Capítulo 13: Fin de semana en Yokohama

Le parecía que se tratara de la afortunada protagonista de un culebrón de esos que ponían en la televisión a las cuatro de la tarde. Que a su familia le hubiera tocado un viaje gratis a Yokohama con todos los gastos pagados era increíble, que fuera para dos personas dando a entender que una pareja también y que su madre se lo hubiera regalado a Inuyasha y a ella, le ponía la guinda al pastel. Aún recordaba cuando su madre le explicó el plan, la emoción con la que hizo su maleta y los gruñidos de su pesado hermano por no ir él. Habían quedado en mantenerlo en secreto hasta que se fueran para que el abuelo no se hiciera daño intentando detenerles. Inuyasha no tenía ni idea de qué era Yokohama, ni se enteraba de lo que le estaba explicando por lo que terminó haciéndole ella la maleta junto a su madre y le arrastró hacia la estación de autobuses con sus pasajes gratuitos. En ese momento, estaban saliendo del autobús y se encontraban ante el hotel más lujoso a el que había acudido en toda su vida. De hecho, era al primero en el que dormía, en los demás sólo estuvo acompañando a sus amigas cuando tenían que llevarle alguna cosa a un familiar.

- ¿Dónde estamos, Kagome?

Kagome se volvió y sonrió ante la evidente confusión en los ojos del hombre. El pobre seguía sin enterarse de nada.

- Esto es un hotel y nos quedaremos aquí los dos solitos un fin de semana enterito.

- ¿Qué es un hotel?- seguía sin entender- y eso de quedarnos solos no suena mal- sonrió.

- Ya lo verás- rió- te va a encantar, Yokohama es un sitio precioso- miró el paisaje con nostalgia- yo estuve una vez aquí con mi padre. Me trajo en coche y jugamos en un precioso parque de aquí…

- Debes echarlo de menos… - murmuró Inuyasha- seguro que lo pasasteis genial.

- No es para tanto- le quitó importancia- ¿cómo voy a echar de menos un parque?

- Me refería a tu padre.

Observó asombrado cómo se producía un cambio radical en el rostro de Kagome. Ella parecía haber perdido la ilusión anterior en cuestión de segundos y agachaba la cabeza en un evidente gesto de tristeza. Quería saber por qué ella se sentía culpable de la muerte de su padre pero estaba claro que el tema, le dolía profundamente.

- ¿Entramos?- quiso distraerla- las maletas pesan.

Kagome se fijó en el equipaje que él cargaba y entonces recuperó aquella luz en sus ojos. Ella volvía a sentirse bien. Agarró su brazo y le guió hacia el interior del hotel de cinco estrellas. Los suelos de mármol la hicieron suspirar, las columnas corintias y la yesería la impresionaron, las alfombras de lujo bajo sus pies la hicieron flotar y la recepción bien atendida por dos hombres vestidos de etiqueta la hizo detenerse en seco. Aquel lugar era un sitio muy elegante y ella vestida de esa forma: sandalias de plataforma, unos piratas blancos ajustados y un top rojo. La gente se le quedaría mirando con esas pintas.

Intentó dar media vuelta y marcharse pero Inuyasha la agarró y la hizo volverse una vez más hacia la recepción.

- ¿Qué ocurre?- le preguntó desde atrás- yo no me quiero quedar sin nuestro fin de semana a solas…

- Es que… - se encogió- mi ropa no es adecuada para este sitio…

- ¡No digas tonterías!

Le dio un suave empujón para incitarla a continuar y ella sin más remedio avanzó hacia la recepción. Los dos hombres la miraron mal desde un primer momento y no le extrañaba. Ellos de etiqueta y ella vestida de lo que era, una chica de barrio.

- ¿Desea algo señorita? – le preguntó uno.

- Si busca la chabola del pastor- comenzó el otro- está a un par de kilómetros de aquí doblando a la derecha.

La ofendieron. Era cierto que ella no estaba forrada pero tampoco tenían que tratarla de esa forma tan despectiva y despótica. Era un ser humano y tenía sentimientos. Al pasar con el autobús había visto ese hostal que le indicaron descubriendo que era un hostal barato de pesadilla. ¿Por qué ella no iba a poder estar en ese hotel?

- Tengo reserva- le dijo muy seria- a nombre de Kagome Higurashi- continuó- y me gustaría que me enseñaran el libro de reclamaciones- les dijo dándose esos aires de grandeza que ellos se dieron anteriormente con ella- me gustaría quejarme de la falta de educación del personal.

Los dos hombres palidecieron al escucharla y uno comenzó a buscar apresuradamente la llave de su habitación mientras que el otro le ofrecía unos cuantos servicios del SPA gratuitos. Su premio no incluía el SPA del hotel y sería una verdadera maravilla el poder entrar gratis. Agarró la llave y la tarjeta cuando se la ofrecieron y los vales para algunos servicios del SPA.

- Sólo tres vales- refunfuñó- somos dos y además, me gustaría disfrutar más del SPA en lugar de dirigirme al director del hotel…

Los hombres la observaron temerosos de sus palabras, y a continuación le entregaron más de diez vales para los servicios del SPA. Emocionada los agarró todos y después le indicó a Inuyasha que la siguiera hacia el ascensor donde un botones agarró sus maletas. Se paró en seco al ver aquel espacio tan grande pero para ella tan reducido que les guiaría a su piso. Prefería las escaleras mil veces y subiría las que hiciera falta pero no quería delatarse. Se montó junto a Inuyasha y tragó fuerte saliva al ver cómo se cerraban las puertas. El aire ya empezaba a faltarle y respiraba con cierta dificultad pero en pocos segundos la voz de Inuyasha la distrajo de su molesta fobia.

- ¿Qué es eso del SPA?- le preguntó Inuyasha.

- Ya lo verás, te va a encantar- sonrió nerviosamente por la presión.

- Yo preferiría quedarme en la cama contigo durante todo el día.

El botones los miró un instante y luego volvió la vista al frente. Kagome se sonrojó hasta las raíces del cabello, olvidando por completo su fobia, por las palabras de Inuyasha en público. Ese hombre, no sabía contener su lívido y mucho menos esa boca suya y nunca mejor dicho. Estuvo a punto de gritar al sentir su lengua en el lóbulo de la oreja. ¿Se había vuelto loco?

- Inuyasha, mi madre sabe que me encanta ese sitio- empezó a decirle- no se va a creer que yo no haya sacado ni una foto y si no salimos de la habitación…

- Tu madre sabrá lo que hemos estado haciendo.

- ¡Inuyasha!

En ese momento se detuvo el ascensor y el botones les indicó con una mano que podían salir. Kagome suspiró aliviada por salir de aquel maldito aparato infernal que tanto odiaba y agarró el brazo de Inuyasha para tenerlo bien pegado a ella. No quería que ninguna mujer rica le hiciera proposiciones indecentes. Le arrastró fuera del recinto antes de que esas puertas volvieran a cerrarse y el botones les guió a través del pasillo hacia su habitación. Era la última de aquel pasillo y tenía unas preciosas vistas hacia la ciudad. Sonrió al ver la inmensa cama de matrimonio, la moqueta beige, las cortinas de seda color vintage, la mesa de cristal, la televisión plana… ¡Era todo maravilloso! Tan rápido como le entregó una pequeña propina al botones, se dirigió hacia el dormitorio. En el dormitorio además de la cama, había dos preciosas cómodas de diseño, un inmenso armario y un gran ventanal que daba a una encantadora terraza. Entonces, divisó la puerta del baño y se dirigió hacia él. Quedó totalmente en shock. Los azulejos, los armarios, utensilios, toallas, todo era perfecto. Abrió la puerta que estaba segura de que daría a la bañera o ducha y estuvo a punto de gritar. Era un jacuzzi enorme y junto a él una cabina para la ducha con hidromasaje. ¡Aquel sitio era el paraíso!

- ¿Kagome?

Kagome se volvió hacia Inuyasha y le dio un apasionado beso antes de correr hacia el salón dejándolo más confundido. Se dirigió a la cristalera que conectaba con la otra terraza y la abrió deseando obtener algo más de aire. No le gustaba tener puertas y ventanas cerradas por muy grande que fuera el espacio. Necesitaba tener una de las dos cosas abiertas para poder respirar.

De repente, sintió unos brazos rodeando su cintura y luego su espalda pegada a el torso del hombre al que adoraba.

- Se te ve feliz- le dio un beso en el cuello- me alegro.

- Es que este sitio es una maravilla- tenía ganas hasta de llorar por la emoción- tenemos que ir al SPA- le dijo- ya.

- Primero podríamos reconocer la cama… - sugirió- parece muy cómoda y como habrá que cambiarse de ropa… bueno… - se sonrojó- nos tenemos que desvestir igual…

- ¿Me estás proponiendo algo?- le preguntó con una sonrisa coqueta.

- Acertaste, pequeña.

Kagome rió y apenas tuvo tiempo de escapar de sus manos. Se escondió tras la mesa de cristal e Inuyasha apoyó las manos en ella desde el otro lado. Estaba dispuesto a cogerla y ella estaba deseosa de que lo hiciera pero antes, quería jugar un rato. Se apartó cuando Inuyasha saltó sobre la mesa y echó a correr hacia el dormitorio siendo seguida muy de cerca por él.

….

- ¡Esto es maravilloso!- exclamó Kagome- me encanta este lugar.

Nunca había entrado en un SPA y el estar sentada en el interior de una piscina climatizada le estaba haciendo derretirse. Tal vez, no estuviera mal ahorrar de vez en cuando para ir a un SPA. Era el lugar ideal para relajarse tal y como a ella le gustaba.

- Podrías ponerte algo encima… - murmuró Inuyasha a su lado.

- No digas tonterías- rió.

A Inuyasha no le parecieron tonterías. Kagome vestía tan solo con unas prendas similares a aquellas que llevaba bajo su ropa. El material estaba claro que era diferente y se notaba mucho más vistoso pero a él no le gustaba que llevara sólo eso en público. El conjunto azulado a rayas realzaba todos sus atributos femeninos a la perfección y otros hombres la miraban como él mismo lo hacía. No le gustaba nada. A él también le miraba alguna mujer, era imposible no darse cuenta pero es que Kagome estaba atrayendo demasiadas miradas y encima su cuerpo mojado en el interior de aquella piscina (como ella la llamó anteriormente) se veía realmente tentador.

- Te están mirando…

- A ti también te miran otras mujeres y no me ves quejarme.

- Pues quéjate- le pidió- pídeme que me vista, que me ponga algo más o que te haga el amor aquí mismo para demostrarte que soy tan tuyo como tú mía.

La mujer se sonrojó ante las atrevidas palabras de Inuyasha y desvió la mirada hacia otro lado. Habían hecho el amor en su habitación antes de bajar y le había repetido infinidad de veces que le amaba pero él parecía sentir unos celos muy superiores a los suyos propios.

- Inuyasha, no digas esas cosas en público- agarró su brazo y comprobó que nadie le escuchara- claro que nos pertenecemos pero esas cosas se hacen en privado…

- No me hace ilusión que me vean hacerte el amor pero lo haría si con eso consiguiera que dejen de mirarte…

- Inuyasha, estás exagerando.

Kagome se levantó de la piscina dispuesta a marchar hacia otro lado con él cuando vio que más de un hombre la observaba como Inuyasha solía hacerlo. Se fijó en su cuerpo apenas cubierto y no pudo terminar de explicarse el por qué la miraban tanto. Allí había mujeres más impresionantes que ella con bañadores minúsculos aunque claro, ella era la única que no se había operado. Estaba cristalino que más de la mitad de las mujeres de allí tenía una operación o más. Agarró el brazo forzándolo a levantarse y se pasó una toalla alrededor del cuerpo mientras le guiaba hacia la salida del SPA.

- Tal vez tuvieras razón- reconoció- me miraban.

- ¡Menos mal!- exclamó el hombre entrando con ella en el ascensor.

Quiso pedirle que subieran andando por las escaleras pero entonces pensó que mancharían todo el suelo, les verían otros inquilinos y hasta podrían llamarles la atención. Entonces, decidió continuar hablando para distraerse.

- No entiendo por qué me miraban a mí…- suspiró- allí había mujeres muy hermosas…

- Tú eres hermosa- le aseguró Inuyasha.

- Yo no soy tan impresionante como ninguna de ellas.

Inuyasha la observó sin poder creerlo. Kagome no podía estar hablando en serio cuando le decía toda aquella sarta de tonterías. ¿En serio no era consciente de su propia belleza? Pues él no pensaba dejar las cosas así. En cuanto llegaran a la habitación le iba a mostrar lo hermosa que era ella en verdad para que nunca más volviera a dudar de sí misma. Estaba harto de que Kagome dudara de su belleza, su inteligencia, su moralidad y toda clase de facultades que ella poseía. Kagome iba a aprender a gustarse costara lo que costase.

Entraron en la habitación y Kagome se dirigió inmediatamente a la ducha para probar el hidromasaje y quitarse de encima el cloro. Estaba disfrutando de aquella maravillosa ducha cuando sintió las manos de Inuyasha en su espalda.

- Inuyasha, ahora no…

- Ven conmigo.

- ¿A dónde?

Sintió cómo era alzada y sacada de la cabina de la ducha.

- ¡Espera!- se soltó- voy a quitarme el jabón.

Inuyasha permitió que se quitara el jabón y se escurriera el pelo e incluso dejó que agarrara una toalla y comenzara a secarse el cuerpo. Tampoco quería que la muchacha se resfriara. La llevó con él hacia un gran espejo que había descubierto en el dormitorio y la puso ante él. Ella le miró sin entender hasta que le arrancó la toalla y gritó mientras intentaba cubrirse.

- ¿Qué haces?

- Quiero que te mires en ese espejo.

- ¿Qué?- se sonrojó- de eso nada.

Intentó marcharse, correr hacia el baño a por otra toalla y a vestirse con la ropa que dejó allí pero él la agarró firmemente y la obligó a mirarse. La obligó a ver su cuerpo desnudo reflejado en el espejo y ella sintió ganas de que la tierra la tragase. Le costaba verse desnuda a sí misma más que ver a otros pero que Inuyasha le pidiera que se mirara y encima delante de él, era demasiado fuerte. Intentó retroceder pero él no se lo permitió, quiso persuadirle pero él parecía estar decidido. Finalmente, se miró.

- Ya me he visto.

- No te has visto bien- le insistió.

- Pero…

- Eres hermosa…

Soltó un bufido siendo recompensada con un pellizco.

- Te vas a quedar aquí conmigo hasta que digas y reconozcas que eres hermosa.

No podía estar hablando en serio. El propósito de mirarse al espejo era hacerle creer que de verdad era hermosa. Se miró pensando una vez más que era una chica corriente y luego le miró a él a través del espejo y pensó una vez más que desentonaba totalmente con él. Inuyasha parecía un modelo sacado de las mejores revistas de moda y ella una chica normal y corriente que no podría aspirar a salir en una revista ni en sus mejores sueños. Ahora bien, en la mirada de Inuyasha volvió a ver algo que siempre la intrigaba. Dio media vuelta sorprendiéndose de que él se lo permitiera y alzó las manos para enmarcar su rostro con ellas. Él la veía en verdad hermosa, por la forma en que la miraba era capaz de darse cuenta de ello y le hacía sentirse hermosa de verdad.

- Inuyasha…

- ¿Sí, pequeña?

- Tienes razón.

Inuyasha sonrió ante lo que la mujer acababa de decirle y se atrevió a arriesgarse un poco más.

- Dilo.

- Soy hermosa.

No pudo evitarlo, la abrazó y la besó contento de que ella lo hubiera reconocido. Pensó que le iba a costar más convencerla y de hecho, Kagome parecía decidida a decirle que no pero cuando le miró a los ojos su expresión cambió completamente. A lo mejor ella se había dado cuenta de cómo él la miraba y había sido capaz de verse a través de sus ojos.

- Tengo hambre… - le dijo- ¿pedimos algo?

Inuyasha asintió con la cabeza y cogió el menú que ella le ofrecía para pedir mientras se cambiaba. Había muchas cosas que sabía hacer tras su amnesia pero el teléfono era una de esas cosas que no le salían solas. Tuvieron que enseñarle a utilizarlo y aún así tampoco es que lo usara demasiado. Ésa era una de las pocas veces que iba a usarlo. En pocas ocasiones se encontraba con kanjis que fuera capaz de leer y ésa, era una de esas ocasiones. Mientras espiaba por la apertura de la puerta del dormitorio cómo Kagome se daba crema por todo el cuerpo y se vestía, se llevó el auricular a la oreja sintiéndose extraño y empezó a hablar. Pidió todo lo que sabía que a Kagome le gustaba ya que a él le gustaba todo y se acercó a la mesilla para dejar el teléfono otra vez. Justo en ese instante, salió Kagome de la habitación llevando puesto el vestido que él le regaló mientras se ponía unos pendientes de aro.

- Ahora mismo traen la comida.

- No, quiero bajar al restaurante.

- ¿Por qué?

- Acabo de ver la guía del hotel y tienen karaoke- se llevó las manos al pecho- siempre he querido ir a uno pero son muy caros y éste es gratis.

- ¿Qué es un karaoke?- le preguntó sin entender.

- Tú escoges una canción de las que ofertan y la cantas.

La idea le encantó. Escuchar a Kagome cantando era demasiado tentador como para perder la oportunidad de hacerlo. Agarró el teléfono y volvió a llamar al restaurante diciendo que no subieran la comida ya que bajarían ellos. Observó encantado cómo Kagome giraba sobre sí misma mientras observaba su propio reflejo en el espejo y gruñó pensando en que tendría que vigilarla muy de cerca. Una chica tan bonita vestida de una forma tan inocente, era la tentación de cualquier hombre y más aún de uno con dinero. Allí todos parecían tener mucho dinero mientras que él se percataba cada vez más de que el dinero que ganaba, por muy alto que fuera respecto a los sueldos de sus compañeros de trabajo, no era suficiente para consentir a Kagome todo lo que desearía.

Le pasó un brazo sobre los hombros y salieron de la habitación asegurándose de cerrar bien. Por cuarta vez en ese día, se percató de que ella ralentizaba el paso cuando se iban acercando a ese cubículo llamado ascensor. No parecía peligroso por lo que no entendía su renuencia a montar.

- Estoy deseando llegar al karaoke- le dijo nerviosamente- ya sé qué canción voy a cantar- tiró de él hacia las escaleras- mejor si hacemos un poco de ejercicio.

- El ascensor es mucho más rápido.

- Pero…

No le permitió seguir quejándose y la arrastró con él hacia el interior del ascensor. Ella se sujetó con fuerza a su brazo y le clavó las uñas en la piel hasta que la puerta volvió a abrirse y salió disparada. Él se quedó parado unos instantes mirando el ascensor para intentar descubrir qué tenía de malo pero al ver que la joven se iba sin él, la siguió.

Él se sentó en la mesa que les indicó el camarero pero ella corrió hacia un pequeño escenario y se subió mientras les iba indicando la canción que deseaba cantar. Impacientemente, se colocó la servilleta sobre el regazo y agarró la cámara que les había prestado su madre. Le pidió que sacara muchas fotos y le enseñó cómo hacerlo antes de que se fueran de clase. Las luces se fueron apagando hasta que sólo quedaba un rayo de luz iluminando a Kagome y empezó a sonar una suave música que incitaba cerrar los ojos para disfrutarla.

My baby dont care for shows
My baby dont care for clothes
My baby just cares for me
My baby don't care for cars and races
My baby don't care for high-tone places

Liz Taylor is not his style
And even Lana turners smile
Is something he can't see
My baby don't care who knows
My baby just cares for me

Baby, my baby don't care for shows
And he don't even care for clothes
He cares for me
My baby don't care
For cars and races
My baby don't care for
He don't care for high-tone places

Liz Taylor is not his style
And even liberaces smile
Is something he can't see
Is something he can't see
I wonder whets wrong with baby
My baby just cares for
My baby just cares for
My baby just cares for me

My baby don't care for shows
My baby don't care for clothes
My baby just cares for me
My baby don't care for cars and races
My baby don't care for high-tone places

Liz Taylor is not his style
And even Lana turners smile
Is something he can't see

My baby don't care who knows it
My baby just cares for me

My baby don't care for shows
And he don't even care for clothes
My baby just cares for me

My baby don't care for cars and races
My baby don't care for
He don't care for high-tone places

I wonder what's wrong with baby
My baby just cares for
Just says his prayers for
My baby just cares for me

Cuando la música terminó y el sonido de los aplausos inundó sus oídos fue como despertar del mejor de sus sueños. Kagome tenía la voz de un ángel, literalmente. No sabía cómo ella no podía dedicarse a cantar, se haría millonaria con esa voz. La vibración era magnífica, el tono perfectamente entonado, la melodía suave y sensual, el timbre de su voz no era grave pero tampoco demasiado agudo. Resultaba una voz muy femenina, muy sexi y a la vez daba la impresión de que fuera tan delicada. La volvió a fotografiar antes de que bajara del escenario y se puso un pie cuando llego hasta la mesa.

- Has estado fantástica- le aseguró- tu voz… tú…

Kagome se sonrojó ante los balbuceos del hombre y aceptó su ayuda para sentarse.

- Gracias.

Inuyasha no había sido capaz de decirlo pero sabía a la perfección lo que él quería decirle y le costaba tanto.

- Mientras cantabas llegó la comida pero no fui capaz de comer nada porque yo… bueno… - volvió a sonrojarse- te veías preciosa…

- Me alegro de que te haya gustado.

Estaban empezando a comer cuando se acercó un hombre trajeado y apoyando una mano sobre la mesa se quedó mirándola fijamente. Ella se sonrojó porque él era guapo y porque aquella invasión de su intimidad la ponía nerviosa. No estaba acostumbrada a que nadie se acercara tanto a ella.

- ¿Estás libre?

No tuvo tiempo ni a rechazarle.

- Está ocupada- contestó Inuyasha- conmigo.

El hombre miró a la competencia y al percatarse de que Inuyasha era un hombre atractivo, se echó atrás y les dejó solos.

- Le asustaste…

- Eso le pasa por acercarse a mi chica- sonrió.

- ¡Tonto!

Kagome le dio un puñetazo en el hombro y empezaron a comer todo lo que había sobre la mesa.

Continuará…