No se podía creer donde estaban. Hinata podía verse reflejada en los profundos ojos azules de Naruto y se dio cuenta de que parecía ayer cuando era una niña tímida y asustadiza que seguía a todas partes a Naruto por las calles de Konoha. Y en cosa de unos años, gracias a él, había conseguido superarse y dejar atrás a la niña que había sido. Lucho por él en la guerra, porque creía en él de la misma forma que él le había apoyado en los exámenes chunin y en multitud de misiones. A pesar de todo se había convertido en un orgullo para su padre y su clan, ya no era una usuaria débil de bakuyan incapaz de hacerse con el mando del clan, sino una de los héroes de la guerra. Y ahora estaba frente al hombre del que llevaba enamorada desde los cinco años, a punto de casarse con él, aquella era una prueba factible de que si se perseguían los sueños y no se rendía nunca, podían cuplirse.

Los dos sabían lo que significaba amarse, en silencio, profundamente, poco a poco.

Ella, durante toda su vida.

Él, dándose cuenta de repente, sintiendo un mazazo de realidad en lo más profundo de su corazón.

Naruto miró fijamente a Hinata enfrente de él cogiéndole las manos. Era un auténtico ángel. La única persona que desde niño le había visto tal como era. No el chico revoltoso, no el recipiente del biju de nueve colas, sino a Naruto Uzumaki. Cada vez que recordaba cuando había luchado con Pain para salvarle a él…. Algo le desgarraba las entrañas cuando la imagen de ella tirada en el suelo se le venía a la mente. Se había alzado como su salvadora, en frente de todos solo para que nadie le hiciera daño a él, a Naruto. En ese momento algo en su interior se había revelado y había comprendido que Hinata era suya desde antes de que él se diera cuenta de ello. Era una sensación extraña podía ver su alma reflejada en los ojos de Hinata y después de mucho tiempo, sintió una sensación de paz.

Hicieron sus promesas y se dijeron sus votos en el antiguo templo y después sellaron su unión besando suavemente los labios del otro.

-Te quiero, Hinata.

-Y también te quiero, Naruto.

Si era posible explotar de felicidad, estaban seguros de que lo harían ahí mismo. Caminaron unos cuantos metros cogidos de la mano sin dejar de hacerse arrumacos de vez en cuando y de sonreír como dos bobos.

-Mira Naruto, un río.

-¿Tienes sed?

Le encantaba que estuviera tan pendiente de ella y cuidara sus necesidades. La verdad es que tenía bastante sed y hacia algo de calor. Beber algo de agua fría le parecía perfecto.

-Bien, vamos- dijo llevándola de la mano.

Hinata vio como Naruto se agachaba para juntar sus manos y darle un poco de agua. Se sorprendió a si misma mirando fijamente el trasero a Naruto y sus mejillas se tornaron rojas como dos manzanas de repente una chispa se encendió en su mente. ¿Por qué tenía que avergonzarse? Después de todo ahora Naruto era su marido. Así que tentada Hinata hizo algo que no se habría imaginado hacer. Situó su pie derecho en el culo de Naruto y le empujo al rio.

-WAAA- gritó Naruto cayendo.

Hinata no pudo hacer otra cosa que doblarse de la risa al ver la expresión inicial de él. Estaba sorprendido de que la normalmente tímida Hinata le hubiera nada menos que tirarle al río.

Pero la risa se le corto cuando vio la expresión de Naruto, ya no era de asombro sino más oscura. Parecía un depredador mirando a su presa. Era como si sus ojos fueran a devorarla mientras se desnudaba y tiraba la ropa a la orilla.

-No juegues con fuego, mi amor.

Naruto se endureció con sólo mirarla. Su oscura mirada no se perdió ni uno de los rítmicos movimientos de su esbelta figura mientras ella se quitaba la ropa. Hinata entró en el agua caminando lentamente.

Desapareció bajo la superficie y nadó para emerger algo después como una elegante ninfa. Naruto se sentó al borde de una roca, colocando las piernas bajo el agua. La observó mientras nadaba de un lado a otro, con el cuerpo brillando sobre el agua, hasta que desapareció una vez más bajo la superficie.

Cuando sacó la cabeza para respirar, Hinata recorrió con la mirada el hermoso cuerpo que se hallaba ante sus ojos. Él permanecía absolutamente inmóvil. Tenía unos músculos poderosos y bien definidos.

Una leve sonrisa se dibujó en la boca de ella mientras nadaba lentamente hacia él.

-Así que no debo jugar con fuego, pero ¿Y si yo quiero hacerlo? Dime que pasa si quiero quemarme, Naruto. Mi esposo, mi hombre, mi mitad.

Él tuvo que realizar un considerable esfuerzo para lograr recuperar la voz, pero aun así, sonó como si se estuviese atragantando.

-¿Quieres que te diga lo que pasaría? Te partiría en dos, y no creo que la primera vez deba hacer eso contigo.– se le hacía muy difícil pensar correctamente, ya que su mente era un furioso torbellino de deseo. El agua acariciaba sus caderas a medida que ella se le acercaba.

Sus pechos le acariciaron las piernas, enviando llamaradas de fuego que hicieron que su sangre hirviera en las venas.

Hinata empujó sus rodillas, forzándole a separarlas para que pudiese acomodarse entre ellas. Acercó la barbilla a su regazo.

-Ahora somos marido y mujer, somos un solo corazón, un solo cuerpo, una sola alma. Enséñame, Naruto. Muéstrame lo que mi cuerpo puede llegar a hacer contigo.—

Su cálido aliento sobre la piel logró que su cuerpo se endureciese aún más. Ella atrapó con la lengua una gota de agua, y cerró los ojos para saborearla. Naruto gimió ante el súbito placer que atravesó su cuerpo de arriba abajo.

De golpe se metió en el agua con ella y la atrajo hacia él. Empezó a besarla como si estuviera muerto de sed y ella fuese un manantial creado solo para abastecerle a él.

Hinata sintió como una de las manos de Naruto iba deslizándose por su cuello para posarse en uno de sus pechos jamás habría imaginado lo que sentiría cuando empezó a masajearlo y a tirar suavemente de su pezón. Iba a morir de placer.

-Naruto…..

-¿Sabes que puedo hacer que roces el cielo simplemente con hacer esto?

-Por favor…

-No, sería demasiado fácil y te debo una por tirarme al agua.

La mano de Naruto se apartó de su pecho y se deslizó por su vientre para ir a posarse entre las piernas de Hinata. Empezó a estimularla poco a poco haciendo que salieran suaves gemidos de los labios de Hinnata, los cuales Naruto acalló con un beso que la dejó sin respiración.

De golpe se separó de ella y la sacó del río en brazos para acostarla sobre la hierba.

Se apoyó en los brazos y se quedó mirándola fijamente por todo el cuerpo. Hinata jamás había sentido algo parecido hasta entonces. Naruto la miraba con una expresión como si quisiera devorarla.

-Ahora, voy a hacerte mía y vas a mirarme a los ojos cuando te corras para que sepas quien te ha dado tu primer orgasmo y gritaras mi nombre.- dijo Naruto tanteando con sus dedos la parte intima de Hinata.

-Te has puesto más húmeda, te gusta que te diga cosas sucias.

-Yo… Naruto.

-Tranquila, amor. se lo que necesitas y yo seré el único en proporcionártelo. Ahora y siempre.

-Ahora y siempre.

Y sin más, Naruto se hundió en ella de un golpe. Al principio sintió un dolor punzante y se agarró firmemente a los brazos de él, reteniendo las lágrimas.

-Shhh shhh ya está, ya está. Ahora somos uno como marido y mujer.- le sonrió Naruto.

Por un momento ella tuvo miedo al sentir el dolor pero después miró a Naruto, su marido a los ojos. Esos enormes ojos azules que le daban tanta paz y seguridad y se sintió completa.

-Naruto…

-Lo sé. A mí también me pasa lo mismo.

Se fundieron en un beso mientras Naruto embestía lentamente a Hinata para que se acostumbrara a su tamaño. Que bien se sentía el estar dentro de ella, después de tantas cosas por las que había pasado era como estar en casa, un lugar cálido y lleno de amor, solo para él. Poco a poco las embestidas se fueron haciendo más fuertes y rapidas, hasta que Naruto sintió como Hinata estaba a punto de llegar al orgasmo.

-Mírame Hinata, Mírame.

-Naruto…

-Te quiero. ¡Te quiero!

-Naruto Yo también te quiero

Los dos explotaron a la vez en una lluvia de fuegos artificiales nunca habían sentido una felicidad como aquella, eran uno del otro en todos los sentidos.

Naruto tumbo a Hinata encima de él para que estuviera más cómoda y cuando ella se quedo dormida mientras él le acariciaba el suave cabello azulado, Naruto pensó que ahora su vida ya no era solo de él, le pertenecía a otra persona que estaba a su lado. Hinata Uzumaki, su esposa.