14. La cueva de fuego.

-¿Estas segura de esto, hermana?-. Le pregunto Luna a su hermana mayor, demostrando una preocupación real por ella.

-No te preocupes, además, hace mucho que no hacemos ninguna actividad juntas-. Esto lo dijo mientras sacaba una armadura dorada y algo empolvada de un viejo baúl dentro de su cuarto. La cara de Celestia mostraba un poco de nerviosismo, era obvio que en verdad le asustaba un poco esta situación.

Al darse cuenta, Luna se coloco a un costado de ella y recargo su cabeza sobre su hombro. -No te preocupes, yo te protegeré, hermana-. Celestia sintió algo de nostalgia ante aquellas palabras, pues recordó que ella le había dicho lo mismo cuando eran niñas.

Las tres princesas habían sido muy claras esa noche, seria una misión suicida, y no había seguridad de volver. Por esa razón, serian ellas quienes se arriesgarían, y claro, quienes se ofrecieran.

Bockly y Strudely decidieron quedarse, ellos protegerían Canterlot en la ausencia de las princesas, además, Strudy no dejaría que el fuera.

Por su parte, en el cuarto destinado para los Especialistas, Lightning se preparaba, con su traje de especialista y unas garras doradas parecidas a las de Gilda. Juntas las habían diseñado, y pensó que si moriría, debía de hacerlo dando un homenaje a su amada amiga.

Speed la miraba en silencio desde una ventana; él ya no necesitaba alas para flotar o pegarse a las paredes y escalarlas sin que nadie se diera cuenta de su presencia, aunque luego de pensarlo dos veces, decidió dejarla sola.

Justo debajo, Zecora estaba atendiendo a algunos ponys de Manehatan, entre los cuales estaba Babsseed, prima de Applebloom, quien había conseguido su cutiemark ya hacia tiempo; unas tijeras para cortar el cabello, aunque para ese momento, no parecían tan impresionantes.

Speed se le acerco a Zecora en silencio, pensó que tal vez la asustaría, pero ella simplemente le ofreció un frasco con un remedio, el cual sostuvo por inercia, recordando cuando le ayudaba en el bosque a curar algunos animales salvajes. Cuando terminaron, ambos caminaron rumbo al jardín, con Speed siguiendo a Zecora.

Las flores y animales parecían estar asustados, temerosos por el mal clima, y casi no reaccionaron ante la presencia de ambos. Speed trato de decir algo, pero su voz se corto un poco; tal vez, la noción de su inminente muerte y la situación de querer rescatar a su prometida lo tenían demasiado tenso.

Justo antes de que comenzara a llorar, Zecora lo abrazo, del mismo modo que cuando era un niño, sintiéndose seguro, no para decir algo, sino para expresar sus verdaderos sentimientos, los cuales se reflejaron en un llanto que Zecora no logro calmar hasta pasadas varias horas.

Solamente Sylverfire y Twilight habían ido a dormir, aunque para Sylver eso significaba únicamente tratar de descansar un poco con los ojos cerrados. Para un dragón adulto es muy difícil conciliar el sueño si no lo hacia sobre su tesoro, y ya que lo había perdido hacia ya tiempo durante la batalla con aquel morgano, dormir era algo imposible para el.

Luego de algunas horas, el primero en esperar a sus compañeros era Apple Bock, quien había descansado el tiempo exacto que las princesas le habían ofrecido. El día y la noche ahora se parecían mucho, por lo que las princesas les habían dado ocho horas exactas para descansar y despedirse.

Poco a poco, las princesas y los especialistas se presentaron, demostrando a hora un brillo singular. Luna y Celestia relucían sus armaduras dorada y plateado obscuro, que les protegían el cuerpo y la cabeza. Twilight brillaba como si pequeños diamantes cubrieran todo su cuerpo, un hechizo simple que reforzaba su piel contra ataques físicos.

Lightning y Speed llegaron uno detrás del otro, con Lightning mostrando una mirada muy seria, con sus garras doradas, dobladas hacia atrás para que no le estorbaran y Speed, con su traje de especialista y una pulsera dorada en cada casco, las cuales se las había dado haada Zecora.

Solo faltaban Sylverfire y Discord, quienes llegaron poco después, con Discord sosteniéndose del cuello de Sylver, como si fueran dos amigos saliendo de un bar.

El viaje seria volando, las montañas de fuego estaban lejos, y seguramente estarían vigiladas desde tierra. Celestia los cubriría con un hechizo que los haría invisibles, solo hasta llegar a la entrada subterránea que Discord describió.

Speed se sostuvo a la espalda de Sylver, ya que el era el único del grupo que no podía volar. El grupo se preparo, y en un solo ademán, alzaron vuelo al mismo tiempo. Era una escena única de ver, pues habían tomado una formación alineada, con Celestia y Luna en los costados y Sylver en el centro. Desde tierra, Bockly y Strudy se despedían de sus amigos, junto con Zecora quien había llegado tarde para despedirse.

El viaje fue largo, casi dos horas de vuelo hasta las montañas de fuego. En el camino, y a pesar de la bruma provocada por las nubes que Morgana había creado, todos eran capaces de ver la cantidad enorme de soldados y criaturas que se juntaban en los alrededores de las montañas, no solo en la tierra, sino también en las nubes, pasando solo a unos metros de distancia de ellos; aparentemente el hechizo de Celestia funcionaba muy bien.

Discord descendió poco a poco, con todos los demás siguiéndolo muy de cerca. En su interior, ninguno estaba muy seguro de confiar en el otra vez.

-Bueno, desde aquí todo es en linea recta...-. Discord dijo esto mientras señalaba una cueva con apenas espacio en la entrada para que Sylverfire entrara. -...aunque creo que tendré que conseguirles algo de tiempo-. Todos voltearon a verlo, pues su voz sonaba extrañamente mas gruesa.

Discord había cambiado de tamaño, fácilmente media veinte metros, y su cuerpo se veía mucho mas musculoso. Discord comenzó a caminar en dirección a las montañas, parecía que quería hacer mucho ruido al caminar, pues sus pasos hacían agujeros enormes en el suelo.

-¿Que están esperando?-. Lightning finalmente los hizo salir de su trance, recordándoles la razón por la que estaban ahí.

La cueva era angosta al principio, pero con forme avanzaban, esta se hacia cada vez mas amplia. El camino fue bastante mas corto que el viaje volando, pero igual de molesto, pues el calor en ese lugar comenzaba a aumentar conforme avanzaban. Por suerte, Sylver los acompañaba, y con cada oportunidad utilizaba su fuego helado, refrescándolos de una forma muy agradable.

Finalmente, llegaron a lo que parecía el final de la cueva, donde un letrero tamaño pony indicaba una flecha que apuntaba hacia arriba y un mensaje.

"El primer paso siempre es el mas difícil"

Frente al letrero estaba dibujada la huella de una garra de dragón, pero del tamaño del casco de Speed; tal parecía era de Discord.

Al verla, Speed sintió un cosquilleo, provocado tal vez por la voz extraña que ahora le hablaba de una forma mas clara. Con paso firme camino hasta poner su casco sobre aquella huella, mostrando una puerta de piedra sobre ellos, con el tamaño justo para que todos pasaran, al menos uno por uno, habían llegado al castillo.

Al abrirla, la puerta se levanto en silencio, como si de un susurro se tratara. Una vez todos juntos, esta se cerro, sellandose como si nunca hubiera estado ahí.

La vista del grupo se concentro no solo en lo amplio del lugar, sino en lo mas impresionante de todo, un tesoro conformado por monedas de oro, diamantes y otras gemas preciosas, armaduras y armas, todas hechas de metales preciosos.

-Esto es...-. Sylver se veía muy nervioso, casi temblando, pues reconoció a simple vista aquel tesoro, su tesoro, robado y usado para conformar el suelo del primer cuarto del castillo de la reina.

Speed estuvo a punto de decirle algo a Sylver, pero fue interrumpido por un temblor repentino, parecido al que Discord generaba, seguido de un ruido parecido a una respiración muy ruidosa.

-Escúchenme todos, no quiero que intervengan, protejanse-. Sylverfire avanzo en sus cuatro garras, mientras se escuchaba una risa algo siniestra en toda la habitación.

-Jumjumjum... no importa cuanto trates de protegerlos, al final, sus huesos formarán parte de "mi" tesoro-. Una voz muy gruesa y agresiva resonó entre el sonido de monedas resbalando unas sobre otras.

Al fondo de la habitación, cubierto por una sombra muy intensa, el brillo de dos puntos rojos y brillantes distrajo la atención de todo el grupo, poniéndolos en modo de defensa mientras veían surgir la figura de un dragón rojo del doble de tamaño que Sylver, pero que provocaba mucho mas miedo.

-Así que, finalmente me has traído un bocadillo, hermano-. La voz del dragón daba miedo, pero fueron sus palabras las que asustaron aun mas a los integrantes del grupo de rescate.


Ya falta poco...