuando cerró la boca de nuevo, se dio cuenta de que él ya no la estaba mirando. Tenía los ojos clavados en algún punto tras su cabeza, y parecía profundamente concentrado en sus pensamientos. Beth tuvo el impulso de sacudirlo para que reaccionara, pero se contuvo, a pesar de que su silencio la estaba poniendo muy nerviosa.

—Siento muchísimo que te haya arrastrado a esto, y siento no haber podido contarte antes lo que ocurría. Es tu madre y tienes todo el derecho del mundo, pero no podía… —hizo un gesto para intentar explicar lo que trataba de decir, y entonces dejó ambas manos en su regazo y le miró—. Lo siento.

—No es tu culpa —contestó Daryl en voz baja. Se llevó una mano a la mandíbula y comenzó a rascarse la barba mientras alzaba los ojos hasta ella—. ¿Así que esa mujer es la que mandó a mi madre al hospital?

—Eso es lo que creemos —asintió Beth en el mismo volumen de voz—. Necesitamos pruebas, pero ahora mismo estamos un poco vigiladas.

Daryl frunció el ceño, y entonces sonó el timbre. Beth se puso en pie de un salto y abrió la puerta, dejando entrar a una muy pálida Rosita envuelta en un grueso abrigo que sin embargo sonrió ampliamente al verle allí. Daryl miró a Beth inquisitivamente y ella se encogió de hombros. Rosita se acercó al sofá y se dejó caer pesadamente mientras se deshacía de su abrigo.

—Vale, si vamos a conspirar necesito una copa —resopló ella.

—Sólo tenemos cerveza —contestó Beth.

—Me basta —Rosita hizo un gesto con la mano y giró la cabeza para mirar a Daryl—. ¿Vas a venir aquí o vas a hacer que una pobre enferma se levante?

Daryl parpadeó, confuso, y entonces se puso en pie dubitativamente. Rosita tuvo la ceja alzada todo el tiempo hasta que él se sentó con en una esquina del sofá. Beth volvió con el botellín de cerveza y Rosita comenzó a beber alegremente.

—He decidido mandar a la mierda las precauciones. Ya que me estoy metiendo en un lío gordo, no puedo estar preocupándome por si voy a echar la pota o no. Bien —continuó, cruzando las piernas—, no sé cuánto te ha contado Beth.

—Lo suficiente —contestó ésta, aún de pie. Rosita asintió.

—Así que supongo que nada —replicó, y Beth frunció el ceño. Rosita le dio otro trago a su cerveza y siguió hablando—. Yo estoy enferma y Beth ahora mismo está suspendida de empleo porque es una malota violenta.

—Rosita-

—Los demás no van a colaborar porque todos creen que mi amiga, aquí presente, es realmente una malota violenta y mentalmente desequilibrada, aunque vamos, ¿en serio? —Rosita señaló a Beth—. Mírala, si parece un angelito.

Beth enrojeció levemente cuando Daryl la miró de soslayo.

—Así que necesitamos que tú seas nuestros ojos.

— ¿Qué? —Daryl habló por primera vez desde que Rosita había llegado.

—Tenemos una amiga, Lori (quizás la conozcas o Beth te la haya mencionado) que está de nuestra parte y no cree que Beth esté loca. Así que éste es el plan: tú entras a la residencia, visitando a tu madre, ya sabes, siendo un buen hijo y todo eso, y finges que te encuentras fatal. Lori, que casualmente va a ser la persona que esté contigo en la habitación durante la visita, te llevará hasta la enfermería y te dejará descansar un poco, y entonces tú aprovecharás para entrar al despacho de Dawn y conseguir la información. Capisce?

Beth vio el intercambio de miradas entre Daryl y Rosita. La de ésta, decidida y expectante, y la de él, medio confuso y con el ceño fruncido, como de costumbre.

— ¿Y por qué estás tan segura de que yo voy a hacerlo? —dijo entonces, y a Beth se le encogió el estómago. A Rosita le brillaron los ojos ligeramente.

—Porque en el fondo eres un buenazo. Y porque si no lo haces es probable que muera gente, casi seguro tu madre —Beth abrió la boca para reprender a Rosita, pero entonces ella alzó una mano para detenerla, casi como si supiera que ella iba a objetar.

Hubo unos segundos de silencio.

— ¿Y cómo va a estar el despacho vacío?

—Nos ocuparemos.

—Pero no va a colar —replicó Daryl—. A mí también me tendrán vigilado. Sabrán que esa Lori es amiga vuestra. No se lo van a tragar.

—Oye, el plan está poco definido aún, pero va a funcionar —contestó Rosita, frunciendo el ceño—. Va a funcionar —repitió, esta vez casi para sí misma.

Beth miró a Daryl, y éste le devolvió la mirada.

—Podría funcionar —concordó ella, encogiéndose de hombros. Daryl resopló, enterrando la cara entre las manos un momento antes de asentir levemente.

Rosita soltó un ruidito de entusiasmo y Beth también sonrió.


Era tarde. Estaban los dos sentados en el sofá, con la tele encendida frente a ellos, aunque en realidad ninguno la estaba viendo.

— ¿Sabes que todo esto es una locura, verdad? —preguntó él de repente, y ella asintió, sin apartar la vista de la pantalla.

—Pero es la única oportunidad que tenemos para que la pillen.

—Podría volverse todo contra nosotros.

—Eso también lo sé —replicó Beth, girando la cabeza y mirándole—. Pero vale la pena arriesgarse por hacer lo correcto. La gente buena sigue existiendo, Daryl.

Hubo un momento de silencio, en el cual Beth se dio cuenta de que había dicho algo muy parecido a lo de la noche anterior.

—Beth —comenzó él, pero ella negó con la cabeza.

—No hace falta que digas nada. Lo siento.

—No estabas bien —contestó Daryl.

—Te hubiera besado de todas formas —Beth sonrió tristemente, e incluso en la semi penumbra de la habitación pudo notar cómo él se sonrojó—. No siento haberlo hecho. Siento que tú no quisieras —se encogió de hombros levemente—. Está bien, de verdad. Pero no me gustaría que cambiaran las cosas. Eres mi amigo y-

Beth se detuvo en el momento en el que sintió los labios de Daryl sobre los suyos. Era un roce mucho más tímido que el que ella había creado la noche anterior, pero fue suficiente para que las mariposas comenzaran a revolotear por su estómago. Sintió una mano dubitativa posarse en su cintura y ella se apresuró en acercarse a él y apoyar su mano sana en su mejilla, presionando sus labios con más fuerza.

En el instante en el que Daryl abrió la boca y su lengua comenzó a pasearse con cuidado por el labio inferior de Beth, ésta sintió que las mariposas habían explotado y se habían transformado en fuegos artificiales. Suspiró temblorosamente.

Daryl separó sus labios de los de ella, pero dejó su mano puesta en su cintura y apoyó la frente contra la suya. Beth movió su mano hasta su hombro, aún respirando pesadamente, como si hubiera corrido una maratón. Sintió la risa burbujeando en su pecho y comenzó a sonreír con tal entusiasmo que la cara le dolía, pero no podía borrarla de su rostro.

—… aunque quizás los amigos puedan hacer esto —murmuró ella finalmente, y Daryl soltó una risa ronca.

Y esa vez, fue ella la que se encargó de comenzar el siguiente beso.


A/N: Grititos emocionados. O al menos los míos.

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Por cierto, me gustaría hacer una pequeña recomendación sobre un fanfiction Bethyl que ha empezado hace poco y que me gustaría recomendar porque es francamente genial: "Rockstar" de enlyume7, una chica muy muy maja a la que también podéis seguir en Tumblr. ¡Le encantaría recibir reviews y opiniones!