Capítulo 14. Importante decisión.

Lily dormitaba cuando sintió que alguien entraba en la habitación. Ella había estado el suficiente tiempo en un hospital como para distinguir entre los pasos y actitudes de una enfermera de los de una persona normal. Ella abrió los ojos y vio parada frente a ella a Emily Salazar, su madre.

No puedes irte sin darnos un buen susto, ¿cierto?.- la mirada de Emily tenía cierto reproche en los ojos.

No fue culpa mía, mamá.- protestó Lily.- Yo no le dije a ese camión que se cayera del puente.

No, pero si te hubieras regresado antes... .- comenzó a decir Emily.

Si me hubiera regresado antes, quizás me hubiese indigestado con las enchiladas que venden en mi rancho.- replicó Lily.- Nadie tiene la vida comprada, mamá. Además, solo fue un esguince, no es nada serio.

Pero te tendrás que quedar en observación algunos días, según me dijeron.- reclmó Emily.

Sí, mamá, pero no es nada serio.- Lily comenzaba a fastidiarse.- La secretaría de salud me debe vacaciones, me las pueden dar mientras tanto.

Uhm.

Lily conocía lo suficiente a su madre como para saber que se moría de ganas de preguntar sobre su acompañante, pero la chica decidió que no diría nada hasta que ella preguntara primero. Emily se paseó por el cuarto, checando el suero y la carpeta de indicaciones médicas.

Mamá, no puedes hacer eso.- regañó Lily.- La carpeta es solo para uso médico.

Soy enfermera.- reclamó Emily.

Sí, pero no de este hospital.- contradijo Lily.- Aquí, únicamente eres mi madre.

Si tu amigo Charlie puede ser el doctor Alcázar, yo puedo ser enfermera de aquí.- replicó Emily.- Tu padre me contó lo ocurrido.

¿Y le contaste la verdad?.- exclamó Lily.

Claro que no.- Emily soltó una risilla.- Tu padre se habría puesto más histérico aun. No lo saqué de su error, pero sé perfectamente bien que Charlie no es neurocirujano y que el doctor Alcázar no es un joven de 27 años.

Bueno, qué quieres, mi padre y el señor Wakabayashi no dejaban de gritar.- suspiró Lily.- Así que Charlie tuvo que tomar medidas drásticas. Y eso que se portó decente, otra persona lo hubiera sacado a patadas.

Lo sé, lo sé.- Emily también suspiró.- Conozco a tu padre lo suficiente como para saber que puede volverse insoportable... Y con que se llama Wakabayashi, ¿eh?

Ya sabía que no se te iba a escapar.- Lily gruñó.- Y no, Wakabayashi es su apellido.

¿Y es tu novio?

Es un amigo, mamá, apenas y lo conozco.

Eso mismo dijo tu hermana y ahora ya tengo una nieta.- replicó Emily.

Ay, mamá...

Mientras tanto, en el cuarto contiguo, Genzo contemplaba el techo, sin poder dormir. En ese momento, al quedarse solo, le cayó encima todo el peso de su lesión. ¿Y si no se recuperaba? ¿Y si el doctor Alcázar se equivocaba y se quedaba paralítico de por vida? Su carrera futbolística estaba en pleno auge y ese accidente podría tirarla al caño... Cierto que había valido la pena, al menos al principio, Lily estaba sana y salva pero ella ni siquiera mostraba estar realmente interesada en él... Quizás solo le agradecería y lo vería como buen amigo, pero Genzo dudaba que, si se quedaba paralítico, Lily se pudiera fijar en él...

"Definitivamente, no es bueno estar solo", pensó Genzo, e inmediatamente se acordó de Taro. Sin embargo, Wakabayashi no quería llamarlo para que él no regresara impulsado por la lástima. Wakabayashi era tan orgulloso que no podía concebir la idea de que su amigo se preocupara por él por cariño de amigos, sino más bien por la lástima o la compasión. Además, Genzo había prometido no llamarle a Taro a menos que fuera estrictamente necesario, y para el portero, su accidente no era nada urgente...

Genzo suspiró. Era la primera vez que se sentía tan solo...

Pasaron un par de días. Maderique no se apareció por el hospital en ningún momento, Genzo pensó en que muy seguramente la chica ya habría renunciado y no quería ir a verlo para no tener que confrontarlo. El doctor Alcázar pasaba diario a visitar a Genzo para ver sus avances, y le decía que se estaba consiguiendo grandes mejorías, aunque el portero no notaba mucho el cambio. Cierto era que estaba recuperando la sensibilidad, pero las piernas aun no le respondían. El doctor decía que necesitaría fisioterapia para volver al estado que tenía antes, ya que a pesar de todo, el cuerpo necesitaría volver adaptarse.

¿Y será necesario que tenga la fisioterapia aquí, doctor?.- preguntó el señor Akira.

Puede hacérsela en Groenlandia, si es que allá conocen los hospitales.- respondió el médico.- Da igual donde se la haga.

Es que me gustaría que se le diera de alta lo antes posible para llevármelo a Inglaterra.- dijo el señor Akira.

Perdón, ¿cuántos años tienes, Genzo?.- preguntó el doctor alcázar al portero.

Veintisiete.- respondió Genzo, sin entender.

Eso supuse.- replicó el médico.- Pero por la forma en como actúa tu padre, pareciera que tienes tres.

Oiga, solo quiero lo mejor para mi hijo.- protestó Akira.

Todos queremos eso, o no estaría yo aquí.- replicó el doctor Alcázar.- Pero hay un momento en el que debemos dejar a nuestros hijos a decidir, ¿no cree? Le aseguro que su hijo no le va a hablar en su noche de bodas para preguntarle qué posición del kamasutra usar.

Genzo contuvo una carcajada. Su padre se había puesto de mil colores y estuvo a punto de replicar, de no ser porque en ese momento entró una enfermera a cambiar el suero de Genzo.

Como sea.- dijo el doctor Alcázar.- Si quieres irte, Genzo, en unos cuantos días podrás hacerlo, pero yo no aconsejaría que viajaras en estos momentos. Tus lesiones podrían resentirse y empeorar las cosas. Además, no porque nos veas morenos, harapientos y muertos de hambre, con cucarachas corriendo por los pasillos, significa que somos malos médicos. La medicina mexicana sería muy buena, si le dieran la oportunidad al nopal de mostrar sus cualidades curativas.

¿Está usted tomándonos el pelo?.- exclamó Akira, enojado.

No, señor, no sería capaz.- replicó el doctor Alcázar, con una cara que mostraba todo lo contrario.- Simplemente digo que quizás Inglaterra esté bien avanzada, pero en México tenemos también buenos doctores y Genzo podría recuperarse de manera excelente, si él le pone empeño. A diario se nos accidentan personas y quedan con lesiones mucho peores que las de su hijo y no los mandamos a Inglaterra a curarse. Desgraciadamente, no todos podemos pagar ese lujo. Piénsenlo bien, mi consejo es que se queden aquí, por lo menos hasta la primera sesión de rehabilitación y ya después verán si quieren marcharse. Aunque sinceramente, no los culpo de querer salir corriendo. Yo también quisiera muchas veces irme de este chincurriento país de políticos nacos.

El doctor Alcázar hizo un movimiento con la cabeza y salió de la habitación. Genzo suspiró. Estaba cansado de estar escuchando a su padre a diario, y estaba harto también de estar ahí. Un hospital era deprimente, y más deprimente era el no presentar cambios perceptibles en su estado de salud. Wakabayashi intentó mover aunque fuera el dedo gordo del pie derecho, sin conseguirlo. Genzo suspiró, frustrado.

¡No puede ser que aun no consiga mover ni un maldito dedo!.- exclamó Genzo.

Ese doctor que se siente la octava maravilla del mundo dice que necesitas rehabilitación.- gruñó Akira.- No debes desesperarte, puesto que eso no te va a conducir a nada.

Ya...

En ese momento, alguien tocó a la puerta y al poco rato entró Lily; ella ya llevaba puesta su ropa de calle, aunque continuaba con el collarín en el cuello. La chica entró con paso y sonrisa vacilantes, más que nada por el gesto de Akira era tremendamente amenazador.

Hola.- saludó Lily, con timidez.- Quería pasar a saludarte y ver como estás...

Pues mejor, ahora que te veo.- sonrió Genzo.- ¿Y tú?

Ya me dieron de alta.- sonrió Lily.- Me dejaron el collarín por un par de semanas, pero ya no necesito estar en el hospital.

Me da gusto por ti.- dijo Genzo, con sinceridad.- ¿Regresarás a tu hogar?

Por ahora, no.- negó Lily, mirando fugazmente a Akira.- Tengo... Otros asuntos qué aclarar...

¿Cómo cuales?.- quiso saber Genzo.

Eh, pues...

Genzo, creo que debes descansar.- interrumpió Akira, con tono de "ya fue suficiente".

Ya me voy.- dijo rápidamente Lily, sintiéndose intimidada, cosa que rara vez le pasaba.- Solo quería decirte, Genzo, que espero que te recuperes...

Gracias.- Genzo sintió cierta desazón.

De verdad, el doctor Alcázar tenía razón: su padre lo estaba tratando como si tuviera tres años. Y sin embargo, Lily se inclinó y besó a Genzo con suavidad en la mejilla. Él se sintió invadido por el dulce aroma de ella.

Cualquier cosa, llámame.- murmuró ella.- Vendré a visitarte todos los días...

Gracias.- murmuró Genzo, lamentando que Lily se separara de él.

Si su padre no hubiera estado presente, Genzo habría abrazado a Lily y la habría besado, pero el portero no quería más problemas. Lily entonces se dirigió a Akira y le hizo una reverencia de 90 grados con el cuerpo, la cual, según Lily sabía, era señal de profundo respeto hacia alguien en Japón.

Con permiso, señor.- dijo Lily.- Y espero que perdone a mi padre por el comportamiento que tuvo el otro día. Buenas tardes.

El señor Akira no dijo nada, pero miró fijamente a la chica hasta que ella se marchó, para después voltear a ver a Genzo.

Ni se te ocurra decirme nada.- advirtió el portero.- De ella, no permito que digas una sola palabra en contra.

Lo que me temía.- musitó Akira.- Te enamoraste.

Genzo prefirió no responder. La respuesta estaba de sobra...

A las afueras del hospital, Alejandro esperaba a Lily y a Emily, sentado al volante de su camioneta de lujo. Emily abrió la puerta para que su hija subiera.

¿A dónde iremos?.- quiso saber Lily, permaneciendo de pie.

A casa.- respondió Alejandro.- ¿A dónde más?

No quiero ir a casa.- replicó Lily.- Por lo menos, no a la mía.

¿Y ahora qué?.- suspiró Alejandro.- ¿Qué quieres hacer antes de irnos?

No me quiero ir, papá.- contradijo Lily.- Me quiero quedar aquí.

¿Para qué?.- cuestionó Alejandro.- No me vayas a decir que es por ese oriental...

No es solo por ese japonés, papá.- replicó Lily.- Es por todos. Maderique necesita apoyo más que nunca, y no puedo irme y dejarla a ella... Ni a Genzo tampoco...

Ja, por favor, no creas que soy idiota.- protestó Alejandro.- Lo que te preocupa es ese portero oriental, ¿no es así? Pues bien, te diré que no dejaré que una hija mía ande cerca de un extranjero que no tiene un futuro asegurado, caramba, ni siquiera tiene una carrera decente. ¿Sabes acaso lo inestables que son los futbolistas? De repente se lesionan y adiós con su carrera. Y es más, él está lesionado, ¿no? pues quizás se quede paralítico para siempre. ¿Vas a quedarte al lado de un paralítico?

Papá, ya fue suficiente.- Lily se puso muy seria.- Sé que te preocupas por mí, pero ya tengo edad para tomar mis decisiones.

La chica tomó su maleta, la cual traía Emily, y le dio un beso a su madre.

Lo siento, mamá.- dijo Lily.- Te llamaré para que no te preocupes por mí.

Lily se dio la vuelta y echó a andar hacia el hospital. Alejandro estuvo a punto de bajarse de la camioneta y seguir a su hija hasta el fin del mundo. Pero entonces Emily lo detuvo.

Ya basta, Alejandro.- dijo ella.- Nuestra hija tiene razón, es hora de que ella tome sus propias decisiones.

Va a cometer un grave error.- gruñó Alejandro.

¿Y qué si así es?.- replicó Emily.- Deja que ella caiga y se levante, no vamos a poder protegerla de por vida.

El médico gruñó, pero ya no dijo nada ni intentó seguir a Lily. Emily era la única que podía persuadir a su esposo de hacer alguna idiotez... Y aunque a la mujer tampoco le agradaba la idea, si Lily se decidía por ese portero japonés, era decisión de ella y ellos tendrían que aceptarlo.

Maderique iba llegando en esos momentos al hospital. Ella se sorprendió mucho cuando Lily se le acercó con una maleta al hombro.

Hola.- dijo la chica.- ¿Tendrás algún lugar donde hospedarme en tu casa?

Las puertas de mi casa siempre estarán abiertas para ti.- respondió Maderique, con una sonrisa.

Gracias.- Lily también sonrió.- Porque pienso quedarme en Toluca por un buen tiempo…

Made sintió una gran alegría en su interior, y tuvo deseos de decirle su secreto, pero debía esperar hasta ver a Genzo… Maderique le hizo una seña a su amiga y las dos entraron al hospital, dirigiéndose a la habitación de Genzo. Afortunadamente, Akira había tenido que salir, de manera que el portero estaba solo, viendo un partido de sóccer. Él se sorprendió mucho de ver a las mexicanas entrar, como era de esperarse.

Vaya, no sé por qué pensé que nunca más las iba a volver a ver.- comentó Genzo, de buen humor.

Pues te equivocaste.- replicó Lily.- Hierba mala nunca muere, y ahora te amuelas, porque con nada te vas a librar de nosotras.

Ni quisiera hacerlo.- sonrió Genzo.- Pero pensé que Maderique…

Ya sé lo que habrás pensado.- lo cortó la toluqueña.- Que había renunciado, ¿no? Pues te equivocas. Cierto es que quise renunciar, estaba deprimida y me sentía fatal, pero me he dado cuenta de que me he esforzado mucho por llegar a donde estoy y ustedes confían en mí. Y no voy a defraudarlos. Ni tampoco a mí misma.

Genzo y Lily intercambiaron miradas y sonrieron, gratamente sorprendidos.

No había venido porque estaba entrenando duramente.- continuó Made.- Pensé que no debía confiarme. Pero ya estoy aquí, para decirte que dentro de unos días serán las pruebas para entrar en el equipo. Y ten por seguro de que las pasaré.

Wakabayashi sabía que no podía estar más orgulloso.

Notas:

Dos capítulos más, por mucho, y se termina este fic.