14. El tercer homicidio
Harry y Jack avanzaron a toda prisa a través de los escritorios del departamento, hacia el despacho del señor Millan.
-¿Estás seguro de lo que dices, Harry? -preguntó Jack, entusiasmado-. Es increíble que quien transcribió ese informe no se haya dado cuenta…
-Quizás no conocía a este profesor -dijo Harry, mientras avanzaban junto a varios magos que levantaban la mirada con curiosidad por la prisa de ellos dos. Harry sintió un nudo en el estómago al recordar sus sospechas de que alguien de ese departamento podía estar involucrado. Podía ser cualquiera. El mismo jefe del departamento, su compañero Jack…
Llegaron al despacho del señor Millan y golpearon, pero nadie respondió.
-¿Buscan al señor Millan? -preguntó una voz tras ellos. Se volvieron y uno de los magos antiguos del departamento, el señor Flowers, que trabajaba allí hace muchos años, los observó con una mirada de intriga.
Harry no respondió. De pronto, no confiaba en nadie.
-Él y Dawlish salieron urgente hacia Hogwarts hace instantes. Ha habido otro homicidio, allí.
Se quedaron pasmados ante la noticia.
-¿Otro homicidio?
Harry sintió que el alma le abandonaba el cuerpo. Instantáneamente su cerebro enloqueció pensando en Ginny, en Hermione, en Luna…
-Tenemos que ir allí -declaró Harry, nervioso.
-No, quédense aquí, ellos ya se están encargando -dijo el señor Flowers, mirando a Harry con una expresión que le generaba al chico ganas de golpearlo en la cara. Era un adulto y ya no toleraba que le dieran órdenes.
Sin decir más nada, Harry se dio la vuelta y empezó a alejarse de Jack y el señor Flowers. Caminó en dirección a su escritorio, y cuando estaba a palmos de distancia giró en otra dirección y avanzó a pasos largos hasta fuera del departamento, rumbo a los ascensores.
Harry caminaba rápido y con la mente en blanco, como poseído. Cuando alcanzó los ascensores, unas brujas con expresión de aburrimiento ya cerraban las rejas para marcharse en uno. Harry abrió las rejas y se metió dentro con ellas, generando que lo miraran con enfado. No le importó.
Apretó el botón del salón central y esperó mientras el ascensor se movía y se iba hacia atrás, luego hacia un costado y hacia arriba. Las brujas se bajaron en el tercer piso y antes de marcharse le lanzaron una mirada desagradable al pasar a su lado. Harry esperó, nervioso e impaciente, hasta que el ascensor retomó el trayecto hacia el salón central.
Al llegar, Harry retomó su caminata rápida y tensa en dirección a las chimeneas tan rápido como podía, sin dejar que nada ni nadie lo distrajera. Pasó rápidamente junto a un mago adulto y por accidente lo chocó, haciendo que se le cayera una alta pila de papeles.
-Lo siento -masculló en voz casi inaudible. El mago, de estatura mediana, no muy robusto, hizo un gesto indicando que no se preocupara y se agachó a juntar sus papeles. Harry lo reconoció como un colega suyo del departamento de aurores del que no recordaba el nombre. Pero decidió irse de allí en lugar de ayudarlo.
Al llegar a las chimeneas, Harry se metió rápidamente en la primera que vio. A toda velocidad, ni bien pisó tierra firme giró en el lugar y se apareció muy lejos de allí, junto a las verjas de entrada de Hogwarts.
-Déjame entrar -dijo al instante, porque vio que había alguien conocido del otro lado de las verjas: Filch.
-Potter -dijo Filch con expresión de disgusto-. No me importa que tan famoso seas, no vas a darme órdenes…
-Vengo del Ministerio de la Magia y tengo órdenes de presentarme para hacer registros sobre el crimen que ha ocurrido aquí -mintió Harry, sabiendo que esa era la forma más rápida de poder entrar.
Manteniendo su expresión de disgusto y maldiciendo por lo bajo, Filch abrió la puerta y lo dejó pasar.
Harry avanzó rápidamente por los terrenos, con el corazón latiéndole a toda velocidad. ¿Qué habría ocurrido? ¿Quién había muerto?
Cuando llegó suficientemente cerca de la entrada al castillo, vio que había un grupito de magos agolpados en la entrada. Distinguió el sombrero de McGonagall y la capa de viaje que Dawlish solía usar. Se apuntó con la varita y se aplicó el encantamiento desilusionador más potente que pudo conjurar. Casi del todo invisible, Harry se acercó a ellos y mantuvo suficiente distancia para oír la conversación que los magos estaban manteniendo. El señor Millan también estaba allí.
-No sabemos cómo lo ha hecho -decía el señor Millan a la profesora McGonagall. Se lo veía inusualmente desconcertado, muy distinto a como solía ser, siempre tranquilo y con apariencia de tener todo bajo control-. No ha dejado rastros. No hay huellas mágicas de ningún tipo. Hace mucho tiempo no veo una escena del crimen tan confusa, con tan pocas pistas…
-No hay nada -decía Dawlish-. No hay rastros de polvo mágico, ni alteraciones en la corteza del espacio-tiempo, ni cenizas de chispas de varita, nada. La ha limpiado completamente.
-Dígame, profesora, de nuevo por favor -dijo el señor Millan-. ¿Cuál era el nombre del profesor?
-Vincent McGreggor -dijo ella, asustada-. Era nuevo aquí. Empezó este año para cubrir la vacante del puesto de profesor de Defensa Contra las Artes Oscuras. La verdad es que yo no lo conocía demasiado, necesitábamos personal así que hice entrevistas abiertas. Publicamos un aviso en El Profeta y el se presentó. Cumplía con todos los requerimientos: había obtenido Extraordinario en casi todos sus EXTASIS. Yo lo recordaba de haber sido su profesora hace muchos años, pero no era un alumno que hubiera llamado particularmente la atención, su paso por Hogwarts había sido tranquilo, casi no lo recordaba. Había estudiado para ser auror, así que tenía estudios, pero nunca trabajó en el Ministerio. Dijo que vivió y trabajó en una empresa privada de seguridad mágica en el exterior. Lo contraté, y recibí buenos comentarios de él. Los alumnos estaban satisfechos. La verdad es que no contacté tanto con él. No sé si tenía enemigos, o… -la profesora, muy escandalizada, se detuvo y miró al señor Millan con una expresión muy suya-. Pero creo que no hay dudas de quién lo hizo, ¿verdad? Usted vio el mensaje escrito en la pared, con sangre… es la misma firma que apareció en el homicidio de esa familia de Oxford: "el Cazador de Brujas".
-No lo sabemos con exactitud, Minerva -decía el señor Millan-. Le sorprendería saber que la mayoría de los homicidios que aparentan ser de un asesino en serie en verdad son realizados por distintos asesinos que imitan el mismo mensaje para aparentar ser el mismo mago. Aún debemos investigar.
Harry se escondió un poco tras las escaleras de entrada, para evitar que alguien lo reconociera bajo su encantamiento desilusionador. Tenía el ceño fruncido, y no conseguía entender la situación. ¿Vincent McGreggor había sido la víctima? ¿Él había muerto? ¿Cómo era eso posible, si él era el principal sospechoso de Harry? Aquello era muy extraño…
Entonces, Harry tuvo que apartarse del camino para no ser golpeado por un par de magos que se acercaban llevando algo en brazos: era el cuerpo, Harry estaba seguro. Estaba envuelto en una especie de plástico negro y los dos magos lo llevaban levitando en el aire mediante magia.
-Profesora, sé que quizás no quiera hacer esto, y la entenderé -dijo el señor Millan, cuando los dos magos llegaron junto a ellos-. Pero necesitamos que alguien identifique el cuerpo.
-Sí, de acuerdo, no hay problema -dijo ella, sujetándose el pecho con una mano.
Uno de los dos magos abrió el plástico en la parte de la cabeza, la profesora McGonagall echó un vistazo y apartó la mirada rápidamente.
-¡Dios mío! ¡Qué barbaridad!
-Este asesino es despiadado, como un animal -comentó Dawlish-. Igual que con el crimen de Oxford. Una brutalidad.
-¿Es él? -preguntó el señor Millan, mirando a McGonagall con expresión de incertidumbre.
Ella asintió con la cabeza, tapándose la boca con la mano y con los ojos cerrados.
-Es él -confirmó-. El profesor McGreggor…
Millan se quedó mirando a McGonagall, con expresión desconcertante. Harry se preguntó si el jefe del departamento sabía lo mismo que sabía Harry, y por eso tenía esa expresión, como si dudara que el cuerpo fuera verdaderamente de Vincent McGreggor, y por eso había esperado que McGonagall se lo negara.
Le hizo una seña con la cabeza a los dos magos, y estos avanzaron hacia las verjas que salían de Hogwarts, llevándose el cuerpo.
-Por favor, permítame molestarla con unas últimas preguntas, profesora -dijo Millan, y ella asintió-. ¿Me repetiría cómo encontraron el cuerpo?
-Fue terrible -dijo ella, muy afectada-. Estas dos niñas, Maggie y Romilda, fueron temprano al aula del profesor para cumplir un castigo que este les había dado. Allí lo encontraron. Pobrecitas, dos estudiantes, encontrarse con eso. Salieron gritando horrorizadas…
-El cuerpo llevaba horas allí -dijo Dawlish, completando la información-. Estimo que la hora de muerte fue por la madrugada de hoy, posiblemente cerca de las 2 am.
-Oh, Dios, qué terrible, toda la noche allí.
-¿Nadie oyó nada a esa hora? -preguntó Millan.
-No que yo sepa -dijo McGonagall-. Pero habrá que consultar a los alumnos. Puedo hablar de lo ocurrido en la cena, como directora debo informar a los estudiantes y explicarles lo ocurrido. Les diré que si alguien oyó algo debe venir a decírmelo, por supuesto. Esto es muy grave. El mundo mágico aun no se recupera y ocurre esto. No me extrañaría que hoy mismo algunos padres se lleven a sus hijos de vuelta a casa.
-Sí, estamos de acuerdo en que es terrible -dijo Millan-. Respecto a las dos alumnas que lo encontraron, ¿podría llamarlas, por favor? Les haremos unas preguntas brevemente.
-Por favor, que sean breves. Aún están muy afectadas.
En silencio, Harry subió las escaleras y se metió en el castillo. Empezó a avanzar por la escalera principal, hacia los pisos superiores. En su camino a la torre de Gryffindor, su cabeza trabajaba a toda velocidad.
¿Qué acababa de pasar? ¿Cómo era posible? Había algo muy extraño allí, algo inicialmente incomprensible pero que quizás tendría sentido si pensaba en ello lo suficiente…
Este enigma era inquietante. Primero, un hombre que se hacía llamar Vincent McGreggor había entrado a esa mansión donde Harry fue enviado en el verano, visita tras la cual murió un mago. Pero no había habido mensajes escritos con sangre en la pared en esa ocasión, o al menos no había habido ninguna noticia que Harry escuchara mencionando la firma del Cazador de Brujas.
Ahora, un mago del mismo nombre que acababa de empezar a enseñar en Hogwarts era asesinado. Desde luego, el caso requería (según había aprendido Harry en sus pocas semanas estudiando auror) hacer una investigación comparativa de este asesinato y el crimen de Oxford, para determinar si realmente era una asesino en serie.
Por otro lado, ahora tenía que involucrar como otro posible crimen del "Cazador de Brujas" a aquel asesinato ocurrido en el verano. Si bien este inicialmente no había sido vinculado con el de Oxford porque muchas características habían sido distintas (no había habido mensaje con sangre, no estaba firmado con el nombre Cazador de Brujas, no había sido igual de brutal y despiadado al parecer), ahora había un elemento clave que lo relacionaba: el nombre de Vincent McGreggor. Y eso era, por lo que Harry entendía de crímenes mucho mas importante para vincular dos crímenes que una nota dejada en la pared. Aquello podía ser falso, pero esto tenía muchas más posibilidades de ser verdadero.
Harry avanzó por el séptimo piso hasta llegar al lugar donde quería ir: la torre Gryffindor. Una vez allí, se acercó a la dama gorda y se aclaró la garganta pensando en qué podía decirle esta vez.
-No me engañarás de nuevo, Potter -dijo ella entonces, y Harry se sobresaltó.
-¿Puedes verme?
-Más o menos, sí. Vi una cabellera negra flotando y me di cuenta que era la tuya.
Harry se tocó el cabello. ¿Se estaría desvaneciendo su encantamiento? Probablemente, ya que si hubiera estado mal hecho todo el tiempo los magos en la entrada al castillo lo habrían visto. Harry se apuntó a sí mismo y se lo aplicó nuevamente.
-Ahí está mucho mejor -dijo la Dama Gorda.
-Gracias -le dijo Harry-. Oye, necesito…
-No te dejaré entrar -dijo ella, desafiante.
-¿Por qué no?
-Supe que lo del otro día era mentira. No había ningún mago tenebroso en el castillo.
-Esta vez sí -le mintió Harry. Estaba desesperado.
-No te creo nada, Potter. Me caes bien, sin embargo, pero no puedes pasar. Ahora vete, por favor.
Harry se la quedó mirando unos instantes con enojo. Pero supo que no valía la pena insistir. Se dio la vuelta y se alejó por el pasillo del séptimo piso.
¿A dónde iba ahora? Quizás, si iba a la biblioteca, tuviera suerte…
Se dirigió hacia allí y unos minutos después llegó sin ser visto. En el camino, entró en un baño para mirarse en el espejo y supo que su encantamiento estaba bien ahora.
Al llegar, entró en la biblioteca y se puso a caminar por entre las mesas. Había algunos alumnos estudiando o charlando en susurros. Primero pensó que no había tenido éxito. Pero entonces, mientras doblaba una esquina de una estantería, chocó de lleno con una bruja adolescente a la que se le cayeron todos los libros de las manos.
-¡Hermione!
La chica lanzó un grito, se fue hacia atrás y se golpeó contra la estantería, haciendo que varios libros más cayeran. Un par de alumnos levantaron la mirada, primero asustados, y luego, al ver que no pasó nada, mirando a Hermione como si estuviera loca e intercambiando miradas de complicidad entre ellos.
-¡Soy yo! -le susurró Harry al oído.
Hermione se quedó congelada unos instantes, con cara de susto aún. Luego su expresión cambió lentamente hasta volverse una de resentimiento.
-Vete de aquí -le dijo, también en un susurro, y se apresuró a recoger sus libros. Pero Harry fue tras ella y la siguió hasta fuera de la biblioteca, por el pasillo exterior en que no había nadie.
-Que te vayas -dijo ella, al escuchar sus pasos tras ella.
-Por favor, Hermione. Necesito hablar contigo. Sobre el asesinato.
Al oír eso, Hermione se detuvo y giró sobre sus talones. Harry se quedó en silencio, inseguro de si la chica seguía enfadada o no. Su rostro le indicaba que estaba en actitud pensativa.
Harry decidió que era seguro quitarse el encantamiento desilusionador, así que lo hizo y se reveló ante ella.
-Hola -le dijo. Ella no lo saludó, sino que permaneció pensativa.
-Ven por aquí -le indicó, y se metió en un aula cercana. Mirando alrededor y comprobando que nadie lo veía, Harry fue tras ella.
El aula parecía ser la misma donde había cursado las clases de Defensa Contra las Artes Oscuras en el año en que había tenido al profesor Lockheart… ¿o había sido con Lupin allí? Ya no podía recordarlo. Los años habían pasado…
-Yo también estuve pensando en eso, así que podría ser útil compartir ideas -dijo ella con un tono de voz cargado de frialdad exagerada, y tomando asiento tras el pupitre que normalmente era del profesor, frente al escritorio delante de todo. Harry se acercó pero se quedo de pie a un par de metros de distancia de ella, tratando de evitar problemas. -Anda, toma asiento -añadió ella, y Harry sintió como si tuviera que dar un examen y ella fuera la profesora.
-Sí, claro -dijo él, obediente, y tomó asiento.
-Esto es demasiado -le dijo ella, evitando mirarlo a los ojos. Sacó un libro de su mochila y empezó a recorrer páginas con velocidad. -Aquí dice que los McGreggor eran una familia del sur de Gales, sangre mestiza. No hay eventos ni acontecimientos sospechosos en torno a ellos. Figuran en un listado de familias de magos, y nada más. Por mucho que haya buscado, no encuentro conexión con las Artes Oscuras. No hay parentescos con magos de Slytherin, con familias oscuras ni nada parecido. En otras palabras, no tengo nada.
-Lo mismo que pasó con la familia de Oxford -dijo Harry, atreviéndose a hablar. Ella seguía evitando el contacto visual. -No tienen ningún antecedente ni conexión con las Artes Oscuras. Lo que me lleva a pensar…
-Que no eran magos oscuros -dijo Hermione, completando la frase-. Sino gente inocente que murió a manos de un asesino que sí es oscuro. Aunque en el caso del profesor…
-En ese caso yo sospecho, porque él fue identificado como un posible sospechoso de asesinato en el crimen que Ron y yo cubrimos este verano.
-No sabía eso -Hermione frunció la frente, aún sin mirarlo, asombrada-. Yo sospecho de él porque me parecía una persona rara en sus clases. Es decir, era muy buen profesor, sí, pero extraño. Muy callado, serio, parecía como si estuviera pensando en otras cosas en lugar de prestar atención a la clase que daba. No digo que sospecho de que él fuera el asesino, claro que ahora eso queda descartado. Lo que digo es que quizás estaba involucrado en algo o sabía algo de todo esto... ¿Cómo es que fue identificado como sospechoso de asesinato?
-Antes de morir, el mago que visitamos con Ron nos dijo dos nombres. Uno era el de Vincent McGreggor, identificándolo como quien entró en su casa en la noche y luego desapareció, motivo por el cual el llamó aurores. El otro el de un tal Herby Dippet, que no sé quién...
-¿Dippet? ¿Cómo el ex director de Hogwarts?
-Bueno, sí. Quizás sea un pariente, pero...
-No, espera -Hermione pasó páginas en el mismo libro, y se detuvo en una-. Herby Dippet fue un sobrino-nieto de Armando Dippet, ex director de Hogwarts. Fue auror y estuvo involucrado en un escandaloso asunto interno del Ministerio junto a… -se detuvo un instante, mientras leía-. Junto a Lucretia Black. Ambos murieron en un accidente en 1992.
Harry arrugó la frente, desconcertado.
-¿Dice ahí mas detalles sobre eso?
-No, nada. Quizás pueda buscar en Crónicas de Familias Sangre Pura, aunque el libro no estaba disponible hoy en la biblioteca. Alguien lo sacó.
-Bien. Esta es mi teoría -empezó Harry-. Bueno, en verdad tengo dos. Lo primero que creo que ya queda claro es que no se trató de dos crímenes, sino tres. La primera teoría es que el asesino del primero, el que asesinó a Augusto Clevermole…
-¿Clevermole?
-Sí, así se llamaba -dijo Harry sin darle importancia, mientras pensaba a toda velocidad en sus teorías. Hermione repitió el apellido para sí misma mientras revolvía más páginas de su libro, buscando.
-Como decía -continuó Harry-. Mi primera teoría es que su asesino fue Vincent McGreggor, enviado por el tal Herby Dippet. Eso sería lo más obvio. Según mis clases de auror, en la mayoría de los crímenes lo más obvio acaba siendo la verdad, así que no sería una mala teoría. Vincent McGreggor sería el sicario, y Herby Dippet el que lo mandó a matar. Luego, en septiembre, volvieron a enviarlo a matar a aquellos tres magos por motivos que desconozco. Y ahora, por algún conflicto interno entre ellos, Herby Dippet mandó a matar al sicario. Claro que...
-Claro que tu teoría deja de tener sentido si recuerdas que acabo de decirte que Herby Dippet está muerto. Murió hace seis años.
-Entonces, podría tratarse de un nombre en clave. El que envió al sicario no revelaría su verdadero nombre tan fácilmente. De cualquier forma, mi segunda teoría me parece más acertada. Y esta es que Vincent McGreggor no estaba involucrado con el asesino sino con algún mago que quería detener al asesino. O mismo él quería detenerlo. Fue a aquella mansión en el verano a buscar al verdadero asesino, que quizás estaba allí. Augusto Clevermole pudo habernos mentido y estar del lado del asesino, y habernos llamado por otro motivo, como por ejemplo intentar aprisionar al mago bueno para quitárselo de encima de forma fácil, acusándolo de invasión de propiedad. En realidad, McGreggor fue allí para detener al verdadero mago oscuro, que pudo ser Clevermole u otro. Hicimos un encantamiento revelio con Ron que nos indicó que no había nadie más allí aparte de Clevermole, pero claramente alguien estaba o fuera de la casa o en algún sitio, o sino Clevermole no habría muerto...
-Perdón, Harry, pero hay algo que no entiendo. ¿No apareció Clevermole colgado, como si se tratara de un suicidio? ¿Por qué piensas que fue asesinado?
-Nadie en el departamento de aurores duda que haya sido asesinado. Están hace meses tratando de buscar al asesino sin éxito. Se lo encontró en el suelo, ya no colgado, con una especie de látigo alrededor del cuello como si lo hubiera estado antes. Por el tipo de heridas que tenía y la forma en que estaba en el suelo, concluyeron en que alguien tuvo que infligírselas, no hubiera sido posible que se las hiciera a sí mismo, y que además alguien más tuvo que bajarlo al suelo si estuvo colgado como se cree, no pudo caer solo. Lo determinaron los aurores que analizaron la escena del crimen.
-Bien -dijo ella, asintiendo.
-Entonces, mi segunda teoría es que él no era el mago oscuro, sino que fue allí a detener al mago oscuro. ¿Por qué? Bien, porque eso explicaría que lo hayan asesinado hoy. Estaba tratando de detenerlo o detenerlos, y él o los magos oscuros implicados decidieron matarlo.
-¿Y cómo explica esa teoría la muerte de Clevermole? Dices que el mago oscuro pudo ser Clevermole y otro. Vuelves a lo mismo. Si hubiera sido Clevermole, no habría muerto.
-No, claro. En verdad tuvo que ser otro. Pero me refiero a que quizás estaba en el bando de Clevermole. La situación en sí es extraña. Esa mansión parecía un lugar muy grande para un ex empleado de limpieza del Ministerio. Dijo que había heredado la casa. Todo muy poco creíble. Quizás era un lugar de reuniones donde uno o varios magos oscuros se encontraban. En todo caso, la visita de McGreggor hizo que llamaran a aurores...
-Lo cual no tiene sentido. Si eran varios magos oscuros, podrían simplemente haber matado a McGreggor allí mismo entre ellos. ¿Y llamar a los aurores? Sería lo último que haría un mago oscuro.
-Hay muchos detalles que se me escapan -admitió Harry-. Pero tengo una corazonada respecto a esa teoría. Yo estuve en esa casa. No lo olvides.
-¿Y los mensajes escritos con sangre? ¿Y el Cazador de Brujas? Pienso que es una firma falsa. Ya de por sí, no tiene sentido llamarse el Cazador de Brujas cuando solo uno de sus cinco homicidios fue de una bruja.
-Parecería ser una declaración de género en un principio -reflexionó Harry-. Pero estuve leyendo sobre las Cacerías de Brujas históricas, y tampoco le encuentro sentido desde ese lado. En estos casos, según vimos en la Academia, hay que ignorar el nombre clave. Está diseñado para despistar, por lo que no hay que prestarle tanta atención.
-De acuerdo, Harry -entonces, Hermione guardó sus libros y se puso de pie de pronto-. Creo que deberíamos investigar esto juntos. Tú pareces haber aprendido mucho en tus clases de auror, además de que ya eras un buen mago en esto de resolver misterios. Y estuviste en esa casa, como dices. Yo, por otro lado, investigué mucho sobre esos apellidos y nombres, y sé que hay algunos otros libros donde puedo encontrar más información.
-De acuerdo -dijo Harry, asintiendo.
-Pero hay condiciones -agregó ella-. Si vamos a investigar esto juntos, deberás respetarlas. Condición número uno: nadie puede vernos juntos. Te daré de vuelta tu capa para hacerte invisible, y vendrás con ella al castillo para nuestras reuniones, sin que nadie te vea de ninguna forma. Y deberás venir tú, yo no volveré a ir a tu casa. Condición número dos: Nadie puede saber que estamos investigando esto juntos. Ni Ron, ni Ginny...
-No he vuelto a hablar con ellos, no te preocupes -añadió Harry, serio.
-Condición número tres -siguió ella, fingiendo interés en el cierre de su mochila-: Nada volverá a pasar entre nosotros, ¿de acuerdo? Sólo nos reuniremos a investigar esto, para resolverlo, porque puede haber vidas en juego. Y no queremos que haya otro crimen.
-Exacto -dijo Harry, asintiendo.
-Y condición número cuatro -entonces, Hermione levantó la mirada de pronto y la clavó en los ojos de Harry por primera vez en todo ese rato, haciendo que se le retorcieran las tripas-: No me abandones de nuevo
