DIVISIONES

XIV: RESOLUCIÓN

Apartamento en Atenas

Cecilia había regresado a su apartamento esa tarde un poco más cansada de lo habitual, con un par de enormes bolsas de víveres que había comprado antes de llegar a casa. Canuto estaba metido en su bolso, y lo puso en el suelo para abrir la puerta del apartamento. Puso también las bolsas en el suelo, y buscó las llaves en la inmensidad de su bolso.

-Ruuufff…-

-Lo sé, lo sé, no me regañes, Canuto- dijo Cecilia, haciendo un gesto fastidiado- pero no puedo vaciar mi bolso. ¡Hay cosas que puedo llegar a necesitar!-

Cecilia abrió la puerta y volvió a cargar todas sus compras, entrando a la casa seguida de Canuto, dejando la puerta abierta, y dejando todos los víveres sobre la mesa. Mientras lo hacía y antes de volverse a cerrar la puerta, Canuto comenzó a ladrar y gruñir.

-¿Un desconocido?¿Dónde?- dijo la chica. Otro par de ladridos, Cecilia palideció y corrió hacia la puerta para intentó cerrarla.

Una mano cubierta de una armadura negra lo evitó.

-¡Aaaah!- gritó Cecilia con todas sus fuerzas, cayendo hacia atrás al suelo por el impulso de la puerta al volverse a abrir. La chica se levantó, tomó a Canuto y corrió hacia su habitación, encerrándose en ella. Sabía que eso no iba a servir de mucho: esos hombres usaban cosmo también. Y no podía llamar a Saga: le había dicho que tendría su celular apagado porque los enemigos estaban espiando. ¿Qué iba a hacer? Tenía que tranquilizarse y pensar. ¿Qué hacer?

Un golpe en la puerta la hizo dar un respingo de sorpresa. Canuto ladró y se lanzó a su regazo. La chica se ovilló en una esquina, abrazando al perro. Maldita sea, ahí estaba el monstruo de su ansiedad de nuevo. ¿Qué podía hacer al respecto? Estaba atrapada, y no podía huir.

Un fuerte golpe tumbó la puerta, y el hombre se acercó a ella. La tomó de los brazos y, de un tirón, la hizo ponerse de pie. La chica soltó a Canuto, quien no dejaba de ladrar furioso al desconocido. La tomó de los hombros con fuerza y la empujó contra la pared.

-Así que tu eres la nueva ragazza del santo de Géminis- dijo el hombre.

Cecilia tembló. ¿Qué podía hacer?¿Mentir? ¡Ah! Sentía los hombros pesados, sabía que cada vez estaba más cerca de caer de nuevo en una crisis. Cerró los ojos y respiró hondo, intentando tranquilizarse.

-No sé… no sé de qué estás hablando- dijo Cecilia.

-¿Acaso me tratas de engañar?- dijo el hombre- ti consiglio, mia carina, un po' meglio a imposturar-

La chica palideció.

-No, por favor…- dijo Cecilia.

-Ya me imagino la cara del santo de Géminis cuando te encuentre- dijo Bellini, haciéndola levantar la mirada, y esbozando una terrible sonrisa que no ayudó para nada a que Cecy se tranquilizara. Cada vez más sentía que su garganta se cerraba, y eso que el hombre apenas la había tocado- no es nada personal, ragazza. Y me hubiera gustado hacerlo sufrir más, pero no tengo tiempo-

Canuto seguía ladrando furioso, pero no podía hacer nada: Bellini estaba cubierto por su armadura. Tras decir ello, el hombre acercó la mano al cuello de la chica, dispuesto a apretarlo, y ella levantó los brazos en un intento de evitarlo. Ni siquiera alcanzó a comenzar a tocarla, pues un golpe tumbó al hombre italiano y lo alejó de Cecy, quien volvió a caer sentada en el suelo. Otra armadura, una dorada esta vez, apareció junto a ella.

-Cecy, ¿estás bien?- la chica escuchó la voz de Saga.

Cecilia no respondió. Estaba respirando muy rápido y apretando los ojos, intentando en vano calmarse y evitar caer en la crisis que ya era inevitable. Saga se volvió enfurecido a Bellini, y lo levantó del suelo tomándolo del cuello. ¡Ese maldito italiano había osado ponerle las manos encima a Cecy, y le había causado esa fea crisis que la hacía sentirse horrible! Encendió su cosmo furioso.

-Maldito- dijo Saga entre dientes. Estaba demasiado furioso- te masacraría aquí mismo, pero no quiero asustarla más de que lo que ya está. ANOTHER DIMENSION-

El italiano desapareció dando un alarido. Saga suspiró, y se volvió hacia Cecy. Aún estaba ovillada en el suelo, y Canuto intentaba tranquilizarla. El santo se puso en cuclillas.

-¿Estás bien?¿te hizo daño?- dijo Saga. Cecy sacudió la cabeza, y se llevó nerviosamente las manos temblorosas al cuello.

-Mi bolso…- dijo ella en un susurro- necesito tomar…-

Saga asintió, y rápidamente regresó a la mesita donde Cecy había dejado su bolso. Regresó con la pequeña pastilla de emergencias y un vaso de agua, y la ayudó a tomarla.

-No tengas miedo, Cecy- dijo Saga con cariño, dejando a un lado el vaso, y extendiendo los brazos hacia ella. La chica se dejó abrazar por él- aquí estoy contigo. No voy a permitir que te hagan daño-

Saga la besó repetidamente en la frente sin dejar de abrazarla. Tomó unos minutos para que la chica se tranquilizara, durante los cuales Saga no la soltó. Después de unos quince o veinte minutos, sintió que ella lo abrazó de vuelta.

-¿Ya estás un poco mejor?- dijo Saga.

-¿Qué…que fue eso?- dijo la chica, asintiendo levemente.

-Nos estaban espiando con los teléfonos celulares, así te encontraron- dijo Saga, señalando el teléfono de Cecy- tenemos que deshacernos de esto. Cecy- añadió el santo dorado- sé que no te gusta estar rodeada de gente, pero necesito llevarte al Santuario, para mantenerte a salvo-

Cecy lo miró. No le gustaba la idea, pero no tenía mucha opción. Asintió después de pensarlo unos momentos.

-Y tengo que advertirte que mi hermano y cuñada van a preguntarnos muchas cosas- añadió Saga, algo apenado, pues sabía que Kanon y Satu habían estado muy curiosos últimamente.

La chica sonrió levemente. Saga volvió a besarla, esta vez en la mejilla. Odiaba a los enemigos, por haberse metido ahora con ella. Pero no podía hacer nada más al respecto, más que mantenerla a salvo. La ayudó a levantarse y a tomar a Canuto, y abrió un portal a otra dimensión, para regresar al Santuario antes de que los enemigos volviera a atacar.

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Calles de Atenas

Poco antes

Camus había llevado a Liliwen a la librería, pues quería conseguir un libro nuevo que no estaba en la biblioteca del templo de Athena. El santo dorado la acompañaba y esperaba pacientemente a que la chica terminara de elegir el libro que necesitaba, cuando escuchó, por medio de su cosmo, la advertencia de Shura. Se volvió a Lilu y le quitó el libro de la mano.

-Lo siento, mon amour- dijo Camus, devolviendo el libro al estante- tenemos que irnos ya-

Liliwen no reclamó: el tono en el que habló el santo dorado era suficiente para que ella supiera que era algo muy serio. Tomó la mano del santo, y ambos salieron rápidamente del local.

-¿Qué sucede?- preguntó Liliwen, corriendo un poco para alcanzar a Camus, quien caminaba a paso acelerado.

-Los enemigos nos van a atacar en cualquier momento- dijo Camus, frunciendo el entrecejo y mirando a su alrededor, buscando con su cosmo cualquier rastro de los enemigos- tira tu teléfono celular, nos están siguiendo con ellos-

La chica volvió a obedecer tan pronto como Camus le dijo que tirara el aparato, y se aferró con más fuerza a la mano del santo, quien se volvió a ella intentando tranquilizarla con la mirada. Tras un par de cuadras, se detuvo de golpe, y Lilu casi chocó con él.

-¿Camus?- dijo la chica.

-Shhh… están cerca- dijo Camus- prepárate-

La chica asintió, y miró a su alrededor, esperando pacientemente el ataque. Notó el ataque que se dirigía hacia ella demasiado tarde. Por fortuna, Camus la retiró del ataque justo antes de ser golpeada. Tropezó, y el santo evitó que cayera al suelo.

-¿Estás bien?- le susurró Camus.

-Sí, gracias- dijo Liliwen.

Había dos hombres con armaduras negras, uno de cada lado de la calle. Lilu los miró, un poco temerosa. No había olvidado su última experiencia. Camus la tomó de los hombros con cariño para tranquilizarla, y dirigió una gélida mirada a los dos hombres. Ambos parecían aliviados de que el santo y la chica no se les hubieran escapado. Pero Camus no estaba de humor.

-Aléjate dos pasos, ma chèrie. Me gustaría terminar con ellos yo mismo- dijo Camus, encendiendo su cosmo y bajando un poco la temperatura del lugar. Lilu sonrió e hizo lo que su chico le dijo. Ni siquiera se tuvo que esforzar mucho. Los dos enemigos quedaron completamente congelados de pies a cabeza en los siguientes tres segundos.

Una vez que terminó su ataque, el francés se volvió a Lilu de nuevo.

-Disculpa la tardanza, mon amour- dijo Camus, ofreciéndole el brazo- deberíamos apresurarnos al Santuario, antes de que más basuras como ellos vengan también-

Liliwen asintió y, tras tomar su mano, se apresuró junto con Camus al Santuario.

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Casa de Mac, Atenas

-Descarga completa- dijo Toto, una vez que Saga hubo desaparecido en un portal a otra dimensión- ya sé donde está Mac-

-¿Dónde está?- dijo Shura.

-Enviaré su ubicación en el mapa que envió ella- dijo Toto. Y segundos después, Shura vio un nuevo punto brillante, de color rosado, con el nombre de Mac en él- en el barrio de Omonoia-

Shura se puso de pie.

-De acuerdo, iré por ella- dijo el santo dorado.

-Toma esto- dijo el dragón mecánico, señalando un cajón en el escritorio de Mac. Shura alzó las cejas, pero hizo lo que dijo Toto y lo abrió. Había un pequeño reloj, parecido al que Mac le había regalado el día que la conoció.

-¿Qué hago con esto?- preguntó Shura.

-Es un prototipo, es a prueba de hackeos- dijo Toto- descargué su ubicación y el programa localizador dentro. Te va a guiar hacia Mac. O al menos, hacia el dispositivo en su cinta de cabello. Encuéntrala, por favor- añadió el robot- mis circuitos me dicen que perdería 80% de mi funcionalidad y 73% de mi carisma si algo malo le pasara-

Shura sonrió levemente y asintió. El enorme dragón era el mismo Toto al que Mac estaba tan apegada, y éste parecía compartir la sensación, a pesar de ser un robot. Y Shura lo entendía perfectamente. Se puso el reloj y abrió la caja de su armadura. Una vez cubierto por ella, salió a la calle en la dirección señalada. Tenía que encontrar a Mac.

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Entrada del Santuario de Athena

Aioria estaba de muy mal humor, y eso eran malas noticias para todos. La causa de su enojo era que Marín estaba muy triste por la muerte de su amiga. Tenía ganas de salir y quebrar algunos huesos a los que osaron causar esas lágrimas en los ojos de su mujer.

Todo el Santuario estaba en alerta. Los santos dorados habían regresado al Santuario, y las chicas ya estaban a salvo en los Doce Templos. Los dorados se reunieron en el Coliseo. Solo Shura, Saga y Aioros estaban ausentes. El santo de Géminis se había quedado en su templo con Cecilia, y Kanon era quien traía puesta la armadura. Aioros, por su parte, estaba recuperando el sueño perdido.

-Gracias a los dioses que tuvimos esa advertencia- dijo Camus, recordando lo que había pasado, que habían sido atacados por un par de enemigos cuando estaba con Lilu.

-Fue gracias a Shura- dijo Milo- de alguna manera supo que los iban a atacar-

Mu iba a decir algo, cuando sintieron un mensaje de cosmo de parte de Shura. No eran palabras, sino era una serie de imágenes mentales. En ellas estaba Mac, la muerte de Anika, las piezas rotas de Toto y la localización de los enemigos.

-Yo iré- dijo Afrodita, poniéndose las manos en la cintura- me quedé con ganas de golpearlos la última vez-

-Entonces yo también iré- dijo Death Mask- Shura necesitará ayuda-

Los demás santos asintieron.

-Bien, ustedes dos alcancen a Shura- dijo Mu- nosotros debemos organizarnos para mantener el Santuario a salvo-

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Barrio de Omonoia, Atenas

Mac se soltó los cabellos por un momento en un gesto de nerviosismo, y luego se los volvió a atar. Recordaba el dispositivo de localización en su cinta, pero no sabía si alguien había encontrado el chip de Toto a tiempo. Suspiró. Esperaba que al menos su mensaje hubiera sido recibido por Shura, y que nadie más sufriera por su culpa. Tenía a Anika en su conciencia, no quería tener a nadie más.

Además estaba ese hombre, Levi, que le daba mucho miedo. Algo en su tripa le decía que, a pesar de que sus secuestradores parecían satisfechos, no debía bajar la guardia. Tenía sentido: se enfurecerían cuando descubrieran que sus planes fallaron. Pero había otra cosa que era tan poco sutil que era imposible equivocarse: la forma en la que ese hombre la miraba significaba que aún estaba en peligro.

"Tengo que salir de aquí", pensó, mirando a su alrededor.

Estaba en una habitación en la que solo había una manta polvorienta sobre la alfombra, y un pequeño closet. Abrió la puerta de éste último, esperanzada, pero no pudo ver nada útil para su escape: estaba vacío, salvo un par de prendas de vestir. Suspiró decepcionada.

"Quizá podría hacer una cuerda con la manta y las prendas", pensó Mac "y escapar por la ventana"

Se acercó a la ventana y miró a través de ella: estaba en un edificio de al menos veinte metros de altura. Miró la manta y las prendas, y después de nuevo a través de la ventana. No creía lograrlo.

De pronto, la puerta se abrió dando un golpe contra la pared. Mac dio un brinco de susto y se volvió hacia donde se había originado el ruido. Levi y Greta estaban furiosos en la entrada.

-¡Tú!- gritó Greta, con los ojos desorbitados de furia. Mac dio un paso atrás, dándose cuenta de que estaba con la espalda contra la pared. Respiró hondo para calmarse y no verse culpable, mientras la mujer se acercó a ella y le dio una bofetada con todas sus fuerzas, que la hizo gritar de dolor- ¡tú hiciste algo!¡Les advertiste de alguna manera! ¡Estaban esperando la trampa!-

Mac se ruborizó. Le dolía la mejilla, y también tenía miedo. Tragó saliva. Había ensayado ese argumento varias veces en su mente, por si la descubrían antes de que alguien pudiera llegar a ayudarla.

-No… no hice nada- dijo Mac, aparentando aún estar de su lado, y señalando a Levi- él me estuvo vigilando todo el tiempo. ¿Cómo podría haber hecho algo?-

-Quizá fue tu hermana…- dijo Levi, volviéndose a Greta.

-No, Charlotte no sabía nada de lo que planeábamos hacer- dijo Greta- aunque se hubiera encontrado con los santos de Athena, no habría podido decirles nada- regresó su mirada hacia Mac- estoy segura de que fue ella, de alguna manera-

Mac mantuvo su mirada firme, intentando no verse asustada. El hombre sonrió de manera extraña y se volvió a Greta.

-Bien, nuestro plan falló de nuevo, al parecer esta pequeña sabelotodo no nos va a ser de utilidad después de todo- dijo Levi tras una pausa, cruzando los brazos- ¿qué vamos a hacer con ella, entonces?-

-Haz lo que quieras- dijo Greta con un gesto despreocupado- nuestro plan falló, y no lo podemos volver a usar: los santos de Athena se deshicieron de sus aparatos. Y yo tengo que buscar a Emmanuelle…-

-¿Entonces?- dijo Levi.

-Haz lo que quieras con ella- repitió Greta, poniendo los ojos en blanco- solo asegúrate de deshacerte de la evidencia, y de que no te sigan-

Levi sonrió y se volvió hacia Mac, mientras Greta salía y cerraba la puerta tras de sí. La chica sintió un horrible pánico. Se alejó lo más que pudo de Levi, pero este hizo sonar sus dedos y se acercó lentamente hacia ella.

-¿Qué te pasa, linda?- dijo Levi, sonriendo maliciosamente- no te preocupes, me aseguraré de que tu muerte no sea tan dolorosa como la que Greta te hubiera dado. Aunque si me gustas, quien sabe, incluso puedo dejarte vivir un poco más de tiempo-

Mac buscó a tientas en los bolsillos de sus shorts o de su chamarra, desesperada por encontrar algo para defenderse. No tenía absolutamente nada. Luchar estaba fuera de discusión, Levi medía casi dos metros, y ella era muy bajita y delgada.

-No, por favor…- pidió ella.

-Ah, no te preocupes, linda- rió Levi, caminando lentamente hacia ella con una mirada lasciva, acorralándola en una esquina- quizá te gustará a ti también-

-Por favor, déjame ir- dijo Mac- ¡hice lo que ustedes querían! Por favor, te suplico que no…-

El hombre se echó a reír y ella, aprovechando su distracción, intentó escabullirse por un lado del hombre. Cuando lo hizo, Levi la atrapó por la cintura. La chica se soltó con un movimiento y corrió hacia la puerta. Intentó abrirla, pero estaba cerrada con llave.

-No, no…¡ábrete!- dijo Mac, tirando del pomo de la puerta, pero era en vano. ¡Estaba atrapada!

El hombre no tardó en atraparla por la espalda, rodeando su cintura con un solo brazo y levantándola del suelo. De un tirón, el hombre le quitó el listón de sus cabellos rubios, dejándolos libres, y tirando el listón al suelo. Al ver su listón tumbado, Mac comenzó a patalear y retorcerse para soltarse. No se iba a dejar hacer nada sin pelear.

-¡Aaaah!- gritó ella, intentando en vano soltarse- ¡suéltame!¡No quiero…!-

-No te esfuerces- dijo Levi, riendo en su oído- vas a ser mía, y no hay nada que puedas hacer-

Mac siguió gritando, intentando patear a Levi o soltarse, pero sus pies estaban a más de treinta centímetros del suelo. Estaba asustada y quería llorar, pero tenía que alejarse del peligro primero. Rogar no le iba a servir tampoco. ¿Qué podía hacer?

-Cállate, mujercita- dijo Levi, levantando la voz, pero aún riendo- ya te dije, no hay nada que puedas…-

Pero se interrumpió. De pronto, sintió que algo se acercaba a él: eran los cosmos de tres santos de Athena, y estaban justo al final del pasillo donde se encontraban ellos. Parecían pertenecer a santos dorados. Levi frunció el entrecejo. No iba a dejar que la presencia de los santos arruinara sus planes. Iba a satisfacer su capricho. Al ver que Mac estaba a punto de gritar de nuevo, el hombre le cubrió la boca con su mano.

-Shhh… silencio- dijo Levi- parece que los santos de Athena vinieron por ti. Vamos a darles una sorpresa-

Y sin que pudiera hacer nada, Mac se vio arrastrada hacia el pequeño closet por Levi, quien seguía cubriendo su boca de manera que la chica no podía emitir ni un sonido. Justo cuando se escondieron, la madera de la puerta fue partida en dos por el poderoso ataque de Shura, y éste entró a la habitación. Al parecer los otros dos santos siguieron de largo, buscando a los enemigos.

-¿Mac?- la chica escuchó la voz de Shura, que hizo que su corazón diera un salto- Mac, ¿dónde estás?-

-Mmmmf…-

Mac trató de gritar, decirle que estaba ahí, a escasos metros de él, pero Levi no la soltó, al contrario, la apretó contra él con más fuerza.

-Shhh…- dijo Levi en un susurro a su oído, para después reír en voz baja- ¿qué te parece si le damos una sorpresa a tu amigo?-

Mac intentó sacudir la cabeza, aunque todo fue en vano. Miró a Shura a través de la pequeña abertura de la puerta del closet. El santo dorado estaba vistiendo su armadura dorada, y tenía una expresión mortificada. ¿Estaba preocupado por ella? ¡Tenía que llamar su atención! Pero Levi no parecía dispuesto a soltarla.

Shura se inclinó en el suelo, y vio el trozo de listón rojo en el suelo. Lo levantó.

-No, no…- dijo el santo de Capricornio, girándose y acercándose a la ventana- Mac, por favor, no quiero perderte-

Levi volvió a reír en voz baja, cosa que alarmó a la chica.

-¿Qué te parece si le ponemos fin a su sufrimiento?- dijo Levi, saliendo del closet con cuidado de no hacer ruido, dispuesto a atacarlo por la espalda- guarda silencio-

Mac sacudió la cabeza con fuerza, pero no podía hacer nada al respecto. El hombre la arrastró fuera del closet y hacia donde se encontraba Shura, quien estaba dándoles la espalda. Levi soltó su cintura para atacar a Shura con su brazo libre, y fue cuando Mac vio su oportunidad. Cuando el hombre se disponía a golpear al santo, Mac le mordió la mano con fuerza, haciendo que Levi gritara de dolor.

-¡Shura!¡Detrás de…!- gritó Mac mientras pudo. Levi, furioso, le dio un empujón, haciendo que la chica chocara contra la pared y se golpeara la cabeza, provocando un feo sonido sordo y haciendo que Mac cayera al suelo.

-Estúpida Shikse- ladró Levi, y se volvió al santo dorado- no importa, igual te voy a despachar, santo de Athena…-

Shura estaba furioso. ¿Cómo se atrevía a hacerle eso a su chica? Quizá no era su chica, pero ni ese maldito ni nadie más podían ponerle las manos encima. ¿Qué le había hecho? Al ver a la chica así, tumbada en el suelo sin moverse, el santo dorado sintió su sangre hervir de rabia.

-Prepárate a morir, maldito- dijo Shura con verdadero odio. No lo iba a dejar vivir por lo que acababa de hacer.

Levi se cruzó de brazos y sonrió maléficamente.

-Oh, ya lo entiendo…- dijo el hombre sin borrar su sonrisa maliciosa a pesar de la evidente y peligrosa furia del santo dorado- la Shikse te gusta. Lo siento mucho, pero es mía. Es mi recompensa- se volvió a Mac- ah, tan pronto acabe contigo, la voy a…-

-¡Calla!- gritó Shura, furioso, encendiendo su cosmo- ¡no vas a volver a tocarla!-

Levi sonrió maliciosamente, y de sus manos surgieron algunos rayos. Shura entrecerró los ojos. El ataque de ese hombre era eléctrico. El santo dorado levantó su brazo, pero el hombre lo atacó primero. Shura apenas pudo evadir el golpe.

El santo miró de reojo a Mac. La chica seguía tumbada junto a la pared, sin moverse. Levi notó esa mirada y volvió a sonreír. Se frotó las manos, y lanzó su ataque eléctrico contra Mac, en vez de contra Shura. Éste se alarmó y corrió a protegerla, recibiendo de lleno todo el ataque. ¡Qué horrible dolor! Cayó de rodillas y se ovilló de dolor. El ataque seguramente lo habría matado si no hubiera llevado su armadura.

-Ah, que lindo, la vas a intentar salvar- dijo Levi- tu linda chica solo tiene dos opciones. Morir, o que tú mueras por ella y sea mía al final-

Shura lo ignoró. Estaba utilizando toda su concentración para no colapsar también y levantarse a seguir peleando. ¡Ese maldito! Cada vez le agradaba menos la situación. Sintió, con su cosmo, que Greta había huido ya, Bellini no estaba cerca tampoco, y Death Mask y Afrodita ya habían terminado de vencer a sus enemigos. Pero Shura no quería la ayuda de sus colegas. Quería acabar con ese hombre él mismo por haberse atrevido a tocar a…

-Shura- escuchó la débil voz de Mac. Se volvió hacia ella. La chica estaba tumbada a su lado, aún con sus ojos cerrados, pero sus párpados temblaban, y buscaba algo a tientas con su mano. Shura extendió su propio brazo en su dirección, y sus dedos rozaron los de ella.

-Tranquila, Mac, aquí estoy- dijo en voz baja el santo.

Mientras eso pasaba, Levi se acercó a ellos y pisó con fuerza la mano izquierda de Shura, haciendo crujir los huesos, y causándole un terrible dolor al santo dorado.

-Se acabó, santo de Athena- dijo Levi, frotándose sus manos y acercando su ataque al rostro de Shura- perdiste tu oportunidad de vencerme. Vas a morir aquí. Adiós-

Todo pasó muy rápido. Levi estuvo a punto de lanzar su ataque contra Shura, pero éste reaccionó. En menos de un segundo, ambos cosmos chocaron entre sí, y todo terminó con un chorro de sangre fluyendo abundantemente a medio metro de donde se encontraba tumbada Mac. Y algo más cayó al suelo.

-¡Aaarrg!¡Maldito!- rugió Levi, abrazando su propio brazo contra su cuerpo- ¿cómo te atreves?-

Shura no dijo nada. Su ataque había sido más poderoso, y le había cortado la mano izquierda con su ataque EXCALIBUR. La extremidad cortada había caído al suelo haciendo un sonido desagradable y nauseabundo. Levi entrecerró los ojos, usó su ataque contra la pared de la habitación, causando una explosión. Shura se tumbó sobre Mac para protegerla, y cuando el polvo se disipó, el enemigo había desaparecido.

Shura se levantó y suspiró, mirando aliviado que Mac estaba a salvo. Death Mask y Afrodita llegaron al sitio donde estaban, y apenas alcanzaron a ver a Shura acariciando suavemente la mejilla de la chica con su mano sana, y después desplomarse en el suelo, junto a ella.

Los dos santos dorados se miraron entre sí y se encogieron de hombros.

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CONTINUARÁ…

Ragazza: (italiano) chica, muchacha, novia

Ti consiglio, mia carina, un po' meglio a imposturar: (italiano) Te recomiendo, querida, aprender a mentir mejor. (Es una frase de la ópera "El Barbero de Sevilla" de Rossini)

¡Hola a todos! Espero que les esté gustando esta historia. Les mando un abrazo enorme. Muchas gracias por sus reviews.

Abby L.