Disclaimer: The story doesn't belong to me, the characters are property of Stephenie Meyer and the plot belongs to LyricalKris. I just translate with her permission.
Disclaimer: La historia no me pertenece, los personajes son de Stephenie Meyer y la trama de LyricalKris, solo me adjudico la traducción.
Este capítulo lo betearon Yani y Meli, betas de Élite Fanfiction ( www facebook com / groups / elite . fanfiction / )
Capítulo 13
—Habrá un guardia contigo todo el tiempo. Si no soy yo, será alguien de mi equipo. Él puede estar afuera del tráiler si prefieres tu privacidad, pero donde sea que vayas, él va. Te escoltará al set. Te escoltará a donde sea que necesites ir. No estarás fuera de su vista.
Edward tuvo que luchar para no mirar a Emmett.
—Esto es un jodido fiasco.
—No pelees conmigo por esto, Edward. Si no es la policía los que demandan esta mierda, es la compañía de seguro del estudio.
—No estoy peleando contigo. Estoy diciendo que es un fiasco porque es lo que es. —Edward se pasó una mano por el cabello, disgustado—. Tengo reporteros saliendo de mi trasero. Los tabloides están teniendo un día de campo pretendiendo que tal vez muera cuando entre al set mañana. Es demasiado. —Él suspiró—. ¿Qué más?
—Necesito una lista de personas que quieras que entren y salgan de tu tráiler sin que los frenen. Ya bajamos el equipo que tiene acceso a lo mínimo, lo que significa que tendrás que prescindir de algunas cosas. —Él lo miró y sonrió—. No más cestas de fruta fresca cada día para ti.
—Pobre yo. —Edward estiró sus brazos sobre el respaldo del sofá. Recitó algunos nombres, de los cuales la mayoría eran obvios: Benjamin y algunos miembros de su equipo, su agente. Tomó una respiración profunda, sabiendo que aunque Emmett estaba en el modo negocios, nunca estaba demasiado ocupado para molestarlo—. Bella.
—Obviamente, Bella —dijo Emmett con burla, pero había una nota no tan burlona en su voz. Golpeó la libreta en la que estaba escribiendo—. Está bien, tengo que hacer mi trabajo antes de darte mierda sobre eso. Odio ser el que ponga el freno a las cosas, pero si vas a empezar algo con ella…
—No pasa nada —dijo Edward, no estaba de humor para que nadie se metiera en otro aspecto de su vida.
Emmett bufó.
—Sí, está bien. Así que si no vas a empezar nada con ella…
—Sé lo que todos ustedes piensan, pero no está pasando nada.
—Ríndete, niño. Incluso asumiendo que no escuchamos todos esos choques y caídas, salieron juntos del baño. ¿Viste la cara de Alice? Creo que ella tiene pesadillas sobre lo que hicieron en su pobre e inocente baño. Hay solo dos razones por las que personas adultas van juntas al baño, y una es demasiado pervertida para tu trasero vainilla.
—¿Qué demonios sabes sobre mi…? No importa. —Edward sacudió la cabeza—. No pasó nada.
Otro bufido.
—Está bien, bueno. Independientemente de eso, tengo que avisarte que si quieres continuar haciendo nada con Bella, deberías mantenerlo en secreto. Intentaremos atrapar al acosador, pero ha escalado. Sus amenazas contra Gianna son obvias, pero no le tomará mucho a una mente inestable dirigirse hacia ti si ve algo como una provocación. Si eres descubierto con otra enamorada, tal vez eso lleve a nuestro amigo a hacer algo incluso más estúpido.
Edward hizo una mueca.
—¿Emmett?
—¿Qué?
—¿Le preguntaste a Bella si quiere un guardaespaldas, cierto? —Él creía que conocía a su cuñado lo suficientemente bien para saber la respuesta a esa pregunta—. La mayor parte del equipo cree que los rumores son más divertidos que ciertos. Ellos todavía piensan que estoy con Gianna. Justo ahora, el que está haciendo esto culpa a Gianna de decir mentiras. Pero prevenir que los fotógrafos no nos atrapen en público no detendrá el rumor en el set. ¿Qué si eso empuja a nuestro amigo a enfocar su atención en Bella?
—Intenté todo para convencerla de que tuviera un guardaespaldas —dijo Emmett con voz suave—. Mi gente la cuida tanto como puede, pero ella rechaza la protección. Tú no tienes opción pero el estudio, la policía y la compañía de seguros no están tan preocupados por Bella como lo están por ti. —Miró a Edward—. Por supuesto, ellos creen que no está pasando nada entre Bella y tú, que es solo otro ridículo rumor.
—Es un rumor, pero si tú crees que el estudio puede convencerla de tomar esto seriamente…
—Sabes que no lo harán.
Edward hizo una mueca.
—Entonces tal vez debería mantenerme alejado de Bella. Sacarla de esa lista.
—¿Cómo pasaste de no tomarte las cosas tan en serio a tomártelas demasiado en serio? —Emmett rodó sus hombros—. Entre mi gente y la policía, el set es tan seguro como se puede. Bella prometió que no dejaría el set a menos que fuera con otra persona. Como ya nos dijo antes, tiene entrenamiento profesional. Nada indica que ella es un objetivo. Esta persona está obsesionada con Gianna.
Cruzando sus brazos sobre su pecho, Edward se encogió en el sofá.
—Jodido fiasco —murmuró bajo su aliento.
.
.
Después de la investigación policial, el primer día en el set fue demasiado ajetreado. La historia sobre el incidente se esparció casi inmediatamente, lo que significaba que estaban en medio del ojo público. Eso hacía que la atmósfera estuviese tensa. Edward opinaba que el estudio se había excedido. Habían despedido a todos los del equipo que tuvieran un pasado oscuro, incluyendo al asistente de Edward que tenía un robo en su expediente de cuando tenía diecinueve. Edward no sabía por qué alguien iría de robar a lo que estaba haciendo el acosador. Incluso si el tipo era molesto y no pudo mantener la boca cerrada sobre él y Bella, él no creía que se mereciera perder su trabajo.
Había algo de consuelo en que los empleados afectados habían sido correctamente compensados, pero eso había creado una sensación incómoda. No ayudaba el enorme incremento de paparazis alrededor del estudio, molestando a todos por algún tipo de información. Los representantes del estudio estaban en el lugar. Y Emmett y su equipo estaban molestos. Ellos habían sido acorralados por el equipo de guardaespaldas que el estudio había escogido, quienes estaban —no tan sutilmente— poniendo toda la culpa sobre los hombros de Emmett. La única razón por la que Emmett y su equipo todavía estaban alrededor era porque eran empleados privados contratados por Edward y Gianna, no por el estudio.
El teléfono de Edward sonaba casi sin parar entre las preguntas de Benjamin, el estudio y su familia. Las interrupciones hacían difícil para todos meterse en personaje, incluso para Edward. Era como si fuera el primer día en el set en lugar de que estuvieran filmando por casi dos meses. Ellos casi habían terminado, por Dios, y se sentía como si ninguno supiera cómo trabajar juntos.
A la tarde ya estaba exhausto cuando fue hacia su tráiler. Emmett estaba caminando con él esa vez, quejándose sobre el último giro en la sórdida saga. Él no estaba prestando realmente atención hasta que alguien del equipo de Emmett se acercó.
—Tiene un visitante, señor Cullen —dijo la mujer—. La señorita Swan. Ella está en la lista. Lo está esperando.
Edward se animó considerablemente y se giró hacia Emmett.
—Lárgate.
Emmett, a pesar de la tensión del momento anterior, lucía divertido.
—No podrá ser, jefe. Aunque esperaré afuera. —Él se acercó para que no los oyeran—. No muevas el tráiler, Edward. Hay muchos ojos sobre él.
—Cállate, Emmett.
Edward subió las escaleras, alejándose de su guardaespaldas que se carcajeaba, y abrió la puerta.
Cualquier comentario inteligente que fuera a decir murió en sus labios. Él la vio inmediatamente en el sofá reclinable. Ella estaba acostada, su cabeza inclinada y su cabello alborotado sobre su rostro. Sus hombros se levantaban y caían de manera acompasada.
La pobre estaba más agotada que él. Él sabía que su padre era insistente con la preparación de su gente. Una distracción era mortal, solía decir Charlie Swan. Y había un montón de distracciones en el set en general, incluso para Bella.
Edward cruzó la habitación con pasos suaves, disfrutando ese momento tan raro. Ese era un nuevo lado de Bella, sin fanfarroneo o bravuconerías, vulnerable en su sueño. Él se inclinó, acariciando su cabello y diciendo su nombre.
—¿Mmm? —El sonido fue suave. Bella abrió sus ojos y pestañó, despertando lentamente. Edward sintió una oleada de calidez atravesándolo y no pudo evitar acariciar sus mejillas. Los ojos de ella encontraron los de él y sonrió dormida—. ¿Mmm? —dijo otra vez.
Demasiado adorable.
—Levántate. Te dolerá el cuello —dijo él.
Ella respiró profundamente por su nariz y levantó su mano. Edward contuvo la respiración cuando las puntas de los dedos de ella acariciaron su mejilla. Fue un gesto íntimo para el que él no estaba preparado para nada.
—Tengo sueño —murmuró ella, cerrando los ojos otra vez.
Edward, desconcertado, dio algunos pasos atrás y se aclaró la garganta.
—Estaba por tomar una siesta también —dijo, estirándose en la cama—. ¿Quieres unirte a mí?
Él trató de bromear con ella para que se despertara, pero, para su completa sorpresa, tuvo el efecto exactamente opuesto. Bella se levantó, sus ojos todavía cerrados y su cabello revuelto. Ella caminó en su dirección y cayó en la cama al lado de él. Se acurrucó contra él como si fuera un pequeño gatito. Pasando un brazo sobre la cintura de él, ella volvió a dormirse, inconsciente de la expresión boquiabierta de Edward.
No habían podido hablar después de la fiesta, aunque no por falta de intentos. La culpa era más de Edward, había al menos un millón de personas tratando de llevarlo en muchas direcciones. Después Bella había estado ocupada todo el día anterior dando una presentación para la que se había comprometido hacía meses. Lo que los dejó en el lugar en el que estaban, finalmente un momento a solas y no suficiente tiempo para que algo pasara: hablar o lo que fuera.
Estaban cara a cara y Edward podía ver la sombra bajo sus ojos. Él se preguntaba cuán cansada estaba. Y si ella no estaba durmiendo, ¿qué la estaba manteniendo despierta?
Se reprendió por su vanidad cuando se preguntó si ella estaría pensando en él. Estaban pasando tantas otras cosas que ellos nunca tuvieron la oportunidad de hablar sobre eso.
A pesar del hecho de que tenía una mujer hermosa en sus brazos, en su cama, Edward tampoco pudo mantener los ojos abiertos. Después de solo unos minutos de observarla tranquilamente, cerró sus ojos y se quedó dormido.
Él se despertó lo que pareció ser un minuto más tarde, aunque no abrió los ojos. Arrugó la nariz, tratando de sacarse una picazón, pero esta se movió a su mejilla. Gruñó y movió su mano para quitarla.
Ante el sonido de una risita, sus ojos se abrieron. Estaba sorprendido, tratando de entender por qué Bella estaba tan cerca de él sosteniendo…
¿Un Sharpie* negro?
—¿Qué estás haciendo? —preguntó él, su voz áspera por el sueño.
Ella era la imagen de la inocencia.
—Estaba jugando a conectar los lunares con las pecas de tu rostro.
Los ojos de él se abrieron ampliamente al mismo tiempo que asimilaba sus palabras.
—Oh, demonios, Bella. Eso es un jodido Sharpie y tengo que filmar más tarde. Mierda. —Él salió de la cama mientras hablaba y se lanzó hacia el espejo del baño para chequear el daño.
Parpadeó. Su reflejo estaba exactamente como debería estar: sin marcas a la vista. Él escuchaba a Bella prácticamente gritar de la risa.
—Crees que es gracioso, ¿no? —preguntó, volviendo a la habitación.
—Oh, mi Dios. Si hubieses visto la mirada en tu rostro. —Ella se paró, sonriéndole desde el otro lado de la cama—. Vamos, campeón, sabes que sé cosas mejores que eso.
Él gruñó, tratando de ocultar la sonrisa de diversión que surgía a pesar de su vergüenza.
—No lo sé. Eres un poco una niñita malcriada. No estoy seguro de si me sorprendería.
Ella cambió su sonrisa por una mirada de falsa indignación.
—Soy una niña malcriada profesional.
—Seguro lo eres.
Mientras hablaba, él había caminado hacia ella, así que mientras decía esto último estaban cara a cara otra vez. Los ojos de él fueron hacia sus labios y vio como su sonrisa caía. Él escuchó su respiración acelerarse y estaba perdido. Necesitaba besarla otra vez. Él se inclinó.
Bella se agachó y se movió hacia un lado. Por un breve momento, mientras Edward la miraba, ella pareció desconcertada. Su rostro estaba sonrojado y sus ojos parecían dilatados. Pero ella se recuperó lo suficiente para sonreírle.
—Oh, no. Tuviste tu oportunidad y la desperdiciaste, ¿recuerdas?
Él la observó, debatiéndose. Había algo en el tono de sus palabras. Sonaban apagadas, como si las hubiese ensayado. La confianza que mostraba típicamente parecía no ser tan sólida.
Enfrentándose a ella completamente, él dio un paso hacia ella, observándola cuidadosamente.
—Estábamos un poco borrachos —le recordó él, acercándose otra vez, invadiendo su espacio personal.
Otra vez, ella se alejó, pero solo un paso o dos.
—Tenías razón —dijo ella y otra vez parecía una mujer que pretendía estar tan despreocupada como sonaba—. Y yo tenía razón. Deja atrás la percepción de borracho y estás jodido. O no jodido, como fue.
Él se acercó más, provocándola, y ella dio un paso atrás.
Él se dio cuenta de que ella no se alejó otra vez. Ella siempre estaba al alcance de su mano. Estaba invitándolo a perseguirla y eso era un pensamiento interesante. Bella era una mujer segura de sí misma. Él no tenía dudas de que ella era más que capaz de hacer el primer movimiento. Pero ella ya lo había hecho. Ella había sido la que lo había besado y había sido la que saltó sobre él en la fiesta.
—Creo que lo que dije fue que quería más tiempo y privacidad —dijo él, inmovilizándola con sus ojos, sin avanzar.
—No tenemos tiempo ni privacidad —dijo ella, su tono casi cantarín—. Además, ya dormí contigo, así que eso lo tachamos de la lista.
Ella hizo un movimiento como si fuera a sentarse en el sofá reclinable otra vez. Pero Edward se lanzó hacia adelante, agarrándola de la cintura. Ella chilló, pero en un abrir y cerrar de ojos él la tiró en la cama y se subió sobre ella. Él agarró sus manos y las inmovilizó junto a su cabeza con las suyas. Todo tomó como mucho dos segundos y ellos estaban cara a cara otra vez, nariz con nariz, con los ojos de ella abiertos ampliamente observándolo mientras se inclinaba sobre ella. Ambos estaban respirando con dificultad.
Era difícil concentrarse. Ella no luchó, no trató de salir de su agarre. Parecía sorprendida y, aunque él sabía lo que estaba a punto de hacer, Edward también se sentía sorprendido. Por unos segundos, ambos solo respiraron el aliento caliente del otro.
Edward mojó sus labios e inclinó su cabeza. Se estremeció, sintiendo el roce de la boca abierta de ella contra la de él. Su calor debajo de él era increíble. Su olor. La vista de sus ojos grandes llenos de deseo. Todo era tan increíble, era difícil pensar a través de su deseo.
—Dime algo —murmuró él, las palabras vibrando en la escasa pulgada entre sus bocas.
—¿Mmm? —Ella inclinó la cabeza, apenas dándole un beso.
Edward tembló. Fue una lucha detenerse a sí mismo de frotarse contra ella, buscando fricción contra su cuerpo caliente. No. No todavía. Tenían que hablar.
Cristo, ¿qué lo hizo pensar que podrían hablar en esa posición?
Él tragó.
—Me deseas. —No era una pregunta, pero esperó la respuesta de todas formas.
—Ya te dije que lo hago —dijo ella y lo besó otra vez.
Él gruñó cuando el beso se alargó. Le tomó todas sus fuerzas no ceder en ese momento. Él la tenía a su merced. ¿Por qué se sentía como si fuese al revés?
—Te deseo, Bella. —Sus palabras sonaron roncas, casi un gruñido retumbando en la boca de ella—. Te deseo, pero quiero más.
Él la besó una vez. Otra. Y otra. Su hambre comenzaba a ganarle, pero pudo detenerse.
Ella estaba jadeando, moviéndose debajo de él aunque no trataba de soltar sus brazos de su agarre.
—¿Qué quieres?
Las palabras tranquilas de ella calmaron un poco su libido. Él la besó, pero dulcemente esta vez.
—No sé si puedo decirte lo que quiero. No sé si me creerás. Me acusarás de ser un actor. De estar leyendo un guión. —Él suspiró y la besó otra vez—. Me haces querer decir poesía. Me haces querer imitar a Shakespeare.
Ella presionó sus labios, sofocando un gemido, pero cuando lo miró a los ojos otra vez, sonrió.
—Shakespeare escribió algunas asombrosas bromas sobre pollas.
Por un segundo, Edward no pudo entender lo que ella dijo, después empezó a reírse. Soltó sus muñecas así podría inclinarse sobre sus antebrazos y apoyar su frente contra la de ella.
—Oh, Dios. Serás mi muerte, Bella. Te lo juro.
Como sus manos habían sido liberadas, ella enredó sus dedos en los pelos detrás del cuello de él. Él podía escucharla tragar y respirar más rápido antes de hablar.
—Dime que sea valiente por ti y lo seré —susurró. Tomó la cara de él entre sus manos, levantando su cabeza ligeramente. Él podía sentirla temblar debajo de él—. Dime que vale la pena el riesgo y te creeré.
Edward se alejó hacia atrás lo suficiente para mirarla. Ella era una mujer valiente, fuerte y decidida, tanto física como sentimentalmente. La vulnerabilidad en su expresión mientras lo miraba era una sorpresa. Él podía ver otras cosas en sus ojos, un reflejo de mucho de lo que él sentía. Esperanza. Deseo. Anhelo. Adoración.
Las sensaciones del amor.
—Bella… —empezó, pero fue interrumpido por un golpe en la puerta.
—Señor Cullen, lo necesitan en el set.
—Joder. Demonios. —Él apoyó su frente contra la de ella y se rio. Podía sentirla riéndose debajo de él, y su risa irónica se convirtió en un gemido. Ella se calló lo mejor que pudo y él le dio un beso rápido.
—Dame cinco minutos —gritó hacia la puerta. Se acostó sobre su espalda, llevándola con él, así que ella ahora estaba encima de él. Él puso sus manos sobre la parte trasera de la cabeza de ella, dándole un beso lento y dulce.
—Bella —dijo acariciando su mejilla.
—¿Sí?
Él besó la comisura de su boca.
—No te diré que seas valiente o que valgo la pena.
—¿No? —preguntó ella, el sonido fue entrecortado mientras él continuaba besándole la mandíbula.
—No. —Él besó sus labios—. Pero si me hicieras el honor de ir a una cita conmigo, creo que puedo demostrártelo.
Ella se rio y enredó sus dedos en su cabello.
—Demonios, Cullen. Eso fue jodidamente suave. ¿Por qué tienes que ser tan buen actor?
—Te dije que dirías eso.
Ella suspiró y se acurrucó contra él, su cabeza debajo de la barbilla de él.
—Sí, está bien. Morderé el anzuelo. —Ella le dio un beso en la garganta—. Pero será mejor que te asegures de que no me arrepienta. Será mejor que valgas el caso masivo de bolas azules que me estás dando.
Él envolvió sus brazos alrededor de ella y besó la parte superior de su cabeza, riendo. Él sabía jodidamente bien que ella no estaba hablando en serio de bolas azules, y esperaba en serio que valiera la pena lo que fuera por lo que estaba a punto de hacerla pasar.
*Sharpie es la marca de instrumentos para escribir.
¡Hola! ¡Volví!
Pasó bastante tiempo, pero ya terminé con la universidad así que los pocos capítulos que faltan serán actualizados con regularidad. Volvemos otra vez a martes y sábados como siempre.
Solo nos quedan cuatro capítulos más y en el próximo sabremos quién es el acosador... así que es el momento de qué hagan sus últimas teorías. Si alguna adivina se ganará un adelanto del próximo capítulo ;) ;) ¡Así que dejen sus comentarios!
Gracias por comentar: krisr0405, bbluelilas, jupy, Tulgarita, Tecupi, pera l.t, saraipineda44, Noelia, Pili, LicetSalvatore, Sarai, lizdayanna, Carolaap, Yoliki, Jade HSos, Tata XOXO, Somas, Klara Anastacia Cullen y Terewee.
¡Gracias por leer!
