Muchísimas gracias por todos vuestros comentarios, ya hemos llegado a los 53 ¡Estoy súper feliz! Os adoro, tanto como adoro a Regina y a Emma.

Que vayan subiendo esos comentarios y a su vez la relación SwanQueen avanzara con ellos.


CAPITULO 14

- ¿Seguro que quiere dormir aquí conmigo señorita Swan? – preguntó la morena con un tono más bajó de lo normal -. ¿Podrá dormir después de lo de esta mañana?

Emma trago en secó, para nada se imaginó aquello, Regina a escasos centímetros de ella, apoyada sobre su brazo, hablándole de aquella manera, con aquel tono tan seductor, recordándole la imagen de su profesora semidesnuda. Fijó los ojos en los de la morena y se mojó los labios, ansiaba tanto volver a probarlos, una vez más, tan solo una, aunque sabía que una vez los tuviera de nuevo no los iba a soltar jamás.

Emma se mordió el interior del labio y dijo:

- Aunque me quedé toda la noche despierta me voy a pasar la noche contigo.

La verdad no se podía negar, Regina adoraba a aquella rubia, lo que había empezado como algo no muy ético, había acabado con un sentimiento, seguía no siendo ético pero al fin y al cabo los sentimientos no se pueden negar.

- Así que sí, estoy segura – dijo de nuevo Emma.

Estaba claro que en aquella cama había sentimientos, más o menos profundos, pero sentimientos.

- Señorita Swan…

- No voy a quejarme, mi apellido en sus labios queda… buff…

La morena la ignoró y siguió hablando

- Señorita Swan… ¿quiere seguir con lo de esta mañana? – Regina echó parte de su trozó de sabana hacia un lado mostrando parte de su pierna, aquella que su alumna ya conocía.

Regina acabó de deslizar la sabana, muy lentamente, por su cuerpo y esperó a ver la reacción de la rubia. Emma deslizó sus manos por su cuerpo tapado secando el sudor que había aparecido en las palmas de sus manos. No podía ser bueno para la salud tener ahí el cuerpo de aquella diosa morena y que tu cuerpo no reaccionara cuando tu cabeza gritaba a pleno pulmón que te movieras.

- ¿Señorita Swan? – Emma no se movía.

Regina se incorporó y se arrodilló sobre las piernas de Emma esperando respuesta alguna.

Y ahí estaba, sintiendo el calor del cuerpo de Regina sobre el suyo, sus pernas abiertas sobre sus caderas, su pecho a la altura de su mirada y sus labios un poco más lejos del alcance que le gustaría.

- ¿Emma? – Regina se acercó a sus labios y sin tocarlos, solo rozándolos, le habló de nuevo - ¿Me ves? ¿Quieres que me baje?

La rubia negó y rodeó el cuerpo de la morena con sus brazos.

Regina se acercó sus labios a los de Emma y los volvió a besar, aunque no lo iba a admitir los había echado de menos. Empezó a besarla lentamente, no quería forzar nada, n quería adelantar nada, solamente quería disfrutar de aquel beso. Emma no se hizo esperar, subió la mano y la enroscó entre los cabellos de la morena mientras entreabría los labios. Las manos de Regina acariciaron el rostro de Emma mientras que rompía aquel beso y bajaba hasta el hueco de su cuello. Emma estaba disfrutando, sentía como a cada beso húmedo que su profesora dejaba sobre su piel, la excitación entre sus piernas crecía. Y más al sentir como las caderas de Regina se movían sobre la sabana que tapaba parte de su propio cuerpo.

- Regina – jadeó la rubia bajando las manos hasta quedarse cerca del pecho de la morena.

La morena notó aquel movimiento y llevada por la situación estrechó la distancia entre ambas dejando a Emma un mejor acceso a su cuerpo. La rubia acarició los pechos de la morena, los podía notar perfectamente a través de su camiseta. Regina jadeaba y se fregaba contra el cuerpo de Emma, hacía tanto que nadie la tocaba de aquella forma… Emma seguía entretenida en aquella parte del pecho, pero no le era suficiente, quería verla, quería verlos sin nada sobre ellos. Deslizó la fina tela sobre la cabeza de la morena y la dejó desnuda de cintura para arriba. Se quedó mirándolos, sin atreverse a tocarlos de nuevo, no de aquella forma, los tenía todos para ella, pero era Regina la que estaba sobre ella, su amor platónico, estaba sucediendo aquello que siempre había pensado que nunca iba a suceder, era ahora cuando no sabía cómo reaccionar. Regina debió de haberlo notado en su mirada ya que cogió una de las manos de la rubia y se la llevó al pecho. Emma volvió a sentir aquel calor recorrerle el cuerpo, aquel tacto suave del pecho de Regina. Los acarició más suavemente, casi con medio rozando aquel pequeño pezón duro oyendo a Regina excitarse más con cada uno de sus toques.

Regina intentaba no gritar, intentaba no dejarse llevar tal como deseaba. Las manos de la morena sujetaron con fiereza el cabezal de la cama de la rubia al sentir sus labios sobre su pezón izquierdo, Emma se estaba soltando dado que su mano viajó hasta llegar a la cintura de la morena buscando colarse en la ropa interior de la morena. Regina sintió como la palma de la rubia apretaba levemente sobre su pubis y abrió los ojos de par en par.

- Emma… no… para… - Regina había cambiado de actitud en menos de un segundo -. Aún no, no así, no siendo tu menor de edad, no con Ruby aquí al lado.

Emma, algo confusa, le dio la razón, veía como su momento, aquel momento de hacer completamente suya a la morena había desaparecido en el aire.

- Ven, quiero tocarte yo a ti, sin llegar a mayores, ya habrá tiempo para ello – prometió la profesora.

Emma se abrazó a la morena y se dejó hacer. Dejó que Regina la besara de nuevo, dejó que la desvistiera, que mirase su cuerpo desnudo, dejó que deslizara sus manos por él, dejo que acariciara sus muslos, que se restregara en ella, dejó hacerle todo lo que deseaba, dejó que ella cogiera aquella vez las riendas. Dejó que ella decidiera, y solo se concentro en dejar que sus labios suspiraran…


Miércoles

Emma abrió los ojos cuando oyó a Ruby maldecir al otro lado de la puerta de su cuarto, sonrió sabiendo que se había vuelto a golpear la pierna con una de las sillas del comedor, como siempre. Parte del cuerpo de Regina estaba sobre el suyo rodeándolo, como si temiera que se escapara. "Cómo si yo quisiera alejarme de esta cama" pensó la rubia sonriendo a una Regina dormida como una tonta. Se apoyó mejor en ella y volvió a cerrar los ojos aspirando el aroma dulzón a manzana.


Al despertar Regina, esta se vio aprisionada por las piernas de la rubia que se habían enroscado en las de ella en algún momento. La miró, tomó consciencia de lo que sucedió anoche, y sonrió. No se sentía para nada culpable, sino todo lo contrario, quería volver a besar cada centímetro de su piel y cuando llegase el momento tomarla como había deseado hacerlo aquella misma noche.

- Emma… - susurró al borde de su oído.

La rubia se removió y a regañadientes abrió un solo ojo.

- ¿Cuándo es tu cumpleaños? – quiso saber Regina, necesitaba saber cuánto tiempo tendría que aguantar hasta poderla hacer completamente suya.

- Dos meses – se limitó a decir esta, cerrando de nuevo los ojos y acurrucándose de nuevo en el hueco del cuerpo de la morena, quería volver a dormir.

- Dos meses – repitió la morena más para sí, era bastante tiempo pero mejor que fuesen dos meses y no tres -. Venga, levanta que vamos a llegar tarde.

- Ve tú, yo me quedó durmiendo – dijo Emma mientras aferraba la camisa de la morena entre sus dedos.

Regina divertida destapó a su alumna y empezó a acariciarle la pierna haciendo que Emma despertara automáticamente y sonriera creyendo que volverían a repetir lo de anoche. Pero se equivocó, cuando la morena la vio así, la agarró por la muñeca y la arrastro fuera de la cama.


Zelena volvía a estar vigilando la residencia de los Swan, quería saber si aquella noche la EvilQueen había vuelto a engañar a su rubia. La pelirroja vio a salir a la rubia con la EvilQueen de nuevo y acompañada por aquella joven morena que ya había visto antes. Su cara se tiñó de un rojo intenso al comprender lo que había pasado, Regina y aquella otra morena habían obligado a la rubia a hacer un trío. Zelena estaba verde de la envidia y roja de ira. ¿Cómo se habían atrevido a hacerle algo semejante a Emma? ¿Cómo Emma no lo podía recordar? ¿Qué le daban para que sonriera de aquella manera? Zelena deseaba ser la única que tocase a Emma, la única que la besase, la única que la hiciera disfrutar, la única que le quitara un grito de aquellos labios.


Regina se separó de Emma una vez entrado al Instituto, si fuese por ella la besaría a modo de despedida pero dudaba que aquel lugar viese con buenos ojos el amor que sentían una por la otra.

Sabiendo lo que pensaba la morena, Emma tapó la espalda de la morena con su cuerpo y cuando vio que nadie miraba acarició y pellizco suavemente el culo de su profesora. Regina al sentirlo saltó y ahogo un grito con sus propias manos, la miró, Emma le guiño un ojo y se largo dejando a una Regina sorprendida y de nuevo excitada.


Espero que os haya gustado, he decidido hacer que Regina dejé atrás todos aquellos prejuicios. ¿Queréis que siga en ese camino o que se eche atrás una vez consciente de lo que ha sucedido?

¡A vuestras ordenes!

¡Nos leemos!