Hola lectores, o como diría Martha Rodgers 'amado público', aquí os dejo la segunda parte del capítulo de Marzo. Espero que hayáis sido comprensivos con mi tardanza y que aún tengáis ganas de leer esta 'temporada 9 de Castle ficticia, sin Stana y con la idea original de los showrunners'. Continuaré publicando al ritmo que pueda...
Resumen de lo publicado:
La vida de Castle se convirtió en pesadilla tras perder a Beckett, pero una madrugada de Abril de 2017 se encuentra un regalito que le indican dos cosas: Que su esposa está viva y que es el padre de una preciosa bebé de dos meses: Lily.
Durante estos últimos meses, Kate ha vivido en las sombras saliendo a la superficie como 'Lirio Blanco' una justiciera de guante blanco, perseguidora de corruptos. Castle ha (mal)criado a Lily como un padrazo y ha sido fustigado por Alexis (ahora su editora) y llenado de sabios consejos de Martha (siempre presente), además ha sucumbido ocasionalmente a los encantos de su esposa, que lo visitaba con nocturnidad.
Finalmente Vikram resultó ser el actual líder de la organización criminal LokSat y ocasional secuestrador de bebés. Desde las sombras lucharon para que Beckett rescatara a Lily, aunque acabó detenida. No obstante consiguió huir y para sorpresa de todos reapareció para asumir su identidad secreta, habiendo pactando su libertad con su nuevo archienemigo: el presidente de los EEUU. Tras declarar ante la Fiscalía General, por fin regresó a casa, con fiesta sorpresa incluida...
MARZO 2018 (PARTE 2)
Richard Castle levantó un poco la cabeza de la almohada, se giró para quedarse boca arriba y después de frotarse los ojos estiró brazos y piernas para desperezarse. Cuando estaba en su máximo punto de extensión, abrió los ojos como si acabara de recordar algo. Con su mano derecha palmoteó el otro lado del colchón buscándola a ella, pero las sábanas estaban frías. Se incorporó un poco, clavando los codos en la cama y vio en la almohada de Kate una notita que cogió inmediatamente: "He salido a correr. Dormilón. Traeré muffins para el desayuno. XXX" Sonrió y dio gracias de que no hubiese soñado la vuelta a casa de su esposa.
Se sentó en la cama moviéndose perezosamente y se sorprendió de que hubiese dormido medio vestido: calcetines, bóxers y camisa de vestir... entonces se acordó de lo último que había pasado anoche.
Después de bailar con Kate hasta bien entrada la madrugada, henchido de alegría por tenerla otra vez en casa y ávido por darle el mejor recibimiento que un marido puede dar a su mujer después de meses sin contacto íntimo, preparó la habitación con unas velas perfumadas y música chillout para obsequiar a Kate con un sensual masaje que la llevaría al séptimo cielo orgásmico. Ni que decir tiene que Kate, agotada después de tantos días de tensión y sintiendo las fuertes y calientes manos de su marido recorriendo su espalda, se quedó dormida a los pocos minutos. Lo cual dejó a nuestro protagonista enormemente excitado y con las manos embadurnadas con aceites esenciales... Cinco minutos después de que Kate sucumbiera, él cayó agotado a su lado sin tan siquiera molestarse en ponerse el pijama. Se quedó dormido oyendo los ronquidos de su esposa, que también había llegado a echar de menos, aunque en ese instante no compartiese del todo ese sentimiento.
Eso fue anoche, pero hoy era un nuevo día y lleno de hitos importantes, así que el escritor se levantó de la cama y, al descubrir el aroma de aceites esenciales en su propio cuerpo, decidió que lo mejor era ducharse para borrar las huellas del delito...
La lluvia del día anterior había dado paso a una de las mañanas más luminosas del inicio de la primavera, o al menos así lo veía Kate que, después de vivir casi dos años haciendo prácticamente vida nocturna y ocultándose bajo gafas oscuras de día, echaba de menos la libertad de sentir el Sol en su cara. No había ido hasta Central Park sino que se había quedado en el East Side Park, mucho más cerca de casa. Estaba contemplando a lo lejos la panorámica del puente de Brooklyn que comunicaba Manhattan con dicho barrio al otro lado del río y nunca le había parecido tan bonita. Inspiró profundamente y reconoció el olor del césped recién cortado, mezclado con el aroma de las primeras flores. También tuvo que hacer un pequeño acto de fe para ignorar el tufo del río y el grasiento hilillo de olor a perritos calientes recalentados que llegaba desde el puesto en la acera.
Reanudó su carrera. Sentir las piernas en movimiento después de tantos días sentada durante horas declarando en los juzgados, le estaba insuflando vida. Se sentía tan plena y activa que echó un vistazo a los chicos del Fiscal General, que aún la acompañarían una temporada, y aceleró su zancada haciendo un sprint a lo largo del paseo de la ribera que los dejó con la lengua fuera. Beckett, disfrutando de su faceta más gamberra, echó un vistazo hacia atrás y viendo su sufrimiento aminoró su carrera hasta que recuperaron el fuelle. Estaba satisfecha de sentirse tan en forma. Iba a ser una lástima desperdiciar todo el esfuerzo que le había costado obtener su actual forma física.
Esa era una gran incógnita en su vida... ¿Qué iba a hacer ahora? Por supuesto que quería estar con su marido y su hija, pero... Necesitaba un objetivo. La Subjefa Gates le había dejado caer durante la fiesta, que podía interceder por ella si quería recuperar su antiguo puesto de Capitán. El problema era que ella no estaba segura de querer volver a un trabajo que le había dado tantos quebraderos de cabeza en el pasado y que le recordaría constantemente los malos momentos que había vivido al tener que ocultarle a Castle las primeras investigaciones del caso LokSat.
Beckett paró e hizo unos estiramientos, luego miró hacia atrás y comprobó cómo los dos acompañantes se tumbaban en el césped unos metros más allá agotados de seguir su ritmo. Se dio cuenta de que en caso de que intentaran atentar contra ella, sería mejor no confiar en su preparación física. Por lo menos iban armados, aunque se hubiese apostado dinero a que no tampoco eran tan buenos disparando como ella.
Kate se volvió a poner en marcha y trotó hacia ellos, que la contemplaban aún resollando. Cuando llegó a su altura paró y les dijo, con chulería, sin dejar de mover las piernas: "Volveré a casa por la acera derecha de la calle Houston, por si preferís coger un taxi para escoltarme, chicos."
Como Castle había estado en la ducha, no había oído cómo se abría la puerta del loft, ni tampoco cómo una bolsa de papel con muffins recién hechos se posaba en la encimera de la cocina. Tampoco oyó cómo Kate dejó toda su ropa sudada en el cesto de la ropa sucia. Por eso, cuando salió del baño envuelto en su albornoz, secándose el pelo con una toalla, y se topó en medio de la habitación con el atlético cuerpo de su mujer, completamente desnuda, con la piel brillando por el sudor, tuvo la sensación de que era uno de sus antiguos sueños eróticos.
"Hola". Dijo ella sin mostrar rubor ninguno, mientras que con una minúscula toalla de tocador se enjugaba sensualmente la humedad de su piel, dándose toquecitos por todo el cuerpo. Aunque la alarma de "Kate está desnuda" en el cerebro de Castle ya se había disparado, antes de que se le nublara el cerebro por falta de riego, tuvo tiempo de admirar la belleza de sus torneados brazos y muslos, con músculos ligeramente marcados, sin perder la feminidad de sus formas. También intuyó las casi imperceptibles cicatrices que condecoraban su torso, porque lo que le estaban hipnotizando eran sus redonditos pechos que cambiaban de forma apeteciblemente con cada movimiento de sus brazos al secarse con la toalla.
"Ho-la". Dijo él atragantándose de la emoción que le provocaba contemplar tan íntima escena. No era capaz de decir nada, no se atrevía a mover ni un dedo, no fuese a desvanecerse cuando alargara una mano. Tragó saliva y notó cómo ella le miraba de arriba a abajo como si le atravesara el albornoz con la vista, haciendo una pausa perceptible al llegar a la entrepierna y sonriendo. Él no necesitaba mirarse para saber que sin duda, a esa altura, el albornoz formaba un sospechoso montículo, pero estaba tan absorto que no acertaba a ponerse en marcha para dar salida a tal cúmulo de energía sexual.
Ella dejó la toalla a un lado y caminando sensualmente, haciendo rozar la parte interna de sus muslos en cada paso, se dirigió hacia el baño pasando al lado suyo. Él, guiado por el suave y familiar olor que ella desprendía, se giró y contempló sus magníficos glúteos en esas femeninas caderas que contrastaban con la finura de su cintura. Se le quedó la boca seca, entonces fue cuando se dio cuenta que la tenía abierta desde hacía un rato.
"¿Vienes?" Le dijo Kate parándose en la puerta del vestidor que daba acceso al baño y echándole una mirada por encima del hombro. Castle, noqueado por la situación, tragó saliva y dijo "Voy" como un robot, para a continuación caminar torpemente hacia ella.
A Kate le encantaba la sensación de control que conseguía en cuanto aturdía a su marido con un desnudo integral. Se le iban todos los complejos cuando a él se le caía la mandíbula y se le abrían los ojos como si nunca hubiese visto a una mujer tan hermosa. Por eso tuvo que tomar ella las riendas cogiéndole del cinturón del albornoz y tirando de él hasta el baño, donde se lo desató y lo dejó caer al suelo. Al ver su anatomía tan despierta Kate sintió un placentero pinchazo en sus partes más sensibles. Se deleitó contemplando sus fuertes muslos, su ancho torso y su rebajada tripita, seguramente por el hecho de tener que lidiar con una despierta criatura día y noche este último año.
Puso las manos encima de sus marcados pectorales y sintió como a él se le cortaba la respiración. Se sintió halagada al provocar semejante reacción en su marido después de la dura prueba a la que había sometido su amor durante estos dos últimos años de ausencia. Sentía que tenía que decirle tantas cosas... agradecerle tanto lo que había hecho... pero lo que realmente deseaba ahora era despertar el semental que llevaba dentro para que le llevara al paraíso.
Deslizó sus manos acariciándole los hombros, subió al cuello... a su apetecible mandíbula, a sus orejas, sus sienes de pelo aún húmedo. La caricia provocó que Castle cerrase los ojos, pero activó su instinto y se inclinó buscando sus labios. Se posaron en los de ella suavemente, sintiendo un chispazo que le hizo tambalearse y que aceleró su corazón. Disfrutó de su carnosidad y su frescura, que superaba con creces lo que él recordaba. Cuando los saboreó dulcemente, fue como si poco a poco su cuerpo cobrara movimiento y pronto buscó su boca con más ahínco... Y cuando sus lenguas se enzarzaron en una lucha resbaladiza, las manos del escritor se posaron en la cintura de Kate, trayéndola hacia sí con ganas... unas ganas que enseguida sintió ella empujando en su vientre.
Cuando separaron sus bocas para respirar, ya no había remedio para sus cuerpos: entrelazados fuertemente como queriéndose enroscar el uno en el otro para tener la sensación de que ya no se iban a separar jamás. A Kate enseguida se le despertó la necesidad de morderle y abrió la boca para clavarle los dientes en la mandíbula, con la respiración agitada. A Castle se le escaparon las manos y le agarró las nalgas firmemente provocándole un sensual gemido. La corriente eléctrica que los envolvía ya les había nublado el sentido común y hubiesen sido capaces de consumar el acto de mala manera, empotrándose contra la pared de la ducha, como ya era clásico en el imaginario popular. Pero Kate optó por arrastrar a su ahora impetuoso marido hacia el dormitorio...
Y sobre las sábanas de la cama se tumbó cómodamente mientras tenía cogido de la mano a Castle para invitarlo a que se tumbara sobre ella. Él paró un instante, pues aunque se sabía que ella estaba sobradamente preparada, siempre le gustaba oír sus palabras: "Ya, Castle, ¡ya!" le urgió ella pidiendo que cruzara el umbral... Se acabó el raciocinio, que dio paso a su instinto animal, que los llevó a rugir de placer, a disfrutar cada embestida como si fuese la primera, a poner todas sus energías en su baile de caderas, con su peculiar compás tan conocido para ambos y no por eso menos deseado, sabiendo que están disfrutando el uno del otro, hasta llegar a cierto punto en el que se olvidan de su amante y se dejan llevar por el embrujo de su propio placer hasta el final del trayecto... de donde vuelven mareados, exhaustos, jadeantes y felices de volverse a encontrar el uno al otro en las revueltas sábanas de la cama de su dormitorio.
Tras unos segundos de silenciosa recuperación mirando el techo, fue Castle quien contra todo pronóstico se acercó a Kate y se acurrucó junto a ella, que lo recibió encantada, haciéndole descansar la cabeza entre sus pechos, acariciándole la nuca y apoyando su mentón sobre su cabeza.
"Bienvenida" dijo él en voz baja.
Ella se rió, sacudiéndolos a los dos con el movimiento de sus pulmones.
"Gracias por el recibimiento" le respondió ella al oído.
La placentera calma postcoital se apoderó de Kate que, hipnotizada, contemplaba cómo se movía el pelo de la coronilla de su marido cuando ella le acariciaba con las yemas de los dedos una y otra vez. Por su parte Castle, con los ojos cerrados, respiraba el suave aroma de la piel de su mujer, que le traía recuerdos de sensuales e interminables noches que habían compartido. La reconfortante sensación de sentirse por fin 'en casa' le hizo abrazarla y apretarse contra ella, sintiendo uno de sus suaves pechos acariciándole la mejilla. Él sonrió y entonces abrió los ojos... contempló el oscurito pezón delante de sus ojos y no pudo evitar las ganas de jugar con él, así que lo rozó con su mejilla ligeramente rasposa girando el cuello muy lentamente y cuando vio que se endurecía lo atrapó entre sus labios. Momento en que Kate suspiró curvando su espalda... y también sintió su mano en su nuca cerrándose para agarrarle del pelo y tirar de su cabeza un poco para que parase.
Él miró hacia arriba para encontrarse con sus ojos juguetones. Ella le advirtió "No se te ocurra empezar... si no vas a continuar". Castle exageró su expresión de marido ofendido y rápidamente se puso a cuatro patas sobre la cama para mirarla cara a cara. "Cómo te atreves a venir con exigencias... A veces una caricia es sólo una caricia" dijo él fingiendo teatralmente un enfado. A continuación le agarró de las muñecas y le subió los brazos hacia la cabecera de la cama, a lo que ella respondió exhalando todo el aire de sus pulmones y mordiéndose el labio inferior sin poder evitar la sonrisa que le provocaba el ver a su marido haciendo payasadas. Castle acercó sus labios a los de ella y dijo en plan machote: "Sería yo quien te tuviese que pedir que me complacieses en todo... como castigo por lo que has hecho". Ella le respondió desafiante "Atrévete..." y él contestó sin poder reprimir su voz juguetona "Ya vas a ver..."
Cuando ambos dos estaban dispuestos a aplicarse indecibles castigos sexuales, un sonido de puerta cerrándose les paralizó sus intenciones. Enseguida distinguieron la voz de Martha saludando a Jim Beckett, haciendo que sus cuerpos se paralizaran, y Kate abrió mucho los ojos cuando se oyó el alegre balbuceo de un bebé. Reaccionó como un ninja, haciendo rodar a su marido hacia un lado de la cama y dando dos zancadas por encima del colchón para lanzarse de cabeza hacia el armario ropero. Castle se cubrió con la sábana y abrió la boca para intentar decir algo a Kate, pero ella salió del armario cargada de toallas y ropa limpia y cruzó como una gacela la habitación rumbo al baño. Así que el escritor lo único que pudo hacer fue girar el cuello de un lado a otro intentando decir algo... En un último segundo Kate asomó la cabeza por la puerta del baño y dijo entre dientes "No me habías dicho que tu madre se había quedado a dormir". Él reaccionó con naturalidad: "No se ha quedado a dormir... es que ha vuelto a vivir aquí". Kate estuvo a punto de poner los ojos en blanco, pero al oír otro balbuceo de Lily no pudo hacer otra cosa que sonreír mirando hacia el salón, aunque no la pudiese ver desde ahí. Estresada dijo a su marido "Me tengo que duchar. Ahora salgo." Y como nota final cogió el albornoz de Castle del suelo del baño y se lo lanzó a la cara.
Cuando Castle salió al salón ya iba decentemente vestido con unos vaqueros y una sencilla camiseta de algodón con cuello de pico. Su madre había invitado a Jim a café así que estaban en la zona de la cocina, mientras Lily permanecía en su sillita en el salón moviendo agitadamente sus piernecitas para intentar escaparse y gatear a sus anchas por el suelo, que aún permanecía despejado como la sala de baile que había sido anoche. Castle se acercó directamente a su hija, que en cuanto lo vio sonrió y estiró los bracitos, que fue la misma reacción que tuvo el escritor, que la cogió en brazos y la upó en volandas mientras le hablaba musicalmente.
- ¿Cómo está mi elefantita? ¿Lo has pasado bien con el abuelo, Lily? ¿Habéis dormido en un fuerte? ¿Eh? ¿Has desayunado todo? ¿Te has portado bien, eh, pequeña diablillo?
La pequeña le abrazó agarrándose a la agradable camiseta, dando señales de que no se iba a separar fácilmente de él. El escritor caminó pletórico hacia la cocina, dando un musical "Buenos días" a su suegro y a su madre que le respondieron igualmente.
- Querido - intervino Martha - Menuda pieza está hecha tu hija: Ha tenido al paciente Jim prácticamente en vela toda la noche - dijo señalándole con la taza de café que llevaba en la mano. Castle miró a su suegro dispuesto a disculparse.
- No importa, de verdad. - dijo Jim amablemente - Ha estado bien pasar un día fuera de la rutina. - Lo que ya no dijo es que no se volvería quejar de su monótona vida.
- Lo siento Jim. No pensé que te daría tantos problemas. Te lo agradezco enormemente, de verdad.
- Olvídalo Rick. Yo me presté voluntario: Lily no podía quedarse con un extraño y técnicamente yo ya había dado la bienvenida a Katie, aunque fuese en calidad de abogado y en las dependencias del FBI, y luego escapase... En fin, os merecíais una buena fiesta de bienvenida.
El hombre dio por concluido su razonamiento ante la mirada de agradecimiento de su yerno y se dispuso a beber de su taza de café.
- Ya podéis haber aprovechado bien la noche. - dijo Martha - Y por lo que he oído hace un rato lo habéis estado haciendo. Porque me parece que vuestra intensa vida marital tal y como la practicabais va a verse mermada con Lily.
El pobre Jim a punto estuvo de atragantarse con el café y Castle dijo un cortante "¡Madre!" para que no diese más detalles de la vida marital de nadie y a punto estuvo de taparle los oídos a Lily con la mano que tenía libre.
- ¿Qué? - se quejó ella levantando las manos inocentemente - Creo que aquí todos sabemos cómo funciona la cosa... Lo de tener a un bebé en casa me refiero...
Castle miró el reloj intentando cambiar de tema y se sorprendió de que ya pasaran de las once de la mañana. Esa era la hora a la que había quedado con Jim para que le devolviese a Lily, pero entre unas cosas y otras se le había pasado volando.
- Hablando de nuestra Katherine, ¿Dónde está? - preguntó la diva.
Castle señaló con el pulgar por encima de su hombro hacia la habitación.
- Duchándose después del ejercicio. - como notó que Jim volvía a tener dificultades para beber, alargó la explicación - No me refiero a... es que ha salido a correr a primera hora esta mañana.
Marta asintió sorprendida por la energía de su nuera y Jim prefirió dejar la mente en blanco. Afortunadamente Lily balbuceó pidiendo café, así que papá Castle tuvo que alejarse de la cocina e instintivamente caminó hacia el salón para dejarla en su alfombra de juegos, sin acordarse que la tenía desmontada y guardada en el despacho, junto con todos los juguetes apilados, así que se dirigieron hacia allí, se sentó en el suelo frente a la cuna, y fue montando las losetas de la alfombra con la mano que tenía libre mientras le hablaba a su pequeña.
- ¿Sabes quien ha vuelto a casa? ¿Sabes a quien vas a ver hoy? A mami, síííí, a mami. ¿Te acuerdas de mami? Sí que te acuerdas ¿verdad? Mami te rescató del hombre malo. Mami es muy fuerte y muy valiente, como tú, ¿verdad que sí? Y mami te quiere mucho, mucho, mucho, como yo, ¿sabes?
Lily escuchaba embelesada a su papi sin soltarse de su camiseta.
- ¿Te acuerdas de lo que tienes que decir? ¿Te acuerdas de lo que te he enseñado? Tienes que decir "Hola, mami" a ver, dilo tú Lily, di "Hola, mami", "Hola, mami" - Castle le insistió cariñosamente pero Lily sólo tenía ojos para su alfombra y sus juguetes, así que el escritor la dejó cuidadosamente sobre ella, le acarició la cabecita y le dio un beso.
Se puso de pie quejándose un poco y enseguida se sintió observado desde la habitación. No se sorprendió al ver a una petrificada Kate de pie, observando desde el otro lado de la estantería que separaba las dos estancias, abrazándose a sí misma y con los ojos humedecidos por la emoción de presenciar tan tierna escena padre e hija. El escritor cruzó la puerta y puso una mano sobre su hombro, como queriéndola despertar, pero ella se había quedado observando a Lily a través de los libros... llevaba el pelo recogido en un moño rápido de los de andar por casa, vestía mallas y una camisola ancha de escote amplio que dejaba su cuello y nuca a la vista y que en este momento la hacía parecer engañosamente frágil y vulnerable. Él movió la mano acariciándole la espalda, hasta que ella habló, sin apartar la vista: "Estoy... aterrada, Castle... ¿Qué pasa si le doy miedo? ¿Y si le recuerdo al día del secuestro?...". Él dio un paso más, se puso detrás de ella, y la rodeó con sus brazos. La sintió respirar profundamente y relajar los hombros reclinándose hacia atrás para sentir su calor y su apoyo tanto físico como anímico. Cuando la sintió relajada el escritor habló: "¿Sabes? Yo pensaba que este momento tenía que ser idílico y perfecto, pero ayer me dijiste algo muy cierto: Que sólo querías llegar a casa y estar con Lily y conmigo, así que eso es lo que vamos a hacer..." se despegó de ella y le tendió la mano. Kate la miró y la tomó con fuerza.
Con decisión entraron en el despacho de la mano y de la mano se sentaron en la alfombra de juegos junto a su hija. Lily, que estaba buscándole el ombliguito al osito Cosmo, giró la cabecita y, tras echar un vistazo a papi, miró con ojos grandes y atentos a la persona que estaba frente a ella. Jim y Martha, que no querían perderse el momento, se habían acercado hasta el salón y observaban a través de la puerta el ansiado reencuentro.
Kate se aferró a las palabras que su marido sabiamente le había recordado para serenarse y, actuando con total naturalidad, se tumbó boca abajo en la alfombra de juegos, apoyándose en los antebrazos para estar cara a cara con Lily, quien la observó con la curiosidad con que miraba las cosas que le llamaban la atención: de hecho la pequeña, que estaba sentada, se echó hacia delante apoyándose en las manos queriendo imitarla. La ex capitana se tuvo que contener las ganas de cogerla entre sus brazos y apretarla fuerte-fuerte porque no quería asustarla, así que se presentó como si fuese una niña más mayorcita.
- Soy yo, cariño. Soy mami. - dijo con una voz clara y dulce, sin usar voz de bebés, cosa que conociendo a su esposa, le pareció de lo más natural a Castle, que se había quedado en silencio en un segundo plano.
Lily miró con atención la boca de su madre, luego echó un rápido vistazo a papi, que le hizo unos gestos abriendo y cerrando la mano, recordándole el saludo de "Hola, mami" que le había estado enseñando. No le hizo el menor caso. Volvió a mirar a su madre, concretamente a su boca, y la pequeña apretó los labios, queriendo imitarla.
- Como te prometí, ya he vuelto. - dijo Kate - Y te prometo que a partir de ahora voy a estar contigo y con papi... Siempre.
La pequeña, que no había dejado de mirarle, hizo un gesto con la boquita y frunció el ceño, hasta que todos los adultos que estaban presentes la oyeron decir:
- "Sem-pe"
Kate, que casi había estado aguantando la respiración, exhaló aire, sonrió de oreja a oreja y levantó las cejas al oír a su pequeña decir "Siempre". Lily, que era una gran imitadora, rió con regocijo ante la cara de su madre y levantó la manita para tocar esos dientes relucientes que había reconocido. Lo que ya enloqueció de amor a Kate, que no pudo resistirse a incorporarse hasta sentarse en la alfombra y cogerla en brazos.
Se sorprendió de lo que pesaba ya, más aún que hace un par de meses cuando la había rescatado de Vikram, y muchísimo más que cuando se la dejó a Castle en L.A. El calorcito de su cuerpo y la fragilidad de su ser le recordó a esos escasos dos meses que compartieron madre e hija en las sombras y, como hacía en aquel entonces, inhaló su aroma de bebé y le posó los labios en la cabecita recorriéndola con suaves besos, cosa que le hizo mucha gracia a Lily, que se dejó acariciar de esa forma tan curiosa y que no le resultaba del todo extraña.
Martha giró la cabeza emocionada hacia Jim, que le devolvió el gesto con los ojos brillantes de alegría. Ellos más que nadie podían hacerse una idea del sentimiento desbordante que hacía latir el corazón de Kate en este momento y aun así su imaginación se quedaba corta: todo el sufrir de Kate durante años que bien podía compararse con un frío pozo oscuro sin fondo, se había convertido en la montaña más alta y el Sol más luminoso, y tanto ella como Lily estaban en lo más alto de la cima en ese momento.
Lily apoyó su cabecita en el pecho de su mami que no dejó de acunarla, besarla y acariciarla... la pequeña luchaba para que no se le cerraran los ojitos, de la tranquilidad que sentía. Kate apartó la atención unos segundos de su bebé, para mirar a su otro amor: su marido. Castle, sentado a la vera de la alfombra, no había podido evitar unos lagrimones que salían en silencio de sus ojos emocionados y recorrían sus mejillas. Ella alargó su brazo y antes de que terminase el gesto, él se inclinó sobre sus chicas, haciendo una piña con su 'abrazo de oso'. Kate sintió su húmeda mejilla sobre la suya, que se apresuró a besar para reconfortarle. Lo único que dijo el escritor fue: "Ha sido más-que-perfecto"
Tras unos segundos abrazados tiernamente durante los que casi podían oír música celestial, de repente sintieron que se acababa la idílica escena. Castle dijo en tono neutro "Creo que alguien necesita un cambio de pañal", a lo que Kate respondió con un escueto "Sip"
Martha y Jim se rieron de la situación y entre risas volvieron a la cocina, para asegurarse de no participar en la siguiente escena, que no iba a ser tan agradable. Rick y Kate se levantaron de la alfombra. Ella sostenía a Lily por debajo de los brazos, un tanto alejada, buscando con la mirada un lugar en donde pudiese dejarla, como si fuera una mofeta, y disimuladamente la dirigió hacia Castle, para que la cogiera. El escritor se apiadó de su incomodidad y se la quitó de las manos a la vez que decía "Ven, que te enseño dónde la cambio...", para asegurarse de que su mujer no utilizaba sus habilidades de ninja para desaparecer y dejarlo con el marrón.
Entraron en el amplio baño, donde papá Castle había instalado una cómoda mesita-cambiador con calefacción incorporada, y donde también había hecho instalar un extractor de aire que se encendía automáticamente cuando se colocaba al bebé en el cambiador para aliviar las situaciones comprometidas. Kate ignoraba que hubiese tecnología friki aplicable a bebés, pero, de existir, no le extrañó que su marido la hubiese comprado. Lily no se quejó en ningún momento del trasiego de ser cambiada a cuatro manos, y no dejó de mirar a mami, atraída por la novedad, aunque Kate no dejase de poner caras raras durante todo el proceso.
Cuando Castle salió del baño con Lily limpita en brazos y observó a su mujer pálida y sudando le dijo con algo de guasa: "El truco es respirar por la boca, como si estuvieras en la escena de un crimen macabro."
Para que Kate se recuperara del mareante cambio de pañal, Castle se ofreció a cocinar su archifamosa pasta carbonara para hacer un desayuno-comida. Kate aceptó, porque aunque en ese momento se le había quitado el apetito, sabía que en cuanto oliera la salsa, no podría resistirse a ella.
- Además - añadió Castle - Tenemos que reponer fuerzas después de... - Ambos sonrieron cómplices sin decir nada más, pues sus padres andaban por ahí cerca.
- Oh, pero antes Lily tiene que tomar su almuerzo ¿verdad? - dijo Castle musicalmente mientras la dejaba en la trona de la cocina, bajo la amorosa mirada de Kate, que se derretía viendo a su marido con Lily. La complicidad padre-hija era aún más adorable a como ella se la había imaginado.
- Mecachis... - comentó mirando su reloj - Pero debería pasar por la tiendecita gourmet de la calle Varick antes de que cierren. Necesito bacon ahumado y un buen queso para la pasta. Pero... - se giró hacia Lily con cara de preocupación y luego le dijo a Kate en voz baja - ...después de 'vaciar el depósito', esta comilona se pondrá a llorar en cinco minutos si no tiene algo para llevarse a la boca.
A Kate le pareció una exageración típica de su marido viendo a Lily sentadita tan tranquila en la trona, mirándoles como hablaban, sin decir ni pio.
- Caray Castle, no hay problema. Yo me puedo quedar perfectamente dándole de comer a Lily mientras te acercas a la tienda. - dijo ella tranquilamente.
- ... ¿Seguro? - dijo él frunciendo las cejas aterrado, como si Kate hubiese dicho que le va a dar de comer miguitas de pan de la mano a un tiburón.
- Vamos... Tampoco es que sea una novata: Los dos primeros meses la cuidé yo y he leído mucho para saber cómo evolucionan los bebés. Podré arreglármelas. Y si no, consultaré el capítulo de 'Bebés de 13 meses'.
El escritor se le quedó mirando a ella y a Lily unos segundos hasta que se le relajaron los hombros y dijo:
- Bueno vale. Tardaré poco. - dijo él acercándose al frigorífico y sacando una tarrina con papilla casera etiquetada como 'pollo y zanahorias'. - Caliéntala a fuego lento y pruébala antes de dársela para comprobar que no quema.
Kate se la quitó de las manos algo molesta por los básicos consejos que ponían en duda sus dotes maternales, pero lo dejó pasar, entendiendo que Castle nunca la había visto ejerciendo de madre.
- Tranquilo. Anda, vete. Además, siempre me puede echar una mano tu madre o mi padre... - dijo Kate señalando con la cabeza a ambos dos, que se habían acomodado en la mesa del comedor con sus cafés y los muffins que Kate había traído.
Castle se aguantó las ganas de hacer una negación con la cabeza, para avisarle de que no eran nada hábiles con el tema de las comidas.
Exactamente dieciocho minutos después, Castle entraba por la puerta del loft con la bolsa de la compra y con la intención de saludar gritando 'ya estoy en casa', pero se quedó mudo al contemplar la cocina totalmente patas arriba: Había restos de papilla por la trona, la encimera, el suelo... además de varios paños de cocina y servilletas manchados. Los armarios estaban abiertos y todos los paquetes de galletas y demás dulces estaban desperdigados por la isla de la cocina, donde también había un bol con algo de papilla, el resto estaba repartida por la cocina y tal vez algo había ido a parar al estómago de Lily. A todo esto, no había rastro de sus chicas. Tampoco de Jim y Martha que seguramente habían vuelto a sus obligaciones en cuanto intuyeron lo que iba a pasar.
Aguzó el oído y oyó un golpeteo de plástico en el despacho, así que dejó la compra en una esquina de la cocina en donde no había llegado el terremoto en forma de papilla y se dirigió hacia allí.
Encontró a Lily achuchando a sus juguetes en su alfombra, siendo contemplada por Kate, sentada en el suelo a varios metros de ella, con las piernas flexionadas, abrazándoselas y con la barbilla apoyada en sus rodillas. Su pelo despeinado y las manchas de papilla que tenía en la ropa le dieron a Castle una idea de la dosis de frustración maternal que había sufrido la pobre. Ella ni se inmutó cuando él se le acercó y se sentó a su lado.
- Soy una mala madre. - dijo Kate enfurruñada.
El escritor pudo ver en sus enrojecidos ojos el esfuerzo que había estado haciendo para no echarse a llorar.
- Mmmm. Yo no lo veo así. - dijo él observando a Lily como hacía ella. Kate giró la cabeza para mirarle y él se explicó - Lily está feliz jugando, o sea, que ha comido lo suficiente y tiene a su madre, asaltada por comprensibles dudas y temores, vigilándola. ¿Qué más puede pedir un bebé de 13 meses 'de libro'? ¿Eh?
Kate sonrió.
- Escucha... - dijo Castle cogiéndole de la mano - ... Tú le diste la vida y tú tomaste la decisión más dura que puede tomar una madre para que ahora, en este momento, estemos los tres juntos. ¿Cómo puedo yo competir con eso? Al menos déjame que me encargue yo de darle de comer y si quieres... - tragó saliva - ...hasta puedo encargarme de los pañales.
Kate le apretó la mano y sonrió aún más, no pudo reprimirse un par de lagrimones que recorrieron sus mejillas que en parte fueron para liberar la tensión e impotencia que había sufrido como madre novata y en parte también por sentirse feliz de tener a Castle a su lado.
Lily, que tal y como decía su padre, estaba feliz, se quedó impactada al ver a esa nueva persona en su vida llorando. Ella era la que lloraba, no los demás. A excepción de la abuela, pero eso era diferente. Este lloro le caló hondo en su cerebrito de bebé y se le ocurrió una solución. Gateó hacia ella empujando con las manos su coche de policía.
Kate vio acercarse a su hija y se le cortaron las lágrimas para a continuación sonreír dulcemente.
- ¿Qué quieres, cariño? - dijo ella en voz baja
- Creo que te la has ganado. - dijo Castle - Lily no deja su juguete favorito a cualquiera.
La pequeña paró y tocó palmitas alegremente para animarle a jugar, como si quisiera decirle 'con este juguete se te quitan todas las ganas de llorar'. Kate se puso a cuatro patas, Lily la imitó expectante. La ex-detective buscó el interruptor y encendió el coche. Lo puso a rodar en el suelo hacia el salón y madre e hija gatearon detrás suyo. Lily estaba encantada de que por fin alguien entendiese cómo se jugaba con el coche de policía.
- Vamos, cariño, que se escapa. - dijo Kate invitándola a gatear más deprisa. Lily gritó de satisfacción y aceleró sus movimientos imitando a su madre. Castle se hubiese unido a ellas, pero su rodilla no estaba para esos trotes, así que caminó tras ellas por el salón con una amplia sonrisa dibujada en su cara.
En un momento dado Kate se puso de pie y dio unos pasitos adelantándose a su hija, Lily se paró y se le quedó mirando mosqueada por la 'trampa' que estaba haciendo.
- ¿Aún no camina? - preguntó Kate echando la vista atrás hacia su marido.
- Mi teoría es que puede, pero que no le da la gana. Y tampoco es que lo necesite: Le basta con mirar al adulto más próximo con sus encantadores ojos para engañarlo y que lo coja en brazos.
Kate estuvo a punto de poner los ojos en blanco, pensado que ese no era exactamente el problema. Se agachó cogiendo a su mosqueada bebé de debajo de los bracitos y poniéndola de pie. La pequeña giró la cabeza para mirarle a la cara y frunció las cejas extrañada por el cambio de juego, intentando entender cómo era
- Vamos, Lily ¡Que se escapa el coche! Vamos a correr detrás de él ¿vale?
Kate echó a andar sosteniéndole los brazos desde atrás, Lily levantó instintivamente el pie y dio un paso, pero sin dejar de mirar a su madre hacia atrás. Así no iba a mantener el equilibrio, así que Kate le dijo:
- Mira al coche, mira al coche ¡Se escapa! Ni-no-ni-no-ni-no... - la corrigió imitando el sonido de la sirena.
Lily le hizo caso, miró al coche y agarrada a las manos de su madre movió sus piernecitas torpemente mientras ella misma imitaba el sonido de la sirena "ni-oo-ni-oo-ni-oo"
Castle se acercó a ellas maravillado, parecía que Lily había encontrado la motivación para andar. Cuando el coche de policía estuvo a punto de llegar al comedor, Kate separó las manos poco a poco hasta que soltó a Lily y ella solita dio unos pasos tambaleantes mientras cantaba 'ni-no-ni-no' hacia el ansiado juguete. Kate no se movió contemplando a su hija y con el rabillo del ojo vio a su marido que dio un brinco de alegría y se acercó gritando a su bebé:
- ¡Estas andando, Lily!¡Mi niñita está andando! - a lo que la pequeña respondió parándose, sentándose en el suelo y levantando los bracitos para que papi la cogiera.
- Ya veo cual es el problema - dijo Kate con guasa.
Castle la cogió en volandas y la upó bien alto para felicitarla. Kate pensó que estaba en lo cierto: Lily tenía a su papi a su merced y si no andaba era porque le bastaba chasquear los dedos y ahí lo tenía, dispuesto a llevarla.
El escritor se acercó a Kate con Lily en brazos y le agarró por la cintura para atraerla hacia él y darle un sonoro beso en los labios. El hecho despertó la curiosidad de Lily que no había visto antes esa clase de comportamiento en su padre. Kate se dejó abrazar por su animado marido, que le dijo al oído 'Eres una mami guay'.
Como lo prometido es deuda, Castle se puso a cocina la famosa receta que había conquistado el estómago de toda la familia, más aún el de Kate, cuyo concepto de 'comida casera' consistía en recalentar en el microondas 'de casa' las sobras del chino del día anterior. El escritor, ataviado con un delantal que ponía 'Besa al cocinero', estaba tan contento que amenizaba el cocinado canturreando una especie de ópera que había oído en algún anuncio de la tele. Mientras, Kate y Lily se estaban recorriendo toda la casa persiguiendo el escurridizo coche de policía mientras gritaban 'ni-no-ni-no' a veces gateando, a veces andando y, cuando Lily lo creía oportuno, arrastrando el trasero por el suelo y dejándolo impoluto a su paso.
Madre e hija eran adorables e incansables a los ojos de Castle, que se sintió aliviado al darse cuenta que Kate le enseñaría a Lily todo lo concerniente a coordinación corporal para jugar al futbol, beisbol, montar en bici o lo que hiciese falta. Sus conocimientos en el tema se limitaban al campo teórico.
Durante unos minutos el escritor se concentró en lanzar unos espaguetis a los azulejos de la pared de la cocina para comprobar el punto de cocción. Cuando terminó se dio cuenta de que sus chicas ya no hacían ruido. Mientras se secaba las manos con un paño se imaginó dónde estaban.
Kate se había sentado en el suelo del despacho, al pie de la cuna, donde Lily estaba recostada de lado hecha una bolita, disfrutando de una merecida siesta después de haber capturado al coche. Él cogió un cojín del sillón y lo echó al suelo para sentarse al lado de su mujer. Se quedaron los dos mirando en silencio el tranquilizador respirar de su bebé durante varios minutos, hasta que Kate dijo en voz baja.
- Es un milagro.
El escritor le pasó el brazo por encima de los hombros y le dijo al oído.
- Sí. Has conseguido dormirla y además en su cuna. Es una proeza, créeme.
Ella sonrió y se inclinó hacia un lado para apoyar la cabeza en su hombro.
- No me refería a eso... al menos 'no sólo' a eso.
Él giró su cabeza para apoyarla sobre la suya, inhalando el aroma de su pelo recién lavado.
- Hace casi dos años estábamos ahí... - dijo echando un vistazo a la cocina, donde estuvieron agonizando en un charco de sangre - Pensé que ahí se acababa todo, Castle, pensé que era un final injusto que no nos merecíamos. Creo que... esa rabia que me entró para luchar contra lo que parecía que era nuestro destino, fue lo que me dio fuerzas para no morir ese día... y es más... unas pocas células que había en mi interior pensaron lo mismo que yo.
Ambos miraron a Lily en la cuna, ajena al hecho de que su vida se fraguó en esos convulsos días durante los cuales sus padres luchaban contra LokSat y en los que sólo encontraban la paz al llegar la noche cuando, durante un rato, olvidaban sus problemas perdiéndose el uno en el otro. Kate siguió hablando:
- Nuestra pequeña es una luchadora... Sentirla crecer dentro de mí... Fue algo inexplicable. Si yo me ponía triste, ella se agitaba. Si yo me agobiaba y quería dejarlo todo, ella me daba pataditas... Sentí que no estaba sola desde el primer minuto, como si una parte de tí a través de nuestra hija me condujera a seguir luchando.
Castle miró orgulloso a su bebé.
- Que quieres que te diga... son los genes 'Castle'... O quizás eran gases.
Kate hizo mención de darle un golpecito con el puño, pero no lo hizo cuando vio la mirada emocionada de su marido sonriéndole, y siguió hablando:
- Ahora comprendo tu lucha interna queriendo proteger a Alexis de todo. Es... agotador estar en alerta las 24 horas del día y eso que ahora sólo es un bebé... ¿Cómo voy a soportarlo cuando se vaya haciendo mayor? ¿Cómo consigues no volverte loco, Rick?
- Te refieres a... ¿Cómo evito las ganas de meteros a todos en una urna de cristal, incluida tú, mi fiel esposa 'ninja'? Bueno, me ayuda pensar que si yo he conseguido llegar a donde estoy, Alexis y Lily lo conseguirán... Aunque sinceramente, no sé que voy a hacer contigo.
Castle la miró meneando la cabeza cómicamente como si la situación no tuviese remedio, a lo que ella respondió:
- Lo de la urna me aburriría. Preferiría que me atases a la cama...
El escritor no perdió la oportunidad que le brindó en bandeja.
- ¿Soy yo o todas nuestras conversaciones parece que están destinadas a acabar en una situación de alto contenido erótico?
- Eres tú. - le cortó ella de buen rollo.
- Mecachis...
- Lo que ahora quiero es comerme una buena ración de tu... - el escritor abrió los ojos - famosa pasta carbonara. A ver si tampoco has perdido práctica en cocinar.
- ¿"Tampoco"? - preguntó él juguetón.
Kate sonrió, no dijo ninguna palabra más y se levantó del suelo rumbo a la cocina, dándole la espalda mientras él la miraba embobado.
Si Castle hubiese invitado a comer a un vagabundo cualquiera de las calles de Nueva York, no hubiese comido con tan buena gana como lo estaba haciendo Kate. Ni siquiera le había dejado que preparara la mesa del comedor. Se había encaramado al taburete de la isla de la cocina y él, desde el otro lado y aún con el delantal puesto, le había servido la pasta y el vino. Ahora pensaba que no le hubiese venido mal asar un pollo por si acaso la fiera se quedaba con hambre. Para colmo, Kate acompañaba cada bocado que entraba en su boca con una serie de gemidos y expresiones en su cara, como si no hubiese comido tan a gusto en años. Lo que estaba distrayendo al escritor de su propio plato de pasta.
Cuando Kate hubo terminado, dirigió su vista a la fuente de pasta dispuesta a servirse otro plato, pero Castle le advirtió.
- Guarda sitio para el postre.
Ella se lo quedó mirando a ver a qué tipo de postre se refería, pues su 'ánimo' después de comer había cambiado completamente.
- Cuando volvía de la tienda he pasado por enfrente de la pastelería y me he acordado...
A Kate se le iluminaron los ojos.
- ¿Te refieres a la tarta de queso especial que siempre me apetece de madrugada, después de que tú y yo...?
- Exactamente. - le dijo con picardía - Una crujiente capa de galleta borracha de Amaretto, cubierta por una capa de crema con queso mascarpone y merengue, cubierto con mermelada de uvas rojas...
A ella se le hizo la boca agua mientras le escuchaba. Ya se le estaban activando varias partes de su cuerpo, pero ganaron sus papilas gustativas.
- Dame un trocito ahora... - le suplicó Kate, mientras él le miraba dispuesto a negociar - ...y luego... me tomaré otro. - añadió picantona.
Castle le clavó los ojos con una sonrisilla traviesa y sin dejar de mirarla se dio media vuelta y caminó con chulería hacia la nevera. El contoneo de su masculino cuerpo fue disfrutado por Kate, que, mientras dirigía la copa de vino a sus labios, le observó de arriba a abaj...
- ¿Castle?
- ¿Sí?
- No llevas pantalones.
- No.
- Ni... ningún tipo de ropa interior.
- No.
Ella se quedó esperando una explicación mientras no apartaba la vista de sus poderosos glúteos, que asomaban por la abertura trasera del delantal, mientras él se había quedado quieto con la mano en la puerta del frigorífico, dándole la espalda dejándole disfrutar de las vistas.
- Era mi 'plan B' para llevarte al huerto... por si lo de la tarta de queso me salía mal. Quizás es demasiado atrevido para tu gusto... pero ten en cuenta que tengo que luchar contra tu instinto maternal, aparcado durante meses y que fluye por tus venas más fuerte que nunca y que centra todo tu interés en nuestro bebé.
Kate sonrió y le pareció ver su futuro con claridad: Castle y Lily luchando por su atención tras todos estos meses de ausencia...
- Vale, pues... te informo que ahora mismo vas ganando. Y que cuando acabe con esa tarta... seguiré contigo.
Castle estuvo a punto de dar botes de alegría, pero la puerta del loft se abrió.
El escritor se puso tenso y de un movimiento brusco se dio la vuelta para ocultar el hecho de que tenía el trasero al aire, con lo que casi se clava el asa de la puerta del frigo.
- ¡Alexis! - dijo con una voz aguda.
Kate no pudo reprimir una sonrisa ante la pillada de Alexis que era sólo el reflejo de la risa que se estaba aguantando y que se abría paso por todos los poros de su piel. Una parte de ella se apiadó de su marido, así que acudió al rescate:
- ¡Alexis, cielo! ¿Qué tal estás? - dijo bajándose del taburete y dirigiéndose a ella.
- Oh, Kate... - las chicas se fundieron en un abrazo, más largo de los que se dan sólo por cortesía, que mostraba el sincero cariño que se profesaban.
Castle había empezado a deslizarse con el trasero pegado a la pared, hacia el cuartito al lado del comedor, para recuperar sus bóxers y sus pantalones. La pelirroja, en circunstancias normales, hubiese atado cabos y se habría dado cuenta de que había interrumpido 'algo', pero hasta Kate notó que la chica tenía la cabeza en otra parte.
- Ey... - dijo para llamar su atención y darle tiempo a Castle de ponerse presentable - Me tienes que contar cómo van los preparativos de la boda. Ten en cuenta que tuve que preparar la mía dos veces, así que sé exactamente distinguir lo superfluo de lo indispensable.
La chica se dejó guiar hacia el salón donde ambas se sentaron.
- Lo cierto es que... - dijo Alexis- Sí que quería hablar contigo, Kate, pero sobre otro tema... bueno, indirectamente relacionado conmigo y con Ashley, pero completamente diferente.
Kate enseguida captó el tono de la chica: serio y urgente. Como cuando se tiene un conflicto interno que no puedes resolver tu sola y buscas consejo de la gente a la que quieres y admiras.
- Pero por favor, Kate, prométeme una cosa... - le dijo mirándole con sus inocentes ojos azules y acercándose más a ella para cogerle la mano.
La ex detective se contagió se su seriedad y le tomó la mano entre las suyas, con lo que pudo comprobar su nerviosismo en forma de sudor frío y un ligero temblor. Ella la sostuvo con firmeza sin decir nada para transmitirle que era tierra firme en donde se podía agarrar.
- Prométeme que quedará entre nosotras. Que no se lo contarás a mi padre...
Kate tuvo un momento de duda. No sabía de qué podía tratarse y según lo que fuera, podría ser que un padre tuviese que saberlo. Por otra parte, quizás no había una palabra exacta para su relación que no era madre-hija ni era de hermanas, pero se consideraban mutuamente familia cercana. Alexis era una mujer adulta y había acudido a ella antes que a nadie, así que no podía fallarle.
Kate asintió con la cabeza, aunque hizo un gesto con el dedo para que la chica permaneciera en silencio un poquito más... echó un vistazo alrededor del loft y cuando vio a Castle que se acercaba a ellas, con los pantalones puestos, comentó con una sonrisa:
- Castle, cariño, creo que Lily se está empezando a despertar ¿te importaría atenderla?
- Claro, pero antes...
El escritor se acercó a su hija mayor con los brazos abiertos, que se levantó del sofá para corresponderle.
- Has estado un poco 'desaparecida en combate' estas semanas, calabacita. Casi echaba de menos tus fustigaciones como editora. Casi.
- Lo siento papá. He estado muy liada con el trabajo y lo del compromiso...
Castle se apartó y miró orgulloso a su hija. Kate sintió una punzada en el estómago pensando que podía ser lo que la chica no quería compartir con su adorado padre. De hecho notó que la pelirroja evitó la mirada paterna agachando la cabeza y haciendo un gesto de agotamiento.
- De hecho... - interrumpió Kate antes de que el escritor pudiese notar algo raro - ... Alexis y yo tenemos una charla pendiente para que me cuente todos los detalles de la pedida de mano, así que... - le hizo un gesto hacia el despacho, donde Lily ya se había dado cuenta que estaba 'encerrada' en la cuna y había empezado a gimotear...
- Sí, y tengo un montón de cosas en las que necesito consejo femenino, ya sabes: mantelería, flores, decoración... - explicoteó la chica para darle una idea de lo aburrido del tema.
Castle se alejó hacia el despacho no sin antes añadir:
- Pregúntame a mí también. Entre todas las bodas de tu abuela y las mías, podría escribir una enciclopedia.
Cuando el escritor entró en el despacho Lily le miró con sus grandes ojos llorosos y gimoteó un poco más fuerte para que la cogiese en brazos. Cosa que papi hizo encantado.
- Ouh, mi elefantita, cada día pesa más... Ven aquí, tesoro ¿Qué tal con mami? ¿A que es guay? Sí, lo es, igual que túúúú.
Lily ya estaba tranquila en brazos de su padre, que le peinó con la mano el pelo revuelto, dejándoselo con raya a un lado, como lo llevaba Kate cuando la conoció, así estaba igualita que mami.
- Vamos a hacer como que jugamos con algo mientras mami y Alexis conspiran misteriosamente ahí fuera ¿sabes? Dicen que hablan de bodas, pero están planeando mi fiesta sorpresa de cumpleaños. A mí no me engañan... A saber lo que se les habrá ocurrido...
Lily miró entre los libros de la estantería hacia el salón mientras papi preparaba una actuación del osito Cosmo. Si un bebé de 13 meses 'de libro' hubiese visto el lenguaje no verbal de las dos mujeres, no habría entendido nada, pero Lily, acostumbrada a las actuaciones teatrales de su abuela supo que se acercaba el desenlace.
FIN MARZO 2018
