Disclaimer: Todos los personajes le pertenecen a la maravillosamente talentosa Sra. Stephenie Meyer, mis historias solo son para desahogar el impulso de lanzarme sobre Edward aunque este casado (lo siento Bella) C:
Summary: Bien dicen que hay grandes historias que inician con un encuentro casual en un bar. ¿Será que Edward Cullen encaja en el personaje masculino? Porque Isabella Swan conoce sus líneas a la perfección.
Playlist de este capítulo:
Alejandro Sanz – Toca para mí
Ricardo Arjona: Tu reputación
Julieta Venegas: Lento
Qué tu ¿Qué?
Capítulo 13
—Amor, es hora de despertar. Sí a papá se le ocurre venir ahora… —Bella susurró aquellas palabras en el oído de Edward, y sólo un par de segundos después él recobró sus cinco sentidos para brincar de la cama, desnudo y hermoso.
—No hagas eso, si no, seré yo la que no quiera salir de aquí. —sonrió ante su rostro asustado y desencajado. —Anoche parecías no tener problemas cuando me hacías gritar tu nombre… —descubrió su cuerpo y él no pudo evitar verla entera y desnuda. En todo su esplendor. Bella sonrió más que ampliamente. —¿Por qué no vienes un momento y medas algo de cariñito? Quiero un besito de buenos días, amor.
—Bella… —él tragó en seco, estaba nervioso, pero al no tener con que cubrirse ella pudo ver que su cuerpo estaba muy de acuerdo con cumplirle. Amaba sus reacciones poderosas y grandiosas.
—Ven cariño, no muerdo… a menos que quieras. —ésta vez hasta le guiñó un ojo.
Tenerlo en sus manos nuevamente solo la hacía sentirse más poderosa. Su cuerpo la hizo vibrar nuevamente, aunque en esa oportunidad fue ella la que intentó controlarse de gritar, puede que anoche estuviesen algo absortos y dedicados a sentir pero ahora, debían controlarse por su bien y la integridad mental del padre de Bella, Charlie. Y la integridad física de Edward.
…
POV BELLA
Sabía que mis padres no molestarían ni nada. Sobre todo porque mi mamá le dejó en claro muchas cosas a papá durante nuestro desayuno, él —sonrojadísimo de ira— se contuvo de todo y la obedeció. No quería ni pensar que castigo le daría mi madre si no hiciera lo que ella deseaba, pero ese realmente no era mi asunto. Mi papá sabía qué hace tiempo yo había pasado la mayoría de edad y no merecía ningún reproche, porque siempre había sido una chica ejemplar. Bueno, tal vez exagero un poquito. Pero nunca le causé problemas engorrosos. Una que otra mentirilla no le hacía daño a su integridad, pero jamás robé o me drogué o algo así de pesado… así que no estaba tan perturbada. Además ahora no me había dejado llevar a ningún "chico malo" sino por el contrario, a mi Edward, al que amaba con locura.
El día pasó bastante rápido, cociné con ayuda de Edward y preparamos la mesa para disfrutar de una agradable conversación con mis padres, parecía estar menos atrincherado que de costumbre, solo hasta ese momento me di cuenta que mi padre miraba a Edward de forma diferente.
—Hablé con tu padre, cuando saliste de compras con tu madre… —me dijo Edward, antes de terminar de lavar los platos. Me quedé en shock. ¿Será que mi padre si oyó nuestro encuentro nocturno… y matutino? —Tranquila, no me gritó ni me amenazó, sólo me pidió que te cuidara, me explicó que para él fue muy difícil darse cuenta que estabas "en otra onda" conmigo, que me querías más de lo que le gustaría, así que aquí estamos, con su bendición. Aunque claro, tuve que ser sumamente sincero de mis intenciones contigo.
—Entonces…
—Le dije que te amaba. —Me aventé a sus brazos aun sin secarme las manos siquiera, y lo llené de besos en donde encontré espacio.
—Sabes que te amo… pero esto es más. Tú, eres más… Edward Cullen, vas tener que pedirme que sea tuya para siempre, o sino…
—También hablé de eso con tu padre, —susurró muy lentamente —Y quiere que nos lo tomemos con calma, no hay prisas… a menos que te deje embarazada y ahí si me dará caza…
—Tú quieres… ¿en serio? ¿Tu…?
—Casarme contigo ¿Eso me preguntas…? —me vio a los ojos como escaneándome.
—Ajá —de pronto me sentí cohibida, esto era demasiado para mi corazón y muy rápido también.
—¿Tú… quieres casarte conmigo? —iba a responder pero me detuvo cuando siguió hablando parecía no darse cuenta que yo quería decir algo, así que continuó —¿Unirte a mí para siempre y olvidarte de fiestas y reuniones por pasarte dándome tu valioso tiempo, tu atenciones? ¿Quieres que nos amemos el resto de nuestras vidas, que compartamos tristezas y alegrías, que seamos parte uno del otro para siempre…? —no pude evitarlo más, lo besé con mi alma, sus palabras eran tan tiernas, tan… dulces y sinceras, lo amaba, lo amaba. Solo me quedaba demostrárselo.
—Sí, quiero Edward.
Estábamos sólo esperando a Elvis para que oficiara la boda…
No, estoy bromeando nada más. Oh, claro, Edward me había pedido que me casara con él… pero nunca me dijo que fuese inmediatamente, teníamos que tomárnoslo con calma, además yo ni conocía a su familia, o a cualquiera de sus amigos excepto Ben, obvio, pero no era solo por eso, Edward y yo decidimos esperarnos, estábamos muy seguros que íbamos a estar juntos siempre, pero aun había que fortalecer nuestra relación.
No nos habíamos peleado, no habíamos tenido ideas demasiados diferentes, no había habido nada más que felicidad y ahora había que enfrentarnos a toda una gran fila de desconocidos y familiares.
Además estaba el trabajo, aun ni habíamos pensado en cómo solucionar tantas cosas… así que no ganábamos nada con apresurarnos, debíamos entendernos mucho antes, y conocernos más.
Y como tope, Edward me contó que estábamos invitados a la fiesta de Garret, el prometido de su hermana mayor, Kate, y era penas en unos días, el viernes… y ya estábamos a Domingo. Tenía un lío que resolver antes de pensar en cualquier cosa, y más si era tan grande como un matrimonio.
Edward también me había dejado en claro que debíamos esperar un poco a que mi padre se acostumbrase a la idea de que estuviese cerca y con frecuencia en mi vida para que se diese cuenta de cuan seguro estaba de mí.
Y desde luego hacer una pedida de mano "oficial"
¡Dios! a veces me parecía que lo había rescatado del siglo anterior, pero me fascinaba su romanticismo. Y estaba muy de acuerdo con lo que me dijo, no podíamos apresurarnos en nada, teníamos que disfrutar lo que sentíamos al máximo.
Así que nos la pasamos el resto del día con los arreglos para volver a casa, nuestra burbuja seguía sin ser perturbada y mis padres parecían estar tranquilos, lo de su matrimonio, o renovación de votos, sería todavía en un poco más que un mes así que todavía nos quedaba mucho pastel por rebanar.
En pocas palabras teníamos acuerdos nupciales por todos lados, ya que apenas nos separaban unas poquísimas semanas del matrimonio de Kate y Garret.
¡Todo el mundo quería casarse!
Bueno, poco a poco había que adaptarse a eso, seguramente Ben y Ángela serían los siguientes.
Lo sé, lo sé. Era demasiado.
…
Cuando regresamos a casa, o al menos cuando estábamos saliendo de la casa de mis padres, ya respirábamos de manera distinta, con menos tensión.
En el aeropuerto pasó algo extraño, una de mis primas lejanas saludó a Edward, reconociéndolo antes incluso que a mí.
—Entonces la historia es cierta… era por un amor que estabas acá… —me miró detenidamente y añadió- ¿Bella?, Oh Dios, —está vez volvió a hablarle a Edward —con toda razón te morías de miedo por ver a Charlie, mi tío puede ser muy amedrentador, yo lo sé de primera mano.
—Hola, Jane. ¿Charlie Swan es tío tuyo? —Edward parecía igual de sorprendido. —El mundo definitivamente es un pañuelo, pero ahora las cosas están aclaradas, felizmente.
—Sí, me imagino, sino ya te veía como una de las tantas víctimas de osos pardos en el bosque…
—Okay. —dijo él lentamente, como dándose cuenta rápidamente de lo que Jane quiso decirle.
…
Se despidieron luego animadamente, Jane era de las pocas personas que no se demoraba demasiado en decirte lo que pensaba de todo, absolutamente.
La verdad no sabía que pensar, hasta que en pleno vuelo Edward me contó cómo se había suscitado su encuentro con ella al salir en dirección a Forks. Me reí, no podía evitarlo, el imaginármelo con una reacción de sorpresa a tamaña duda me hacía pensar que ese hubiera sido un momento maravilloso para tomarle una fotografía y mostrársela a nuestros futuros…
Hey, ¿qué? ¿Qué iba a decir…? Lo sé, es demasiado pronto ¿no?
Bueno, como iba explicando, todo lo que me contó encajaba muy bien, supongo que las inseguridades de verlo con alguien más que yo me hacían sentir celosa… es la primera vez que me enamoro así, ¿Qué esperaban?
Llegamos a la ciudad y esperé que fuéramos a su departamento, quería dormir con él y amarlo durante toda la noche allí en su cama. Y a la mañana siguiente no preocuparnos de nada pero tenía que trabajar al día siguiente y yo aprovecharía para arreglar una visita de último minuto al centro comercial, ya que no contaba con algo que me sirviera para ir a un evento tan importante y serio como que me presentaran a la familia de novio, quién también resultaba ser el amor de mi vida por cierto.
Así que decidimos quedarnos un rato al lado de mi puerta besándonos como si el mundo fuese a terminar mañana. Con lo que no contamos para nada, ninguno de los dos, fue que nuestros cuerpos ya estaban muy encendidos, y que nuestras ansias fueron tales que quisimos devorarnos a expensas de mis vecinos, y de todos los chismosos que rondaban mi departamento a esas horas. Lo que pasó al cerrar la puerta de mi departamento con Edward dentro fue de otro mundo, parecía que jamás íbamos a tener suficiente, que hubiésemos estado separados una verdadera eternidad.
Le demostré cuanto lo amaba mientras acariciaba su piel expuesta ante mi tacto, ante mi aliento. Edward reaccionaba de una manera tan deliciosa como entregada, y me hacía volar con sus caricias.
Intenté desnudarlo lentamente, al menos en mi mente lo intenté, pero la lujuria me invadía, cada vez que lo tenía estaba a ese nivel o mayor, me daba algo de inquietud pensar si en algún momento este… anhelo de poseerlo en todo sentido, disminuiría, o que terminaría por desaparecer; pero cada vez que lo volvía a sentir conmigo de esta forma tan íntima sólo incrementaba, crecía con intensidad y enormemente.
Tomó mi nuca acariciándome profundamente, todo cuanto podía y yo me aproveché del momento arrinconándolo a la primera pared que había a mi alcance. Apreté mi cuerpo al suyo, haciéndole gemir al instante. ¡Estaba tan entusiasmado! Su erección la podía sentir perfectamente, y me provocó un jadeó profundo y ronco.
Esto era el cielo.
Traté de llevar sus manos cerca de mis senos mientras que me restregaba enérgicamente, él estuvo más que dispuesto. Parecía tener muchísimo ímpetu por desnudarme ahora que estábamos completamente solos y sin ninguna interrupción.
Edward, sabía a la perfección como volverme loca a pesar de que no habíamos pasado demasiado tiempo sin haber disfrutado de este tipo de actividades, y yo no hacía más que temblar. Temblar de deseo, de ansiedad febril.
—Vamos a tu habi… —susurró cuando dejé su boca libre por unos segundos.
—Tómame aquí…, por favor. —le corté, ardiendo.
—Estamos… en el living. —dijo contrariado.
—Exacto… —jadeé. —Quiero que lo hagamos aquí. Contra la pared, por favor. —lo del final lo pronuncié despacio en su oído.
El soltó un gemido ahogado, desgarrado desde el fondo de la garganta, encendiéndome aún más de lo que esperaba.
—Tómame, tómame Edward. —gemí nuevamente de forma casi embarazosa. Pero a su lujuria parecía emocionarla hasta límites insospechados ya que me acorraló esta vez a mí y guió mis piernas en sus caderas para poder tener acceso libre a mi boca y cuello.
¡Amaba que se pusiera así de dominante!
Aunque solo sea por momentos.
Recorrió mi pecho intensamente con sus labios mientras desabrochaba como podía los botones, con una mano, y yo intentaba calmarme un poco para desnudarlo también, sólo quería tenerlo conmigo, era demasiada urgencia y ardor.
—Vamos cariño, arranca los botones, estoy ansiosa… —él obedeció. Y lo hizo muy bien, tomó con ferocidad el resto de la prenda y la haló fuerte.
¡Me encantaba esa parte descontrolada y salvaje que tenía!
—Bella, estoy muriendo aquí, mi amor… te necesito tanto, siempre… —Dios, esas palabras, pocas veces expresaba su necesidad por mí, su anhelo. Y yo moría de a pocos cuando lo hacía.
Apretó su dureza contra mi pelvis ansiosa por sus roces, era la sensación más deliciosa, el preludio al festín… al amor.
Una vez que nuestra lucha de ansias estuvo llegó a su fin con nuestra ropa en el piso, se introdujo sensualmente en mí, lentamente haciéndome sentir centímetro a centímetro de su longitud. ¡Era un calvario! Pero el más placentero que había experimentado jamás.
El más sublime…
Cuando empezó a darle ritmo a las estocadas de su miembro en mi interior yo no hacía más que morderle los labios o el cuello para intentar calmar un poco el maravilloso cosquilleo que se acumulaba desde la punta de mis pies y me recorría entera, anidándose en mi vientre, anudándose decididamente provocando espasmos de placer en mi columna.
Estábamos tan cerca… y se detuvo.
—Bella… quiero…
—No te detengas, por favor… —supliqué perdida en el deseo de tocar el cielo entre sus brazos.
—Escucha, por favor… —asentí en contra de mi razón —Quiero, intentar algo nuevo… —mis ojos se abrieron desmesuradamente debido a la sorpresa, ¡él quería poner iniciativa!
—¿Qué…? —apenas podía pensar coherentemente mientras él seguía dentro de mí —¿Qué es lo que piensas amor? ¿Qué deseas?
—Salir… salir y —se sonrojó. Dios bendito del Cielo, ¿porque demonios se cortaba en este momento?
—¿Y qué corazón…?
—Y darte la vuelta… —susurró de una forma tan baja que creí alucinar un poco. Estaba pensando en…
—Sí, si mi amor, haré lo que quieras… —Dios, el recordarlo la vez anterior con sus manos tomando mis senos mientras estaba detrás me hacía humedecer hasta lo imposible, y ahora él deseaba tomarme así, justo así. Dios el nudo se hacía más demandante…
—¿En serio? —cuestioné bajando mis piernas despacio para que pudiese salir de mí. Lo hizo y cuando sentí el vacío de no tenerlo, la ansiedad de volverlo a sentir llenándome me ponía nuevamente.
Giré, entre mareada y alborotada, entusiasmadísima.
—Bella ¿estás segura, mi amor?
—Si… —mi voz temblorosa pues aún estaba presa del deseo.
Entonces, suavemente acarició mis hombros, como venerándome, y besó mi nuca antes de repartir unos cuantos besos en mi espalda y subir a la altura de mi cabello.
—No quiero lastimarte, voy despacio ¿sí?
—No necesitas disculparte… te quiero dentro de mí, tu jamás… me harías daño. —susurré entregada a sus besos, a su piel. Dios, amaba cada segundo de su toque.
Fue despacio como prometió, pero yo no pude evitar moverme rápidamente una vez que me entregué al completo a su ritmo. Era la tortura más sublime, una tortura que pensaba repetir innumerables veces.
Llegamos a descontrolarnos o al menos yo lo hice, y al culminar sólo grité hasta quedarme algo afónica. Fue intenso, memorable, urgente, agudo, indefinible. Como si un montón de rocas golpeasen mi ser con placer.
Él se derrumbó conmigo en brazos y agotados sonreímos cómplices. Casi ilógicamente y contra todo pronóstico me llevó en brazos a la cama y nos arropó a ambos, estaba exhausta, los viajes me dejaban así y ahora con este novio tan exigente (sí, claro ¿Quién cree que me quejo?) estaba aún peor. Ojalá mañana no tenga problemas para levantarme.
¿En realidad creyeron que sólo habría uno? Jijiji. ¡Sorpresa! Ahora díganme, ¿Que les pareció?
Besos.
Ale!
