Hello, criaturas ~ Pues hice un esfuerzo por esperar, pero me ganó la ansia :v Y aquí está el nuevo capítulo. No saquen conclusiones apresuradas 7w7

rossylopez: Te va a tocar tener que leerlo hoy (?) Sobre tu pregunta, no sé, no sé. Nadie sabe, nadie supo (8

DULCECITO311: Tengo la sensación de que me falta profundizar con Sakura, que el fanfic se ha enfocado muchísimo en la frustración de Sasuke, en parte porque he intentado hacer a Sakura más fría. No sé qué opinen ustedes, me gustaría sabers~

Guest: Bienvenido de nuevo, creo! (?) Esto es hacer trampa :C Pero está bien, está bien. En fin, en cuanto a lo que dices, el fanfic planeo hacerlo un poco largo, y tengo intenciones de darle su papel también. Es muy feo dejarlo fuera si es el bueno del anime xD

Dicho eso... disfrútenlo!


—Mamá.

—¿Hn? —Sakura, que limpiaba la cocina, detuvo sus actos en un instante—. ¿Qué es lo que sucede, Sarada?

—Mamá —volvió a empezar la criatura, aunque se detuvo un instante.

—Vamos, dilo —insistió la pelirrosa, con una sonrisa enorme.

—Mamá, ¿dónde está papá?

—Ya lo hablamos, cariño —ella, consciente de las emociones de hija, se secó las manos para volverse hacia ella e inclinarse un poco—. Papá se encuentra en una misión importante.

—Pero… ¿por qué nunca nos visita?

—Por ahora, no puede volver. Pero, todo el tiempo, papá envía cartas y regalos para ti, porque no quiere que te olvides de él, ¿sabes? Porque te ama mucho.

—¿En serio?

—En serio —aseguró, mientras le acomodaba su cabellera negra, para luego inclinarse a besarle la frente con amor—. Tu padre es un hombre que ama con todas sus fuerzas, y tú eres la persona a la que más ama en este mundo.

—¿Qué hay de ti? —la pregunta, viniendo de una inocente criatura, hizo que su madre mostrara una expresión de sorpresa. Sarada apenas era capaz de formular preguntas de esa dificultad.

—¿De mí? —repitió, mientras lo pensaba—. De mí… yo creo que él me quiere mucho, también.

—¿De verdad?

—De verdad —se encogió de hombros—. Él no es un hombre que jugaría con mis sentimientos. Él es alguien que nos quiere bastante. Es por eso que él está allá afuera, protegiéndonos.

—Mamá, ¿crees que él volverá algún día?

—Por supuesto que sí —las manos de Sakura sostuvieron el cuerpo pequeño de su hija, a la que levantó y sostuvo sobre su cadera, mirándola al rostro—. Él vendrá y se quedará con nosotras por un largo, largo tiempo. Te traerá regalos, jugará contigo y te dirá cuánto te quiere.

—¿Cómo sabes eso?

—Bueno, es que yo conozco muy bien a Sasuke-kun —la depositó sobre la mesa, con cuidado, para inclinarse un poco a su altura—. Él me prometió que volvería con nosotras, para cuidarnos y amarnos. Y, ¿te digo algo?

—¡Sí!

—Tu padre es un Uchiha —exclamó, en voz baja, dándole énfasis a sus palabras, como si se tratara de un héroe por ello—, justo como tú, Sarada. Y como Uchiha, él siempre cumple sus promesas.

Capítulo Catorce: Dicen que todos los caminos llevan a Roma

Cuando abrió sus ojos, Sakura Haruno estaba en la sala del apartamento de su novio. Había tomado una siesta mientras él empacaba, en un montón de cajas plásticas, las conclusiones de su investigación con Orochimaru. El apartamento estaba colmado por documentos con y sin orden fijo, que ellos dos habían estado leyendo la última semana. Su padre se había ido hace tres días, y Kabuto no perdía el tiempo. Inclusive había dejado de ir al hospital, pues los trámites finales de aquél proceso eran mucho más importantes que cualquier otra cosa. Sin embargo, para este momento, no era capaz de escuchar nada. No había páginas volteándose, carpetas forzándose, ni cajas cerrándose. Ella tuvo que sentarse en el sofá para asomarse al desayunador y descubrir que, en efecto, se encontraba sola. En ese sitio solo estaba Sakura Haruno y alrededor de veinte cajas con distintas etiquetas dispuestas a ser enviadas a un mismo domicilio. Ni rastro de Kabuto Yakushi, o de las llaves de su auto. Debía haber ido por más cajas, o empaque de burbujas, o algo necesario para continuar su tarea. Al final, ella se puso de pie y caminó hacia la cocina, sin la esperanza de verlo volver pronto, pero la puerta principal igual se abrió.

—¿Sakura?

—En la cocina —contestó ella, mientras servía un vaso de agua para su consumo personal. Él la encontró, descalza y sin despertarse por completo, con el cabello alborotado.

—Traje comida.

—Oh, qué bueno. Muero de hambre —admitió, para acercarse a él y ayudarlo a disponer todo en la mesa—. ¿Cómo vamos con el empaque?

—Bien, de momento —aseguró él, mientras traía consigo un par de platos y vasos, entregándolos para su uso—. Terminé con los documentos que enviaré al doctor. También guardé algunos libros, y me tomé la libertad de sacarle copias a algunas de mis notas, para ti.

—Gracias, van a serme de mucha utilidad.

—¿Estás segura de que vas a estar bien? —la mirada, detrás de las gafas de aumento del albino, fue de sincera preocupación. Ella le sonrió con diversión.

—¿Bromeas? Ya lo hemos hablado —afirmó, mientras ponía en los platos el contenido de las cajas de comida—. No es como que esta sea la última vez que nos veamos, Kabuto. De cualquier forma, los dos sabíamos que esto sucedería tarde o temprano.

—Aun así, fue bastante inesperado.

—Siempre quisiste aprovechar lo que mi apellido podría ofrecerte en "el negocio" —le recordó ella, acercándole un plato, antes de sentarse—. El momento ha llegado.

—Esperaba que fueras tú quien me diera estas oportunidades, no tu padre —respondió, tras emitir un suspiro de cansancio—. En realidad, supongo que es inevitable. Él vio a través de nosotros, y aprovechó la oportunidad.

—Justo como fue planeado.

—¿Cómo dices?

—No, nada —ella sonrió—. De cualquier forma, esto no se trata de mí. Se trata de tu carrera, y de cómo podrás potenciarla con ayuda de mi padre.

—Sí. Desde Norte América…

[…]

El lunes inmediato después de la visita de Kizashi Haruno, la renuncia de Kabuto Yakushi, a su trabajo en el hospital y al laboratorio del doctor Orochimaru, fue anunciada. Por supuesto, el círculo de la facultad de medicina se escandalizó con semejante información. Con el abandono a su trabajo, el laboratorio quedaba cerrado por tiempo indeterminado, aun cuando Sakura podía encargarse a la perfección de esa labor. Pero ella no era un médico titulado, ni tenía la confianza del científico que había pedido ese espacio a la universidad. Por lo tanto, el departamento de investigación dentro de la facultad tomó la decisión de cerrarlo y darle un plazo al doctor Orochimaru de quince días para decidir cómo iba a reemplazar a su subordinado. Todas las miradas se posaron en Sakura, quien no solo llevaba el apellido del mismo médico que había hecho una visita a ese laboratorio la semana anterior, sino que era la pareja pública del joven prodigio que abandonaba todo lo que había hecho en ese país. Sin embargo, ninguno de ellos tenía la confianza suficiente, ni le conocía tanto como para atreverse a preguntarle sobre el paradero del joven médico. Ninguno, excepto una pelirroja en específico, que no lo pensó dos veces antes de abordar a Sakura en el almuerzo.

—¿Qué pasó? —sus ojos se mostraron ansiosos cuando esas dos palabras fueron enunciadas, y Sakura detuvo el bocado que se aproximaba a su boca.

—Nada. ¿Qué pasó contigo?

—¡No bromees! —exclamó, en voz baja, para acomodarse a su lado y muy cerca de ella—. ¿Qué es todo esto de la renuncia de Kabuto? ¿Renunció a la medicina, acaso? Oh… ¿lo botaste y con ello le rompiste el corazón? No me digas que sí te amaba… ¿es esto por Sasuke? Lo es, ¿cierto?

—Por supuesto que no —contestó Sakura, agobiada por sus preguntas—. Mi padre se sorprendió con el trabajo de Kabuto, tanto que no se controló a sí mismo.

—¿Lo mató?

—Bromeas, ¿no? —ella enarcó una ceja ante sus palabras—. Le ofreció un trabajo, Karin. Al parecer, los occidentales carecen de muchas cosas que los orientales poseemos. Él no podía haberse negado, sería un imbécil.

—¿En serio? —por algún motivo, Karin pareció estar sorprendida—. Pero, ¿eso qué significa? Es decir, sabes a lo que me refiero. ¿Qué sucede con ustedes?

—Por Dios —murmuró—. Eso significa que Kabuto se va. Su vuelo sale el viernes por la noche, y él trabajará con mi padre. Eso es todo lo que significa. Con un poco de suerte, mi padre va a terminar por aceptarlo cuando vea lo duro que trabaja, y eso facilitará las cosas.

—¿Las cosas? —las dos cejas de la pelirroja se alzaron—. Un momento, Sakura. ¿De qué cosas estás hablando ahora?

—Por todos los cielos. Por primera vez en mucho tiempo tengo la oportunidad de comer tranquilamente fuera de ese laboratorio, y lo único de lo que quieres hablar es del hecho de que mi novio, y jefe, se va a otro país. ¿No tienes nada mejor que contarme?

—De acuerdo, de acuerdo —se encogió de hombros—. No quieres hablar de eso. Lo entiendo, no hablemos de eso. ¿De qué quieres charlar?

—No lo sé. Cuéntame algo interesante. ¿Qué acontece?

—A decir verdad, muy pocas cosas —rodó los ojos, cruzándose de brazos. Sin embargo, de un momento para otro, dio un respingo—. ¡Lo olvidé por completo! Escucha con atención, Sakura. El otro día, estaba espiando la conversación de Naruto con sus padres y…

—¿Espiar? ¿Haces eso?

—Muy seguido —aseguró—. En fin: estaba espiando la conversación de Naruto con sus padres, por teléfono. Tú sabes, estaba en su casa y Sasuke fue al baño o algo, así que lo escuché por accidente.

—Dijiste que estabas espiando…

—¡Detalles! El asunto es —continuó—: escuché noticias maravillosas. Todo apunta a que él está listo para dar el gran paso.

—¿Cuál paso?

—¡Una propuesta, Sakura! PRO-PU-ES-TA —exclamó Karin, algo que llevó a Sakura a mirarle con asombro—. Dijo algo sobre un anillo, que quería que fuera perfecto para Hinata.

—¿Bromeas?

—Claro que no. No es como que no sepamos que ellos van a hacerlo tarde o temprano —le restó importancia a lo que, un instante atrás, era una grandiosa noticia.

Sin embargo, Karin no supo lo que iba a detonar en ella con aquellas palabras. Como un remolino tempestuoso, la mente de Sakura sufrió un vuelco que la sumió en sus pensamientos. Imágenes de su vida anterior, palabras, rostros y panoramas volaron uno tras otro. El anuncio de su boda, el llanto de Lee en ese campo de batalla, las risas, un beso de amor, Sarada preguntando por su padre, el primer embarazo, la cita de juegos de sus hijos, la niña que quería ser Hokage, la muerte de Neji, la luna, Sasuke Uchiha diciendo que la amaba por primera vez, los golpes que la lanzaron al vacío, la mano que atravesó su cuerpo, la mano que tocó su vientre, aquellos ojos que poseían un poder superior, el chico zorro que perdía el control, la mujer que lloró mientras Sakura la sanaba, el chico rubio diciendo que estaba enamorado de su hija, el monstruo de diez colas, la vida de Hinata pendiendo de un hilo, su puño contra el suelo, una flor viniendo de las manos de Ino, su primer beso, las crueles palabras de Sasuke, la despedida de Naruto, el sacrificio de su maestra, el golpe en su nuca, la voz de su hija llamándola, el poder de Naruto y el Kyubi cooperando, el equipo siete por primera vez, las agujas que atravesaron el cuerpo de Sasuke, el frío de la montaña nevada, la mentira de amor que le dijo a su mejor amigo, el abrazo de su esposo en sus últimos momentos, el golpe en su frente. Un jadeo brotó de sus labios asustando a su amiga, que había estado hablando sin ser escuchada todo este tiempo. Karin detuvo todo lo que hacía y se aproximó a ver a Sakura, quien parecía haber estado sin respirar los últimos segundos y, finalmente, recuperaba el aliento.

—Cielos, Sakura, ¿estás bien? —preguntó, preocupada.

—Sasuke —su voz sin aliento brotó de entre sus labios, mientras ella sostenía su pecho con una expresión dolorosa—, llama a Sasuke Uchiha, ahora.

[…]

El auto de Sasuke Uchiha, además de estacionarse mal, lo hizo rompiendo varias leyes, también en el transcurso de su viaje. Escuchó las quejas de quienes presenciaron los chirridos de sus neumáticos, pero tenía mucha prisa para detenerse por eso. En su lugar, bajó del auto con su chaqueta y cerró la puerta tan rápido que ésta se atoró, devolviéndolo en el acto, en una escena bastante cómica para quienes lo veían. Su público se tardó tres segundos en darse cuenta de que era el popular joven de la facultad de derecho, haciendo el ridículo y moviéndose a mucha prisa una vez liberó su abrigo, para correr por los edificios y pasillos de medicina. Karin había llevado a Sakura a un cubículo de estudio, el cual pidió prestado, sabiendo que ahí nadie les molestaría, además de que no les sería posible discutir sin armar un alboroto. Para ella, fue matar dos pájaros de un tiro. Le había llamado al Uchiha, aprovechando el horario, y ahora ninguno de ellos tres entrarían a su siguiente clase, en vista de los hechos. También le había dado indicaciones por mensajería de texto, para que pudiera acudir e informarse. Claro, se ganó dos o tres regaños en el camino por andar a un paso muy acelerado y escandaloso, algo que no se permitía. Por fortuna, logró llegar al cubículo privado antes de que alguien hiciera algo con respecto a su actitud. Ahí estaba ella, recuperándose de un terrible episodio de su vida anterior, y aunque su rostro estaba pálido, no se comparaba con Sasuke, quien se había asustado tanto que por poco cometía algunas estupideces en el camino. Ahora, las dos mujeres lo miraban, agitado y sin aliento. Karin cerró la puerta detrás de él, con el propósito de que no les interrumpieran, y después le ofreció su botella de agua.

—Llegaste muy rápido —admiró ella, con un aire de burla en su voz—. No mataste a nadie de camino aquí, ¿o sí?

—Casi atropello a un perro —admitió, sentándose en una de las sillas—. Este cuerpo no tiene la condición que aparenta…

—Estás acostumbrado a un cuerpo entrenado para ser ninja —lo corrigió Sakura—. Te tomará un par de años volver a ese punto, o algunos meses el acostumbrarte a tu nuevo cuerpo. Depende de qué es lo que prefieras.

—¿Qué hay de ti? —en un instante, el foco de interés cambió—. ¿Qué pasó?

—Creo que fue un episodio —contestó Sakura, mientras volvía su mirada a Karin—. Vi muchas cosas de nuestra vida anterior. Escuché mucho… fue como una revelación.

—Una revelación… ¿de qué?

—De lo que debemos hacer —admitió, para apoyarse en la mesa—. Creo que, para entenderlo, debes escuchar lo que estaba sucediendo.

—Le contaba a Sakura que escuché a Naruto hablando con sus padres —explicó Karin—. Él dijo, por teléfono, que esperaba que "el anillo" fuera del agrado de Hinata y su familia. Creo que él va a proponerle matrimonio dentro de poco.

—Después, ella dijo que era algo que iba a suceder tarde o temprano —concluyó la pelirrosa, a lo que Sasuke le miró—. ¿Puedes recordar en qué momento se casaron?

—Lo hicieron antes que nosotros —se encogió de hombros.

—Así es. También, Boruto nació poco antes que Sarada —ante sus palabras, Sasuke apoyó sus codos sobre la mesa y entrelazó sus dedos, seña de que estaba pensando, posiblemente uniendo cabos con la nueva información—. ¿Qué pasa si me equivoqué?

—Ellos no han despertado —intervino Karin—, además, han estado juntos por un tiempo. Quizá, las conclusiones de que debían nacer como lo hicieron antes, están erradas.

—¿Qué hay de nuestra generación? —preguntó Sasuke.

—No lo sé. No puedo entenderlo —el entrecejo de Sakura se frunció—. Hemos estado repitiendo un patrón de comportamiento, pero ellos no están aquí. Yo soy consciente de que mi despertar pudo haber influido con Sarada, pero eso no justifica el caso de Boruto, o de los hijos de nuestros amigos.

—Temari y Shikamaru están juntos.

—Sai e Ino tienen una relación extraña, pero están en contacto. Si yo tuviera razón, entonces todos ellos deberían haberse casado, a estas alturas.

—Lo que significa…

—¿Y si me equivoqué? —el tono de Sakura se destrozó en los nervios—. Sasuke, ¿y si me equivoqué? ¿Y si ellos aún pueden alcanzarnos? ¿Qué pasa si hay otra condición para que vengan aquí?

—Entonces, quizá ya se cumplió, y no nos percatamos de ello.

—¡Viva! —exclamó Karin, con emoción. Los dos la miraron contrariados, y ella no detuvo su sonrisa a pesar de eso—. Eso significa que, si ustedes arreglan sus diferencias, entonces Sarada podrá venir con nosotros y…

—Son solo conclusiones apresuradas —interrumpió Sasuke—. No estamos seguros de que sea así, y probablemente no hay forma de que lo sepamos.

—Claro, no lo sabremos hasta que lo intentemos —insistió, animada.

—Pero, si tuve razón, entonces todo será peor —le explicó Sakura—. No podemos despertar a nuestros amigos, pues la pura idea de no ver a sus hijos los destruiría. Bajo esas circunstancias, si dejamos que las cosas sucedan y ya, tampoco podremos saberlo hasta dentro de años y, cuando lo sepamos, podría haber pasado demasiado tiempo.

—Tendríamos que esperar a que ellos se casen, Hinata se embarace, dé a luz y, si ese niño tiene ese nombre, tendríamos que asegurarnos que se trate de el mismo Boruto que entonces, el que se casó con nuestra hija —continuó el moreno—. Si, para entonces, Sakura y yo no hemos concebido a Sarada, estaríamos afectando directamente a sus vidas.

—Y suponiendo que yo esté dispuesta a procrear para ver a Sarada, si ese niño nace, pero resulta no ser Boruto Uzumaki —se detuvo, porque no podía imaginarlo.

—Nuestras esperanzas y esfuerzos se irían a la basura —al escuchar eso, Karin pareció caer en cuenta de qué hablaban—. No imagino que Sakura pueda verme a la cara. O Naruto, o cualquiera de ellos… no podría culparlos por odiarme.

—Como están las cosas, no puedo permitirme tomar ese rumbo —concluyó ella—. Hay muchas cosas que son importantes para mí y, aunque Sarada es mi prioridad, correr ese riesgo es…

—¡Es necesario! —exclamó la pelirroja—. Se trata de Sarada, ¿cómo pueden dudarlo?

—No estamos dudando —contestó Sasuke—. Haríamos lo que fuera por verla de nuevo, pero… no creo que puedas entender el temor.

—Es por eso que no podemos tomar ese camino.

—Y, ¿van a rendirse? ¿Así y ya? —la expresión de Karin no tuvo reparo en demostrar su rechazo, en considerar inaceptable esa decisión—. ¿No piensan hacer nada al respecto?

—En realidad, hay algo que podemos hacer sin afectarlos a ellos —cuando Sakura dijo eso, con un temple fuerte como el acero, tanto Karin como Sasuke la miraron con un gesto confuso en sus rostros, al punto de la incredulidad—. Me dijiste que fue Jiraiya quien te explicó todo.

—Sí, pero él dijo que no iba a intervenir. Me dejó claro que yo debía solucionarlo por mi cuenta.

—No creo que él sea el único que pueda ayudarnos —sus brazos se apoyaron en la mesa, y su mirada se cruzó con la se Sasuke—. Quedan dos de los tres legendarios guerreros.

—No tenemos que rendirnos.

—Si tenemos suerte, alguno de ellos podrá darnos respuestas —le explicó, con atención—. Solo tenemos que apresurarnos y encontrarlos.

—Jiraiya sabe dónde está Tsunade.

—Y yo sé dónde está Orochimaru.

—¡Un momento! —Karin interrumpió su atmósfera, así que ambos le miraron cuando ella exigió su atención—. ¿Significa que van a solucionar sus diferencias?

—Significa que vamos a pasarlas a segundo plano —Sakura miró de nuevo a Sasuke—. No podemos hacerlo si seguimos discutiendo como hasta ahora. Tenemos que ser capaces de trabajar en equipo y despertarlos, en caso de que sigan durmiendo.

—Todo dependerá de cómo sucedan las cosas, a partir de este punto.

—Y, aun así —la duda en su voz impacientó a Karin—, no estoy segura de que nuestros problemas puedan solucionarse, así nada más.

—¿Por qué no pueden intentarlo? —Karin sonó más como una niña haciendo berrinche, que como alguien buscando ver una bandera blanca entre ellos dos—. Ya van a trabajar juntos, solo tienen que poner un poco de su esfuerzo para que todo salga bien.

—No puedo volver a cambiar mi vida, solo por una sospecha —la desconocida del espejo había hablado en lugar de Sakura—. No voy a dejarlo todo, no así.

—Pero si Kabuto…

—Está bien, Karin —Sasuke no la dejó terminar—. Es decisión de Sakura, no nuestra. Sin embargo, debes saber que no me he rendido. No lo haré.

—No me hagas repetirme, Sasuke —la petición de Sakura fue, más bien, una advertencia.

—Karin me lo dijo —sin embargo, las dos quedaron heladas cuando las palabras de Sasuke se enunciaron, y la aludida sintió que Sakura se enfurecería de saberlo—. Gracias a ella, pude recordarlo Sakura. Tus últimas palabras.

Por fortuna para todos, Sasuke decidió no mencionar que también sabía sobre la confesión de Sakura, cuando dijo que lo amaba... aunque lo hizo entre líneas. Karin pudo respirar gracias a ello, pero comprendía que eso no la expiaba de culpas. Mientras tanto, un ambiente frío se había apoderado de la habitación, ahora que Sakura comprendía que él lo sabía. Un terror se hizo dueño de su cuerpo, pero no permitió que ellos lo notaran. Nadie debía saber que era débil, no debían darse cuenta de que estaba arrepentida de las palabras que le había regalado a su marido en esos segundos. Ese fue el motivo para que Sakura apretara sus manos, cerrara los ojos lentamente, respirara profundo, y volviera a abrirlos para mirarlo a los ojos. Que pasara lo que tenía que pasar, se dijo a sí misma, y se miraron el uno al otro por al menos treinta segundos, antes de que cualquiera rompiera el silencio. Estaba lista. No iba a temerle en ese momento decisivo.

—Lo que hice —fue Sasuke quien empezó a hablar—, no tiene relación con lo que me dijiste en ese momento, Sakura.

—Aunque digas eso…

—Yo ya había empezado a usar mi técnica cuando tú comenzaste a hablar —no la dejaría sentirse culpable del pecado que él había cometido—. Ni siquiera me di cuenta de lo que significaban tus palabras en ese momento. Tú no eres culpable de esto.

—Si no hubiese dicho lo que dije, entonces tú no lo habrías hecho. Comparto la culpa.

—No es así —mientras los escuchaba, Karin entendía la situación de Sakura, su temor silencioso, lo que callaba—. Yo tomé una decisión egoísta.

—El que digas esas cosas no va a cambiar la forma en la que me siento.

—Lo sé. Y no espero que me aceptes solo porque digo esto —su mano derecha se acercó a ella, pero Sakura retrocedió, recargándose en la silla y llevando sus manos cerradas a su regazo. Él no insistió, pues eso la agobiaría—. Tú no sabías lo que yo hacía, ¿cierto?

—… Me di cuenta cuando desperté.

—Tú no podrías tener la culpa de esto. ¿Lo entiendes?

—He estado pensando, y pensando. Llegué a la conclusión de que mis palabras te habrían convencido de hacer algo que tenías en mente, pero de lo que te contenías. No es tan sorprendente de imaginar, ¿no lo crees?

—Solo dijiste algo que cualquiera diría en esas circunstancias.

—"Esperaré por ti, querido. Estaré esperando" —repitió con calma, causándole un escalofrío a ambos, Karin y Sasuke—. ¿Cómo no malinterpretaste esas palabras?

—Yo ya te había atado a mí por la eternidad, y pensé que te habías dado cuenta cuando lo dijiste, pero no fue así —él se encogió de hombros—. Yo pensé que tú eras consciente de mi jutsu, y tú pensaste que yo lo hice por lo que dijiste. Ninguno de los dos sabía nada.

—Mira lo que sucedió aquí —se rio Sakura—. Esto es tan malo, que tenías que olvidarlo. De no ser por Karin, no sé cómo podríamos enfrentarnos ahora.

—No voy a pedirte una oportunidad, Sakura —sus propias palabras pesaban como el plomo—. En realidad, voy a pedirte que me sigas rechazando tanto como te sea posible. Es un castigo que merezco, es un castigo que necesito.

—¿Tu nueva redención?

—La redención que nunca tuve, que siempre merecí —respondió él—. Eres lo único por lo que debí haber luchado, pero nunca lo hice. Así que hazme sufrir, oblígame a hacer lo imposible por recuperarte. Te juro que lo arreglaré todo, que volverás a amarme como antes. Te daré a nuestra hija, una vez más.

—No tienes que pedirlo —murmuró ella, poniéndose de pie—. Conseguiré una cita con Orochimaru, y te avisaré cuando la tenga.

—Entiendo.

—Hasta entonces, no despiertes a nadie, Sasuke —ella tomó sus cosas, y se aproximó hacia la puerta, para abrirla—. No sabemos cuánto daño podríamos hacer.

[…]

Cuando Sakura Haruno llegó a su departamento, alguien la estaba esperando. Era una costumbre que tuvieran al menos una de las comidas del día juntos, aunque en las últimas semanas eso se había dificultado lentamente. La visita de Kabuto, a tan poco tiempo de tomar un avión hasta otro continente, era el reflejo de la culpa que sentía por irse. Ella no había pedido que él se presentara y, en realidad, tampoco lo esperaba. La verdad era que, aunque Sasuke y Karin tenían una mala impresión de él, Kabuto Yakushi era un hombre atento que se preocupaba por ella, que la quería, no importando de cuántas formas ellos se utilizaban entre sí. En ésta ocasión, él le había traído la cena, aunque en la mesa solo estaba lo suficiente para una persona, haciendo evidente que no planeaba quedarse a cenar. De cualquier forma, se miraron en silencio al encontrarse en el interior de su hogar, y al final ella dejó sus cosas en cualquier parte, mientras él depositaba dos llaves sobre la mesa en la que solían comer, desayunar o cenar.

—Una es de aquí —dijo él—, y la otra es de mi piso.

—Está bien, yo se la entregaré a tu casero cuando muevan tus cosas al almacén —caminó hacia él, pero se detuvo a una distancia prudente—. Debo suponer que adelantaste tu salida. De lo contrario, no estarías aquí con las llaves.

—Mi vuelo sale en dos horas —contestó, encogiéndose de hombros.

—Eso es bueno —aseguró ella—. Debes dar un paso adelante en tu carrera. Vas a triunfar, en lo que sea que hagas.

—No esperaba tener una despedida tan frívola.

—No voy a lanzarme a tus brazos como una colegiala —caminó hacia la mesa y revisó lo que él le había traído. Incluía algunos dangos en la bolsa—. Te quiero, pero no te amo con desesperación.

—Al menos seguimos de acuerdo con ello.

—Entonces, ¿por qué viniste, Kabuto?

—Sasuke Uchiha —ella aparentó muy bien que no le sorprendía—. ¿Es él quien va a suplirme a partir de ahora, Sakura?

—En realidad, esperaba que me permitieras fingir que sigo siendo tu novia, a distancia.

—¿No va en sentido contrario de tus planes con ese mocoso?

—Lo que quiero es evitar que él la vea tan fácil —sus manos se apoyaron en la mesa—. No quiero que lo intente. Quiero que, al verme, te vea a ti. Si tiene un obstáculo, entonces no intentará saltarlo de inmediato. Esa idea lo mantendrá al margen, al menos por un tiempo.

—¿Tanto miedo le tienes al hermano de tu abogado?

—Le temo más que a nadie en este mundo —admitió—. Así que, ya que te vas, cúmpleme dos favores. ¿Puedes?

—No veo qué es lo que ganas mintiendo. Primero, no accedes a ir conmigo a causa de él. Luego, decides que no estarás con él —bufó—. Tú no eres así. Tú eres directa. ¿Qué es lo que quieres obtener de este circo, Sakura?

—Yo no obtengo nada —contestó—. Solamente… cumplo un capricho para él.

[Continuará…]