¡No me golpeen! Sé que pasaron 22 días desde la última actualización y que les prometí subir rápido el siguiente capítulo, pero había varias cosas que no me gustaban y tenía que arreglarlo, pero era muy difícil hacerlo con el poco tiempo que tengo. De verdad lo siento, pero ya se acerca el fin de semestre y la universidad me está quitando todo mi reiatsu así que casi no me podía dedicar a arreglar el capi.

De verdad que trataré de cumplir mi palabra esta vez, pero es que estos profesores... *suspira* Bueno en fin, aquí les dejo el siguiente capitulo; este sí que me quedó largo (creo que es mi record, jajaj)

Ojalá les guste. Ahora veremos qué pasará con el famoso concurso, muahaha.


Lo había olvidado antes, pero quiero agradecer a Lovetamaki1 por ayudarme con la dimensión desconocida del guión largo. ¡Muchas gracias! Capítulo dedicado para ti... :)

¿Se dieron cuenta que arreglé eso? Me gusta como se ve ahora, se ve tan lindo *w*

Gracias también a los demás por sus hermosos comentarios... como ya he dicho, me he vuelto adicta a ellos.


Bleach no me pertenece... tal vez algún día sí.


CAPITULO 14: SITUACIONES RIDICULAS II

Todos miraban boquiabiertos a la hermosa mujer morena que caminaba con gráciles movimientos, abriéndose paso entre toda la gente que se encontraba alrededor del escenario. Sin embargo, no era precisamente ella la que llamaba la atención, aunque su físico no pasaba desapercibido para nadie, ni siquiera para los padres de familia que se encontraban ahí.

No, lo más sorprendente era el inconsciente hombre pelinaranja que cargaba, un sujeto al que, por alguna razón desconocida, ella golpeó sin piedad y que luego se echó al hombro como si fuera lo más ligero del mundo.

- o -

—¿A qué hora comienza? —preguntó una ansiosa Matsumoto.

—Queda media hora. —respondió Ishida mirando su reloj. —¿Dónde está Kurosaki? Ya debería estar aquí.

—Vamos a buscarlo. —propuso Inoue, a lo que Chad asintió.

—Kisuke, ya llegué. —se escuchó la voz de Yoruichi entrando por la tienda.

—¡Yoruichi-sama! —exclamó Soi Fong, emocionada.

Las shinigamis se sorprendieron al verla cargando a un inconsciente Ichigo, en cambio para los demás fue lo más normal del mundo. Al parecer esa era la única forma de tratar con el pelinaranja.

—¡Oh, que sorpresa Soi Fong! No esperaba verte a ti también. —comentó la morena. —¡Bienvenidas todas! —saludó al resto de la AMS con una gran sonrisa.

—Soi Fong-san también ha venido a apoyar. —señaló Urahara. —Oh, cielos, pobre Kurosaki-san. ¿Hubo mucho escándalo?—preguntó al ver el cuerpo inerte de Ichigo.

—Claro que sí, es Ichigo después de todo. —respondió ella. —Tenías razón, Kisuke, trató de escapar y no me quedó otra que… dormirlo un rato. —comentó, a lo que el rubio sonrió. —Fue buena idea que lo vigilara.

Soi Fong endureció su mirada.

—Tú. —llamó a Urahara. —Maldito, ¿cómo te atreves a hacer que Yoruichi-sama cargue a este sucio mocoso humano? —preguntó mirándolo con furia.

—¿Quién yo? —preguntó el rubio.

—No intentes pasarte de listo, estúpido. —agregó frunciendo el ceño. —Si vuelves a hacer que Yoruichi-sama pierda su valioso tiempo cuidando a este mocoso te mataré. Toma, carga tus propias porquerías —y de un manotazo le quitó al pelinaranja de encima a Yoruichi y se lo arrojó a Urahara, como si no fuera nada más que una pelota.

El rubio ni siquiera se inmutó, lo esquivó tranquilamente y Chad tuvo que atraparlo antes que fuera a dar contra la otra esquina y destruyera todo.

Rukia dio un respingo al ver a Ichigo volando a través de la tienda y se aferró a la ropa de Matsumoto.

—¡Aaahh! ¡Capitana Soi Fong! —chilló Matsumoto.—¡No debería tirarlo así! ¿Qué pasa si se lastima la cara, eh? ¡No podría ganar! —la regañó. —¡Y a Rukia no le hizo gracia ver a su futuro esposo volando por los aires!

—Es cierto, no seas tan dura Soi Fong. —trató de calmarla Yoruichi, a lo que Soi Fong bajó un poco la cabeza. —Necesitamos su cuerpo intacto, al menos por ahora.

—No se preocupen. —dijo Yachiru. —Aunque Ichi se vea feo, al lado de Kia-chan seguro que ganará. ¡Tenemos que apoyarlos! ¡Para eso hemos venido!

—¡Claro! ¡La AMS gritará y alentará como si no hubiera un mañana! —gritó Matsumoto levantando el puño, a lo que Rukia la miró divertida.

Yachiru e Inoue la apoyaron con los brazos en alto, Hinamori sonrió nerviosa, Nanao asintió silenciosamente y Nemu…siguió mirándolas fijamente.

—¿Alentar qué cosa? —preguntó Soi Fong. Todavía no entendía nada, pues Matsumoto le había dicho que Yoruichi la necesitaba para algo importante y no veía la relación entre eso y el humano pelinaranja.

Ishida rápidamente le contó todo el asunto del concurso en el que estaban metidos. En realidad no entendía qué hacían todas esas mujeres ahí, pero si con sus gritos desquiciados podían ayudar a que Ichigo y Rukia ganaran, pues bienvenidas sean.

—Ishida, ya es tarde. —dijo Chad, el quincy miró su reloj y se sobresaltó. ¿Cómo era que el tiempo avanzaba tan rápido?

—¡Quedan veinte minutos! ¡A sus posiciones! —ordenó, asumiendo nuevamente su rol de comandante.

Y todos corrieron de un lado a otro, incluso las mujeres shinigamis se daban de empujones sin saber qué hacer.

—Rangiku-san, hay que ponerle los últimos accesorios a Kuchiki-san. ¿Podrías traerla? —preguntó Inoue.

—¡Claro! —y llevó a Rukia hasta una mesita de la tienda. —Te ayudaré, ¿qué te falta?

—También queremos ayudar. —dijeron Hinamori y Nanao.

—De acuerdo. —Inoue les sonrió y les indicó algunas cosas que podían hacer.

Todas parecían fascinadas y giraban alrededor de Rukia para ayudarla, mientras Matsumoto aprovechaba de sacar fotografías. Sin embargo esta vez no usaba su cámara escondida, ya que al ser algo totalmente público, no necesitaba esconderse.

La pequeña parecía fascinada con el flash de la cámara y hasta en ocasiones parecía que posaba para las fotos.

—Creo que es mejor uno de color rosa. —comentó Hinamori, tomando un pequeño listón.

—Mmmm… pero uno rojo es más llamativo. —rebatió Nanao. —Se verá mejor bajo las luces.

—Tal vez naranja. —dijo Soi Fong de pronto, sorprendiendo a todas. Había sido empujada hasta ahí por Yoruichi y estaba atenta a la discusión.

—Naranja es buena idea. —apoyó Yoruichi. —Así combinará con Ichigo. —dijo con una gran sonrisa. Todas pensaron que se refería a su cabello.

—Negro —sugirió la robótica voz de Nemu.

—¿Negro? —Hinamori y Nanao arquearon una ceja.

—Oh, cierto, no es un color; es la ausencia de energía lumínica en el espectro visible que…

—¡No seas aburrida! —la interrumpió Matsumoto con un chillido. —No usaremos negro porque es un color feo para un bebé. —sentenció.

—No es un color, es la usencia de energía…

—¡Escojan uno rápido! —las regañó Yachiru, interrumpiéndola nuevamente.—¡No hay tiempo que perder!

Y así todas se pusieron a discutir sobre qué color le vendría más a la pequeña pelinegra.

—Que Kuchiki-san decida. —dijo Inoue, tratando de calmar los ánimos.

Yachiru le mostró un montón de cintas de colores, la pequeña las miró fijamente y luego tomó una entre sus pequeñas manos.

—Violeta. —dijo Hinamori con una gran sonrisa. —Bien hecho Rukia-san —y le acarició la cabeza con cariño.

Mientras tanto, en el otro rincón de la sala, todos los hombres miraban a Ichigo que todavía no despertaba.

Había algo que los preocupaba.

—No despierta. —señaló Renji. —Creo que Yoruichi-san se pasó esta vez.

Urahara lo picó con su bastón, a lo que Ichigo dio un pequeño quejido. Por lo menos estaba vivo.

Ishida frunció el ceño y se acomodó los lentes.

—No podemos esperar a que despierte. —dijo con un tono sombrío. —Es hora de vestir a Kurosaki. —suspiró. —¿Quién lo hará?

Y un silencio reinó en la tienda.

Todos se miraban unos a otros, pero nadie se atrevía a ofrecerse. Nadie quería traumarse al ver a Ichigo desnudo.

—Que Ishida lo haga. —propuso Renji.

—Buena idea. —apoyó Urahara.

—¡¿Qué?!¿Por qué?! ¡No quiero!

—Pero si estás estudiando para ser médico, ¿cómo podría darte vergüenza ver a alguien desnudo? Piensa como si fuera un futuro paciente. —lo provocó el rubio.

—N-no quiero. —se cruzó de brazos. —Que lo haga Abarai.

—Buena idea. —dijo el rubio nuevamente. Al parecer apoyaba a cualquiera que no fuera él.

—¿Y yo por qué? —protestó el pelirrojo.

—Pero si eres un shinigami, ¿cómo podría darte vergüenza ver a alguien desnudo? Piensa como si fuera un hollow o algo así. —respondió Urahara.

—¡Eso no tiene sentido! ¡Y deja de repetir la misma línea!

—¿Qué tal tú Sado-kun? —propuso Ishida.

—Buena idea.

—¡Ya basta! —gritó Renji.

—No quiero. —se negó el chico moreno.

—Pero si eres un…eeemm…¿humano? ¿amigo de Kurosaki-san? —Urahara ladeó la cabeza, sin saber como continuar la frase.

—Ya basta de juegos, hay que alistarlo ya. —los apuró Ishida.

—¡Que lo haga Urahara-san! —exclamó Renji.

—Buena idea…¿eh? —el rubio quedó en blanco. —¿Yo?

—Tú eres el mayor aquí, así que perdiste. —dijo Renji cruzándose de brazos.

Ishida asintió y Chad también. Ya estaba decidido.

—Lo siento, pero no puedo. —se negó el sombrerero. —Mi religión me lo prohíbe.

—¿Qué?

—La religión de los guapísimos hombres rubios tiene prohibido el desvestir a cualquier persona que tenga pelo naranja. —relató como si fuera una verdad universal. —Está en el manual y quien rompa este mandamiento tendrá una habitación segura allá abajo. —y dio un gran suspiro. —Así que arrénglenselas ustedes, simples paganos de cabello no-rubio.

Una gotita cayó por las cabezas de los presentes.

No pasó ni un segundo y comenzaron a gritarse entre todos nuevamente, pero luego se concentraron en Urahara.

—¡Yoruichi-san! —gritó el rubio con voz llorosa, quien ya se veía perdido. —¡Necesito ayuda!

La mujer morena apareció de inmediato.

—¿Qué pasa? —preguntó extrañada, pero enseguida se fijó en Ichigo que seguía dormido. —¿Todavía no lo despiertan? ¡Entonces vístanlo de una vez! —ordenó.

—No podemos. —confesó Renji.

—¿Por qué?

Y el quincy le explicó el gran problema que tenían. Yoruichi los miró sorprendida y dio grandes carcajadas.

—Nunca creí que llorarían como niñas por una cosa como esta. —dijo agachándose a un lado de Ichigo y abriéndole los botones de la camisa.

—¡Yoruichi-sama! —Soi Fong apareció a su lado. —¡¿Q-qué está haciendo?!

—No es nada Soi Fong, solo voy a desnudar a Ichigo. —contestó como si nada.

—¿Q-q-q-q-q-quéee? —la cara de Soi Fong se volvió roja. —¡No…no lo haga Yoruichi-sama! —gritó, tratando de detenerla. No podía permitir que ensuciara sus manos al tocar a ese mocoso pelinaranja.

—¿Qué? ¿Es demasiado para ti? Si quieres puedes salir. —se burló la morena, liberándose del agarre.

—¡Yoruichi-sama! —gritó escandalizada, llamando la atención de las otras mujeres de la tienda.

Matsumoto y compañía se acercaron de inmediato y varias se sonrojaron al ver a Yoruichi a punto de quitarle la camisa a Ichigo.

—Y-Yoruichi-san, ¿qué…qué estás haciendo? —preguntó una sonrojada Inoue.

—¿Tú también? —cuestionó, arqueando una ceja y poniéndose de pie. —Entonces tú y Soi Fong vayan afuera, tenemos que vestir a Ichigo rápido.

Un extraño brillo apareció en los ojos de la teniente de la décima división al oír a la mujer morena.

—Espera un poco. —le pidió Matsumoto y corrió a buscar su cámara. —Bien, ahora quítasela lentamente. —indicó, guiñándole un ojo a Yoruichi y agachándose para obtener un buen ángulo.

—¡¿Qué haces Rangiku-san?! —chilló Hinamori, avergonzada y sujetándose la cara.

—Hahaha… está será la foto para enero del nuevo y sensual calendario del Gotei 13 —respondió la rubia con una gran sonrisa. —Será un éxito.

Una de las orejas de Urahara se levantó, como si fuera un cachorro y de un salto se acercó a la fotógrafa.

—¡Qué buena idea Matsumoto-san! Se podría vender a un buen precio. —su mente ya sacaba cuentas. —Pero creo que sería mejor si estuviera sin camisa.

—Es cierto, quítasela Kisuke. —ordenó Yoruichi y el rubio lo hizo sin problemas.

—¿Qué hay del mandamiento de tu estúpida religión? —cuestionó Renji al verlo.

—Ah sí, eso. —dijo rascándose la barbilla. —Es que… hay otro mandamiento que dice "ayudarás cuando alguien quiera hacer un calendario". Y el romperlo te da una habitación todavía más abajo. —respondió totalmente convencido.

Todos volvieron a mirarlo con una gotita cayendo por sus cabezas. ¿De dónde sacaba tantas tonterías?

—¿Qué pasa? ¿Qué le están haciendo a Ichi?—preguntó Yachiru acercándose y cargando a Rukia en brazos. Todas dieron un respingo al oírla.

Nanao se situó detrás de ella y le cubrió los ojos.

—Esto no es apropiado para los niños.

—¡Eeeehhh! ¡No es justo! ¿Qué hay de Kia-chan? —protestó la pelirrosa mientras se revolvía. —¡Ella es más pequeña!

Todas ahora se fijaron en Rukia y se sorprendieron al ver que miraba fijamente a Ichigo y tenía un leve rubor en las mejillas.

Inoue sonrió al verla así y la tomó de los brazos de Yachiru.

—Vaya, vaya, incluso de bebé las hormonas de Kuchiki-san hablan por si solas. —soltó Urahara con una sonrisa pervertida.

Todos rieron hasta que un ruido del exterior los sobresaltó. Estaban probando los micrófonos, lo que significaba que pronto comenzaría el espectáculo; tenían que darse prisa.

Ya no había tiempo para recatos, así que Yoruichi desvistió a Ichigo con todo el público presente para ponerle la primera parte de su disfraz. El par de rubios casi babeaban al imaginar los ingresos que aportarían aquellas fotografías, aunque Nanao y Hinamori no les permitieron sacar fotos mientras Ichigo estaba en ropa interior.

- o -

—¿Qué es esto? —preguntó Hinamori, abriendo un pequeño maletín.

Apenas quitó el seguro, un pequeño cuerpo afelpadito y gritón saltó sobre ella, haciéndola retroceder y caer sentada.

—¡Nee-san! ¿Dónde estás? —gritó Kon mirando alrededor.

—¡Ah, lo siento! Olvidé decirles lo que había ahí. —ayudó a levantar a Hinamori y luego tomó al peluche para entregándoselo a Rukia, quien lo recibió encantada.

Hinamori y Nanao miraban asustadas al peluche parlante, hasta que Inoue les explicó la situación. En cambio, Nemu lo miraba con interés, probablemente pensando que había dentro de él.

Habían decidido encerrarlo en un maletín, pues era demasiado escandaloso y llamaba la atención con sus gritos.

—¡Nee-san! —exclamó el peluche en un estado de felicidad extrema mientras sentía como Rukia mordisqueaba y babeaba su cabeza. —¡Te extrañe, Nee-san! ¡Estos malvados quisieron alejarme de ti, pero no pueden contra el poder del amor! —gritó mientras las demás todavía lo miraban algo extrañadas.

- o -

—¡Despierta ya, Ichigo! —gritó Renji enérgicamente y de una sutil patada en la cabeza logró despertarlo al fin.

—¡Aargghh! —se sentó de golpe, frotando su cabeza. —¡¿Q-qué demonios te…?! —pero detuvo su reclamo al ver como todos lo miraban con una sonrisa idiota en sus caras.

Un escalofrío terrible recorrió su espalda.

—¿Q-qué pasa? —preguntó, algo asustado.

—Ya es hora Kurosaki. —dijo Ishida.

—¿Hora para qué? —preguntó frunciendo el ceño.

Sintió un peso en sus piernas y se soprendió al ver a Rukia sentada tranquilamente sobre él.

El shinigami la observó por un segundo y sus mejillas se tiñeron de rojo al ver a Rukia vestida de esa forma; se veía tan linda. La pequeña lo miró fijamente y extendió una manito para tocar su cara, haciendo que el corazón de Ichigo latiera aceleradamente.

Estaba a punto de entrar a esa burbuja aislante del mundo externo, cuando el sonido de un flash lo despertó.

Ichigo parpadeó dos veces, confundido, y al fin logró percatarse de la presencia de varias mujeres shinigami, incluida Matsumoto que no paraba se sacar fotografías, algo que sin duda traería problemas.

—¡¿Q-qué haces Rangiku-san?! —gritó molesto, levantándose como un salvaje para encarar a la acosadora teniente.

Un golpe seco retumbó en la tienda.

Rukia salió disparada de las piernas de Ichigo y cayó de cabeza contra el suelo.

—¡AAAHHH! ¡RUKIA! —gritaron todos al unísono corriendo hacia ella para tomarla.

La pelinegra tenía un gran chichón en su enrojecida frente y lloraba desconsoladamente.

—¡R-Rukia, lo siento! —gritaba un nervioso y culpable Ichigo. —¡Lo siento, lo siento! —y de pronto sintió tres golpes consecutivos y furiosos contra su cabeza que lo tiraron al suelo.

—¡Idiota! —gritaron Yachiru, Renji y Matsumoto al unísono, aprovechando para darle un par de patadas.

—¡Ichigo, estúpido! —gritó Kon, saltando sobre la cabeza del pelinaranja y pisándolo sin piedad, tal vez pensando que podía lastimarlo con su ligero peso.

Ichigo quedó aturdido por unos segundos, pero se levantó y se acercó a Rukia, quien seguía llorando.

—Da-dámela, yo…yo la calmaré. —pidió a una disgustada Inoue que trataba de calmar a la bebé. —Inoue, deja cargarla. —le pidió.

Rukia miró a Ichigo con los ojos llorosos y escondió su cara entre la ropa de Inoue. Ichigo sintió su corazón encogerse ante aquel rechazo.

—¡No quiere ir contigo, tarado! —le gritó Renji.

—¡Claro que no! —gritó Kon. —¿Por qué querría ir con un bárbaro arroja-bebés como Ichigo cuando puede estar con el suave y esponjado Kon-sama? ¡Nee-san, ven aquí!—y extendió los brazos. —¡Yo jamás te arrojaré!

—¡Cállate! — le gritó Ichigo. —¡No fue mi intención! ¡Jamás la lastimaría!

Todos lo miraron atentamente al oírlo.

—Rukia, fue… fue un accidente, lo siento. —se disculpó con una angustia en la voz que sorprendió a algunos. —Inoue, por favor…—la llamó para que se la entregara.

La pelinaranja lo miró fijamente y suavizó su expresión. Era obvio que no lo había hecho a propósito y no estaba bien castigarlo así. Dio un suspiro de resignación y se acercó a Ichigo.

—Rukia. —la llamó, la pequeña volteó a verlo, todavía dando pequeños sollozos. —Perdóname. —y clavó sus ojos en ella. —No volverá a pasar.

Rukia lo miró fijamente por unos segundos hasta que paró de llorar y luego le dio una gran sonrisa, haciendo que el corazón de Ichigo se relajara por fin. El shinigami la tomó en brazos y la meció con cuidado, mientras Inoue le curaba la herida de la frente.

—Awwwnnn…—suspiró Urahara. —¡Qué tiernos!

—¡No, Nee-san! ¡Ven conmigo! ¡Yo soy mejor, soy afelpadito! —siguió gritando el peluche, hasta que Ichigo lo agarró y lo lanzó contra el suelo.

—Kuchiki-san tiene un gran corazón. —comentó Nanao y Hinamori asintió.

—¿Grande? ¿De qué tamaño? —preguntó Nemu. —A Mayuri-sama le gustaría saberlo para…

—¡Ya deja de nombrarlo! —gritaron Renji y Matsumoto.

Ishida miraba la escena con una pequeña sonrisa, hasta que un ruido de "probando, probando" lo sobresaltó. ¡Estaba a punto de comenzar!

—¡Kurosaki, rápido! Tienes que ponerte la última parte.

—¿Para qué? —preguntó. Se quedó viendo al quincy por unos instantes, luego bajó la vista hacia Rukia, quien ya vestía su lindo traje y al fin su cerebro hizo sinapsis. Bajó la vista para ver su cuerpo y se espantó al ver que tenía un pantalón negro y una blusa manga larga del mismo color. ¿Quién diablos lo había cambiado de ropa? Pero lo más preocupante era que se avecinaba algo terrible.

—¡Noooooo! —gritó y trató de huir corriendo por la puerta, cargando a Rukia entre sus brazos.

—¡Soi Fong, atrápalo! —gritó Yoruichi, apuntando al fugitivo con un dedo.

La capitana se lanzó sobre Ichigo, pero antes de derribarlo le quitó a la pequeña Kuchiki de los brazos y la lanzó como si fuera una pelota. La idea era que no fuera aplastada por Ichigo al caer, pero lanzarla por el aire tampoco era buena idea.

—¡AAAHHH! —gritaron todos, espantados.

¡¿Cómo podía arrojar a un bebé de esa forma?! Al parecer le gustaba lanzar a la gente y en cierta forma les recordó a Zaraki y sus salvajismos.

Matsumoto y Hinamori corrieron con la vista en lo alto y los brazos extendidos, esperando atraparla.

—¡La tengo, la…!— pero no se dieron cuenta que iban una frente a la otra y chocaron con un estruendoso golpe, quedando tiradas en el suelo.

—Ah, la tengo. —dijo Nemu, después de atrapar a Rukia. —Que susto me dio. —agregó, aunque su cara y su voz eran igual de inexpresiva que siempre.

—¡Soi Fong, tonta! Eso fue peligroso. —la regañó Yoruichi, dándole un golpe en la cabeza. La capitana sintió su mundo derrumbarse y si hubiese tenido su espada, seguro se habría hecho el seppuku. ¡Yoruichi la había regañado! —Pero… buen trabajo al detener a Ichigo. —agregó con una sonrisa, reconstruyendo instantáneamente el mundo de Soi Fong.

Inoue se acercó a Nemu para cargar a la asustada Rukia.

- o -

Los hombres forcejeaban con Ichigo para ponerle el disfraz, mientras de fondo los "probando1-2-3, probando 1-2-3", más la música y los gritos, se mezclaban alegremente.

Matsumoto no paraba de sacar fotos y tenía una enorme marca roja en la frente al igual que Hinamori.

—¡No quiero! ¡Aléjense de mí! —gritaba Ichigo, mientras se revolvía, pero teniendo a cuatro sujetos encima, no podía hacer mucho.

—¡Ya cállate! —lo regañó Ishida. —Cualquiera pensaría que están abusando de ti.

—¡Déjenme, idiotas! —volvió a gritar. —¡Rukia…Rukia, ayúdame!

—Jajaja, tonto, ella es la más emocionada con todo esto.

Ichigo la miró y notó el extraño brillo de sus ojos, tal vez Renji tenía razón.

De pronto, una luz de esperanza descendió de los cielos, acompañada por la voz que Ichigo esperaba escuchar de hace algunas horas.

—¿Qué está pasando aquí? —la voz de Byakuya resonó por toda la tienda, haciendo que todos voltearan a verlo y dejaran lo que estaban haciendo.

—Ca-capitán. —la voz de Renji sonó nerviosa.

—¿Qué pasa? ¿Están todos bien? —preguntó Ukitake apareciendo tras el pelinegro y acompañado por Kyoraku.

Ichigo tuvo la tentación de arrojarse sobre Byakuya para agradecerle que apareciera y lo salvara de esa penosa situación, pero desde luego, no lo hizo.

—¡B-Byakuya! —exclamó el pelinaranja, aliviado —¡Al fin llegas!

—¿Dónde está Rukia? —preguntó de inmediato, sin prestarle atención Ichigo.

Inoue se acercó al pelinegro para mostrarle a su hermana. La pequeña dio una enorme sonrisa y sus ojos brillaron con muchas estrellas al ver a su adorado hermano.

Byakuya la miró fijamente y sintió un pequeño calor recorrer sus pálidas mejillas. Rukia se veía tan linda con ese traje, aunque no entendía por qué lo usaba. Ella le extendió los brazos para que la cargara y estuvo a punto de hacerlo, pero se contuvo al sentirse observado, especialmente por las odiosas mujeres de la AMS. ¿Qué hacían ahí?

—¡Bya-kun llegó! —exclamó Yachiru felizmente, y de un salto se colgó de la pierna del capitán, aferrándose a ella como si fuera un mono.

Byakuya frunció el ceño y con dos enérgicas sacudidas pudo quitarse a la pelirrosa de encima. Yachiru salió disparada y se arrastró un par de metros, pero no paraba de reír.

Todos miraron sorprendidos la escena.

Rukia dio un par de carcajadas, al parecer lo encontró divertido y también quería hacerlo.

Yoruichi frunció el ceño al ver a Byakuya, pues si él decidía llevarse a Rukia todo se acabaría.

—Explícate Kurosaki, dijiste que algo iba a suceder. —dijo el pelinegro, clavando sus ojos grises en la cara de Ichigo. —Espero por tu bien que no sea una broma.

—Oh, pero si es mi preciosa Nanao-chan. —interrumpió Kyoraku, saltando para abrazarla, pero la teniente lo esquivó. —Así que esta era la ciudad a la que vendrían, pero ¿por qué quisieron venir aquí? —agregó al ver al resto de la AMS.

—¡Vinimos a apoyar a Kia-chan e Ichi! —contestó Yachiru acercándose y levantando un enorme cartel que nadie supo en que momento hizo. —Con nuestros gritos seguro que ganan. —afirmó.

—¿Y usted qué hace aquí, capitán? —cuestionó Nanao, poniendo sus brazos en jarra. —¿Acaso ya acabó todo el trabajo?

—Eeehh… pues… verás… ¡el capitán Kuchiki quería que lo acompañara!

Byakuya solo le dio una fría mirada y el capitán comenzó a reír nerviosamente.

—Explícate Kurosaki. —repitió el pelinegro.

—Verás…ellos…¡ellos…!

"Explícate rápido, Ichigo" se gritaba en su interior.

—Yo lo explicaré. —se adelantó Ishida, acomodándose los lentes.

Byakuya lo miró con su típica expresión y lo dejó hablar.

- o -

—Ya veo. —dijo al terminar de escuchar al quincy.

—Sí, sí, ¿ya ves? —dijo Ichigo, acercándose al capitán. —Estos idiotas metieron a Rukia en todo esto. Yo les dije que no, pero no me hicieron caso. Nadie nuca escucha al pobre Ichigo. —movió la cabeza negativamente y tomó aire para seguir con su defensa. —Les dije que es peligroso. Es peligroso, ¿lo sabías? Hay pervertidos por todas partes.

Silencio.

—Además quieren hacernos usar un tonto disfraz. ¿Sabes lo ridículo que será todo eso? Y como dije, es peligroso y superficial, no es bueno para Rukia.

Silencio otra vez.

—Y eso de la buena causa es un truco. —continuó. —Rukia no necesita dinero y esos viejos pronto llegarán a la Sociedad de Almas así que tampoco lo necesitan. Además dudo que Urahara-san pueda aportar siquiera para comprar un litro de leche. —Ichigo hablaba a una velocidad impresionante, mareando a todos.

—¡Qué grosero Kurosaki-san! —protestó el rubio cubriéndose con su abanico. —Tal vez no un litro, pero sí una caja pequeña.

—¡Tacaño! —chillaron Renji, Chad y Kon.

—Pero Sato-san dijo muchas cosas feas, dijo que no encajaba ahí, que no era tan linda como para ganar y menos con los diseños de Ishida-kun. —agregó la pelinaranja inflando sus mejillas.

—¿Quién dijo eso? —preguntó Nanao, indignada.

—Fue esa maldita zorra presumida. —contestó Yachiru como si nada, haciendo que todos palidecieran.

"¡Qué niña tan malhablada! ¿Dónde habrá oído esas cosas?" pensaron todos.

—Suena divertido, ¿verdad? Así es como le decía Ken-chan. ¿O era zorra regalada? No recuerdo bien. —dijo, rascándose la cabeza. —¿O tal vez era maldita pu…?— Nanao le cubrió la boca con las manos.

—Ya entendimos.

"Ah, el capitán Zaraki." se respondieron todos. Con un ejemplo como él no podía esperarse otra cosa.

—Sí, fue esa gata peliverde. —escupió Matsumoto, con unas increíbles ganas de patear el trasero de Sato.

—También se burló de Chappy y del Embajador de Algas. —informó Yoruichi. —Dijo que eran la abominación más grande del mundo libre y que nadie que usara algo como eso podría considerar tener buen gusto.

Un brillo extraño apareció en los ojos grises de Byakuya.

—Es cierto, también dijo que incluso un gorila retrasado podría dibujar mejor que Kuchiki-san y que hasta se vería más lindo que ella en un desfile, y que seguramente ese pobre talento artístico debería ser cosa de toda su familia. —agregó Urahara hablando teatralmente.

—¿En qué momento dijo todo eso? —preguntó Renji por lo bajo, pero Ishida le dio un suave codazo para que callara.

—¡Ah! ¡Y también dijo que los apellidos que comienzan con "K" apestaban! —gritó.

Otro brillo extraño marcó los ojos de Byakuya, mientras todos miraban a Urahara, tratando de decirle que no se emocionara tanto.

Ichigo lo miró confundido. ¿En verdad Sato había dicho todas esas cosas? Aun así, no era para tanto, según él.

—Por eso quisimos inscribirla, para demostrarle que sí puede ganar. —dijo Inoue nerviosamente.

—Ya veo.

—Pero Ichigo no quiere ayudar. —lo acusó Renji.

—Ya veo. —el capitán los miró fijamente, con lo que Ichigo sonrió. ¡Ya se venía el castigo para todos!

—¿Lo ven? Ahora tendrán que responder por sus tonterías, hahaha. —Ichigo rió como desquiciado y los apuntó con un dedo. —¡Se los dije idiotas!

Byakuya suspiró y cerró los ojos.

—Bakudou nº1: Sai. —una soga de energía amarilla amarró las muñecas de un confundido Ichigo, que cayó pesadamente al suelo.

—¿Q-q-q-q-qué haces Byakuya?

—El Clan Kuchiki destaca en todas las áreas de las Artes. —dijo con voz solemne. —No permitiré que las dotes artísticas de Rukia sean puestas en duda.

Y con eso todas las esperanzas de Ichigo terminaron por ser destruidas.

—Adelante. —ordenó y salió de la tienda, seguido de los dos capitanes y la AMS, a quien Yoruichi sacó a empujones para que no vieran el disfraz de Ichigo.

Apenas estuvieron solos, los demás no perdieron ni un segundo.

- o -

El grupo ya estaba estratégicamente posicionados frente escenario. Era un excelente lugar y solo tuvieron que empujar salvajemente al público para conseguirlo.

—Buenas noches a todos. —saludó el rector de la universidad, un hombre de aspecto gracioso. —La Universidad de Karakura se enorgullece en presentar esta genial obra a beneficio de la casa de ancianos "Tu último amanecer"

El hombre regordete siguió con un ensayado y aburrido discurso que incluía presentar al jurado, en donde para disgusto de los demás, se encontraba Sato, y luego decidió presentar a los animadores.

—Ahora, tengo el agrado de presentar a la hermosa representante de una de las facultades organizadoras; la Facultad de Diseño y Moda, con ustedes Shimura Kaede-san.

Subiendo por un costado de la pasarela, se acercó al escenario una alegre chica de cabello rubio con reflejos rojos.

—Y desde la otra facultad organizadora, la Facultad de Psicología y Trabajo Social, tengo el honor de dejar con ustedes a Murakami Toushirou-kun.

Matsumoto dio un respingo al oír el nombre del chico, eso no era un muy buen augurio, pero luego recordó como su increíble plan de ahogar las computadoras había resultado un éxito, así que no debería haber problemas.

Subiendo por el otro lado, se aproximó al escenario un muchacho muy guapo de largo cabello negro largo sujeto en una coleta y unos brillantes ojos celestes. El chico saludó con la mano y dio una coqueta sonrisa, derritiendo a más de una fémina.

—Tsk, ¡no actúes como niño bonito, idiota! —gruñó Kon desde el hombro de Renji.

—Cállate, te pueden oír. —lo regañó el teniente, pero era imposible que alguien pudiera saber de dónde provenían sus gritos. De hecho, nadie reparaba siquiera en él, pues un peluche sobre el hombro de alguien era lo más normal que había en todo el lugar.

Ambos animadores saludaron al público y después de dar las gracias a los auspiciadores que llevaron los participantes, comenzaron el evento.

—¡Vamos Kia-chan! —gritó Yachiru, sentada sobre los hombros de Chad. —¡Tu puedes!

—Pero si todavía no sale. —rebatió Momo.

—Es cierto, pero estoy seguro que las escuchará aunque esté lejos. —dijo Ukitake con una sonrisa.

—¡Es por eso que hay que animar como si se nos fuera la vida en ello! —exclamó una eufórica Matsumoto. —¡Vamos Ichigo, Rukia! —gritó a todo lo que dieron sus pulmones, probablemente destruyendo los tímpanos de varios de los humanos presentes.

—¡Kuchiki-san, Kurosaki-kun! ¡Les deseo lo mejor! ¡Se lo merecen!—gritó Inoue.

—Eso suena a felicitaciones, Inoue-san. —la corrigió el quincy. —No es una boda.

—Todavía no. —añadió Matsumoto, sonriendo.

—Vamos, Nanao-chan, abrázame para que los alentemos juntos. —sugirió Kyoraku, aprovechando la situación.

—¿Y por qué tengo que abrazarlo? —cuestionó ella molesta.—Puedo gritar sola. —y lo alejó de un golpe con el cartel que llevaba.

—Pero los gritos suenan más fuertes si las personas se abrazan. —respondió el capitán, recibiendo otro golpe de parte de su teniente.

—¡Tú! No te oigo gritando. —apuntó Yachiru a Nemu, regañándola. —¡Pon un poco de empeño!

Nemu contó hasta tres y suspiró.

—Ah…vamos. Vamos que se puede. —y levantó un puño robóticamente. Su voz fue apenas audible, pero bastó para la pelirrosa.

Byakuya dio una mirada de reprobación a todos esos personajes. ¿Por qué tenían que ser tan molestos? Aunque el lugar tampoco se quedaba atrás, todo era lo más tonto que había visto en su vida. Ahora dudaba de su decisión de permitir que Rukia participara en ese circo. Definitivamente no era lo suyo y tampoco de su hermana y ya no sabía si el honor era motivo suficiente como para permitir que se expusiera así.

El ambiente era demasiado extraño para su gusto y ya comenzaba a encontrarle sentido a las palabras de Ichigo, habían demasiadas personas rondando y algunos de ellos no parecían haber ido con niños.

Aun así, no pudo ignorar el brillo en los ojos de Rukia mientras el mocoso quincy explicaba la situación, era obvio que quería participar y si ella quería pues… ni modo. Lo único que podía hacer ahora era estar con sus sentidos alerta para evitar que sucediera algo extraño.

—Muy bien, comencemos con el primer requisito; el disfraz tierno y ridículo. —anunció la chica, logrando risas y aplausos del público. —Con ustedes, los concursantes nº1, la familia Suzuki; integrada por papá, mamá y los pequeños Shin y Ken.

Las luces apuntaron a la familia en cuestión que subía al escenario y caminaba por la pasarela.

—¡Aaahh! ¡Qué diablos! ¿P-por qué son todos azules? —gritó Renji asustado. —¿Se-será algo contagioso?

—Oh, interesante, a Mayuri-sama le gustará examinar su condición.

—¡Ya basta! ¡Lo invocarás!—gritaron Ishida y Matsumoto.

—¡Son los pitufos! —exclamó Inoue divertida y ante la cara de interrogación de sus amigos tuvo que explicarles todo.

Renji parecía aliviado y Nemu decepcionada.

—Los siguientes son la familia Honda. —anunció el chico, leyendo sus tarjetas. —Compuesta por: papá, mamá y los pequeños Soushi y Kouta.

—¡Ajajaja! ¡Qué lindos! —exclamó Matsumoto al ver a los pequeños disfrazados de vegetales, a la mamá de cesta y al papá de botella de leche.

—Se ven…saludables. —comentó Ukitake con una gran sonrisa.

—A Hitsugaya-kun no le gustaría. —pensó Hinamori en voz alta al recordar el disgusto que sentía su amigo por la leche. Matsumoto alcanzó a oírla y sonrió burlona, haciendo sonrojar a la teniente.

—¡Buuuuu! ¡Sáquenlos! —gritó Yachiru.

—No seas tan dura teniente Kusajishi. —la calmó Kyoraku. —Solo porque no te gustan los vegetales…

—¡No molestes Shun-shun! ¡O le diré a Nana-chan que casi babeabas por la bruja! —lo amenazó.

—¡Buuuuuu! ¡Sáquenlos! ¡Sáquenlos! —se unió el asustado Kyoraku.

Nanao lo miró extrañada, pero como no había oído la conversación no le prestó mayor atención.

—Continuamos con familia Toyota. —siguió la chica y una nueva familia apareció, disfrazados de crayones.

Byakuya solo los miraba serio. Hasta ahora ninguno le había parecido lindo, solo ridículos.

—Seguimos con la familia Mitsubishi. —anunció el animador y la familia hizo su presentación.

—¡¿Qué demonios?! ¡¿Por qué diablos todos tienen nombres de autos?! —gritó Kon, exasperado.

El chico solo se aclaró la garganta y siguió con el siguiente. ¿Qué culpa tenía él de los nombres de esas personas?

Pasaron varias familias más, todos luciendo felices y encantados de usar aquellos trajes vergonzosos.

—Muy bien, ahora vamos con la familia nº15. —anunció el animador.

—¡Les toca! ¡Nana-chan, Momo-chan, levanten el cartel! —ordenó Yachiru y ambas tenientes asintieron.

Todos los presentes, incluyendo al público humano y los animadores miraron el cartel con una gotita cayendo por sus cabezas. ¡Era muy raro y la caligrafía parecía de una niña pequeña!

"¡Animo Kia-chan, Ichi! ¡Ustedes pueden! ¡Todo el Gotei 13 espera su triunfo!"

"¡La AMS envía energías estilo genkidama! (no sé que es eso, pero Akon me dijo que lo pusiera)" Tampoco sé cuál es el premio, pero…Kia-chan tiene que ganarlo.

"Aunque si pierden no importa, mataremos al que gane el primer lugar y así lo obtendrán ustedes (Ken-chan me dijo que escribiera eso).

"O tal vez Bya-kun podría pagarle al jurado para asegurarse o tal vez…"

Las palabras de Yachiru quedaron a medio escribir, se le había acabado el espacio en el cartel pues el resto estaba lleno de dibujos de globos, animales deformes y personas vestidas con kimonos negros que alentaban muy felices; algunas tenían cabellos de colores extravagantes y detalles muy representativos, mientras que otras apenas podían distinguirse. Seguramente eran personajes secundarios.

De fondo también había muchísimas firmas de varios shinigamis a los que Yachiru obligó a firmar antes de escribir las palabras de ánimo.

Byakuya se aclaró la garganta, Renji entendió la orden y de un rápido movimiento les quitó aquel vergonzoso cartel.

Yachiru protestó, pero al instante sacó otro letrero, que esta vez era normal, solo daba ánimos y tenía dibujos deformes y apurados.

El animador se aclaró la garganta llamando la atención del público otra vez.

—Con ustedes la familia Kuchi…

—¡Esperen! ¡Es mi turno! —lo interrumpió alguien.

Todos miraron a la muchacha joven que subió al escenario. Era alta, de ojos marrones, cabello negro algo corto y despeinado, y usaba anteojos para parecer más lista.

La chica suspiró y se acomodó el cabello.

Kon miraba atento a la mujer sobre el escenario hasta que la reconoció al fin.

—¡Ella es! —chilló el peluche. Iba a saltar, pero Renji lo detuvo. —¡Déjame, es mi guapísima Nee-san que todo lo sabe!

—¿Quién eres tú? —preguntó la animadora rubia.

—Hahaha, soy la organizadora más importante. —respondió con una voz infantil y una risa algo extraña. —¡Con ustedes la familia…!

—¡Ella ni siquiera estudia con nosotros! —interrumpió alguien del jurado.

—¡Cállate! ¡De igual forma soy universitaria! —le gritó ella. —¡Con ustedes la familia Ku…!

—¡Ni siquiera es de esta ciudad!

—¡Seguridad! ¡Llévensela!—gritó la animadora rubia y al instante, dos gorilas aparecieron para llevársela a rastras.

—¡Noooooo! —gritó mientras pataleaba para liberarse.

—¡Nee-san! ¡Friki…algo-Nee-san! —gritó Kon desesperado, viendo como su extraño y sensual oráculo era sacada a la fuerza y su grito se apagaba al fin.

Todos quedaron con otra gotita cayendo por sus cabezas. ¿Quién rayos era esa loca que apareció? Definitivamente tendrían que mejorar la seguridad.

—Bueno, lamentamos esa vergonzosa aparición. —se disculpó el animador leyendo sus tarjetas. —Pero sigamos, con ustedes la familia Kuchiki, compuesta por: su ¿guardián Kurosaki? y… ¿la pequeña luz…?—el chico se rascó la cabeza confundido. ¿Qué clase de relación familiar era esa? Como sea, tenía que continuar. —Compuesta por: su guardián Kurosaki y la pequeña luz que guía a Ichigo, la adorable Rukia.

Los amigos del pelinaranja sonrieron ante esa presentación, obviamente fue idea de Urahara.

Byakuya observaba silencioso esperando ver de qué tanto se quejaba Ichigo.

Urahara y Soi Fong, quienes hacían de guardaespaldas de Rukia trataban de empujarlo para hacerlo salir, pero el pelinaranja estaba agarrado firmemente a las estructuras metálicas tras bambalinas.

Yoruichi apareció y le dio una fuerte patada en la espalda que hizo que se soltara al fin y de un ágil movimiento le entregó a Rukia y lo empujó hacia los reflectores.

Todos quedaron en silencio por unos instantes, observando al completamente avergonzado Ichigo, que estaba rígido y no parecía poder moverse.

—¡AJAJAJAJAJAJAJA! —fue lo único que pudo escuchar de parte de su grupo de "amigos" que estaba frente a él.

Rukia lo miró fijamente y le dio una gran sonrisa para calmarlo, pero Ichigo parecía haberse vuelto de piedra.

—¡Fiuuut, fiuuuut! —silbó Renji, avergonzándolo todavía más.

—¡Kyaaaaaaaaaaaaaaa! —gritaron Nanao Y Hinamori. —¡Qué lindoooos!

—¡Rukia, por aquí! —exclamó Ukitake haciéndole señas. La pequeña los vio y les dedicó una gran sonrisa.

—¡Hermoso! ¡Hermoso! —gritaba Inoue.

—¡Buen trabajo Ishida! —lo felicitó Matsumoto.

El quincy se acomodó los lentes, complacido.

—¡Dale una mordida Kia-chan! —gritó Yachiru.

Byakuya no pudo evitar una pequeñísima sonrisa al ver a su hermana e Ichigo así.

¡Por dios! ¡El insolente mocoso de Kurosaki Ichigo vistiendo como una zanahoria anormalmente alta!

Bajo el gran y esponjoso cuerpo naranja tenía un pantalón negro y una blusa de mangas largas del mismo color, y en la cabeza llevaba una especie de sombrero que hacía la parte de la base de la zanahoria, desde donde salía un pequeño tallo verde.

La enorme y malhumorada zanahoria cargaba a una adorable conejita pelinegra. Rukia se veía hermosa con un lindo traje de conejito blanco con toques de rosado en el pecho y un enorme listón violeta en el cuello.

La multitud gritó enloquecida, pues a simple vista ese chico no parecía tener muy buen humor que digamos y que accediera a participar en algo como eso decía mucho de él.

Ichigo reaccionó al fin y después de fruncir el ceño como nunca se giró y se alejó robóticamente de ahí.

Sato, desde el jurado, seguía boquiabierta. Nunca hubiera imaginado a Ichigo participando en un concurso infantil, y mucho menos disfrazado de zanahoria.

Había esperado que Rukia participara junto a Takagi y los demás y de esa forma sería fácil que los descalificaran. Sin embargo ahora era Ichigo quien concursaba con ella y a pesar de todo se veía guapo.

¡Demonios! Era una muy atractiva zanahoria y la desesperaba saber que Ichigo accediera a hacer el ridículo de esa forma solo por el bien de esa mocosa, que por cierto reconocía que se veía…bien. ¡Condenado Ishida! Sin embargo, todo el esfuerzo del chico de lentes y el sacrificio de Ichigo no valdrían de nada.

Ella se encargaría de eso.

- o -

Pasaron veinte familias más que se lucieron con sus trajes, hasta que el animador decidió finalizar la primera parte y reanudar después de diez minutos.

- o -

Inoue ya había terminado de alistar a Rukia.

Los muchachos ya no batallaban contra Ichigo. Increíblemente, casi no se quejaba, aunque sentía que su espíritu moría poco a poco.

—¿Po-por qué? —el shinigami parecía un cascarón vacío.

—No exageres, Kurosaki. —lo regañó Ishida. —Toma, ponte esto.

—Te veías bien, Ichigo. —lo animó Chad, pero sin resultados.

—Solo…solo mátenme y ya. —les pidió.

—¡Ya basta! —Renji lo golpeó y lo hizo reaccionar. —Solo es un estúpido disfraz. Además no conoces ni a la mitad de estas personas, ¿por qué te preocupas tanto?

—¡Entonces hazlo tú!

—Pero tú eres quien dijo "protegeré a la enana de cualquier cosa" —le recordó Ishida imitando la voz del pelinaranja. —Y eso también incluye las burlas hacia su persona, idiota. ¿Acaso permitirás que alguien la humille y se quede así como si nada? Recuerda que está en la etapa de confianza básica v/s desconfianza. Si no la defiendes tú, ¿entonces quién? —agregó con una sonrisa, sabiéndose vencedor del encuentro.

Ichigo permaneció en silencio y frunció el ceño. ¡Estúpido Ishida y su basura psicológica!

—Como sea. —se encogió de hombros, ya resignado, pues vio que era imposible contra toda esa gente. Además no podía ser algo peor que a salir de zanahoria. —Oye, ¿y por qué usaré esto? —preguntó al tomar una de las prendas.

—El otro tema es con referencia a una película, ya te dije cual fue la que escogí. Quería una en que se pudiera usar el cabello negro de Kuchiki-san.

—¿Y por qué yo no…?

—Vaya, Kurosaki-san siempre con el complejo de príncipe. —se burló Urahara apareciendo tras él. —Lo siento, pero ahora no puedes besar a la princesa, quedarías como un pervertido ante los ojos de todos y seguramente te arrestarían.

Byakuya alcanzó a oír lo último y le dio una fría mirada al pelinaranja, quien solo se hizo el desentendido.

—Ya es hora. —anunció Yoruichi. —Vámonos.

Todos asintieron. Chad tomó a Ichigo y se lo cargó al hombro.

—¡Puedo caminar solo!

—¿Para qué intentes escapar? No, gracias. —negó la morena. —Vamos Chad, llévatelo.

- o -

—¡Seguimos con la segunda parte! Temática: películas o cuentos infantiles. —Recuerden que deben decir algo relacionado con su elección, una frase típica o algo. —dijo el muchacho pelinegro, y llamó a la primera familia, accionista de autos según Kon.

Así pasaron varias familias representando diversos cuentos y películas; desde Peter Pan, El patito feo, Aladín, Caperucita roja, Shrek e incluso la Sirenita, a la que Kon reprobó completamente y no tuvo reparos en gritarle a la señora que era demasiado gorda como para usar bikini y fingir ser una sirena.

—Bueno, ahora es el turno de la familia nº12. —dijo el pelinegro.

Al escenario subió una familia de tres personas disfrazadas de oso llevando un enorme coche. Del interior sacaron a una bebé….a una niña, no…¡era adulta y lo peor, ni siquiera era una mujer! ¡Era un hombre fingiendo ser mujer que fingía ser una niña! ¿A quién querían engañar? Sin embargo para ellos era el disfraz perfecto y estaban seguros que podrían engañar a todos, y con un desplante único comenzaron a pasear por la pasarela.

Ishida quedó casi en shock al descubrir a sus compañeros de clase desfilando por la pasarela y tratando de pasar al pobre Sasaki como Ricitos de Oro.

¿En verdad había gente tan idiota?

El silencio reinó por un segundo hasta que el animador se atrevió a hablar.

—Eehhh…lo…lo siento, están fuera. —dijo el pelinegro.

Takagi comenzó a protestar, pero la animadora rubia enseguida llamó a seguridad para que se los llevaran del escenario. ¿Por qué había tantos locos rondando por ahí esa noche?

Incluso Sato desde el jurado, escondió la cabeza avergonzada, temiendo que pudieran relacionarla como compañera de esos idiotas.

Después de ese momento extraño, decidieron seguir. El animador ojiceleste llamó a la familia nº13, rezando porque de verdad fuera una familia normal.

—Espera un segundo Murakami-kun. —lo interrumpió la rubia. —Tenemos un aviso de utilidad pública. Al parecer se encontraron dos niños perdidos vagando por el campus. Súbanlos. —indicó la rubia al guardia que había encontrado a los niños. —Rogamos a sus padres o tutores venir a recogerlos, por favor.

Todos los shinigamis quedaron perplejos al ver a los "niños perdidos" y alguien en particular, comenzó a temblar.

—¿Cuál es tu nombre? —preguntó el animador agachándose a la altura de uno y acercándole el micrófono.

—Y-Yamada Hanatarou. —respondió nervioso.

—Ya veo, con que Hanatarou-kun, ¿Y tú? ¿Cuál es tu nombre, niño?

—¡No soy un niño! —exclamó un muy molesto Hitsugaya.

Dio una mirada fría al shinigami a su lado, pues por sus lloriqueos los habían confundido con niños perdidos y los subieron a empujones al escenario.

—Dinos tu nombre, chico. —pidió la rubia con una sonrisa, pero Hitsugaya le dio una furiosa mirada que la hizo retroceder asustada.

El peliblanco miro a su alrededor y no le costó mucho trabajo encontrar la llamativa cabellera de Renji y Ukitake. Solo tuvo que bajar un poco la mirada para encontrarse con la cara de Matsumoto que miraba a todos lados, nerviosa, buscando a su amuleto protector que había ido a comprar algunos dulces junto a Inoue.

—¿Se encuentran por ahí los padres de estos niños? —preguntó la animadora que ya quería librarse de ese chico que la asustaba.

—¡Que no soy un niño!

—Aahhh… aquí, por aquí. —Hitsugaya escuchó la voz de Ukitake acercándose y frunció el ceño al verlo subir el escenario. —Gracias, gracias, son…eeehh… son mis sobrinos, creí que no los encontraría. —dijo teatralmente.

—No se preocupe señor, al parecer están bien, pero debe mantenerlos vigilados.

—Claro, claro, lo haré. —y sin decir más, se alejó con el nervioso séptimo oficial y el furioso capitán.

Cuando llegaron de vuelta al grupo el ambiente se tensó. Hitsugaya despedía chispas y su mirada se veía más glacial de lo normal. Nadie se atrevía a decir nada.

En el escenario las familias modelaban por la pasarela, pero no les prestaban atención.

—Ca-capitán, ¿qué…qué hace aquí? —preguntó la rubia teniente. ¿Qué rayos había pasado? ¿Acaso su plan no había funcionado? ¿Cómo era que las computadoras se habían reparado tan rápido?

—Esa es mi línea, idiota. —respondió calmado y tomó aire. —¡¿Qué demonios haces aquí?! ¡Te dije que tenías prohibido venir al Mundo Real! —gritó con furia, haciendo que la temperatura bajara un poco.

Todo el público volteó a ver a esos escandalosos, mientras se acomodaban los abrigos.

—Pero… pero... —trató de defenderse, pero no se le ocurrió nada.

—¡Muévete! —ordenó. —¡Nos vamos ahora!

—Pero Shirou-kun, estamos en una misión de apoyo. —comentó Yachiru.

—¡No me importa! ¡Ya me dirán quien de ustedes pasó por alto mis órdenes y ayudó a escapar a mi teniente! —las amenazó.

—¡E-Espere capitán Hitsugaya! —Nanao se tensó, a las otras no parecía preocuparles, pero a ella le aterraba el recibir un regaño de parte de un superior. Sobre todo cuando no se lo merecía, aunque era obvio que Matsumoto se había escapado.

—¡Andando, Matsumoto! —gritó. Tenía que llevársela de ahí, antes que algo extraño pasara.

—¡Ayudaaaa! —gritó la rubia, mientras su capitán la tironeaba de la ropa. —¡Hi-Hinamori! —llamó a su amuleto protector, quien apareció como invocada.

Hitsugaya se detuvo en seco al oír ese nombre y volteó a ver la pequeña pelimarrón que acababa de llegar.

—Hola Hitsu…digo, capitán Hitsugaya. —se corrigió con una linda sonrisa. —¿Por qué se va tan rápido?

—Hinamori. —se quedó mirándola. —¿Qué haces aquí, Hinamori?

—Vinimos a apoyar a Rukia-san. —respondió ella. —¿Te quieres ir ya? Te perderás el espectáculo Hitsugaya-kun. Deberías quedarte un momento, será muy divertido. —le pidió llamándolo informalmente. —Además será bueno para que te distraigas, últimamente trabajas demasiado. Eso no es bueno para tu cuerpo y me preocupa. —y le sonrió con ternura.

Hitsugaya sintió una pequeña electricidad recorrer su cuerpo y se supo vencido de un solo golpe. Dio un suspiro de resignación y soltó a Matsumoto que al fin pudo respirar tranquila y regresar a su lugar.

—¡Kia-chan ya va a salir! ¡También te quiero animando, Shirou-kun! —ordenó Yachiru, pero el peliblanco no le prestó atención.

—Toma, dejaste esto. —dijo el capitán, entregándole la horquilla para el cabello a su…amiga y cruzándose de brazos.

—¡Oh, creí que lo había perdido! ¡Gracias Hitsugaya-kun! —exclamó la teniente con una gran sonrisa.

—Es capitán Hitsugaya. —corrigió mirando al frente, con una pequeña sonrisa marcando su cara.

Los capitanes mayores miraban de reojo al pequeño peliblanco. Era casi gracioso ver como la adorable teniente del quinto escuadrón podía calmarlo con tanta facilidad.

—Por cierto, ¿qué hace Hanatarou aquí? —preguntó Renji.

—La capitana Unohana me envió a petición del capitán Kuchiki en caso que hubiera algún herido. —explicó el 7mo. oficial. —Llegué junto a los capitanes, pero ellos caminan muy rápido y me dejaron atrás. —se lamentó.

—¿En serio?

—Sí, fueron muy malos, ni siquiera me esperaron. —lloriqueó el oficial. —Pero el capitán Kuchiki estaba muy preocupado y ansioso y quería llegar rápido para ver como estaban todos.

Renji sonrió divertido y miró de reojo a su capitán.

—Yamada Hanatarou, guarda silencio. —dijo Byakuya con su fría voz. El chico estaba hablando demasiado.

—S-sí.

—¡Ya les toca! —gritó Yachiru, cuando el animador despidió a la familia nº14.

—¡Ya vienen, ya vienen! —gritó Hinamori nerviosa, tomando las manos de Hitsugaya quien se sonrojó al instante, pero no pareció molestarle.

—Kyaaaaaaa… ¡Ya vienen!

—¡Compórtese capitán! —regañó una avergonzada Nanao a su capitán que saltaba y chillaba como una niña.

—Ánimo a los dos. —otra vez la voz de Nemu apenas alcanzaba el espectro audible.

—Con ustedes la familia nº15. —anunció la chica sonriente de cabello raro, para dar el paso al malhumorado pelinaranja.

Era la caminata más rara que le habían visto alguna vez a Ichigo.

El chico daba un paso y levantaba el brazo del mismo lado, de una manera totalmente robótica y el color rojo no quería abandonar su cara.

Cargaba a Rukia en el brazo izquierdo y la pequeña se veía tan feliz ahí, que era la única razón por la que no salía huyendo a la velocidad de la luz.

"Me pregunto si recordará todo esto cuando recupere su cuerpo" pensó. Aunque esperaba que no, pues estaba seguro que le haría pagar el haberla perdido; el haberla arrojado de cabeza; el haberla dejado sola en la guardería tantas veces; o el haberle gritado en las noches cuando no paraba de llorar.

Sintió un escalofrío solo con pensar en eso, o peor, que le dijera a Byakuya todo eso.

Aunque por un lado esperaba que recordara algo, pues así podría preguntarle por qué no le agradaba Sato y el porqué de las dos mordidas que le dio.

¡Pero ahora no era el momento! Primero tenía que acabar con esa ridícula situación.

Apurando sus pasos llegó bajo los reflectores, caminaba apretando los párpados con fuerza, como tratando de hacerse invisible o tal vez no ver las caras burlonas de los demás.

—AJAJAJAJAJAJAJ. —volvió a escuchar las risas de sus amigos y abrió los ojos, furioso. ¿Por qué diablos se reían tanto de él? ¿No deberían apoyarlo aplaudiéndole o algo así? ¡Malditos! Solo pensaba en acabar rápido con todo eso y bajar para patearles el trasero.

—¡Kia-chan, te ves hermosa! —gritó Yachiru enérgicamente y todos gritaron con ella, levantando los brazos.

"¿Y yo qué?" se preguntó Ichigo frunciendo todavía más el ceño, lo que quedaba totalmente acorde a su personaje.

Rukia vestía un lindo vestido de dos colores. La zona de la falda era amarilla brillante y la blusa era azul de mangas cortas, con pequeños detalles rojos en ellas.

El escote de la blusa continuaba hacia atrás con un pequeño cuello de color blanco que se levantaba en la parte posterior, haciendo una especie de collarín solo para la zona de la nuca, y en el cabello llevaba un cintillo rojo con un listón del mismo color.

Ichigo por su parte vestía un pantalón de algodón de color café, un poco ajustado; botas del mismo color y una especie túnica roja que llegaba hasta las rodillas. También llevaba un cinturón negro del que colgaba una picota de utilería y sobre la cabeza, cubriendo algunos de sus desordenados cabellos, usaba un sombrero de duende de color café.

Byakuya miró fijamente a su hermana que estaba fascinada con las luces. Se veía muy linda con esa ropa, aunque no sabía muy bien de que estaban disfrazados esta vez.

—¿Qué se supone que son? —preguntó Hitsugaya mirando fijamente a la pareja.

—¡Qué tonto eres Shirou-kun! —lo regañó Yachiru, aunque ella tampoco lo sabía.

—Son… eeeehh…¿una princesa? —Kyoraku tampoco sabía, pero se aventuró.

Byakuya cerró los ojos y permaneció en silencio. Si era eso, resultaba totalmente acorde a su posición y el mocoso quincy hizo un buen trabajo. Aunque seguía sin entender qué diablos era Ichigo.

—Es Blancanieves y los siete enanitos. —explicó Inoue. —Bueno, un enanito. —se corrigió.

—Ya leí ese cuento, es donde esa mujer aparece en la nieve y congela a los hombres, después abusa de ellos y los mata para robarles el dinero e ir a beber. —explicó Renji, pavoneándose de su conocimiento sobre cuentos humanos.

—¿Qué? —Byakuya abrió los ojos de golpe y fulminó al quincy con la mirada. ¿Cómo se atrevía a disfrazarla de algo tan…bajo como eso? ¡Un Kuchiki jamás necesitaría robar dinero! Eso era cosa de plebeyos y no permitiría que Rukia hiciera gala de algo tan miserable.

—¡Esa es Yuki-onna, idiota! —se apuró en negar Ishida, quien procesó de inmediato la mirada asesina del capitán pelinegro. —¡Y ella no robaba a los hombres! ¡Mucho menos abusaba de ellos! ¿Qué clase de cuento leíste?

—Seguramente uno hentai. —comentó Nemu, haciendo que todos voltearan a verla, sorprendidos.

—B-Blancanieves es una princesa. —explicó Inoue y les contó la verdadera versión del cuento. —Kurosaki-kun es uno de los enanitos.

—Supongo que será el gruñón. —agregó Matsumoto, sonriendo.

—Ajajaja, no sería el único enano gruñón por aquí. —dijo Yachiru.

Hitsugaya sintió una roca caerle sobre la cabeza y estuvo a punto de gritarle a la pelirrosa para que se callara, pero eso sería reconocer que lo era y eso no podía ser. El no era enano, estaba en pleno crecimiento y no era gruñón, si no de temperamento fuerte con tendencia irritable.

—Muy bien guardián Kurosaki, díganos algo típico de su personaje. —dijo el chico acercándose a él con el micrófono.

Ichigo tomó aire y contó hasta diez, como Yuzu le había dicho una vez.

¡Dios! ¿Por qué no pasaba algo justo en ese momento que pudiera salvarlo?

—Aiho-aiho-aiho. —dijo con voz de ultratumba y con la cara roja a más no poder. ¿Por qué tenía que decir algo tan vergonzoso como eso? ¡Ni siquiera sabía que diablos significaba! ¡Condenados enanos y su estúpida cancioncita mientras iban a trabajar a la mina!

—AJAJAJAJAJAJAJAJAJAJA. —las risas se estrellaron contra la cara de Ichigo, quien deseaba que un terremoto abriera la tierra y los arrojara a todos ellos a las profundidades del abismo.

—Gracias, guardián Kurosaki. —dijo el sonriente animador indicándole que podía regresar.

Pero al parecer las súplicas de Ichigo fueron escuchadas, pues al segundo comenzó un leve movimiento en la tierra, aunque obviamente, no se trataba de un terremoto, pues no era percibida por los demás humanos.

—¿Q-qué diablos…?

Todos levantaron la cabeza para ver como la barrera de Urahara era golpeada incansablemente por un enjambre de hollows gigantescos, casi del tamaño de los Menos.

Rukia dio un fuerte grito y se escondió en el pecho de Ichigo, cuando una parte de la barrera se quebró y varios hollows entraron tras ella.

Al parecer el concurso tendría que esperar.


que tal? Ojala les haya gustado. En lo personal me reí mucho imaginando a Ichigo como una atractiva zanahoria, jejeje y la versión de Blancanieves de Renji, jajaja.

Espero que les haya gustado la elección de los disfraces, pero es que cuando pienso en Rukia no imagino algo que no sea relacionado con conejitos, jiji...

Un abrazo a Misaki Uchiha y Maite, quienes acertaron en los disfraces y se ganaron la galletita :3

Bueno, ahora me voy a dormir... a las 12:00 es el partido de Chile y tengo que verlo! Después de eso... a trabajar! u.u

Matta :)