''No sabía qué te gustaría,'' dijo Regina mientras Emma miraba el despliegue de platos que habían aparecido en la encimera de la cocina.
''¿Así que lo has pedido todo?''
Regina se encogió de hombros. ''Digamos que será como una cena de tapas.''
''Me sirve,'' rió Emma con malicia. ''Huele de maravilla.''
''La cocina contrata a chefs que tienen bastante talento,'' dijo Regina mientras le pasaba un plato a Emma y empezaba a levantar las tapas de plata de los diferentes platos. Las porciones debajo de éstas eran pequeñas; Regina odiaba que la comida se echara a perder. Pero había tantos platos donde escoger que ninguna de las dos mujeres se quedaría con hambre.
Emma cogió un poco de todo, intentando no poner demasiado en su plato y no haciendo caso a su insaciable apetito. Una vez ambas tuvieron su comida, Regina las guió hacia la mesa del comedor. Con las copas de vino llenas hasta arriba, empezaron a comer.
Ambas mujeres se sorprendieron de lo bien que fluía la conversación. Aunque Emma conociera las intimidades sobre el matrimonio de Regina, ellas dos habían pasado muy poco tiempo disfrutando de la compañía de la otra. Habían tenido un breve momento antes del programa de Emma, la tarde en el apartamento de la rubia y su reunión en el Despacho Oval. Y aún así, mientras se comían la gran selección de platos, con los cuales Emma estaba entusiasmada, sentían como si se conocieran de toda la vida.
Regina había insistido en que Emma le contara más sobre ella, reclamando que la rubia sabía mucho más sobre la presidenta. Después de todo, Regina había sido durante años una política destacada y era trabajo de Emma averiguar más sobre la otra mujer. Así que a Emma no le importó contarle a Regina un poco más sobre su vida para igualar las condiciones. No había tenido el mejor comienzo, al haber crecido en el orfanato. Pero con doce años, uno de los profesores de Emma supo ver su talento y a partir de ahí empezó a centrarse más en su educación a través del apoyo de la escuela. Una vez tuvo algo en que echar raíces, los retos que suponían su situación de vivienda se volvieron más llevaderos.
Conseguir una beca completa en la Universidad de Boston, donde se especializó en periodismo, fue lo que impulsó la carrera de Emma. En su segundo año, conoció a Neal y los dos empezaron a salir. Al empezar a escribir piezas políticas online mientras aún estudiaba, no tardó mucho en que un periódico local se fijase en ella. Había escrito para el Boston Globe pero entonces se quedó embarazada de Henry, se casó con Neal y se tomó un parón de dos años después de que su hijo naciera. Esperando volver a la faena, ella y Neal volvieron a Nueva York, donde Emma pasó un tiempo como editora de apoyo para el diario The New Yorker. Pero el debate político y el reporterismo siempre habían sido su pasión y tenía ganas de volver a escribir. Después de que ella y Neal lo dejaran, Emma se encontró a sí misma moviéndose hacia Washington D.C. No tardó mucho en dirigirse al mundo de la televisión y empezó a trabajar en programas políticos. El resto, como se suele decir, era historia.
''Y entonces tú apareciste en escena y supe que el mundo iba a volver a la normalidad,'' concluyó Emma.
''La respuesta al desastre que nos dejó Trump, ¿eh?'' sonrió Regina con malicia.
''Tienes un montón de cosas que organizar pero si cualquiera puede hacerlo, entonces tú también.''
''Gracias por tu confianza,'' sonrió Regina. ''Pero es trabajo en equipo. No podría hacerlo si no fuera por el apoyo de mi equipo.''
''¿Aún no sabes quién ha sido el topo?''
Regina negó con la cabeza. El agente del FBI que lideraba la investigación le había resumido ese mediodía que no habían encontrado evidencia directa o indirecta que conectara a los sospechosos con August o la NBC. Le frustraba no saberlo. La sacaba de quicio aún más el hecho de que aún estaba trabajando con la persona que había sido resposable de su revelación.
Emma descifró la expresión en la cara de la morena, se inclinó en la mesa y posó su mano sobre la de Regina, que jugaba nerviosamente con el fuste de la copa de vino.
''Todo va a ir bien,'' dijo con suavidad. ''Pronto encontrarán quién ha sido el topo.''
Regina asintió, sintiendo un ligero escozor en los ojos. No estaba segura de si se sentía tan sensible por la dura traición o por la muestra de amabilidad de Emma.
''Gracias,'' dijo ella, con la voz un tanto sofocada. ''Espero que tengas razón.''
''Si hay algo que pueda hacer, por favor házmelo saber.''
''Gracias pero a menos que puedas conseguir que August te cuente quién es su fuente, dudo que la NBC tenga fuentes que concuerden con los equipos de investigación del FBI y la CIA.''
''He intentado averiguarlo,'' dijo Emma. ''Le pregunté. Te lo prometo. Pero no quería decirme nada antes de la noche del lunes y ahora estoy segura de que he perdido la oportunidad de seguir insistiendo.''
''¿Se enfadó por lo de tu directo?''
''Estaba furioso,'' asintió Emma. ''No le había contado lo que iba a decir. Ni siquiera tenía el teleprompter cargado con mi monólogo inicial. Lo tenía todo memorizado porque sabía que si él se enteraba, no me dejaría hacerlo.''
''Lo siento,'' dijo Regina, sus dedos, que aún estaban debajo de los de Emma, se entrelazaron con los de la rubia. ''No quería que te metieras en líos.''
Emma sonrió gentilmente a la mujer que ahora la miraba con una expresión de culpabilidad en la cara. ''Tú no me has forzado a hacer nada,'' le recordó la rubia. ''Hice lo que creía que era correcto. Incluso si no me hubieras llamado a ir a tu despacho después de esa conferencia de prensa, hubiera dicho lo que dije igualmente. Tenías razón, Regina. No es de nuestra incumbencia y yo no estoy metida en la industria de informar sobre inútiles rumores.''
A pesar de no querer hacerlo, Regina rió. ''Emma, estás exactamente en la industria que informa sobre esos inútiles rumores.''
Emma fingió estar ofendida. ''Me gustaría que supieras que soy una corresponsal política muy respetada, no una mediocre redactora de una revista cualquiera.''
Regina tuvo que estar de acuerdo con eso, pero sabía que Emma sólo bromeaba. La rubia era la única reportera que se había tomado en serio la educada petición de Regina para que no metieran su vida privada en los informes y comunicaciones, y estaba increíblemente agradecida por que ella hiciera eso. Apretó sus dedos, que aún seguían entrelazados con los de Emma, y sonrió.
''Sé que lo eres,'' dijo. ''Y gracias de nuevo, por lo que hiciste. Puede que sólo fuera una gota más dentro de este gran océano periodístico pero significó mucho para mí.''
''De nada,'' dijo Emma, con el pulgar acariciando inconscientemente la suave piel de la mano de Regina.
La mirada de ambas mujeres se centró en ese punto de contacto, pareciendo absortas en él. El pulgar de Emma se paró y se quedó quieto, posándose suavemente contra la cálida piel. Fue Regina quién se apartó, los dedos escurriéndose mientras se aclaraba la garganta.
''¿Otra copa de vino?'' preguntó Regina.
''Nos hemos acabado la botella,'' señaló Emma.
Regina rió con malicia. ''Bueno quizás puede que haya una parte de mi santuario que aún no hayas visto.''
Se levantó y le hizo señas a Emma para que la siguiera a través de una puerta que había en la cocina. El pasillo que había allí era corto, antes de convertirse en una escalera. Las bajaron, el aire volviéndose más frío mientras bajaban a la parte subterránea de la Casa Blanca. La densa puerta de madera de abajo hizo un chirrido mientras se abría y Regina buscó con torpeza el interruptor de la luz.
''¿La famosa bodega de vino de la Casa Blanca?'' dijo Emma sin aliento, a la vez que la pequeña sala se quedaba iluminada con un cálido resplandor.
''Exacto,'' dijo Regina. ''Otro beneficio adicional que viene con el trabajo.''
Emma dio una vuelta por dentro, leyendo alguna de las etiquetas que vió de la primera estantería. Sospechaba que su salario mensual no llegaría ni para pagar una de las botellas que había allí. Regina estaba ocupada buscando una botella de Châteauneuf-du-Pape que se había encontrado y admirado unos días atrás. Emma, de mientras, le había echado el ojo a un gran rango de botellas vintage de whisky escocés.
''¿Prefieres tomar algo más fuerte?'' preguntó Regina mientras aparecía al lado de Emma, arropando en su brazo una botella de vino. A pesar de que se habían añadido muchas botellas desde que había sido elegida Presidenta, no podía evitar sentir que la sala tenía el distintivo ambiente masculino. No es que no disfrutara del licor pero era mucho más parcial a una copa de vino que a un poco de whiskey.
''No, el vino ya va bien,'' dijo Emma, colocando con suavidad la botella que había cogido.
''La próxima vez quizás podemos probar el whiskey,'' dijo Regina.
''¿Habrá una próxima vez?'' preguntó Emma, mientras seguía a Regina por la bodega.
''Eso espero,'' asintió Regina. ''Siempre y cuando, a tu hijo no le importe.''
''Henry ni se dará cuenta de que hoy no estoy en casa,'' dijo Emma. ''Esta noche está en casa de un amigo y mañana a primera hora se van de camping. Y de todas formas, supongo que tendré que firmar algún tipo de acuerdo de confidencialidad antes de irme sin contarle a nadie sobre lo de hoy.''
''¿Por qué crees eso?'' preguntó Regina. ''Creo que ya he demostrado que confío en ti. ¿O es que acaso planeabas abrir tu programa del lunes con un avance del santuario sagrado de la Casa Blanca?''
''No, por supuesto que no,'' dijo Emma. ''De verdad no creerás que estoy aquí por eso, ¿no?''
''Ni por un segundo,'' dijo Regina. ''Es por eso que no entiendo por qué crees que te haría firmar un acuerdo de confidencialidad.''
''Es protocolo, ¿no?'' dijo Emma con el ceño fruncido. ''Quiero decir, sigues siendo la presidenta.''
''Lo gracioso es que no hay ningún protocolo a seguir para situaciones como estas,'' dijo Regina mientras entraba a la cocina. ''Y como presidenta, esos documentos están bajo mi criterio. No he visto ninguna necesidad de hacer eso contigo. ¿Me equivoco?''
''No,'' dijo Emma rápidamente. ''No, no te equivocas. Yo nunca te haría eso.''
Regina, quién acababa de descorchar una botella de vino, le sonrió a la rubia. ''Lo sé. Te creo.''
Una cálida sensación se formó dentro de Emma al escuchar esas palabras. Regina le dio la espalda a la mujer y sirvió más vino. Se dirigieron al comedor, Emma olvidándose de su anterior percance y entrando en la sala sin dudar. Sentándose una vez más en el sofá, la conversación continuó. Estaban un poco más relajadas y cómodas que antes, ambas mujeres sintiéndose más sueltas a medida que pasaban más tiempo juntas.
Era casi medianoche cuando a Emma se le escapó un bostezo y Regina miró al gran reloj de madera situado en la esquina del comedor, un regalo que su madre le había hecho al convertirse en alcaldesa. No se había dado cuenta de lo tarde que era. El tiempo había volado esa tarde. Debía de ser la buena compañía, pensó.
''Supongo que deberías irte a casa,'' dijo Regina, señalando el reloj.
''Sí,'' asintió la rubia, posando su copa vacía en la mesa y dejándola al lado de una misma vacía botella de vino. ''Ha sido un día largo.''
''Pero uno placentero, espero,'' dijo Regina mientras se levantaba y guiaba a Emma hacia el armario donde había dejado el abrigo de la rubia.
''No ha empezado muy bien pero me atrevería a decir que ha acabado bastante bien,'' dijo una sonriente Emma.
''¿Qué ha pasado esta mañana?'' preguntó Regina.
''Oh, he tenido una conversación con Neal sobre Henry. Quiere mudarse a Los Ángeles en verano y vivir con su padre a jornada completa.''
Emma había alargado el tener que hacer la llamada desde que ese lunes Henry sacara el tema de su plan, pero al cabo del tiempo había acabado haciéndola. Ella y Neal habían estado hablando durante casi una hora pero no se había decidido nada definitivo. Habían establecido, eso sí, que Neal estaba más que contento de que Henry se mudara allí. Era un paso más hacia el hecho de que su hijo se fuera de casa.
''Siento oír eso,'' dijo Regina. ''¿Por qué no me lo has dicho?''
La rubia se encogió de hombros mientras se ponía el abrigo. ''No ha salido el tema.''
''Ya, porque hemos estado toda la velada hablando de mí,'' dijo Regina, claramente disgustada con ella misma.
''Bueno, tú tienes una vida mucho más interesante que la mía,'' remarcó Emma.
''Apenas,'' se mofó Regina. ''Lo siento, Emma. Deberías habérmelo contado. Si vamos a ser amigas, quiero que esto vaya en dos direcciones. No puede ser sólo yo contándote mis problemas y no dejar que tu hagas lo mismo.''
''Aprecio eso pero, enserio, estoy bien. O al menos, si no estoy bien, aún no estoy preparada para hablar sobre ello.''
Regina asintió haciéndole ver que la entendía. Puede que no tuviera hijos pero ciertamente tenía experiencia en cuanto a que una persona muy importante de tu vida se fuera para vivir con otra.
''Bueno cuando estes lista, que sepas que puede hablar conmigo, ¿de acuerdo?'' dijo Regina, con la mano encima del pomo de la puerta.
''Gracias,'' sonrió Emma. ''Lo tendré en cuenta.''
''Eso espero,'' dijo Regina.
Emma se sonrojó. Se preguntó cuánto sospechaba sobre los sentimientos que tenía hacia la presidenta. Su velada había estado indiscutiblemente llena de coqueteo y provocaciones entre ambas mujeres. ¿Era intencionado? ¿Era consciente Regina de lo que Emma sentía? Y si lo era, ¿qué intentaba conseguir con su coqueto comportamiento? A pesar de haber tenido una larga semana, Emma sabía que esa noche tendría problemas para dormir, pensando sobre la posible respuesta a esas preguntas. También sería incapaz de quitarse de la cabeza la forma en que ahora Regina la estaba mirando.
Los oscuros ojos marrones eran suaves y atentos, y se movían lentamente observando la cara de Emma, como si intentara memorizar sus rasgos, confiando en su memoria. Las mejillas de la rubia se enrojecieron ante la intensa mirada y fue solo cuando sus mejillas cogieron color que Regina pareció salir de su trance, dándose cuenta de que había estado contemplando a su invitada demasiado rato. Ella también se sonrojó, las dos mujeres quedándose de pie al lado de la puerta con las mejillas sonrojadas sin razón aparente. O al menos, una razón que ninguna de ellas aún estaba preparada para nombrar.
''Gracias por venir esta noche, Emma,'' dijo la morena.
''Gracias por invitarme,'' contestó Emma. ''Ha sido todo un honor.''
''De nada, pero no quiero que pienses en esto como un privilegio. Si yo fuera una persona normal, viviendo en una casa normal, ¿no sería esto una actividad normal entre amigas?''
''Sí, pero no eres normal ni esto es una casa normal,'' remarcó Emma. ''Por más que lo intente, no voy a ser capaz de olvidar quién eres y dónde estamos.''
''¿Nunca?'' preguntó Regina, un poco de tristeza sonando en su voz.
''No lo sé,'' admitió Emma. ''Pero sólo porque no puedo olvidar las circunstancias, no significa que no disfrute de nuestro tiempo juntas. Porque lo hago. De hecho lo hago mucho. Quizás demasiado.''
La garganta de Regina se encogió al darse cuenta de que los verdes ojos de Emma se habían posado sobre sus labios. Sin ser consciente, se los humedeció, notando que estaban secos. Los ojos de Emma se oscurecieron considerablemente mientras la punta de su lengua humedecía sus labios. El corazón de la morena latía con fuerza contra su pecho, el aire alrededor de ella se notaba incómodamente íntimo, pero entonces Emma dio un paso atrás, lejos de la puerta, y más importante, lejos de Regina.
''Debería irme,'' dijo Emma. ''Es tarde y debería enviarle un mensaje a Henry para ver si está bien.''
''Podrías haberle enviado un mensaje en cualquier momento,'' dijo Regina. ''No me hubiera importado.''
Emma negó con la cabeza. ''Me quitaron el móvil cuando me registraron.''
Los ojos de Regina se entrecerraron. ''No deberían de haber hecho eso. Les he dicho que te dieran acceso inmediato.''
''Sólo están haciendo su trabajo,'' dijo Emma encogiéndose de hombros.
''Aún así,'' dijo Regina enfurecida. ''Han desobedecido una orden directa. Habrá repercusiones.''
Emma se sintió un poco culpable por meter en problemas al agente que la había cacheado, pero no podía negar que escuchar el tono autoritativo de Regina había sido algo increíblemente atractivo. No creía que fuera posible que la mujer fuera aún más sexy. Y ese pensamiento, se dio cuenta Emma, era la razón por la cual necesitaba irse.
''Bueno gracias, de nuevo,'' dijo Emma.
''De nada, otra vez,'' sonrió Regina. ''Deberíamos volver a hacer esto.''
''Absolutamente,'' asintió Emma, alzando su mano para estrechar la de Regina en un apretón de manos.
La morena se la quedó mirando. Se pasaba media vida estrechando manos. Era un riesgo laboral que la hacía llevar siempre con ella un botella de desinfectante para manos. El formal y aburrido movimiento parecía tan completamente fuera de lugar que Regina ni siquiera se paró a pensar lo inapropiado que iba a ser su alternativa.
Emma consiguió mantener un jadeo de sorpresa cuando los brazos de Regina la rodearon. La tomó una fracción de segundo para responder, abrazando a la morena de vuelta, con las manos posándose suavemente en su espalda. Intentó fuertemente no inhalar, no permitir que la singular esencia de la mujer llegara a sus fosas nasales; durante días, había sido incapaz de olvidarse de ese olor a vainilla. Y entonces lo escuchó. Un suave suspiro.
Regina supo que no debería haberlo hecho en el momento en que sus brazos rodearon a la rubia, pero la sensación de tener a Emma contra ella hizo que no le importara. Había pasado mucho tiempo desde que había sido abrazada; abrazada de verdad, por alguien que quisiera abrazarla. El fuerte abrazo en el que se encontró se sentía extrañadamente seguro; como si Regina pudiera quedarse ahí para siempre y no ser lastimada nunca más. Mientras olía algo que curiosamente parecía canela, dejó soltar un suspiro, silenciado contra el abrigo de Emma.
Pero no lo suficientemente silenciado. La garganta de Emma se encogió mientras tragaba saliva, su cuerpo poniéndose a toda mecha ante el sonido. Necesitaba irse. Por su propio bien y por el de los demás. La velada había sido maravillosa pero ahora estaba pasando a ser demasiado. Tosió ligeramente y aflojó su agarre. Regina captó la indirecta y se apartó.
''Bueno, buenas noches,'' le dijo a la mujer, un poco avergonzada, cuya mano volvía a estar en el pomo de la puerta.
''Buenas noches,'' dijo Regina mientras por fin abría la puerta.
El agente de seguridad seguía de pie ahí fuera, su expresión no mostraba nada de cómo se sentía sobre los eventos de esa noche. Emma sospechaba que los rostros de ella y Regina eran más fáciles de leer. Salió al pasillo y se volvió hacia su anfitriona.
''Gracias de nuevo, Presidenta,'' dijo Emma.
''De nada, señorita Swan,'' contestó Regina. ''La veré pronto.''
