Disclaimer applied
El albedrío de los condenados
Capítulo 14. El legado de los Uchiha
—Según el último informe de nuestro contacto, el grupo en el que se encuentra Haruno Sakura tomó esta dirección —dijo un ANBU—. Deberían tener que pasar por aquí.
—La última vez que nos enfrentamos a ellos nos vapulearon —intervino su compañera—. ¿No crees que sería más sensato pedir refuerzos antes de volver a intentarlo? Estamos vivos de milagro.
—Si perdemos esta oportunidad tal vez no vuelva a presentarse —contestó—. La última vez nos pillaron desprevenidos, no sabíamos que Uchiha lucharía por protegerla y tampoco que los otros dos causarían tantos problemas. Ahora podemos preparar una emboscada.
—Sigo pensando en por qué nos dejaron vivos —dijo otro—. Si nos consideraran una amenaza real estoy seguro de que no lo habrían hecho. No creen que podamos vencerlos y probablemente tengan razón. Enfrentarse al Susanoo de Uchiha es suicida.
—¿Y qué sugieres que hagamos? —Espetó el primero— Nuestra misión es matar a Haruno Sakura, debemos cumplir las órdenes de Konoha. No podemos simplemente volver y decir que era muy difícil.
—No, pero tú lo has dicho. Nos han ordenado ocuparnos de Haruno o como mucho de Uchiha si hay oportunidad, no de los demás. Deberíamos evitar el enfrentamiento directo, esperar al momento oportuno para actuar —razonó su compañero.
—Puede que tengas razón, atacarlos de frente tal vez no sea la mejor opción —valoró el ANBU.
—Todavía me sorprende que la alumna de Kakashi haya llegado a esta situación —suspiró la kunoichi del grupo—. No parecía el tipo de persona que se convierte en una traidora a su aldea. Es médico, la he visto salvar tantas vidas…
—No nos corresponde a nosotros juzgar, sino obedecer lo que otros han considerado mejor para Konoha —le recordó su compañero con tono amable, notando el pesar de la chica—. Vamos.
. */*/*/*/* .
—Tenemos que irnos de aquí —dijo Sasuke evitando la mirada de la pelirrosa. No quería ver en sus ojos el horror y asco que debía producirle por aquello, tal vez un reflejo que lo que él pensaba de sí mismo. No quería saberlo.
—…Sasuke-kun… —la oyó suplicar tras él. Rogándole que le dijera que no había sacado de la cárcel a un monstruo capaz de hacer algo como aquello en su propia aldea. Pero lo era, por mucho que aquella escena le revolviera el estómago.
La venganza era lo único que daba ya sentido a su vida. ¿Por qué iba él a tener piedad cuando ellos le habían hecho exactamente lo mismo a su familia? Si necesitaba ser un monstruo lo sería. Ya había matado antes, ya había tratado de asesinar a sus antiguos amigos y no había sentido nada. De modo que cuando llegara el momento podría volver a hacerlo, después de todo, ya no le quedaba nada que perder.
Un gruñido les sobresaltó a todos en medio de aquel silencio muerto y asfixiante de cadáveres.
—¡Es un perro! —exclamó Suigetsu sorprendido— Y qué pedazo de perro.
Un enorme perro que debió haber sido blanco en algún momento, con el pelo manchado de barro y sangre les gruñía agazapado en posición defensiva, enseñándoles los dientes, amenazador. Resultaba intimidante pese a tener una pata herida y un trozo del pelo chamuscado, o tal vez fueran esos detalles los que lo volvían más aterrador.
—¡Akamaru! —gritó Sakura.
Antes de poder reaccionar, Sasuke la sintió pasar a su lado corriendo hacia el enorme chucho. Vio como Sakura se dejaba caer junto a él salpicando lodo ensangrentado y le pasaba las manos por el pelo enredado y sucio con ansiedad. El perro lloriqueó al reconocerla y le lamió la cara.
—Kiba está aquí —se lamentó la pelirrosa con angustia— ¿Dónde está? ¿Dónde?
Akamaru gimió lastimeramente y se apartó un poco de ella para que mirase tras él. Tendido inconsciente sobre el barro había un muchacho de revuelto pelo castaño, su ropa estaba rasgada y manchada. La pernera derecha de su pantalón había sido arrancada, Sakura supuso que Akamaru había tirado de ella para arrastrar a Kiba hasta allí para protegerle. Tres largos arañazos le cruzaban la cara llenándosela de sangre.
—¡No! No, no, no, por favor —gimió Sakura arrastrándose hacia él—. Kiba, por favor.
Los demás miraron consternados a la pelirrosa, acunando al muchacho mientras lloraba desgarradoramente y emanaba chakra curativo con desesperación, sin resultado. Sasuke se obligó a no apartar la vista, si estaba decidido a vengarse de Konoha no podía ignorar lo que causaría. El dolor de Sakura sólo era una pequeña parte de lo que todos sentirían cuando él lo destruyera todo, sería muy hipócrita por su parte cerrar los ojos al sufrimiento que iba a causar.
…Cambiaré sus risas por gritos de angustia…
Eso era lo que había dicho, lo que se había prometido a sí mismo. Les haría lo mismo que le habían hecho a él y a su familia para que conociesen el sufrimiento que le habían causado, la traición de confiar en algo que es una mentira. Oyó de nuevo gritar a Sakura y no sintió satisfacción.
—Por favor, no te mueras, por favor —suplicaba Sakura susurrando al oído de Kiba. Había jurado notar una pequeña y débil pulsación en su cuello, tan leve que podía ser imaginaria, pero se había aferrado a esa esperanza como un clavo ardiendo y había comenzado a transmitirle todo el chakra que podía, forzando la entrada de aire a sus pulmones y haciendo bombear su corazón.
Juugo se había acercado lentamente hasta Akamaru que se había echado en el suelo junto a su dueño y miraba los intentos de Sakura con ojos tristes. El gigantón no tardó mucho en ganarse la confianza del animal para que este le permitiera acariciarlo.
—¿Quién ha podido hacer esto? —Preguntó Karin horrorizada—. Aquí sólo hay cuerpos de ninjas de la Alianza. No es posible que no consiguieran matar a ningún enemigo.
—¿Creéis que pudieron pelear entre ellos? —Cuestionó Suigetsu.
—No —contestó rotundamente Sasuke—. Si hubiera sido eso habría algún superviviente. Algo ha masacrado a un pelotón entero de ninjas. Tal vez fue un biju o más de uno.
—Larguémonos antes de que esa cosa vuelva —sugirió Suigetsu sonriendo nerviosamente.
Sasuke movió sus ojos hacia Sakura que seguía esforzándose por reanimar a Inuzuka. Sabía que sería imposible moverla de allí. Mierda.
—Sakura, tenemos que irnos —dijo el Uchiha sabiendo la respuesta.
—No voy a abandonarle —replicó la pelirrosa aferrándose más fuerte a su compañero, como si temiera que Sasuke fuera a arrastrarla por la fuerza.
—No puedes hacer nada por él —trató de hacerle entender Sasuke—. Te estás quedando sin chakra.
—Sólo debo reparar el daño interno… —sollozó Sakura limpiándose el sudor de la frente con el dorso de la mano y manchándosela de sangre—. Puedo hacerlo. Por favor.
Sasuke soltó un juramento y se dio la vuelta. Debería cargársela al hombro y salir de allí aunque pataleara. Joder. Era imposible que pudiera salvar a Kiba, lo único que iba a conseguir era agotar su chakra.
En ese momento, Akamaru se levantó y comenzó a ladrar con el lomo erizado.
—Es imposible… —murmuró Karin temblando—. Nadie puede tener un chakra así… ¡Viene algo muy peligroso!
Suigetsu levantó el brazo hasta dónde solía estar la empuñadura de su espada y masculló una maldición cuando sus dedos se cerraron en el aire sin encontrar nada.
Ante ellos había aparecido un hombre de pelo negro y largo, ataviado con una armadura roja que los miraba con algo parecido a aburrimiento y desdén.
—Hmp… Pensaba que ya había acabado con todas las hormigas —dijo con voz profunda, ladeando la cabeza—. Qué fastidio.
Suigetsu giró la cabeza alternando entre Sasuke y el hombre de la armadura roja, extrañado.
—¿Pero qué mierda son? ¿Hermanos secretos? —le susurró a Karin por lo bajo— Es cómo ver a Sasuke con diez años más y la melena de "Miss Kunoichi".
La pelirroja no le prestó demasiada atención ya que seguía con la vista preocupadamente fija en el recién llegado. Sasuke sin embargo, debió notar el parecido también ya que se adelantó.
—¿Quién eres? —preguntó con arrogancia.
El hombre posó su mirada sobre él con aburrimiento.
—Uchiha Madara —contestó al tiempo que coloreó sus ojos con el Sharingan y elevó en torno a él un gigantesco Susanoo que blandió una espada hacia él.
Sasuke respondió inmediatamente haciendo aparecer su propia versión del Susanoo que paró la estocada con su arma, rechazando el ataque.
—Eres un Uchiha —dijo Madara pareciendo interesado por primera vez—. Un Uchiha capaz de usar el Susanoo, nada menos.
—Soy Uchiha Sasuke, el último Uchiha que queda —contestó el muchacho—. El clan fue exterminado.
—Ya veo —observó Madara con curiosidad.
—¿Cómo es posible que estés aquí? —Preguntó Sasuke—. Estás muerto.
—Ciertamente —coincidió Madara—. Sin embargo, parece que hay alguien por ahí dedicándose a levantar a los muertos con ese aberrante jutsu prohibido, el Edo Tensei. Haciendo que tenga que estar aquí matando insignificantes hormigas.
—Tú has hecho esto —No era una pregunta.
El mayor de los Uchiha le dedicó una inexpresiva mirada.
—No tenían oportunidad contra mí —dijo Madara—. En este tiempo los ninjas se han vuelto… mediocres. Ni siquiera los Kages son un desafío.
A pesar de que al parecer no había masacrado a aquellos ninjas por voluntad propia, Madara no parecía lamentarlo lo más mínimo. Aquel Uchiha tenía un poder que acongojaba, incluso sin la habilidad especial de Karin, los demás podían sentir la oscuridad y poder de su chakra. El Susanoo que controlaba era varias veces más grande que el de Sasuke, e inspiraba terror. Siempre habían pensado que el poder de Sasuke era abrumador, oscuro y sobrecogedor, pero al lado de Madara, parecía un niño frente a un dios.
Sakura se agazapó más junto a Kiba, sin dejar de intentar sanarle. Ya había conseguido parar las hemorragias internas y ahora trataba de acelerar sus células para que regeneraran la sangre perdida. Era lo más agotador que había hecho nunca, ni siquiera sabía si alguien había logrado algo parecido o si funcionaría pero tenía que intentarlo. Cuando había llegado todavía tenía pulso, lo sabía, aunque fuera tan débil que casi no se notara, había dejado de respirar pero no creía que llevara más de unos minutos en parada respiratoria en el momento en el que ella volvió a insuflarle aire. Podía salvarlo, tenía que poder.
—Eres el último Uchiha —continuó Madara—. Puede que tú seas más entretenido. Me topé con una descendiente de Hashirama y no tenía ni la sombra del talento de su predecesor, el legado de mi mejor rival no son más que palabrería de necios. ¿Qué te han dejado los Uchiha a ti?
—Odio y venganza —replicó Sasuke afianzando el Susanoo en torno a él.
Madara rió levemente.
—Décadas después, el mundo sigue dándome la razón. Las cosas no pueden cambiar y ningún Uchiha puede escapar a ese destino —dijo el hombre con algo de amargura—. Veamos qué ha sido de mi legado.
Sasuke frunció el ceño e hizo que su Susanoo cargara una flecha en la ballesta.
—Esta mierda no pinta nada bien —masculló Suigetsu nerviosamente al ver que los dos Uchiha se preparaban para atacarse.
—… Le matará —se lamentó Sakura aterrada.
Tsunade le había contado la pelea que los Kages habían tenido contra Madara, le dijo que si habían sobrevivido era porque al morir Tobi, Kabuto debió decidir retirar a todos sus efectivos y reagruparse. Las técnicas que usaba aquel Uchiha eran tan impresionantes que parecían de leyenda, incluso había destruido montañas de un solo ataque. Ni siquiera los cinco Kages juntos habían podido hacerle frente.
. */*/*/*/* .
Después de salir del país de las Olas, el grupo que había reunido Kakashi se había lanzado tras el rastro de Sasuke y Sakura. No podían perder su pista de nuevo después de todo lo que les había constado encontrarla. Además, el grupo de ANBU que había mandado Konoha tampoco podía andar muy lejos.
—Ino ha comunicado conmigo —dijo Kakashi cuando todos saltaron al suelo a una seña suya. Debían inspeccionar bien el terreno para asegurarse de que seguían el rastro correcto.
—¿Y? —preguntó Sai con interés, tal vez pensando que habría alguna novedad importante sobre Sakura.
—Naruto está empezando a sospechar algo, cada vez hace más preguntas —suspiró Kakashi afligido—. Con lo rápido que se cura, pronto no tendremos excusa para retenerlo en el hospital y se enterará de todo.
—No quiero repetirme, pero ya dije que algo como esto no es fácil de ocultar —apuntó Lee—. Y menos a alguien como Naruto.
—Si se lo hubiéramos contado cuando despertó habría venido con nosotros aunque fuera arrastrándose —dijo Neji con paciencia.
—¿Lo habría hecho? —preguntó entonces Kakashi haciendo que todos le miraran sorprendidos—. Quiero decir, ¿y si cuando se entere está de acuerdo con Sakura? Naruto nunca habría estado de acuerdo con la condena a Sasuke. Tal vez crea que ella está haciendo lo correcto.
—Ni siquiera sabemos exactamente qué está haciendo —replicó Neji—, sólo que liberó a Sasuke, quien ha jurado destruirnos a todos, incluida ella.
—Sakura cree que Sasuke se merece una oportunidad, cree que Konoha se lo debe —dijo Sai. Él era el único que había leído la carta que Sakura le había dejado a su maestro y aunque no explicaba exactamente las intenciones de la pelirrosa, al menos arrojaba algo de luz sobre sus motivos.
—¿Por qué va Konoha a deberle algo? —preguntó Lee.
Kakashi esperó que Sai fuera lo suficientemente prudente como para no revelar nada sobre lo que sospechaban de la masacre Uchiha. Había tenido que contárselo para que las cosas tuvieran algo de sentido para él, pero no podían arriesgarse a divulgar sin pruebas esa información que comprometía tanto al Consejo. Quien les había contado toda aquella historia había sido Tobi y por mucho que creyera que era cierto, no podía negar que no era una fuente muy fiable.
Recordó cuando se lo había contado a Sakura después de ver a Sasuke aquella vez en la que trató de matarla. Ella quería saber por qué Sasuke había dicho todas esas cosas sobre su hermano y sus padres. La había visto tan frágil, tan destrozada por su encuentro aquel chico que tanto significó para ella que no pudo negarse. Al menos, esa historia conseguía quitar algo de culpa a Sasuke, dándole una razón a su odio y volviéndole tal vez un poco más humano a sus ojos. Ahora sabía que había cometido un error. Puede que si ella no hubiera sabido nada de lo que le hicieron a Sasuke no hubiera creído tan injusta la sentencia… o quizá hubiera hecho lo mismo. Así era el corazón de Sakura.
Había renunciado a todo para salvar a Sasuke, pero también lo había hecho por Naruto. Sabía que ese rubio hiperactivo jamás se habría perdonado a sí mismo no haber podido salvar a su amigo. El destino de Naruto era ser Hokage, cambiar el círculo de odio que había provocado toda aquella guerra y Sakura no había querido que perdiera la esperanza al ver a Sasuke ejecutado por la Alianza. Tal vez eso fuera cierto, pero por mucho que les doliera —y a él más que a nadie— no había otra alternativa para Sasuke, él seguía hundiéndose en un odio cada vez más negro y destructivo. Lo único que podían hacer ahora era tratar de que aquello no costase también la vida de Sakura.
—¿Habéis notado eso? —dijo de pronto Sai.
Ciertamente, el suelo acababa de temblar, haciendo que todos se pusieran alerta por lo que pudiera ocurrir. Neji incluso activó su Byakugan inspeccionando los alrededores con cautela para averiguar qué había provocado aquella sacudida, que volvió a repetirse segundos después.
—Mierda —siseó el Hyuuga entre dientes—. Hemos encontrado a Sakura, pero me temo que no somos los únicos.
. */*/*/*/* .
El mandoble que asestó el Susanoo de Madara con su espada destrozó, en esa ocasión, gran parte del bosque que les rodeaba. Sasuke había conseguido esquivarlo a duras penas y se preparaba para lanzar una de sus flechas de chakra con la ballesta de su Susanoo sabiendo de antemano que no acertaría, o en todo caso no atravesaría la impenetrable defensa de Madara.
Había probado de todo contra aquel hombre sacado de las leyendas pero seguía sin estar a su nivel. Daba igual que le atacara con el fuego destructor del Amaterasu o con cualquier otro jutsu que se le ocurriera. Su defensa absoluta le protegía de cualquier ataque y si Sasuke encontraba algún mínimo resquicio que le permitiera hacerle algo de daño, o se trataba de un clon o su enemigo se regeneraba como si nada hubiera pasado… aunque aquello al parecer era algo que tenían en común —salvando las distancias—, ya que la primera vez que Madara había conseguido herirle, tanto Sasuke como su contrincante se habían sorprendido al ver cómo sin ningún esfuerzo aparente por parte del muchacho, la herida sanaba. Sasuke no había tardado ni dos segundos en atar cabos y comprender que aquello era cosa de Sakura.
Madara había alabado su supuesta regeneración y Sasuke no lo había sacado de su error. Pero la verdad era que poco tenía que ver con su propio poder. Sabía perfectamente, que cada vez que él sufría alguna herida, la pelirrosa la recibía también y por lo que parecía, Sakura estaba poniendo toda su voluntad en sanarle a través del vínculo para así poder darle algún tipo de ventaja. A pesar de ello, Sasuke sabía que tras el esfuerzo que había hecho con Kiba y la sanación continua de sus heridas, a la kunoichi no debía quedarle mucho chakra. Por su parte, tampoco creía ser capaz de mantener el Susanoo mucho tiempo más contra aquel titán.
—No está mal, al menos no es vergonzoso, pero sigues siendo débil —replicó Madara con desdén y de un golpe mandó a Sasuke fuera de la protección del Susanoo. El Uchiha cayó en el suelo de espaldas con un fuerte golpe sordo.
Los antiguos miembros de Taka que se habían refugiado apiñados tras un par de árboles derribados en forma de parapeto, vieron como Sakura, que seguía junto a Kiba a unos metros de ellos, tosía sangre reflejando el daño que había sufrido Sasuke y al instante se llevaba una mano al pecho iluminada de chakra verde. Estaba pálida y con la frente perlada de sudor, apenas había tenido fuerzas para realizar aquel movimiento.
—¿Extinguirás tu propio clan? —espetó Sasuke levantándose y desenvainando su katana, ya sin tratar de recuperar el Susanoo.
Madara se encogió de hombros con indiferencia.
—Ningún Uchiha puede escapar al destino de sangre, odio y venganza. Tampoco tú lo has hecho. De modo que no te quitaría demasiado ¿no? —Respondió el mayor de los Uchiha—. No eres más que la sombra de lo que yo fui y no tienes nada a lo que aferrarte salvo a una venganza que no te pertenece porque tiene sus raíces mucho más profundas de lo que puedas comprender.
Sasuke frunció el ceño y apretó la mandíbula mientras se colocaba en posición defensiva. Aquello no podía acabar así, iba a demostrarle que se equivocaba.
—Adiós, Uchiha Sasuke —dijo Madara levantando la espada del Susanoo para un último y letal golpe.
Sasuke se preparó para tratar de esquivar el golpe. No iba a morir allí, no después de todo lo que había tenido que pasar. Era absurdo. Pensó fugazmente en Sakura, en si sería lo suficientemente inteligente como para liberar el sello ahora que la muerte estaba tan cerca.
De pronto, una caja de madera parecida a un ataúd se alzó detrás de Madara que abrió los ojos entre sorprendido y furioso antes de que una fuerza irrefrenable lo empujara dentro y se cerrase con él en su interior para después desaparecer tan repentinamente como había aparecido.
Sasuke parpadeó anonadado, sin poder asimilar todavía lo que había sucedido. Su enemigo se había esfumado sin más cuando lo tenía, literalmente, entre la espada y la pared. Soltó el aire con repentino cansancio. Sin embargo, no había tenido tiempo de relajarse demasiado cuando sintió un dolor punzante en el hombro, que le hizo soltar un gemido de dolor al tiempo que oía gritar a Sakura.
Bruscamente, él Uchiha se giró hacia el lugar en el que estaba la pelirrosa, arrodillada en el suelo, demasiado cansada para levantarse. Tenía un kunai clavado en el hombro, el mismo hombro que ahora Sasuke sentía sangrar. Algo la había atacado pensó alarmado. A pocos metros de la chica, encontró a los ANBU contra los que habían peleado en el puente haciendo sellos rápidamente con las manos.
Sus ojos se encontraron con los de Sakura que le devolvió la mirada con serenidad a pesar de su situación. Sabía que no iba a lograr defenderse de ese ataque, no le quedaba suficiente chakra para ello. Y entonces todo ocurrió como en un mismo segundo.
—¡Ahhh! —Sasuke unió su voz a la de la chica en un grito compartido, cuando con un doloroso tirón, Sakura se sacó el kunai del hombro y con sus últimas fuerzas lo alzó y se hizo un largo corte en la palma de la mano derecha.
En ese instante, el dolor de Sasuke desapareció como si nunca hubiese existido. Fue una sensación extraña, como si estuviera dándole la mano a alguien y de pronto solo tanteara el aire. Volvió a mirar a Sakura que estaba arrodillada en el suelo respirando a trompicones mientras una gran bola de fuego se acercaba a ella a toda velocidad.
—¡SAKURA! —Sasuke oyó como alguien gritaba a lo lejos el nombre de la pelirrosa. No tuvo tiempo de pensar.
Sakura apenas tenía fuerzas para mantenerse consciente, sólo veía una borrosa masa luminosa que se acercaba hacia ella llevando la muerte. No podía apartarse, lo sabía, aun así se las había arreglado para liberar el sello de Sasuke, por mucho que le pesase lo que pudiera hacer, no podía arrastrarlo con ella. Que el mundo ninja la perdonara. Cerró los ojos y un par de lágrimas cayeron de ellos. A pesar de todo, tal vez por un instinto nacido de la desesperación trató de levantarse para caer de nuevo. Oyó como alguien gritaba su nombre y entonces, justo cuando esperaba que el calor abrasador de las llamas la rodeara, sintió que algo la levantaba rápidamente del suelo y todo sonido le llegaba amortiguado, como si hubiera entrado en una pecera. Únicamente oía con claridad una respiración acelerada y un corazón golpeteando furiosamente.
La pelirrosa abrió los ojos y por un instante casi creyó que su teoría de la pecera era real. Todo tenía un color azulado como un zafiro y allí no corría ni un soplo de viento. Entonces vio a Sasuke, era él quien la sostenía cargándola en brazos. No la miraba, tenía la vista fija al frente, con el ceño levemente fruncido con desafío. Respiraba pesadamente, como si hubiera estado corriendo y su corazón latía con fuerza. Sasuke la había salvado y su Susanoo les rodeaba protectoramente.
—Sasuke-kun… —fue lo único que pudo decir antes de desmayarse.
Hola!
No me digáis que este final de capítulo no ha sido sasusaku, eh. Sasuke se ha lanzado a salvarla a pesar de que el sello ya no estaba y ha encontrado fuerzas para activar de nuevo el Susanoo y protegerla. Sin embargo, ¿seguirá pensando lo mismo cuando acabe el caos del combate?
Al pobre Suigetsu le ha durado poco el descubrimiento del sello. Ahora, Sakura ha perdido lo que la protegía de la oscuridad de Sasuke y lo obligaba a ayudarla.
Sobre Madara, la única manera de que salieran con vida era que tuvieran la enorme suerte de que Kabuto decidiera retirarle, si no, solo serían un cráter en el suelo.
Actualizo con un poco de prisa hoy, así que no sé si me olvido de comentar algo. Si veis algún error o algo así avisadme, por favor.
Gracias por el apoyo y los reviews :) Lamento no haber podido contestar hoy :S
Besos, Ela.
