Se detuvo en la salida del hotel. Sus orbes castaños fijaron la mirada en el chico que ante los mismos se presentaba. Alto, de cabello revuelto y rubio, de complexión fuerte. Uno de los miembros más fuertes del gremio Sabertooth, aquel que también había sido entrenado por un dragón, y que de la misma forma, se había convertido en un cazador, Eucliffe Sting.

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Sting la miró. Sabía quién era esa chica. La rubia que había caído fácilmente ante el poder de Minerva. Una sonrisa curvó sus labios de forma ladina, casi cínica. Era patética. La sola forma de recordar la humillación que había pasado, no sólo una vez, sino dos, ante millones de personas…era patético. No se imaginaba porque alguien tan débil como ella pudiera estar en un gremio. Bueno si, tal vez, se tiraba a alguno de los más influyentes en ese círculo.

Cada vez era peor.

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Continuó sus pasos y ella también lo hizo. Lucy saliendo y él subiendo los seis escalones de entrada al hotel, sin embargo, Sting se detuvo.

-Tengo cierta curiosidad-Lucy se detuvo y volteó. Sting también giró su cuerpo a ella y sonrió presuntuoso- ¿Qué se siente cuando se ha perdido dos veces humillando así a todo tu gremio?

Lucy se sorprendió ante sus palabras, pero segundos después, la apartó del chico, empuñando sus manos, frunciendo el ceño. Sting bajó dos de los escalones, quedando algo más cerca de ella, y mucho más alto.

-Debes sentirte realmente una estúpida chica débil, ¿verdad?- bajó otro escalón más, manos en los bolsillos y sonrisa altanera- que incluso una mocosa de doce te supere. ¿Dime, con cuantos hombres del gremio en el que estás te has acostado para formar parte del gru..-pero jamás llegó a terminar esa frase.

Lucy le abofeteó, virando su rostro a un lado.

-Puede que haya perdido y que muchos de mis compañeros estén decepcionados, al igual que yo, pero…-Sting viró a mirarla, lentamente, apretando su mandíbula, furioso. La mejilla empezando ligeramente a sonrojarse.- no soy una chica débil. Porque cuento con mis compañeros, tengo una familia que siempre estará ahí para ayudarme. Fairy Tail es mi familia y confío en ellos tanto que… por ellos, me volveré más fuerte.- se acercó un paso a él, elevando su rostro- puede que seas un Dragon Slayer, pero ten per seguro que algún día… te superaré.

Se observaron fijamente durante largos segundos. Lucy, dándose cuenta que el color de esos ojos no era del negro carbón, sino del azul más oscuro que pudo haber visto. Ojos llenos de fuerza, de pasión por vivir, ojos rasgados capaces de llegar a asustar incluso hasta el mismo demonio. Ojos cargados de melancolía y ganas de vivir.

Por su contra, Sting pensó en algo que jamás, ni siquiera, se hubiera atrevido a imaginar. Esa muchacha de largo cabello dorado, ojos marrones y cuerpo despampanante, era hermosa. Quizá fue por sus mejillas sonrojadas por la indignación, por esos labios ligeramente apretados y transformados en una rosada, suculenta y voluble línea, o tal vez por la intensa mirada, cargada de ferocidad, desafío y fuerza, posiblemente por el escote que en ese momento, con la ajustada camisa de tirantes, mostraba al estar inclinada, quedando sus rostros muy próximos. No supo porque, pero aquello que le llevó a hacer lo que hizo, no lo entendió.

Tan rápido como podía serlo, agarró por la parte de atrás la cabeza de la chica, y, enterrando sus dedos entre las suaves hebras, la acercó y besó. No cerró sus ojos, pues quería ver su reacción, disfrutar del miedo que posiblemente sentiría, de esa sorpresa que por momentos, hacía más grandes sus ojos, mostrando el marrón orbe más inquietante que haya visto.

Lucy no supo cómo reaccionar. Aquello vino desprevenidamente. Ese chico le estaba besando y sin que ella pudiera hacer nada para separarse. Sus puños temblaron con fuerza y en un arranque, sólo atinó a realizar una cosa.

Separó sus labios y atrapó el suyo entre sus dientes, mordiéndole con fuerza.

Sting la separó y Lucy trastabilló. Él tocó sus labios con su pulgar, viendo como en este, una pequeña mancha de sangre se veía. Ella, con la mano en la boca, limpiándose los labios, mirándole sonrojada furiosamente. Tanto sonrojada como furiosa, con pequeñas lágrimas abordando sus ojos. Sonrió de medio lado Sting, lamiendo su labio ensangrentado.

-Lucy Heartfilia- la susodicha se sorprendió al verse sabido su nombre, pronunciado en sus labios. Él metió sus manos en los bolsillos, ladeando un poco su cabeza, examinándola de cabeza a pies, con total descaro- será…-y amplió su sonrisa-un enorme placer aceptar tu desafío.-

Lucy no comprendió, pero él se volteó y alejó justo cuando de la misma puerta salía Natsu, acompañado de su Exceed. Natsu frenó al verle, frunciendo el ceño, mirando a su amiga y nuevamente a él. Tuvo el intento de decir algo, pero sonriendo, Sting miró por encima de su hombro.

-Espero que algún día llegues a ser la mejor maga estelar.-y continuó su camino, abriendo la puerta- Estaré esperándote.

Y cerró. Extrañado y desconfiado, Natsu apartó la mirada de la puerta para mirar a Lucy. Ella sonrojada, y con la mano en sus labios, no apartó la mirada de la puerta, una mirada llena de frustración e indignación. Y Natsu se enfadó.

Si alguien, incluyendo a Sting y al otro chico que no recordaba su nombre, se atrevía a hacer llorar a Lucy mientras él estuviera a su lado, se lo haría pagar muy caro.

Nadie hacía llorar a su amiga. No, mientras le tuviera a él para protegerla.

Y eso sería, para siempre.


Jojojojo. Una nueva pareja que me acaba de gustar y mucho. ¡Sting y Lucy! Kyyaaah! la verdad es que este par hacen muy buena pareja. Ella tan dulce y él tan grosero, pero tremendamente atractivo. Pero ah! A Natsu no le gustó nada lo que vio. Mmm... jamás sabrá lo que ocurrió entre esos dos, a no ser claro, que Lucy se lo cuente, cosa que dudo.

Así que, sin más...¡gracias y nos vemos en el próximo!