Ser capaz de escuchar ojos e ignorar palabras
En destino a Pesitiin
El viaje que había creído sería uno solitario se transformó en uno muy interesante junto a Daala. La mujer resultó ser de gran ayuda y siempre obtenía de ella conversaciones muy sugestivas y apasionantes. Todos los oficiales del Imperio la habían subestimado -incluyéndose a si mismo- al opinar que sólo alcanzó su alto rango a través de su ex – amante Moff Tarkin. Su inteligencia era una sin igual y captaba todo lo que sucedía a su alrededor con presteza. Si era honesto consigo mismo, diría que se sentía muy afortunado de tenerla a su lado. De su lado.
Pellaeon utilizó las últimas semanas para convencer a la mujer con pequeñas indirectas y leves insinuaciones de cual era el rumbo que estaba tomando. Había transcurrido un mes –o eran casi dos meses- desde que envió al mayor Vermel a Morishim para contactar al general Bel Iblis. La pregunta crítica del momento era si su misión había sido exitosa; darle su mensaje al general de la Nueva República. Todavía no le llegaba ningún tipo de señal o mensaje de parte del mayor y eso le preocupaba. De todas formas decidió dirigirse a Pesitiin, confiando en hallar a Bel Iblis en el sistema.
Pero el viaje en ningún momento resultó ser tedioso y mucho menos aburrido. Al informarle de sus intenciones a Daala, la mujer las recibió con un poco de reticencia. Pero como toda oficial que conocía cual era su posición, acató las ordenes del gran almirante. El sugirió buscar algún tipo de documento sobre el ataque de Caamas entre sus registros imperiales para entregárselo al general en muestra de su buena fe y deseo de firmar un tipo de alianza con la Nueva República. Mas la búsqueda fue una infructuosa, no hallaron nada. Parecía que todo conspiraba contra su afán de unir ambos sistemas; la desaparición del mayor Vermel, ninguna aparición de los documentos de Caamas y la sospecha de que tal vez varios Moff estuvieran conspirando contra su misión…
-Creo saber de un lugar donde es muy probable que tengan los documentos.
Sobresaltado de sus reflexiones, Pellaeon miró a Daala. -¿Sí?
-Nirauan.
El frunció el ceño, -Nunca he oído hablar del lugar.
Daala le envió una pequeña sonrisa preponderante, -Créame, nadie ha oído hablar del lugar. Sólo tenían conocimiento del lugar un pequeño y muy particular grupo de personas.
Ella se mantuvo callada por varios segundos, -Tarkin y Vader hablaban de ese sistema y pude captar en ellos la reticencia a mencionarlo… como si el nombre evocara algún tipo de temor.
Pellaeon reflexionó en las palabras de Daala. -¿Sabe por qué?
-En realidad, no. Pero si tengo conocimiento que tiene una base en la cual hay mucha información del Imperio.
-Es extraño que no conozca de este lugar.
-Era un secreto muy guardado. La base está dirigida tanto por imperiales como por chiss.
El almirante le miró verdaderamente sorprendido. -¿Por chiss? El almirante Thrawn nunca me informó nada al respecto.
Ella se alzó ligeramente de hombros, -Como mencioné hace un momento atrás, sólo se le permitía del conocimiento de la base a un grupo particular.
-¿Y usted pertenecía a ese grupo particular? – preguntó Pellaeon enarcando una ceja.
Las mejillas femeninas se tiñeron un poco de rubor, -No.
El no necesitó de explicaciones, reconociendo como llegó hasta ella esa información. De seguro algún secreto entre amantes. -¿Sabe cómo llegar?
-Me temo que no pero creo conocer de alguien que si sepa como hacerlo.
Coruscant
Sentada en el balcón, Mara observaba el sol descender entre los altos edificios. Los rayos arrancaban destellos a los transpariaceros de las enormes estructuras. Una suave brisa levantaba los rizos que se habían escapado de su trenza. Tenía ambos pies sobre la silla, los brazos rodeaban las piernas y su barbilla estaba reclinada sobre las rodillas. Casi parecía una chiquilla en esa posición. La suave túnica azul se adhería a cada curva de su cuerpo dándole una imagen etérea.
No había logrado ver a Luke desde ayer en la mañana. Desde aquella discusión que parecía desgarrarle el alma. Leia abandonó inmediatamente el apartamento, musitando una excusa por su abrupta partida. Luego de unos minutos, el mismo reportero anunció que la Nueva República estaba en estado de emergencia. Grandes dignatarios estaban reunidos; senadores, representantes… Y no dudaba de que estuvieran requiriendo de la presencia de todos tal como de los nuevos militares como de aquellos que ya se habían retirado. No se extrañaría si el granjero también estaba reunido.
"Tonta." se recriminó a si misma. ¿Cómo se atrevió a reconvenirle a Luke? Ella suspiró. Y aún así, alguien tenía que hacerlo. Sin embargo, no lo hizo de la manera correcta. Esta vez tendría más control sobre su lengua afilada y se disculparía por haber herido sus sentimientos sin piedad alguna. Ella estaba realmente preocupada por el estado caótico de las emociones de Skywalker. Las estaba sintiendo sin dificultad alguna, entremezclándose con las suyas. Necesitaba aprender a ser más considerada; solo esperaba que Luke tuviera la paciencia para mostrarle como serlo. Solo esperaba…
Luke caminaba con pasos apresurados al apartamento. Luego de horas y horas reunidos, donde el gobierno deliberaba cual sería la manera correcta para actuar al fin llegaron a una decisión predominantemente general. Varios disidentes abandonaron la enorme cámara donde todo aquel representante abogaba por su sistema. Mientras él –quien se le había instituido su viejo rango de comandante- esperaba la deliberación. De seguro Wedge, Corran, Hobbit y el resto del escuadrón Rogue estaría muy contentos de tenerle de nuevo como su comandante. En varios minutos saldría en dirección a Bothawui, más antes debía ver a alguien. No podía irse sin despedirse de ella. La ansiedad parecía carcomerle, necesitaba tenerla en sus brazos aunque fuera su última vez. El agradeció en silencio que ella estuviera bajo libertad condicionada. No podría concentrarse en la batalla si le acompañaba…
Era muy tarde en la noche cuando entró a su apartamento y se alarmó al no hallarla durmiendo en la cama. La buscó con sus sentidos y la encontró no muy lejos; salió en su búsqueda al balcón. La temperatura estaba alarmantemente fría. Su corazón se contrajo al verla dormida en el asiento, abrigándose con una de sus túnicas negras, casi abrazándola. Se acercó a ella para acariciar con ternura una de las mejillas femeninas. ¿Cómo era posible que alguien tan fuerte se transformara en una criatura tan vulnerable cuando dormía? Ella abrió sus ojos y fue recompensado con una dulce mirada verde y una diminuta pero tierna sonrisa.
-Hola. – murmuró ella.
-Hola. – le correspondió él, -Es muy tarde para que estés aquí.
-Luke, siento… - comenzó ella a disculparse pero fue interrumpida.
-No, soy yo quien debe disculparse. – y aspirando una gran bocanada de aire. – Tienes razón de todo lo que me acusaste ayer en la mañana.
Luke se bajó frente a ella, quedando de rodillas, su rostro al mismo nivel de ella, -Mi vida como jedi ha sido algo confusa de lo que esperé. En muchas ocasiones no he tenido ni la más remota idea de que es lo que se supone que yo haga o como se supone que me comporte… Y han sido demasiado de muchas las ocasiones en que me he paralizado por el temor de que pueda usar incorrectamente mi habilidad en la Fuerza. No quiero ser lo que mi padre fue. – y él colocó su cabeza sobre las piernas de ella.
No le importó mostrar sus inseguridades a Mara. Decidió que ya era hora de dejar atrás las apariencias. Una blanca mano comenzó a acariciar la rubia cabellera.
-La Fuerza no solo es poder. – dijo ella en voz baja, - Es nuestra guía en momentos inciertos como estos. Simplemente tenemos que tomar un poco de tiempo en esta vida ajetreada para detenernos y escucharla. Si nos mantenemos en constante movimiento, durante todo el alboroto que hacemos, nunca la podremos escuchar.
El cerró sus ojos, pensando en las sabias palabras de Mara. ¿Cuántas veces no había hecho eso en el pasado? Se dedicaba a mirar el futuro, siempre sus pasos en camino hacia ese destino. Siempre soñando, muy rara la vez concentrándose en el ahora.
-No es malo soñar. – él pudo detectar la sonrisa en su voz, - Solo que de vez en cuando necesitas poner tus pies en tierra firme… Tienes un gran corazón, Luke y eso nadie podrá arrebatártelo. Toda la vida serás un humilde, generoso y soñador granjero y por ser todo eso es que yo...- ella se detuvo abruptamente, percatándose de lo que apenas estuvo por decir… te amo.
-¿Mara?
Esos azules ojos le miraron, escudriñando su rostro. Ella rápidamente añadió, -Por eso es que he llegado a una decisión
Mara hizo una leve pausa, al tiempo que desviaba su mirada de los ojos masculinos. –También tienes razón, he estado negando mí legítimo e inherente derecho a ser jedi.
Luke contuvo la respiración, temiendo en creer sus palabras. ¿Cuántas veces no había añorado él que ella tomara el camino para ser una gran caballero jedi? Estaba consciente de todo lo que ella podría lograr hacer.
-Aquí estaba yo, un mynock llamando a otro mynock ciego. He estado en estos últimos diez años negando lo que soy, intentando ser quien no soy, ¿quién no me asegura a mí que yo también he permitido que mi contacto en el pasado con el lado oscuro haya sido el causante de todas mis atolondradas decisiones? ...Es irónico. – y una suave risa burlona se escapó de los labios de Mara, -Aquí estamos juntos. La mujer que ha intentado por estos diez años construir una nueva vida y el hombre que ha estado en esos mismos años corriendo como un desquiciado para salvar toda una galaxia.
-Sí, eso somos nosotros… - y él la miró algo preocupado, -pero no estoy seguro de ver la ironía.
Los verdes ojos le miraron. Mara tembló involuntariamente. Por supuesto que él no entendía la ironía; era ella quien le había entregado su corazón. Mientras que el corazón del granjero pertenecía a otra persona. Comprendía porque el había decidido aceptar lo que se le ofrecía aunque no fuera junto a la mujer que él deseara tener en ese momento.
-La ironía está en que toda la Nueva República al borde de deshacerse en pedazos y estás aquí, escuchándome… y yo estoy a punto de dejar atrás esa vida que me forjé.
Ella deseaba llorar. ¡Gran Fuerza! ¿Cómo no lo vio antes? ¿Cómo pudo ser tan ciega a lo que llevaba en su interior? Amaba al granjero con cada onza de su ser.
-Mara, ¿qué sucede?
-La idea es toda tuya. Tú eres quien siempre ha deseado tanto que me convirtiera en jedi.- ella reconocía que se escuchaba como una niñita petulante.
-Pero sólo si lo deseas. No podría obligarte.
Ella intentó reír, quizás para acallar el sollozo que brotó de lo hondo de su alma, transformándose en un grotesco sonido de dolor. -¿Acaso no lo ves Luke? Ese es mi sacrificio. El último sacrificio que todo jedi debe realizar para convertirse en uno…
-Mara, ser jedi no debe ser un sacrificio…
En un hipo torturante, ella le dijo, -No, tonto, mi sacrificio no es ser una jedi. – y para sus adentros, se repitió a si misma, Entregarte mi corazón a cambio de nada, ese es mi sacrificio.
-Dime, granjero ¿por qué decidiste casarte conmigo?
Todo el semblante de Luke palideció. ¿Acaso ella conocía de sus más profundos secretos? El sacudió la tonta idea de su cabeza. Por supuesto que ella no sabía. Y aún así… ¿qué intentaba ella desmarañar con esa pregunta? Mara era una mujer muy independiente y no permitiría que nada ni nadie le atara. Tal vez había sospechado lo que él sentía por ella y temía que su amor le encadenara. Escaparía al otro lado de la galaxia si descubriera lo que él sentía por ella. Quizás él le había enviado varias señales de lo que llevaba en su interior. Desalentado, pensó que eso era lo que precisamente había estado haciendo en las últimas semanas, mostrándole su corazón en la palma de su mano, vulnerable a la vista de ella.
-Lo hicimos porque era lo correcto, lo que debíamos hacer. – y él miró al suelo huyendo de esa mirada verde.
Pero Mara no aceptaría ninguna evasión de su parte. Tomó el rostro masculino entre sus manos para obligarle a que le mirara. Su corazón dio un brinco en su pecho, los azules ojos le miraron transidos de dolor y deseó patearle. ¿Por qué el granjero siempre tenía que hacer lo correcto? Por una vez en su vida, no podría dejarse regir por su corazón y ella decidió preguntarle al respecto.
-¿Y qué hay de ti y de tu corazón?
Luke cerró sus ojos momentáneamente. Ella había logrado divisar que llevaba en su corazón. ¿Cómo no habría de hacerlo? Mara era una mujer muy perspicaz e inteligente. El pánico se arrinconó en la parte baja de su estomago, casi paralizándole. No podía perderla, no ahora. Todos estos años en la oscuridad y al fin que salía de ésta, descubriendo lo que todo ese tiempo se había negado a si mismo, su amor por Mara, se moriría si la perdiera.
-Lo que llevo en mi corazón es problema mío, yo sabré como solucionarlo. – su voz implorante tomó un tono de agonizante desespero. –Nunca se interpondrá en nuestro matrimonio.
Mara se llevó una mano a su boca, al tiempo que se le escapaba de su garganta un gemido de dolor. Acababa de admitirle, ahí frente a ella, que aún amaba a Callista. Ella percibió su súplica como una orden cortante. El estaría dispuesto a darle todo de si menos su corazón. Le estaba advirtiendo que no se inmiscuyera en él, estaba fuera de sus límites pues sólo le pertenecía a la roba – cuerpos. Ella alejó su mirada de la azul, intentando buscar en que distraerla y la posó en el interminable tráfico aéreo de la ciudad. Le habían arrancado de manera inmisericorde su corazón del pecho y lo habían arrojado a las profundidades desconocidas de la ciudad; era lo que había sentido con esa declaración de Luke.
El la miró alarmado. Los verdes ojos se tornaron vidriosos, la respiración estaba algo agitada y le escuchó gemir otra vez como alguien que estaba mal herido. Era la viva imagen del animal salvaje que había sido enjaulado y buscaba la manera de huir. No podría soportarlo si la perdiera. Esta vez el tomó la delicada barbilla y dirigió el rostro femenino al suyo.
-Mara, por favor. Te prometo que lo que llevo en mi corazón será sólo mi problema y sólo mío.
¿Y eso debía hacerla sentir mejor? Gracias a todas las estrellas que su pistola blaster estaba en el interior; en esos momentos sentía la gran urgencia de dispararle.
Luke estaba comenzando a inquietarse. La alzó en sus brazos y caminó con ella al interior del apartamento. El desasosiego se adueñó de su corazón al no escucharle protestar. Todo el cuerpo femenino temblaba violentamente. Luke, sentándose al borde de la cama, la acunó en sus brazos. Colocó sus labios sobre la frente de ella y sin pensarlo, comenzó a tararearle una suave canción que su tía Beru solía cantarle cuando él era pequeño.
Mara se maldijo a si misma. Tonta, más que tonta. ¿Por qué permitía que él le hiciera eso luego de lo que le había declarado unos minutos atrás? Enroscando sus brazos alrededor de su cuello, escondió su rostro en el amplio pecho, deleitándose en la fortaleza que esos brazos le brindaban a ella. El no la amaba. Sin embargo, algo en su interior le clamaba que ella si le importaba. Lo bastante para haber hecho a un lado sus responsabilidades para estar allí con ella. Ella podría aceptar eso. ¿Acaso no había aprendido a aceptar solo las migajas? Tal vez era eso todo lo que merecía ella… y después de todo, era su esposo. Nada ni nadie podría arrebatarle eso.
No sospechó que fuera a darle resultado, pero lentamente logró tranquilizarla. La acomodó bajo las frazadas, cerciorándose de que estuviera cómoda. Mara levantó su mano y la posó en su uniforme naranja de piloto.
-Te irás.
-Sí. – contestó a pesar de saber que no fue una pregunta.
-Debería ir contigo.
-Violarías tu libertad condicionada.
Ella respingó. El se agachó y besó fugazmente los labios femeninos. Luego, se colocó de pie para caminar hasta la puerta.
-Regresa a mi.
El se giró a mirarla, sorprendido ante el fervor de ese pedido, -Siempre. – Aunque fuera en estado incorpóreo, regresaría a ella.
Esta vez fue Mara quien se sorprendió ante su ferviente replica. Al abandonar la habitación y sentirle salir fuera del apartamento, caminando con pasos firmes a hacia el muelle, ella murmuró, -Qué la Fuerza te acompañe.
