Hola todo el mundo... Ha pasado mucho tiempo desde la ultima vez que he actualize este fic pero debido a que estado muy ocupado en diversas actividades, no he tenido tiempo para avanzar. Pero he logrado salir adelante y he traido este nuevo capitulo donde veremos las reacciones de los servidores de Naraku al tener a la valiente Kikyou como huesped. Miles de sentimientos salen a flote y como ya leyeron el sumary... va estar muy pero muy interesante. Ahora los dejo con el nuevo capitulo de "Flecha De Amor", los veo al final del relato...

Enemiga en Casa

El canto del gallo anuncio la llegada de un nuevo día para el pequeño campamento que se había levantado en medio del bosque. El sol dejo caer sus calidos rayos sobre el rostro de Inuyasha pero este, perezoso ante la idea de levantarse, siguió durmiendo.

-Inuyasha ya levántate…Es hora de irnos – exclamo Kagome mientras sacudía levemente el cuerpo del hanyou.

-Déjame dormir un poco más, por favor – respondió de mala gana Inuyasha mientras se daba la vuelta e ignoraba la suplica de la joven.

-¡Bestia¡La señorita Kagome dijo que te levantes! – dijo una voz al mismo tiempo que el hanyou sentía un fuerte patada en el trasero, haciendo que se levantara sobresaltado y lleno de ira.

-¡Maldita sea¡¿Qué rayos haces aquí lobo sarnoso?! – grito el hibrido al ver que el culpable de dicha agresión era Kouga.

-¡Vine a ver a Kagome¡Se supone que debes estar cuidándola¡Y en lugar de eso, estas durmiendo¡Idiota! – respondió el joven lobo.

-Ya van empezar otra vez…- murmuro Kagome, dejando escapar un largo y triste suspiro.

-¡Imbecil es mejor que te largues¡No quiero contagiarme con tus asquerosas pulgas! – vocifero Inuyasha.

-¡Estupido¡No me provoques que juro que te haré pedazos! – amenazo Kouga.

-¡Idiota!

-¡Bestia!

-¡Lobo Sarnoso!

-¡Ya basta¡¿Acaso no puedo tener una mañana tranquila¡¿Eh?! – exploto molesta Kagome, callando a los dos jóvenes. - ¡Ahora los dos no causaran alboroto alguno¡Entendido¡Rayos¡Ustedes para ser un par de mocosos malcriados!

-Si Kagome… - murmuraron en coro el hanyou y el youkai. La joven se dio la vuelta y se dirigió hacia los otros, seguida en silencio por ambos guerreros.

-¡Ay¡Que miedo da Kagome cuando se pone de ese humor! – dijo Shippou.

-Disculpen las molestias que ha producido nuestra visita – murmuro Ginta, mientras bajaba la cabeza con cierta vergüenza.

-Si, discúlpenos… Normalmente el jefe es muy amable… pero apenas ve a Inuyasha, se vuelve un neurótico – repuso Hakkaku.

-No se disculpen… más bien agradecemos la visita… últimamente las mañanas han sido algo frías entre nosotros. Y ahora con el rapto de la señorita Kikyou por parte de Naraku, ha provocado una mayor tensión en el grupo, principalmente entre Kagome e Inuyasha. Pero gracias a la presencia de Kouga, podrán distraerse por unos momentos de la situación actual, aunque sea medio de una pelea entre ellos. - exclamo Sango con una pequeña sonrisa.

-Y no se preocupen por el comportamiento de Kouga, ya nosotros estamos acostumbrados con los arranques neuróticos de Inuyasha cuando pelea con Kagome – dijo sonriente el monje Miroku.

-Tienes razón Miroku – repuso Shippou al mismo tiempo que todos tomaban un sorbo de té y asentaban con la cabeza.

-¿Y esas dos niñas? Nunca las había visto – pregunto Hakkaku al observar a las pequeñas beber el té, apartadas del grupo.

-Ellas son los dos espíritus que acompañaban a Kikyou, sus nombres son Asuka y Kouchou. Ahora ellas están con nosotros, nos ayudan a localizar a alguna serpiente cazadora que nos pueda conducir su paradero – respondió la exterminadora.

-Por cierto Kouga, tengo curiosidad ¿Qué hacen ustedes por estos rumbos? Pues no creo que solo hayas venido desde muy lejos para verme – pregunto Kagome mientras comenzaba a servir la comida para todos.

-Bueno… en realidad es que andamos tras el rastro de Naraku, nos llegaron noticias de los lobos salvajes que habitan en esta tierra que aseguran haber visto a ese miserable deambular por estos parajes y es por ello que venimos desde nuestros territorios a este lugar. Fue pura casualidad que nos topáramos en el camino. Aunque eso me hace pensar en algo…

-¿Y en que piensas? – pregunto intrigada Kagome. Los ojos de Kouga brillaron y rápidamente tomo las manos de la joven y mirándola cara a cara respondió:

-¡¿Acaso no lo ves¡El destino quiere que estemos juntos¡Por eso siempre se cruzan nuestros caminos¡Es una señal que nos envía el cielo!

-Ya cállate – refunfuño el hibrido al mismo tiempo que dejaba caer un puñetazo en la cabeza del joven lobo.

-¡Idiota¡¿Bestia acaso no te das cuenta que ella y yo debemos estar juntos?! – grito molesto Kouga.

-¡Lobo Sarnoso¡¿Sabes que pienso¡Que nos has estado siguiendo¡Así que no me vengas con esas idioteces del destino! – respondió enfurecido Inuyasha.

-¡Ya basta¡Abajo! – dijo Kagome provocando que el collar de Inuyasha se iluminara y lo estrellara contra el suelo.

-Eso dolió… - gimoteo el hanyou que con gran dificultad se levantaba del enorme cráter que había formado su impacto al suelo.

-Kouga, te suplico que no digas esas cosas mientras estés con nosotros… Ya suficiente problemas tenemos con el rapto de Kikyou y no estoy de animo para soportar sus riñas. – murmuro Kagome.

-Esta bien Kagome, prometo mantener la compostura durante nuestra estancia con ustedes – exclamo el joven lobo.

-Creeré en tales palabras si te colocan un collar y un bozal, animal sarnoso – dijo Inuyasha de mala gana justo en el momento que se sentaba a comer.

-Bestia – musito Kouga, mirando con rabia al hanyou mientras se contenía debido a la promesa que minutos antes le había hecho a Kagome por lo que no tuvo más remedio que guardar silencio.

-Que deliciosos tallarines señorita Kagome – dijo alegremente Miroku.

-Su excelencia tiene razón, Kagome tu comida tiene un sabor delicioso – repuso la exterminadora.

-Gracias, me alegra que les haya gustado – respondió alegremente la joven.

-Es una lastima que no sea Ramen, pero que se le va hacer – exclamo algo desanimado Inuyasha mientras se acaba su plato de tallarines.

-Bestia mimada – murmuro entre risas Kouga. Inuyasha miro de reojo al lobo e ignorando el comentario miro a las dos pequeñas que ya habían terminado su porción de alimento.

-¡Oigan niñas¿Cuánto tiempo creen que nos llevara encontrar una serpiente cazadora? – pregunto el hanyou.

-No mucho tiempo, normalmente las serpientes cazadoras buscaran a la señorita Kikyou cuando este se encuentre debilitada – murmuro Asuka.

-Eso posiblemente pasara aproximándote al medio día o a la caída de la noche – repuso Kouchou.

-¡Rayos¡No nos podemos esperar¡Para entonces Kikyou estará muerta! – vocifero molesto el hibrido.

-Inuyasha tranquilízate, exasperarte de esa forma no servirá de nada – exclamo Kagome quien se había sentado al lado de Inuyasha y acariciaba sus largos cabellos blancos, tal hecho no paso desapercibido por Kouga quien no pudo evitar que su corazón fuera devorado por los celos y quiso decir algo para separarlos pero a sabiendas de la promesa realizada, no tuvo otra opción mas que aguantarse.

-Kagome tiene razón, además recuerda que siempre eres tu el que nos mete en problemas cuando andas en este estado – dijo Shippou cruzándose de brazos y asintiendo con la cabeza.

-Miserable enano – murmuro el hanyou tras escuchar al pequeño kitsune.

-Vaya y yo pensaba que Kouga era el único imán de problemas en la región – exclamo Hakkaku mientras terminaba su taza de te.

-Al parecer ya tiene en algo en común con Inuyasha aparte de su amor a la joven Kagome – repuso Ginta quien dejaba a un lado su taza de tallarines.

-¡Ustedes dos cierren el pico! – gritaron al unísono el hanyou y el youkai, dando un golpe en la cabeza a Hakkaku y Ginta respectivamente. Estos dejaron escapar un grito y cayeron al suelo, masajeándose el golpe mientras que el grupo se reía por la escena.

-Su excelencia ¿en que piensa? – pregunto Sango al ver que Miroku estaba tan sumergido en sus pensamientos que no se había percatado de la escena tan graciosa.

-Pienso en algo que sucedió antes del rapto de la señorita Kikyou. Es algo que me tiene confundido. – respondió el monje.

-¿Y que es? - volvió a preguntar la exterminadora.

-Fue cuando Naraku descubrió que Kikyou se había desmayado…

-¿Qué tiene¿Acaso hay algo extraño?

-Si, en ese momento Naraku pudo haber aprovechado para matar a Kikyou, tenia la oportunidad pero no lo hizo sino al contrario, la tomo entre sus brazos y huyo con ella…

-¿Acaso cree que el corazón humano que posee fue el culpable?

-No lo se, solo estoy seguro que debemos encontrarla, antes de que algo malo ocurra – sentencio Miroku.

El gallo canto con fuerza, anunciando la llegada de un nuevo día para la enorme ciudadela. Muchos de los pobladores habían salido de sus hogares y ya se encontraban realizando sus labores. Incluso en la mansión ya la mayoría de los ocupantes ya se encontraban despiertos, entre ellos las creaciones de Naraku así como sus principales siervos.

-Amo, el desayuno esta servido – dijo una doncella mientras hacia una reverencia frente a Hakudoushi.

-Perfecto, en unos momentos iremos a la mesa – respondió este.

-Así que se ha quedado dormido en la habitación de Kikyou – murmuro Mouryoumaru quien se encontraba en el pórtico, observando el gran alboroto se había creado en el patio por los pobladores que algo presurosos realizaban sus quehaceres.

-Así es… y lo peor de todo es que lo hizo en total estado de ebriedad – repuso Akago quien estaba sentado en un enorme almohadón negro.

-Kanna ¿El aun sigue en la habitación? – pregunto el joven albino.

-Si, aun continúa durmiendo… pero ella no – respondió Kanna.

-¿Cómo creen que termine todo esto? – pregunto Kohaku mientras afilaba la cuchilla de su arma.

-No lo se… el futuro de Naraku y el de Kikyou es incierto… desconozco que pasara entre ellos dos… lo único que estoy seguro es que algo muy importante pasara en este lugar y cambiara la vida de todos – murmuro Akago quien pese a ser el más pequeño de todos, poseía un gran conocimiento.

-¿Esa palabrería que llamas "predicción" tiene que ver con el estado actual de Naraku y la perla de Shikon Tama? – pregunto Hakudoushi.

-Puede ser… puede ser – respondió con una pequeña sonrisa el niño, dándose la vuelta y dirigiéndose al comedor.

Un profundo ronquido salio de los labios de Naraku. Este se dio varias vueltas en el piso al sentir como los rayos del sol iluminaban su rostro y en un desesperado intento por continuar durmiendo, tomo una almohada y cubrió su cara. Pero el sonido de los pájaros, que alegres cantaba por el nuevo amanecer, interrumpió su sueño y muy molesto se levanto.

-¡Rayos¡Que horrible dolor de cabeza tengo¡Cállense malditos pájaros! – vocifero Naraku, llevándose las dos manos a la cabeza.

-Deja de maldecir a los pájaros, ellos no tienen la culpa de tu resaca – murmuro una voz. El hanyou al escuchar dicha voz, giro su rostro y descubrió que se trataba de Kikyou, quien parada frente a la ventana, observaba tranquilamente el día.

-¡Vaya Kikyou¡Esa si que es una linda sorpresa¡¿Qué te ha traído a mi humilde habitación?! – exclamo Naraku con la altivez de siempre sin darse cuenta del lugar donde estaba.

-¿Tu humilde habitación¿Acaso el alcohol te ha hecho idiota? Esta es mi habitación, tu eres el que esta aquí – respondió la miko sin moverse de su sitio.

Naraku se quedo callado ante lo escuchado. ¿Qué había pasado¿Cómo había terminado en su recamara¿Qué rayos había pasado la noche anterior? Pero tan rápido fue en hacerse esas conjeturas, así de rápido las respuestas llegaron a su mente. Su rostro palideció al recordar que había bebido en exceso, sus arranques de celos y posteriormente a la vergonzosa confesión realizada y el apasionado beso entre él y la sacerdotisa.

-Creo que será mejor irme, tengo otras cosas que hacer que perder mi tiempo contigo, querida Kikyou – murmuro el hanyou, parándose dificultosamente de su sitio.

-¿En realidad eso sientes por mi¿Acaso esta vez me has dicho la verdad? – murmuro la sacerdotisa.

-¿A que te refieres? – pregunto Naraku algo temeroso.

-Tu sabes a que me refiero – repuso Kikyou dándose la vuelta. El hanyou se quedo frío al ver el fino cuerpo de la joven mujer ser iluminado por los calidos rayos del sol. Algunos cabellos caían sobre su rostro, juguetes de la traviesa brisa mañanera que se había logrado colar por la elegante ventana de madera, provocaban que el rostro de la miko obtuviera un toque encantador.

-Yo… por favor… serias muy ingenua en creer en esas tonterías… recuerda que tu y yo somos enemigos… - respondió el hibrido con una sonrisa fingida y caminando torpemente hacia la joven mujer, alargo su mano hacia ella y con delicadeza tomo su mentón.

-Recuerda muy bien estas palabras… cuídate las espaldas Kikyou… porque en el momento menos esperado… te matare… - musito Naraku. La sacerdotisa hizo un lado su cara, provocando que el hanyou retirara su mano. Una pequeña sonrisa se dibujo en su rostro y mirando de reojo al hanyou respondió:

-Aunque tal amenaza la cumplieras… moriría sabiendo la verdad… y tú no podrías hacer algo al respecto.

Un ligero sonrojo cubrió las mejillas de Naraku. Avergonzado por esa reacción, algo detestable para un ser como el, también hizo a un lado su cabeza en un intento por evitar ver el rostro de Kikyou pero aun así mantuvo su mano derecha levantada en el aire, quedando los dedos a pocos centímetros de la piel de la sacerdotisa. Así se mantuvieron por varios minutos; inmóviles, envueltos en el más profundo silencio, esperando descubrir el próximo movimiento del otro.

-¿Interrumpo? – dijo una voz. Ambos seres miraron la puerta y sorprendidos, descubrieron que era Hakudoushi quien había entrado a la habitación sin que se dieran cuenta.

-¿Qué haces aquí? – pregunto Naraku, alejándose un poco de Kikyou.

-Quiero saber a que hora vas a terminar con este drama… ¿Vas a matarla o no¡Y decide rápido que ya queremos comer! – lo espeto con gran enojo Hakudoushi quien ya estaba cansándose de la situación.

-¿Acaso te interesa tanto lo que pienso hacer con ella? – murmuro maliciosamente el hanyou y relamiéndose los labios, se le ocurrió una singular idea.

-No me interesa lo que harás con ella, solo te pido que lo pienses hacer, que lo hagas rápido – respondió el joven albino mientras cruzaba los brazos y miraba de reojo a la pareja.

-Pues te tengo buenas noticias mi querido "hijo", te presento a la nueva "huésped" de la casa – exclamo jubiloso Naraku. Tales palabras hicieron cimbrar los cuerpos de Hakudoushi y Kikyou al mismo tiempo que el hibrido tranquilamente caminaba a la puerta.

-¿Acaso esta decisión forma parte de algún retorcido "juego"? – pregunto la extensión, mirando de reojo a su creador.

-Hakudoushi… que mal estas… ¿Acaso no crees que yo el gran Naraku pueda tener modales e invitar a mi enemiga pasar unos días en mi humilde hogar? – y con esta respuesta, el ser salio de la habitación.

-No se que planee… pero no es nada bueno… - murmuro seriamente Hakudoushi, dándose la vuelta y mirando a Kikyou. Esta frunció el ceño y tomando su arco junto con el morral de flechas, camino a paso lento a la salida.

-Espero que mi presencia no provoque molestias a su hogar – susurro la sacerdotisa, deteniéndose a un lado del joven.

-¿Molestias? No lo creo… más bien alguna desgracia nos vas acarrear con tu presencia – respondió de mala gana Hakudoushi y dándose la vuelta, salio de la habitación. La doncella se quedo callada ante tal comentario y a paso decidido, también salio de la recamara.

-¿Qué habrá sucedido¿Acaso ya estará muerta la sacerdotisa? – pregunto intrigado Mouryoumaru, quien sentado frente a la mesa, esperaba a Hakudoushi para comenzar a comer.

-No lo creo Mouryoumaru, si eso hubiera pasado hubiésemos escuchado un gran escándalo, la sacerdotisa no es fácil de matar y muy bien lo sabes – replico Akago.

-Esto es el colmo… ¡¿Cómo se atrevió a realizar tal cosa?! – exclamo molesto Hakudoushi, quien entro a la enorme habitación.

-¿Qué te sucede Hakudoushi? – pregunto tímidamente Kanna.

-El colmo de los colmos… ¿A que no se imaginan lo que hizo Naraku con Kikyou? – respondió el albino.

-Pues no, no podemos imaginar que locura hizo nuestro "padre", pero si fueras tan amable de decirnos, te lo agradeceríamos – murmuro alegremente Akago. Hakudoushi dejo escapar un profundo suspiro mientras se sentaba en el suelo frente a la mesa y mirando a los otros, exclamo:

-Ha traído a Kikyou a esta casa con el solo propósito de tenerla de huésped…

-¿¡Que!? – exclamaron en coro Mouryoumaru y Akago. Kanna solo se limito a mover la cabeza en señal de desaprobación mientras que Akago no pudo dibujar una sonrisa burlona en su rostro.

-Su presencia aquí significa un grave peligro. – sentencio el enorme youkai, dejando caer un fuerte golpe con su mano en la dura madera de la mesa.

-Concuerdo contigo Mouryoumaru, si Kikyou se encuentra aquí, atraerá a las serpientes cazadoras y como consecuencia tendremos a esa bestia sarnosa de Inuyasha y los seres que los acompaña… - repuso Hakudoushi.

-Hermana… - musito Kohaku al escuchar el comentario del albino. Si lo que decía era verdad, entonces significaba que había posibilidad de que volvería a ver a Sango.

-¿Y que piensas hacer al respecto¿Acaso matarla? – pregunto curioso Akago.

-No… seria un error muy estupido de mi parte… eso haría que Naraku se enfureciera conmigo y ustedes saben que la relación entre el y yo, se encuentra muy minada desde aquel día… - respondió el joven de cabellos blancos quien en su mente, se dibujo el viejo recuerdo de su traición a su creador para ayudar a Kagura a ser libre.

-Vaya… entonces veo que la única opción que nos queda es esperar lo que sucederé… quizás la presencia de esa mujer sea benéfica para todos… y quizás mejore el carácter de Naraku – exclamo alegremente el pequeño niño.

-Vaya, pero que malos modales han aprendido ¿Acaso no les he dicho que no hablen a espaldas de la gente? – dijo una voz. Todos miraron a la entrada del comedor y se quedaron inmóviles al ver que era Naraku quien aun cargaba la ropa con la durmió.

-¿Modales¡Vaya¡Suena muy cínicas esas palabras que provienen de tu boca, querido padre! – dijo de manera burlona Hakudoushi.

-Lindo ambiente familiar… - dijo una segunda voz. Todos los presentes miraron de reojo a la mujer que se encontraba detrás de su señor y sin hacer mucho caso al comentario, voltearon sus rostros para verse entre ellos.

-¡Mujer¡Ya trae la comida! – ordeno el hanyou a la humilde sierva que se había presentado en el lugar al escuchar que el alboroto del comedor.

-Enseguida señor, en unos instantes la traeré – respondió temerosa la sirvienta y rápidamente entro a la cocina.

-¡Aquí te sentaras¡A mi lado derecho! – exclamo alegremente Naraku, indicándole a Kikyou su lugar en la mesa. Esta apenas se había sentado y pudo percibir como todos la miraban, a excepción del hanyou quien se encontraba entretenido observando las reacciones que se dibujaban en los rostros de subalternos.

-No se que es más repulsivo… el solo hecho de que ella este aquí… o ese olor a cadáver que despide… - murmuro molesto Mouryoumaru, quien no tenia buenos ojos a la sacerdotisa, pues esta se había atrevido atacarlo cuando este apareció para atacar a Inuyasha y sus amigos.

-Creo yo que es más repulsivo la peste de un demonio y más si se percibe su hedor antes de la comida – respondió inteligentemente la miko. Mouryoumaru golpeo con sus grandes manos la superficie de la mesa e iba levantarse para atacar a la mujer de cabellos negros pero se contuvo al sentir la mirada de Hakudoushi sobre él.

-Como es de esperarse de ti Kikyou, si que sabes como defenderte ante los insultos del enemigo – dijo con una gran sonrisa Naraku al mismo tiempo que varias sirvientas traían los deliciosos platillos que se habían preparado en la mañana.

-Muy bien… buen provecho… - murmuro nuevamente el hanyou y tomando un gran tazón de estofado de cerdo, comenzó a comer. Todos se quedaron inmóviles en su sitio, contemplando como el hibrido comía con la mayor naturalidad fingiendo no darse cuenta de la sensación de incomodidad que se había apoderado de todos ellos.

-Esperemos que la comida no nos caiga mal- exclamo finalmente Hakudoushi quien resignado a la situación, comenzó a comer. Los demás asintieron la cabeza y en silencio, empezaron a alimentarse.

Quizás nunca hubo un desayuno más incomodo para las extensiones varones de Naraku que ese que se llevaba acabo en ese momento. Ya era suficientemente desagradable tomar los alimentos con la presencia del hanyou, quien cada vez que tenía la oportunidad los humillaba y ahora todo empeoraba con la indeseable presencia de la sacerdotisa, quien les recordaba su condición de monstruos así como también su debilidad ante ella, pues tanto para Mouryoumaru y Hakudoushi sabían de antemano que Kikyou era una rival poderosa y poseía la habilidad de destruir sus campos de protección, cosa que ninguna criatura a excepción de Naraku, podía lograr.

Pero a diferencia de ellos dos, Kohaku se sentía reconfortado al tener a su lado a la sacerdotisa. El hecho de no ser el único humano entre esos seres le provocaba cierta alegría y sin importar que la sacerdotisa no se pudiera considerar una ser humana en si, debido a su actual condición de "no viva", se alegraba de tenerla en la mesa.

-Ya termine – murmuro Mouryoumaru, dejando caer sobre su plato, en una pila de huesos, el enorme hueso que había dejado como desperdicio tras devorar la ultima pierna de jabalí asada de 8 que se le habían servido.

-Veo que esta situación no te ha arruinado el apetito – exclamo Naraku quien aun no terminaba de comer.

-No voy a amargar mi día por la presencia de esa mujer… Y ahora si me disculpa, me retiro de la mesa… voy a salir con los soldados al bosque… - respondió el youkai y tras levantarse de su asiento, se encamino a la salida.

-Yo también termine… - exclamo Hakudoushi y rápidamente se levanto de la mesa y se marcho a su habitación. Kanna al ver esto, se levanto lentamente y tras hacer una pequeña reverencia a Naraku, se desvaneció.

-Creo que yo igual me retiro… nos vemos – dijo Akago y levantándose como si nada, salio de la habitación.

-Vaya ya todos se han ido… ¿Y tu Kohaku¿También quieres retirarte? – pregunto el hanyou, posando sus ojos carmesí en la humanidad del exterminador.

-Yo…aun no…

-Bueno no importa… yo ya termine… si me disculpan yo también me retiro, voy a tomar un baño… no es bueno que el gran Naraku ande en estas fachas…- interrumpió el monstruo. Tranquilamente se levanto y dando un pequeño beso en la mejilla de Kikyou, acción que tomo por sorpresa a la misma Kikyou, se retiro. Tal hecho hizo que los únicos que quedaran en la mesa fuera la sacerdotisa y el exterminador. Este al ver que su captor se había retiro, dejo escapar un profundo suspiro y bajo la cabeza aliviado.

-¿Tu eres su hermano¿Cierto? – pregunto Kikyou, mirando al joven muchacho.

-¿Eh¿A que te refieres con esa pregunta? – respondió Kohaku.

La sacerdotisa tomo delicadamente la taza de te con sus manos y tras beber un sorbo, dijo:

-Tú eres el hermano que tanto busca esa exterminadora que esta al lado de Inuyasha… Sango es su nombre… si es que no me equivoco.

-Si… soy su hermano… mi nombre es Kohaku… - murmuro tímidamente el exterminador.

-Supongo que no es necesario que me presente ¿Cierto? – dijo con una pequeña sonrisa la miko.

-Si… en esta casa se ha hablado mucho de ti… y como has podido ver… no eres bien vista por ellos…

-Créeme, no me interesa mucho como vean… Por cierto… he notado que llevas un fragmento de Shikon…

-Si… yo tengo incrustado dentro de mi cuerpo un fragmento de la perla… sabes además de ambos somos humanos… tenemos otra cosa en común… ambos somos "no vivos" – murmuro con tristeza Kohaku.

-Entiendo… esa fragmento es lo que mantiene con vida…

-Así es… sabes yo debería estar muerto desde hace mucho tiempo… Naraku fácilmente pudo quitarme el fragmento que poseo debido a que ya no soy de gran utilidad. Pero fue a gracias a Akago y Hakudoushi a que lo han convencido de no hacerlo con el pretexto que puedo ser útil en algunas misiones, he logrado mantenerme con vida.

-¿Y no has pensado en la idea de recuperar tu alma?

-Si, lo he pensado… el problema es que llevo mucho años separado de ella y es por ello desconozco si pueda recuperarla.

-Si tú lo desees, yo puedo darte una mis almas y así no dependería tu vida del fragmento de Shikon…

-Seria un noble gesto… pero me sentiría incomodo tener el alma de otra persona… yo deseo la mía…

-Pues si así lo deseas, no veo que puedas recuperarla.

-Te equivocas… si puedo… la respuesta a mi problema es esa extensión espíritu de Naraku… Kanna…

-¿El espíritu? – murmuro la sacerdotisa.

-Si… ella posee un espejo que le permite absorber ataques y reflejarlos además de la habilidad de sustraer almas y convocarlas… si lograra que ella me devolviera mi alma, yo seria libre. Por desgracia ella solo lo haría si Hakudoushi o Naraku se lo pidiesen y como ninguno de los dos parece no tener ninguna intensión de hacerlo, eso reduce mis posibilidades de obtener mi libertad.

-Entiendo… si suena imposible lo que deseas… pero quien sabe… quizás mi presencia aquí cambie algunas cosas…- dijo Kikyou mientras se levantaba de su sitio y salía al exterior. Kohaku también se levanto y siguió a la joven mujer quien a paso firme se encamino hacia el enorme patio de la ciudadela, causando revuelo con su presencia en los pobladores.

-¡Oh señorita¡Es un honor tenerla aquí! – dijo un anciano, quien salio de una de las humildes casas y tomaba las manos de la miko. Mucha gente comenzó a arremolinarse alrededor de la sacerdotisa mientras que Kohaku se sentaba en una pequeña banca de madera y miraba la escena.

-Kikyou… te amo y te odio al mismo tiempo… - susurro Naraku. Este se encontraba recostado dentro de una enorme tina de agua fría, limpiando su cuerpo de la suciedad acumulada. Un placentero escalofrió se apodero del cuerpo del hanyou al sentir el roce del liquido sobre su piel desnuda mientras miles de pensamientos pasaban por su mente.

-¿Te gustaría tenerla a tu lado en estos momentos¿Verdad? – dijo una voz conocida. Naraku se mantuvo inmóvil ante la presencia de Ying y solo se limito a cerrar los ojos.

-¿Acaso un monstruo se puede dar un baño decente sin ser interrumpido? – exclamo perezosamente el hanyou.

-Disculpa, no quise molestarte en tu momento privado – murmuro el alter ego.

-¿Qué deseas Ying¿A que has venido?

-Se lo has dicho… por fin fuiste capaz de revelar tus sentimientos hacia ella…

-Ah, has venido por eso… vaya… Supongo que ese era tu plan desde el principio… hacerme revolcarme de celos y empujarme a decirle la verdad.

-Y funciono… aunque es una lastima que te hayas dormido antes que algo más pasara.

-Ya se por cual camino vas… y estas muy equivocado. Algo que hay que reconocer de Kikyou es que ella es una mujer de principio, de moral.

-Naraku… por favor no me vengas con eso… recuerda muy bien ante el placer, ni monstruos ni humanos se resisten.

-¿Y se supone que tu eres la parte benévola de mi ser? – pregunto sarcásticamente el hanyou.

-Recuerda que en toda oscuridad siempre habrá algo de luz y en toda luz habrá algo de oscuridad – respondió Ying y con dichas palabras se desvaneció en el aire.

-Puede ser que tengas razón… puede ser… - susurro Naraku al mismo tiempo que un brillo de malicia escapo de sus ojos.

-Es un hermoso lugar… lastima por la presencia de ciertos ocupantes – dijo Kikyou. La joven sacerdotisa se encontraba en el jardín, tras haberse despedido de los pobladores de la ciudadela. Se encontraba sola en el lugar, pues Kohaku había tenido que dejarla por unas horas pues había sido llamado por Hakudoushi para desempeñar una misión.

-Hola – dijo una delicada voz. Kikyou giro su rostro y vio que era una hermosa niña de unos 12 años que la miraba.

-Hola pequeña… ¿Cómo te llamas? – pregunto alegremente la Sacerdotisa al mismo tiempo que se acercaba a la pequeña y se agachaba para verla mejor.

-Mi nombre es Akira… Tú eres la sacerdotisa ¿verdad? – respondió la niña.

-Lindo nombre y si, yo soy la sacerdotisa… me llamo Kikyou.

-Gracias al cielo… por favor ven conmigo… mi abuela es victima de un espíritu maligno y nadie ha querido ayudarla – murmuro llena de tristeza la niña.

-No te preocupes… para eso existimos las sacerdotisas… Llévame con tu abuela y ya veras como la ayudo – dijo alegremente la joven mujer. Akira tomo de la mano a Kikyou y rápidamente la condujo al interior de la enorme mansión. Tal hecho hizo que la sacerdotisa desconfiara por lo que se detuvo al pie de las escaleras de la mansión.

-¿Qué sucede¿Por qué te detienes? – pregunto Akira al ver que Kikyou no se movía.

-¿Por qué vamos arriba¿Quién es tu abuela? – murmuro seriamente la sacerdotisa.

-Ella es la jefa de cocineras de la ciudadela… - respondió la pequeña.

-Si es cierto lo que dices ¿Entonces para que subimos? Que yo sepa, los sirvientes siempre descansan en los pisos inferiores sin importar su posición, jamás duermen en la planta alta.

-Se debe a que el amo Hakudoushi le posee gran estima… es la única persona que tiene derecho de descansar en una de las habitaciones de la planta alta. – repuso la niña.

-¿Estas segura de eso¿No me estas mintiendo?

-¡No lo estoy¡Por favor ayuda a mi abuela¡Te lo suplico! – gimoteo la niña al mismo tiempo que subía corriendo las escaleras.

-¡Oye¡Espera! – grito la sacerdotisa y persiguió a la pequeña. A gran velocidad subió las escaleras y tras un rápido vistazo, diviso a la niña entrar a una de las habitaciones. No perdió tiempo y entro también a la habitación al mismo tiempo que un extraño presentimiento se apoderaba de su mente. Una vez adentro, pudo observar que la recamara se encontraba lujosamente arreglada. Varios muebles de madera combinaban con los hermosos cuadros y espadas de diversas formas y tamaños que descansaban sobre las paredes.

-Abuela… aquí esta la sacerdotisa… ella te ayudara – murmuro la niña, quien se encontraba sentada en el borde de una hermosa cama, donde un cuerpo yacía inmóvil.

-Retrocede… es peligroso que estés aquí – dijo Kikyou. La niña asintió con la cabeza y retrocedió unos metros al mismo tiempo que observaba como la sacerdotisa se acercaba a la cama. Estaba a punto de observar el rostro de la anciana cuando un grito alerto a la miko, haciéndola retroceder justo en el momento en que una mujer ogro saltaba hacia ella. Esta rápidamente saco una flecha y la disparo contra el pecho del monstruo, desvaneciéndolo en el aire y sin perder mucho tiempo, trato de salir del lugar pero la niña cerro la puerta violentamente.

-Creo que no ayudaste muy bien a la abuela – murmuro siniestramente la pequeña, quien mantenía su cabeza abajo.

-Este ha sido la peor trampa que he visto… ¿Acaso ya el tiempo ha estado acabando con tu creatividad? – exclamo Kikyou, que apuntaba una flecha hacia la niña. Esta levanto su cabeza al mismo tiempo que una nube de veneno la cubría por completo, transformándola en el perverso de Naraku.

-Tienes razón, he perdido práctica con los años – exclamo el hanyou. La sacerdotisa sintió un escalofrió al ver que el cuerpo del hibrido estaba cubierto de una hermosa túnica negra de seda. No pudo evitar desviar un poco la mirada al poder distinguir el formidable cuerpo desnudo que se escondía entre la vestimenta y sin mirar al monstruo, replico:

-No se cual sea la intención de esta estupida trampa, pero será mejor que te hagas un lado y me dejes salir o te vas arrepentir…

-¿Qué sucede Kikyou¿Por qué estas nerviosa? – pregunto Naraku, quien se acercaba lentamente hacia la sacerdotisa. Esta no perdió tiempo y disparo una flecha hacia el cuerpo del hanyou. Este la esquivo y tras un rápido movimiento, se coloco detrás de Kikyou y la atrapo en un fuerte abrazo provocando que esta dejara caer su arco, quedando relativa indefensa.

-¡¿Qué rayos haces¡Suéltame miserable! – vocifero la doncella, quien era presa entre una mezcla de furia, temor y excitación.

-No te resistas Kikyou… créeme esto va ser muy divertido… - susurro Naraku al oído de esta al mismo tiempo que daba una pequeña lengüeteada al cuello de la miko, quien no puedo evitar sentir un delicioso escalofrió.

-Miserable… Que no se te ocurra realizar lo que estoy pensando… suéltame – dijo la sacerdotisa, que con mucho esfuerzo se mantenía impasible. Pero el hibrido no hizo caso alguno, lentamente sus manos comenzaron a acariciar la cintura de la guerrera mientras que rozaba su miembro contra los firmes glúteos que se escondían bajo aquella falda rojiza.

-Kikyou… - susurro el monstruo al mismo tiempo que su mano izquierda comenzó a bajar por el abdomen de la doncella, llegando al borde de la falda y adentrándose lentamente debajo de la prenda. La sacerdotisa sintió como una deliciosa sensación se apoderaba de ella, al sentir los dedos del hanyou acariciar su entrepierna.

-Naraku…no…detente… - susurro Kikyou que parecía caer bajo el hechizo de aquel momento. Desde su nacimiento hasta el día de su muerte de la cual retorno, jamás se había preocupado o pensado por el placer carnal. Pero ahí estaba, junto con aquel hibrido que poseía las más excitantes, viles, perversas pero deliciosas ideas para crear un increíble frenesí sexual. La idea de ser poseída por aquel ser le aterraba pero también la excitaba provocando un choque de sentimientos en su cabeza, quien no podía decidir entre escapar de aquella habitación o quedarse ahí y dejarse llevar por las cosas.

La respuesta no tardo mucho en llegar pues Naraku al ver la indecisión de la sacerdotisa, no pudo evitar tomar con su mano derecha su delicado mentón, haciendo girar suavemente su rostro hacia el. Kikyou cerro los ojos al sentir como sus labios se unían a los del hanyou, quien suavemente acerco su rostro hacia la joven mujer mientras su mano derecha bajaba nuevamente a la cintura. La sacerdotisa no pudo mantener la compostura y deseosa a saborear los deliciosos placeres carnales, extendió su mano derecha hacia atrás de la cabeza del hanyou, empujándola firmemente hacia ella, correspondiendo apasionadamente aquel beso mientras que su otra mano se colocaba sobre la mano derecha del monstruo, entrecruzándose los dedos.

-Por fin… ya era hora… por fin se han dejado arrastrar por su amor… - dijo alegremente Ying que desde su dimensión, podía observar lo sucedido.

-Que asco… amor entre un monstruo y una sacerdotisa… eso es repulsivo – gruño Yang quien se acerco al lado de su homologo, observando cada detalle de aquella escena.

-No importa lo que digas… solo importa el hecho de si se logra su unión… la perla estará completa – repuso esperanzado el alter ego.

-Te amo… te amo Kikyou… - susurro Naraku entre los breves momentos que separaba sus labios de los de la sacerdotisa.

-Hazlo… por favor… hazme tuya… demuéstrame cuanto me amas… - murmuro Kikyou, acariciando los sedosos y largos cabellos del monstruo.

Y con dichas palabras, se dio inicio a una tarde de sexo y amor desenfrenado, la cual marcaría la vida de ambos seres así como también significaría un nuevo giro en relación y las futuras consecuencias que traerá para todos los relacionados a ellos.

Continuara...

¿Que tal? Quizas algunos pueden considerar este capitulo como un de relleno (Yo tengo igual esa sensación) pero sabran que este es indispensable para la llegada del proximo capitulo del cual ya se dieron cuenta estara cargado de un alto contenido de lemon (ya me estoy preparando para realizar uno muy bueno muajajajaja) asi que tomare un gran lapso de tiempo escribirlo. Ademas se habran dado cuenta que este capitulo es más largo que los anteriores, se debe a que siento que es necesario relatar mas detalladamente los fragmentos del fic.

Tambien quiero aprovechar para agradecerles a todos los que han leido este fics, pues sus reviews han sido palabras de aliento para continuar escribiendo. Tambien pid disculpas por las tardanzas pero debido a que mi querida amiga Inspiración se ha vuelto un poco floja, pues ejem me ha obligado a tardar mucho. Pero aun asi, seguire escribiendo. Espero verlos en el proximo capitulo de este fic, les aseguro que les va encantar.

Se despide de ustedes, este humilde servidor. Cuidense y portense mal muajajajajaja.

PD: Espero por lo menos un rewiew ejem n.nU aunque si me quieren dar más ,adelante...