HOLA CHICAS, POR FIN TRAIGO LA ACTUALIZACIÓN...
NO ME CANSO DE DECIRLES LO MUCHO QUE LES AGRADEZCO QUE SE TOMEN EL TIEMPO PARA LEER ESTA HISTORIA, EN VERDAD VALORO MUCHO ESO.
ESPERO QUE ESTE CAPÍTULO LES GUSTE, NOS LEEMOS PRONTO.
-¿Estás segura de lo que harás Candy? -preguntó Paty con la preocupación reflejada en el rostro.
Candy le regaló una sonrisa, y asintió. -sí Paty, estoy muy segura.
-Pero Candy...ustedes… son tan jóvenes… v. -insistió Annie.
-Annie… no es como si mañana mismo fuera a ocurrir, Terry y yo hemos pensado que el próximo Mayo sería adecuado… para entonces, Terry alcanzará la mayoría de edad, y yo… bueno, estaré lista… -dijo sonrojándose levemente.
-Bueno, no creo que seis meses hagan mucha diferencia, pero si lo has decidido, sólo nos queda desearte toda la felicidad de este mundo. -dijo Paty abrazando a su querida amiga muy efusivamente.
-Ahora… -dejanos ver ese anillo… -dijo Annie con alegría.
-Es precioso… -dijo Annie admirando la joya.
-debe pertenecer al ajuar familiar, y su valor podría ser incalculable. -dijo Paty.
-Tienes razón Paty, Terry me dijo que este anillo ha pasado de generación en generación. Él deseaba reemplazarlo por otro, pero el duque ha insistido en que es una tradición familiar. -explicó Candy.
-desde luego Paty y yo seremos tus damas de honor… no te perdonaría que nos dejaras fuera de esto.
-Porsupuesto que ustedes estarán conmigo en todo momento. -dijo la chica rubia correspondiendo al abrazo de sus amigas.
-Señoritas, ya es hora de que vayan a la cama. -anunció la hermana Margaret que hacía su habitual ronda.
-sí hermana, contestaron las chicas…
Sin embargo Candy no pudo reprimirse, y corrió a abrazar a la religiosa. -gracias hermana. -le dijo, pues las chicas le habían contado que la religiosa había intentado interceder por ellos.
La mujer comprendió que sus amigas la habían puesto al tanto de lo ocurrido…
En aquel colegio con reglas tan estrictas las religiosas no podían mostrar ningún tipo de afecto hacia los alumnos, pero la hermana Margaret nunca antes había conocido a una chica como Candy, capaz de derretir hasta un témpano de hielo con su calidez natural, así que se permitió por primera vez, mostrar su lado afectuoso, y correspondió al abrazo.
Después, todas se retiraron a sus habitaciones.
Candy estaba tan cansada, que se durmió pronto, con una sonrisa dibujada en los labios.
El día siguiente, sin embargo, no fue tan mágico, tuvo que volver a clases, y encima soportar las miradas de desconcierto de todas sus compañeras.
Candy se preguntaba, si su compromiso sería ya del dominio de todos en el colegio…
Pensó entonces que quizá Eliza… buscó por toda la habitación esa mirada burlona que siempre la acosaba, pero fue en vano… ella no estaba en el salón…
Aquello le causó una gran impresión, por lo que al salir de clases, quiso saber dónde estaba.
-Paty… hay algo que me inquieta…
-¿Qué sucede Candy?
-Es… hoy en la clase… Eliza no estaba presente…
-Oh… -exclamó la muchacha, dirigiendo su mirada a Annie en busca de apoyo.
-¿Qué sucede chicas? -dijo Candy.
-Eliza… ella… fue expulsada del colegio, y la tía abuela la mandó de vuelta a América… -respondió Annie.
-¿expulsada? -eso es imposible…
-Candy, no me digas que sientes pena por ella… -dijo Annie, molesta ante esa perspectiva.
-Bueno yo… la verdad es que nunca quise que…
-Escucha Candy, tú no eres culpable de lo sucedido… ella misma se lo buscó. -dijo Paty.
Además, no creo que tenga lo que merece…
-secundo Annie.
-Annie… -susurró Candy.
-díganme ¿cómo es que Eliza...?
Las dos chicas guardaron silencio un momento, hasta que Paty se decidió y habló.
-Stear me dijo que la hermana Gray tomó la decisión de expulsar a Eliza, y la tía abuela no se opuso, por el contrario, estaba considerando la idea de enviarla a Lakewood y mantenerla allá por un largo tiempo sin poder utilizar los privilegios que su apellido le otorga, esperaba que le sirviera de escarmiento, sin embargo, la hermana Gray, recomendó a la tía abuela un colegio para señoritas en Chicago, allí es dónde irá Eliza.
-¿Neil la acompañará?
-No, él se ha quedado. -respondió Annie esta vez.
El rostro de Candy se descompuso.
-Stear dice que Neil es demasiado cobarde para hacer algo en tu contra, además ha dejado de tener la guía de Eliza.
Candy comprendió entonces el porqué de las miradas de sus compañeras, seguramente Luisa las habría convencido de que Eliza era una víctima.
A este respecto, tenía emociones encontradas, por un lado, le alegró saber que Eliza no estaría allí para tratar de arruinar su felicidad, pero por otro lado, sentía pena por ella, pensó que todas las bromas y ofensas que le gastaba eran el reflejo de la pobreza de su alma, y deseo de corazón que encontrara su lugar en el mundo.
Ya por la tarde, Candy se dirigió a la colina para encontrarse con Terry… era la primera vez que lo veía desde su compromiso, le pareció extraño saber que sus destinos estaban ligados ahora.
-veo que se dignó a venir señorita pecas…
Ella le sonrío, sintiendo cómo se relajaba al darse cuenta de que Terry seguía siendo tan bromista como siempre.
Tengo noticias… -anunció, con el rostro un poco serio, logrando captar por completo la atención de Candy
-Debido a nuestra… situación actual… la hermana Gray ha accedido a darnos un espacio para poder vernos… -explicó él, que aún no estaba habituado a su nuevo estatus de hombre comprometido, por supuesto, no era que le desagradara, por el contrario, era una de las cosas que un día terminaría por agradecer a su padre, pero temía que Candy se sintiera incómoda hablando de ello.
-te has quedado callado.
-oh si, decía que podremos vernos, y hablar dentro del colegio, pero deberá ser en una de las salas y con la supervisión de una monja… -dijo Terry despectivamente.
Candy tampoco ocultó su decepción, pues sabía que a la mirada de las monjas no podrían ser ellos mismos, y tendrían que seguir las reglas impuestas por la sociedad. Esas que a ninguno de los dos se le daba bien seguir.
-hay algo más… ¿cierto?
-sólo una cosa más… mi padre desea que nos reunamos con él el próximo domingo para tomar el té.
-Pero no podemos… aún no es quinto domingo.
Terry sonrió sin alegría. -El duque siempre consigue lo que quiere. -dijo Terry.
Candy comprendió los sentimientos de Terry, y se preguntó si había hecho bien en aceptar su propuesta, sabiendo que él no toleraba a la nobleza.
-Será la primera vez que la vea… -dijo é és del enfrentamiento que tuvimos cuando volví de América.
Candy supo que Terry se refería a su madrastra.
-Me pregunto ¿cuál fue su reacción al enterarse de los planes de mi padre? -No permitiré que trate de hacerte un desaire… yo he aprendido a vivir con su desprecio, y la verdad es que no me importa, pero no quisiera que tú...
Candy no supo qué responder ni cómo aliviar la tensión, y hacerle saber a Terry que estaría bien, era verdad, estaba nerviosa, y a la vez furiosa, por la perspectiva de conocer a la mujer que había hecho desdichada la infancia de Terry, pero no se acobardaría frente a ella. Candy pensó que si seguían por esa línea de conversación tendría que salir huyendo para no querer asesinar a esa mujer. Afortunadamente no fue necesario, pues el mismo Terry, que se había mostrado un tanto sombrío al hablar del castillo, cambió radicalmente su actitud.
-Me alegra que estés a mi lado. -dijo, y Candy apoyó la cabeza en su hombro.
Mientras tanto, en el castillo Grandchester, acababa de suscitarse un duro enfrentamiento.
Caroline Grandchester, actual, duquesa había arrojado un costosísimo jarrón con toda la intención de que se estrellara contra su marido, sin embargo, el hombre había conseguido salir antes, y el jarrón fue a dar contra la puerta del despacho haciéndose añicos.
La mujer tenía el rostro enrojecido de furia.
Su esposo había tenido el descaro de decirle que su bastardo pronto contraería matrimonio y entonces lo nombraría heredero al ducado.
No conforme con eso, le había pedido, no más bien le había ordenado que planeara la fiesta de compromiso.
Durante sus quince años de matrimonio había sido víctima de múltiples humillaciones por parte de su esposo, desde sus desplantes, el hecho de que durante todo ese tiempo sólo la hubiera tocado en tres ocasiones con meros fines de procreación … y sus múltiples infidelidades…
De haber sabido que ese sería su destino, habría renunciado a él… pero ahora ya era tarde…
Recordó lo mucho que se había emocionado cuando su padre le había informado que había arreglado su compromiso matrimonial con Richard Grandchester, dicho arreglo había sido posible, gracias a que el padre de Richard estaba casi en la ruina y su padre había ofrecido una cuantiosa fortuna.
Ella había estado enamorada de él desde hacía mucho, y deseaba fervientemente el momento de convertirse en su esposa,sin embargo él decidió ignorar el arreglo, y se retiró a Escocia, allí conoció a esa actriz de quinta, entonces rompió el compromiso, se casó con ella y se marchó a América, sin importar nada.
Tiempo después se enteró de que Richard se había convertido en padre, para entonces, ella se encontraba ante la perspectiva de casarse con el nuevo pretendiente que su padre le había había conseguido, pero ella, acostumbrada a tener todo lo que deseaba, se negó, y le hizo saber que no se casaría con nadie que no fuera Richard.
Fuera porque deseaba cumplir los deseos de su hija, o porque conseguir una posición en la nobleza fuera prioritario, su padre, aprovechando su ventaja económica, hizo lo necesario para obligar a Richard a acceder al compromiso, fue así, que consiguió tenerlo, lo que no esperaba, era que trajera consigo al hijo que había procreado con esa mujer…
Ella había aceptado su presencia creyendo que de esa manera lograría hacerse con el corazón de su esposo, pero él le había dejado en claro que eso nunca sucedería, y ella sabía que el motivo era la mujer que había dejado en América, su sombra era el lastre que había arrastrado a lo largo de todos esos años y que se mantenía vigente por medio de ese chiquillo...
-Milady disculpe que la interrumpa, pero un carruaje ha llegado con este mensaje. -dijo, y le entregó un sobre.
-bien. -encárgate de recoger este desastre. -voy a salir.
Uno de los guardias, al ver que su señora tenía intención de abordar aquel carruaje de dudosa procedencia, se apresuró a abordarla.
-Milady ¿desea que ordene a los guardias seguir el carruaje a distancia?
-no es necesario. - dijo, y abordó.
En el interior del carruaje una figura encapuchada, apenas iluminada por la poca luz que se filtraba por las ventanas.
-¿nunca dejarás de ser tan teatral cierto?
Cómo respuesta recibió un encogimiento de hombros.
-Escuché que tu hijo contraerá matrimonio…
-sabes bien que el muchacho no es mi hijo…
-lo sé… pero me divierte ver esa expresión en tu cara cuando hablas de él…
-vayamos al grano ¿quieres? -Necesito poner en marcha el plan... -dijo la duquesa.
El misterioso personaje chasqueo la lengua.
-Me parece que Richard ha sido más inteligente que tú… ahora que Terrence será nombrado heredero, la muerte de Richard no importará…
-Tal vez… pero el muchacho no quiere ocupar el lugar de su padre… si Richard muere, es probable que Terrence renuncie al ducado…
-¿Y si no lo hace?
-Entonces también lo quitaremos del camino… -respondió la duquesa con frialdad.
-Muy bien, entonces se hará como gustes…
Annie se encontraba en los jardines del colegio practicando sus notas, sin notar que un par de ojos grises se habían posado sobre ella…
-Tiene usted un talento extraordinario. -escuchó decir. -cuando se volvió, se encontró con la intensa mirada de un joven que al parecer llevaba un largo rato observándola.
-Yo… bueno, se supone que no…
-disculpe señorita, mi intención no era asustarla…
-Mi nombre es Paul Rinaldi. -dijo, y sin previo aviso tomó su mano para depositar un galante beso en el dorso, mientras su plateada mirada se clavaba en el bello rostro de la muchacha.
-Yo… soy Annie Britter… -dijo ella casi en un susurro.
-Es un verdadero placer conocer a una señorita tan bella…
-Señor Rinaldi. -le recuerdo que en este colegio el contacto entre chicos y chicas está estrictamente prohibido. -dijo la hermana Gray, que había contemplado la escena.
Annie se sobresaltó al escuchar la voz de la mujer.
-lo siento hermana. -se excusó el chico.
-ciao bella, -nos veremos después. -le dijo a Annie, y le guiñó un ojo.
Archie paseaba por los jardines, había tomado esa costumbre desde que habían vuelto de Escocia.
Hacerlo, le ayudaba a serenar su agitada mente, aunque a veces no servía de nada.
Sin darse cuenta, sus pasos lo llevaron al lugar en el que días atrás había visualizado a Annie practicar con su violín, en aquella ocasión, y sin saber porqué, había sentido deseos de acercarse y hablarle, sin embargo no lo había hecho, pensó que aquel sentimiento estaba guiado por la culpa que sentía por haberla lastimado.
Pensaba en ello, cuando la vio… estaba hablando con un muchacho, al parecer, él le dijo algo que la hizo ruborizarse hasta las orejas.
Luego vio cómo aquel individuo besaba la mano de la que fuera su novia.
Entonces Archie sintió que su sangre hervía…
Sintió deseos de correr hacia ellos, y borrar la sonrisa de la cara de aquel tipo que se había atrevido a mirar a Annie de aquella manera.
Estaba por lanzarse, cuando vio que la hermana Gray se acercaba, entonces vio a aquel tipo marcharse, no sin antes hacer que Annie se sonrojara otra vez…
Se preguntó entonces ¿qué estaba pasando con él? ¿acaso estaba celoso?
