Hola a tod s espero que se la esten pasando super mega genial, por mi parte estoy encantada por las vacaciones aunque debo decir que me emociona mas formar parte del equipo de guinistas y directores de la obra que se representara en el centro de desarrollo social que esta en donde vivo... pero bueno dejando eso atra simplemente me queda decir que no habia actualizado por unos problemitas con mi laptop que mi dulce novio me ayudo a remediar, jeje bueno ahora vamos con los reviews.

Romy92= Esooo, el poder femenino al maximo jeje la verdad a mi tambien me encanto esa escena aunque pobre Jasper que se quedo en pleno horario laboral con tremendo problema

katanet= Traumatizado es poco, creo que tendra un pequeño problemita por lo que su dulce princesita le hizo pasar

carol27toncel= Jaja pobre Jazz pero se lo tenia merecido, y sip pero al menos Bella tiene a Edward para que le proteja

Tata XOXO= Viginal Femm Fatale al maximo jaja que emocion pero espero que Jasper no tenga problemas por contenerse tanto jaja

montego 24= Jajaja asi es, ahora Alice ya es capaz de mostrar y pedir lo que quiere y estoy segura que para nada desea tener a un novio sobreprotector

nelda= Je aun no se si sentirme mal por lo de Jazz pero realmente se lo merecia por cambiar tan drasticamente su forma de ser, por dios Alice ya es una mujer fuerte que sera capaz de superar cualquier adversidad,

andy= Gracias, pues esperemos que la confrontacion no resulte un lio

Por cierto hoy publicare el prologo de la tercera parte de la trilogia MIDNIGHT espero sus comentarios y pues nos leemos en el proximo capitulo.

Gracias a quienes siguen la historia:

Romy92, vkii, claudia, andy, montego 24, KarlisCullen, carol27toncel, makethedifference, Camarada Arlette, Jazzy Cullen Pattinson, Sun-e Kristal, pauucullen, nelda, ALEXITACULLEN, Cullen Vigo, Aleeah Swan, Abigail Cullen Masen, RenCullenSwan, nelda, Guest, vale, hallo, SweetBlondieRockieDoll, alexf1994, .crepusculo, Danni FerrCross, Anelis Evans, Mara-chan4ever, Tata XOXO, emily-FC, labluegirl, 4everLulaa, CindyLis, katanet, isa2008, , elizabethybennet, ConnyCullen1514, magui9999, yorelina, Christina Becker, Hermione-Malfoy35, Maru Franco, andy, sophia76, angel sin alas

Bueno nos leemos en el proximo... espero sus comentarios


CAPÍTULO 14

23 de diciembre

Casa abandonado a las afueras de Portland

Última hora de la tarde

Jazz parpadeó cuando la cámara del fotógrafo destelló por última vez. El flash resaltó de manera brutal la cruel escena. El cuerpo mutilado, las numerosas salpicaduras de sangre, los obscenos despojos esparcidos por el suelo de una vieja casa abandonada.

—Quién coño fuera este tío —gruñó el médico forense, Allen Siteman—, ha hecho enfadar a alguien, y mucho.

Quién coño fuera, desde luego lo había hecho.

Jazz rodeó el cuerpo con lentitud, yendo con cuidado para evitar la sangre, pisar algo o mover cualquier cosa. Los técnicos forenses se habían pasado las dos últimas horas registrándolo todo meticulosamente, metiendo en bolsitas separadas lo que podrían ser pruebas para después juntarlo todo en el laboratorio y descifrar la historia de lo que había pasado.

Ahora era su turno.

Jazz sabía que tenía un equipo forense condenadamente bueno y hasta ese momento no había intervenido en ningún paso del proceso. No había prisa en una investigación en la escena del delito. Los investigadores se tomaban todo el tiempo que necesitaban. Nadie iba a irse a ningún lado y menos la víctima. El equipo estaba bien entrenado y habían recogido y etiquetado todas las pruebas físicas posibles. La escena había sido fotografiada desde todos los ángulos siguiendo el sentido de las agujas de un reloj y desde las cuatro esquinas. Mientras, el dibujante de la policía había estado haciendo esbozos a mano alzada. Habría una imagen de cada superficie imaginable.

Sin embargo, era imposible conseguir las huellas dactilares de la víctima. Las manos habían sido amputadas al nivel de las muñecas.

Jazz y Siteman estudiaron el cadáver del sujeto desconocido.

Jazz le hizo una seña a la pálida novata que había encontrado el cuerpo. La oficial Sandy Potter. Había permanecido a un lado en silencio durante horas mientras los técnicos hacían su trabajo, todos ellos habían tenido la cortesía de pasar por alto el hecho de que ella hubiera vomitado la cena y probablemente el almuerzo y el desayuno en un balde de estaño. Potter se acercó y se puso en posición de descanso, con las manos entrelazadas detrás de la espalda. Era obvio que acababa de salir de la academia y quería causar una buena impresión. Y lo había conseguido. Excepto por los vómitos, algo que a él mismo le había pasado alguna vez, a Jazz le pareció competente y experta.

—Vuelva a contárnoslo todo otra vez, oficial.

Potter asintió, sin mostrar ningún signo de impaciencia. Ya había contado la historia tres veces y había permanecido allí de pie durante horas, titiritando por el frío que había en aquella casa abandonada. Pero se limitó a hacer una inclinación de cabeza y empezó a hablar con claridad y poco a poco, para que él pudiera tomar notas. Jazz iba a escribir un informe favorable de ella que se adjuntaría a su historial.

—Dos niños de esta zona encontraron el cuerpo. La casa está abandonada desde hace quince años y ellos dicen que está embrujada. Han jurado que es la primera vez que entran. Habían perdido una apuesta y tenían que pasar la noche en la casa —En su boca asomó una pálida sonrisa—. Yo misma perdí una apuesta parecida cuando tenía doce años.

Jazz asintió. Él también.

—¿Tiene los nombres de los niños?

—Sí, señor —contestó la oficial Potter—, y las direcciones. Estaban explorando cuando encontraron… —Sus ojos se desviaron hacia el suelo y luego volvió a alzarlos y se puso aún más pálida—… cuando encontraron el cuerpo. Yo estaba de patrulla con mi compañero y atendimos la llamada. Mi compañero ha acompañado a los niños a sus casas.

—Habrá que interrogarlos.

—Sí, señor, ya lo saben.

—Bien —Jazz se puso los guantes y se agachó al lado de Siteman que había estado examinando el cuerpo de rodillas—. ¿Qué tenemos aquí, doctor?

Tal como estaban las cosas, era una pregunta estúpida. Lo que tenían aquí estaba tendido delante de él, un cuerpo mutilado y torturado. El hombre muerto yacía sobre el costado derecho, con la cara ensangrentada apoyada en el suelo y oculta por una larga melena empapada de sangre. Había tanta sangre que era difícil decir de qué color tenía el pelo, salvo que era de color claro.

A la víctima le habían disparado en las dos rótulas y en el codo. El hueso de las rótulas había reventado hacia fuera por la fuerza de las balas, como espantosas y macabras setas. El codo era una masa pulposa de hueso y carne. Las manos habían sido amputadas con pulcritud, casi de forma quirúrgica.

Siteman había estado hablando con voz queda a una grabadora muy pequeña. Apretó el botón "off" y suspiró.

—Sabré más después de la autopsia —dijo—. Por el momento lo que tenemos es un varón joven de raza blanca, de un metro ochenta más o menos, y que debe haber muerto unas dos horas antes de llegar nosotros. Le tomaré la temperatura del hígado para estar seguro.

—Torturado hasta morir —dijo Jazz en voz baja.

—Eso parece —estuvo de acuerdo Siteman—. Ha sido una muerte muy dolorosa. A juzgar por la sangre, diría que primero recibió la bala en la rodilla derecha, después en la izquierda. Cuando le dispararon en el codo, ya se estaba muriendo. Hay muy poca sangre allí. Va a ser difícil identificarlo sin huellas digitales. Tendremos que esperar que alguien llame para Jazz parte de una persona desaparecida. Solicito permiso para darle la vuelta, teniente.

Jazz miró a su alrededor. El fotógrafo del equipo forense era tan eficiente como los técnicos. Ya habían hecho su trabajo. Ahora el doctor Siteman tenía que comprobar la temperatura del hígado para una lectura exacta.

—Permiso concedido.

Siteman extendió la mano y poco a poco tiró del hombro izquierdo hasta que el cuerpo quedó de espaldas haciendo que los mechones de pelo ensangrentado cayeran hacia atrás dejando visible la cara —una cara familiar— y revelando un pendiente que se movió hasta descansar en la caballera castaña. Un crucifijo en una larga cadena de oro.

¡No!

Jazz se levantó despacio, conmocionado, sin apenas poder moverse. Por un momento, el pendiente del hombre muerto pareció flotar hacia él y dio un paso hacia atrás horrorizado. Sintió como si la sangre hubiera desaparecido de su cerebro de golpe haciendo que se tambaleara durante unos segundos.

El tiempo se ralentizó, se interrumpió, se detuvo. El ruido desapareció y la cabeza se llenó del sonido del aire que apenas podían aspirar sus pulmones. Por primera vez en su vida se mareó.

—Veré si puedo programar la autopsia para mañana a primera hora. ¿Teniente? ¿Has oído lo que…? —Siteman alzó la mirada con rapidez y frunció el ceño—. ¿Teniente?

Jazz le oyó pero era como si estuviera a un millón de kilómetros de distancia.

—¿Jazz? —Ahora la voz de Siteman era más fuerte—. ¿Qué pasa? Parece que has visto a un fantasma.

A un fantasma no. A un hombre con él que había cenado hacía poco. A un amigo.

A Jazz se le había quedado la boca total y completamente seca. Tuvo que lamerse los labios para hablar. Había estado en la guerra, había estado bajo el fuego enemigo, pero nunca antes había sentido un miedo como éste. Ni siquiera sabía que pudiera sentir el miedo con tanta intensidad. Eso lo dejó paralizado.

—¿Jazz? ¿Estás bien?

De repente el tiempo empezó a fluir, como un rugiente río. Oía los ruidos del equipo forense y los pesados latidos de su corazón.

—No necesitamos que nadie llame para Jazz parte de una persona desaparecida. Sé quién es. El nombre del muerto es Alec Armstrong —dijo con voz ronca. Tenía los labios entumecidos y la garganta se le cerró por el pánico—. Es… era decorador de interiores, su empresa está en Pioneer Square y se llama "Diseños de Alec" —Jazz intentó tragar pero tenía la boca demasiado seca—. Lo han torturado hasta matarlo porque alguien quería información sobre el paradero de una mujer con la que se asociaba algunas veces, otra decoradora de interiores llamada Bella Swan. Ella fue la víctima anoche de un intento de homicidio que es muy probable que esté relacionado con la mafia. Enviaron a dos pistoleros.

Jazz miró a su alrededor. Su compañero, el teniente Lawrence Cook, estaba hablando en voz baja con el fotógrafo, pero se acercó con rapidez cuando le hizo una seña. Jazz garabateó en una hoja de la libreta que siempre llevaba. Tenía que moverse deprisa.

—Termina tú lo que queda por hacer aquí, Cook. Necesito un coche y al conductor más rápido que tengamos aquí, y los necesito ahora —Caminó con grandes pasos hacia la salida, gritando instrucciones—. Esto es una operación para los SWAT, llámalos. Envíalos a 1740 Lexington Road, diles que tenemos una situación de posible rehén. Quiero un asalto enérgico, granadas, brechas con explosivos, todo lo necesario para entrar en combate —Había dos clases de asalto, el enérgico y el sigiloso. Él necesitaba el enérgico. Preparar el sigiloso era más lento y solía llevarse a cabo para detener a criminales y terroristas. A Jazz le importaba una mierda el detener a alguien, lo que quería era detener cualquier cosa —¡Dios!— que estuviera ocurriendo.

Detener lo que fuera que estuvieran haciendo. Matar a los cabrones allá mismo donde estaban.

—Diles que nos enfrentamos a hombres armados y muy peligrosos —Se giró para echar una mirada al cuerpo torturado de Alec Arsmstrong—. Son los responsables de esto y en estos momentos podrían estar tomando como rehén a una mujer joven o… —Se le estranguló la voz y empezó a tener dificultades para respirar, tuvo que luchar contra el pánico que le invadía—. O podrían estar torturándola.

Ni siquiera pudo decir las palabras —o ya podría estar muerta.

Vio la mirada horrorizada de Cook.

—Llama a los SWAT, ahora —dijo y echó a correr.

23 de diciembre

1740 Lexington Road

23:30 h

Jazz llegaba tarde. Bueno, tendría que acostumbrarse. Él tenía un trabajo importante que le llevaba la mayor parte de su tiempo. Alice respetaba eso y ni se le ocurriría quejarse. Pero tenía todo el derecho a pensar lo que quisiera. Dentro de la intimidad de su cabeza, podía desear que ya estuviera aquí. Estaba esperándolo, desnuda, en la cama desde hacía dos horas.

—Teniente tenemos un caso —Había dicho el oficial en la comisaría.

Un caso.

Lo que era obvio que significaba que tenían un asesinato.

Habían matado a algún desgraciado y Jazz estaba haciendo todo lo posible para llevar a los asesinos ante los tribunales. Aunque Alice estaba sexualmente frustrada con Jazz, eso no afectaba a lo que sentía por él. Cuanto más lo conocía, más lo admiraba, en todos los aspectos.

Por alguna loca razón, Jazz parecía pensar que ella se estaba perdiendo algo porque él no era rico. Alice le demostraría día a día que no le daba ninguna importancia al dinero. Lo que se estaba perdiendo era sexo ardiente, pero no por mucho tiempo. Jazz podría no tener mucho dinero pero tenía mucho amor y sexo para compartir con ella.

Se dio la vuelta en la cama, temblando al pensar en lo que haría cuando él volviera por fin a casa. Había estado excitada toda la tarde y había llegado a casa envuelta en una nube, sintiéndose suave y sexy, mojada y lista. Deseaba tanto que la encontrara en la cama que incluso había cenado allá. Un emparedado y una copa de vino blanco.

Y desnuda. Se había sentido tan deliciosamente decadente.

No podía concentrarse en la novela romántica que estaba leyendo, así que la dejó y apagó la luz. En el libro no había nada ni la mitad de excitante de lo que pasaría cuando Jazz llegara a casa. Él era la cosa más excitante del mundo.

Fuera estaba nevando, pequeñas agujas de aguanieve golpeaban los cristales de la ventana.

Aunque estaba desnuda se había abrigado con el edredón. De todas maneras, Jazz la calentaría dentro de muy poco. A Alice no le importaba cuando llegara a casa, aunque ya era bastante tarde.

Pero estaría despierta. Era imposible que se durmiera tal como se sentía.

¿Jazz tocaría el timbre o entraría usando la llave? Tenía la llave desde hacía días, pero por lo general tocaba el timbre si llegaba más tarde que ella. Tal vez esta noche querría sorprenderla. Tal vez se deslizaría a oscuras en la cama.

Que pensamiento tan delicioso. Alice sonrió en la oscuridad.

Y luego su mundo explotó.

Una luz brillante y explosiva que salió de la nada, como el brillo repentino de la explosión de una estrella, la cegó.

La explosión fue tan fuerte que se quedó sorda. Se sentó en la cama y gritó, aunque no pudo oírse a sí misma. Cuando pudo enfocar la vista otra vez, vio lo que parecían cientos de insectos humanoides extraterrestres con enormes caparazones negros rodeando la cama y miles de luces láser entrecruzándose en el techo y las paredes. Gritó otra vez cuando vio a los insectos extraterrestres empuñando enormes rifles negros que parecían apuntar hacia ella.

Se encogió apretándose contra la cabecera, gritando y sollozando aterrorizada. Los extraterrestres se comunicaban con sonidos distorsionados, moviendo los rifles de una parte a otra.

—¡Despejado! —gritó una profunda voz masculina desde fuera de la ventana.

—¡Despejado! —Esta vez desde la sala de estar.

—¡Despejado! —De uno de los extraterrestres de su dormitorio.

Se encendió la luz. Como uno solo, los extraterrestres apuntaron con sus rifles al suelo y se quitaron los caparazones.

El aterrado cerebro de Alice tardó un momento en darse cuenta que no era extraterrestres. Eran hombres con máscaras de gas y blindaje corporal. No podía respirar y agarraba las mantas con dedos exangües.

—Oh, Dios, cariño, estaba tan jodidamente asustado —Alguien la abrazaba con tanta fuerza que apenas podía aspirar algo de aire. Reconocería aquella voz en cualquier parte.

—¡Jazz! —Aterrorizada, se aferró a su cuello, gimiendo, intentando meterse dentro de él—. Oh, Dios, Jazz, ¿qué es todo esto? ¿Qué pasa?

Jazz estaba temblando. Ella lo había sentido temblar de excitación cuando tenían sexo, pero nunca con esos pequeños temblores de miedo que estremecían aquel cuerpo tan duro. La estaba abrazando con tanta fuerza que estaba haciéndole daño, la primera vez que le hacía daño desde que la conocía.

Y lloraba. Jazz estaba llorando. Nunca lo hubiera creído posible. Ella también lloraba. Alice Brandon, que nunca lloraba, ni siquiera con los dolores más intensos. Ni siquiera cuando había recibido la sentencia de muerte.

Y después de diez años había dado rienda suelta a lo que sentía cuando se había aferrado, aterrorizada, a Jazz.

Él aflojó el abrazo, se quitó la americana y se la puso alrededor de los hombros. El terror iba abandonándola y fue entonces cuando se dio cuenta que estaba desnuda en una habitación llena de hombres armados.

No la estaban mirando. Todos se habían dado la vuelta y estaban de espaldas a ella.

Alice se apartó para mirar a Jazz a la cara.

—Jazz —murmuró—. ¿Qué pasa? ¿Quiénes son estos hombres? ¿Por qué van armados?

Él no contestó. Se levantó de la cama y se puso a Jazz órdenes a los hombres que estaban en la habitación. En una decima de segundo se marcharon, desapareciendo en silencio por la puerta.

Un momento antes estaban allí, alrededor de su cama, como una amenaza sobrenatural, y al momento siguiente ya no estaban.

Jazz rebuscó en el armario y sacó una de las maletas. La abrió y a toda prisa empezó a lanzar ropa dentro.

—Vístete, cariño —le dijo sin mirarla apenas—. Ropa abrigada, botas y guantes. Muévete.

¿Muévete?

Alice se quedó congelada. Mantuvo la sábana hasta el cuello con una mano todavía temblorosa.

—Jazz, dime qué significa todo esto. ¿Quiénes eran esos hombres? ¿Qué pasa?

Él seguía sin escucharla. Metía cosas en la maleta con una mano mientras hablaba deprisa con el móvil en la otra, deteniéndose más o menos cada minuto para ir a comprobar lo que fuera por la ventana.

—Lo sé. Mierda, sí —La profunda voz estaba llena de frustración—. Eso no significa que no estén de camino. Saca a todo el mundo pero asegura el perímetro. ¿Está lista el señuelo? Bien. ¿Tiene el pelo largo? Pues que se ponga un sombrero. Haz que venga. Nosotros saldremos por el otro lado del edificio. Que tengan preparado el piso franco —Colgó el teléfono—. Vamos, cariño. Nos están esperando en la parte de atrás. Vístete.

El corazón de ella todavía latía con fuerza, pero se había recuperado lo suficiente para comprender que había sido él el que había enviado a aquel grupo de hombres a su dormitorio. Y la había aterrorizado.

Alice mantuvo la voz tranquila, pero no le fue fácil.

—¿Por qué he de vestirme y adónde vamos?

Jazz cerró la maleta.

—A un piso franco. Una mujer policía parecida a ti espera en la parte de delante. Es un señuelo. En cuanto entre, nosotros saldremos sin que nos vean. Te hará falta ropa y algo para leer. No sé cuánto tiempo tendrás que quedarte en el piso franco —Él se había burlado de la enorme pila de Para Leer que tenía en la mesita de noche. Con un golpetazo de la mano tiró todo el montón de libros en una bolsa de lona, la cerró y se la echó al hombro. Miró hacia atrás y frunció el ceño—. Maldita sea, Alice, te he dicho que te vistas.

La sangre le volvía a circular, incluso le llegó algo de sangre a la cabeza.

—Jazz, no me voy a vestir hasta que…

Él se limitó a sacarla de la cama y ponerle en las manos un jersey y unos pantalones. Seguía con el ceño fruncido y la frente se le había llenado de sudor.

Ella se quedó quieta ante él, vestida sólo con la americana demasiado grande que le colgaba hasta las rodillas y le tapaba las manos.

—Maldición, Alice, te he dicho que te muevas. No me lo hagas repetir. No tenemos tiempo —Lanzó uno de los abrigos a la cama, y después siguieron los calcetines.

Jazz nunca le había hablado de esta manera. Había sombras fuera de las ventanas, el chirriar de una radio. El motor de un coche se puso en marcha. Jazz la miró con una dura expresión.

Alice estaba congelada, agarrando la americana y envolviéndose con ella.

—Alice, si no te vistes ahora mismo, te arrastraré fuera de la casa desnuda. Créeme, lo haré si tengo que hacerlo.

Ella observó aquella cara implacable y no dudó ni por un momento que haría exactamente lo que había dicho.

Se puso la ropa con rapidez y cerró la cremallera de los botines. Jazz miraba por la ventana.

Él asintió y marcó las teclas del teléfono.

—Ven —murmuró en el auricular y Alice oyó el estruendo del motor de un coche que arrancaba. Otro rápido vistazo por la ventana y la cogió por el codo—. Vámonos.

Alice se puso rígida y apretó las rodillas. De todas maneras le temblaban así que apretarlas tenía varias ventajas.

—No voy a ninguna parte hasta que no me digas por qué y adónde.

Jazz tenía una expresión que nunca antes le había visto. Dura y despiadada, cerrándose completamente a ella.

—Sólo voy a decirlo una vez, Alice. Alguien va detrás de Bella. Ayer por la noche, dos asesinos le dispararon. Su inquilino los derribó y desapareció con ella. Acabo de examinar el cuerpo de Alec Armstrong. Lo han torturado hasta matarlo para sacarle información del paradero de Bella. Sea quien sea que va detrás de Bella, persigue a sus amigos y cualquiera que sepa algo de ella también sabe de ti. Tú eres la siguiente en su lista negra.

El corazón de Alice dio un vuelco. Bella en peligro… se le ocurrió otra cosa.

—Rose…

—Está a salvo. Me dijiste que estaba en Boston, en la Eye Clinic. Mientras venía hacia aquí con el coche, he llamado a un amigo del departamento de policía de Boston. Rose está bajo protección armada. Y a partir de ahora, tú también. Te voy a llevar a un piso franco hasta que sepa qué es lo que está pasando y quién está detrás de todo esto. Tendrás protección las veinticuatro horas. También los padres de Bella en Baja California. Ya he avisado a la policía mexicana. Ahora muévete.

Una repetición de lo de Suiza. A Alice le cayó el alma a los pies e inspiró con fuerza, sintiéndose mareada de repente.

—Jazz, por favor, por favor no me encierres. Por favor. No podría soportarlo. Mi pasaporte está en vigor y puedo dejar el país ahora mismo. Tengo un amigo en las Bermudas. O puedo ir con una tía al sur de Francia.

Él no la escuchaba. Le daba la impresión que ni siquiera la veía. Los ojos comprobaban continuamente la habitación, deteniéndose en la puerta y las ventanas. Desvió la vista hacia ella y vio que no se movía. El rostro se le endureció aún más al ver la expresión de Alice.

—Escúchame bien, Alice. Una mujer policía muy valiente que se parece un poco a ti, está ahora mismo saliendo de un coche, actuando como señuelo. Si esta casa está bajo vigilancia la seguirán. Gracias a ella tenemos algo de tiempo, pero no voy a permitir que eches a perder la posibilidad que ella nos ha dado para que puedas tener tu pequeño berrinche o meterte conmigo en una competición para ver quién es el más macho. Ahora voy a ir a la sala de estar. Te doy… —Se miró el reloj de pulsera—… cinco minutos. O sales por tu propio pie con lo que te haga falta o te esposo y te saco yo. Y no pienses ni por un segundo que no lo haré.

Durante unos segundos se quedaron allí, enfrentados. Era imposible discutir con Jazz, ni explicarle, ni hacerle razonar. Era la peor pesadilla de Alice.

—Decídete ya —gruñó él. Ni siquiera la miraba. Otra vez le echaba un vistazo a la ventana, y en su mano había aparecido una enorme pistola.

Ella hizo un gesto hacia el arma.

—¿De lo contrario me pegarás un tiro?

—No seas ridícula.

—¿Cuánto durará esto?

—El tiempo que haga falta. Ahora muévete.

Y ahí acababa todo, en más de un sentido.

—Bien —dijo ella con voz queda. Sabía que no tenía alternativa—. No tardaré más que unos minutos. Por favor, déjame sola.

Jazz se dio la vuelta y abandonó la habitación de inmediato. Se podía oír su profunda voz en la sala de estar, dando órdenes.

Alice añadió artículos de tocador, ropa interior y algunas prendas de lana. Después varios camisones y más material de lectura. Cerró la maleta con llave y se puso el abrigo. Se permitió un momento más en el cálido dormitorio y miró la cama deshecha, pensando en las esperanzas que había tenido. En los sueños de una vida feliz con Jazz.

Con manos Alice, se quitó el anillo de compromiso y lo colocó con cuidado sobre el tocador. Ya no lo necesitaba.

Nunca se lo volvería a poner.

En silenció, Alice hizo rodar la maleta hacia la puerta.

28 de diciembre

Piso franco en algún sitio de Oregón

Última hora de la mañana

Cuatro días más tarde, un Jazz exhausto y sin afeitar se detuvo en el camino de acceso de uno de los pisos francos a cargo tanto por el departamento de policía de Portland como del FBI. Éste era un caso compartido y Alice había estado viviendo allí, protegida por dos agentes del FBI y dos oficiales de policía. Jazz había elegido a los oficiales del departamento de policía él mismo. Muy buenos tiradores, duros e inteligentes. Y los agentes del FBI no se quedaban atrás. Alice había estado bien protegida. Se había asegurado que así fuera.

Durante cuatro días había estado a base de cafés y durmiendo sólo dos o tres horas cada noche en diferentes sofás y catres.

Ya había acabado todo. La larga pesadilla por fin había llegado a su fin y una especie de justicia sumaria —no una que él hubiera podido realizar, habiendo hecho el juramento de la policía, pero justicia al fin y al cabo— había sido ejecutada.

En Nochebuena, Edward Cullen había hecho una llamada desde donde quiera que tuviera escondida a Bella. Bella había oído por la radio la noticia de la muerte de Victoria Carson, una clienta suya. Al salir de la casa de Victoria Carson dos días antes, se había encontrado con el marido de la mujer, James Carson, un jefe del crimen organizado simulando ser un hombre de negocios, un hombre que Jazz había perseguido durante años.

Jazz había sentido una sacudida eléctrica por todo el cuerpo al oír aquel nombre. De terror porque era obvio que estaba involucrado en el peligro que corrían Bella y Alice, y sin embargo, también de una feroz alegría al pensar que por fin se haría justicia. Habían encontrado a Victoria con un golpe en la cabeza, y su marido juraba que estaba en Aruba en el momento del asesinato de su esposa.

Pero no estaba en Aruba, sino en Portland. La única persona que podría Jazz testimonio de ello era Bella Swan. Bella podría enviarlo para siempre a un lugar donde ni su dinero ni sus contactos podrían ayudarle.

Con razón Carson, un hombre poderoso, rico y despiadado, había hecho todo lo posible para encontrar a Bella y matarla, incluso torturar hasta la muerte al pobre Alec Armstrong.

La única cosa que había entre la silla eléctrica y la libertad era Bella Swan.

Bella había insistido en regresar y ser testigo de estado, aunque así prácticamente firmaba su propia sentencia de muerte. Si Carson no lograba matarla antes del juicio, su testimonio la haría entrar en el programa de protección de testigos hasta el día de su muerte. En esencia, la vida de Bella estaba acabada.

Pero la noche pasada habían disparado y matado a Carson. Muerto por la bala de un francotirador.

Liberando a Bella y liberando a Alice.

Jazz sabía que Midnight amaba profundamente a Bella y que haría lo que fuera para protegerla. También sabía que Midnight era uno de los mejores francotiradores del país.

Se negó a unir los dos datos.

La muerte de James Carson salvaba a Bella de una vida ocultándose y sobre todo, salvaba a Alice.

Los cuatro días pasados se había quedado en todos los interminables interrogatorios que el FBI le había hecho a Bella y rompiéndose los huevos para formar una caso hermético contra Carson. Y entonces… alguien… había tomado el asunto en sus manos y acabado con la vida de Carson.

Estaba exhausto y hecho un desastre, y a pesar de ello radiante de alegría. Bella estaba libre y Midnight era libre para amarla. Alice estaba libre y segura. Había sido un infierno, pero habían salido vivos.

La vida era frágil, las esperanzas y los sueños pendían de un hilo muy tenue que podía romperse en cualquier momento. Jazz casi había perdido a Alice en el mismo momento de encontrarla. No tenía la menor intención de perder más tiempo.

Iban a casarse tan pronto como fuera posible.

Exhausto como estaba, Jazz sentía también una especie de euforia. Iba a casarse con la muchacha más hermosa del mundo, mientras James Carson se había ido de este mundo en una exquisita especie de igualdad, demostrando que existía la justicia por muy sumaria que fuera. La vida no podía ser mejor.

Los oficiales de policía y los agentes del FBI apenas alzaron la mirada cuando entró en el apartamento. Sabían que vendría. Había estado en contacto telefónico constante con ellos y lo mantenían informado de cada movimiento de Alice. Y no es que ella se hubiera movido mucho.

Casi siempre estaba en su habitación leyendo. También le habían dicho que había comido poco, y eso era algo que le preocupaba. A Alice no le sobraba nada de peso.

—Hola, teniente —Sam Haney, arrogante y regordete, uno de sus propios hombres, estaba limpiando el arma—. Me alegro que todo haya terminado. Este trabajo es muy aburrido. Está usted hecho un asco.

Los otros tres alzaron la mirada por un momento, saludaron con una inclinación de cabeza y luego continuaron recogiéndolo todo. Había maletas puestas de cualquier manera en el suelo y el sofá. Cajas de pizza, periódicos abiertos y ceniceros repletos por todas partes. El desagradable olor de demasiados hombres en un espacio demasiado pequeño, de comida rancia, de humo rancio, del líquido para limpiar las armas y de la tensión, llenaba el espacio.

No era raro que Alice se quedara en su habitación. Ella era delicadamente melindrosa, como una gatita.

Jazz estaba seguro que su habitación estaría inmaculada y perfumada.

Antes que Jazz pudiera abrir la boca, Haney hizo un gesto con el pulgar.

—Ella está ahí, leyendo. Chico, esa dama lee como si en ello le fuera la vida —Movió la cabeza con admiración—. Ha leído más ella en cuatro días que yo en toda mi vida.

Esa es mi Alice, pensó Jazz.

—Tal vez queráis iros enseguida, ¿eh, tíos?

Haney hizo un frívolo saludo llevándose el índice a la sien.

—Como si ya nos hubiéramos ido.

Metió de cualquier manera el resto de sus cosas en la bolsa y cerró la cremallera. Los demás hicieron lo mismo.

Jazz fue hacia la habitación de Alice y llamó.

—Adelante.

Dios mío, él había perdido la voz. El corazón de Jazz iba a toda velocidad al abrir la puerta. Era difícil borrar la sonrisa amplia y estúpida que tenía plasmada en la cara. Iba a tener que hacer algunos… planes porque ya no había peligro, y una vez acabado todo, sólo quedaba un camino lleno de felicidad para Alice y él. El coche estaba fuera. En media hora llegarían a casa, donde no iba ni a dejarla respirar hasta mañana por la mañana. Después, empezarían a planear la boda. Diablos, tal vez bastaría con ir al Ayuntamiento y casarse cuando estuvieran los análisis de sangre.

Una vida con Alice. Como su esposa.

Le encantaba su trabajo. Sabía que amaría a su mujer durante toda la vida. Incluso podrían tener hijos. Si los tenían estaba claro como el agua que también los amaría. Nunca, ni en sus sueños más locos se hubiera imaginado conseguir todo esto.

Allí estaba. El amor de su vida. Su futura esposa.

—Hola, cariño.

Alice estaba sentada en un sillón, leyendo. Naturalmente. Por supuesto, esta pequeña habitación era un oasis de paz y pulcritud, perfumada y ordenada. Aspiró con fuerza, a punto de derrumbarse por el cansancio, pero al mismo tiempo lleno de energía.

—Ya ha acabado todo. He venido para llevarte a casa.

Ella no sonrió. Puso una señal en la página del libro que estaba leyendo y con cuidado lo dejó en una mesa. La cara que se alzó hacia él era seria y formal.

—¿Bella está bien?

Bueno. Ahora era donde tendría que suavizar algo las cosas, bordear un poco dura realidad de la vida.

—Por supuesto —Y apostaría su pensión a que ahora mismo estaba en la cama con Edward—. El FBI la ha dejado libre. No habrá juicio porque James Carson está muerto.

Alice lo miró con aquellos enormes y solemnes ojos azules, tan azules y límpidos como un lago de montaña en un día de verano.

—¿Muerto? ¿Ha sido casualidad? ¿Cómo ha muerto?

Salía en los periódicos, así que no podía mentir.

—Un francotirador lo mató de un disparo. Totalmente inesperado, pero ha solucionado un montón de problemas.

Ella se quedó en silencio unos instantes.

—Sí, entiendo que haya solucionado un montón de problemas. ¿Eso significa que Bella ya no corre ningún peligro? ¿Qué es libre?

—Oh, sí. Y tú tampoco corres ya ningún peligro. Vamos, cariño. Recoge tus cosas. Llegaremos a Portland en una hora, más o menos —Jazz se pasó la mano por la cara, deseando haber tenido tiempo para ducharse y afeitarse. Pero no podía esperar más para ver a Alice—. Esta noche te haré una cena de primera. Ah —Sacó la mano del bolsillo del abrigo. La extendió hacia ella y en su palma brillaba el anillo de compromiso—. Se te olvidó esto. Sabía que lo querrías. Siento no habértelo traído antes, pero estaba en… otra zona.

El piso franco de Bella había estado en Reyburg, pero no podía decírselo a Alice. Las posiciones de los pisos francos eran de máximo secreto.

Alice se levantó y empezó a guardar las cosas en silencio. Echó una mirada a la mano de él y negó con la cabeza sin mirarlo.

—No, Jazz. No necesito el anillo. Y no se me olvidó. Lo dejé porque no es mío.

Él estaba allí de pie, con una boba y amplia sonrisa en la cara y con la mano abierta.

—¿Qué? No… —Negó con la cabeza—. Claro que es tuyo, cariño. Es el anillo que te compré.

Alice entró en el cuarto de baño y salió con sus artículos de tocador. Los colocó ordenadamente en el neceser.

—No. El anillo es para tu prometida. No para mí.

Esto ya no era nada gracioso.

—¿Qué coño significa esto de para mi prometida? Tú eres mi prometida.

Ella respiró hondo y se enfrentó a él.

—No lo soy, ya no —La voz de Alice era Alice pero firme.

—¡Mierda! —Jazz intentó tranquilizarse, pero no lo consiguió—. ¿Por qué coño… —Inspiró con fuerza, intentando controlar sus emociones. Alice acaba de pasar por una experiencia muy dura. Era obvio que no pensaba con claridad—. De acuerdo, cariño. Lo que tú digas. Vámonos y podemos hablar en el coche. No puedo esperar a salir de aquí.

Ella cerró la maleta.

—No quiero volver en el coche contigo, Jazz. De hecho, no quiero volver a verte. Le pediré a uno de los policías me lleve a casa.

Jazz parpadeó, sintiendo como si de pronto le hubieran perforado el estómago.

—¿De qué demonios estás hablando? —Algo estaba yendo muy mal, y no tenía ni idea de lo que era. Entonces bajó los ojos y se miró a sí mismo. Parecía un vagabundo y debía oler como si lo fuera. Había estado durmiendo con la ropa puesta y sólo había podido darse una ducha en los últimos cuatro días, y no se había afeitado ni una sola vez. No era raro que no quisiera entrar con él en el coche.

—Siento no haber podido lavarme, cariño. Han sido unos días realmente intensos.

—Crees que soy una snob —La voz de Alice era clara y suave. Lo miró a los ojos—. Crees que me avergüenza que me vean con alguien que ha estado trabajando duro —Una rápida exhalación—. No me conoces en absoluto si piensas eso de mí. Pero bueno, tampoco es una sorpresa.

Jazz estaba completamente desorientado.

—Bien, si el hecho de que huelo como un cerdo y parezco un vagabundo no es el problema, ¿cuál es? Porque de verdad que me gustaría que nos fuéramos ya. Tenemos cosas que hacer. Como planificar una boda.

—No va a haber boda.

Alice dejó caer esa pequeña bomba como una piedra al fondo del agua. El eco de las palabras creó toda una serie de ondas. Jazz tuvo que obligarse a no agarrarla y sacudirla. El agotamiento es como estar bebido. Las cosas penetran poco a poco. Jazz por fin comprendía que Alice, de una manera silenciosa, estaba furiosa con él, y no tenía ni idea de por qué. Hasta ahora no se había dado cuenta porque nunca la había visto enfadada. Ni siquiera sabía que pudiera enfadarse. Su sello de identidad era un carácter tranquilo y alegre.

Estaba en un terreno desconocido y resbaladizo. Nunca se había peleado con una mujer. Si alguna vez se enfadaba, soltaba unos cuantos tacos y se largaba. ¿Por qué iba a soportar gilipolleces? Pero Alice era diferente y si tenía que luchar por ella, incluso luchar contra ella, lo haría. Abrió las piernas y se enderezó, preparándose inconscientemente para la batalla, aunque sería una batalla de palabras, no de puños.

—De acuerdo —Iba a ser doloroso pero podía hacerlo—. Dime qué es lo que he hecho mal y te pediré perdón, después tú me perdonas y nos vamos. ¿Es porque no te he llamado? Te juro que he llamado a los oficiales cuatro o cinco veces al día, puedes preguntarles. Sabía que estabas bien y sabía de todos tus movimientos. Tal vez hubiera podido hablar contigo pero las cosas han sido de verdad intensas. Pero ahora comprendo que debería haber sacado tiempo para hacerlo.

—Sé que has estado muy ocupado, Jazz. No soy una cría. Pero ahí precisamente está el problema. Al parecer piensas que soy una niña. Una niña enferma, por añadidura. Ni siquiera se te pasó por la cabeza consultarme sobre donde ir para estar a salvo. ¿Se te ocurrió pensar que me pasé cinco años encerrada en un recinto de Suiza rodeada de hombres armados? Cada vez que salía del recinto para pasear me seguía un guardaespaldas armado. Odié cada segundo que pasé allí. Era como estar prisionera por un delito que no cometí. Se lo dije a mi padre muchas veces, pero no parecía oírme. Igual que cuando hablo contigo, y no me oyes. Le hizo sentir mejor saber que yo estaba en Suiza, así que allí me quedé.

—¡Claro que se sentía malditamente mejor! —dijo Jazz con vehemencia. Una rabia abrasadora e impresionante iba apoderándose de él—. Eras una maldita secuestrada y te había atrapado un maldito hombre con una maldita pistola y un cuchillo, ¿y se supone que tu padre tenía que dejarte ir donde quisieras sin intentar protegerte? —La imagen de Alice, calva, enferma, frágil, temblando en sus brazos hizo que la rabia aumentara aún más—. ¿Es que aún no te has dado cuenta de lo que hubiera podido hacerte Garfed si yo no hubiera aparecido?

—Por supuesto que me doy cuenta. Lo que digo es que encerrarme durante cinco años no era la respuesta. Al igual que encerrarme durante cuatro días. Hay muchos sitios donde podría haber ido, donde James Carson no me habría encontrado.

—Oh, claro —La rabia iba aumentando con cada palabra que ella decía—. Alice Brandon, la que nunca ha vivido sola, la que tal vez haya pasado no más de cinco minutos alejada del ala protectora de su padre, es de repente una gran experta en huir de un gánster internacional. Lo tendrías detrás de ti en menos de cinco minutos, y delante. Era un monstruo, Alice. Rápido y despiadado. No habrías tenido ni una sola posibilidad. No tienes ni idea de lo que es el mundo exterior, de lo que es capaz un hombre como Carson. No sabes nada —Se iba enfureciendo cada vez más sólo de pensar en Alice intentando ser más lista que alguien como Carson que tenía inmensos recursos financieros y humanos a su disposición y que los usaba con una inclemencia absoluta. Carson la habría torturado hasta matarla sin un sólo pestañeo. Incluso lo habría disfrutado. Sólo de pensar en Alice a la merced de un sádico monstruo hacía que Jazz se pusiera a sudar a mares—. ¡Maldita sea, Alice, ni siquiera se te debería dejar salir sola! ¡Mírate! ¡La primera noche de juerga y te follaste al primer tío que te encontraste en el Warehouse! ¿Qué clase de estupidez es esa?

Fue un error. Lo supo, comprendió que había sido un error justo en el momento que dijo las palabras, pero salieron a borbotones por el agotamiento y la rabia. Las palabras rebotaron en la pequeña habitación, con rudeza y con fuerza. Ya no podía borrarlas.

Alice se quedó muy pálida. Lo miró a los ojos durante un largo momento, luego dejó caer los esbeltos hombros con desesperanza.

Las lágrimas brillaron en sus ojos con intensidad, pero no las apartó.

—Sabía lo que hacía. Sabía a quién elegía y no me equivoqué. Te elegí, y en aquel momento tuve razón. Pero después sí me he equivocado. Creía que realmente me amabas. Pero no puedes amarme, Jazz, y tener esa opinión de mí. Creer que soy una niña estúpida, despreocupada y mimada que necesita que cuiden de ella —Se mordió los labios que se habían quedado pálidos—. Luché demasiado duro y demasiado tiempo para poder seguir viviendo y llegar a ser una adulta, como para que ahora se me niegue esa posibilidad. Tú no confías en mí, y no quiero luchar para conseguir esa confianza. Le pediré a una de los oficiales que me han estado vigilando que me lleve a casa.

Desvió la mirada hacia el puño de él que apretaba el anillo de compromiso.

—Tal vez el joyero te devuelva el dinero del anillo —susurró—. Yo ya no lo llevaré.


La historia no es mia, la autora de tremenda maravilla es Lisa Marie Rice

Espero les guste y nos vemos en el próximo capitulo

* Saludos Telli *