Hola, corazones.
Siento haber tardado tanto en actualizar el fic, pero he pasado unos días con bastante estrés por el trabajo y la salud, y ahora que estoy disfrutando de vacaciones, he tenido tiempo para escribir un nuevo capítulo y se me han renovado las ideas.
Ante todo, mando un abrazo fortísimo a Jor, a Joanne, a Celina y a Cirze, a las que adoro.
Sobre esta última, Cirze, mi amiga de toda la vida y a quien quiero profundamente, tengo que deciros que acaba de publicar el principio de dos historias geniales: "Regreso a Hamunaptra" id:4654590, una historia de La Momia que sucede entre la primera y la segunda película, muy buena, os lo aseguro; y "La mayor aventura del Pirata Roberts" id:4649027, una historia que retoma La princesa prometida después de finalizar y que yo no conocía pero que me está encantando. Si os gustan La Momia y La princesa prometida, por favor, no dejéis de leer estas dos historias porque son muy entretenidas, bien escritas y tienen romance, imaginación y aventura para dar y tomar.
También quiero saludar a DuLcE!!!*, a quien no he podido responder el review porque no dejó un mail donde escribirle. Muchas gracias por leer el fic, cielo.
Seguimos con capítulos de transición, pero veréis que la trama de los mortífiagos está a punta de comenzar con fuerza y de forma definitiva. Mientras tanto, por favor, disfrutad de las vivencias de todos los personajes.
Muchos besos y abrazos a discreción, e infintas gracias por estar ahí (para los que se han incorporado recientemente) y por seguir ahí (a quienes me acompañan desde el principio en mi andadura con este fic).
Ginevre.
Capítulo 14: ¿Vacaciones?.
Draco esperaba pacientemente en el comedor de la casa de Harry y Ginny a que esta última acomodara a los niños en su cuarto de juegos, dejándolos durante un rato al cuidado de Dobby. Había ido al Valle de Godric para retomar con su amigo la conversación que tenían pendiente sobre los descabellados planes que los mortífagos pensaban emprender en breve, pero se había encontrado con que el auror, antes de comenzar verdaderamente sus vacaciones, se había marchado al Ministerio para dar las instrucciones oportunas con respecto a los casos abiertos en los que sus hombres y él estaban trabajando e indicarles la forma de localizarle si, no estando él, se enfrentaban a nuevos problemas que necesitasen de su ayuda o sus decisiones.
Parecía ser que Ginny y él habían discutido aquella mañana porque ya el primer día de sus vacaciones el joven se las estaba saltando a la torera para resolver asuntos de trabajo y, aunque la pelirroja entendía perfectamente las razones de su marido para marchar al Ministerio, temía que allí surgiera algún asunto importante de última hora que enredara a Harry de tal manera que este decidiese posponerlas nuevamente. Total, aquello era la tónica general en la vida del auror: las vacaciones para él siempre habían sido una hermosa pero lejana utopía que ella todavía no estaba convencida de que se fuese a realizar. Ni siquiera habían disfrutado de un viaje de novios en condiciones.
Draco sonrió para sus adentros. Esos dos últimamente discutían a menudo pero su relación estaba más afianzada que nunca después de su reconciliación definitiva tras el incidente en que él mismo había estado desgraciadamente implicado. Ginny bebía los vientos por su marido y él estaba dispuesto a darlo todo por ella, incluso su propia vida. Eran el ejemplo de pareja ideal en el sentido más humano, real y bello de la palabra.
- ¿Quieres tomar algo mientras esperas a Harry? – sorprendió Ginny al rubio, mientras entraba en la habitación y le ofrecía una sincera sonrisa – No creo que tarde mucho, o más bien eso espero – terminó, contrariada.
- Te lo agradecería mucho. Un Whisky de fuego con hielo, si tienes. – él le sonrió también. – Ginny, sabes que yo tampoco he venido en visita de cortesía – afirmó él seriamente, mientras ella le preparaba la bebida.
Durante unos segundos, un silencio tenso se adueñó de la situación, mientras Ginny le seguía dando la espalda pendiente del Whisky, como si no le hubiese escuchado. Finalmente, se giró hacia él y le alargó el vaso, sentándose después enfrente suyo, con semblante serio pero afable.
- Sé desde hace tiempo que tú y él os traéis algo entre manos e intuyo que está relacionado con los mortífagos, y conociendo a Harry como le conozco, sé que nada de lo que yo diga ni haga le hará cambiar de opinión si considera que ese asunto requiere su colaboración. – Draco evitó su mirada por un momento, sintiéndose culpable – Tan sólo te pido, te ruego, que veles por él. Si tú estás a su lado, me siento mucho más tranquila.
- ¿Cómo puedes decir algo semejante? ¡Desde nuestros tiempos de estudiantes, él y yo siempre hemos sido rivales! ¡Siempre hemos andado a la greña e incluso casi le mato! ¡Y ahora me dejas caer esa afirmación como si sentir lo que tú sientes fuese lo más lógico y normal del mundo! – repuso él, sorprendido.
- Lo que sucedió hace unos días es asunto muerto y enterrado – le recordó ella, con firmeza. - Me tomarás por loca – continuó, sonriéndole divertida – pero para mí, ambos siempre habéis sido los caballeros andantes de mis sueños. Siempre he pensado que tú eres como él, decidido, pasional, honorable… Tan sólo sucede que durante mucho tiempo tus valores se aplicaron a defender causas poco… honorables, valga la redundancia. Tú naciste en un entorno muy distinto al suyo, pero ambos tenéis un corazón demasiado noble. Por eso los dos erais los reyes de Howarts, cada uno en su territorio.
- Harry jamás pretendió ser el rey de nada, lo sabes bien, y yo en el fondo tampoco. Si tenía tanto afán por destacar, tan sólo era para que mi padre se sintiese orgulloso de mí, algo que, por otro lado, siento que jamás conseguí. Mi padre sabía mucho mejor que yo que en lo más profundo de mi alma yo jamás compartí ni sus ideales ni sus métodos para alcanzarlos, aunque he tardado demasiado en darme cuenta y por ello lo estoy pagando muy caro.
- Estaba segura de ello – se regocijó ella con cara de triunfo - ¿Y sabes una cosa? Si yo no hubiese sabido desde el día en que le conocí que Harry sería el hombre de mi vida, quizá me hubiese enamorado de ti. Siempre me llamaste la atención.
- ¡Anda ya! ¡Si lo dices para que suba mi ego por mi separación de Nadia, no temas, todavía no me siento un hombre acabado! – se carcajeó él, descaradamente.
- Lo digo en serio, Draco. Eres un gran hombre.
El rubio se sonrojó como hacía años que no lo había hecho y durante un instante no supo qué responder. Jamás había esperado que nadie le ofreciese su afecto ni su confianza por sus propias cualidades. Durante los años que pasó a la sombra de su padre se había creado una falsa identidad que se había adherido a su alma como si fuese su propio ser. Esa había sido la única forma humana de sobrevivir entre toda aquella jauría de fanáticos desquiciados en el seno de la cual había tenido la mala suerte de nacer. Desde muy joven aprendió, a base de desprecio, bofetadas e incluso torturas, que si todos ellos eran unos perros rabiosos, él debía ser una hiena despiadada. Era morder o ser mordido, pisotear o ser pisoteado, destrozar o ser destrozado. Y por supuesto, el verdadero amor de su familia siempre brilló por su ausencia. Si conseguía ser un digno heredero del cruel imperio de su padre tan sólo estaría cumpliendo con su deber, nada más. Su padre jamás comprendió que él no había nacido para ser una hiena devoradora de la carroña de Voldemort o de él mismo. Ahora Draco era capaz de comprender que había nacido para ser un león libre y orgulloso, único dueño de su propia alma, la cual siempre había deseado poner al servicio del bien, aunque durante mucho tiempo no lo supiese. Y en gran parte se debía a aquella mujer que lo observaba de forma tranquila, que había sido capaz de perdonar sus malas acciones desde lo más profundo de su alma y que con aquel acto tan noble había permitido que él también comenzase a perdonarse a sí mismo, no sólo por los últimos acontecimientos, sino por todo su pasado. Ya Harry le liberó en gran parte el día de la última batalla con El Señor Oscuro, al salvarle la vida. Pero no había sido hasta hace poco cuando había encontrado el camino hacia sí mismo, primero a través del amor de Nadia y luego a través del respeto del auror y su mujer.
Un leve sonido de risas le liberó de hallar palabras adecuadas para resolver aquella tesitura tan embarazosa para él, pues no sabía cómo expresar sus sentimientos para hacer partícipe a la que también era su amiga de cuánto habían llegado a significar ambos en su vida. La voz modulada de Harry era inconfundible y también lo era, al menos para él, la de la mujer que lo acompañaba. A medida que se iban acercando al cuarto donde se hallaban Ginny y Draco, sin saber que ambos les aguardaban allí, las palabras pronunciadas por ellos se fueron haciendo más y más inteligibles.
- ¡Alabado sea Merlín! – gritaba Harry con jovialidad - ¡Por fin! ¡Por una vez! ¡Me has hecho caso y vas a preparar tu examen para acceder al puesto de auror de pleno derecho! ¡Hermanita! ¡Voy a querer mucho a mi sobrina! ¡Te está cambiando la vida incluso antes de nacer!
- No seas ridículo. Lily no tiene nada que ver en esto. Simplemente lo he decidido, y punto. No tengo nada más que decir.
- Por supuesto, por supuesto. Y Draco tampoco tiene nada que ver. ¿Me equivoco o te has dado cuenta de que no eres tan egoísta como pensabas y que las personas a quienes amas merecen que tengas un poco más de respeto por tu propia vida? – le pinchó él, decidido a sacarle la verdad de una vez por todas.
- Mira quién fue a hablar – tan sólo se dignó a responder ella.
Al escuchar esto último, Ginny recordó que Harry y ella tenían pendiente una seria conversación sobre la salud del auror.
- Touché – aceptó él, con una sonrisa culpable – Pero reconoce que es cierto lo que acabo de decirte. En mi caso, yo no tengo ningún problema en reconocerlo.
- A diferencia de ti, calzonazos, yo no tengo nada que reconocer – dijo ella secamente en el mismo momento en que entraban en el comedor y se encontraban con los otros dos.
Nadia se sobresaltó al enfrentarse cara a cara con su ex novio y recordar las palabras que acababa de pronunciar.
Draco sintió una punzada de dolor en el corazón por lo que acababa de escuchar, pero hizo que no se le notase en lo más mínimo. En vez de ello, se levantó tranquilamente del sofá en el que se había acomodado para estrechar la mano de Harry con fuerza, mientras este le palmeaba la espalda amistosamente.
- ¡Amigo! ¡Qué alegría verte!
- Te veo muy contento, Harry – le respondió Draco con una sonrisa suspicaz.
- ¡Oh, sí! ¡La verdad es que la mañana ha sido realmente productiva!
Se acercó a Ginny, quien le observaba con mezcla de alarma y un incipiente enfado, y le entregó un exuberante ramo de rosas rojas que había estado ocultando tras su espalda, en su mano izquierda, a la vez que la besaba con delicadeza. La pelirroja se emocionó sensiblemente y se lo agradeció con una mirada de adoración, sin ser capaz de decir nada.
- Por fin puedo afirmar con convicción que acabo de comenzar dos semanas de vacaciones- volvió a mirar a su esposa, con amor – Todos los casos que tenemos abiertos en el Departamento de Aurores no van a resolverse en breve y todo marcha según lo planeado, así que he dado las pautas de actuación que deben seguir los aurores durante estas dos próximas semanas y, a no ser que el mundo esté a punto de hundirse, no me necesitarán de forma urgente. También he puesto al Ministro de Magia al corriente de mi recuperación y ha estado conforme con que me tome unos días de descanso. Eso sí, me temo que tú y yo vamos a tener que mostrarnos en público unas cuantas veces. Después del intento de asesinato de Kingsley y del mío propio, el cual no sé cómo demonios se ha filtrado a la prensa, aunque tengo mis sospechas, los ciudadanos se sienten inquietos. Kingsley me aconsejó el viernes, cuando hablé con él en San Mungo, que haga vida social durante estos días, a lo que yo me resistía hasta que me he dado cuenta de que será beneficioso para calmar los ánimos. Los aurores somos los guardianes de la paz. Si nosotros caemos es normal que haya inquietud entre la población.
- Más bien di "Si Harry Potter cae" – puntualizó Draco, con voz socarrona pero mirando a su amigo seriamente por la verdad que implicaba sus palabras – Ya sabes lo que significas para todo el mundo.
- No te burles a mi costa, capullo – le sonrió el otro – Ya sabes qué poco me gusta recordar eso.
- Nadia – les interrumpió Ginny, ahora totalmente tranquila – Por favor, siéntate. Voy a poner estas flores en un jarrón con agua y enseguida vengo a charlar con vosotros.
- No te preocupes por mí. Yo ya me marchaba. Tan sólo he venido a saludarte. – respondió la rubia, deseando ser invisible en aquel momento.
- Nada de eso. Hacía mucho tiempo que no venías a visitarnos, así que vas a quedarte a comer. Tenemos mucho de que hablar tú y yo, querida amiga.
- Mejor todavía. Empecemos con las "apariciones" – propuso Harry con cara de perrito abandonado – Vosotros sois mis amigos y no podéis abandonarme en esto, así que os invito a comer en el Tytania. Es el mejor restaurante mágico del Callejón Diagon, donde por supuesto los sabuesos de El Profeta siempre están al acecho de carnaza que corromper en su periodicucho. ¿Qué decís, chicos?
- Es una buena idea. Ahora ya es tarde para que tú y yo tratemos los asuntos por los que he venido a verte, así que podríamos posponerlos para después de la comida. – asintió Draco, decidido.
- Por esta vez, vale. No sé qué harás si te aborda algún reportero de El Profeta sin que me tengas a mí para sacarte las castañas del fuego, como hacía cuando era TU secretaria y de cuyos servicios prescindiste tan a la ligera. – le reprochó Nadia, tratando de desviar su mirada y la conversación lo más lejos de Draco como fuera posible.
El moreno negó con la cabeza, resignado, pero sonrió.
- Antes de marcharnos, quiero tratar este asunto con los tres. Draco, me gustaría que Ginny y Nadia estuviesen también al tanto de lo que está sucediendo. Los mortífagos no van a dejarlas al margen por el simple hecho de que no conozcan lo que está pasando. Sabes tan bien como yo que tratarán de dañar a todo aquel que nos importe a ti y a mí, como ha sucedido con Ron. Lo mejor es que ambas estén preparadas para cualquier cosa que pueda suceder para que sean capaces de reaccionar y defenderse con rapidez. Tú y yo no siempre vamos a poder estar velando por ellas, y mucho menos si nos vamos a meter de cabeza en este asunto, como intuyo que va a terminar pasando. También me gustaría poner al tanto a Ron y Hermione en cuanto pueda.
- Es justo – aceptó el otro después de reflexionar durante unos segundos – Lo mejor es que esta tarde las pongamos al día de lo que está sucediendo y los cuatro tratemos este asunto. Las aguas están muy agitadas, Harry. No sé cuánto tiempo más vamos a poder mantenernos al margen.
- Lo sé. Yo también me he dado cuenta en el Ministerio.
- Adiós vacaciones – se resignó Ginny, decepcionada.
- De eso nada, princesa. Os guardo a todos una sorpresita que os contaré durante la comida. – respondió Harry pícaramente, abrazando a su mujer con ternura y mirándola a los ojos con decisión.- Voy a acercarme un momento a casa de tus padres para ver si se pueden quedar a los niños hasta la noche. Aunque tú te opones a que contrate una niñera, sigo siendo de la opinión de que la necesitamos. No podemos endosar los pequeños a tus padres cada vez que salimos, a pesar de que ellos estén encantados en quedárselos. Además, no me parece bien que tú te esfuerces durante el embarazo. Bueno, ya hablaremos de eso. Esperadme aquí. No tardaré mucho.
- Harry, no tenemos nada de qué hablar sobre el tema. – zanjó Ginny, con enojo.
- No te enfurruñes, pequeña. Será como tú desees. – la apaciguó él, tratando de evitar que se pusiese nerviosa de nuevo. No quería ser la causa de su malestar. – No tardaré.
Utilizó la chimenea para trasladarse rápidamente a La Madriguera y en cuestión de minutos regresó acompañado de la Sra. Weasley, quien nada más llegar, corrió a abrazar a su hija con alegría.
- ¡Mi pequeña! ¡Estuvimos juntas ayer y ya te echaba de menos!
- Hola, mamá. – le devolvió el abrazo cariñosamente – ¿De verdad que no te importa quedarte con los niños esta tarde?
- ¿Qué me va a importar, cariño? Ya le he dicho a este cabezota, en cuanto me ha venido con el cuento, que no es necesario contratar a una niñera para que cuide de los niños cuando vosotros estéis ocupados o queráis descansar un poco. Aunque sí deberíais contratarla para que os ayude a cuidarlos todos los días. Harry no va a estar contigo a todas horas para evitarte el cansancio, que cada vez va a ser mayor y que tan poco te conviene. Tres niños no es uno ni dos, pequeña mía. Reconoce que para ti es duro encargarte de ellos tal y como estás.
- Mamá – trató de rebatirle, con paciencia – te recuerdo que tú criaste a siete hijos y no te sucedió nada malo por ello. Soy tu hija. Si tú lo hiciste, yo también puedo hacerlo sin problemas.
- Mi pequeña… Eres tan cabezota como tu marido, cada cual con sus propias ideas. Debe ser por eso que os queréis tanto – la riñó cariñosamente, mirándola con mezcla de orgullo y enfado.
- Y tú siempre me seguirás tratando como a una niña pequeña – volvió a abrazarla, emocionada. – Voy a traerte a los niños, que se han quedado jugando con Dobby. Vuelvo enseguida.
Dicho esto, marchó del cuarto rumbo a la sala de juegos.
- ¡Merlín! ¡Qué poco considerada he sido! ¡Nadia, Draco, no os he saludado al llegar! ¡Qué guapetones os veo!- añadió, dándoles un beso y un abrazo a ambos sin importarle lo que ellos pudiesen pensar al respecto.
- Me alegro de verla de nuevo, Sra. Weasley. – dijo Draco con una sonrisa educada.
- Usted está tan guapa y tan activa como siempre – añadió Nadia, sonriendo también.
- Chicos, dejaos de tonterías y volved a estar juntos. Vamos, lo estáis deseando, se os nota en la cara. – les dijo por lo bajo con una sonrisa de complicidad.
Nadia abrió la boca desmesuradamente no dando crédito a lo que acababa de escuchar y Draco tragó saliva incorrectamente y se atragantó, comenzando a toser desesperado.
- ¡Molly! – la reprendió Harry con delicadeza, azorado por la situación que acababa de crearse.
- ¿Qué sucede, pequeño? Igual que os lo dije a ti y a Ginny se lo digo a ellos. Cada vez que actuáis de este modo, no hacéis nada más que comportaros como tontos que pierden el tiempo. – se empecinó ella.
- Pero ese no es asunto donde usted o yo debamos inmiscuirnos – le rebatió, pidiendo disculpas a Draco y a Nadia con la mirada, y la cara enrojecida.
- Perdona que te lo diga, cielo. Serás "el niño que vivió", el salvador de la comunidad mágica y todo lo que quieras, pero soy tu suegra y te adoro y respeto lo suficiente como para ser clara contigo y decirte que a veces la juventud os comportáis como auténticos desorientados. Están perdiendo un tiempo precioso para ser felices, al igual que hicisteis vosotros.
- Usted es la suegra más guapa, buena y amable que existe – la abrazó Harry, tratando de desviar la conversación hacia derroteros menos comprometidos. - ¿Y qué tal está Arthur? ¿Va bien todo en el Ministerio?
- Arthur está perfectamente, querido, ya lo sabes – contraatacó ella, detectando inmediatamente las intenciones de su yerno pero dejándose llevar para no causarle más incomodidad – Se pondrá muy contento cuando vea a los pequeños en casa. ¿Y tú, Nadia? ¿Cómo vas con el embarazo? – se giró hacia la aludida, mirándole con alegría.
- Va perfectamente. La niña es muy inquieta y no para de dar patadas, pero a parte de eso no estoy sintiendo prácticamente ninguna molestia. – sonrió, agradecida porque la anterior conversación se hubiese terminado definitivamente.
- A ti te veo tan galán como siempre – le dijo a Draco.
- Gracias – tenía la cara roja por el mal momento que había pasado.
- Y tan parco en palabras, también. Me alegro muchísimo de veros, muchísimo de verdad. Cuando queráis, venid a visitarnos a Arthur y a mí. Nos encantará. O venid a comer con Ginny y Harry. En casa siempre seréis bien venidos.
Ambos sonrieron. Finalmente su hija entró en el comedor con los bebés en brazos. Bonnie la seguía de cerca.
- ¡Abuelita! – se alborozó la pequeña, corriendo para abrazarla.
Draco la observó turbado, como siempre le sucedía al verla, pero nadie se dio cuenta de su reacción.
- ¡Cariño! ¿Te vienes conmigo y los bebés a ver al abuelo?
- ¡Sí! ¿Nos vamos ya?
- Claro, corazón. Vamos a acomodar a tus hermanos en los carritos de bebé y enseguida nos marchamos. ¿Qué quieres que te haga para comer?
- ¡Pizza! – afirmó la pequeña, sin dudar.
- La abuela te va a hacer la pizza más sabrosa que hayas comido nunca.
- ¡Bien!- se entusiasmó.
- Bueno, pequeños. Nos marchamos ya – dijo la Sra. Weasley ayudando a Ginny a acomodar a los bebés en un carrito doble muy moderno y fácil de manejar.- No os preocupéis por nada. Sobre las ocho de la noche, Arthur y yo vendremos con los tres, ya cenados, para que tan sólo tengáis que bañarlos y acostarlos.
- Gracias, mamá, no sabes cuánto nos ayudas.
- La casa está muy vacía normalmente, hija. Para tu padre y para mí, tener a cualquiera de los nietos con nosotros es una alegría que no puedes ni imaginar. – reconoció su madre.
Cuando se hubieron ido, un silencio que empezaba a ser incómodo cayó sobre ellos. Draco y Nadia no sabían hacia dónde mirar, Harry se sentía avergonzado y Ginny los observaba de hito en hito, sin comprender lo que estaba sucediendo.
- Será mejor que vayamos ya hacia el restaurante. Siempre suele estar lleno y, aunque no creo que haya demasiada cola, no quiero exponeros a una larga espera, sobre todo a las futuras mamás – sonrió, haciendo que todo volviese a la normalidad.
- Sí, vámonos. – le apoyó Nadia, sintiendo un hambre atroz al escuchar a su amigo.
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Tal y como Harry había vaticinado, el restaurante Tytania, que a tan sólo año y medio de haber sido inaugurado con pompa y boato en la mejor zona del callejón Diagon ya era punto de encuentro de las personalidades más notorias de la comunidad mágica, estaba vigilado por una pizpireta reportera de El Profeta que se proponía obtener las informaciones más jugosas del día para su periódico. Nada más verlos, y por si los dueños y camareros del restaurante y sus comensales no se habían percatado ya de quiénes se trataba, creó un alboroto mayúsculo acercándose a ellos con descaro y abordándolos con todo tipo de preguntas, la mayoría de ellas dirigidas al pobre Harry para confirmar o desmentir los rumores del atentado sufrido por él y de su frágil estado de salud. Contrariamente a lo esperado por ella, el auror se mostró amable y tranquilo, respondiendo a todas sus preguntas con paciencia y educación y dejándose fotografiar junto a su esposa y sus amigos, para quienes también hubo preguntas personales, pues todos ellos eran noticia: Draco por ser el cabeza de la tan controvertida y afamada familia Malfoy y Nadia por ser la madre de su próximo retoño y amiga íntima del auror. También acosaron a Ginny, quien interpretando las claras intenciones de su marido, dejó caer la bomba de su nuevo embarazo, noticia que asombró y alegró a todos los presentes por igual y que dejó a la reportera con la boca abierta por la suerte que había tenido al poder ser ella quien ofreciese una primicia como aquella en el periódico de la mañana siguiente. Después de ello se sucedieron infinidad de apretones de mano y felicitaciones, la mayoría de personas a quienes ni el matrimonio ni Nadia conocían, aunque Draco les puso al día de los antecedentes de casi todos ellos porque su familia mantenía o había mantenido en el pasado relaciones mercantiles con la mayoría.
Les acomodaron en una de las mejores mesas del restaurante y por fin todos los demás, incluida la periodista, que se sentía como un niño con zapatos nuevos, volvieron a sus propios asuntos aunque no dejaron de observarlos de reojo de ven en cuando, y ellos pudieron disfrutar de una tranquila comida de amigos sin ser molestados.
Sin darse cuenta, la conversación versó principalmente sobre las trastadas que habían hecho todos ellos de adolescentes y las situaciones comprometidas en que se habían visto inmersos, algunas de ellas muy divertidas.
- Pues no podéis imaginar lo que le sucedió a Harry en el Departamento de Aurores de Australia con una abuelita muy simpática, que le estaba muy agradecida – continuó Nadia, mirando a su "hermano" con perverso deleite.
- Si cuentas eso, jamás te lo perdonaré, te lo juro – la amenazó el aludido, enrojeciendo tan sólo de recordar aquella situación.
- ¿Por qué? ¡Si estabas muy mono!
- ¡Por todos los archimagos de la historia! No voy a poder evitarlo, ¿verdad? – se resignó él, hundiendo su mirada en el café que acababan de servirle.
- ¿Cómo que "muy mono"? Vamos, cuenta – le animó Draco, totalmente relajado.
- "Mono" no es la palabra correcta. Di mejor "ridículo" – rebatió el moreno, sonriendo por fin.
- ¿Ridículo mi hermanito? – trató de sorprenderse ella, pero al final reconoció que él tenía razón – Bueno, es verdad. Eras lo más ridículo que he visto nunca.
- ¿Pero vas a contarlo o no? – la animó también Ginny, ansiosa por escuchar cualquier relato que le pudiesen contar sobre los ocho años de la vida de Harry en los que ella no participó.
- Acabemos con esto lo antes posible – le pidió Harry.
- Era una época en que las misiones más arriesgadas se sucedían una tras otra como si alguien se hubiese empeñado en que los aurores australianos no tuviesen ni un momento de descanso. Harry acababa de regresar de una de las peores, que lo retuvo durante toda una semana en un pueblo inhóspito de la Australia más salvaje, y tenía el ánimo alterado. En esa semana, todos estábamos más que hartos de una dulce ancianita que venía todos los días para que le resolviésemos algún descabellado problema, pero lo que realmente buscaba es compañía. La mayoría de las veces se inventaba los problemas para poder acudir en busca de nuestra ayuda, o más bien de nuestra atención y varios aurores se habían encontrado con que, al ir donde ella les indicaba, nada sucedía en el lugar y habían interrumpido sus importantes cometidos en vano. Aquel día la anciana nos vino con el cuento de que su gato se había subido a un árbol al lado del Ministerio y que ni ella podía bajarlo ni él podía hacerlo tampoco por sí mismo. Como es de esperar, ninguno de los demás aurores le prestó atención alguna, pues, además de no ser cometido del Departamento el salvamento de gatitos en apuros, esperaban que, como todos los días, aquel también se tratase de una mentira piadosa. Pero la anciana no se conformó y comenzó a gritar y a alborotar, reclamando la colaboración de alguien que salvase a su felino. Al escuchar tanto alboroto, Harry salió de su despacho y se encaró con la anciana, quien le explicó el problema y él, para que los dejase en paz de una vez, no tuvo otra idea que acompañarla para rescatar al puñetero animal. Y mira por dónde, aquel día todo lo que nos había contado era cierto. La abuela había acudido al Ministerio con la intención de exponernos algún problema que la mantuviese junto a nosotros durante un tiempo para no sentirse sola, acompañada por una gran cesta donde guardaba a su gato, pues decía que se encontraba enfermo aquel día y no quería dejarlo solo en casa. Cuando ya casi había llegado, el minino se espantó por el ladrido de un perro que un paseante llevaba con él y, escapándose de la cesta antes de que ella pudiese hacer nada por evitarlo, se encaramó al árbol más alto de los que rodeaban el Ministerio. El caso es que Harry lo bajó nada más localizarlo usando una magia levitadora y la abuelita no sabía cómo recompensar tanta amabilidad. Cuando Harry volvió a entrar a su despacho, donde ella le estaba esperando, y le entregó el gato, a la señora no se le ocurrió otra cosa que ejecutar el único hechizo que recordaba para agradecérselo. Ni corta ni perezosa, le apuntó con una vieja y ajada varita y pronunció unas palabras que yo no había escuchado jamás. Inmediatamente después comenzaron a brotar por todo el pelo de Harry florecillas de vivos colores, que se enlazaban unas a otras con lacitos de cinta de raso. La mujer, muy satisfecha, lo abrazó con fuerza y se marchó, dejándonos a él y a mí con un palmo de narices. Nada más verle yo comencé a reír a mandíbula batiente, sintiendo hasta retortijones por lo cómico de su aspecto. Menos mal que la puerta del despacho estaba cerrada, porque el grito que profirió Harry al mirarse al espejo de la polvera que siempre llevo en el bolso, fue tan desgarrador que habría atraído a todos sus compañeros y no habría podido evitar hacer el ridículo ante todo el Ministerio. No sé cómo, pero el hechizo de la anciana era muy persistente y ambos estuvimos una hora entera tratando de hacer que su pelo volviese a su estado normal, antes de conseguirlo definitivamente. Jamás me he reído tanto, os lo juro.
- Habría pagado por verlo – afirmó Draco una vez pudo dejar de reírse imaginando la escena que Nadia les había descrito.
Sin añadir palabra, Nadia sacó el monedero que llevaba en su bolso y, abriéndolo, extrajo una pequeña foto de la que, hasta el momento, tan sólo ella conocía la existencia. En ella aparecía Harry con el pelo plagado de flores y lazos, con una cara que daba pena ver. Nadia se la había hecho con una de las cámaras camufladas que el Departamento usaba normalmente cuando deseaban hacer fotos sin ser detectados. Se la pasó al rubio, quien comenzó a reír descontroladamente, incluso llorando por la fuerza de sus risas. Ginny se acercó a él y al verla, se contagió también. Al verlos, Nadia no pudo evitarlo y fue presa de unas fuertes carcajadas. Rápidamente, Harry arrancó la foto de manos de Draco con intención de romperla, pero al verla, y tras intentar evitarlo con todas sus fuerzas, sus risas se unieron a las de sus amigos y todos ellos fueron cómplices de la alegría que Nadia había provocado.
- Ahora que ha pasado tanto tiempo, incluso me parece gracioso – dijo Harry, sin dejar de reír. - ¡Merlín! ¡Qué pintas! ¡Si los compañeros me hubiesen descubierto así, jamás habrían vuelto a respetarme!
- Aquel día nació el rumor de que él y yo estábamos liados – contó Nadia, con una sonrisa – porque, como os decía, estuvimos una hora encerrados a cal y canto sin permitir que nadie entrase en el despacho. Y como debíamos contar lo que había sucedido si queríamos aclarar el mal entendido, jamás lo hicimos. Tampoco nos importaba lo que la gente llegase a murmurar. Incluso sirvió a Harry para deshacerse de un par de pesadas que le perseguían, aunque a mí me espantó los pretendientes, todo hay que decirlo.
- Cuánto han cambiado las cosas – recordó el auror más para sí mismo que participando en la conversación.
Todos le sonrieron de forma cómplice, cada cual pensando en su propia situación.
Realmente, todos ellos deseaban que aquel ambiente alegre y distendido durase siempre, pero tenían bien presente que aquella tarde les esperaba una conversación muy distinta, en la que estaba en juego nuevamente el futuro en paz de la comunidad mágica.
- Amor, nos has dicho antes que tienes reservada una sorpresa. Va… no te hagas de rogar y cuéntanosla ya. – le pidió Ginny, poniéndole ojos de gatita adorable.
- Oh, es cierto. Casi lo olvidaba. He alquilado una pequeña isla en el Caribe para este fin de semana.
– Ginny abrió los ojos como platos, gratamente sorprendida - Tiene una acogedora casa con todas las comodidades, una playa de aguas puras y cristalinas y un bosque donde uno desea perderse. Me gustaría que todos: tú, Draco, Nadia, Ron, Hermione, Carol y Smith, mis amigos más cercanos y queridos, vinierais con Ginny y conmigo para pasar cuatro días inolvidables. Sé que esto es algo precipitado, pero por favor, animaos. Hace mucho tiempo que no nos reunimos todos para compartir unos días de complicidad. No he contado con Luna y Neville porque ella está convaleciente del parto de su primer bebé y no creo que deseen desplazarse en estos momentos.
- ¿Carol? – le preguntó Ginny, susceptible.
- Me temo que eso tiene algo que ver con Smith. – le aseguró Draco, con una sonrisa pícara.
- ¿Pero Carol no tenía alguna historia con Smiles? – quiso saber ella, sorprendida.
- Smiles sí que es otra historia – tan sólo dijo Harry, adoptando una postura seria al escuchar ese nombre. – Me encanta cuando te pones celosa, princesa – cambió de tema rápidamente, mirando a su esposa con picardía.
- Yo no estoy celosa – se defendió ella, devolviendo la mirada a Harry del mismo modo.
- Yo no tengo ningún problema en acompañaros – confirmó Draco finalmente – Pero eso sí, si los demás también vienen. No penséis que voy a aguantaros la vela, pervertidos.
- ¿Y tú, hermanita?
- Yo, no sé…
- Vamos, mujer. Esta mañana Carol me ha confirmado que vendrá. Me falta por hablar con Smith, Ron y Hermione. Ella es la que más problemas tendrá porque debe pedir vacaciones en el Ministerio, pero espero que puedan acompañarnos también. Deberíamos marchar el jueves a primera hora, para volver aquí el domingo por la noche.
- Ah, pues, definitivamente, si Carol va, yo también voy – afirmó Draco.
Nadia le dirigió una furibunda mirada que duró milésimas de segundo, pero suficiente para que Harry y Ginny la notaran, pero se abstuvieron de hacer comentario alguno.
- Bien. Os acompañaré. Las clases para el examen de auror no comienzan hasta el lunes, así que no tengo problema en pasar unos días fuera de aquí.
- ¡Perfecto! ¡Ya somos cinco! ¡Vamos a pasarlo genial! ¡Ya veréis! – se entusiasmó Harry, contento.
- Deberíamos marcharnos ya – apuntó Draco – Odio que la gente se pase el rato mirándome y aquí no hacen más que observar todos nuestros movimientos.
- Tienes razón. Normalmente yo odio todo tipo de actos sociales y aunque en esta ocasión haya sido necesario, ya estoy harto de tanta expectación. – le apoyó Harry, hastiado. – Voy a pagar la cuenta y nos marcharemos para estar tranquilos de una vez.
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En un oscuro hostal de un sucio y estrecho callejón de Londres, una figura ataviada con una capa de capucha que escondía su faz en las tinieblas, se hallaba frente a un Whisky de fuego, a la espera de una visita que no acababa de llegar. Exasperado, cogió el vaso con una de sus manos enguantadas y comenzó a girarlo entre sus manos. Observando la evolución del líquido cobrizo, sus pensamientos se perdieron de nuevo en la ira y las ansias de venganza que albergaba por el hombre que había llenado su cuerpo de unas heridas que, por la imposibilidad de tratarlas como es debido en un hospital, se habían llagado, llenando su cuerpo de unas pústulas asquerosamente supurantes que sumían todas sus horas de vigilia en un cruel tormento y todos sus momentos de sueño en tenebrosas pesadillas que le impedían cualquier descanso. Potter, siempre Potter. Había escuchado ese nombre desde que era un adolescente intentando destacar entre los esbirros de Lucius Malfoy y había aprendido a odiarlo con todas sus fuerzas, ahora comprendía que sin motivo real hasta que el desgraciado se había atrevido a hacerle frente en su piso, cuando él y Horts trataron de asesinarlo consiguiendo tan sólo heridas y magulladuras. Era consciente de que el otro había sido apuñalado, pero la traidora y oportunísima intervención de Malfoy, a quien le guardaba la más refinada y terrible de las torturas, había conseguido salvarle la vida, porque estaba vivo, de eso no le cabía duda alguna. Acabaría con todos ellos, ya no para deshacerse de molestas intromisiones en sus planes de conquista, como había sido su idea original, sino para dar fin de una vez con la lacra que suponían el déspota del auror y sus amigos.
Escasos minutos después, una temerosa y delgada figura entró en el antro sin demasiada decisión. Se acercó despacio a la mesa donde había acordado encontrarse con el encapuchado y esperó nerviosamente a que el otro le indicase que podía tomar asiento. Lemans le tuvo de pie durante más de un minuto, disfrutando de la sutil tortura a la que su propio miedo le estaba sometiendo.
- ¿Qué tienes para mí? – le preguntó finalmente, indicándole con un lento y burlesco ademán que se sentase.
- Los rumores eran ciertos. Esta misma mañana, Harry Potter ha estado en el Ministerio, en un estado de salud perfecto, y en un momento ha conseguido que le resumiésemos la situación actual y todo lo sucedido durante la pasada semana, además de impartir órdenes claras y concisas, así como pautas de actuación, para las dos próximas semanas.
- ¡Maldito! – gritó el otro, sin importarle las seis o siete caras de la más baja estofa, incluida la del tabernero, que se volvían en su dirección, escrutadoras. Pero su curiosidad duró los segundos en que la sorpresa dio paso a la discreción, nota dominante en aquel local, motivo por el cual había sido elegido para dicha reunión.
Su interlocutor esperó, tembloroso, a que el acceso de ira del encapuchado fuese remitiendo para continuar con su informe, pero fue el otro quien se le adelantó formulando otra pregunta.
- ¿Has dicho para las próximas dos semanas? ¿No ha vuelto para quedarse?
- Sin duda, ha vuelto para quedarse, pero nos ha informado de que, a partir de hoy, va a disfrutar de dos semanas de vacaciones junto a su familia.
- Vacaciones… quizá nos den margen para pensar en cómo deshacernos de él y todos sus bastardos de un solo golpe…
- Hay algo más – el hombre dudó sobre si debía entregarle la próxima información, sintiéndose culpable por la traición que estaba cometiendo. Y se mantuvo en silencio, tratando de marcharse lo más rápido posible.
De pronto el oscuro sujeto cesó en sus elucubraciones y se dirigió al auror con una hiriente pregunta.
- Vamos, habla. ¿O tengo que recordarte que si las fotos que tengo en mi poder llegan a manos de tu adorado jefe tu dignidad y tu futuro se habrán ido a la mierda en dos segundos?
- Yo no hice nada y usted lo sabe sobradamente – le reprochó en un ataque de valentía que pronto se desinfló con la amenazadora mirada del otro.
- Pero él tan sólo sabrá lo que vea, y esas fotos son muy… reveladoras.
- Maldito… - casi le escupió en voz baja.
Lemans rió estrepitosamente, divertido.
- Me he enterado de que él y todos sus amigos más allegados han alquilado una pequeña isla en el Caribe para pasar el fin de semana. Irán solos, sin hijos o guardaespaldas que los acompañen.
- Muy interesante… realmente muy interesante… Dime, ¿qué te apetece más? ¿Qué acabemos con ellos de un golpe rotundo o que les hagamos sufrir como las ratas rastreras y asquerosas que son?
El hombre ser revolvió, inquieto, cada vez más preso de sus propios remordimientos, pero no pronunció palabra alguna.
- Hace unos minutos estaba pensando en eliminarlos rápidamente y sin piedad, pero me lo he pensado mejor. Un acto así sería demasiado piadoso. Lo que han hecho conmigo merece un largo dolor y sufrimiento como el que yo llevo a cuestas desde que mi vida se cruzó con la de ese desgraciado. Este fin de semana va a ser interesante para ellos, te lo aseguro. Voy a meter el miedo en sus asquerosos cuerpos….
El joven abandonó al oculto sujeto, que quedó sumido en una siniestra y descontrolada risa, dando por terminada la conversación. Ya no tenía nada más que contarle y para cuando lo tuviera, no sabía cómo, pero el otro siempre le encontraría primero para concertar una siniestra cita. Caminó rápidamente hasta salir del asqueroso callejón en el que el mísero local sobrevivía con más pena que gloria. Corrió y corrió hasta quedarse sin aliento y, al llegar a una de las calles principales y más concurridas de la ciudad, finalmente se dio una tregua, parándose repentinamente y apoyándose contra la pared de uno de los edificios, para vomitar. Estaba siendo un cobarde y lo sabía, pero jamás sería capaz de enfrentarse a la vergüenza que sentiría su familia si él caía en desgracia. No lo iba a poder soportar. Habían sacrificado sus mejores años para reunir el dinero que le permitiese estudiar la carrera de auror y ahora, como pago, no podía hundirles en la pena y la decepción. Una vez se hubo calmado, retomó su andadura de nuevo, dirigiéndose a su propia casa para tratar de descansar.
